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Creyó que llegaría de manera escandalosa como su jefe pero no, al día siguiente, a medio día como acordaron, a las puertas del parque llegó una camioneta de las que solía ofrecer sus servicios fuera del aeropuerto de Goma y de ella descendió un hombre blanco.
No usaba el traje formal con que el comandante Smith se presentó, todo lo contrario, usaba pantalones de mezclilla y una playera blanca, traía lentes oscuros como su cabello. Connie río cuando lo vio bajar con atropello.
—Si esa es nuestra salvación… estamos perdidos.
A simple vista parecía más un turista que un militar, salvo por la manera de caminar y sujetar su enorme mochila en la espalda.
Conforme avanzaba hacia ellos más evidente era lo bajo de su estatura, ¿cuántos años tendría? ¿25? No lucía más viejo que cualquiera de los que laboraba en el parque.
—Usted debe ser ¿Levi…—Mikasa miró la carta en sus manos y reparó en el apellido que salió de sus labios con natural sorpresa —…Ackerman?
Curiosa coincidencia encontrar a alguien en tan remoto lugar con el mismo apellido.
—Capitán Levi Ackerman, fuerzas armadas especiales de los Estados Unidos Americanos. — Se quitó los lentes oscuros, fue en ese momento que Mikasa reparó en el aspecto físico del hombre frente a ella: tez blanca, verdaderamente blanca, más aun que la suya, tendría que usar bastante bloqueador si no quería terminar con quemaduras de primer grado. Lo más impactante eran sus ojos, fríos y apáticos pero desprendían tal intensidad que lo último que querías era permanecer bajo su mira demasiado tiempo.
Dirigió la vista al vasto horizonte, señalando el parque:
—Bienvenido a Virunga, capitán. Sígame…
Caminó por un sendero pequeño que rodeaba la central de control para llegar al que en antaño fuese el cuartel Ranger, ahora tenían otros mejores y más resistentes construidos a lo largo del inmenso parque. Aquella choza en desuso seria la estancia del militar.
—Como puede observar no es un hotel cinco estrellas, tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos, la premura de su visita nos limitó también.
El capitán se limitó a mirar con desagrado las condiciones lamentables de aquel lugar.
—No hay instalación eléctrica o estufa, el almuerzo se sirve a mediodía en el comedor del centro de mando. En un rato Connie le traerá uno o dos candiles para que no se quede en penumbras por completo.
Levi avanzó al interior de la choza, al pasar la mano por el marco de la puerta una gran capa de polvo y moho se desprendió al instante.
—Si estas son las condiciones en que tiene una simple choza empiezo a comprender el por qué Erwin me envió aquí.
Eran las primeras palabras que pronunciaba después de su nombre y aquella simple frase bastó para descolocar a Mikasa y encender la furia en ella
—Escucha enano, no puedes venir aquí y criticar el esfuerzo de la gente, ¿qué puedes saber de nosotros o de mí?
Ni siquiera se dio cuenta del momento en que había eliminado toda distancia, tomándolo del cuello de la playera, elevándolo mínimamente. Para ser pequeño vaya que pesaba bastante. Levi mantuvo la calma, en sus ojos fue casi imperceptible el destello de enojo.
—Quieres ser mayor y actuar como tal pero no eres más que una mocosa altanera —tomó la muñeca femenina en un agarre consistente, sin lastimarla, sólo lo suficientemente firme para trasmitirle sus intenciones. —Estoy aquí para ayudarte, pero tampoco esperes que soporte tus impertinencias, quieres que esto funcione, empieza por soltarme.
Mikasa se alejó, soltándolo bruscamente, su neutral expresión era ahora una mueca de rabia. Levi pensó que lucía exactamente como un lobo a punto de atacar, mostrando los dientes y la clara aversión, no obstante aquella reacción le causaba una extraña curiosidad. Casi quería sonreír, pero sabía que aquella era una clara provocación aun no conocía cuan peligrosa podía ser esa mujer.
—Yo no pedí su ayuda, fueron ustedes los que vinieron a entrometerse.
Después de escupirle aquello, la joven salió de la cabaña dando un portazo que desprendió parte de la improvisada puerta. No le importó continuó caminando, haciendo crujir bajo sus pisadas todo lo que se interpusiera.
Una vez solo, Levi puso manos a la obra: en menos de dos horas había limpiado todo el lugar, levantado la puerta y las ventanas que aun sin lidiar con la furia de la chica iban a caerse pronto.
El sol comenzaba a ocultarse cuando reconoció una figura escondida entre la maleza, observándolo con binoculares. Detuvo su tarea de cortar leños, pasó el dorso de su mano derecha por su frente para quitarse el sudor, después levantó su flequillo y apoyándose levemente en con la otra mano sobre el mango del hacha oxidada que después de ser afilada por él partía los leños cual mantequilla usando la fuerza necesaria, claro.
—Tch, sal de ahí, puedo ver tu cabeza. — Aun a esa distancia pudo ver el sobresalto. —Si quieres verme no tienes por qué ocultarte
—No digas estupideces, estaba vigilando al ave que posaba sobre el techo de la cabaña. —Exclamó en voz alta, algo turbada, poniéndose de pie y bajando los binoculares.
Al acercarse, Levi notó la bolsa en una de las manos de ella. Dirigir su vista al paquete hizo que Mikasa entendiera la curiosidad que sentía con respecto a ello. Sin cuidado, se lo lanzó, esperando que lo golpeara en la cara; no tuvo éxito, el militar atrapó el paquete en el aire.
Ahora no llevaba la playera blanca, solo una camiseta verde oscuro, dejando ver el resto de su bien trabajado cuerpo, ahora entendía por qué pesaba tanto. Toda esa masa muscular no era tan notoria cuando llevaba mucha ropa encima.
Volvió a la realidad, dejando de mirar los torneados brazos cuando escuchó la voz que hace unas horas le habían sacado de quicio.
— ¿Qué es?
—Descúbrelo por ti mismo. —Se dio vuelta, pero antes de lograr completarlo la mano ajena la sujetó de la muñeca nuevamente; sintió exactamente lo mismo: una insistente necesidad de huir, como si sus aquellas manos quemaran cuando entraban en contacto con su piel.
—Ábrelo.
Había tal oscuridad en sus palabras que Mikasa obedeció sin comprender exactamente por qué.
—Tranquilo, es sólo comida, los chicos del centro creyeron que debía traerte un poco ya que no fuiste a comer.
Si no fuese tan buena observando no hubiese visto como el cuerpo entero del capitán se relajaba, mostraba incredulidad en la forma en que miraba los recipientes.
—Si no quieres, tendré que decirles que has rechazado su gesto
—No dije nada como eso.
—Bien, tengo que irme. Mañana te presentaré a los demás guardias del bosque, un gran número está en un campamento cuidando de un amigo mío y de su expedición de investigadores.
—Bien. Hasta mañana entonces.
La vio alejarse lentamente, atravesando la maleza, hasta desaparecer al igual que los últimos rayos del sol.
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Hi! Espero le haya gustado este capítulo, es muy cierto que soy ambiciosa y luego por eso ando enloqueciendo. En fin, tengame paciencia, please.
Donde quiere que estén espero se la estén pasando bien.
