Chicas, una disculpa por la espera, espero que el largo de este capítulo lo compense. Gracias a todas, les mando un abrazo y espero leerlas pronto.
C, gracias por tu input en el cap, luv ya.
Key Ag
YNTE 28
Londres 1923.
Rose circulaba por la fiesta, copa de champagne en mano, vestido de gala, la moda de la época le sentaba de maravilla, un vestido color tinto, ajustado perfectamente a cada una de sus curvas, Albert se había retirado por negocios por un breve momento, Rose caminaba en dirección a su mesa, sonriendo a los conocidos, deteniéndose de vez en cuando con amistades, de pronto, alguien la tomó del brazo, para detener su avance hasta la mesa, antes de que ella pudiese girar, el aroma y la presencia del hombre que la detuvo golpearon sus sentidos, el altanero acento inglés con perfecta pronunciación y profunda voz varonil susurró en sus oídos.
Espero, mi querida marquesa, que pueda concederme una pieza, no es una pregunta, en realidad, ni mi padre, ni su esposo están cerca, y una escena sería inconveniente.
Su estómago se revolvió, su piel se erizó, la garganta se le cerraba y le costaba respirar, pero una vez, años atrás, se había jurado, "nunca más".
Se había preparado para este momento por muchos años, ella ya no era la misma, Candy ya no le tenía miedo a ese hombre que una vez había acabado con su vida. Ahora ella tenía como enfrentarlo y jamás permitiría que ese miserable acabara con todo lo que le había costado una vida atesorar y recuperar, tomó aire lentamente, cuadró los hombros y se preparó mentalmente para la batalla.
Terry observó a la joven mujer girar con elegancia y absoluta calma para encararlo sin rastro alguno de temor o pena. Sus enormes ojos verdes se clavaron en él y de no haber sido por la indiferencia, altanería y dureza de su mirada Terry hubiese recordado a la inocente rubia de tantos años atrás.
Suélteme, señor, no tengo la menor idea de quién es usted, el tipo de relación que tenemos o que alguien nos haya presentado jamás en la vida, así que no le debo nada, razón por la cual no me interesa hacer una escena. Además, no necesito de mi esposo o del duque para darme mi lugar con los desconocidos y debe saber, además, que nunca estoy sola porque mis guardaespaldas no dudarían en intervenir, así que le voy a pedir que me suelte y se aleje de mí, no tengo la más mínima intención de nada con un desconocido como usted y si tuviera algo de decencia no se habría atrevido a tomar del brazo a una dama que no le conoce. – le dijo con voz firme –
Pero que fierecilla resultó la marquesa, tranquila preciosa, no hay necesidad de enojarse, tengo todo el derecho de bailar con usted, no soy un mero desconocido… ¿acaso no sabe el lazo que nos une?
Como le repito señor, no sé quién sea usted y no estoy interesada en averiguarlo, conozco a cada una de las personas realmente importantes de Inglaterra, Europa y América y mucho me temo que en ninguna lista figura usted, también me gustaría dejarle claro que absolutamente nadie tiene derechos sobre mí y no me importa si es usted el mismísimo rey del mundo, no tengo ninguna obligación con un completo desconocido atrevido que se interpone en mi camino, con ínfulas de galán, cuando todos acá saben de sobra que soy una mujer felizmente casada y que no estoy en busca de compañía para bailes, porque solo me interesa bailar con mi marido, respondió Rose dando un paso atrás con gracia absoluta para aumentar la distancia entre ella y Terry.
El moreno, sintió su desprecio mezclado con un toque de repulsión y asco en la actitud de la marquesa, sintió su rechazo inmediato, como si de un leproso se tratará, además pudo ver por el rabillo del ojo un par de hombres cerca que lo observaban con intensidad, listos para intervenir en cuanto la mujer les diera la señal. Terry relajó su agarre y llevó su mano a sus labios para besarla con galantería.
Permítame presentarme entonces, mi lady, Soy Terrence Grandchester. –
Rose aprovechó su gesto galante para recuperar su mano y fingió sorpresa, pero no calidez.
¿El hijo bastardo de Richard? – dijo con frialdad.
Su sobrino, mi lady, aunque, seguro puedo ser su hijastro. – le dijo el hombre con una sonrisa insinuante.
No sé qué insinúa caballero, pero se olvida que yo soy una dama, parece que es usted el que está acostumbrado a confundir las relaciones familiares con otra cosa, de más está decir que entre usted y yo no hay ni la más mínima confianza para estar de bromas o juegos de palabras, me ofende en lo personal y no le permito que se dirija a mí en esos términos o que me haga esas insinuaciones y le voy a pedir el favor que en lo sucesivo, si nos llegamos a encontrar no se moleste en volver a dirigirme la palabra, no me interesa que sea el hijo de Richard, para mi usted es un perfecto desconocido y prefiero que se mantenga así hasta que aprenda como debe ser tratada una dama, con permiso. – dijo iniciando la retirada.
Pero marquesa, no debemos ponernos así, al final ya hemos dado de qué hablar al mantener esta conversación, tal vez podría concederme el baile, después de todo somos familia. – había cambiado la violencia por una falsa amabilidad, que disfrazaba la intención de hacerla quedar mal ante la sociedad y su esposo, pero Rose no estaba dispuesta a seguir su juego y menos a caer en provocaciones de ningún tipo.
Señor Grandchester, le recuerdo que yo ni le conozco, ni estoy interesada en volver a cruzar palabras con usted, mi respuesta sigue siendo la misma, señor Grandchester, con permiso. – el volumen de su voz fue lo suficientemente alto como para que la gente de su alrededor dejara de preguntarse qué hacía en compañía del bastardo del duque, su tono de voz evidenciaba el disgusto que la conversación le había proporcionado, dio media vuelta con la frente en alto y se alejó, Terrence iba a hacer el intento de seguirla, pero una alta figura conocida se puso en su camino.
Terry, ¿Qué acaso no te ha quedado claro que a mi esposa no le interesa iniciar ningún tipo de relación contigo? – le dijo con enervante calma el rubio.
Así que después de todo si estabas cerca.
Siempre estoy cerca, vete Terrence.
¿Acaso debo aprovechar que la has olvidado?
Eso nunca sucederá, pero, deberías aprovechar que he comprendido que hacerte la vida miserable no me la regresará, vete, rehaz tu vida, mientras te mantengas alejado de mi familia no volveré a inmiscuirme en la tuya.
Terrence observó con mirada cargada de odio a su interlocutor.
Es demasiado tarde para promesas estúpidas Andrew, me lo robaste todo.
No haré una escena en este lugar, y sugiero que tampoco la hagas tú, si quieres que hablemos sabes dónde encontrarme, ahora retírate por tu propia voluntad o pediré a mis hombres que te acompañen a la salida.
¿Tal cual lo hicieron los de mi padre el día de tu boda cuando quise conocer a mi hermanito? – Terrence buscó sorpresa en el rostro de Albert, pero, no la encontró.
Retírate Terrence. – le dijo en tono definitivo y caminó hasta su mesa para encontrarse con Rose.
Terry lo observó tomar de la mano a la marquesa y dirigirse con ella a la pista de baile, la mirada cómplice que los dos compartían, la sonrisa radiante y el amor que se reflejó en la mirada de ambos hizo que sus entrañas se contrajeran, sentía la ira bullir dentro de él, recordó a Candy y el amor que le profesaba al amnésico que había dejado en Chicago y sintió aún más profundos celos, la rabia y el odio invadieron su ser, una vez más, William Andrew le ganaba la partida con una mujer … no sabía porque pero sentía que la marquesa debía estar con él, no los dejaría ser felices jamás, no descansaría hasta que esa mujer fuera suya y el famoso patriarca lo perdiera todo, pero por ahora debía esperar, todo a su debido tiempo, sabía que los hombres de Andrew esperaban que se retirara o una indicación del patriarca para acompañarlo, seguramente los hombres de su padre serían menos considerados, reconoció su derrota momentánea y salió del lugar por su propia voluntad.
¿Estás bien? – le preguntó al oído con voz acariciadora el hombre que hacía que sus planetas giraran.
Estoy bien Albert, no tienes que preocuparte, me preparé durante años para este momento, no soy la misma persona a quien le arruinó la vida, amo la familia que tengo contigo y no voy a permitir que ese bastardo me intimidé en mi propio mundo, me he ganado a pulso todo lo que tengo, recuperarte fue mi sueño por tanto tiempo, que, ahora que es mi realidad no voy a dejar que me intimide ni que me doblegue ese remedo de hombre. Te amo, no quiero que te preocupes por mí, ya sabes que los hombres estuvieron al pendiente en todo momento, y yo le dejé claro que no tengo intenciones de saber quién es y que su presencia no me intimida.
¿Qué te dijo?
Me amenazó con causar una escena si no bailaba con él, su primer acercamiento fue con la intención de causarme temor, sin embargo, al ver que no surtía efecto cambió de táctica.
¿Te amenazó con dañarte?
Solo dijo que hacer lo que él pedía era lo que me convenía, y luego mencionó que no podía negarme que él tenía derecho de pedir ese baile.
¿Derecho? ¿Crees que él…?
Derecho porque es mi sobrino, el hijo de Richard, sé que él no sabe, lo vi en su mirada.
Rose observó el gesto de preocupación en el rostro de Albert y alzó su mano para acariciar su mejilla.
Quita ese gesto, que provoca arrugas en tu rostro y no me gusta verte preocupado por tan poca cosa, mi amor, estamos juntos, nada debe empañar nuestra felicidad, nada puede dañar nuestra familia, podrá intentarlo pero jamás logrará dañar el amor que nos tenemos, lo que sentimos es eterno y va más allá de esta vida, Terry jamás tendrá lo que nosotros, porque él nunca ha tenido ni sentido amor por nada ni nadie, mientras que nuestro amor es todo lo que necesitamos para estar vivos y ser felices. Terry es un hombre miserable, cobarde, atormentado por sus propios demonios, no permitamos que nada de eso nos salpique.
Mi vida, no quiero que nada te perturbe y ese miserable jamás, escúchame Rose, jamás podrá con nosotros si estamos juntos en cuerpo y alma, aun así, le dije que estaba de más en nuestro círculo y que un indeseable como él no debía estar compartiendo con personas como nosotros, que no volvería a entrometerme en su vida siempre y cuando se mantuviera alejado.
Está bien, también he llegado a creer que la venganza es inútil en este punto, no quiero pensar en él, no quiero que ni un segundo del ayer nos robe la felicidad de hoy, porque te amo, amo a nuestro hijo y no necesitamos de su sombra en nuestro futuro.
No podemos bajar la guardia, lo mantendremos bajo vigilancia, no me confío en nada con él, no quiero que nos tome por sorpresa.
No la bajaremos, pero, él no va a regir nuestras vidas… ahí viene Richard con cara de preocupación, bésame, olvidemos esto, vivamos nuestro presente luminoso. – le dijo ella con una genuina sonrisa y mirada insinuante que Albert no podía resistir, sabía que en cuanto dejaran de bailar Richard querría hablar con ellos, pero, estaba de acuerdo con Rose, nada iba a robarles su presente, la apretó un poco más contra él y besó sus carnosos labios rosas con profundo amor entremezclado con pasión y admiración por la joven y fuerte mujer que tenía entre sus brazos.
Afuera el aire frio calaba hasta los huesos, la característica neblina londinense lo cubría todo como un manto color blanco, era particularmente espesa esa noche, pero a Terrence eso no le importaba caminó decidido hasta su departamento, nada ostentoso, lo había pagado con joyas robadas a sus amantes, Richard e había dado un poco de dinero después de la boda, pero eso lo había empleado para contratar un abogado, uno astuto, que trabajaba en como demandar al poderoso Richard Grandchester. Por supuesto que había tenido que firmar un acuerdo donde le daría un porcentaje de las ganancias de la demanda, pero cuando ganaran esa demanda habría más que suficiente para todos, el abogado, sus acreedores, y por supuesto él, sería el siguiente duque y entonces las cosas serían distintas, la vida volvería a sonreírle, la marquesa estaría a su disposición, ya que al parecer lo único que le interesaba era el dinero y los hombres detrás de él, si, el mismo se encargaría que esa zorra hambrienta de riqueza le suplicara por acompañarlo en las noches en su cama … y esa sería la gran victoria sobre su padre y su peor enemigo, quitarle la esposa a ese malnacido de Andrew y la amante a su padre. ¿ Y porque no? si todo salía como el esperaba, tal vez hasta podría volver a pisar las tablas de un teatro, escuchar nuevamente la ovación de pie de un público cautivado por su talento, y a su lado, a su lado, ella, la marquesa era mucho más hermosa en persona que lo que las fotografías o los chismes de sociedad le habían dicho jamás, la lujuria que el suave tacto de su piel corría aún por su ser, por segundos imaginó sus manos hundidas en el espeso cabello rizado y pelirrojo, la perfecta figura y el intoxicante aroma de ella entre sus sábanas, pero aún más excitante sería poseer a la mujer de William Andrew. El camino transcurrió con rapidez con Terrence sumido en sus recuerdos, sus sueños de grandeza y la loca sed de venganza que lo embargaba.
Dedicó las siguientes semanas y meses a seguirlos discretamente, sin dejarse ver o llamar la atención, no porque les temiera, sino porque aún no era tiempo de mostrar sus cartas, además verla a ella, se había convertido en su pequeña obsesión, imaginarla en su cama haciéndola gritar de placer y susurrar su nombre, estaba decidido a demostrarle que era mejor amante que su padre y mucho mejor hombre que ese cornudo de William.
Londres, 1924
Richard Grandchester se encontraba en su despacho, sumido entre papeles de negocios, llevaba horas ahí dentro, el sol había cambiado de posición y las sombras de los árboles del jardín se alargaban un poco más, entre su correspondencia había un fino sobre de papel color crema con caligrafía femenina cuyo contenido había robado ya media hora de su apretada agenda, cavilaba en silencio, ideando alguna forma de complacer a la mujer a la que tanto le debía, y a la vez recordaba el pasado, ese pasado que siempre se había negado a quedarse en su lugar, enterrado entre un montón de "que hubiera sido sí".
No por primera vez se preguntaba si acaso la vida de su hijo sería muy diferente a lo que era hoy si él hubiese decidido quedarse junto a Eleanor, renunciar a los deberes familiares y simplemente formar una vida al lado de la mujer que ciertamente había sido el amor de su juventud. De haber sido así, seguramente Terrence hoy sería un joven actor lleno de fama, hubiera crecido en América, tal vez hubiera tenido hermanos, tal vez hoy sería el duque de Grandchester, ya que su hermano muy posiblemente hubiese muerto sin herederos debido a sus preferencias particulares…
New York, 1897
Maximillian, creí que habías venido a conocer a tu sobrino y a tu nuera.
Padre está enfermo Richard, debes regresar.
Sabes bien lo que padre opina de mi familia, no veo porque deba hacerlo.
Porque va a morir, y debes tomar tu lugar como el heredero.
Padre me desheredó en el momento en el que me negué a seguir sus planes, casarme con Henriette…
No entiendes, tú eres la esperanza de la familia Richard…
Richard observó detenidamente a su hermano menor, 10 años más joven que él, era un mozalbete de 17 años que lo miraba suplicantemente, se parecía mucho a su madre, por supuesto que él no lo sabía, su madre había muerto cuando Maximillian nació, dejando un vacío en la familia, y un abismo insalvable en el corazón del viejo duque, para quien su joven esposa lo había sido todo en la vida.
La familia me tiene sin cuidado, Max, Henriette tiene tu edad, complace a padre, cásate con ella y dale un heredero. Es todo lo que tienes que hacer.
Es muy fácil para ti decirlo, ¿Por qué no lo haces tú?
Porque yo tengo una esposa y un hijo.
Una amante y un bastardo. – le dijo sin pretender ofender, solo con la crudeza natural de sus 17 años.
Es mi esposa.
No para padre, no para la sociedad, llévala contigo, nadie te reprochará que le pongas casa y críes a su hijo.
¿Te estás escuchando?
Richard, no hay forma de que yo produzca un heredero para el ducado, y sin un heredero el título pasará a nuestros primos… y yo quedaré en la calle, sabes bien como son las leyes de sucesión en Inglaterra, todo es tuyo.
Solo si me caso con Henriette y eso no va a suceder.
Prometiste a madre que cuidarías de mí. –
Eso era definitivamente un golpe bajo, pero era cierto, él le había prometido a su madre moribunda que cuidaría del pequeño, porque su madre sabía bien que el duque no querría ni verlo, de hecho, el duque ni siquiera estaba al lado del lecho de muerte de su esposa, sino caballerosamente borracho esperando en la biblioteca a que le dieran la noticia.
Max, he cumplido con lo prometido a madre, te cuidé mientras eras un niño, muchas veces tomé tu lugar y tu culpa a la hora de los castigos, pero ya no eres un chiquillo, eres un hombre de 17 años, al que solo se le pide que se case, herede el título y engendre la descendencia correspondiente.
No me voy a casar, no puedo hacerlo. – Maximillian estaba al borde de las lágrimas.
Es una tontería, que te pongas así. ¿Acaso padre no te llevó al burdel correspondiente años atrás?
Prefiero no recordarlo, pero, por eso sé que no puedo hacerlo.
Maximillian habla con claridad, por Dios, ¿Qué no puedes hacer? - preguntó Richard con seriedad recordando de pronto murmuraciones vagas. El muchacho bajó la mirada, los ojos anegados en lágrimas, no era más que un chiquillo, a decir verdad. Los sollozos comenzaban a brotar de su boca y su cuerpo a convulsionarse.
No puedo engendrar un hijo con Henriette, ni con ella… ni con ninguna otra mujer. – explotó al fin, Richard no necesitaba siquiera preguntar por qué. En silencio maldijo sus circunstancias, la preferencia desviada de su hermano, a su padre moribundo, y a su madre por haberlo atado a una promesa que en realidad no le correspondía haber dado a la corta edad de 10 años, pero, que, sin embargo, había dado, y que ahora debía cumplir. "El honor ante todo"
Estúpidamente ni siquiera se había cuestionado que honor había en dejar a su esposa y a su pequeño hijo.
La puerta de su despacho se abrió y lo regresó al presente, la única persona que se atrevía a entrar sin llamar inundó la habitación con su fragancia y su presencia. Richard observó a Vivian dirigirse con el juego de té a la mesa y prepararlo todo, Richard se puso de pie y caminó hasta dónde se encontraba ella para tomar asiento, tomar el té juntos se había vuelto su ritual.
¿Perdido en tus recuerdos?
Solo pensaba…
Llegó carta de Eleanor. –
Así es, vendrá de gira a Londres, y quiere que encuentre la forma de que ella pueda ver a Alex y a Rose sin que eso represente exponerlos.
Es justa su petición.
Lo sé…no puedo dejar de pensar…
Richard, no puedes cambiar el pasado, solo puedes hacer lo mejor posible con el presente… podemos ofrecer una fiesta, siempre he sido patrona de las artes, haremos de la gala del estreno una función para recolectar fondos y por supuesto, será natural que ofrezcamos una fiesta aquí, e incluso que invitemos a la famosa actriz a tomar el té con el círculo íntimo, nosotros y los Andrew…
No puede ser nosotros, Terrence podría sospechar.
Entonces yo ofreceré el té en mi mansión, e invitaré a Rose, Patricia y Elroy, no puedo dejar fuera a Elroy, tal vez otro par de amigas cercanas no será ideal, pero, le dará la oportunidad a Eleanor de verlos.
Ofrécelo aquí, y también la fiesta, el té debe ser algo privado, la fiesta, como cualquier otra y la invitada de honor no puede ser Eleanor.
Su trayectoria lo ameritaría.
Su pasado conmigo y los muchos rumores que desencadenaría justifican que omitamos que ella sea la invitada de honor, tal vez el director, o el actor principal…
Yo me haré cargo, no te preocupes.
No quisiera que se rumorara en tu contra Vivian, mi amor.
Siempre habrá quien diga que me dejarás por ella, o por cualquier otra, años menor que yo, incluyendo a Rose, así que eso es lo de menos querido mío.
Richard tomó su mano y la besó.
Eres única Vivian.
No tienes que decírmelo, mejor cuéntame que más te preocupa.
Nada amor mío, los negocios van bien, Lord Covinghton me acaba de informar que la demanda de Terry no procederá… no me importaría dárselo todo, si fuera un buen hombre, o si con dárselo lograría que desapareciera de nuestras vidas. Pero, no sucederá ni lo uno, ni lo otro.
No puedes dejar desprotegido a Alexander.
Lo sé querida mía, lo sé. ¿Te ha dicho algo Rose?
Lo de siempre, se lo topa en muchos lugares, ella como siempre lo ignora y sigue de largo, pese a los intentos de tu hijo por saludarla, ella simplemente sigue su camino y jamás le da la cara para no propiciar un enfrentamiento.
No es normal que lo encuentre en muchas partes.
Lo sabe, y ella y Albert están atentos, pero decididos a no dejar que eso afecte sus vidas.
Merecen ser felices.
Y lo han sido durante el último año.
Terry se enojará cuando sepa que su demanda no procederá, debemos estar alertas. Hablaré con ellos.
Por supuesto, querido, ahora bebe tu té y deja de pensar tanto.
Rose tomaba caminaba cargada de paquetes por la calle, cuando de pronto una figura masculina se atravesó en su camino. No necesitaba siquiera verlo de frente, sabía perfectamente quien era, y su juego comenzaba a volverse cansado.
Usted de nuevo señor Grandchester.
Le he dicho que me llame Terry, mi lady. La vi cargada de paquetes y pensé ofrecerme a ayudarla.
No es necesario. – le dijo ella mientras seguía caminando a donde el auto esperaba por ella.
Veo que ha estado de compras.
Me asombra su capacidad de observación, señor. – le dijo sarcásticamente.
Asistirá a la fiesta en honor a mi madre. – no era una pregunta, pero a Rose nada le sorprendía por supuesto que él debía saber que Eleanor estaba en Londres.
No tengo idea de que habla señor Grandchester.
Por supuesto que lo sabe, Eleanor Baker.
Ahora recuerdo que eso dicen las malas lenguas.
No es un rumor, es la verdad, su adorado "benefactor" tiene afición por las rubias jóvenes, hace muchos años mi padre la deshonró, la embarazó y luego la abandonó… no le parece qué hay un patrón de conducta en todo esta situación, mi querida marquesa… mi madre y usted tienen más en común de lo que puede admitir y mi hermano no debería crecer al lado de un hombre que lo desprecia y le dio su apellido por tapar las indiscreciones de un hijo de puta como es mi padre. Pero no se preocupe, yo no vivo para el honor y podría hacerlos muy felices a los tres.
No entiendo bien de qué habla señor Grandchester, por usted me estoy enterando que la actriz es su madre y lo lamento por ella, pero no entiendo las razones por las cuales hace todas esas suposiciones absurdas y tan poco caballerosas, ¿no le parece que me ha ofendido lo suficiente para ser solo un desconocido?, en todo caso, no entiendo para que me dice todo eso tan personal, eso es algo que solo le corresponde a usted y a la señora Becker, no estoy interesada en saber nada sobre su origen ni en ser su amiga, ahora, si me disculpa no puedo seguir perdiendo el tiempo con usted, mi familia me espera y yo no puedo esperar más para estar con mi esposo y mi hijo.
Es usted demasiado fría mí lady, cualquiera pensaría que me tiene miedo… o simplemente teme a lo que pueda pasar entre usted y yo si pasamos más tiempo juntos.
Ella no respondió nada, solo siguió caminando, James ya venía a su encuentro para tomar los paquetes de su mano, y un poco detrás Robert lo seguía. Pero Terry no se había dado cuenta.
¿No le parece que es suficiente humillación para mi querida madre verse obligada a aceptar una fiesta ofrecida por la nueva esposa de mi padre en la mansión de la que ella debió ser la señora, como para además verse tener que convivir con la mujer que le calentó la cama hasta hace algunos años y que incluso se dice tiene un hijo con él?
Rose simplemente guardó silencio, no estaba interesada en responderle.
James, Robert, gracias por su ayuda. – dijo apresurando un poco el paso y llegando hasta los hombres.
Vamos, Rose, tenga compasión de mí y concédame unos minutos de su atención.
No me llame por mi nombre, usted para mi es un desconocido, para usted soy la señora Andrew o la marquesa, no tengo nada que hablar con usted señor. – le dijo tomando un lugar entre su chofer y su guardaespaldas para ir hasta el auto.
¿Sabe usted, que el corazón de su esposo siempre será de alguien más? Andrew no la ama – le gritó Terry con la esperanza de picar su curiosidad, pero, sin lograr nada, ni siquiera una mirada, Terrence la maldijo en silencio y la observó alejarse, había tenido mucha paciencia con esa mujer durante demasiado tiempo y no lograba llamar su atención pese a que insistía en topársela en todo momento, para ella, él no existía. Odiaba a William, al pequeño bastardo heredero del duque y por su puesto a su padre, quien la había conocido primero, había disfrutado de sus favores a cambio de una pequeña fortuna y la compra de un marido adinerado, que poco o nada le importaba tener una mujer que compartiera su cama con otro hombre, pero que se negaba a compartirla con él, definitivamente cada minuto que pasaba sin ella, aumentaba su odio, la necesidad enferma de venganza y el deseo de poseer a la zorra de su padre y de Andrew.
Rose llegó a su destino, un suntuoso restaurant de moda dónde Albert esperaba por ella, descendió con tranquilidad, no dejando de ver a su alrededor, no le temía, pero no quería tener que lidiar con él nuevamente.
Robert, James, por favor informen a Martin y a Niles sobre nuestro encuentro de hoy, preferiría no repetirlo.
Por supuesto, lady Rose, debió permitirnos acompañarla, mi lady.
No te preocupes Robert, no fue nada, y tal vez tienes razón, solo evitémosle un mal rato al señor Andrew.
Lo tendrá cuando usted se lo comunique mi lady. –
Lo sé James, ni hablar, esperen por nosotros aquí afuera, por favor, ordenaré que les traigan unos sándwiches y algo de té.
Gracias mi lady. -respondieron los hombres con afecto y admiración a la mujer con temple de acero que era su señora, durante los últimos meses la habían visto enfrentar esos encuentros sin amilanarse o perder la compostura y a ambos les hubiera gustado poder hacer uso del permiso especial que tenían para hacerse cargo del señor Grandchester, sin embargo, ese permiso estaba condicionado a la seguridad de la señora y el tipo, hasta el momento, no había hecho nada por amenazar esa seguridad.
Albert la sintió llegar antes de verla, se veía hermosa por, supuesto, con un traje de calle color verde agua, sombrero y guantes a juego, su cabello delicadamente recogido, le sonrió y fue a su encuentro.
¿Te hice esperar amor mío? – le preguntó ella después de recibir con alegría el suave roce de sus labios en los de ella. Sabía que no era lo común, que la mayoría de los matrimonios de su clase no se encontraban para comer, o se saludaban como ellos, muchos, ni siquiera estaban enamorados, pero, a ellos nunca les había importado el qué dirán.
No mi vida, llegué temprano, ven vamos a comer, pedí que les llevaran té y sándwiches a los muchachos.
Gracias justo eso iba a hacer. – le dijo ella con una sonrisa siguiendo a su esposo hasta la mesa privada en la que solían comer todos los jueves.
Albert abrió la silla caballerosamente y ella tomó asiento el maître d' tomó su orden y después los dejó a solas, no volvería, sino 15 minutos más tarde con los platillos ordenados, las bebidas ya estaban en la mesa, y al matrimonio Andrew no le gustaba ser interrumpido innecesariamente. Albert la observó detenidamente y aspiró profundo, no necesitaba decírselo, él lo sabía.
Tuviste otro encuentro con él.
Sí, pero, por favor, solo disfrutemos de nosotros.
Debo saber que te dijo mi amor.
Habló de la fiesta en honor a Eleanor, algo sobre que era una humillación para ella aceptar una fiesta dada por Vivian, la verdad es que no le pongo atención, Albert, ya ni siquiera me tensa, solo me desagrada encontrármelo.
Si quieres…
No, amor, no le daremos motivos, y ahora olvidemos el incidente y disfrutemos de nuestro tiempo a solas, porque tengo planeado que no regreses a la oficina…planeo secuestrarte de tus deberes el resto de la tarde… recuerda qué hay negocios importantes que tienes que atender con tu esposa y es de suma importancia para ella que la complazcas como sólo tú sabes. – le dijo ella sonriente y con voz cargada de deseo e impaciencia por estar a solas en una caricia mucho más íntima.
Solo me tientas con algo que sabes bien no podrás cumplir…
¿Secuestrarte esta tarde? Por supuesto que no es una amenaza, sino un hecho.
Tienes el té en casa de Vivian, mi amor…
Es cierto… bueno, tenemos tal vez un par de horas antes de eso…
Entonces seré tu esclavo hasta que tengas que irte, ¿quieres comer aquí o pedimos servicio al cuarto?
Sería escandaloso irnos ahora mismo. – le dijo ella pretendiendo una modestia que en realidad no sentía.
¿Nos ha importado eso alguna vez?
Por supuesto, que no, vamos. – le dijo ella esperando a que el se pusiera de pie y le retirara la silla, Albert lo hizo caballerosamente, y le ofreció su brazo casualmente, haciendo la seña acordada al capitán de meseros para que transfirieran su cuenta al pent-house.
Caminaron tomados de la mano discretamente conversando en su propio mundo.
¿Estás emocionada de verla nuevamente
Por supuesto que sí, y me da gusto que podrá conocer a Alex, quisiera que encontráramos la forma de que ella pudiera ejercer su derecho de abuela.
La encontraremos mi amor. ¿cómo te fue de compras?
Ya me dirás tú esta noche como crees que me fue. – le dijo ella con una seductora sonrisa.
Jajajaja, amor mío, muero por que llegue la noche entonces.
Albert la tomó en brazos y la besó antes de entrar a la habitación como lo que eran, un par de eternos enamorados, con apenas un año de casados. Ansiosos por encender la llama de su pasión que inagotable. El par de horas que se dedicaron el uno al otro transcurrieron de prisa, pronto Albert debió regresar a la oficina y ella fue a la mansión Grandchester, donde las demás mujeres esperaban por ella para el té en honor a Eleanor.
Llamó a la puerta y el viejo mayordomo la recibió con una amplia sonrisa, ella lo saludó afectuosamente y dejó que la escoltara al jardín, donde Vivian había dispuesto todo para que los niños pudieran jugar mientras ellas tomaban el té. Sabía que era la última en llegar, el carruaje de la tía abuela ya estaba ahí, así como el de los Grandchester que había ido por Eleanor y otro par de carruajes de amigas íntimas de Vivian. Entró al jardín donde las damas ya estaban sentadas y requirió todo su esfuerzo esperar a ser presentada formalmente ante la afamada actriz, Eleanor Baker.
Rose, bienvenida, permíteme presentarte. - le dijo Vivian besando ambas mejillas y apretando su mano para infundirle calma. - Eleanor, ella es mi querida amiga, Lady Rose, la cuñada de Richard, y la madre de Alexander.
Eleanor se puso en pie para saludar con naturalidad a la hermosa mujer que tenía frente a ella, los años no habían pasado en balde, pero ciertamente habían sido generosos con ambas mujeres, Rose admiró el bello rostro de la rubia que no aparentaba sus 45 años, sino que parecía rejuvenecer más bien, y Eleanor admiró el suave porte elegante de la mujer segura y madura que tenía frente a ella, no había rastro de la chiquilla asustada de antaño.
Mi lady. - dijo haciendo la apropiada reverencia acostumbrada, recordando brevemente las veces que la había practicado cuando muy joven para el día que conociera a la familia de Richard.
Rose, por Favor Ms. Baker, el placer es todo mío. - dijo dando un pequeño abrazo a la mujer mayor. - por favor disculpe mi familiaridad, es solo que soy una gran admiradora suya. -dijo enrojeciendo para así excusarse ante las demás mujeres presentes, a quien por supuesto procedió a saludar como correspondía. Antes de tomar lugar en el asiento reservado para ella en medio de Vivian y Eleanor.
El protocolo del té era estricto, y los temas permitidos eran toda una tradición, sin embargo, las amigas de Vivian se retiraron a la hora apropiada, al igual que Elroy y Patty, lo cual les dio a Eleanor y a Rose un poco de tiempo a solas, ya que Rose había acordado esperar a Richard esa noche, para cenar con él y con Albert en familia. En cuanto las invitadas se retiraron, Vivian las dejó solas con el pretexto de revisar cosas para la cena.
Rose, hija, te ves, espectacular. - le dijo la mujer apretando su mano cariñosamente.
Eleanor, no puedo creer que al fin nos encontremos.
Y yo no puedo creer que Alexander sea ese pequeño caballerito, aunque no debería sorprenderme, Richard es su abuelo, después de todo y Albert su padre durante este último año, cuéntame cómo ha ido todo este tiempo desde que estás acá, se nota que eres feliz al lado de quien siempre supe estaba destinado para ti.
Soy feliz, Eleanor, y mucha de esa felicidad te la debo a ti, a tu sacrificio de hace años, jamás podré agradecerte lo suficiente todo esto que me permitiste tener cuando no tenía nada.
Shhh, no digas eso mi niña, cometí tantos errores como madre, que haber hecho lo que hice en su momento por ti y por Alexander es lo único que me ha permitido seguir viviendo conmigo misma y con el peso de mis equivocaciones, más bien dime, sé que Terry está acá… ¿te ha reconocido, te ha hecho daño?
Ha sido un ser despreciable con todos, con su padre, conmigo y por su puesto con su propia sangre, él no lo sabe, pero ha reflejado su verdadera naturaleza y está enfermo de por la venganza y el dinero. A veces pienso que Richard debería heredar todo a él, para que nunca más regrese a nuestras vidas, pero en el fondo sé que de hacerlo jamás nos dejará en paz a Alex y a mí, así que prefiero no hablar de él, no porque esté en negación, sino que no vale la pena, pero respondiendo a tus preguntas si me ha reconocido o si me ha amenazado, no lo ha hecho, piensa que Alex es su hermano, y suele cruzarse en mi camino bastante seguido a proferir insultos e insinuaciones acerca de mi relación con el duque y la naturaleza de mi matrimonio, yo no lo desmiento porque he preferido que sea justamente así, que se mienta y se consuma en él enjambre de mentiras y suposiciones que lo alejan cada vez más de la verdad mía y de mi pequeño, además, Albert y yo somos tan felices, nuestro amor es inquebrantable y eterno, nuestra familia es tan perfecta que simplemente seguimos con nuestra vida, sin perderlo de vista, por supuesto, pero sin pensar demasiado en ese miserable.
Hija… ¿cómo haces para verlo de frente?, yo simplemente después que me golpeó no pude, sé que es mi hijo y el amor de madre lo debe poder todo, pero el abandono en que dejó a Susana con su hijo en New York y a Karen y su pequeño en Los Ángeles, el sin fin de mujeres, las apuestas, las deudas, las malas acciones, me sobrepasan y sé que todo es en parte mi culpa, pero Terry simplemente me desterró de su vida acusándome de lo peor y yo tuve que vivir con el peso de mis decisiones y con el vació de que dejan los errores.
No soy la misma Eleanor, de la asustadiza Candy ya no queda nada, hoy sé que cometí el error de no luchar y hacerle frente junto al hombre que siempre he amado, nos condené a los dos injustamente a años de soledad y al desamor, estos años me cambiaron y me prometí a mí misma y a mi hijo que de tener la oportunidad de reunirme con él amor de mi vida, no tendría miedo, que lucharía contra todo y no lo dejaría pasar de largo nuevamente, en cuanto a Terry me prometí, que jamás le permitiría tener poder sobre mí nuevamente, una vez acabó con mi vida y ahora, así me muera en el intento, no le permitiría dañarme a mí ni a los que amo , así que no saldré corriendo por miedo, ya lo hice una vez, además, gracias a mi Albert nunca más estaré sola, es mi alma gemela, mi complemento, todo lo que necesito para sentir que estoy completa y feliz. También sé que si en algún momento representa un peligro para mi vida, la de Albert o la de Alex, no me tocaré el corazón y sin piedad lo haré pedazos con mis propias manos de ser posible, me la debe y si me da la oportunidad tomaré venganza por Candy, por la chiquilla a quien acabo la vida, a quien destruyó y condeno a la muerte, mientras no sea así, prefiero no atraer mala suerte y vivir mi vida feliz al lado del hombre que amo, nuestro hijo y todos los que tenemos en proyecto. Pero dejemos de hablar de él, mejor dime ¿estás nerviosa por el día de mañana?
Jajajaja, aunque no lo creas nunca dejo de estarlo en la noche del estreno, pero es de mala suerte hablar de ello. Me alegro verte tan feliz, enamorada y cumpliendo esos sueños que una vez se apagaron por culpa de mi hijo y de mis debilidades. Estoy en deuda contigo pero verte feliz y saber que están bien me hace sentir que ha valido la pena todos mis sacrificios y no puedo esperar para saludar al artífice de todo esto que veo hoy, Albert es un hombre maravilloso, guapo como ninguno, rico y te ama con locura, mira que hasta te tengo un poco de envidia querida, que pese a todo pudieron estar juntos y vivir una vida feliz y espero que Alex pueda ir con ustedes mañana.
Por supuesto que nos acompañará, siempre está incluido en los planes de la familia, muere por ir al teatro, y Albert le ha prometido llevarlo con nosotros, es un niño afortunado, si bien tuvo un inicio difícil en el que su propio padre casi acaba con su vida, él es fuerte y se ha ganado el corazón de todos los Andrew y Albert lo ama como si fuera propio y esperamos que llegue el momento en el que podamos darle un par de hermanitos - dijo Rose con las mejillas algo sonrosadas, de acordarse no más todo lo que estuvieron haciendo esa misma tarde antes del té.
No hace falta sino verte y verlo a él para notar ese brillo especial en sus miradas cuando hablan de él, te envidio querida, pero me alegra mucho verte feliz, plena, amada y completamente realizada, eres como una hija para mí y sabes que muero por hacer parte de la vida de los dos y de tu nueva familia-
Gracias por tus palabras, expreso lo que siento y como estoy, completamente enamorada, feliz, plena y realizada. Albert daría la vida por Alex y por mí y para el pequeño es como su héroe personal y quiere ser como un el cuándo crezca, quisiera que los vieras juntos en la oficina, en los ratos libres, montando a caballo, la verdad es que Albert es un padre maravilloso como ninguno. Me siento tan afortunada y dichosa.
Vivian escogió ese momento para regresar al jardín y Alex que jugaba con una pelota se acercó corriendo y se lanzó a sus brazos.
Tía Vivian, ¿Cuándo vendrá el tío Richard? - Vivian lo alzó en brazos con la naturalidad que la caracterizaba y le sonrió.
Pronto, al igual que tu padre, y luego todos cenaremos juntos, ahora sé un buen niño y ve con Minette a que te asee.
Permíteme despedirme de ti, Alexander…
Quédate a cenar con nosotros Eleanor, estoy segura de que tanto Richard como William se complacerán de encontrarte aquí.
No creo que sea apropiado, Lady Vivian.
Por supuesto que lo es, ve Alex, ve con Minette Ms. Baker estará aquí cuando regreses.
¿Vivian? - preguntó Rose con un poco de duda.
He despachado un carruaje rumbo al hotel con una mujer asombrosamente parecida a Ms. Baker, quien por supuesto pasará el resto de la tarde recluida en su habitación para evitar llamar la atención.
Y esta noche la mucama de Ms. Baker llegará tarde al hotel, supongo. - le dijo Eleanor con un brillo en la mirada.
Así es. - la sonrisa cómplice fue genuinamente compartida por ambas mujeres.
Gracias por recibirme en tu casa. -
No tienes nada que agradecer, eres bienvenida siempre, lamento que tengamos que utilizar subterfugios para que estés aquí, pero así son las cosas en nuestras vidas, así, que, no hay nada que hacerle. y ahora las dejaré solas por un rato para que platiquen a gusto, todo el personal es el de la más absoluta confianza, así que no hay de qué preocuparse, pero, si prefieren pasar a tu salón Rose, o a la biblioteca, Richard llegará en una hora, y seguro Albert no tardará mucho más que eso. -
Eleanor la observó salir con admiración, debía tener más o menos su edad, quizá unos cuantos años más, pero, definitivamente no era una mujer común.
Es una mujer extraordinaria y Richard es feliz a su lado, ¿sabes Rose?, viví muchos años con rencor hacia Richard por haberme excluido de su vida y de la de mi hijo, pero ya lo perdoné y ahora quiero que sea feliz al lado de la mujer que ama y yo que consagré mi vida al teatro, no necesito nada más que saber que las personas que amo son felices, eso basta para mí. Espero me permitas ser parte de la vida de mi nieto… si es que encontramos la manera de que suceda sin poner en riesgo su seguridad.
Tienes razón, Vivian es extraordinaria, ella me ha enseñado mucho, he contado con su apoyo incondicional siempre, sé que ama a Richard y que son felices juntos. Tengo mucho que agradecerle, ella me ayudó a que la sociedad me aceptara y a reencontrarme con Patty. Nada me haría más feliz que seas parte de nuestra felicidad.
Logró que Richard dejara a Henriette…
Oh, Eleanor, yo…
No lo dije por nada en especial, Rose, hace mucho que Richard Grandchester no ocupa sino el lugar de un buen amigo en mi corazón, pero, no dejo de reconocer que Vivian logró una hazaña que siempre creí imposible, aunque tal vez, tú y Alex tuvieron mucho que ver también, suavizaron al fin la dureza de su corazón.
¡Eleanor!
Es la verdad, querida, no te escandalices, ahora dime, ¿es tu matrimonio con Albert lo que siempre soñaste?
Es mucho más de lo que soñé. - le dijo con mirada soñadora. Soy tan feliz a su lado que no sé cómo pude esperar tanto tiempo para acercarme a él, a veces siento que debí ser más fuerte en su momento, que me equivoque no confiando en nosotros, en lo que el amor logra vencer, pero en cuanto lo volví a ver en una fiesta organizada por Richard, supe que no podía perderlo nuevamente y que no me importaba nada que no fuera estar a su lado lo que me resta de vida … lo amo Eleanor, ya no con las ilusiones de una niña o con ese amor juvenil, lo amo con todo lo que soy, la mujer que fui y la que soy a su lado. El simplemente me complementa y a su lado no me falta nada, jamás pensé que el amor se sintiera de esta manera y ser correspondido por un hombre tan maravilloso y perfecto no tiene comparación con nada. Ya tendrás oportunidad de vernos juntos y comprobar que esto que sentimos es sublime.
Jajajaja, eso me imaginé, jamás había visto tu verdadera sonrisa y hoy estás resplandeciente, no es para menos querida, estoy muy feliz por ti, por Richard y por mi nieto. Si tan solo si Terry fuera otro… -
Las palabras quedaron en n el aire, no buscaba opacar la felicidad de todos con culpas que pese a los años no se alejarían jamás. Solamente en ese instante Eleanor se permitió pensar que, de haber sido tan fuerte y valerosa como Candy, ella y Richard estarían juntos y su hijo Terry estaría al lado de la mujer que alguna vez logró tocar su corazón y le dio esperanzas, pero la voz de Alex la sacó de su ensueño, tal vez en otra vida ….
Platicaron cómplices la una de la otra de manera afable hasta que Richard y Albert llegaron, ambos la saludaron con genuino afecto, y compartieron la velada con alegría en compañía del pequeño Alexander hasta que fue su hora de dormir, el pequeño caballerito se despidió de los presentes y abrazó a Eleanor con infantil afecto.
Fue un gusto conocerla, Ms. Baker, gracias por venir a actuar a Londres, para que papá cumpliera su promesa de llevarme al teatro con ellos. - Eleanor devolvió el abrazo y tragó saliva para deshacerse del nudo que se formó en su garganta.
No tiene nada que agradecer señorito Alexander, espero verlo mañana en la función. - le dijo con formalidad y lo vio partir.
Hicieron un gran trabajo. - les dijo a los cuatro adultos presentes cuando el niño estuvo fuera del alcance de su voz.
Rose es quien lo educó. - dijo Richard.
No seas modesto Richard, tiene muchos gestos tuyos, y aunque no dudo que Rose es la autora principal de mucho, se reconoce tu influencia, y su amor por ti.
No podía echarlo a perder de nuevo. - le dijo el hombre alzando su copa y bebiendo
También tiene mucho de usted señor Andrew.
Jajaja, eso es un gran halago, sin embargo, coincido con Richard, Rose es quien tiene todo el mérito.
Eleanor observó a Rose sonrojarse un poco más ante la mirada de adoración de su esposo mientras tomaba su mano y la apretaba suavemente, dio un sorbo a su copa y después tomó la palabra.
Creo que Alex, es el resultado de todos nosotros, incluyéndote a ti Eleanor, lo amamos, y hemos hecho lo necesario porque crezca seguro y feliz, definitivamente hay mucho de Richard y Albert en él, y todo eso es gracias a ti Eleanor.
Bueno, dejémonos de sentimentalismos, agradezco su hospitalidad, Vivian, pero temo que debo retirarme, descansar temprano es importante una noche antes del estreno. -
Claro, Eleanor, lo entendemos y agradecemos tu compañía, hay un auto discreto esperando por ti en la salida trasera, y te llevara a la entrada posterior de tu hotel, ¿quieres indicarle el camino Rose?
Eleanor se despidió de todos y siguió a Rose a la salida que Vivian había indicado, aprovecharon el momento a solas para fundirse en un abrazo afectuoso sin poder evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.
Celebro que seas feliz, que estés al lado de un hombre que te ama, y a quien amas, que Alex pueda crecer con ese ejemplo es más de lo que podía imaginar.
Gracias Eleanor, tú has hecho todo esto posible y espero que pronto podamos vernos con regularidad, por lo pronto, hasta mañana, querida Eleanor, ¡Rómpete una pierna! - le contestó Rose utilizando la forma acostumbrada de desear buena suerte entre la gente del teatro.
Rose observó el auto alejarse, por unos momentos antes de sentir como Albert la envolvía en sus brazos, ella recargo su espalda en el pecho de él, y se dejó envolver por la calidez y confort que su esposo le brindaba.
Gracias por siempre estar a mi lado.
Princesa, es uno de mis más grandes placeres. ¿Todo bien?
Sí, solo inmensamente agradecida con la vida, con Eleanor, con Richard, contigo… no puedo dejar de sentirme abrumada ante tanta felicidad y ante la conciencia de lo afortunada que soy.
Se quedaron abrazado por un rato más, disfrutando de la tranquilidad de la noche, de su grata compañía y del grandioso futuro que se asomaba en el horizonte, después regresaron a la mansión para despedirse de Richard y Vivian, Albert tomó a Alex en brazos, rodeó los hombros de Rose con su mano libre, y condujo a sus dos tesoros más grandes al auto para ir a casa.
El Savoy Theatre resplandecía, sus lujosos interiores, fachada clásica y elegante ambiente hacían del lugar uno de los lugares de espectáculos más populares del West End. Desde su apertura en 1881, el Savoy Theatre era un símbolo de modernidad, siendo el primer edificio público en ser iluminado por luz eléctrica en el mundo, ahora con el lujoso hotel a un lado, era un bastión de la clase alta inglesa que aún podía permitirse un poco del estilo de vida que tuvieron antes de la Gran Guerra.
Un hombre taciturno y en busca de pasar desapercibido estaba apostado en una esquina discreta observando a los recién llegados, su porte orgulloso era imposible de pasar desapercibido, vestía impecable, frac negro, camisa, chaleco y corbatín color blanco, tal como lo indicaba la etiqueta requerida para la gala, su cabello castaño oscuro acababa de ser recortado e iba impecablemente peinado, entre sus labios colgaba su acostumbrado cigarrillo y en su mano reposaba un vaso corto con whisky de la más pura malta, sabía que pronto sería requerido por su compañera, Lady Olivia Sinclair, una viuda de edad madura, un par de años mayor que su propia madre, pero, eso no era importante, de otra manera entrar a la gala de esa noche hubiese sido imposible, y Lady Olivia era una mujer hermosa, a pesar de su edad, pero más importante aún, indiscutiblemente rica, sus hijos y esposo habían perecido en la Gran Guerra, y la sociedad era condescendiente con sus excentricidades debido a su rancio abolengo, su influencia en todos los círculos sociales importantes, así como acostumbrada generosidad a las personas correctas. Así que su presencia ahí con el bastardo de Richard Grandchester no sería cuestionada, nadie parpadearía siquiera, al menos, esta vez no era un marinero de los muelles quien la llevaba del brazo.
Terrence inhaló una vez más su cigarro, la atmósfera electrizante que recorría el lugar le llegaba hasta los huesos, la excitación de los presentes se colaba en su piel y por unos momentos, se permitió recordar lo que se sentía formar parte de un estreno, se imaginó a los actores detrás del escenario, dando los últimos arreglos, al director gritando indicaciones, y a los tramoyistas y asistentes corriendo de un lugar a otro, la imaginó a ella, Eleanor, siguiendo su ritual antes de la actuación, camerino cerrado, luces apagadas, una vela aromática encendida, y ella sentada con los ojos cerrados, respirando lentamente con la intención de alejar de su mente toda preocupación, después se pondría en pie, daría un sorbo a su copa de champagne helado y permitiría que su asistente entrara para dar los últimos retoques a su maquillaje, justo antes de salir a escena rozaría con sus dedos la pequeña fotografía enmarcada en un portarretratos de plata, donde un pequeño niño sonreía al lado de su madre. Terrence terminó su cigarrillo y alejó los pensamientos nostálgicos de su mente. debía estar alerta, revisar las posibilidades de su plan, y tal vez llevar a cabo de una vez lo que él y Anne habían tramado durante todo ese año en Londres.
Meses atrás.
¡Estás loco! -
Piénsalo, están dispuestos a dar lo que sea por el bastardito.
No solo eso, están dispuestos a dar la vida por él, William te mataría antes de permitirte acercarte al chiquillo.
Están demasiado felices, seguros, confiados de que no soy sino una pequeña piedra molesta en sus zapatos, un bastardo insignificante, la vergüenza del duque, un don nadie sin conexiones y dinero y es tiempo de que recuerden, que soy mucho más que eso, además tengo intereses personales que resolver con William y con la marquesa.
Terry, secuestras a Alexander solo los hará enojar, y no solo a William, sino al duque, y estoy convencida de que la marquesa no es precisamente inocua, te ha resistido sin amilanarse por un momento, y una mujer cuando ve a su hijo amenazada se convierte en una fiera por defenderlo.
Claro, tú eres la excepción a esa regla, ¿no es así?
No tiene caso discutir por lo que has dicho, no había forma de que retuviera la custodia de Allistear, además, tenerlo conmigo hubiese resultado inconveniente, si Archibald y la mojigata de Patricia quieren hacerse cargo por mí está perfecto, la maternidad nunca fue lo mío, además, secuestrarás al niño, ¿y luego qué?
Los haremos pagar una gran recompensa.
¿Qué nos durará cuánto?
Ahora si hablas en plural.
Somos socios. ¿Secuestrar a Alexander, obtener una gran suma de dinero, hacerlos sufrir un poco, eso será suficiente?
Tal vez, tal vez si obtengo lo necesario puedo volver a California…
Jajajaja, sueñas con rehacer tu vida, ¿o con volver a los brazos de Karen y criar a tu bastardo juntos? - la voz ponzoñosa no fue pasada por alto por Terry, pero decidió ignorarla.
¿Qué más te da? mientras recibas tu parte.
Eres un iluso si crees que podrás vivir en paz con las migajas que te den, tienes demasiados vicios y deudas como para pensar que nada menos que la fortuna de los Andrew y los Grandchester combinadas te dará lo que deseas.
La fortuna de los Grandchester y los Andrew… eres ambiciosa Anne.
Tú también solías serlo, al parecer la tregua que te ofreció William te ha parecido interesante. Pero dudo que la tregua se mantenga si tocas al chiquillo, si te atreves a hacer eso, ni el duque ni William descansarán hasta que te pudras en el infierno.
Veremos, deja de contradecirme y haz lo que te corresponde...
Terry volvió a la realidad, estaba a punto de darse por vencido, tal vez después de todo debía esperar al intermedio o a la fiesta para toparse con su objetivo, sin embargo, la suerte estaba de su lado ese día, pudo divisar uno de los autos de los Andrew llegar, y aunque por un momento pensó que podía ser la matrona de la familia, el revuelo de los reporteros que esperaban como buitres en las afueras del teatro, le indicó que su espera había terminado.
Observó descender al orgulloso patriarca de los Andrew vestido de máxima gala escocesa, con una sonrisa genuina en su rostro rejuvenecido, tal vez nunca lo había observado con atención pero, de pronto Terrence fue consciente de que el hombre atormentado de antaño ya no existía más, lo observó sostener la puerta para que el pequeño descendiera, vestía de gala escocesa al igual que él, lo cual a Terrence le pareció un insulto a su obvio linaje inglés no entendía como el duque permitía que su heredero fuera criado de esa manera, el pequeño le sonrió con orgullo a William y extendió su mano para ayudar a su madre, quien con elegancia descendió del auto iluminando con su sonrisa la oscuridad de la noche, la adoración mutua era palpable, y la dicha que irradiaban imposible de ignorar.
Aquí estás querido, creí que te había perdido. - la suave voz modulada y el aroma floral del perfume de Lady Olivia asaltó sus sentidos antes de que ella entrara en la periferia de su visión. - Veo que como siempre los reporteros se desviven por la pareja Andrew, el pequeño es divino, tu primo, si mal no recuerdo. -
Eso dicen. - le respondió el hombre sin apartar su mirada del hipnotizante trío.
Vamos, tomemos nuestros lugares, dicen que tu madre es sencillamente divina y no quiero perderme ni un minuto de su actuación, tal vez puedas presentármela en la fiesta.
No tengo idea de a que se refiere Lady Olivia. - le respondió cáustico, aun sabiendo que ella solo ignoraría su tono y continuaría con su constante parloteo.
Vamos, ante mí no tienes que negarlo, es un secreto a voces que la madre del bastardo de Richard es la hermosísima y talentosa Eleanor Baker, y yo muero por conocerla, ¿porque crees que te traje conmigo esta noche?
Lo siento Lady Olivia, pero, mi madre y yo no estamos en buenos términos, jamás lo estuvimos, y en lo que a mi respecta ella no es mi madre.
¿Resiente que dejarás la actuación? ¿O no pudo soportar que seas la vergüenza de los escenarios? ¿las apuestas? ¿la cantidad las mujeres abandonadas? Entonces agradece que aun conservas ciertos talentos, y, que soy una mujer excéntrica de lo contrario hubieras quedado fuera de tan magnífica noche como todos los demás plebeyos, cambia esa cara y sonríe, ya más tarde te encargarás de pagarme el favor.
Entre otras cosas…
Terry observó pasar al trío Andrew en su nube particular de ensueño, Albert llevaba a Rose del brazo, y el pequeño iba tomado de la mano de ella, por una fracción de segundos los reflejos de las luces parecieron jugarle una broma a Terry, el cabello de ella se volvió rubio y el pequeño era una copia fiel de él mismo… nunca lo había pensado, esa edad tendría el hijo de él y Candy, si no hubieran muerto, la vida le regresaba a William Albert Andrew, todo lo que él Terrence Grandchester se había empeñado en quitarle.
Lady Sinclair tironeó de su brazo aún encerrada en su monólogo sobre su deseo de conocer a Eleanor y como había soñado con ser actriz, Terry la siguió de mala gana, entraron al recinto un poco después que los Andrew, justo a tiempo para observar otro placentero encuentro, su padre, el orgulloso, frío, altanero y distante duque de Grandchester se inclinaba para saludar con un abrazo a su heredero, y permanecía a su nivel para escucharlo, mientras al parecer elogiaba su atuendo. A su lado Lady Vivian, hacía lo mismo, mientras sonreían y prestaban toda su atención al pequeño, a ellos se unieron los Cornwell y Madame Elroy, eran el cuadro perfecto de domesticidad, y todos giraban en torno al niño que con seguridad y alegría pasaba de un adulto a otro, confiado en que su presencia era no solo bienvenida, sino elemental. En todos sus recuerdos de infancia, Terry no podía encontrar uno solo en el cual hubiese sentido tanta aceptación de un grupo de adultos, si mal no recordaba ni siquiera era requerido en los eventos sociales, la duquesa cara de cerdo solía temer que su apuesta apariencia opacara a sus hijos, quienes no parecían haber heredado ni un gramo de la presencia elegante, esbelta y refinada de su padre, sino más bien la figura mofletuda y sonrosada de Henriette.
Terry escoltó a Olivia a su palco, y pasó los siguientes 45 minutos observando una obra mucho más interesante que la puesta en escena de su madre, en el palco principal, los Andrew y los Grandchester departían durante el espectáculo, el chiquillo de escasos siete años pasaba de un adulto a otro, e incluso pasó parte del tiempo sentado sobre las piernas del duque, quien le cedió sus binoculares para que disfrutara del espectáculo y toleró que el pequeño se recargara en él durante el resto del espectáculo.
Veo que Richard adora al pequeño, seguro tu infancia fue bastante agradable. -
Jajaja, el duque parece haberse suavizado con los años mi lady, o tal vez la senilidad comienza a afectarlo, porque en definitiva el duque nunca fue un hombre afectuoso.
Tal vez la pérdida de sus hijos, o la presencia de una buena mujer en su vida.
¿La marquesa?
Lady Vivian, han sido la comidilla de la sociedad, quien por supuesto todo le perdonará al duque.
Así como a ti te perdonan tus amantes.
Claro, querido, poca gente tiene el abolengo o el poder que tu padre o yo tenemos, y ante eso, el mundo se inclina sin remedio, es hora del intermedio, escóltame al foyer, quiero saludar a Lady Hamilton.
Terry ofreció su brazo y salió con la dama en dirección al foyer que rápidamente se llenaba de gente, los hombres se acercaban al bar y ordenaban sus tragos, los meseros circulaban con aperitivos, las damas aprovechaban para ir al tocador, llamar la atención de admiradores, o lucir sus espectaculares atuendos y joyas, los hombres fumaban sus finos cigarros, hablaban de negocios o se acercaban a cortejar a alguna dama, el intermedio no sería el evento central de la noche, para eso se llevaría a cabo la gala ofrecida por los Grandchester en el vecino Hotel Savoy, donde los artistas serían homenajeados.
El lugar se llenaba de bullicio, la atmósfera estaba cargada de alegría y emoción, Terry no pudo dejar de pensar que parecía una gran colmena activa, la gente iba y venía de un lado a otro, y por supuesto, Lady Hamilton les sonrió a lo lejos e hizo un gesto con su abanico para que se acercaran. Terry acompañó a Olivia hasta allá y después de saludar se disculpó con las damas por un momento y se alejó del grupo para poder seguir con su observación, mientras lo hacía ingería ingentes cantidades de whisky que invariablemente terminarían por ponerlo en un estado demasiado inconveniente, pero, eso no le importaba, la ira crecía en su interior y celos irracionales tomaban el control de sus emociones, estaba celoso de ver a Archibald feliz junto a Patricia, de Albert y Rose perdidamente enamorados y sonrientes, pero, más aún estaba sin saber reconocerlo ciego de rabia al ver a su padre tratar a Alexander como él siempre había soñado que lo hiciera, odiaba al duque por poder hacer al fin algo que él había pensado imposible, ser un padre, aborrecía a Alexander por tener la vida que él nunca tuvo, a Albert por haberla olvidado y logrado rehacer su vida, a la marquesa, por ser feliz al lado de su más acérrimo enemigo sin importar que era una fácil al igual que todas las mujeres y que había encontrado la forma de hacer lo que su madre nunca logró, legitimar a su bastardo y darle la vida digna que a él le había sido negada. Deseaba de manera enferma a la marquesa, en sus escarceos amorosos imaginaba que era a ella a quien poseía y pensar que era Andrew el que le calentaba la cama lo enfurecía en partes iguales a pensar que era también la mujer de su padre… ella era una zorra que convivía con su amante y su esposo al mismo tiempo que se revolcaba en la cama con los dos y tenía el descaro de negarse a aceptar sus favores a cambio de placer … los odiaba a todos y estaba enfermo de celos, rabia y dolor.
Tomó de sorbo el último medio vaso de whiskey y se dirigió a buscar a su acompañante, todos entraban a los palcos y Lady Olivia podía ponerse muy pesada cuando era contrariada, aunque no le gustara, la mujer era su pase a la exclusiva fiesta posterior a la presentación, que, por alguna razón, no quería perderse.
Sacó del sobre interior de su bolsillo una fina licorera de plata, regalo de la misma Olivia y dio un largo sorbo al alcohol barato con el que la había llenado, la noche apenas era joven.
La obra culminó con una ovación de pie de parte de los presentes, quienes inundaron de rosas especialmente a la primera actriz Eleanor Baker, Terry observó al joven actor sensación de la noche, un joven como él había sido años atrás, lleno de promesas y talento, seguramente embriagado de adulación, y muy probablemente manteniendo una relación con la joven protagonista, que curiosamente le recordaba a Susana Marlowe, en medio de su nube etílica Terry recordaba perfectamente lo que se sentía estar parado al frente de un público cautivado por la actuación, la calidez de las luces sobre el rostro el sonido atronador de los aplausos, la sangre corriendo por las venas, la cálida mano femenina de la protagonista prendida de la suya, tal vez el escenario había sido el único lugar donde había conocido la felicidad, el único sitio donde había sido aceptado, donde el ser un bastardo, no era un problema, donde el nombre de Grandchester no había pesado como cadenas sobre su alma, y aun eso le había sido arrebatado por William Albert Andrew.
Observó el río de gente salir del teatro, se incorporó a la corriente, con Olivia prendida de su brazo, sin conciencia real de lo que sucedía a su alrededor, hacía varios tragos que la realidad se había mezclado con sus recuerdos, su dolor, vacío e ira, ahora todo era una amalgama de sentimientos, nervios exacerbados, sed de venganza, lujuria, deseo de borrar la sonrisa del rostro de todos aquellos que lo habían lastimado y que ahora vivían felices sin importar que el viviera en la miseria, o que tuviera que prostituirse para mantenerse, inconscientes de los cobradores que llamaban a su puerta y de los mafiosos que amenazaban con hacerle pasar un muy mal rato a menos que saldara sus deudas de juego.
Entró en el salón principal del Savoy, la enorme araña de luces colgaba majestuosa sobre el enorme atrio, bruñida en oro puro, con sus cientos de cristales vieneses había sobrevivido a los bombardeos de la Gran Guerra y ahora presidía orgullosa sobre la aristocrática sociedad que hoy se dignaba en mezclarse con la gente del teatro, al menos por esta noche.
La música inundaba el lugar, el champagne y los licores abundaban, las damas paseaban cual mariposas con sus coloridos vestidos, sus joyas brillando multicolores a la luz de las bombillas eléctricas, y en medio de todas ellas había una mujer que resaltaba, una que vestía de atrevido verde, con multitud de cuentas negras bordadas en el vestido que debía ser un pecado utilizar, sus joyas los más exquisitos diamantes, su porte exquisito y su andar de diosa, vaya que Andrew había sabido olvidar a la sencilla chiquilla a la que juró amar por el resto de su vida, esa mujer, la marquesa, la fina puta francesa de su padre no merecía ser feliz al lado del hombre que debió guardar luto de por vida por Candy, pero William nunca la había amado en verdad, primero había mancillado su recuerdo al casarse con su primera esposa, y ahora lo hacía al recoger las migajas de su padre, aceptando incluso criar a su bastardo con tal de satisfacer su lujuria.
Claro, todos disfrazaban con decencia sus pecados, Archibald escondía que había reducido a su ex mujer a la casi pobreza, mientras ahora se revolcaba con la mujer que debió ser de su hermano, el duque que por años había pregonado que el honor le impedía divorciarse de la duquesa cara de cerdo, ahora paseaba feliz del brazo de Lady Vivian, Eleanor olvidaba su humillación y departía sin más con ellos, como si en el pasado no hubiese sufrido por el maldito honor, la marquesa paseaba a su bastardo en las narices de toda la sociedad y se disfrazaba de remilgada dama de sociedad, cobijada por el poder de dos poderosos hombres. Era tiempo de poner a cada uno, en su lugar, de hacerle ver al mundo que lo rechazaba a él por un pecado que no le correspondía que aquellos que cobijaban en su seno como al crema y nata de la sociedad no eran otra cosa que basura.
Dejó a Lady Olivia de lado y siguió a la altiva marquesa de regreso del tocador, sin darle tiempo de replicar la tomó de la cintura y la condujo a la pista de baile, esa perra debía ser para él, así fuera a la fuerza se había cansado de verla feliz y de sus malditos desplantes, simplemente porque no podía complacer sus gustos finos con su dinero, pero había llegado el día que conocería lo que era un verdadero hombre.
¡Suélteme! - exclamó Rose con firmeza al darse cuenta de quién se trataba, mientras Terry la pegaba más a su cuerpo y su mano bajaba de su cintura, había mucha gente a su alrededor, Albert la echaría en falta pronto, pero mientras tanto el aliento alcohólico de Terry la hizo encolerizar, recordó todas las veces que la había tomado estando borracho, las veces que la golpeó, sus acusaciones, sus palabras denigrantes sus vejaciones. - ¡He dicho que me sueltes! - no le importó alzar la voz, ni llamar la atención, solo quería estar lo más lejos posible de él.
Ella lo empujó, él trastabilló, su estado era demasiado inconveniente, pero aún podía reaccionar, cruzó el rostro de ella con una bofetada que la hizo dar un par de pasos atrás, y sus palabras llenaron el silencio que de pronto se había hecho.
¡Así que una puta francesa es demasiado para un bastardo hijo de un duque! te vanaglorias de ser intocable, la viuda del honorable teniente coronel Maximillian Grandchester, que según tú es el padre de tu hijo, jajajaja, cuando mi tío no podría haber engendrado a tu hijo, por una simple y sencilla razón, a él no le gustaban las mujeres, ¿qué acaso me crees idiota?, ¿crees que no sé qué te revolcabas con mi padre a escondidas de su esposa la duquesa? y luego cuando todo se volvió inconveniente te buscó un marido de tapadera que adoptara y le diera legalidad a tu bastardo ¿a cambio de qué? ¿dinero?, ¿sexo?, ¿o es que te acuestas con los dos al tiempo… maldita zorra?, ¿cuánto quieres para compartir mi cama?, ¿para permitirme gozar de tus favores? No eres más que una puta cara, disfrazada de falsa dama de sociedad, aunque estoy seguro de que debes ser muy buena dando placer porque los tienes a todos a tus pies, solo tienes que decirme cuál es tu precio, todos tenemos uno, hasta la puta más fina de Londres debe tenerlo, así la suma sea alta... pero miren nada más quiénes van llegando a salvar el honor de la marquesa más zorra de todo Reino Unido, el cornudo que tienes por esposo y tu amante, perdón mi padre y como olvidar al ejército de gorilas que me sacaran a rastras por montar una escena ante la gran sociedad.
Eleanor no dejaba de llorar discretamente, horrorizada ante la escena que su propio hijo estaba haciendo, mientras Vivian se apresuraba a llevarse a Alex de ese lugar.
- Déjalo que se entere de todo. - gritaba Terry - ¿no crees que es hora que sepa cuál es su verdadero origen?, que no es más caballero ni noble de lo que soy yo, que es un bastardo como yo, qué mi padre tiene afición por las zorras americanas y francesas a quienes luego de embarazar las desecha para seguir en busca de otra, me parece justo que escuche mi hermanastro pregonar a los cuatro vientos su realidad, ¿me escuchas Alexander? no eres el hijo de Maximillian Grandchester, sino el hijo bastardo de Richard, tu y yo somos hermanos, tu madre es una puta que duerme con hombres por dinero y William Andrew no es nada más que un simple cornudo a quien le gusta gozar de las migajas de los Grandchester…
Una sonora bofetada resonó en el lugar, la misma Rose se la había dado, una vez la había humillado hasta el cansancio no volvería a hacerlo de nuevo.
¡Cállese no es usted nada más que un borracho que no sabe lo que dice, y no le permitiré que mancille el nombre de mi familia solo porque tiene problemas no resueltos con quien sea que los tenga! - le dijo ella con la cabeza en alto, y firme voz perfectamente modulada, no podía perder los estribos o su acento no lo resistiría, por supuesto, Richard y Albert habían llegado ya a su lado. Albert le lanzó un puño directo a la cara que lo mandó al piso sangrando de la nariz y la boca, sus hombres lo sostuvieron antes de que matara a golpes a Terry en el piso, solo por atreverse a tocar a su esposa, estaba cegado de la ira y quería matar al bastardo con sus propias manos. Los hombres de Richard sacaron de inmediato a Terry de la sala, después de todo no quería que la fiesta acabara en tragedia ni que su hijo acabara muerto en esa sala, por supuesto que esto no pudo evitar que Terrence vociferara a voz de cuello una y otra vez lo que él consideraba los pecados de los Grandchester y los Andrew.
Todo el mundo guardaba silencio, Richard hizo acopio de dignidad y aclaró su garganta.
Me disculpo con ustedes por semejante espectáculo, no hay nada que pueda decir en defensa de Terrence, pero, les aseguro, que algo como esto no volverá a suceder, por favor continúen con su velada, músicos, camareros. -
Richard hizo los gestos necesarios, el salón volvió a llenarse de música, los camareros redoblaron sus rondas de Champagne, Albert ofreció su mano a Rose y la llevó al centro de la pista, para bailar con ella como si nada hubiese ocurrido, por dentro los dos estaban aturdidos, pero sabían bien que abandonar el lugar era darle importancia a las palabras de Terry y por la reputación de ella, y el bien de Alexander era algo que no podían permitirse hacer.
Albert la pegó a su cuerpo, tratando de consolarla sin palabras, las parejas comenzaron a reunirse a su alrededor y por fin el bullicio llenó de nuevo la estancia.
¿Estás bien? -
No ahora Albert, no podemos hablar ahora, pero de una cosa estoy segura, las cosas no pueden seguir así.
Estoy de acuerdo amor mío y nos haremos cargo de que así sea.
¿Alex?
Mi tía lo llevó a la suite, hablaremos con él más tarde, por ahora, tú y yo debemos hacer frente a los cotilleos para evitar problemas.
Lo sé, hazme girar una vez más para olvidar lo sucedido, abrázame un poco más fuerte.
Albert la complació y la atrajo a él bailaron como si nada más importase, y como si no hubiese un mañana, los medios fueron abordados por George y la suma requerida por su silencio fue pagada, la gente de teatro se volcó en ser encantadora, flirtear y armar escándalos suficientes como para que él desvarío del bastardo Grandchester quedara en el pasado, y fuese lo menos comentado de la noche.
Cuando la última alma se hubo retirado Albert, Rose y Richard se dirigieron sombríos al sótano del lugar, donde los hombres esperaban por ellos.
¿Milord? -
Richard volteó a ver a Rose y a Albert. Albert sintió en su mano el apretón de la mano de ella como confirmación de que era tiempo de poner en marcha el plan que tiempo atrás habían creado.
Lo que hemos hablado ya Rob. - respondió el duque.
¿También a la mujer? - Rob haría lo que le pidieran y en su opinión era mejor no dejar ni un solo cabo suelto.
Sí, también a la mujer. - respondió Rose con voz clara.
¿Sin nada? -
Ni siquiera sus pasaportes, vacía el departamento, véndelo y paga las deudas de juego que alcancen, las que no, informa a la gente necesaria la nueva residencia del señor Greum.
¿No prefiere tirarlos en el fin del mundo? -
Preferimos mantenerlos donde podamos estar al tanto de cada uno de sus movimientos. - respondió Albert tranquilamente.
Muy bien milord, Sir Andrew, mi lady vayan a descansar, nosotros nos haremos cargo.
Rob…
¿Si Mi lady?
Recuérdale al señor Greum que a una mujer no se le golpea.
Por supuesto mi señora.
Albert y Richard la observaron ascender las escaleras.
¿Quieres darle tú la lección? - preguntó Richard.
Ya lo hice una vez, y si lo tengo enfrente lo mataré con mis propias manos, no quiero eso en el futuro de Rose y el mío, no quiero su sangre en mis manos, y francamente no me interesa escucharlo. Además, necesito estar con mi esposa y mi hijo, me necesitan.
Por supuesto, ve.
Vivian también te necesita, Richard, no vale la pena.
Eleanor quiere verlo, me quedaré para acompañarla y después llevarla a su habitación.
Bien, buenas noches.
En la habitación Rose sumergió su cuerpo en el agua caliente de la bañera, cada uno de sus músculos eran un nudo insoportable, su cuello estaba tenso, la bofetada de Terry no había dejado una huella física, pero le había hecho recordar todo lo que la felicidad y el amor le habían ayudado a olvidar, se recargó en la bañera y cerró los ojos, Albert había ido a ver a la tía Elroy quien había acompañado Alex y a Allistear hasta que se habían quedado dormidos. De pronto sintió las manos de Albert masajear suavemente sus tensos hombros.
Todo estará bien.
¿Algún día podremos deshacernos de él?
Solo tienes que pedirlo.
No podría con ello. Mejor ven aquí y hazme olvidar lo sucedido.
Albert la besó tiernamente primero y permitió que todo su estrés se vaciara poco a poco, mientras las caricias y los besos saciaban sus cuerpos hambrientos y sus alteradas emociones.
Francia 1924
Terrence abrió los ojos con lentitud, le dolía la quijada, era un dolor conocido, uno que le recordaba el puño de Rob cerrándose sobre su rostro sin misericordia.
Saludos de la marquesa. - le dijo el hombre antes de que Terry perdiera la conciencia.
Le dolía la cabeza y sus sentidos no parecían estar del todo bien, miró a su alrededor, era un lugar desconocido, ¿lo habrían mandado al infierno por fin?
Despertaste, ¿cómo te fue en tu plan de secuestrar a tu querido hermano? - le preguntó Anne con sorna.
¿Dónde estamos?
En medio de la nada francesa. Vacaciones cortesía de tu padre al parecer.
Y de William y ella… Francia, no nos costará mucho volver.
Sin un franco, o papeles, y en este cuchitril apenas lo justo para comer hoy, eso es todo, nada más que la ropa que traes puesta al igual que yo. ¿Qué hiciste?
La abofeteé, y descubrí sus mentiras.
¿Sus mentiras...? - Anne lo miraba incrédula, no podía entender como seguía con vida, con solo un par de golpes bien dados en el rostro, después de que se había atrevido a tocar a la mujer de William, pero, de pronto entendía porque estaban ahí en las condiciones en las que estaban, antes se sorprendía de que no los hubieran tirado en medio del Sahara.
Le anuncié al mundo que su hijo no puede ser hijo de mi tío, que es un bastardo de Richard y que ella no es sino una puta.
¡Debiste secuestrar al mocoso y ya! - El tono de voz de ella era desesperado, Terry la tomó del brazo y la miró a los ojos, lo que ella vio en los de él la asustó, más que nunca ahora había puro e inalterado odio, los ojos azul oscuro cuando estaba tranquilo se habían vuelto casi negros y se encontraban inyectados de sangre, su agarre era fuerte, como una tenaza de metal que no cedería, pero, lo que hizo que un escalofrío corriera por su espalda fue su voz, rasposa, fría, no parecía siquiera humana.
No es suficiente, quiero verlos destrozados, hundidos en el fango, quiero ver a esa puta altanera rogarme por su vida, por la de su hijo, por la de William, la quiero de rodillas dispuesta a hacer con boca y manos lo que yo le pida, la quiero en mi cama, quiero humillarla y poseerla de las maneras más infames y miserables, restregarle a William las faenas sexuales así como todo lo que la obligue a hacerme, acabaré con ella y cuando me canse de que sea mi perra, se la devolveré para que la deje de lado, además te juro que la dejaré inservible para cualquiera, incluso para el poco hombre de Andrew, quiero que sepa que su mujer no solo fue la puta de mi padre, sino la mía y que me dio el placer de las maneras más asquerosas y sucias, por último quiero borrar esa seguridad y felicidad del rostro del bastardito, quiero que sienta en carne propia el rechazo de los suyos, la incertidumbre que el ser una basura trae consigo, que se sienta solo como lo estuve toda mi vida y que su afamado papi lo deje cuando se dé cuenta que su mujer es una puta muy complaciente en la cama no solo la mía, sino la de todo Londres.
Muy elocuente, debiste pensar en todo eso antes de lograr que nos desterraran. - espetó ella enmascarando en burla el terror que sentía en ese momento, Terrence la soltó y suavizó la voz.
Encontraremos la forma, mi querida, Anne, siempre hay una forma, los haremos pagar con creces cada uno de los insultos y humillaciones, los haremos rogar por la muerte, porque vivir duele demasiado, y entonces les negaremos hasta la misma muerte.
Anne observó el brillo en los ojos de Terrence, por suerte solo le habían dado un par de puñetazos y lo habían drogado, descansarían esa noche, y al día siguiente encontrarían la forma de comenzar a recorrer el camino hacia su dulce venganza, les costara lo que les costara.
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