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Al día siguiente se sorprendió al verlo sentado en las escaleras del centro de control, apenas amanecía, comenzaba a llover además y nadie era más madrugadora que ella. Cuando se acercó, percibió un leve aroma a café luchando por predominar sobre la menta de la pasta dental.

—Buenos días, capitán. —Hubo menos aplomo en sus palabras después de las confrontaciones del día anterior, pero en él todo seguía exactamente igual.

—Buenos días, a qué hora inician actividades.

—Pronto, los chicos llegan a las 6 y a los turistas a partir de las 10, tenemos tiempo suficiente para limpiar la entrada. Cada vez tenemos menos visitantes, la violencia ahuyenta hasta a los más aventureros.

—La foto en la entrada también.

Mikasa se sintió irritada, nadie iba a mover la foto de Sasha de ahí.

—Era mi amiga y amaba este lugar tanto como cada uno de los que trabajamos aquí, sus restos fueron enviados a su familia en su país, pero su alma sigue aquí. No me importa si no te gusta.

Abrió la puerta y encendió las luces.

— ¿De dónde obtienen la energía?

—Este parque fue fundado por la familia real belga, ellos auspiciaron la construcción de una central hidroeléctrica, ahora tenemos varias, cada una por sí sola no produce demasiada energía pero en conjunto el parque puede generar entre 100 y 120 megavatios, más del doble de toda la producción de Ruanda.

—Es bueno para los pobladores.

—Así es, con ello pretendemos darles trabajos dignos y que no tengan que unirse a las guerrillas o a los furtivos.

Antes de que Levi pudiese decir otra cosa, alguien pedia ayuda a través el radio. Ella se apresuró a tomarlo y responder.

—Armin, qué pasa.

—Mikasa, ¿eres tú?

— ¡Armin! ¡Qué sucede, soy yo!

—Mikasa, tenemos una situación complicada: encontramos….elefante… descuartizado….gorilas…huérfanos — Había demasiada interferencia, no era usual que Armin se escuchase preocupado.

— ¡Mierda! ¡No entiendo nada!

Levi, que había desaparecido de la vista de Mikasa mientras ella despotricaba contra el radio, apareció cautín en mano arrebatándole el radio para abrirlo frente a ella, sin explicarse.

Ella sintió que desfallecería, estaba tan impactada que no conseguía moverse, pensó apuñalarlo con lo primero que tuviese al alcance pero antes de realizar el primer movimiento, él cerró el radio otra vez después de desconectar y reconectar algunos cables.

—Toma, sé rápida, no es bueno tener cerca de la cabeza un radio modificado.

Tan pronto como lo encendió, la insistente llamada de Armin se hizo presente salvo que ahora no era una comunicación distorsionada, todo lo contrario, tan clara como el agua.

—Armin, dime rápido, qué sucede.

—Mikasa, regresábamos al campamento cuando escuchamos disparos, cerca de la tumba de Dian, al acercarnos vimos algo horrible. Un elefante fue destrozado para quitarle sus colmillos, encontramos dos gorilas muertos, presumiblemente los padres de unos pequeños que se escondían dentro de un tronco. Uno de ellos está herido, estamos lejos de la base y necesitamos ayuda urgente.

—Iré, no te preocupes.

Apareció por la puerta Jean, envuelto en un impermeable negro.

—Escuché a Armin, necesitarás el auto.

Un jeep Wrangler color negro aguardaba estacionado frente al centro de comando.

—Gracias, Jean, necesito que vayas a Rumangabo, es probable que Senkwekwe Mountain reciba dos miembros más.

—Pero…

—Mikasa, ponte esto. — Reparó en Levi, de cuyo cabello caían algunas gotas de lluvia, que le ofrecía un impermeable como el de Jean.

No hacía falta más para entender que iba a acompañarla y no era opcional. Emprendieron el camino, no había más ruido que el motor y los neumáticos luchando contra el lodo.

— ¿Qué es Senkwekwe Mountain?

—Un orfanato para gorilas, con frecuencia los padres son asesinados y no es que sean incapaces de sobrevivir solos, es que se tornan presas fáciles para los traficantes. Los padres son demasiado complicados de transportar pero los pequeños son…

—Perfectos.

—Sí, por eso hemos creado ese lugar. Un equipo de veterinarios y otros especialistas se encargan de protegerlos. Cerca del 20% de todos los gorilas del mundo están en este lugar, no podemos dejar que mueran.

Pese a la lluvia, fue capaz de recorrer los caminos con destreza, había pasado tanto tiempo en aquella jungla que la conocía tanto como era posible.

Cuando se acercó al lugar señalado por Armin pudo ver los carros estacionados y una carpa improvisada.

Bajó rápidamente del auto, sacó de la parte trasera un maletín y corrió bajo la lluvia olvidando subir la capucha de su impermeable.

—Se preocupa por todos menos por sí misma. —Se permitió exclamar Levi estando solo en el auto. Retiró las llaves y descendió, le interesaba conocer de cerca la clase de problemas para los que supuestamente había venido a entrenarlos.

—Armin, estoy aquí. Toma.

—Gracias, en serio necesitaba esto. —Sacó un par de guantes extras y pidió a uno de los guías se los pusiera para que le ayudara a continuar ejerciendo presión en la herida que tenía el gorila bebé en la pata izquierda, el paño que empleaba estaba cubierto de sangre. Era esencial que todos usaran guantes cuando se entraba en contacto con la sangre, dado que algunas veces los animales podían ser portadores asintomáticos de enfermedades letales para los humanos como el ébola. Combatir una epidemia era algo que definitivamente querían evitar.

Armin continuó extrayendo materiales del maletín, preparó una solución y la extrajo con una jeringa fina para después inyectarla al animal.

—No era capaz de sacarle la bala sin anestesia, le dolerá aun pero al menos no perderá la confianza en nosotros. Tranquilo, estarás bien.

El lamento del animal resonó a lo largo de la jungla, la visión de manos ensangrentadas le recordó a Levi episodios de su vida que se esforzaba por olvidar y no le permitían dormir por las noches.

Aunque era de día no había rayo del sol que pudiese atravesar las densas nubes y el follaje para llegar hasta ellos, se auxiliaban con lámparas y una pequeña planta de electricidad que funcionaba con gasolina.

— ¿Dónde está el otro?

—En la camioneta, está asustado y el grito de su hermano debió asustarlo aún más. No obstante, ambos estarán bien, logramos contener la hemorragia. —El chico rubio, de alucinantes ojos azules, acababa de vendar la herida para mirar a su compañera. —Tenemos que irnos de aquí, ellos no deben estar muy lejos.

—Lo sé, no iremos a la central, le pedí a Jean que notificara a Senkwekwe Mountain, ya deben estarnos esperando ¿necesitará cirugía? —Preguntó a la vez que acariciaba la cabeza del pequeño gorila.

—No lo sé, la bala salió completa pero si ellos deciden examinarlo, mejor. Salgamos de aquí.

Levi condujo esta vez, seguiría a la caravana de autos frente a él. De vez en cuando miraba de reojo a su copiloto, no se consideraba insensible aunque lo aparentaba pero tampoco fácil de conmover después de todo lo que había tenido que vivir, pero la tristeza y la rabia en los ojos de Mikasa estremecían profundamente su ser. Acrecentaban sus ganas de ejercer justicia, su justicia, de la manera poco paciente y clemente que él conocía.

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"Justicia, paz y trabajo" es el título de este capítulo y también el lema de la República Democrática del Congo, ¿irónico, no?

Lamentablemente el contenidos está basado en hechos reales, la gran Dian Fossey, zoologa que pasó cerca de 20 años en las montañas de Virunga fue asesinada en 1985 por cazadores furtivos, a machetazos.

Ojalá nuestros Ackerman pudiesen dar fin a la maldad de este mundo.