Han pasado meses, lo sé, y en medio de todo este tiempo, he recibido mensajes de muchas de ustedes que son los que me han inspirado a continuar, a algunas les comenté que la razón por la que no publicaba era porque no quería darles el resto de la historia a cuentagotas, así que me dediqué a escribir, tratando de terminar al fin y poder publicar fielmente y con regularidad hasta el final, sin más pausas, demoras o esperas. Finalmente, aquí está, la travesía que comencé tres años atrás llega a su fin, tal vez muchas ya han perdido la esperanza y ni siquiera se acercarán a leer, pero espero que, si un día en medio de sus muchos quehaceres recuerdan, una historia, que prometía ser buena, y se quedó inconclusa, cuando regresen puedan encontrarla y decir, "está terminada" y tal vez sentarse a leerla completa, como debió ser, disfrutando paso a paso.

Son tiempos difíciles para muchos en medio de todo lo que estamos viviendo mundialmente, y espero que esta humilde ficción pueda contribuir con un pequeño granito de arena para brindarles un poco de entretenimiento.

Agradezco su paciencia, sus mensajes, su acompañamiento en esta historia que creo es la más difícil que he tenido que escribir hasta ahora, y espero me regalen una vez más un poco de sus muy ocupadas agendas, y se atrevan a soñar conmigo una vez más.

Bendiciones a sus familias, que haya salud, y provisión de todo tipo, y cuídense muchos.

Por último, pero no lo menos importante, C, sabes que nada de esto hubiese sucedido sin ti. Te quiero demasiado, y no sabes cuánto agradezco al universo por haber cruzado nuestros caminos.

Humildemente.

Key Ag

YNTE 29

Albert sintió como el alma se le salía del cuerpo ante la mención del nombre de ella en los sucios labios de Terry, por lo que buscó establecer si conocía su secreto, confrontó su mirada en busca algún indicio de la verdad o parte de ella, preguntándose si la había reconocido, si sabía que ella era Candy y el pequeño Alexander era su hijo o así como le había sucedido en su momento también a él, era la traición de los recuerdos, la culpa de la participación en la muerte de ella. Necesitaba la certeza de que había conocimiento de causa, sintió el frío del arma presionar contra su sien y escuchó a Terry con voz exigente y una sonrisa desquiciada en el rostro.

Es que no entiendes idiota, he dicho claramente que comiences la carta con Querida -Candy, no es un error, una confusión …. quiero que la perra, la zorra a la que llamas esposa, la puta fina de papá y del patriarca de los Andrew, sepa que no has olvidado a Candy, que siempre llevas contigo la memoria de una mujer que al igual que ella, se acostaba con otro, y a pesar de estar embarazada y pertenecer a otro hombre, tú la querías. Es justo que la orgullosa marquesa sepa de tu propio puño y letra que incluso en los instantes previos a tu muerte, tus últimos pensamientos son para una mujer muerta hace años y que nunca has podido olvidar. Quiero que sufra el dolor de sentirse usada, rebajada por otra mujer que jamás pudiste tener en tu cama, quiero que se sienta herida, que entienda que su mundo de cuento de hadas es una estúpida farsa, que sepa que eres un maldito miserable, mentiroso, que se casó con ella para tapar las indiscreciones del duque, para tapar el escándalo y dar legalidad al bastardo heredero. Quiero que se derrumbe su vida, que se sienta herida de muerte, humillada, miserable y utilizada, que entienda que no eres mejor hombre que yo en absolutamente nada, que estábamos enamorados de la misma mujer, sólo que yo te la gané porque soy mejor en todo, porque la diferencia es que ella sí fue mía y tú como siempre te conformaste con las sobras. Se que jamás has olvidado a Candy y quiero que ella se entere también, dime, ¿le hablaste de Ella o sólo le mentiste como a todos durante estos años? quiero que se caiga de su nube de amor y mentiras y que entienda que ella, la marquesa que se cree demasiado buena, para siquiera voltear a verme, no es el amor de tu vida, que su hijo y ella no son más que tú obra de caridad y que la única mujer que te robó el aliento nunca fue tuya, era mi perra personal y el único hombre que la tuvo en su cama fui yo, pero que gracias a ti yace bajo el mar, con mi hijo en su vientre, en una tumba de fierros retorcidos de la que nunca podrá a escapar, que la maté porque no pudiste vernos felices, sí quiero que sepas que eres un miserable y que minutos antes de morir todo lo que pensaste fue en otra -

- Eres un demente, que no sabe lo que habla, no tienes idea de mis sentimientos ni mi vida, eres tan insignificante y miserable que me das lástima Terry, le espetó Albert con desprecio. -

- Escribe, escribe de una maldita vez Andrew, quiero que escribas una carta de amor para Candy y que en cada palabra que pongas en ella se sienta como una puñalada directa al corazón de esa zorra que le dices esposa, quiero que la destroces, la destruyas, hazla sentir como una mujer engañada, para poderla meter en mi cama y ser su consuelo, que se sienta usada, de tal forma que entienda que el mejor lugar donde puede estar es en mis brazos con un verdadero hombre.

- No lo haré, porque además se nota que no tienes idea de quiénes somos Rose y yo, ella me ama a mí por el hombre que soy y escúchame bien iluso, digas lo que digas, ella jamás estará contigo, porque me ama con locura, sabe que jamás le mentiría y preferiría morir a estar con un mentiroso mal hombre como tú, representas todo lo que ella puede llegar a odiar en un ser humano y la rebajas de todos las maneras posibles, no tienes idea de nada y aun así pretendes llevarla a la cama, deshonrarla como a una cualquiera y a eso le llamas comportarte como todo un hombre?, no me hagas reír Terrence, eres un mal chiste y tengo la certeza que mi esposa prefiere morir a humillarse estando con un perdedor como tú, confío en ella a ciegas y nada de lo que me obligues a escribir cambiará lo que sentimos por el otro, la confianza ciega que nos tenemos y el infinito amor que nos une, lo nuestro es sagrado, va más allá de nuestros cuerpos, somos almas gemelas y nada de lo que hagas o nos obligues a hacer podrá cambiarlo o logrará separarnos, así nos mates a los dos, pero ya lo comprobarás con tus propios ojos, que esa carta que dices que la va a herir de muerte, no hará más que reafirmar nuestro amor, pero eso es algo que nunca entenderías, porque jamás has amado a nadie, ni siquiera a ti mismo bastardo.-

- Lo harás, porque sé qué la amas con locura, puedo verlo en tu mirada y porque no vas a querer que muera mi hermanito por tu culpa, por negarte a escribir una simple carta de amor.

- Terrence, en este punto sé que tu solo quieres dinero, y yo soy un hombre que tengo de más, así que dime tu precio y dejémonos de todas tonterías.

Una vez más el gesto de autosuficiencia, poder, seguridad y confianza en el rostro del rubio lo volvía loco, había intentado de todo por hacerlo un hombre miserable, pero no había logrado nada, se le veía desmejorado, pero nunca consiguió verlo como quería …. derrotado y sin confianza, ya se había cansado de todo, pero por una vez respiró profundo y le respondió.

Ahí es donde te equivocas, me crees un sinvergüenza materialista y no lo negaré ni por un segundo,, sin embargo, no es el único motivo que encuentro, y en este momento me mueven otros intereses más allá, claro que quiero dinero, poder y obvio a la mujer de mi padre y mi peor enemigo, sin embargo, necesito reivindicarme con la sociedad, quiero volver a formar parte de la alta sociedad que me hizo a un lado, quiero mi lugar como lo que soy "un duque", el heredero legítimo de Richard Grandchester. Si lo piensas bien toda mi vida he sido tratado como una paria social, este es el momento de cambiar eso y he llegado a la conclusión que tu dinero y la marquesa son mi ticket a recuperar todo lo que es mío por derecho. En cuanto a esa zorra que llamas esposa, todo lo que sabe es vivir bien, gastar a manos llenas, nada que no pueda obtener a mi lado una vez me adueñe de todo. ¿Amor? Eres un iluso, hasta pena me da ver como has mancillado tu amor eterno con Candy, por una mujerzuela que todo lo que sabe hacer es abrir más piernas por un bonito collar.

Albert moría por golpear el rostro de Terry hasta dejarlo irreconocible, por atreverse a hablar así de su amada, ya lo había hecho una vez, y ante ese recuerdo, no dejaba de preguntarse si acaso no se había equivocado al dejar con vida al bastardo. Sin embargo, no perdería los estribos, eso era lo que Terrence buscaba y si de algo estaba seguro desde el primer día, era de que haría hasta lo imposible por no caer en los juegos retorcidos del actorsete, respiró profundo y le respondió con serenidad.

No nos necesitas para todo eso dime tu precio y pagaré lo que me pidas.

Tú y yo sabemos que el dinero no es suficiente para la santísima e inmaculada alta sociedad Londinense, sin importar cuánto dinero tenga me rechazarán, a menos claro, que juegue mis cartas adecuadamente, que limpie mi nombre, y haga las conexiones correctas. No te preocupes por la marquesa, prometo atenderla como se merece y complacerla en la cama como sé que les gusta a las putas finas como ella. No te lo repetiré nuevamente, escribe esa maldita carta o te la dicto yo mismo, tienes la libertad de autor, tienes 15 minutos, a menos, claro, que prefieras que la escriba yo.

Le dijo Terry saliendo de la habitación y dejando a Albert sumido en sus pensamientos. Sin dudar que el actor regresaría pronto se dedicó por unos momentos a escribir una fría y escueta carta de amor, Terrence debía molestarse, ponerse furioso y obligarlo a escribir a punta de pistola lo que quería que escribiera, no podía arriesgarse a que comenzara a sospechar de la identidad de Rose cuando había resistido cada una de sus amenazas a cada paso y claramente no tenía idea de nada, debían mantenerse justamente así.

Tal como lo había prometido, Terrence regresó en 15 minutos, Albert se encontraba parado junto a la diminuta ventana que le permitía ver la copa de algunos árboles, pero, nada más, no sabía en dónde estaba.

Terminaste pronto, esperaba encontrarte aún en el escritorio, dando rienda suelta a esa pasión que no puedes negar aún ahora, que juras eres feliz al lado de la marquesa, aunque claro está que solo hay una mujer en tu mente, y esa, jamás será tuya ya que fue solo mía. -

Albert lo ignoró y siguió en contemplación de su alrededor, sabía que Terrence se enfurecería en cuanto leyera el contenido de su carta, sin embargo, no le temía, así que la furia del moreno le tenía sin cuidado, aun estando débil, estaba seguro de que era capaz de ganarle en una pelea limpia, y sabía bien que sus carceleros no estaban dispuestos a complacer a Terrence deteniéndolo para que lo golpeara a su antojo. Escuchó a Terrence tomar la carta, y a los pocos segundos el característico sonido de papel al arrugarse rasgó el pesado silencio de la húmeda habitación.

Esto es una injuria a su memoria. - Le dijo Terrence aventando el papel en su dirección.

Terrence, no tengo porque escribir algo que no siento por una persona que, si bien significó todo en el pasado, ya murió, la mataste hace años, en verdad no te entiendo, decías amarla y sólo te dedicaste a hacerla miserable y ahora nos culpas a todos el hecho que el arrepentimiento no te deje vivir un solo día sin recordarla. Si quieres una carta así, escríbela tú mismo, mátame y aun así Rose nunca te amará y jamás dejará de amarme.

Te dije claramente lo que quería.

Una carta de amor a Candy para ofender a Rose con ella, sí, eso lo escuché con claridad, pero, no le veo el sentido por tanto no la escribiré hazlo tú mismo o acepta el dinero. ¿Qué diablos quieres?

Todo lo tuyo …. tu reputación, tu nombre, tu familia, el bastardo al que llamas hijo, y a tu mujer en mi cama, todo eso lo quiero, y por supuesto, tu dinero, aunque ese lo obtendré una vez que me case con tu viuda. Ahora, si prefieres que le mande uno de tus dedos en vez de una carta de amor de tu puño y letra dirigida a otra mujer, sugiero que te pongas a escribir.

¿Uno de mis dedos? Por Dios, Terrence, simplemente mátame si lo vas a hacer, estoy cansado de tus amenazas e insultos a mi mujer y mi hijo, todo tiene un límite y estas a punto de cruzar el mío, todos los días me insultas, tratas a mi esposa de prostituta, llamas a mi hijo bastardo, cuando todos en este cuarto sabemos que el único bastardo aquí es el que está apuntando el arma, mátame ya y acaba con esto, si estás tan seguro que mañana te puedes casar con Rose y adueñarte de todo lo mío en un abrir y cerrar de ojos, simplemente mátame y haz realidad todos tus sueños, concreta tus esperanzas, pero basta, no más, aduéñate de todo lo mío, pero muy en el fondo sabes que no puedes y por eso aún estoy vivo, porque si pudieras hacerlo así de fácil como te escucho a diario ya serías el dueño de todo hace meses.

No tientes tu suerte, Andrew, tengo un médico afuera, uno sin escrúpulos, ahora, escribe.

No tienes a nadie y lo sabes … estás solo y desesperado, sin dinero ni opciones, crees que no me doy cuenta de todo, no soy tan ingenuo idiota

Albert lo miró en silencio, no le creía, y su mirada se lo dijo a Terry.

Bien, tal vez uno de los dedos del bastardito te gustaría más…

No te atrevas a tocarlo.

Escribe, creías que secuestrar al patriarca de los Andrew era imposible y mírame te tengo aquí, ¿cuán difícil crees que sería secuestrar al bastardito de mi padre ahora que tú no estás para protegerlo? - Albert lo miró con seriedad, no arriesgaría a Alex por nada del mundo, pero, no podía dejar de ver la ironía de que ese niño que Terrence tanto se empeñaba en dañar era en realidad su propio hijo.

Caminó en silencio hasta el escritorio tomó la pluma y comenzó a escribir, no temía por Alex, sabía que sus hombres darían su vida por Alex y por Rose, y que el propio Richard estaría haciendo hasta lo imposible por cuidar de ellos, pero, escribir una carta de amor, a su amada princesa no le parecía una mala manera de invertir el tiempo, de darle a conocer que estaba vivo y bien en medio de esa absurda situación. Así que se sentó y comenzó a poner su corazón en letras. Terrence leyó las primeras líneas satisfecho, al fin había logrado atemorizar al aparentemente inconmovible William Andrew.

Londres, oficinas del corporativo Andrew.

Lo que quiere usted decir en realidad es que una vez más no tiene nada que reportar. - respondió la rubia con seriedad clavando su mirada en el hombre que tenía frente a ella y que no sabía dónde meterse.

Señora… -

Marquesa, mi lady. - le interrumpió ella con tono frío.

Mi lady, no es que no haya que reportar, sino que…-

Creo, señor Smith que le pagamos más que bien como para que después de seis meses del secuestro….

Desaparición, mi lady, no tenemos nada que nos asegure que en realidad ha sido un secuestro y… - el hombre guardó silencio ante la gélida mirada de la mujer e intentó ver a su alrededor, buscando apoyo entre su género, pero ninguno de los tres hombres presentes iban a brindarle apoyo alguno, Smith los conocía, había trabajado antes para ellos, y no le era ajeno que eran hombres poderosos, el duque de Grandchester, el señor Cornwell, quien en estos momentos de crisis era la imagen pública de la familia Andrew y el señor Johnson, el apoderado legal de la fortuna correspondiente a William Andrew. Sin embargo, los tres hombres guardaban silencio y sus rostros eran una máscara imposible de leer.

Mi marido, no está desaparecido, no se fue porque él lo haya decidió y el cuento de que es hábil para desaparecer ya me tiene cansada, el hecho es que fue secuestrado y que tanto usted, como Scotland Yard, han demostrado ser inútiles para hacer su trabajo.

Mi lady, no hay rastro alguno, no hay huellas de su desaparición, el auto no ha sido encontrado, tampoco hay cuerpos… - el carraspeo de Lord Grandchester lo detuvo.

Señor Smith, creo que no necesitaremos más de su ayuda en este caso, George le liquidará lo que sea que tenga pendiente.

Mi lady, usted no puede… -

Por supuesto que puedo. George. - dijo la joven mujer en tono majestuoso, a lo cual el moreno respondió poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta para mantenerla abierta e indicarle al señor Smith que saliera, Smith lo miró incrédulo, pero no se atrevió a rechistar. Hizo una reverencia formal ya abandonó la habitación.

El silencio llenó el lugar por algunos segundos, ni Archie ni Richard sabían que decir en esos momentos, ella estaba sentada en la cabecera de la mesa, su menuda figura recta e imponente, la cabeza inclinada con una mano apoyada en su vientre, que, a pesar de los seis meses de embarazo, apenas evidenciaba su condición. Algo tramaba, de eso estaba seguro Richard, no era una actitud de derrota, sino de determinación, parecía estar lista para hacer lo que fuera necesario para encontrar a Albert.

Rose hija, antes de que se te ocurra una locura escúchame. –

¿Una locura?

Eres capaz de salir a buscarlo tu misma, y de no ser por tu estado y por Alex yo estaría dispuesto a apoyarte, pero, debes hacer lo necesario porque tú bebé esté bien, y dejarnos hacer lo adecuado para encontrar a Albert.

Él no se fue. - Archie extendió su mano para cubrir la de ella con un gesto amable mientras la miraba a los ojos compasivamente antes de responderle.

Creo lo mismo que tú Rose, sé que Albert no se fue, y tienes razón, Smith era un inepto, ahora que George regrese replantearemos estrategias y posibles investigadores, podríamos contratar a los que él contrató años atrás… -

No lo encontraron… - respondió ella.

¿No lo encontraron? - Archie le respondió un poco confundido, tratando de seguir su tren de pensamientos.

Tú mismo llevaste a Albert con George, quien lo encontró fue Candy… o más bien el destino se encargó de reunirlos una vez más. - le respondió ella con serenidad.

Archie la observó sorprendido, si alguna vez había tenido duda sobre cuánto sabía ella de la vida de Albert antes de conocerla, le quedaba claro que lo sabía todo, él le había hablado de Candy. Ni siquiera preguntaría cómo conocía esa información, la respuesta era obvia, entre ellos no había ningún secreto y eso le dio la certeza acerca de ella.

George regresó justo en ese momento, como siempre era la imagen misma de la discreción, sirvió tres tragos y un vaso de agua para Rose, los acercó a la mesa y tomó asiento junto a los demás.

¿Qué te dijo? - preguntó Richard astutamente, sabiendo que George se disponía a darles una noticia.

Qué hay un rumor de que la mafia puede estar involucrada. - respondió George fijando su mirada en Rose.

Quería más dinero. - aseveró Archie.

No quería tratar con una mujer. - dijo Rose quedamente.

Ambos tienen razón, por un lado, si está incómodo con tener que rendirte cuentas a ti, y por el otro, por supuesto que piensa que un incentivo monetario podría hacer su trabajo más eficiente, pero, he seguido tus instrucciones y cesado sus servicios, debe quedarle claro a todos, que en ausencia de William tú tienes la última palabra.

¿Crees que debemos recontratarlo?

No, él es el investigador principal, por así decirlo, pero la gente que estaba a su disposición sigue siendo nuestra, y están enterados de todo, ya he pedido informes individuales, esta misma tarde te los haré llegar.

¿Qué hemos sabido de Terry? - preguntó Archie con recelo.

Sus razones para estar en Londres son válidas, y no ha habido movimientos sospechosos, si tiene una obra de teatro, su vida disipada la mantiene más o menos al margen y busca un poco de reivindicación…

¿De dónde obtuvo el dinero para producir la obra? Ya que según lo que comentan los medios, es el actor principal. - preguntó Rose.

Una viuda aristócrata francesa se lo legó, al parecer estuvo muy feliz con su compañía durante el último año, pero al fallecer en extrañas circunstancias que lo señalaron como el culpable, sin evidencias, obvio, toda su fortuna pasó a manos de Terry, es una herencia moderada, que permite vivir decentemente, y si la obra tiene éxito, tal vez algún día pueda tener una mejor posición - respondió George neutralmente.

¿Te lo has topado? ¿ha vuelto a molestarte? - preguntó Richard con seriedad.

Me lo he topado un par de veces, no se ha acercado, solo un gesto de reconocimiento, unas buenas tardes la segunda ocasión.

Tu escolta responderá en el momento en que se te acerque. –

Lo sé Archie, aun así, no me gusta que esté en Londres.

Podemos hacer lo necesario para que busque un nuevo lugar de residencia. –

No, es mejor tenerlo cerca que lejos por ahora. - le respondió ella con seguridad, estoy segura de que tiene que ver en toda esta situación, aunque finja no saber nada o ignorarlo todo, sólo espero que se equivoque y me conduzca a Albert, ya sabes quiero a mi enemigo cerca por ahora - menciono sin saber que muy pronto se arrepentiría de sus decisiones.

Siguieron planteando estrategias, y tomando las decisiones necesarias para la búsqueda de Albert, después de un tiempo, ella se retiró, la ausencia de Albert pesaba cada día más en su corazón, pero tenía la absoluta certeza de que él estaba con vida, sabía bien que la conexión que ellos tenían era única y que ese misterioso hilo del destino que los había reunido una y otra vez volvería a juntarlos, la pregunta era cuando, quería que fuera antes que naciera el bebé, quería que la viera embarazada de su hijo y sobre todo que no se perdiera nada de él, lo amaba y estaba desesperada por recuperarlo.

Rose tomó un sorbo de su taza de té, era la hora usual para el high tea y ese día lo tomaba a solas en uno de los salones de té más exclusivos de Londres, se encontraba sola, porque la compañía a veces era demasiado para ella, no tenía cabeza para charlar de trivialidades, y el excesivo cuidado y atención que su familia le prestaba le resultaba asfixiante en ocasiones, así que se había hecho el pequeño ritual de tomar el té a solas de vez en cuando, además, de esa manera evitaba rumores también, saludaba a conocidos, y después pretendía enfrascarse en la lectura de algún libro, como modo de defensa ante alguna señora interesada en entablar conversación o algún atrevido caballero, normalmente extranjero que no sabía aún que la hermosa pelirroja era una mujer casada, perdidamente enamorada de su esposo, aunque ese mismo esposo llevará seis meses desaparecido. En realidad, solo se dedicaba a pensar, algunas veces invocaba la imagen de Albert, otras, se devanaba los sesos intentando encontrar una explicación a la desaparición de él, estaba segura de que había sido secuestrado, pero el no tener una carta pidiendo rescate le hacía sospechar de las motivaciones de quien quiera que lo hubiese secuestrado, parecía más bien una venganza personal, y aunque Terry era su enemigo no había una sola pista que los llevara a él, además de que no podían descartar del todo a otras personas, un hombre tan poderoso como Albert no podía pasar por la vida sin enemigos, había quienes lo odiaban por su buena fortuna, otros envidiaban su posición, sus pertenencias, su mujer, y había tantos locos desquiciados en el mundo que no podían descartar todas las opciones.

Rose dio un sorbo más a su taza, un mordisco obligado al delicioso bocadillo que antes habría devorado de un bocado casi inapropiado, pero que ahora, al igual que todo lo demás le parecía insípido, comía porque debía hacerlo, primero por su salud y la de su bebé, segundo, porque Alex necesitaba una madre presente, ahora que el hombre que él idolatraba y consideraba su padre se encontraba ausente, y tercero, porque para poder seguir al frente de la familia, y de los negocios debía mantener la imagen de estoicidad, los ingleses no creían precisamente en las pasiones desenfrenadas, la compostura y las apariencias eran esenciales para seguir perteneciendo a la buena sociedad, especialmente para una mujer. Volvió la mirada a su libro, pero a los pocos minutos la presencia de alguien interrumpió su fingida concentración, ella alzó el rostro, algo en su inconsciente le había hecho sentir escalofrío, y cuando levantó la mirada, supo que ese algo era la característica loción masculina del hombre que tenía enfrente. Su escolta ya se acercaba discretamente, y con celeridad, pero antes de que pusieran una mano sobre el hombre él le dijo lo único que podía decir para que ella se dignara en dirigirle la palabra.

Mi lady, es conveniente que pida a su escolta que nos dé un momento a solas, tengo información que le interesa.

Nada de lo que tenga usted que decir es de mi interés señor Grandchester, así que sugiero que se retire por su propio pie antes de echar a la basura la reconstrucción de su imagen, al ser arrastrado fuera del salón de té más chic de Londres por mi escolta. - le dijo ella en voz clara, y sin rastros de nerviosismo.

Bien, tengo algo para usted, se lo entregó a su escolta, y estoy seguro de que usted misma me pedirá una audiencia en cuanto lo lea, sin embargo, le aconsejaría que no lo haga en público, puede ser perjudicial para su reputación. - le dijo él haciendo una exagerada reverencia y entregando un sobre al principal de los hombres de Rose, para después retirarse.

¿Mi lady? - preguntó el hombre pidiendo dirección.

Pueden retirarse Ralph, den aviso al duque, al señor Johnson y al señor Cornwell sobre este incidente, guarda el sobre por ahora, lo abriré en casa, gracias. –

Muy bien mi señora, con permiso. - dijo el hombre haciendo una profunda reverencia.

Rose era consciente de que ahora más que nunca debía permanecer imperturbable y completamente serena durante los siguientes 45 minutos que aún debía durar el té, ya que de no ser así los rumores se saldrían de control. Así que pidió que cambiaran su jarra de té porque se había enfriado, se obligó a tomar otro bocadillo y a continuar con su lectura.

Después de una hora, Rose se puso de pie, se despidió de los conocidos ahí presentes con una sonrisa, confirmó su presencia en un par de eventos sociales antes de salir del lugar como si el encuentro con Terry nunca hubiese sucedido.

Ralph…

¿Si, mi señora?

En cuanto me dejes en casa lleva un mensaje al duque y pídele que me conceda unos minutos esta noche por favor.

¿Si, mi lady, desea que también lleve un mensaje al señor Johnson?

No es necesario Ralph, el señor Johnson estará en casa con el señor Archibald.

Llegaron al suntuoso edificio que Rose llamaba hogar, no pudo evitar admirarlo, no por su lujo, sino por lo que significaba para ella ser la señora Andrew, por los recuerdos que habían construido juntos, porque en cada rincón parecía encontrarse con él, con su amado Albert, la casa ancestral no solo era el eco de cada generación Andrew que la había habitado, sino que la personalidad de su dueño se evidenciaba en pequeños detalles que había hecho posibles para ella, para su vida juntos como familia, tal vez imperceptibles para algunos, pero completamente cargados de significado para Rose que podía vanagloriarse no solo de conocer profundamente al patriarca, sino, de ser su alma gemela.

Descendió del auto y tomó de la mano de Ralph el sobre que este le extendía, caminó tranquilamente hasta el estudio de Albert, donde antaño había sido su costumbre acompañarlo mientras trabajaba, lugar en el que muchas veces se amaron hasta el cansancio, y que ahora en su ausencia se había vuelto una especie de santuario para ella, un lugar donde el fino cuero antiguo aún olía a él, donde las finas maderas, los colores oscuros, y los curiosos detalles hablaban del tipo de hombre que su amado esposo era, un hombre fuerte, amante de la naturaleza, altruista, amable, un completo caballero, un gran padre, el amor de su vida...tomó asiento en el enorme sillón orejero detrás del pesado escritorio de cedro y buscó en el primer cajón a la derecha la antigua daga oriental de oro macizo, cuyo mango estaba incrustado con piedras preciosas y que Albert utilizaba como abrecartas, porque había sido un regalo de su abuelo.

Sintió el contacto del frío metal con su piel, y el peso del valioso objeto, usó el filo para rasgar el sobre y escuchó como el papel cedía sin resistencia ante el afilado instrumento, observó el interior del sobre y su corazón se aceleró de tal forma que la sangre se agolpaba en sus sienes con un sonido retumbante, desde el fondo blanco un círculo dorado que ella conocía a la perfección la observaba, un mechón de rubio cabello y junto a él un trozo de papel en el que se adivinaban los firmes trazos de la amada caligrafía masculina.

Tomó con cuidado reverente el pesado anillo masculino, y trazó con suavidad las letras grabadas dentro de él, no habían puesto sus nombres, sino la frase gaélica Te amo. Si bien millones de pensamientos e ideas debían agolparse en su mente en ese momento, todo parecía suceder ante sus ojos en cámara lenta, tomó la hoja y el olor a él inundó sus sentidos, no era loción, sino su esencia, esa esencia que seguramente para otros habría sido imperceptible, pero para ella era intoxicante.

Era un trozo de papel corriente, algo sucio y arrugado, manchado por tinta, e incluso al parecer algo de sangre. Lo abrió con cuidado, y la primera línea la asaltó.

Querida Candy, amor mío…

Rose bebió cada palabra de amor destilada por la nota, la caligrafía era inconfundible y las palabras le eran conocidas, más que conocidas, las sabía de memoria, estaban grabadas con fuego en su corazón, la leyó una vez más, antes de que las implicaciones de la identidad del mensajero llegaran a ella y arrasaran su efímera alegría con rabia no adulterada. Ahora tenía las pruebas de quién era el culpable de su dolor, y definitivamente no estaba dispuesta a dejarlo pasar por alto. Estaba a punto de ordenar un auto para que lo levantaran y lo retuvieran como prisionero, esta vez estaba dispuesta a todo, y ese todo incluía terminar de una vez con la vida del hombre que se había dedicado a hacerle la vida miserable, quien le había robado todo, más de una vez, y a quien ahora quería destruir a como diera lugar. Lo haría hablar a golpes de sus hombres de ser necesario, lo odió como nunca había odiado a nadie, ya estaba a punto de salir en su búsqueda, no estaba aterrada, sino furiosa, dispuesta a sacarle ella misma la verdad acerca del paradero de Albert, no quería negociar, quería acabar con él.

Tomó su bolso, y se dirigió a la salida, pero al apenas atravesar el marco de la puerta chocó de frente con George.

- ¿Mi lady? - George la tomó del brazo para evitar que cayera y la llevó con él de vuelta al estudio.

- ¿Me espías acaso? - preguntó ella a quemarropa un poco sorprendida de la aparición repentina de él.

- No, mi lady, solo cuido de usted. - le respondió encogiéndose de hombros como si esto fuese lo más natural del mundo.

- Iba de salida. -

- En búsqueda de Grandchester. -

- George…-

- El deber de sus hombres es informarme cualquier situación de seguridad, cualquier contacto de él, y hoy hubo contacto, además de que envió un mensajero a pedir que Lord Grandchester viniera esta noche…-

- Bien, ya tienes la información, ahora si me disculpas, tengo asuntos que tratar. -

- Candy…-

Rose sintió como su corazón se detenía, por un momento, giró lentamente y clavó su mirada en la de George, intentó imprimir desconcierto en ella, pero la de él le dijo que no era necesario actuar.

Entró al estudio que apenas había dejado seguida por George quién cerró la puerta tras de sí y la observó tomar asiento. Era obvio que estaba tratando de organizar sus ideas, así que decidió sacarla de su miseria.

-No me lo dijo él, no me lo dijo nadie, pero hay ciertas cosas, sensaciones que se quedan grabadas en la mente de uno cuando se aprecia a la persona, además, lo conozco a él, y el brillo de sus ojos solo podía ser gracias a ti, ninguna otra mujer podría tener ese efecto en él. -

- ¿Alguien más lo sabe? -

- Yo no le he siquiera mencionado en voz alta hasta este momento, así que no sabría decírtelo, me ha parecido obvio que la Sra. Patricia lo sabe, sin embargo, aunque probablemente Archibald lo ha sospechado algunas veces, no creo que lo sabe de cierto. -

- Bien, ¿porque no puedo ir a ver a Grandchester? -

- Porque estás furiosa. -

- Él sabe dónde está Albert, él lo tiene. -

- ¿Puedo ver lo que te dio?

Rose le extendió el sobre, él lo tomó y lo leyó detenidamente antes de levantar la mirada y buscar en los ojos de ella lo que de sobra sabía planeaba hacer.

No puedes.

¿Acaso me estás prohibiendo algo?

Terrence no sabe que tú eres ella, este es un intento desesperado por llamar tu atención, lastimarte, para él, es un juego, un burdo intento de decepcionarte de Albert.

Terrence sabe dónde está Albert. –

Sí, estoy de acuerdo, pero, debemos ser más listos que él, ir con los guardaespaldas a darle la golpiza de su vida, es justo lo que está buscando, y precisamente por ello no puedo permitir que te arriesgues, Albert jamás me lo perdonaría… Que él sepa que tú eres Candy, y que tu hijo, el heredero del duque es su hijo en realidad, le dará justo lo que quiere.

No me importa la herencia, solo quiero a Albert de vuelta.

Lo sé, pero tú también sabes de sobra que esto va mucho más allá, él no estará contento hasta ver a mi muchacho destruido, y por lo que leo, está muy lejos de lograr eso.

Así que debo pretender caer en su juego.

Él esperará que le ruegues, que lo amenaces, verte amedrentada, emocional.

No lo haré George, me niego a que me vea así, no me rebajaré al nivel que él busca.

Entonces, debes ser más inteligente y planear perfectamente el siguiente movimiento.

Tienes razón, gracias por detenerme.

Ve a descansar un poco, nos reuniremos en un par de horas con Richard y Archie, no podemos evitar que lo veas, sin embargo, podemos dejarlo con la incertidumbre por un tiempo.

Terrence daba vueltas en su apartamento, llevaba horas esperando por ella, había previsto que ella entraría por la puerta hecha una furia, por supuesto que también había anticipado su llegada con los gorilas que la seguían a todas partes y por ello no estaba solo, sin embargo, ella no se había aparecido, no había siquiera enviado una nota… los matones lo miraban con sonrisa burlona, pero no se atreverían a decir nada. Terrence dio otro sorbo a su whiskey disfrutando de sabor ahumado en su paladar, cuando la puerta se abrió, por un segundo su mirada se iluminó pensando que había llegado su momento, pero la chispa murió al instante en que reconoció a la persona que acababa de entrar, los hombres que lo rodeaban se pusieron de pie al instante y salieron respetuosamente de la habitación, el aire mismo había cambiado.

Veo que la marquesa no se ha dignado en buscarte, llevas horas esperando por ella, tal vez ni siquiera leyó la nota que con tanto esmero pusiste al patriarca a escribir.

Vendrá.

Enviará uno de sus hombres para concertar una cita, no vendrá ella. O tal vez enviará a sus hombres para que te saquen la información necesaria de la manera adecuada.

Sí me ponen una mano encima se muere… No hay poder humano que me haga decirles dónde está.

Por supuesto que no lo habrá… Especialmente porque no lo sabes. - le dijo el hombre mientras tomaba la botella del añejo brebaje ambarino, que Terry había escatimado a los demás hombres, y se sirvió un generoso trago, observando cómo el conocimiento de lo que acababa de informarle hacía sentido lentamente en su alcohólicamente aletargado cerebro.

¿¡A dónde lo llevaste maldito?! - Terrence arrojó el vaso en dirección del hombre quien ni siquiera se inmutó.

Terrence, te advertí que sin dinero de tu parte no podías esperar que siguiéramos haciendo tu trabajo, así que comunícate de nuevo cuando tengas dinero que mostrarnos.

¡No puedes…! - Terry se abalanzó sobre él, pero se detuvo cuando sintió el frío del acero en su nuca, uno de los guardaespaldas había estado alerta todo el tiempo.

Puedo, y a menos que lo resuelvas habrá consecuencias, y por consecuencias no me refiero a que mataré a Andrew, más bien, me refiero a que podrás experimentar de primera mano todo lo que has planeado para él.

El primer golpe frío del metal, seguido por el dolor agudo del mismo sobre su nuca lo hizo tambalearse el segundo, lo sumió en la oscuridad. Cuando despertó fue porque un continuo golpe sordo se coló en su subconsciente, abrió los ojos, la cabeza le dolía de manera infernal, el cuello estaba tieso debido a la postura antinatural en la que había yacido por sabría Dios cuánto tiempo, trató de distinguir la fuente del molesto golpeteo y pronto se dio cuenta de que alguien llamaba a la puerta, de manera insistente. Se puso en pie como pudo, y se dirigió hasta ahí con pasos tambaleantes, abrió de un tirón sin saber muy bien qué esperar, una figura femenina envuelta en una capa lo hizo cantar victoria.

Mi lady, le dije que vendría. - le dijo él con seguridad.

Jajaja, veo que la borrachera aún no se te pasa querido, o ¿fue el golpe? - el tono de voz burlón y la risa le revelaron su error, la tomó por el brazo y la metió dentro del departamento con prisa.

¿Qué haces aquí? - le dijo sin soltarla apretando un poco más su brazo.

Pensé que te daría gusto verme… después de todo, hace meses que no estamos juntos. - intentó ella coqueta, tratando de relajarlo, le habían dicho lo que hicieron con él, y no era de extrañar que estuviera furioso, pero no podía negarse a visitarlo, había sido enviada con una misión, no había sido una pregunta, Gerald le había dejado claro que no debía despegarse del lado de Terrence, o la pasaría muy mal.

No tienes nada que hacer aquí, tu lugar es a un lado de Gerald, tu trabajo era mantenerlo contento, y al parecer has perdido el toque, porque no se veía satisfecho. ¿Acaso has olvidado cómo dar una buena mamada? ¡Lárgate, vuelve a su lado, que nada tienes que hacer aquí! –

¿Acaso no me extrañas? - intentó una vez más, aunque sabía que él estaba de mal humor, y odiaba no dar rienda suelta a su propio enojo, se encontraba atada de manos por el momento.

¿Extrañarte? ¿De cuándo acá eres tan cursi? Pensé que estar con un hombre como Gerald te quitaría las fruslerías de la cabeza. - le contestó mordaz. Lo cual por supuesto rompió en ella el último hilo de paciencia que le quedaba.

¡Eres un maldito Terrence! Y además un estúpido, porque al final del día una vez más te encuentras atado de manos y solo, Gerald es quien tiene a William y tú sigues pensando en la mujerzuela pelirroja. Acepté ir con Gerald porque tú plan debía funcionar, a estas alturas deberíamos ser inmensamente ricos, y en vez de eso somos rehenes de Gerald.

¡Porque no has hecho tu trabajo!

¿Mi trabajo? Te has dedicado a torturar a William inútilmente, o más bien a demostrar lo poco hombre que eres, sobre todo comparado con William Andrew… - la bofetada no se dejó esperar.

Ahora veo porque te envió Gerald, tendré que congraciarme con él nuevamente enviándote reeducada. - le dijo mientras la tomaba por los cabellos.

Anne sabía que estaba a punto de padecer vejaciones innombrables a manos de Terrence, pero no sería la primera vez, y temía más a Gerald que a Terrence, así que se preparó para resistirse y hacerle el mayor daño posible a él en el proceso, aunque de sobra sabía que tenía las de perder.

En un lugar desconocido.

Albert sintió que lo llevaban fuera, tenía los ojos vendados, iba completamente atado, y más de un hombre lo llevaba prácticamente a rastras, sabía bien que estaban armados, pero que en una pelea justa podría dar batalla. Lo llevaron a un lugar junto al mar, lo sabía por el sonido de las aves y el olor a sal que se colaba en su nariz, caminó por donde le indicaron, a veces tropezando con las rocas, iban subiendo por una escarpada pendiente, perdió la noción del tiempo, no supo por cuánto tiempo caminó, de pronto se detuvieron, le quitaron la venda bruscamente, dejando frente a él un paisaje digno de ser pintado, que en otras circunstancias le hubiese robado el aliento, el precipicio estaba a unos cuantos metros, los hombres le hicieron caminar hasta la orilla del mismo y ponerse de rodillas, Albert escuchó el arma cuando la amartillaron, y el frío cañón de acero que se hundió dolorosamente en su nuca, él abrió los ojos, y contempló sin temor alguno el horizonte. - Te amo, Candy. - pensó segundos antes de que el sonido del disparo rasgara el ambiente del lugar.