"Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena."

—Joaquín Sabina

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—Jefa, creo que tiene que ver esto.

Algo en la voz asustada de Kitwana hizo que Mikasa temiese mirar por los binoculares. Acertó.

Unos metros más adelante, el camino se hallaba bloqueado con grandes troncos que el jeep Wrangler no podría saltar. Era el único camino, podrían desviarse hacia la selva pero no había manera de reintegrarse a otro sendero sin correr el riesgo de averiar el auto o destruir la selva.

—Disminuye la velocidad, tengo que pensar. Llama a la base, diles que tenemos problemas.

Apenas hubo levantado el radio el chico cuando una descarga de balas levantó el polvo delante de ellos, obligándolos a detener el auto.

— ¡Da vuelta! —fue la indicación que la directora alcanzó a emitir en medio de los gritos de los turistas y maldiciones de los guías, al instante varios hombres salieron de la maleza colocándose al centro del camino dejando la camioneta a medio girar justo al centro del camino.

Sostenían armas largas, ni siquiera se molestaban en ocultar sus rostros, no había ley a la que temer.

El joven ranger temblaba, aun sosteniendo el radio, Mikasa miró con disimulo la Ak-47 que sobresalía debajo de su asiento, consideró cuánto tiempo le tomaría sacarla y dispararle a los hombre, cuánto tiempo tardarían ellos en repeler la agresión y llenar de balas el auto. Los matarían a todos antes de que pudiese acabar con tres de ellos, no era una opción.

La familia en el asiento trasero, lloraba y los padres abrazaban a sus hijos. Giró lentamente para verlos, reparó en los ojos azules de una niña, le pareció ver a Olga en ellos. Tenía que salvarlos.

—Todo estará bien. — Volvió la cabeza al chico, mirándolo a los ojos le dio indicaciones.

—Kitwana, diles a los chicos que estaré bien, intentaré negociar con esos hombres, si lo logró quiero que te lleves a los visitantes a la central. Cuida de ellos.

—Mikasa….no…no…tú no…

—Descuida, estaré bien.

El cuerpo de Kitwana temblaba convulsivamente, se aferró al volante con fuerza, los hombres se acercaron aún más creyendo que intentarían huir. Al instante Mikasa abrió la puerta, salió rápido y cerró la puerta, levantó las manos a la vez que exclamaba:

—No tienen por qué llevarnos a todos.

—Lo sabemos, basta con llevarla a usted, directora.

Algo andaba mal, antes de que pudiese preguntar los hombres se apartaron del camino y Kitwana aceleró el auto. Levi tenía razón.

—Ja ja ja ja ja, no creímos que el debilucho de Kitwana fuese capaz de traerla hasta aquí.

— ¿Qué es lo que quieren? ¿Matarme?

—No, nuestro jefe quiere verla.

Con un gesto, tres hombres grandes y corpulentos se acercaron a ella; consideró resistirse pero sabía era inútil. Dos de ellos anudaron sus muñecas y tobillos, el tercero colocó una sucia bolsa de tela sobre su cabeza.

Una vez inmovilizada alguien le pegó una nalgada.

— ¡Hijo de perra!

— ja, ja, ja, ja, ja ¡Súbanla al carro!

Sintió que era elevada para después ser arrojada en lo que supuso la cajuela de una camioneta, por lo fría y metálica de la superficie.

Tras un montón de traqueteos y golpes con las paredes de la reducida cabina, el auto finalmente se detuvo. No había manera de saber cuánto tiempo duró el recorrido o dónde estaba porque a través de la bolsa sólo pasaban haces de luz difusa. Guardó silencio, quizá fuese capaz de reconocer el sonido de la selva en ese lugar pero no había nada más que platicas de hombres, risas maniáticas y motores de autos pesados. El conocido rumor de los animales que enseñó a disfrutar a Levi, no estaba por ninguna parte.

Levi, sintió una punzada de culpa por no haberle hecho caso, por ser apática con él cuando claramente quería protegerlos a todos. Bueno, ya era tarde para arrepentirse, era probable que fuese asesinada dentro de poco. Estaba dispuesta a defenderse hasta el último momento, por eso aguardaba pacientemente la presentación con el bastardo que destruía la selva, usaría la daga que guardaba en su pierna para clavarla en el cuello del cerdo ese, así fuese lo último que hiciera.

Las aves volaban despavoridas, brotando de los arboles como hojas oscuras que el viento empujaba hacia arriba.

—Armin, ¿escuchas eso?

El rubio levantó la vista de los papeles que revisaba para prestar atención al ruido que Jean percibió primero.

—Es un auto a mucha velocidad.

Ambos salieron de la central y vieron acercarse por el camino, dejando una estela de polvo a la camioneta en que esa mañana Mikasa y Kitwana había llevado a la familia Rogers.

Armin se dio vuelta para llamar al capitán pero este ya estaba en el marco de la puerta, fue el primero en bajar los escalones e interrogar al conductor. Rápidamente reparó en el hecho de que faltaba uno de los ocupantes.

— ¿Dónde está? —El chico lo miró horrorizado, con lágrimas en los ojos.

Armin y Jean ayudaron a la familia a descender del auto, todos estaban en igual o peor estado que el joven ranger, pero Levi no se apiadó y siguió interrogando.

—Dime, ¿Dónde está la directora?

—Se la llevaron. Ella se entregó por nosotros, somos libres gracias a ella. —El señor Rogers fue el que contestó a las preguntas, Kitwana seguía llorando, apretando el volante.

— ¿Cómo pasó? ¿Dónde?

Armin trataba de contener la calma pero estaba costándole demasiado, era su mejor amiga la que ahora estaba secuestrada. Jean se horrizó al considerar que el destino de Mikasa fuese el mismo que el de Sasha y no podía hacer nada más que permanecer paralizado ahí frente al auto.

—Jean, lleva a la familia dentro. Llama a los demás guardias, quiero que regresen ahora.

La orden clara y dura del capitán sacó del estupor al joven veterinario y lo obligó a moverse. Armin permaneció ahí, expectante, colocándolo una mano sobre el hombre del más joven.

— ¿Cuánto te pagaron? —fue la voz monótona de Levi la que irrumpió el silencio nuevamente.

Kitwana permaneció con los ojos pegados al frente, sin parar de derramar lágrimas.

—Capitán, qué es lo que…

—Responde, Kitwana, cuánto te pagaron por llevar a Mikasa a ese lugar.

El rubio abrió los ojos cual platos, aumentó el agarre sobre la espalda del joven, arrugando la playera debajo y su voz consternada hizo eco:

—Di que no es cierto, di que no fuiste tú quien llevo a Mikasa hasta esos criminales ¡Dilo!

— ¡Yo no quería! ¡Nunca mencionaron que se la llevarían a ella! ¡Ellos tienen a mi familia! ¡Yo no…!

— ¡Nosotros te considerábamos nuestra familia! —Levi dejó que Armin sacase la frustración que aquellas declaraciones le provocaron, así como también sacaba al joven del auto y lo agarraba del cuello de la playera para arrojarlo sobre el capó del auto. —Ella, siempre nos protegió, ¡Te protegió!

—Armin, suficiente. —miró los ojos oscuros de Kitwana, con la intención de constatar que no mentía. —Sé que lo hiciste por tu familia, pero debiste decirlo, habríamos buscado la forma de ayudarte. Ahora, dime si se desviaron y a qué altura fueron interceptados.

—Seguimos la ruta normal, no me dieron un lugar al que llevarlos, dijeron que me daría cuenta sobre la marcha. 7 kilómetros dentro del camino principal colocaron troncos para bloquear el paso, ahí ocurrió todo.

—Era lo que necesitaba saber, Armin, llévame al almacén de los rangers.

Justo debajo de la oficina de Mikasa se hallaba un sótano, sólo dos personas tenían acceso a ese lugar: Mikasa y Armin. Tras descender por una vieja escalera de oxidado metal, llegaron a un lugar donde apenas entraba el aire, enmohecido y rancio.

Tras apartar algunas telarañas y con ayuda de una lámpara localizaron un bulto amorfo cubierto con mantas polvorientas, debajo había armas de alto calibre, municiones e incluso explosivos.

Levi observó a Armin levantar una metralleta.

— ¿Qué crees que estás haciendo?

—Iré con usted.

Levi ni siquiera lo tomó en cuenta, siguió examinando las armas y llenando una mochila que encontró con balas y paquetes explosivos. Armin supo que el silencio no era un sí, sino todo lo contrario.

—No estoy bromeando, iré con usted porque ella es mi amiga y…

—Puedo ver la determinación en ti, muchacho, pero más gente en esta expedición sería un estorbo. Llevaré a Kitwana, intuyo que sabe dónde está la base de esos tipos, él me llevará hasta ella.

— ¿qué pasa si es una trampa también?

—Lo viste, era auténtico su arrepentimiento. Nos ayudará.

—Lo creeré —Tomó un par de radios y a continuación extendió uno su dirección. —Con esto podremos estar en contacto, lo ayudaré en todo lo que me sea posible.

—Gracias. Necesito que una vez reúnas a todos, se concentren en la central y los guardias resguarden el lugar hasta que Mikasa y yo volvamos. Tendrás que sostener un arma, de ser necesario.

Kitwana no se negó, apenado pidió disculpas a todos, Jean quiso golpearlo y al igual que Armin creyó que usarlo de guía era un error. Connie se mantuvo al margen, amaba a su familia y de estar en su lugar era muy probable que hubiese cometido el mismo error.

Después de comer y guardar en sus mochilas lo necesario para el viaje. Levi optó por adentrarse a la selva en la noche, sin el sol y el calor, era menos el desgaste sin mencionar que sería menos detectable si viajaba en las sombras.

El atardecer lo vio partir a la par que los amigos de Mikasa le deseaban suerte.