"Ama a todos, confía en pocos, no hagas daño a nadie"

―William Shakespeare

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— ¿Deberíamos llamar a la policía?

—Como si ellos pudieran hacer algo.

—Estoy buscando opciones, Jean. No deberíamos descartarlo hasta no intentarlo. Han pasado dos días desde que Mikasa fue secuestrada y el capitán fue tras ella.

—Kitwana volvió al campamento y no ha salido del cuartel Ranger. Su padre está molesto, pero no le ha dicho a nadie lo que hizo. Lo matarían por traición.

—Eso es lo que merece.

Armin iba a replicar cuando la estática de la radio fluctuó levemente, apenas perceptible.

—Aquí campamento Tchegera, cambio.

—A…a….

—¿Qué sucede? ¿Una transmisión?

—Debe ser el capitán tratando de comunicarse con nosotros. Ayúdame a estabilizar la señal.

Jean comenzó a mover y configurar las antiguas consolas de radio con la intención de depurar la señal del walkie tolkie.

—Aquí campamento Tchegera, cambio.

—Te co…pi…Te copio base, aquí Mikasa.

—¿Mikasa? —se miraron incrédulos y emocionados.

—¡Mikasa eres tú!

—¡Armin! ¿Dijiste campamento Tchegera?

—Dejamos Kibumba, el capitán creyó que era más seguro estar cerca del lago que mantenernos en la zona de gorilas. Me alegra que estés bien.

—Levi no lo está del todo, tiene una herida en la cabeza y me preocupa. Nos dirigiremos a Kibumba, espero que puedas conseguir equipo médico que a nuestra llegada nos auxilie.

— ¿Cuánto tiempo les tomará regresar?

—Dos días aproximadamente. No podemos caminar tan rápido, no tenemos comida ni agua inmediata. Pero nos la apañaremos.

—De acuerdo, haré lo que pueda y si no hay remedio seré yo quien revise su herida.

—Gracias, Armin, espero verte pronto.

Con la luz del sol entrando desde la cima del árbol el lugar se iluminaba de a poco y fue así como pudo observar sus "municiones". Encontró la radio con la que llevaba algún tiempo intentando establecer comunicación.

Levi seguía dormido, era lindo de ver, una imagen completamente distinta a la que había contemplado anoche. Una bestia en batalla, yendo siempre al frente, una bestia que había tomado su mano durante la persecución y que la había rescatado de aquel loco.

Ntaganda. Finalmente había conocido al enemigo. Había reconocido abiertamente ser el autor intelectual de su tentativo homicidio, no descansaría hasta matarla y la buscaría con mayor ahínco después de lo que habían hecho con el campamento.

En la madrugada observó con los binoculares cómo destruían lo que quedaba de su campamento y se marchaban en dos camiones nuevos. Realmente tuvieron poco que hacer, Levi se había encargado de mucho. Sonrió maliciosamente, nadie creería que un sujeto malhumorado que medía 160 cm fuese capaz de acabar con media centena de hombres armados hasta los dientes en su propio cuartel.

No escuchó a Levi moverse, cuando se dio vuelta lo encontró mirándola fijamente, quizá con un poco de resentimiento por haberlo noqueado.

―Pudiste al menos advertirme.

—Estás herido, no deberías moverte tanto.

—Estaré bien. —Se estiró, arrugando la frente por un casi seguro dolor de cabeza y miró con cautela por la pequeña ventana del árbol.

—Se fueron en la madrugada, en dos camiones nuevos. Aunque casi no quedaba nada decidieron prenderle fuego al resto.

—Tenemos que movernos, no tardarán en peinar la zona y podrían atraparnos.

—Básicamente iremos tras ellos, ¿No?

—Algo así, primero debo llevarte al campamento y luego iré por Ntaganda.

— ¿Tú solo?

— ¿Crees que no podría?

Después de su rescate, Mikasa difícilmente volvería a dudar de sus capacidades pero también era muy optimista creer que frente a ella estaba la respuesta a todos los problemas que amenazaban el parque.

—Me quedó claro que puedes hacerte cargo de los hombres malos con algunas bombas y armas, pero es más complejo que matarlos. El parque aún sigue amenazado y después de esto no creo que me quede más tiempo aquí.

—Yo creo lo contrario. —Levi dirigió su mirada hacia la directora. —No creo que existan tantas personas con la suerte de sobrevivir a los atentados, nadie puede acabar contigo y eso implica que seas la única apta para el puesto.

— ¿Está elogiándome, capitán?

—Puede ser. Ahora, levántate, tenemos que avanzar antes de que haga más calor y sea difícil será caminar.

Recogieron todo lo que quedaba y lo pusieron en la única mochila que quedaba, el resto se habían incinerado fungiendo de potro cuando Levi saltó la alhambra eléctrica.

No tenían más que dos cantimploras y una ya sólo tenía la mitad, a lo largo del camino debían prestar atención en las fuentes de agua. Levi creía que seguir el río era peligroso, pues los hombres se Ntaganda estarían por ahí sin duda. Tendría que pensar en otra forma de conseguir el vital líquido.

Antes de abandonar el enorme tronco detuvo a Mikasa poniendo una mano sobre su hombro:

—Lleva esto. —Le extendió la Glock y la sobaquera. — No importa si no sabes usarla correctamente, si llegamos a separarnos utilízala para amedrentar al enemigo y en el peor de los casos solo sostenla fuerte, de esta manera...

Mikasa aguantó la risa, Levi no tenía ni la menor idea de que sabía usar esa y otras armas. De lo contrario, no llevaría bajo el asiento de su auto una AK-47, pero dejó que él continuara con su explicación. No se opuso cuando tomó sus manos desde atrás y le enseñó a sujetar el arma. Sintió la ligera ruta del aire entrando y saliendo de su boca mientras hablaba, golpeando su nuca desnuda y estuvo tentada a cerrar los ojos debido a la agradable sensación que eso le producía. Debieron enseñarle de esa manera cuando tomó el curso de tiro en la academia de policías.

—Ahora solo tendrías que jalar el gatillo.

—Bien, profesor, pero ¿por qué tú llevas ese fusil y yo está tan pequeña?

Levi estableció nuevamente la distancia.

—Porque cuando la necesitáramos no podrías accionarla como pasó en el campamento.

Mikasa no pudo reprimir el estremecimiento ante el recuerdo de Levi siendo golpeado por Nami, la cinta alrededor de la cabeza de él solo había más evidente que no era un golpe cualquiera, el agobio en su pecho estaba ahí otra vez.

—Está bien, llevaré está. ¿Aun te duele mucho?

—No tan mal, esas hierbas que me diste anoche ayudaron bastante.

—Pero no podemos usarlas de día.

—Sí ahora lo sé y no porque me lo hayas dicho, evidentemente.

—Lo siento, dudo que hubieses aceptado si te decía lo que sucedería.

—Tch, como sea, vámonos ya.

Bajaron la colina y se adentraron en el valle, avanzaron entre el denso follaje, Mikasa no había podido secar del todo sus pantalones, caminar con la ropa húmeda era un peso extra, optó por sujetar lo más fuerte que pudo la manta cortada y mantener su aspecto monacal. Levi no hizo comentario alguno, su rostro volvía a ser una careta parca y ella no estaba del todo segura cual de todas las facetas prefería: hasta ahora solo había contemplado tres, ninguno lo suficientemente convincente para perdonar que hubiese mentido con respecto a sus intenciones. Ahora sabía que no era más que un agente encubierto de la CIA o el FBI probablemente, ya ni siquiera estaba segura de que perteneciera al ejército.

El crujido de las hojas intensificándose la sacó de sus reflexiones, algo grande se acercaba. Él le hizo señas, para que se ocultaran tras una gran roca. Lo hicieron justo antes de que una figura oscura pasara a su lado quebrando la maleza, corriendo sobre sus cuatro patas.

—¡Pomme de terre! —Mikasa ahogó la oración a medio camino cuando la emoción le dejó la boca abierta: era el gorila que buscaban, podía reconocerlo por aquella mancha blanquecina de forma peculiar en su espalda, algo como un corazón.

Tres balas pasaron arriba de sus cabezas, Levi echó tras de sí a Mikasa y cargó con la semiautomática. Al ruido de brutas pisadas sucedieron las figuras de 5 hombres que corrían en la misma dirección que el gorila.

No vieron a los fugitivos, ellos no eran su presa.

—Es él, el gorila que buscábamos, ¡Está vivo, pero no por mucho tiempo si no los detenemos…

—Es mala idea, nos superan en número y tienen armas mejores que las nuestras.

—Pero…

—Nada, mi misión es llevarte a salvo y eso es lo que haremos. Sigue caminando...

No pudo detenerla, Mikasa salió corriendo tras la pequeña multitud. Levi maldijo entre dientes y la siguió.

— ¡Atrápenla! —Los hombres seguían lanzando disparos, corriendo, hasta que una inmensa pared de roca se levantó frente a ellos y el gorila. No había más camino.

—Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ¡Es nuestra!

El animal no separaba los brazos del pecho, Mikasa que los había alcanzado y se ocultaba tras un gran árbol observó con mayor detenimiento: ahí debaj

o de las grandes manos, dos pequeños ojos brillantes se distinguían de una bola de pelos. Pomme de terre tenía una cría.

Los hombres rodearon al animal, sin dejar de apuntarle con sus armas. Mikasa tentó la Glock en la sobaquera no abrochada, eran cinco y no tenía idea de cuántas balas le quedaban. ¿Y si fallaba? ¿Y si era demasiado lenta?

Ponme de terre mostró la dientes, los hombres retrocedieron un paso cuando la vieron abanicar su brazo sobre su cabeza, luego tomó a su cría y la posó en su espalda. Mikasa ya había sacado el arma y comenzaba a afianzar el agarre cuando otra mano sujetó la culata.

Levi la miraba en silencio, negando lentamente. Mikasa le devolvió la mirada, tratando de transmitirle su respuesta: no iba a ceder, tenía que hacer algo, por el animal, por el parque, por Sasha. El agarre de Levi era fuerte, tanto que ella tuvo que tirar con más fuerza, golpeando una rama que se agitó tenuemente, lo suficiente para hacer ruido.

―Qué fue eso…

Apenas uno de los hombres giró la cabeza, el animal se abalanzó sobre él. Dos de ellos quisieron ayudar a su compañero pero la ráfaga del fusil de Levi los atravesó, Mikasa disparó al otro que en medio la de la conmoción se había paralizado. El último continuaba peleando con el gorila, usando su rifle como escudo ante las feroces fauces del animal que se abrían con cada rugido.

El ambiente apestado por la pólvora mareó al soldado haciendo necesario que se apoyase en un árbol.

Mikasa no sabía qué hacer, si ayudar a su compañero o dispararle al cazador. Tenía miedo, no confiaba en su puntería y si fallaba, mataría a ambos o peor aún: a la cría que se aferraba fuertemente al lomo del macho joven que de pronto pareció reconocerla.

Habría deseado que nunca lo hiciera; ese segundo de descuido fue empleado por el furtivo para girar el arma y apuntar al pecho del animal.

Levi recargó su espalda sobre el tronco y levantó el fusil pero no se atrevió a disparar pues de pronto veía un doble de cada cosa que miraba, un molesto zumbido en sus oídos le impedía concentrarse y cada que lo intentaba un atroz dolor de cabeza le sucedía, como si le partieran la cabeza.

―Dispara, hazlo, Mikasa…

Hubo una detonación. Pomme de terre miró al furtivo y luego sobre su cabeza, encontrándose con los ojos de Mikasa: los oscuros y profundos ojos marrones brillaron con una intensidad que nunca había visto y luego… se apagaron.

El hombre trastabilló sobre sí, apoyó sobre sus rodillas y empujó al frente, deshaciéndose del cuerpo negro que antes arremetía en su contra.

Mikasa quiso gritar, pero no encontró su voz, estaba conmocionada. Se quedó mirando el cuerpo del inmenso animal que alguna vez acunó entre sus brazos hace algunos años cuando era mucho más joven.

―Bestia inmunda, ―el hombre no pudo patear el bulto sobre la tierra pues pasada la adrenalina reparó en Mikasa que aun sostenía la pistola en alto. Se dio cuenta de que aunque estuviera armada, no parecía en sus cabales, era una buena oportunidad de aventajarse ― ¿qué tenemos aquí? ¡Suelta el arma! ¡Levanta las manos, perra, hazlo!

Los gritos parecieron traer de regreso a la directora pero no del todo, cuando el furtivo quiso amenazar de nuevo fue sangre lo que salió de su boca pues Levi había disparado aun sentado desde el árbol.

―Ey, mocosa… ―La directora reaccionó parpadeando levemente―baja el arma, ya todo terminó.

—Fue mi culpa…― Se dejó caer, soltó el arma y apretó sus manos sobre sus rodillas. Comenzó a llorar en silencio, alargando su mano para acariciar la cabeza del animal. ―Era un bebé cuando lo encontramos y le prometimos que todo iba a estar bien y ahora está muerto, como todo dentro de poco. Debí ser más rápida, debí evitarlo…perdóname, Pomme, perdóname Sasha…

—No eres una súper mujer, aunque lo parezca, aunque hayas tenido que creerlo desde hace mucho―Levi se puso de pie y caminó hasta ella. ―No siempre está en nuestras manos el salvar a alguien, de hecho casi nunca lo está, no fue tu culpa. ―puso su mano sobre el hombro abatido ―Ahora levántate, debemos seguir, los disparos debieron escucharse a kilómetros, nos están buscando y esto parece un claro aviso de que seguimos aquí. Volverán con refuerzos. Las balas que me quedan no serán suficientes para el arsenal que cargan.

— ¡No podemos dejarlo!

—Ah, ¿vas a cargar el cadáver de un animal de más de 200 kilos por toda la jungla? No lo creo. Vamos.

— ¿Cómo puedes ser tan desalmado?

—Créelo si así lo quieres, me pagaron para evitar más muertes en este lugar y eso es lo que trato de hacer. ―Levi miró a su alrededor, algo estaba mal porque claramente no estaba logrando su objetivo. ―No voy a permitir que la directora del parque muera durante mi turno. Pero tampoco puedo hacer que dejes de ser una necia, haces más difícil todo.

Ambos miraron en la misma dirección, cuando un pequeño rugido llamó su atención. Era la bolita de pelos por la que tanto había peleado el macho. Mikasa fue la primera en acercarse, tomando un poco de hierba que le extendió, con delicadeza. El pequeño gorila miró con curiosidad, a ambos, alternando su cabeza entre las dos figuras, enseñando sus dientes tan letales como el de un humano pero nada comparados a lo que serían si llegaba a adulto. Al cabo de unos minutos decidió aceptar la comida y así Mikasa se atrevió a posar su mano sobre la cabeza de la cría que al momento se retiró pero pronto regresaría gateando hasta el regazo de la directora.

―Creyeron que Pomme era una hembra, por la manera tan fiera en te protegía ¿quién eres tú, pequeño?

―Nos vamos, anda. ―Levi prefirió ignorar la escena, dio un paso pero sintió un tirón sobre la tela de su pantalón.

―Si no puedo llevarme a Pomme, lo llevaré a él.

―No es negociable.

―No voy a dejarlo aquí, es aún muy pequeño para sobrevivir solo y con esos hombres por aquí…

―Los mismos hombres que nos persiguen y van a matarnos si no nos damos prisa…―Levi llevó su mano a su cabeza a la vez que una mueca de dolor se instalaba en su rostro.

Mikasa tomó al animal que la miraba con suma curiosidad y que al sentirse elevado pataleo un poco a la vez que lanzaba quejidos débiles. Levi no se veía bien, le daría tregua, al menos hasta que llegaran al campamento.

―Debemos irnos, es verdad, pero él irá con nosotros.

El soldado miró como caminaba con la cría en brazos, no sin antes dirigirle una mirada tenaz advirtiéndole que no había manera en que aquello no sucediese. Levi recogió la Glock y caminó, refunfuñando, tras ella.

El enfrentamiento se había dado al medio día, aunado a la caminata, la deshidratación avanzaba y no supieron si sentirse agradecidos o en problemas cuando las gotas impactaron las hojas y luego sus cabezas.

―Por allá. ―avistaron un escondrijo entre enormes piedras. Ahí no se mojaban, aunque no llegaron del todo secos.

―Mierda, no recogimos leña. ―Exclamó Levi.

―Tampoco es que tengamos encendedor.

Él sabía que el fuego les ayudaría a secarse y también ahuyentaría a los animales, pero no tenía idea de cuan cerca estaban sus captores y no quería darles su ubicación así que no era tan malo el carecer de una fogata. Después de todo, cuántas personas debían rondar por esos lugares, Mikasa le dijo que faltaba realmente poco para llegar al campamento y que a menos de 10 km había una caseta vieja de alguna expedición antigua, quizá no había comida pero serviría para descansar un poco.

La lluvia les había impedido llegar, por ahora tendrían que conformarse con las piedras. La lluvia oscureció el cielo y pronto la tarde parecía más la noche, un rayo iluminó la jungla como si fuese de día y el trueno sacudió el suelo. El animal se asustó y quiso salir de los brazos de Mikasa, quien lo sujetó aun más fuerte, pronto asi se acurrucó.

Levi tomó una gran hoja que ya acumulaba agua en su interior, bebió un poco y la pasó a Mikasa, inclinando la hoja con delicadeza pues ella no podía tomarla con sus propias manos.

― ¿y el animal? ¿No quiere?

―Justo ahora está más preocupado por los truenos. Después le daremos. Gracias.

Sentados unos al lado del otro, mantuvieron un breve silencio observando la lluvia.

― ¿La lluvia amainará pronto? ―preguntó Levi, que había estado en muchas selvas pero sabía que cada una era distinta.

―Es posible, aun no es temporada, aunque últimamente hemos notado inusuales cambios en el clima. Hace calor cuando no debería, no llueve cuando esperamos…la gente y los animales lo padecemos. ―La cría comenzó a mascar la tela del vestido de Mikasa, que gentilmente la retiraba de su boca, intentando no despertarlo. ― ¿Podrías alcanzarme un poco de esas hierbas?

Él asintió y con un cuchillo que sacó de su bota izquierda, cortó un tanto.

―Toma.

―Gracias.

Ahí estaba otra vez, el silencio instalándose cómodamente. Levi abrió la cantimploras y las dejó llenándose con el goteo de unas amplias hojas iguales de las que había bebido. De las bolsas de su pantalón militar sacó balas, acto seguido comenzó a llenar los cargadores del fusil y la Glock.

―Gracias ―hizo una pasa prolongada cuando escuchó la voz de ella, clara, audible pese a la lluvia que incrementaba en su fuerza.

― ¿Por qué?

―Por salvarme, no lo había dicho apropiadamente.

―Yo también te debo las gracias, por lo de la otra noche.

―Sí, lamento el haberte noqueado pero luces realmente bien cuando estas dormido.

Antes de que Levi pudiese sonreír con sorna, un ruido captó su atención, endureciendo su semblante. Levantó su mano, pidiendo silencio, los músculos de ella se tensaron. "Otra vez no, otra vez no" pensaron. No habían comido desde hace casi dos días y todo el desgaste que implicaban las batallas pasadas estaba por cobrarles factura.

Con sutileza tomó el fusil y se colocó delante de todos. Su posición no era buena, estaban acorralados en esas piedras, pero si tenía que pelear lo haría hasta el último momento.

Miraba con detenimiento, todo a su alrededor. Justo cuando pensaba que no había sido más que una falsa alarma, vio el movimiento de las hojas de nuevo.

Desde la oscuridad cada vez más densa, Mikasa vio a Levi moverse: tomó el barro y se lo untó en los brazos y el pecho descubierto, la espalda hasta donde sus manos se lo permitieron y así cubierta su blanca piel, se agazapó con la intensión de salir del escondrijo. Quiso decirle que no lo hiciera porque otra vez sentía en su pecho la angustia de verlo irse y no regresar. Pero no podía moverse, o el bebé gorila se despertaría y entonces complicaría más la situación.

No le quedó más que asentir levemente cuando él la miró antes de salir y pedir que regresase sano y salvo.

El soldado sabía que bajo la lluvia no duraría mucho su disfraz, tenía que hacerlo al menos hasta que llegase hasta donde el intruso. Bordeó un gran árbol y lo encontró: un hombre agachado al lado de unas enredaderas. Se acercó sigiloso, el barro empezaba a caerse y con la punta del fusil tocó la espalda del intruso.

―Levanta las manos y date vuelta despacio. ―de pronto a Levi le asaltó una débil sospecha sobre la identidad del individuo pero no por ello dejó de ser sorprendente el confirmarlo. ―Kitwana, ¿qué demonios?

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