"Como si no fuera suficiente su desgracia, se enamoró."
Oscar Wilde
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Esa mañana el clima mejoró considerablemente, eran las siete cuando cerca de 200 miradas caían sobre la figura inmutable del soldado americano.
—Buenos días, soy Levi Ackerman y el gobierno de los Estados Unidos Americanos me ha enviado para enseñarles un poco de la porquería que se aprende en la guerra. Sé que ustedes han vivido las suyas también, por eso sabrán entenderme y haremos de este lugar algo mejor que les permita seguir manteniendo a su familia.
No había respuesta, ni siquiera murmullos. Estaban estupefactos ante las duras palabras de "Bienvenida". Era un blanco, pero con Mikasa y los otros habían aprendido que el color de la piel no los hacia enemigos. Tenían que darle una oportunidad, aunque no sin mantener un deje de desconfianza, en aquellas tierras tu hermano podría convertirse en tu verdugo y lo sabían mejor que nadie.
El jefe de los furtivos y los mercenarios era uno de ellos, en antaño amigo y hermano de muchos rangers, hasta que prefirió el dinero y las mujeres que una vida lícita no le daban.
—Hay algo que deben saber, no les garantizo nada. Cualquiera de nosotros podría morir en el intento de lo que les propongo. Les enseñaré a pelear pero si lo hacen o no, es decisión suya. Tampoco sabemos quién ganará.
Aquello sí que los desconcertó, cómo podía decirles aquello. Mikasa abrió los ojos con sorpresa, ¿pretendía ganarse la confianza de los hombres de esa forma? Estaba demente.
— ¿Qué nos enseñarás? ¿La selva?
Las risas inundaron el lugar.
—Ninguna selva es igual a otra pero la guerra y la muerte son muy parecidas en donde quiera que vayas. Los mercenarios han estado matando a sus guardias como si de moscas se tratase.
— ¡Bastardo!
—Calma, ¿Qué mierda dices, Levi? No puede hablar así de los hijos y padres de estos hombres.
—Quiero que recuerden. —Una centena de ojos oscuros se posaron sobre él y aunque la mayoría sobrepasaba muy mucho su estatura no vaciló en ningún momento. — y decidan en torno a ello si me siguen o no, si me harán caso o me mandan al diablo.
— ¿Estás sugiriendo que nos venguemos? —Un hombre bastante alto, con cabello al ras de su cuero cabelludo y ojos desafiantes se posicionó al frente encarando a Levi.
— ¿No lo querrías?
El hombre acentúo la fiereza en su mirada, trató de escrudiñar si el soldado blanco decía la verdad o estaba engañándolos. No logró descifrarlo, se quedó con la firme determinación que irradiaba su mirada.
—Quiero justicia, no venganza. —Las miradas a su alrededor secundaron su decisión.
—Entonces vamos a entendernos.
Los siguientes días les enseñó a poner trampas simples, cual técnicas de niño explorador, pero lo suficientemente eficaces para mantener atrapados a los criminales hasta que llegaran las autoridades pertinentes.
Entendió las instrucciones de los hombres y en poco tiempo usó sus conocimientos de rastreo no para cazar animales sino para encontrarlos y establecerles protección. La caza estaba reservándola para otros objetivos.
Estableció puntos clave y modificó las rutas de patrullaje distribuyéndolos de acuerdo con los reportes de incidencia y violencia.
Al cabo de la primera semana la organización empezó a verse más estructurada y entre los guardias la confianza se consolidaba a la par que aprendían nuevas técnicas de combate y defensa. Les enseñó a disparar pero también a actuar cuando no tuvieran armas, a quitárselas a sus agresores y en todas esas demostraciones los rangers no pudieron más que asombrarse con la destreza del soldado.
Era capaz de derribar sin problemas a tres hombres mucho más grandes y corpulentos que él, un día incluso fue motivo de competencia el retarse a derribarlo e inmovilizarlo. Nadie lo logró, ni siquiera la señorita Ackerman, a quien alentaron para intentarlo porque ser mujer no era un impedimento para ser fuerte y ellos lo sabían.
Estuvo cerca, más cerca que ninguno, nadie puede negarlo, pero en el momento decisivo Levi le dio la vuelta y la arrojó al suelo.
A la vista de los demás fue una caída brutal, pero Mikasa sabía que había dispuesto de toda la delicadeza posible porque su cuerpo nunca tocó directamente el suelo, un brazo fuerte la sostuvo de la espalda y una mano firme aferró su cadera. Sus manos fueron inmovilizadas por encima de su cabeza, dejándola perpleja. Concentrada en las gotas de sudor que surcaban la frente nívea del capitán. Inspiró sutilmente, sorprendida por el hecho de que ese aroma no le resultase fétido o molesto, todo lo contrario, era una fragancia atractiva y enigmática. Se preguntó si la había percibido antes, pero no encontró respuesta.
El tiempo que permanecieron unidos no debió exceder los 3 minutos, pero entre ellos aquel instante duró mucho más. Levi fue capaz de notar la tenue cicatriz en la mejilla derecha, cerca del ojo, una línea curva.
Antes de llegar al parque y conocerla en persona, Erwin le entregó una carpeta con toda la información que el servicio de inteligencia reunió antes de darles el caso: era ciudadana norteamericana por naturalización y estudios en universidades del país, sus padres no tenían relación alguna con el gobierno americano y habían muerto cuando ella era una niña en un crimen que nunca obtuvo resolución. Todo lo demás era irrelevante hasta que leyó sobre el atentado: las fotos de la camioneta repleta de agujeros le hicieron considerar que alguien realmente cuidaba a ciertas personas desde allá arriba. El testimonio relataba cómo después de los primeros impactos, logró salir del auto con un brazo herido, y se ocultó entre la maleza.
Relacionó la cicatriz con el incidente, definitivamente tuvo suerte, aquel rozón estuvo cerca de sacarle un ojo. A esa distancia constató que no usaba maquillaje por lo que su fina piel era natural.
Las miradas entorno suyo los devolvieron a la realidad y la soltó de manera que quedase sentada sobre la maleza.
Había algo en sus encuentros que no podía explicar, sentía la necesidad de alejarse y también de estar cerca. Pensar en ello lo estaba enloqueciendo y por ello prefería pasar el tiempo en tareas como cortar leña o reparar estructuras en el parque.
La tercera semana concluía y sólo le quedaban una más y dos meses para cumplir la misión que le había sido encomendada, con cada uno de sus objetivos, todos y cada uno.
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¡Está vivo! ¡vivo! (*inserte a Mushu)
He de confesar que la universidad me deja agotada física y mentalmente, pero siempre hay algo que nos recuerda el compromiso que asumimos al escribir.
En fin, espero que les gustara, trataré de hacer capitulos más extensos pero no prometo nada.
