Dedicado a Kambale Kasuke, honorable Ranger asesinado en noviembre de 2019.
A su esposa e hijos.
"A veces un solo ser nos falta y todo nos parece despoblado"
―Alphonse De Lamartine
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El automóvil se detuvo, pese a la bolsa de tela pudo percibir el aumento de la luz cuando la puerta se abrió y alguien tiró de sus tobillos.
—Camine, directora. —las risas de aquellos hombres no hacían más que aumentar la rabia dentro de sí, pero sabía que estaba en clara desventaja con las manos atadas y la vista bloqueada.
La empujaron para que avanzara, notó lo irregular del terreno, que no crujía bajos sus botas, ¿la habían sacado de la selva? Imposible, el recorrido no fue tan largo…o eso quería creer.
Escuchó el chirrido de las oxidadas bisagras de alguna puerta, sin delicadeza alguna le sacaron la bolsa de la cabeza y fue arrojada con una patada por la espalda al interior del cuarto.
Cayó sobre un duro piso de tierra y antes de adaptarse a la luz, sus captores cerraron la puerta dejándola en penumbras.
Pocos hombres y mujeres toleraban caminar entre la jungla y para fortuna de Mikasa, Levi era una de ellas.
Llevaban caminando más de 5 horas, los rayos del sol atravesaban el espesor del follaje de los árboles. Tanto él como Kitwana se hallaban cubiertos de sudor. No llevaban mucha ropa y sin embargo la que traían ya estaba comenzando a mojarse y por ende a volverse pesada.
Levi seguía los pasos de Kitwana que avanzaba entre la maleza como un animalillo asustado, trémulo sin que hiciese frío. Cualquiera lo estaría si detrás tuyo caminase un hombre armado que no estaba precisamente contento contigo.
―No te haré nada si haces lo que debes hacer.
― ¿No tiene miedo de que lo arrastre a una trampa?
―De ser así, tendría más miedo por los infelices que estuviesen esperándome.
―No quise hacerlo, lo juro.
―Ya es tarde para lamentarse, pero puedes ayudarme. Has estado titubeando desde que dejamos la base, en los últimos cinco minutos hemos dado vueltas. ¿Crees que no lo había notado?
El chico se detuvo en seco, no creyó posible que el recién llegado supiese lo suficiente de la selva para no perderse en ella.
―Dos hombres no serán suficientes, usted no los conoce, no…
―Entonces ¿pretendías llevarme en círculos hasta que me cansase? ¿o hasta que ella muriera? ¿qué es lo que pretenden esos hombres?
―No conozco al jefe, sólo sé que se llama Ntaganda, tampoco me han contado de sus planes. Yo era muy feliz trabajando en el parque y para el parque, me entusiasmaba ser como mi padre y cuando él fuese viejo ocuparme de su lugar como líder de los rangers…pero últimamente todo es diferente. Con la muerte de la señorita Sasha, sentí miedo, mucho miedo de no llegar a la edad de mi padre o peor aún, que él no llegara a viejo. Un chico de la comunidad me dijo que sabía con quienes podía negociar para garantizar "seguridad" a mi familia y fui a verlos. Cuando supieron que trabajaba en el parque me dijeron que no necesitaba darles dinero para que mi familia no fuese dañada, sólo necesitaban que les diera información. Cuando me di cuenta para qué utilizarían esa información fue tarde y me amenazaron para continuar…. ¡Lo siento mucho!
―Podrás llorar después, ahora necesito que me lleves al lugar donde negociaste con esos hombres, entiende que, si no me llevas hasta Mikasa pronto, todo el parque estará en verdaderos problemas, tus padres y tus amigos estarán desempleados.
―Yo… tengo miedo, no quiero morir y ellos van a matarme.
―Bien, haremos un trato, me llevarás lo más cerca posible y me darás las últimas indicaciones para llegar a la base por mi cuenta. En dado caso que nos descubrieran en el camino te protegeré, confía en mí.
Ante las últimas palabras, Levi sintió una punzada en el pecho, la última vez que pronunció esas palabras no hubo un buen final. Pero esta vez necesitaba confiar, más que en otros: en él.
―Lo llevaré, lo ayudaré hasta que mi valor me lo permita.
Continuaron caminando, esta vez en línea recta. Aún la luna iluminaba sus pasos, pero pronto el sol saldría y con él un recuento de 24 horas para encontrar a Mikasa y traerla de regreso sana y salva.
Por otro lado, el momento de cumplir su misión se avecinaba.
―Toma, perra, es hora de que comas.
Uno de los ladrillos de la pared de la cabaña donde la tenían fue quitado de su lugar, al unísono de las últimas palabras.
Le arrojaron una botella de agua que logró esquivar ladeando la cabeza, lo siguiente fue una bolsa metálica que cayó a sus pies.
― ¿Cómo se supone que coma si estoy atada?
No hubo respuesta verbal, pero al instante la puerta se abrió y por ella entró una mujer con una charola en las manos. La puerta se cerró tras ella con rapidez, Mikasa asumió que por lo menos dos hombres estaban cuidando a choza: el encargado de la rustica ventana y el de la puerta.
―No te haré nada, me llamo Nami, te desataré las manos.
No sin cierto recelo, nuestra chica dejó que Nami se acercase por su espalda y liberase sus manos. Aprovechando la cercanía reparó en la indumentaria de la mujer, nada ostentoso, ninguna joya o collar, una falda de tela sencilla y una blusa de un material blanquecino igual de delgado, no llevaba zapatos y su cabello, finamente trenzado desde la raíz a la punta, se sujetaba con otro trozo de tela en forma de una coleta.
―Listo, ahora come por favor. ―Acercó la charola que había depositado en el piso: contenía un pan, algo que parecía sopa servido en un recipiente de barro roto y un pescado asado.
―Come primero.
―No puedo, esta comida fue hecha para usted.
― ¿Creen que soy tan estúpida para dejarme envenenar? Prefiero una forma de morir más honorable, ¿dónde está su jefe? ¿Es tan cobarde que no muestra su cara y pretende matarme de esta manera? ¡Oigan, imbéciles!
―Shhh, no lo hagas, te pegarán. La comida está limpia, te lo juro, la intención del jefe no es matarte, lo habrían hecho en el camino sin siquiera traerte aquí.
Nami observó, en los inusuales ojos grises de la cautiva, la convicción en su resistencia y la desconfianza en la piedad de sus captores. Miró en todas direcciones, fijo especial atención en la todavía abierta ranura de la pared y pellizcó el pan para después mojarlo en la sopa y metérselo en la boca.
Masticó silente, despacio y tragó. Mikasa tomó el pan y le dio una mordida feroz, dejando en claro que no sería dócil. El pan estaba seco y Nami debió notar cómo el bocado no pasaba por su garganta ya seca después de tanto tiempo sin tomar agua, así que le acercó el tazón con sopa.
Al tocar el pescado, imitó las precauciones de Nami y con la vista fija en la ranura lo partió a la mitad. Inclinó una a la chica que no pudo ocultar su sorpresa cuando el aire que inspiraba se cortó de súbito.
Esperó unos segundos y transcurridos 5, le dirigió la mirada, Nami negó fuertemente con la cabeza.
"Tó-ma-lo" enunció con muda voz. La chica apabullada, por la consideración y la intensidad de aquella mirada, le hizo caso sin más. Comió rápido, fue entonces que Mikasa consideró que ella podría ser también una prisionera de esos hombres, cuando no tuvo más pescado entre sus manos arañó la tierra, cubriéndose vigorosamente con ella. Después se quitó el exceso de tierra con las faldas interiores de su atuendo.
―Es para disimular el aroma. ―Le explicó en un susurro.
― ¡Nami! ¡Fuera!
―Espera, ¿dónde estamos?
―Ah…
― ¡Nami! ―La luz se ocluyó con la mirada invasiva de uno de esos hombres.
La nombrada agachó la cabeza y salió cuando la puerta se abrió, no sin antes dirigir una mirada a Mikasa, una visión lastimosa que pedía perdón.
Levi notó lo escarpado que iba tornándose el terreno.
― ¿Usaron la montaña como base?
―No, un valle a las faldas de este, pero creo que este es un buen lugar desde el que observarlos y hacer un plan. Si nos atrapan en el valle no tendremos muchas opciones.
―Tiene sentido, pero bajar la colina representa un esfuerzo doble una vez que subamos.
―No lo llevaré tan alto, pronto verá y comprenderá lo que le digo. Ahí―Señaló un gran árbol, para seguidamente introducirse en el tronco que no daba la mínima sospecha de estar hueco. ―Sígame.
Ya en el interior Levi observó que en la pared troncal de aquel gran árbol habían cortado una pequeña ventana camuflajeada con enredaderas que no impedían instalar cómodamente los binoculares.
A simple vista pudo observar un gran campamento, más grande de lo que esperaba ciertamente; había al menos 3 camiones grandes, todos de índole militar, 9 chozas provisionales sin paredes, cubiertas únicamente con lonas y revestidas de hierbas lo que haría imposible la observación desde el aire, había tres más que parecían más sólidas con muros de barro. Dos de ellas custodiadas por 3 hombres, al tener más seguridad que las demás dedujo que alguna de ellas debía tener encerrada a Mikasa.
Hombres con armas largas caminaban de aquí para acá por todo el campamento mientras otros dormían en el suelo o bebían. Observó cerca de 15 mujeres, o mejor dicho niñas, que por las maneras observadas dedujo eran los juguetes sexuales de las bestias.
― ¿No te da rabia observar que las mujeres de tu pueblo están en manos de cerdos como ellos?
Kitwana desvió la mirada y apretó las manos en puños. Levi volvió a observar, el lugar parecía cercado disimuladamente por una malla metálica.
―De noche, está electrificada. ―adelantó Kitwana.
―Creí que no habías venido aquí muy seguido.
―Un amigo mío murió cuando intentó rescatar a su novia. Creyó que en la noche pasaría desapercibido, pero al tocar la alambra para cortarla, salió disparado dos metros y su corazón se detuvo.
Las cercas electrificadas de la ciudad no son lo suficientemente potentes para ocasionar la muerte de un individuo, de hecho, al tocarlas, poco después de emitir a descarga se desconectan momentáneamente, pero en este caso, no se trataba de una cerca reglamentada sino de un arma rústica con una corriente eléctrica ininterrumpida.
―Te diré lo que haremos, esta noche vamos a cruzarla.
― ¡Está loco!
―Es posible, pero la otra opción es que robemos un camión que se dirija a este lugar y así nos abran la puerta ellos mismos. ¿Qué sabes de eso? ¿Son todos los carros que posee?
―No, tienen 5, pero no tengo idea de los horarios de salida o entrada, La carretera que los trae hasta este lugar está más custodiada que la base misma.
―Bien, supongo que no tenemos otra opción. ― Levi guardó los binoculares y le tendió la mano al sorprendido joven. ―Te hice una promesa, me has traído hasta este lugar así que puedes irte.
El joven le miraba incrédulo, aceptó la mano, estrechándola y notando en el agarre fuerza, pero no recelo ni deseos de venganza. El soldado blanco lo soltó y se dispuso a sacar los productos de su mochila.
Kitwana se dio vuelta y mordiéndose los labios salió del tronco, no sin antes desear secretamente suerte a aquel extraño hombre por el que sentía gran admiración.
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