"La principal razón para el suspenso es el pánico"
*
*
*
*
*
Era ahora o nunca, arrojó su improvisado tapete y al ligero chispazo de la tela con la cerca se apoyó con las manos para saltar como si estuviese en secundaria saltando sobre el potro.
Era bueno en aquella época y para su fortuna aun lo era. Le preocupó un poco el ruido que suscitó al aterrizar dentro del campamento, pero nadie pareció notarlo, quizá porque la mayoría debían estar dormidos o borrachos al grado de ignorar el mundo que los rodeaba.
No habían transcurrido mas de 15 minutos desde que dejó su escondite en la colina, no obstante durante ese lapso Mikasa fue guiada a la segunda cabaña con mas seguridad.
Tenía que sacarla de ahí no sin antes despejarla de guardias.
Su examen panorámico le facilitó un mapa mental al que recurrió para moverse sin ser visto. Llegó al lugar donde se estacionaban los camiones que no contaban con ningún guardia, decisión bastante tonta según Levi, pero conveniente para su situación y su plan.
Aseguró los paquetes explosivos cerca del tanque de gasolina y en el motor, se alejó considerablemente, resguardándose tras la cabaña que inicialmente tenía cautiva a Mikasa. Pidió al cielo que no lastimase a ninguna de las chicas y disparó al tanque, dejando que el combustible se esparciera por la tierra.
Con el sonido, los guardias acudieron rápidamente.
― ¡Qué demonios fue eso! ¿Quién fue el imbécil que juega con las armas a esta hora y cerca de los ca…
― ¡Ese olor…! ¡Le dieron al tanque de gasolina!
Cuando aquel hombre lo notó ya era tarde, Levi disparó al paquete explosivo y el infierno comenzó.
.
.
.
.
.
―jefe, la directora está aquí. ―el guardia anunció frente a una puerta de madera bien hecha; aquella cabaña era totalmente distinta a las otras: elevada mas de metro y medio del suelo, paredes y piso de madera costosa, iluminada con electricidad y no con quinques o antorchas rusticas.
Al instante la puerta se abrió, un hombre se hallaba sentado al fondo de la espaciosa habitación, sobre mullidos almohadones con una niña a cada lado. Pocas imágenes habían suscitado tanto asco en Mikasa como aquella, recobró la lucidez y todo lo que no fueran planes para matar a aquel sujeto quedaban fuera de su pensamiento.
―Váyanse. ―Las muchachas obedecieron, marchándose del lugar con la vista fija en el suelo. ―Bienvenida, directora Ackerman, acérquese, le aseguro que no voy a dañarla ¿cómo la trataron mis hombres? ¿Desea comer algo?
―Vaya al grano, qué es lo que quiere, ¿por qué me secuestró?
―Ja, ja, ja, ja, tenían razón, es usted una mujer bastante inusual. ¿No siente miedo? ¿No sabe quién soy yo?
―Para nada.
―Me llamo Ntaganda y soy el dueño de este lugar.
Una campana interrumpió la conversación, sonando frenéticamente a la par de los gritos y lamentos acompañados del choque de las armas y las botas sobre la tierra.
―Jefe, ―un guardia abrió la puerta precipitadamente, se notaba asustado. ―hay intrusos en el cuartel, el camión….
― ¡Tonterías! Nadie puede entrar a este lugar, la cerca está funcionando perfectamente. Asegúrate de poner el orden o los mataré yo mismo.
Para ese momento, Levi se hallaba a punto de disparar al otro camión. Este disparo fue menos certero, había muchas personas corriendo de un lado a otro, desesperados; algunos que después de la explosión lograron ponerse de pie corrían en llamas lanzando alaridos desgarradores. Uno de ellos en medio del tormento, ya sin razón alguna accionó su fusil hiriendo a tres de sus compañeros hasta que otro en la lejanía le disparó justo en la cabeza.
Aquel hombre debía ser el encargado de la seguridad pues aun contemplando el desastre les habló con frialdad:
―Controlen el fuego, eviten que se extienda y encuentren a los culpables.
―El jefe ha dicho que es imposible que alguien entrase, quizá debiéramos buscar fuera en los alrededores, no deben estar muy lejos.
―Idiota, el disparo vino de dentro y no fue ninguno de nuestros hombres. Busquen por todos lados, debajo de las piedras de ser necesario, nadie dormirá esta noche hasta que la cabeza del hijo de puta que causó esto esté en mi mesa.
Levi conocía de sobra la maldad que puede albergar la especie humana por eso ningún comentario podía sorprenderlo. Era normal que quisieran matarlo sin haber cruzado palabra con él. Caminó con mayor sigilo, agradeció que no hubiese ningún perro por ahí. Al dar vuelta un distraído guardia chocó con él pero no tuvo tiempo de avisar a sus compañeros porque el cuchillo que Levi pasó por su garganta no le permitió más que emitir borbotones de sangre.
Dejó su cuerpo en el suelo, con cuidado, pues sin importar para quién trabajase también era una persona y como tal merecía respeto. A veces Levi se reprochaba lo irónico de su proceder, ¿respetar un cadáver? Vaya mierda.
Ya estaba detrás de la cabaña del que presumía era el jefe, que estuviese elevada le permitió observar el interior a través de las delgadas ranuras entre un tablón y otro.
Ahí estaba la princesa a rescatar, llevaba un vestido holgado que desde la perspectiva de Levi permitía observar la ropa interior: encaje negro, vaya gustos. De pronto el brillo metálico de algo en su pierna derecha le llamó la atención, una sonrisa burlona asomó a su rostro: mas le valía no mencionar nada sobre sus gustos en lencería o probablemente jamás podría procrear.
Se quedó en silencio, planificando el siguiente paso. Un guardia acababa de salir, ahora descendía las escaleras y se unía al resto de los guardias para buscar a los intrusos. La cabaña estaba completamente sola, perfecto.
―No haga caso de eso, volvamos a lo nuestro. ¿Me preguntó qué pretendo trayéndola a este lugar, no es así?
Mikasa no pronunció palabra, se limitó a mirar con fiereza al hombre frente a ella: un poco más alto, corpulento, vestido con camisola y pantalón militar. Aquello confirmaba las hipótesis de Erwin: estaban recibiendo ayuda externa, de grupos militares o paramilitares interesados en la explotación de los recursos de la región, pero no era tan sencillo como eso, implicaba algo tan grande como un golpe de estado que favoreciera la injerencia extranjera a fin de conceder un punto estratégico para la nación interesada.
―Una mujer como usted no pertenece a este lugar, no sólo es blanca, sino que tiene esos extraños ojos de color tan distinto al nuestro. Muchos de los hombres aquí piensan que usted es un demonio, que sobreviviera al atentado que mis hombres planearon aumentó la creencia, pero yo no le tengo miedo a Dios ni al diablo. Para mi usted es una mujer cualquiera, tan mortal y carnal como cualquier otra.
―No vine aquí a escuchar halagos o reclamos. ¿No naciste aquí? No valoras esta tierra y la vendes como si de basura se tratara.
―La comida, la bebida y el sexo son lo único valioso en esta vida, al demonio la herencia ancestral y todo eso. Pero usted ha sido como una verruga en mi trasero, protegiendo a esos chimpancés como si fuesen oro, aunque bueno pagan bastante bien por ellos y si no trajese a esos blancos estúpidos tampoco tendríamos dinero ja, ja, ja, ja, ja.
Levi notó la mano de Mikasa acercándose a su pierna, tentando el arma.
"No lo hagas", sólo Levi podía ver como el hombre también acariciaba la culata de un revolver que guardaba en la cintura.
―Me da asco, lo único bueno de tenerlo frente a mí es que al fin podré matarlo y vengar así a todos los que ha asesinado, entre ellos a mi mejor amiga. ―Sacó la daga, pero cuando estaba punto de clavarla, sintió la punta del cañón de un arma sobre el esternón. Levi apuntó el fusil.
―Ha, ha, ha, buen intento, pero conozco todos los trucos como ese. Si no he jalado el gatillo es porque pretendo hacerla mi esposa —ante la incrédula mirada de la chica, procedió a explicarse.— cuando observen al demonio blanco sirviendo mi mesa y besando mis pies ya nadie podrá detenerme.
―No digas, estupide... ―La frase se cortó cuando sintió la mano intrusa tentando la funda de su daga.
Irracionalmente Levi quiso accionar el fusil y volarle cada dedo que había osado tocarla. Se detuvo, tenía que pensarlo bien. Lo sentía por Mikasa pero tendría que darle el tiempo que necesitaba.
Salió por debajo de la cabaña, sigiloso y veloz subió por la escalera. Podía escuchar los forcejeos dentro, se sentía furioso, pero no podía abrir fuego discreto o delataría su ubicación a todos los hombres que trataban de areeglar el desastre que había dejado en los camiones.
Abrió la puerta de una patada y encontró al cerdo con las manos sobre el cuello de Mikasa, que lanzaba golpes a los costados con menor fuerza a medida que el aire se escapaba de sus pulmones.
Corrió hasta ella, tomando la camisa del sujeto para levantarlo, aprovechó el desconcierto para propinarle un puñetazo en la cara y el contragolpe no se hizo esperar.
― ¿Quién mierda eres?
Sacudió la sangre de su nariz, llevándose el barro en el camino, dejando ver parte de su blanca piel. Fue entonces cuando Mikasa reconoció en la bizarra figura al soldado que tanto aborrecía hace pocas semanas, pero su sistema no acaba de restablecerse de la privación de oxígeno por lo que no se sentía en su cuerpo y levantarse parecía una misión imposible.
Un estruendo interrumpió las presentaciones, el fuego había alcanzado el segundo camión. La pistola del hombre se encontraba bastante alejada por lo que Ntaganda tomó la daga de Mikasa y arremetió con violencia, Levi tiró el fusil y detuvo la muñeca del hombre. El filo del arma parecía acariciarle la mejilla, lo empujó con fuerza para tener oportunidad de sacar su cuchillo. Una vez logrado, el corpulento adversario estableció distancia, en el breve intercambio de golpes comprendió que no lidiaba con un hombre cualquiera. Este era un profesional.
Lanzaban tajadas al aire, en todas direcciones, una de ellas logró cortar el pantalón de Levi a la altura de la pierna. Fue el precio que tuvo que pagar para asestar un corte en el brazo, bastante profundo que no logó detener a la mole que se arrojaba con violencia una y otra vez sobre él.
Mikasa había logrado reponerse justo en el momento cuando ambos hombres rodaban por las escaleras. Levantó el revolver con que minutos antes le habían apuntado y sin pensarlo demasiado disparó.
― ¡Qué…! ―el arma no estaba cargada.
Levi fue el primero en levantarse del suelo, bamboleándose ligeramente por el golpe que recibió cuando el enorme cuerpo de su adversario cayó sobre él. Vio a Mikasa buscando algo en el suelo de la habitación.
Sacó de la sobaquera la CZ-75B pero antes de que pudiese disparar algo golpeó su cabeza nuevamente haciéndolo perder el equilibrio.
Mikasa levantó la vista y observó a Nami sostener una roca en cuyo borde destacaba el rojo de la sangre.
― ¡Levi! ―La voz se quebró al final de la frase y sus ojos se humedecieron con el brote de las incesantes lágrimas.
Ntaganda intentaba ponerse en pie pero un agudo dolor recorrió su cuerpo cuando notó el cuchillo de Levi incrustado en su pierna izquierda, observó a su hermana temblar cuando dejó caer una roca al lado del cuerpo inerte de su adversario.
―Se acabó. Nami, dame el arma que hay en su costado. ―La chica había perdido la razón, creía haber matado a un hombre y en su cabeza solo se repetía una y otra vez el sonido del choque junto al rostro sollozante de la directora por lo que no podía escuchar ni obedecer orden alguna.
No estaba tan lejos por lo que comenzó a arrastrarse, Mikasa no pensó solo se arrojó como un animal sobre la espalda de aquel hombre, intentaría romper su cuello así fuese lo ultimo que hiciera.
―Maldita perra, debí haber acabado contigo. ¡Kand…!
― ¡Cierra la boca, infeliz!
Se sentía como nadar en un pantano, los miembros mas pesados que placas de plomo y los parpados peor que acero, pero con esfuerzo Levi abrió los ojos. En sus labios sintió la aspereza de la tierra y en su cabeza el calor de la sangre.
Había mucho humo, ardía en los ojos y en la nariz, vio una figura sobre otra, como un déjà vu, solo que esta vez era una mancha roja la que se encimaba a la verde.
Alguien lloraba a su lado, apretó los parpados una vez más y resistió el impulso de quedarse dormido, tanteó su costado y comprobó con alivio que la Glock seguía en su lugar. Aun sin ponerse de pie, disparó a la pierna del individuo que se retorció de dolor. Mikasa se liberó y miró con asombro como Levi se incorporaba despacio, Nami le miraba horrorizada como si un muerto hubiese salido de su tumba.
― ¡Por aquí, idiotas! ¡Están aquí! ―aulló Ntaganda.
―Levi, ¿estás bien? ―Mikasa había llegado a su lado.
―Creo que mi apariencia dice todo ―Levantó el arma y ella creyó que acabaría por matar a Ntaganda, pero no, fijó el objetivo en un quinqué que al estrellarse esparció el fuego sobre la cabaña medio destruida por la pelea. Tomó su mano y le miró a los ojos por primera vez en largo tiempo. ―Tenemos que irnos.
Echaron a correr justo al tiempo que los hombres llegaban totalmente desconcertados y reducidos en número.
En orden de mejor condición, Mikasa debía guiar a Levi, pero no tenía idea de adonde ir por eso fue el hombre quien tomó el liderazgo. La entrada apenas y estaba custodiada por dos guardias. No lo pensó en lo absoluto y disparó certero y veloz a ambos en las cabezas.
Corrieron para salir del campamento, Levi recordó la advertencia de Kitwana: el camino estaba más protegido que el cuartel mismo. Así que en vez de seguir recto, caminó en sentido contrario a la colina por la que había bajado, no tenía idea de qué había de ese lado porque el espeso follaje le impidió ver algo más que no fuesen hojas y más hojas pero lo que sea era mejor que dejarse atrapar por aquellos hombres.
El ruido de la selva crujiendo bajo sus pies fue reemplazado por un murmullo tenue que a Levi le dio gusto percibir: un río.
― ¿A dónde se dirige este rio?
Mikasa estaba aturdida, todo el recorrido no había parado de escuchar disparos que parecían rozar su cabeza. Ver el agua no fue de ayuda, recordó el episodio traumático de su infancia cuando Eren y Armin casi se ahogaban. Había desarrollado miedo a nadar.
―Ey, necesito que despiertes, vamos. ―apretó un poco más fuerte la mano que en ningún momento había soltado.
―No sé nadar. ―Mintió, sí sabía, pero hace años que no se sumergía pues el miedo la invadía irracionalmente.
―No importa, sólo tenemos que dejar que la corriente nos aleje de este lugar. Mantén tu cabeza sobre el agua todo el tiempo y estarás bien.
―No es eso, no…―Un disparo más cerca de donde estaban detuvo su réplica.
―Con una mierda, mocosa, esto no es una opción es un hecho. Saltaremos dentro del agua y saldremos de este sucio lugar.
―No…yo no puedo…―Levi ni siquiera escuchaba las protestas de Mikasa, estaba más ocupado desabrochando el chaleco antibalas que le restaba movilidad y seria una carga en el agua. Si tenia que llevar a Mikasa consigo tenia que reducir peso. Conservó la sobaquera y comprobó con alivio que la Glock aún estaba cargada.
― ¡Por ahí! ―El haz de una lámpara atravesó por los huecos entre los árboles.
Mikasa dio un respingo, Levi la tomó de la cintura y se arrojó al agua con ella, lo que no contempló es que la corriente no fuese lo suficiente para llevarlos con velocidad cuesta abajo, los hombres llegarían antes de que hubiesen recorrido dos metros y con las lámparas serían capaces de observar sus cabezas sobresalir del agua como patos de feria listos para recibir disparos.
El cuerpo que sostenía temblaba violentamente y ni siquiera encontraba claridad para insultarlo o algo.
―Ilumina el rio, rápido. ―Escuchó a los hombres cada vez más cerca de la ribera donde su chaleco aun yacía.
―Confía en mí. ―Le dijo antes de inspirar profundamente, tomar su cabeza con ambas manos, pegar sus labios a los de ella y acto seguido llevarlos a la profundidad del río.
Pedirle que se calmara y aguantara la respiración, no habría sido nada efectivo en esos momentos.
Levi era un SEAL, acrónimo en inglés de las fuerzas armadas de mar, aire y tierra de los Estados Unidos Americanos.
Para ello tuvo que pasar por los más duros entrenamientos que uno pueda y no imaginar. Como la prueba en la piscina donde debió permanecer bajo el agua 20 minutos.
Claro que tenía un tanque de oxígeno, pero nada podía ser tan sencillo. Aun recordaba la impresión que le causó verse privado súbitamente del oxígeno. Miró al compañero frente a él que instantáneamente entró en pánico, tal como Mikasa, y comenzó a retorcerse para quitarse la mascarilla y salir a la superficie.
Aquel fue el primer aviso, uno a uno y conforme pasaban los segundos vio salir a todos los reclutas, algunos le dirigían miradas lastimosas; quería cerrar los ojos, pero no pudo. Aun si las imágenes seguían llegando a su cerebro él ya no procesaba la información, dejó de pensar y solo así, con la mente en blanco fue capaz de resistir hasta que el silbato sonó y les permitió ascender.
Solo cinco personas fueron capaces de superar la prueba en el primer intento.
Levi mentalizó que estaba en la piscina otra vez, que era un cadete y no sabia nada de la crudeza de la vida salvo lo que había vivido en las calles de Brooklyn. Así debía soportar más tiempo el compartir la respiración con el cuerpo cálido que se pegaba a su torso completamente desnudo.
Las lámparas iluminaron el agua sobre sus cabezas, a ninguno se le ocurrió dirigir el haz dentro del agua y así pasaron desapercibidos.
―Seguro que han nadado por el rio cuesta abajo, los esperaremos ahí. Den la orden de dirigirse rio abajo ¡Andando!
Levi mantenía los ojos abiertos y la imagen frente a él parecía sacada de una película de ciencia ficción: él y Mikasa flotando en un hueco negro, unidos, las largas y oscuras pestañas sobre la blanca piel. Sujetó con una sola mano la cintura de Mikasa y se impulsó. Ella pareció despertar de un sueño y se alejó de Levi, impulsándose a la superficie.
Al salir inspiraron grandes bocanadas de aire como peces fuera del agua contemplando de cerca la muerte.
*
*
*
.
.
