Wow! me dejan sin palabras con su cálido recibimiento, mil, mil, mil millones de gracias, sé que me he tardado más de dos semanas, pero, en mi defensa, esto de cerrar ciclo escolar, más graduaciones está de locos, aún así les dejo por aquí este capítulo, espero que lo disfruten.

Un abrazo y bendiciones a todas... ya las extrañaba.

C, you are the best.

K

YNTE 23

Londres, 1923.

La noche caía sobre la mansión, y un hombre de cabellos castaños observaba el lugar al que nunca había creído que regresaría, el palacete que debió haber sido su hogar, su puerto seguro, el recipiente de felices memorias infantiles, una fuente de orgullo, pero que en realidad había sido su prisión, un paraje lleno del recuerdo de humillaciones, desaires, silencios cargados de odio, y frialdad.

Aún recordaba la euforia que sintió cuando años atrás se fue de casa, cuando con deleite imaginó la cara de sorpresa del duque, el indudable aprieto en el que se vieron metidas las monjas del San Pablo por su escapada, el sentido de honor, de orgullo… en ese entonces se había dicho a sí mismo que todo lo hacía por ella, después de todo, si él no se iba ella sería quien tendría que abandonar el Real Colegio San Pablo.

Tal vez, ese había sido el único acto no egoísta de su vida… jajaja, ¿pero a quien engañaba? lo cierto era, que Eliza Leegan con sus artimañas le había presentado la oportunidad perfecta para hacer lo que más deseaba en la vida, mandar al demonio a la familia, al honor, escupir en la cara del duque y de la tradición, y simplemente desaparecer… Aunque claro, la que en realidad había entregado todo había sido ella… porque cuando ella fue tras de él, ella, en verdad no tenía nada, mientras que él llevaba consigo una pequeña fortuna suficiente para mantenerlo cómodamente por el tiempo necesario hasta alcanzar la fama.

Terrence contempló con detenimiento la casa una vez más, algo parecía haber cambiado, ahora había un aura nueva en los alrededores, todo parecía menos sombrío, menos muerto, menos pomposo.

Respiró profundo, por supuesto que no podía simplemente entrar, al menos no ese día, debía tomar las cosas con calma, planear con cuidado, acababa de llegar del puerto, había sido una travesía infernal, pero al fin se encontraba frente al hogar ancestral, que ahora que era el único hijo sobreviviente del duque le correspondía como herencia, o al menos eso era lo que él creía, y de lo que venía a asegurarse.

Dio un último vistazo a la soberbia propiedad, y se alejó de ahí a paso lento, silbando una antigua melodía, con las manos en los bolsillos, el cuello de su abrigo levantado y un cigarro colgando en los labios… Terrence Grandchester estaba de vuelta en la madre patria, y esta vez haría lo que fuera por ser recibido como le correspondía.

Abril 1923, Londres, Inglaterra, Mansión Grandchester.

Richard escuchaba con atención a sus abogados y asesores de negocios, tenía una semana para terminar de prepararlo todo, porque el mes de abril se acababa, y él había prometido a Rose que se encontraría con ella la semana antes de la boda.

Ese jueves estaba resultando en un día largo y complicado que agradecía estar a punto de ver llegar a su fin, había dado órdenes de no ser interrumpido, así que cuando elevó la vista y vio a su mayordomo entrar al salón con una charola frunció el ceño con evidente disgusto.

Hacía mucho que no era grosero con la servidumbre, Rose le había quitado esa costumbre, pero ese día le dolía la cabeza, y lo único que quería era terminar con la junta, retirarse a descansar, pero al parecer sus deseos no iban a cumplirse ese día.

Lo siento milord, pero me temo que esto no puede esperar, tiene una visita. -le dijo el hombre poniendo frente a él una charola de plata con una tarjeta sobre ella.

Richard la tomó, y la observó por unos momentos.

Bien, hazle pasar a mi biblioteca, estaré ahí en unos minutos. – el mayordomo hizo una reverencia, no era necesario que le dijeran que debía ser de lo más discreto.

Señores, tienen diez minutos más de mi atención. –

Milord, creo que todo ha quedado finiquitado, en cuanto el señor Andrew firmó la adopción del pequeño Alexander se hicieron válidas todas las cláusulas previstas.

Los hombres se pusieron de pie y se despidieron con una reverencia, Richard se sirvió otro vaso de Whiskey y lo bebió de un solo sorbo, cuadró los hombros y se dirigió a su biblioteca, no era un encuentro inesperado, después de todo, siempre había sabido que ese día llegaría.

Caminó despacio, una parte de él se sentía nostálgica, tal vez, aunque sabía bien que el hombre que iba a encontrar detrás de esa puerta no era el pequeño que había llevado con él a Inglaterra, el niño que egoístamente había arrebatado de los brazos de su madre pensando que hacía lo correcto, tampoco iba a encontrarse con el adolescente rebelde al que él le había fallado al no protegerlo de Henriette, en su defensa, así lo habían criado a él, el afecto paternal le había sido totalmente desconocido, hasta que Rose llegó a su vida.

Hoy iba a encontrarse con el hombre, el hombre que había estado dispuesto a golpear a la que decía había sido el amor de su vida con tal de impedirle irse, él hombre que le había exigido a una chiquilla que abortara a su hijo, el hombre que despilfarraba su fortuna en apuestas, que se rodeaba de malas compañías, el hombre, que sin lugar a dudas estaba ese día ahí para reclamar lo que consideraba su derecho, y que Richard le negaría una vez más.

Abrió la puerta de la biblioteca, entró y cerró la puerta tras de sí. El hombre lo esperaba sentado en la enorme silla de cuero color vino detrás del escritorio, un acto provocativo sin duda.

Terrence sintió la imponente presencia del duque aún antes de que él cruzara el umbral, lo vio parado frente a él, no parecía un año mayor de la última vez que lo había visto, de hecho, se veía mejor… tal vez los rumores eran ciertos y la famosa marquesa le había dado un semblante nuevo a su padre… de pronto su confianza se tambaleó, tal como sucedía cada vez que se encontraba ante la venerable presencia del duque, aún así se aclaró la garganta y empleó su más irritante tono sarcástico para saludarlo.

Padre. Veo que los rumores son ciertos y te encuentras mejor que antes… ¿será influencia de una bella pelirroja?

Terrence. ¿Qué te trae por aquí después de todos estos años?

¿Acaso no tengo derecho a visitar a mi padre? ¿no soy bien recibido en el hogar ancestral?

Nunca antes te interesó el hogar ancestral o mantener la comunicación conmigo, así que debo preguntar, ¿qué haces aquí?

Al menos invítame una copa y pretende que te da gusto verme, recuerda "El honor ante todo" –

Richard se dirigió hasta el bar y sirvió un par de whiskies en perfectos vasos de cristal cortado que habían estado en su familia por generaciones, le extendió uno gravemente a Terrence y tomó asiento en el sillón orejero de la sala de estar, una movida que obligaría al mozalbete a moverse de su silla tras el escritorio si es que quería hablar con él.

Terrence sonrió amargamente, sin esfuerzo alguno el duque había movido las cosas a su favor, se puso de pie y tomó asiento en otro de lo sillones, observó al duque sorber lentamente de su vaso, al parecer tenía dolor de cabeza, Terry sabía reconocer los síntomas, después de todo él solía ser el causante de estos.

Bien Terry, dime que quieres.

¿Acaso Henriette está por llegar?

Terrence.

Honestamente creí que te daría gusto tener a tú único hijo vivo de vuelta.

¿Quieres explicarme lo que te llevó a pensar eso?

Soy el único heredero que te queda con vida.

El duque lo observó detenidamente y dio un sorbo a su copa, por supuesto que Terrence sabía que eso no era cierto, y esperaba la respuesta de su parte.

Si necesitas algo de dinero puedes dirigirte con mis abogados, les daré instrucciones. – le dijo con absoluta seriedad.

No vine a mendigar, vine a tomar mi lugar a tu lado, como tu heredero, soy tu único hijo sobreviviente.

Terrence, sabes bien qué como hijo ilegítimo, esa es una imposibilidad, y aunque has dilapidado el fondo que en su momento separé para ti, puedo ayudarte en alguna nueva empresa que quieras emprender en América. – el tono condescendiente trajo una sonrisa amarga a su rostro, el énfasis en la palabra América no le había pasado por alto.

No estoy interesado en las migajas.

Sabes bien, que si no tengo otro heredero el título pasará al heredero de mi hermano.

Así que después de todo los rumores son ciertos, la viuda del tío te ha conquistado.

No seas insolente, no tengo porque darte explicaciones, pero veo que sabes que tengo un heredero.

Tienes un hijo vivo, que podrías reconocer… siempre ha sido así, no en vano eres uno de los nobles más poderosos del país.

Terrence, tal vez en otro tiempo, pero, sabiendo lo que sé, me queda claro que no eres un hombre honorable, y no puedo confiar en ti el legado de los Grandchester, como te dije, si necesitas algo de dinero se te dará…

Con la condición de que salga del país, ¿no es así?

Tomando en cuenta tu comportamiento disipado, tus malas costumbres, líos de faldas, deudas de juego y demás, comprenderás que no quiera dar pie a escándalos.

¡Eres un pomposo hipócrita y egoísta! ¡No tienes ningún derecho a juzgarme! cuando el mundo entero sabe que tu matrimonio con Henriette es una farsa, siempre lo fue, que mantienes a Lady Vivian como tu amante desde hace mucho, y que eso mismo le ofreciste a Eleanor, no eres quien para hablar de honor.

No niego nada de lo que has dicho, sin embargo, he hecho las cosas como corresponden, y ahora estoy preparado para hacer lo mismo por ti.

¿Porqué?

¿Por qué? No entiendo tu pregunta.

¿Por qué una vez más me hechas de tu lado?

Porque conozco cada uno de tus delitos, y no puedo tener a mi lado a alguien como tú, a un asesino, golpeador de mujeres, promiscuo, con aires de grandeza y delirios de legitimidad.

¡Yo no la asesiné, fue un accidente…! el conductor…-

No hablaba de ella, sino de tu hijo. Y en cuanto a ella, según sé, si Eleanor no hubiese llegado para llevarla al hospital también hubieses sido directamente responsable de su muerte… aunque claro Eleanor la salvó en vano, solo para que fueras indirectamente responsable de su ida al otro mundo. Habla con Ralph, te dará lo que necesites para pagar tus deudas de juego y volver a California. – el tono era definitivo.

Terrence se puso de pie, estaba furioso, pero sabía que no tenía caso discutir con el duque, porque era capaz de hacerlo embarcar, quitarle su pasaporte británico y enviarlo de vuelta a América. Tal vez lo más inteligente por ahora sería seguir su juego, pretender haberse reformado.

No necesito dinero, vine a verte, pero si no quieres verme ahora, volveré en otra ocasión, padre. Tal vez la marquesa esté interesada en conocer a su sobrino.

Mantente alejado de ella Terrence.

¿Es una amenaza?

Es una advertencia. – el tono seco y serio era contundente, pero a Terrence eso nunca lo había amilanado, solo encendía el fuego en él.

¿Qué hay de mi primo? Seguro necesita quien le enseñe a ser un caballerito inglés.

Te lo he dicho con claridad, busca a Ralph y sal del país cuanto antes. –

El duque se puso de pie dando por terminada la entrevista, segundos después la puerta se abrió y un par de sus guardaespaldas aparecieron en la puerta, señal segura de que era tiempo de retirarse.

¡Cómo siempre, el maldito bastardo eres tú! Mira que sacar a tu hijo de tu propia casa con tus guardaespaldas, pudiera ser otro nivel, pero no es la primera vez ¿o si padre?

Solo te acompañaran a la salida, o con Ralph, si es que has entendido.

Claro, ahora no hay internado de monjas que me reciba.

Buenas noches, Terrence, Ralph te estará esperando.

Richard Grandchester salió de la habitación sin mirar atrás.

En algún oscuro antro de mala muerte inglés, Londres, 1923, unos días después de su encuentro con el duque.

Así que el gran duque le consiguió un buen partido a la francesita. – el par de mujeres de la vida galante arrastraban las palabras al hablar, eran ruidosas, vulgares y lo fastidiaban.

Dejen de cacarear y hagan lo que les pagué por hacer. – su respuesta enojada las hizo reír, eran unas insolentes.

Jajajajaja, muy bien gran señor, si no quiere saber el chisme actual…aunque es usted bastante guapo, ese lord escocés…

Definitivamente tiene suerte la francesita. –

Basta, no sé de que hablan, pero si no saben callarse, mejor salgan de aquí, que no estoy de humor para chismorreos de putas.

Jajajaja, estás demasiado bebido tesoro, así que no eres una amenaza y salir antes, nos pone en problemas con la madame…mejor deja te cuento de que se trata… el gran duque de Grandchester… el primo de la reina ha comprometido a su cuñada con un poderoso lord escocés y dentro de pronto será la boda… la marquesa de Northampton ahora será una Andrew.

El nublado cerebro de Terry apenas pudo atar los cabos ante de sumirse en la inconciencia, seguro el par de putas había puesto algo en su bebida.

El sol le calaba en los ojos, y un balde de agua helada lo bañó.

¡Arriba! ¡No somos hotel ni casa de asistencia! Y tu tiempo pagado aquí se terminó. –

¡Pero que demonios! ¡no sabes quien soy! –

No me importa si eres el mismísimo príncipe de Gales, si no tienes más con que pagar no te puedes quedar aquí. ¿Ahora sales por tu propio pie o mando que te saquen?

¡Maldita sea mujer! Cierra la boca y consígueme un té bien cargado. – le dijo Terry poniéndose de pie a duras penas y rebuscando entre sus ropas algunos billetes de baja denominación. Y se los tiraba a la mujer. – prepárame agua caliente y pide un carruaje.

El rostro de la mujer cambió ante la visión del dinero e hizo una leve inclinación de cabeza, para después retirarse.

Terry sentía como la cabeza estaba a punto de partírsele, la frente le palpitaba, y el agudo dolor se encajaba en su ojo izquierdo, no recordaba nada de la noche anterior, lo único que quería era salir de ese maldito y hediondo lugar. Cuarenta y cinco minutos después subió a un maltrecho carruaje maloliente, su mente estaba intranquila, algo que no lograba recordar con exactitud rondaba en alguno de los oscuros recovecos de su mente, cerró los ojos, por unos momentos, no tardó mucho en llegar al hotel donde se alojaba, descendió como pudo y se arrastró hasta su habitación, no cabía duda que su malestar no era una resaca normal, había algo más, no tuvo tiempo de meditarlo, en cuanto llegó a la cama solo alcanzó a tumbarse y perderse en la bruma de la inconciencia.

Londres, 1923, Mansión Andrew.

Archiebald esperaba pacientemente sentado detrás del gran escritorio de cedro de su estudio en la mansión Andrew, hacía 40 minutos que había mandado llamar a Anne, y por supuesto, ella no se había dignado en aparecer, sabía que era apropósito, que lo hacía para sacarlo de quicio, pero a decir verdad, no le importaba, Anne podía hacer lo que quisiera para provocarlo, pero lo que tenía que decirle terminaría por hacerla enfurecer más de lo que esperarla pudiera molestarlo a él, de hecho, a decir verdad no le molestaba esperar, trabajó pacientemente, había cosas que finalizar antes de ir a Escocia, y la perspectiva de ir a Escocia, era algo que le gustaba, así que seguiría esperando.

Después de dos horas y media desde que la mandó llamar, Anne entró con su acostumbrado paso majestuoso, iba sencillamente vestida, eso no había cambiado, y de un tiempo para acá vivía prácticamente como reclusa de la casa Andrew, pero, Archiebald no se engañaba, sabía bien, que esa aparente calma era solo provisional, Anne Britter no estaba derrotada, aún.

Me mandaste llamar.

Sí, comenzaba a dudar de que hubieses recibido el mensaje.

Estaba con mi confesor.

Jajajajaja, por Dios Anne, conmigo no tienes que pretender.

Me insultas, como siempre, no te ha bastado con rebajarme de la manera en la que lo has hecho… - Archiebald se preguntó a sí mismo como era posible que pretendiera hacerse la víctima, pero la verdad no le interesaba, así que la cortó con impaciencia.

Anne, la verdad es que no me interesa enredarme en tu maraña de mentiras, reproches y autocompasión, todo lo que te ha sucedido es consecuencia de tus actos, y no tiene sentido alguno que hablemos de ello…-

Juraste estar a mi lado en las buenas y en las malas… - intentó Anne con un puchero.

Y tú juraste serme fiel… como verás los juramentos entre nosotros no han impedido que nos hagamos infelices el uno al otro, y no creo que el matrimonio sea lo más conveniente entre nosotros desde hace mucho, así que tomé una decisión, pedí el divorcio, el cual, por supuesto me fue concedido, hoy me llegaron los papeles, y te llamé para informártelo.

¡Eres un desalmado! Un maldito egoísta. ¿acaso has pensado en nuestro hijo, en que dirá la gente?

Anne gritaba y se acercó al escritorio con la intención de derribarlo todo, Archiebald suspiró profundo, no deseaba ser cruel, pero no estaba dispuesto a ceder ni a dejarse manipular por Anne una vez más.

Detente, no quieres darme pruebas para internarte en algún asilo para enfermos mentales. – le dijo Archiebald calmadamente – deja el drama, toma asiento y escúchame, como tu marido tengo el poder para internarte o mandarte a un convento, ciertamente la segunda opción sería la mejor para nuestro hijo, sin embargo, no estoy dispuesto a vivir con ello en mi conciencia, así que te voy a explicar con claridad como serán las cosas, he dispuesto de una casa en el campo, puedes retirarte ahí con un par de sirvientes y vivir cómodamente, todos tus gastos correrán por mi cuenta, y te daré una pequeña pensión, por supuesto que no será nada extravagante, ni lujoso, pero no tendrás de que preocuparte, mientras te comportes adecuadamente.

Eso es una condena perpetua.

Al menos hasta que Allistair alcance la mayoría de edad, así debe ser, suficiente es que sea el hijo de una mujer que no supo guardar sus infidelidades con discreción y por lo tanto fue repudiada.

Esa no puede ser mi única opción.

Te he dicho cuáles son las otras dos, el convento, o un asilo.

Mi padre y tu hicieron un acuerdo prenupcial…

Sí, pero tu dilapidaste la fortuna Cornwell, y me fuiste infiel, en todo derecho podría simplemente echarte a la calle, pero por Allistair no lo haré.

¡No, no lo acepto!

Anne, no es una pregunta, te estoy informando como serán las cosas, todas tus pertenencias han sido empacadas y un carruaje espera en la puerta por ti.

No me iré al campo.

Bien, llama a tus padres… o a quien quieras, solo te digo una cosa, la única forma en la que puedes obtener una pensión de mi parte es seguir mis condiciones, de otra manera no verás una sola moneda de mi dinero.

Todo es por ella, ¿cierto?

No tengo idea de que hablas, pero tengo muchas cosas por hacer, así que haz el favor de retirarte, por tu propio pie, el carruaje espera afuera, te llevará a donde quieras, no me importa que decidas hacer, el hecho es que te quiero fuera de mi vida y de la de mi hijo, además, legalmente ya no eres mi esposa, nada tienes que hacer en la mansión Andrew.

Archie se puso de pie y pasó al lado de ella para abrir la puerta, con discreción uno de sus hombres de seguridad entró.

Escolte a la señora Britter al carruaje, por favor. – le dijo con tranquilidad, y sin siquiera mirar atrás, salió de la habitación.

Anne alzó la cabeza, no sería arrastrada fuera de la mansión como a una cualquiera, caminó con dignidad hasta la entrada principal, sabía que al menos por ahora debía ir a donde la llevaran, pero ya encontraría la forma de vengarse de Archiebald, esta era solo una batalla perdida.

Londres, 1923, hotel de Terrence Grandchester.

Terry abrió los ojos lentamente, su mirada era borrosa, su boca se sentía pastosa, y el pensamiento aún estaba un poco nublado, sin embargo, se puso de pie, no tenía idea de cuanto tiempo había dormido, ni de que día era, lo que fuera que las putas hubiesen puesto en su bebida había sido fuerte.

Se dio un baño de agua helada, lo cual le ayudó a despejar sus sentidos, anduvo por la habitación con una toalla anudada a su cintura, abrió la puerta y sobre el tapete vio su correspondencia y los periódicos de varios días, los tomó, aventándolos sobre una mesa sin cuidado alguno, para después vestirse, bajaría a desayunar y ahí aprovecharía para leer lo que había llegado y meditar.

Sentado frente a un vasto, pero sencillo desayuno tomó los sobres, la mayoría eran cuentas por cobrar, así que las puso a un lado, había un sobre femenino, con delicada caligrafía que el conocía a la perfección, tenía años de no verla, desde la vez que la corrió de su departamento y no podía negar que sentía cierta curiosidad por lo que querría. Sin embargo, la hizo a un lado por el momento, para tomar los periódicos, al leer el titular del primero una avalancha de recuerdos vino a su mente, de pronto el chismorreo incesante de las mujeres de la otra noche cobraba sentido. La furia corrió por sus venas, se sentía traicionado, ahora entendía la prisa del dique por deshacerse de él, había logrado una alianza favorable, para la marquesa… con William Andrew… la ira lo cegó por unos momentos, pero intentó calmarse, tal vez ahora sería conveniente leer lo que Anne Cornwell tenía que decir.

Rasgo el sobre sin ceremonia alguna, y leyó la nota con atención, la información no era suficiente, necesitaba más, y sabía que la mejor forma de obtenerlo sería con una charla entre sábanas con alguna dama de la alta sociedad, tenía un verdadero talento para envolver cierto tipo de mujeres, así que terminó su desayuno y regresó a su habitación, se arregló convenientemente y salió de cacería, conocía bien a su presa, alguna mujer vulnerable, necesitada de atención, del estrato social correcto, y con las conexiones adecuadas.

Varias horas después, fumaba un fino puro, su joven cuerpo semidesnudo estaba cubierto por exquisitas sábanas de algodón y a su lado una mujer en igualdad de condiciones paseaba su mano por su torso con mirada brillante y culpable a la vez.

Mi marido no llegará hasta mañana al medio día…

Veo que te ha gustado, sin embargo, no es prudente que no vayas a tu casa…ni que nos vean juntos.

Lo sé…

Los maridos celosos pueden tomar represalias… ¿no lo sabes acaso?

Claro, basta con ver a la ex señora Andrew…

¿La ex señora Andrew?

Bueno, en realidad nunca fue una Andrew, pero ella se sentía la sucesora de Elroy, aunque solo estaba casada con Archiebald Cornwell y no con William Andrew… pero ahora no es siquiera la señora Cornwell, Archiebald la repudió, por infiel, sus escándalos se volvieron demasiado.

Ya veo…

¿Los conoces?

¿A quién?

A los Andrew.

Me he topado con ellos, y estudié con algunos de la familia en el San Pablo.

Tal vez serás invitado a la boda entonces… Ralph mi marido seguro estará invitado, dicen que será espectacular… a pesar de que ambos contraerán segundas nupcias.

¿Quiénes?

William Andrew y la marquesa, son la comidilla de nuestro círculo, la boda será en Escocia… y por supuesto Anne no podrá asistir, además de la humillación que ya vivió en la fiesta de presentación de la marquesa, dudo mucho que quiera volver a verlos. La versión oficial dice que de pronto descubrió la piedad religiosa, pero hay quienes rumoran que en realidad Archiebald la castigó por sus infidelidades quitándole todo y obligándola a vestir harapos de viuda en la fiesta más fastuosa del año, y en todos los días siguientes por supuesto…

Terry fumó con lentitud, mientras Margaret, o Faith, o Meghan… seguía parloteando, en realidad no recordaba su nombre, no era importante, había pensado que tal vez le tomaría algo de tiempo, pero, lo había logrado en menos de lo que lo esperaba. Definitivamente el siguiente paso debía ser una visita a su querida amiga, la muy estimada ex señora Cornwell y después un viaje a Escocia, tal vez a ella le gustaría acompañarlo. Decidió que la mejor manera de hacer callar a la chismorreante mujer era darle algo más que hacer con su boca, así que interrumpió la incesante charla y aprovechó el tiempo que aún les quedaba de una manera más productiva, o al menos más placentera.

Horas más tarde mientras caminaba rumbo a su alojamiento después de haber enviado una nota a la dirección en el campo que Anne le había proporcionado, hacía cuentas mentales y se preguntaba cuanto tiempo más podría alargar su crédito antes de que los acreedores comenzaran a caerle encima, por supuesto que su rancio apellido aristocrático le había abierto ciertas puertas, pero una vez que la gente se diera cuenta de su error al confiar en él, ya que el dinero de los Grandchester no lo respaldaba, se quedaría sin oportunidades. Iba distraído, y de pronto una voz lejanamente familiar lo interrumpió.

Joven Terry. – hacía muchos años que nadie lo llamaba así y de alguna forma eso lo hacía sentir como un adolescente rebelde de nuevo, volteó con cuidado y se topó con Roger, el hombre que normalmente era el encargado de regresarlo al San Pablo después de una de sus escapadas.

Roger, mucho tiempo sin verte.

Así es joven, tengo un carruaje esperando.

¿A dónde me llevarás esta vez? Ya no hay monjas que me reciban.

Ralph Sutherland lo recibirá en cuanto lleguemos.

No me interesa ir con Ralph, Roger, no vine por una limosna, sino por lo que me corresponde, pero eso ya se lo he dicho al duque. Así que declinaré tu invitación.

Bien, volveré pronto a ver si ha cambiado de parecer, o bien, puede ir con Ralph en cualquier momento.

Terry observó al hombre marcharse antes de continuar su camino, tal vez debía dirigirse al día siguiente a la casa de campo de Anne, porque sospechaba que su padre no descansaría hasta sacarlo del país.

En un retirado lugar de la campiña inglesa. 1923.

Terry descendió del tren, adolorido y maltrecho, sus medios no daban para viajar en primera clase, así que su viaje no fue precisamente cómodo, indagó como llegar a la dirección que tenía, y resultó que aún debía tomar un carruaje y andar por otra hora y media hasta llegar a la casa de campo… no cabía duda de que Archiebald había querido refundir a su querida exesposa en un lugar dónde no pudiese estorbarle.

Cuando por fin descendió del carruaje al que le pidió que lo esperara tenía una jaqueca terrible, y nada de humor para tratar con Anne, pero sabía que era inevitable.

Llamó a la puerta y una mujer mayor, de aspecto fuerte, recio, con cara de pocos amigos abrió la puerta.

Diga. – preguntó rudamente y sin ceremonia alguna.

Vengo a ver a la Señora Britter. –

La señora no recibe visitas. – dijo la mujer intentando cerrar la puerta.

Estoy seguro de que me recibirá a mí. –

La señora no recibe visitas. Esas son las instrucciones, espere afuera, le llevaré un recado de su parte. –

Dígale que su primo Terry ha venido a verla.

La señora no tiene primos.

Dios, Archiebald había conseguido un buen perro guardián al parecer.

Anúncieme. – dijo alzando la voz, no con el afán de intimidar a la mujer, ya que bien sabía que eso era inútil, pero la casa no era demasiado grande, era probable que Anne lo escuchara y apareciera.

Le he dicho que la señora no recibe visitas, si quiere dejar una nota yo se la haré llegar en cuanto llegue. –

Así que Anne ni siquiera estaba.

¿Tardará mucho? ¿cómo es su carruaje?

¡Ja! La señora ya no tiene un carruaje, es usted demasiado insistente, le he dicho que deje una nota.

Bien, no insistiré. – garabateó una nota en una hoja de papel y la depositó en las fuertes manos de la adusta mujer, antes de poder decir nada más la puerta fue cerrada en sus narices enérgicamente. La situación era fastidiosa, pero si Anne no tenía carruaje no podría haber ido demasiado lejos.

Preguntó al cochero dónde había un lago, o paraje interesante y le dio un par de monedas más para que lo esperara. Caminó en la dirección señalada por cerca de 15 minutos, esperando divisar la inconfundible esbelta figura vestida de color pastel, seguramente protegida por un parasol de encaje y guantes, pero solo pudo observar una solitaria e insignificante figura vestida de negro, parada a la orilla del lago, inmóvil, fácilmente podría ser confundida con parte del paisaje.

Se acercó esperando que volteara, pero ella pareció no darse cuenta.

Anne. –

La joven volteó al escuchar su nombre, su tez se veía pálida, su largo y espeso cabello estaba recogido en una gruesa trenza, y su vestido negro de tela barata no llevaba adorno alguno. Terry trató de reconciliar esa imagen con la imagen de la mujer mimada, orgullosa y bien vestida que él había visto años atrás.

Terrence… ¿qué haces aquí?

Tú enviaste la dirección.

No pensé que vendrías, no pensé que nadie vendría nunca. – parecía deprimida, y Terry no solía tener paciencia para ese tipo de cosas, pero recordó que necesitaba información.

Pues, te has equivocado, he estado por tu casa…

Gertrude te ha dicho que no recibo visitas. Es cierto, no estoy en condiciones de hacerlo, además, mi pensión está condicionada.

Jajajaja, pero no creo que esa pensión valga la pena.

Por ahora es todo lo que tengo.

Por ahora…

¿Qué haces aquí Terry?

Necesito saber…

¿Quién es el heredero de tu padre?

Sí, ¿a quién debo quitar de en medio para recuperar lo que es mío?

Un chiquillo, no debe ser problema, o no lo hubiese sido antes.

¿Por qué lo es ahora?

Porque ahora, o dentro de poco, no solo contará con la protección de los Grandchester, sino con la de los Andrew, con la protección de William para ser exactos, y creo que sabes bien, que el no es muy dado a permitir que se acerquen a los que ama.

¿Lo ama?

La ama a ella, de eso no me cabe duda, de ninguna otra forma le hubiese pedido que se casara con él… está embelesado, perdidamente enamorado… nunca lo vi así antes… o más bien, lo vi así años atrás, cuando solo era Albert…

¿La ha olvidado por fin?

Pues al parecer más de seis años es demasiado tiempo para llevar una antorcha por una muerta, y la marquesa es una combinación de Candice y su difunta esposa.

¿Para eso me llamaste?

Te llamé, porque creo que podemos ser útiles el uno al otro, no soportaré estar refundida en el fin del mundo mucho tiempo.

¿Qué te hace creer que me interesa llevarte conmigo?

Tenemos un fin común…

¿Qué te hace pensar que estoy mejor que tú?

El duque debió ofrecerte dinero para que te fueras, y eso debe ser más de lo que Archiebald me dará a cuentagotas.

Aún no veo porque debo cargar contigo.

Terrence, nadie entiende como yo el odio profundo que llevas contra los Andrew, pero no trataré de convencerte, te propongo que vayas allá, vela, y siente como tus entrañas se revuelven ante la felicidad de William, la odiarás por hacerlo feliz, a él, él que no merece serlo. Sabrás que tengo razón, y que la única persona que puede ser tu aliada en el viaje de venganza que desearás emprender soy yo.

No voy a mantenerte.

No necesito que lo hagas, podemos crear una alianza conveniente, y trabajar… como tu y yo sabemos hacerlo, hacer las amistades correctas, y obtener de ellas lo que queramos.

No podemos irnos juntos…

Tú padre no lo permitiría, lo sé, y yo debo aparentar sumisión al menos por unos meses, pero sabemos que terminarás por aceptar el dinero de tu padre y desaparecer por un tiempo.

¿Cómo es ella?

Jajajaja, podría jurar que es Candice nacida de nuevo, tiene esa odiosa aura mágica que atrae a todos, esa belleza etérea, el embrujo capaz de controlar a un hombre… es odiosamente perfecta. La verás y la querrás para ti, y la rabia de saber que nunca será tuya, así como Candice nunca lo fue te consumirá. – le dijo ella en tono burlón.

Fue una idiotez venir a verte.

Piensa bien las cosas… aún tengo un par de amigos en Francia.

Un par de clientes dirás.

Piensa lo que quieras, es más de lo que tú tienes.

Solo por una razón aceptaría un trato contigo.

Porque odias a los Andrew tanto o más que yo… y quieres ver la cara de Archiebald retorcerse de coraje.

Tú ya no le importas como para retorcerse de coraje.

No, pero le importará verme como era antes…

¿Vestida lujosamente?

Claro, pretendamos felicidad, pretendamos entendernos, pretendamos… todo con tal de que se sientan seguros, felices, que han vencido, y cuando menos lo esperen… entonces…

Pudiera ser… debo regresar a Londres para la boda supongo.

No, estoy segura de que será en Escocia, y no tienes mucho tiempo.

¿Está embarazada?

No lo creo… William jamás la expondría de esa manera… más bien…

La ama, y no puede esperar para hacerla su esposa, por supuesto, el hombre es un ridículo… regresaré al pueblo e iniciaré el viaje a Escocia…

Tal vez llegues a tiempo para verlos salir felices de la iglesia, o para atestiguar como sellan su amor con un beso. – le dijo ella burlonamente.

Tenerte cerca será un infierno, y, sin embargo, terminarás por ceder.

Veremos.

Terrence dio media vuelta y se alejó de ahí sin más, Anne lo observó, no dudaba que Terrence aceptaría su propuesta de sociedad, solo era cuestión de esperar.

Escocia, 1923. Iglesia del pueblo cercano al castillo Andrew.

Terry descendió del tren en la estación y de inmediato supo que había llegado el día indicado, el ambiente festivo se respiraba en el aire, la gente iba en sus mejores galas, las flores inundaban el pequeño poblado, las gaitas sonaban alegres, por supuesto que los Andrew habían seguido todas las tradiciones y llevado a cabo la ceremonia en la iglesia del pueblo, era una forma de demostrar aprecio por la gente que por generaciones les habían servido.

Terrence se mezcló entre la gente, tratando de pasar desapercibido, seguramente había seguridad por todas partes.

Anduvo rumbo a la iglesia, aunque por la algarabía de la gente pudo darse cuenta de que la ceremonia había terminado, seguramente todo el pueblo estaría invitado al festín público, y seguramente habría algo más íntimo y pomposo al interior de las murallas del castillo, pero a eso sería muy difícil entrar.

Siguió a la muchedumbre hasta un prado cercano, y a lo lejos divisó a la pareja de novios, ciertamente no podía acercarse, pero al ver a la novia algo dentro de él se removió, lo que Anne decía era cierto, ver a William Andrew así de feliz le provocaba querer devolver las entrañas, y ella tenía algo… intentó acercarse discretamente, pero alguien golpeó contra sus piernas, un niño de unos seis años. Cómo odiaba a los mocosos.

Lo siento señor. – el tono de voz educado lo hizo poner atención, lo primero que llamó su atención fueron los enormes ojos verdes, y después… se dio cuenta que era como ver una fotografía de él cobrar vida.

No tienes que disculparte pequeño, dime ¿quién eres? Me pareces conocido… déjame adivinar eres el sobrino de Richard.

Conoces a mi tío.

Así es…

Alex… Richard Alexander, pero siempre me llaman Alex… - dijo extendiendo la mano formalmente.

Richard buscó a Alex, estaba detrás de él un segundo atrás, había demasiada gente, y ahora no sabía dónde se había metido el bribonzuelo. Sus guardaespaldas lo seguían de cerca, y señalaron en dirección de un hombre, con el que el pequeño charlaba, el hombre parecía joven, pero le daba la espalda, Richard se acercó con cautela, y sorprendió a los dos cuando llamó al niño.

Alex. – el niño y el hombre voltearon a verlo, y Richard, pudo ver un reflejo del pasado conjugarse con el presente, en otras circunstancias, otro tiempo, y si su hijo fuese otra persona, ese encuentro lo hubiese llenado de emoción, ahora, solo tenía una cosa clara, debían moverse con rapidez.

Tío, él es Terry y dice que es tu amigo.

Nos conocemos. – respondió tomando la mano del niño. – te dije que no te alejaras, tu madre se preocuparía si supiera que hablabas con extraños. Anda, ve con Jamieson, que pronto se dará el brindis y querrán que estés en la fotografía.

Adiós Terry. – Terry solo respondió con la mano y observó al pequeño alejarse en brazos del fornido guardaespaldas irlandés del duque.

Te advertí que debías quedarte lejos.

Claramente no es tu sobrino… y al parecer has encontrado una forma honorable de reparar el mancillado honor de la marquesa, dime padre, ¿qué se siente tener de amante a una mujer que claramente tiene la edad de ser tu hija?… o mejor aún, ¿cómo lograste que Andrew recogiera tus migajas? Eso me tiene bastante intrigado también, aunque claro, el hombre parece tener afición por las migajas de los Grandchester… –

No sé de que hablas y no hablaré de nada de esto aquí.

¿Debo esperar en el castillo?

Deberás esperar dónde no estorbes y no puedas hacer daño. - dijo el duque haciendo una seña, y un par de hombres corpulentos se acercaron a Terry, él sabía que hacer una escena no era la mejor opción, los Andrew no se tomarían a broma su visita.

Tengo derecho a conocer a mi hermanito…creo que ese fue le problema con tus otros hijos, pero tal vez con este al fin logre una relación filial. – el tono provocativo de Terry, aunque bajo, hacía que la sangre de Richard hirviera, aunque era claro que era mejor que pensara que Alex era su hermano, a que se diera cuenta de la verdad que le gritaba en la cara pero que él ignoraba.

Tú no tienes derecho a nada…ahora calla y ve con ellos, sabes que te conviene salir por voluntad propia con mis hombres… ¿o prefieres que llame a los de William?

Eres un idiota, padre, es claro que tu tan cacareado heredero, no es más que un bastardo al igual que yo, y que el famoso lema Granchester, "El honor ante todo" no es más que una frase que te dignas en desecrar cada vez que se te antoja una puta bonita, o bien que así te conviene. Pero si un bastardito puede heredar dos inmensas fortunas, en todo caso tengo derecho de primogenitura, ya sabrás de mí, y olvídalo si crees que tu bastardo va a heredar todo lo que por ley me corresponde, soy tu hijo mayor.

La feliz y hermosa pareja se besó una vez más, mientras el pueblo desbordaba en algarabía, los presentes alzaron las copas en un escandaloso brindis escocés, y la última mirada de Terry al duque reflejaba la ira, rencor y odio profundo que carcomía sus entrañas, caminó entre dos hombres y otros tres más, sin lugar a dudas, había ganado su pase al extranjero, pero había visto lo suficiente como para saber que no descansaría hasta que William Albert Andrew estuviese muerto, y esa mujer… la marquesa fuera suya en todos los sentidos, así como la inmensa fortuna del fallecido Andrew y claro la de los Grandchester. Su miserable vida cobraba sentido, había llegado el momento de la venganza y él sabía exactamente cuándo llegaría…