Hola hermosas, gracias por su calurosa acogida, por cada una de sus lindas palabras, cumplo fielmente, he aquí un capítulo más, espero que lo disfruten.

Bienvenidas las chicas nuevas que acaban de descubrir esta historia, son muy afortunadas de no tener que esperar los siglos que esto ha tomado.

C. sabes que todo esto es solo posible por ti.

Cuídense, les mando un abrazo y mil bendiciones.

KeyAg.

YNTE 30

¡Juraste que no ibas a tocarlo! -

Sabía que su voz había sido demasiado alta, pero no le importaba, estaba harta de todo, por el momento estaban solos en el enorme parque, pero eso podría no durar mucho tiempo.

Jajajaja, así que además de todo, ingenua, no tengo porque darte explicaciones. - la sonora bofetada que cruzó el rostro del hombre dejó una roja marca, pero él ni se inmutó siquiera. Solo la miró fijamente y le dijo en voz tranquila.

En poco tiempo tus gorilas no podrán acompañarte dentro de nuestra habitación, y ahí es dónde me cobraré cada uno de tus desprecios, e insolencias, aprenderás a ser una esposa sumisa, complaciente y obediente.

¡Jamás!, nunca seré tuya de ninguna manera, además te recuerdo que mis hombres no se irán de mi lado sin importar que un papel diga que soy tu esposa.

Seguro te parecerá interesante, entonces, que el bastardito de mi padre por fin aparezca, tal vez flotando por el Támesis. -

Rose lo miró con enojo mezclado con temor, odiaba sentirse tan impotente, tan en sus manos, tres meses atrás se había aparecido para informarle que Albert estaba muerto, y que si no quería que Alex, quien misteriosamente había desaparecido también, corriera con la misma suerte debía hacer todo lo que él le dijera.

Vete, estoy harta de escuchar tus amenazas, y más te vale que en el momento en el que firmemos Alex aparezca, bien y con vida, porque de no ser así, tendrás que dormir con un ojo abierto el resto de tu corta y miserable vida Terrence. - su volumen era bajo, cualquiera podía llegar de imprevisto al lejano sector del parque en el que se encontraban. –

Dios, eres deliciosa, sobre todo cuando estás furiosa, se te notan más las pecas, ¿lo sabías?- el tono lujurioso de su voz hacía que su piel se erizara por el disgusto - Mi querida marquesa, dentro de poco seré quien maneje las fortunas Andrew y Grandchester, como tu esposo primero voy a gozarte por un tiempo, te haré cosas que no tienen nombre todavía, te voy a poseer por todas las partes de tu cuerpo y luego cuando me canse de usarte como mi juguete sexual, voy a encerrarte en una clínica de reposo, alegando que debido al dolor de la muerte de tus hijos, no te encuentras bien, y entonces simplemente me dedicaré a darme la gran vida, claro que de paso desapareceré del mapa al resto de los Andrew. –

¡Nunca podrás conmigo, con mis hijos y con Albert, eres un ser despreciable que no tienes honor! - no era un reclamo en sí, solo una afirmación de algo que hacía mucho tiempo ella sabía.

Honor ¿de qué me hablas? ahora resulta que la amante de mi padre, la puta más fina de la alta sociedad de Londres tiene honor … no me hables de lo que no entiendes, nadie mi querida marquesa tiene honor, ni mi madre, ni mi padre, ni siquiera tu cornudo esposo lo tenía, debo admitir que él era mejor hombre que algunos, hasta se ofreció a volverte una dama y a reconocer a un bastardo para darle dignidad a mi apellido, alguna vez fuimos amigos, ¿lo sabías? - de pronto su voz era lejana, hablaba de un tiempo pasado que hacía toda una vida ya no era su presente, aunque de una extraña forma nunca había dejado de ser su realidad, por ella lo había perdido todo.

No me interesa escucharte. – su voz era calmada, pero evidenciaba el desprecio que sentía por él, sin embargo, Terrence pareció no escucharla.

Nuestra amistad se fue al diablo por una mujer… mi mujer, él me traicionó al fijarse en ella, al tratar de hacerla suya mientras esperaba a mi hijo, y mi venganza ahora es quedarme con la de él además de hacer pagar a su supuesto hijo, claro, que si debo ser honesto, ella era una verdadera mujer, yo fui su primer hombre y valía mucho más que tú, que te has revolcado con toda la alta sociedad de Inglaterra, Francia y hasta mi padre. Albert lo sabía perfectamente, sabía que tú eras una meretriz muy fina, ¿es que acaso no recuerdas su última carta? ¿Qué nombre estaba escrito? - la pregunta delataba lo que ella ya sabía Albert había siempre protegido su identidad. La carta había sido dirigida a Candy, porque Terry así lo había exigido.

Ella simplemente lo miró con desprecio y un toque de burla que lo irritó por no lograr que manifestara ninguna emoción cuando hablaba de él y de Candy, su completo silencio e impasibilidad, lo molestaba mucho más si es que eso era posible, la tomó del brazo con fuerza, escondiendo la agresión con el cuerpo para que sus guardaespaldas no se dieran cuenta.

¡Suéltame! ¿Qué quieres? - el dolor no le era desconocido, pero eso simplemente la enfurecía más.

Ver tu decepción por él, saber cuánto te duele enterarte de que sus últimos pensamientos no fueron para ti, que tú solamente fuiste el repuesto, la mujer con la que se casó porque fue conveniente para los intereses de los Andrew pese a saberte amante de mi padre y que lo único que tú eras para él, siempre fue una bonita cara y cuerpo que le evitaban el dolor la ausencia de ella y el fracaso de saber que ella fue solo mi mujer y que nunca lo amó de verdad. - la saña en la voz era innegable, pero ella le respondió con enloquecedora calma, algo que Terrence había llegado a odiar en Albert durante su cautiverio.

Entiende que nada de lo que digas puede dañar la imagen de él, nada, sé que me amó como a ninguna otra mujer de su pasado que fui su único y verdadero amor, que Alex lo reconoció como a su padre desde que lo conoció, que él le dio su apellido por amor, que nuestro hijo es producto del amor más maravilloso que puede existir entre dos personas que se aman, se respetan y se conocen, sabes Terry no me importa que nombre estuviera escrito en esa carta o que no haya habido ninguno, cada una de esas palabras eran para mí, y las tengo grabadas en mi corazón, sin importar lo que tengas que decir, estoy aquí, escuchando tus impertinencias, por la vida de mi hijo… es la única forma en la que puedes tener algo de mi atención y minutos de mi tiempo, eres por demás estúpido, ya me has demostrado que no tienes palabra, mataste a Albert, pero te juro que pagarás por ello, aunque me cueste la vida, debes saber que si sigues vivo aun es solo por Alex, pero te aseguro que nadie tiene más ganas de que estés muerto que yo, me harté de ti y en cuanto sepa dónde está mi hijo voy a asegurarme de que pagues muy caro todo lo que nos has hecho pasar, así que quien va a necesitar protección de ahora en adelante no seré yo, nunca sabrás si la siguiente copa de whisky que tomes estará envenenada, o si tu siguiente bocado será el último, si te atreves a vivir en mi casa o me obligas a ir contigo, la realidad es que, deberás vivir viendo por encima de tu hombro, sabiendo que un día vendrá el ataque que acabe con tu vida, no podrás comer nada en casa sin tener dudas, siempre habrá alguien que te aceche voy a robarte la paz que me has quitado, tú no me conoces, no soy la pacifista amorosa que crees, ni tampoco una estúpida mujer indefensa, la vida me ha enseñado ciertas cosas y tú no sabes lo que es capaz una mujer que ha perdido todo. Si insistes en la farsa de matrimonio al que pretendes obligarme el que va a vivir con temor de no amanecer cada día vas a ser tú, así que por última vez y antes de desatar el infierno, hablemos por las buenas y dime dónde está mi hijo de lo contrario voy a encargarme de que no tengas paz y que tu muerte sea lenta, dolorosa, terrible y miserable. - Terrence solo sonrió impúdicamente ante su amenaza.

Tendrás que demostrarme tus habilidades, querida mía… estoy ansioso por tener tus manos en mi cuerpo haciéndome daño, estoy más que seguro de que lo disfrutaré, pero, permíteme seguir ilustrándote, tu querido esposo no es el hombre honorable que crees, ¿sabes que me lo ofreció todo a cambio de su vida?

A él no le importaba el dinero, por supuesto que te lo ofreció todo, eso no es sorpresa. -

No se trata solo del dinero, claro, al principio fue dinero, un poco, después más, hasta que llegó un punto en que me lo ofreció todo, tú no fuiste el límite querida, no solo la fortuna personal, sino también la de los Andrew, y por supuesto la de los Grandchester.

Si lo trajeras con vida, te lo daríamos todo sin dudarlo un segundo. –

Aquí viene la parte interesante, al final de sus días, también te ofreció a ti y a tú hijo, ¿te has puesto a pensar que tal vez, esa fue la oferta necesaria para su liberación? A lo mejor soy un hombre taaan generoso que decidí dejarlo libre, y tal vez, ahora él es lo que siempre soñó ser, un vagabundo sin responsabilidades, tú estás aquí jurándole amor eterno, y venganza, cuando quizá, fui lo mejor que le pudo pasar, le di la oportunidad de ser libre, y a cambio, generosamente él me entregó todo, incluida a ti. Deberías considerarlo, y bajarlo de su pedestal.-

Eres un insecto ponzoñoso, me has obligado a ver las fotografías muchas veces… - le respondió ella con ira apenas contenida, reprimiendo en lo más profundo de su ser el deseo de escupirlo, estaban en un lugar público, así eran todos sus encuentros, ella aceptaba porque no toleraba estar en un lugar solo con él y él lo exigía como medio de legitimizar su imagen.

Debo recordarte periódicamente que estás sola, no hay, ni habrá quien te salve, y de paso, tomas conciencia de que conmigo no se juega, soy capaz de todo, y si pude con un hombre "poderoso" como William, ¿qué crees que podría sucederle a tu par de indefensos e inocentes engendros? ¿O a una indefensa viuda como tú en un mundo regido por hombres? –

No necesito de un hombre para que me defienda, no me conoces, no sabes quién soy, ni todo lo que he sobrevivido… pero no deseo seguir escuchándote así que me retiro. - el intento de alejarse fue ahogado por el cruel agarre de él.

Aún debemos pasear por media hora más y sonreír amablemente a las viejas matronas que se encuentran a nuestro alrededor, además, al final deberás darme un casto beso y sonreírme con adoración, recuerda, ahora el mundo piensa que somos la pareja perfecta, tú, la hermosa viuda con dos adorables pequeños que ha tenido mala suerte en el amor, y yo, el legítimo heredero del duque, el hijo que él siempre ha amado en secreto, y que hasta ahora se atreverá a legitimar por medio del matrimonio contigo. - le dijo con voz melosa que helaba la sangre, lo decía con convicción, con intención, como una historia aprendida de memoria y anhelada por tanto tiempo, que ha dejado de ser una fantasía y se ha convertido en una realidad.

Quiero ir a casa, no me siento bien. - respondió ella con voz lánguida y cansada justo al tiempo que un par de matronas se cruzaba en su camino, por supuesto lo había dicho lo suficientemente alto como para que el par de mujeres que no temían al mismo diablo se detuvieran junto a ellos.

Señor Grandchester, buenas tardes, Lady Rose no tiene buen aspecto, lo mejor será que la lleve a casa. - le dijo la primera de las mujeres con imperioso tono de voz, era claro que Terrence no le gustaba, y no le importaba lo que el mundo dijera, el mozalbete era un creído que debía ser puesto en su lugar.

¿Querida, quieres mis sales? - preguntó la segunda, ambas haciendo a un lado a Terrence que como buen caballero debía pretender paciencia y deferencia ante la irrupción del par de metiches mujeres, por supuesto que estaba furioso, no tenía duda de que Rose actuaba y de que lo había hecho a propósito.

Gracias Lady Cornelia, creo que si las necesitaré. - le respondió Rose mientras las mujeres la guiaban a un banco del parque para ayudarla a tomar asiento, por supuesto que en ese momento su dama de compañía y sus guardaespaldas ya estaban junto a ella. En un par de minutos se encontró cómodamente sentada en los mullidos asientos de su auto, las mujeres se despidieron, y su dama se disponía a abordar.

Gretel, dame un par de minutos con mi prometida. - le dijo Terrence en un tono de voz que no dejaba lugar a réplicas.

Sí, milord. - respondió la asustadiza joven que sin duda conocía de sobra tanto el mal genio del hombre como los rumores que corrían entre la servidumbre.

Terrence abordó el auto bajo la vigilante mirada de los guardaespaldas, que sin duda esperaban un día lanzarse en su contra cual perros de caza.

Te crees muy lista.

No sé de qué hablas.

Sé perfectamente que todo lo anterior fue un teatro con la intención de regresar a casa junto al engendro.

He cumplido con mi parte, te vieron en público conmigo y todos te creen el prometido perfecto, no sé qué más quieres. Sólo te quiero advertir que si insistes con esta farsa te mataré y no sabrás cuando, si insistes en casarte conmigo y estar en mi casa seré viuda más pronto de lo que crees, tal vez sea mala suerte pero te juro que no llegaremos ni a la noche de boda, así que desiste de todo, en público los dos sabemos que tenemos que contenernos pero en privado el que necesitará protección de mi serás tú, no lo dudes querido, nunca lo dudes.

No puede volver a suceder esto.

¿Por qué sí no que?

No querrás que la gente murmure que tus malestares son porque pronto darás a luz a un nuevo bastardo. –

No me importa lo que la gente piense de mí, no puedes humillarme más Grandchester, ese es el problema me lo has quitado todo, en este momento no tengo nada más que perder, no me puedes quitar nada más, piensa en eso cuando te vayas, sin nada que perder, no hay que me detenga, pretender ser tu pareja es ya la máxima humillación.

JA JA JA, querida, conoces muy poco este mundo al parecer, te has topado con muchos hombres idiotas, créeme hay lugares mucho más bajos a los que una mujer puede ir, tal vez debieras hablar un día de estos con una querida amiga mía, seguro ella podrá ilustrarte.

No me interesa hablar con alguna de tus queridas.

La conoces, es la antigua señora Cornwell.

Terrence, es inapropiado que estés en el auto conmigo por más tiempo, no querrás dañar tus propios planes, lárgate y no vuelvas a llamarme a menos que sea para darme información de mi hijo, la próxima vez que te vea sin noticias de él, podría ser la última, así que piénsalo bien antes de volver a sugerir que nos veamos en público o en privado, si no hay nada más que decir, lárgate de mí vista y no vuelvas a buscarme hasta tanto no lleves a Alex contigo y si te atreves a seguir pensando en este absurdo matrimonio ese día será el último de tu miserable vida, así sea también el mío, te juro que el día de la boda será el de tu muerte maldito desgraciado, ahora desaparece de mi vista que tu presencia me llena de asco y todo lo que puedo pensar es en la mejor manera de verte morir.

El descendió, lanzando una carcajada que le hacía saber lo vanas que le parecían sus amenazas, su dama de compañía abordó el auto, y el motor fue echado a andar por su chofer, ella cerró los ojos, siempre terminaba agotada después de sus encuentros con él, lo único que anhelaba era regresar a casa y tomar a su pequeño Will en brazos. Cerró los ojos, no quería ser molestada, si tan solo cerrar los ojos le permitiera dejar fuera la pesadilla que habían sido los últimos meses.

Pero no podía acallar sus pensamientos, Terrence le había revelado algo que no podía pasar por alto, Anne estaba con él, no había duda de que ellos habían sido los responsables del accidente en el que Patty en el que casi pierde a su bebé… no había sido la imaginación de Patty que la mujer que la había empujado por las escaleras de la ópera había sido Anne...

London Opera House meses atrás.

Patty caminaba pausadamente entre la gente, era el final del intermedio, así que todos se apresuraban a regresar a sus lugares, pero ella había tenido una necesidad fisiológica de último minuto, y debía andar contra la corriente, Archie se había ofrecido a acompañarla, pero el presidente de la casa de los lores se había acercado en ese momento, y aunque Archie no tenía miramientos en pedirle que esperara o hiciera una cita, Patricia comprendía perfectamente la precaria situación en la que se encontraban como familia con el patriarca desaparecido. Así que había sonreído encantadora y discretamente había dejado saber a Archie que ella volvería en unos momentos.

Su largo vestido se enredó un par de veces, pero no hubo más dificultad, estaba cansada y tal vez hubiese preferido ir a casa, pero todos llevaban su parte de compromisos sociales por el bien de la familia y los negocios, y esa noche les había correspondido a ellos.

Llegó sin contratiempos al tocador de damas, y se tomó su tiempo, amaba la música, pero esa noche no se sentía a gusto, sino más bien cansada, su embarazo no era muy avanzado, y casi no se notaba, sin embargo, la pesadez típica de su estado la embargaba.

Contempló su imagen en el espejo, se veía hermosa, el elegante vestido azul marino con negro era una obra de arte, y su cabello recortado a la moda ostentaba un vistoso tocado de plumas. La fina armazón de carey de sus lentes enmarcaba su rostro armoniosamente y le daba cierta personalidad, pero sobre todo era tan dichosa que no podía evitar que cada poro de su ser lo reflejara, a pesar de las preocupaciones y de todo lo que aquejaba a la familia en esos momentos, ella agradecía cada día encontrarse al lado del hombre que amaba, y llevar su hijo en su vientre. Se miró en el espejo una vez más, y acomodó su vestido. Cuando salió la muchedumbre se había retirado, el hermoso recinto se encontraba vacío, en el aire flotaban las dramáticas notas de la obra, la soprano elevaba su voz angelical y el tenor respondía.

Patricia se quedó un momento más disfrutando de la calma, adentro siempre había murmullos y eras observada, pero aquí afuera, en este raro momento de soledad su alma sensible podía apreciar con tranquilidad la belleza de las columnas de mármol, la grandiosidad de los altos techos abovedados, los vitrales art deco en todo su esplendor, mientras las arañas de luces de bronce bruñido iluminaban majestuosamente.

Patty caminó unos pasos, era tiempo de volver, no quería preocupar a Archie, debía pasar frente a la gran escalera principal, alguna vez cuando chiquilla se imaginó descendiendo una escalera como esas sintiéndose tal como se sentía hoy, hermosa, fuerte, feliz, hacía mucho que la timidez había sido dejada atrás, Patricia Cornwell era una mujer fuerte, se acercó al escalón más alto, el mullido suelo alfombrado ahogaba el sonido de sus pasos, levantó su mirada al gran vitral que mostraba a Orfeo y a sus musas rodeados de flores en un idílico bosque, estaba a punto de girar para ir a su lugar, regañándose a sí misma por perder el tiempo de esa manera, cuando claramente sintió como alguien la empujaba fuertemente por la espalda, ella intentó tomarse de esa persona, pudo observar unas manos maltratadas y las largas mangas negras características del uniforme de las criadas, todo sucedió demasiado rápido, rodó por cada escalón haciendo un gran esfuerzo consciente por proteger su vientre, en una de tantas se golpeó la cabeza y todo se volvió oscuridad, después solo recordaría la femenina figura vestida de negro que se paró a su lado por unos momentos, no la había visto con claridad, pero Patty estaba segura de quién era.

Cuando abrió los ojos de nuevo se encontraba adolorida, sus sentidos parecían negarse a reaccionar como era debido, como si una densa niebla se hubiese apoderado de ella.

Patty. - la llamó suavemente una voz familiar, y sin pensarlo respondió.

Candy… - la suave mano femenina apretó la suya.

Rose, Patty, estamos solas, pero en cualquier momento puede entrar alguien. ¿cómo estás? ¿cómo te sientes?

¿Mi bebé?

Está bien Patty, todo está bien, temimos perderte por muchos días, pero la fiebre ha cedido, la hemorragia se ha detenido y tu bebé se mueve aún. - Patty pudo observar la cálida mirada de la mujer que más que su amiga era su hermana. - ¿qué sucedió? ¿Te desmayaste?

No, alguien me empujó, y sé quién era ese alguien.

Patty...

Fue Anne, estoy segura de ello.

No había nadie, no hay testigos, la policía lo ha calificado como un accidente… pero te juro que investigaremos por nuestra cuenta… pero que torpe soy, debo mandar llamar a Archie, no me perdonará que lo haya hecho esperar para verte, ha estado pegado a ti, apenas hace un par de horas lo convencí, bueno, le ordené muy al estilo de la tía Elroy que se fuera a descansar.

Rose, no le digas nada de lo que acabo de decirte, pero investiga, tiene suficientes preocupaciones como para añadir una más.

Patty… no puedo…

No puedes negármelo, yo guardo un secreto más grande.

Tienes razón, está bien, será como tú digas.

Gracias.

Habían investigado, pero no habían conseguido nada en concreto, Rose llegó a pensar que tal vez Patty lo había imaginado todo, ya que según los reportes Anne había sido vista en Francia. Al igual que Patty, Rose era consciente de que lo mejor era que Archie no se enterara de nada de esto, así que lo dejaron pasar, el único cambio fue que ahora por norma Patty al igual que los demás era acompañada por guardaespaldas todo el tiempo, era horroroso perder la libertad de esa manera, pero definitivamente necesario.

Mansión Andrew.

Rose volvió a la realidad había llegado a casa y ahora iría directo a su habitación para deshacerse de un vestido más que odiaba y que sabía no toleraría ponerse en un futuro cuando todo hubiese terminado, quería tomar a Will en sus brazos, acercarlo a su pecho y disfrutar de esa infinita sensación de ternura que viene al amamantar a un hijo, acariciar su suave cabecita, reconocer en la tierna mirada el azul de los ojos de su amado príncipe, no cabía duda, el pequeño era una copia de su padre. Rose suspiró profundo, no quedaba mucho tiempo, pronto, el fin de todo esto llegaría, la boda estaba programada en unas cuantas semanas más, Rose alejó los pensamientos, no tenía caso martirizarse de esa forma, tomó a Will en sus brazos y se perdió en el mar de agradables sensaciones que tenerlo en sus brazos le traía, todos sabían que no quería ser molestada y le dejarían en paz por unas horas.

Lakewood 1928 (Un año después del funeral de Rose)

Albert cabalgaba a todo galope por entre los campestres senderos, era muy temprano aún, pero ese día no había podido dormir, pensó que un poco de ejercicio podría ayudar, así que se había deslizado sigilosamente fuera de su tibia cama, se vistió con rapidez y se dirigió a los establos cuidando de no despertar a los pequeños que dormían en su cama.

El aire fresco del campo, el vigor de la cabalgata, pero sobre todo, el peso de su realidad presente había terminado por sosegar su espíritu inquieto, no sucedía a menudo, pero a veces los recuerdos se confabulaban en su contra y lo atacaban por las noches, el doctor Martin decía que no era para menos, todo lo que había vivido en cautiverio, la incertidumbre, la pérdida, el temor por los suyos, todo eso aunado a la contusión que había provocado su amnesia tantos años atrás eran cosas que de vez en cuando resurgían, y Albert simplemente le hacía frente a ello, con un poco de aire fresco y ejercicio.

Miró el sol resplandecer, cuando había salido la luna era aún reina, pero sin duda el astro rey reclamaba ya su lugar tiñendo los alrededores de vibrantes colores, se dirigió a los establos, donde cedió su montura a uno de los mozos, normalmente se habría hecho cargo él, pero, la noche anterior había planeado una sorpresa, entró por la cocina, el ambiente cálido del inicio de verano comenzaba a sentirse, y el día era simplemente perfecto.

Buenos días Mary.

Buenos días niño, veo que saliste temprano.

Un poco de ejercicio no hace daño a nadie. – le respondió él con una enorme sonrisa

Supongo que no, tengo todo listo. – replicó ella con complicidad

Mary…

Ya sé que querías prepararlo todo, pero, déjame consentirlos como cuando eras un niño. Hace tanto tiempo que no tenía a nadie a quien mimar…

Mary, llevas meses diciéndome lo mismo.

Deja de quejarte niño, y lleva esa bandeja a tu recamara, ya encargué a Louise que llevara a los niños a vestirse, seguro tienes una hora en lo que están listos y desayunan, estoy segura de que puedes aprovechar de alguna manera ese tiempo.

George…

Si el señor Johnson viene le diré que se ponga cómodo, le serviré un plato de mis famosas magdalenas y una jarra de buen café, y te aseguro que se olvidará de ti por un rato, anda ve.

Gracias Mary, le dijo el apuesto rubio con una de sus radiantes sonrisas. - tomó la bandeja en sus manos y se dirigió a la suite de habitaciones que ocupaba.

Las blancas ventanas de gasa revoloteaban suavemente con la brisa matutina, el lugar se encontraba en silencio, la enorme cama con dosel estaba libre de los pequeños intrusos nocturnos y las suaves formas de la figura femenina se adivinaban entre las sábanas, y Albert recordó por un momento porque estaba tan cansada, el tórrido escarceo amoroso de la noche anterior, seguido por los dos intrusos que llegaron a su cama, definitivamente no le había dado mucho tiempo de descansar.

Se acercó y dejó la bandeja sobre una mesa, observó con cariño el hombro semidesnudo que se asomaba por entre las blancas sábanas, el largo cabello desparramado sobre la almohada, la menuda espalda que subía y bajaba tranquilamente, Albert no cabía en sí de alegría, la vida había sido generosa con él, había amado y sido amado ya un par de veces, antes, y ahora, una tercera oportunidad que no era sino un magnífico regalo.

Rozó con cuidado la línea de su columna vertebral con la yema de sus dedos, provocando un escalofrío en ella, así como un leve gemido.

Aún no, además, tus hijos están en la cama. - le dijo ella en un susurro perezoso.

Ya he remediado eso, amor mío. - le dijo él al oído con suavidad.

Entonces ven y acompáñame un rato más. - le respondió ella girando de lado con una sonrisa traviesa en su dulce rostro.

Pero, Mary te envió el desayuno...

Ella lo observó, su guapo rostro, su cabello revuelto por el viento, su ropa y aroma varonil delataba que había estado cabalgando. Lo cual seguro quería decir que había tenido una noche inquieta, aunque ahora su rostro estuviese en paz.

No podías dormir… y además tienes planes. - le respondió ella con una sonrisa preocupada.

Solo salí a cabalgar un poco.

¿Estás mejor?

Sí amor, no tienes de qué preocuparte. - le dijo sentándose a su lado y enredando sus dedos en su sedoso cabello, mientras se inclinaba suavemente a besarla.

¿Y los planes? - preguntó ella a media voz mientras él le robaba el aliento con sus besos.

¿Además de comerte a besos?

Los planes que incluyen a los niños.

Mmmm… por ahora no los recuerdo. - le dijo él mientras besaba la curva de su cuello y su hombro.

Te amo Albert. –

Y yo a tí amor mío.- le respondió él mientras la rodeaba entre sus brazos y la recostaba suavemente en la cama, entre ellos, no había sombras ni oscuridades, solamente luz, irían más tarde a nadar con los niños, y de picnic, correrían y disfrutarían como familia, pero en ese preciso instante existían solo ellos.

En un camarote de tercera clase en medio del océano. Un par de meses tras el funeral de Rose.

Conseguimos lo que queríamos, no entiendo porque me arrastras al otro lado del océano a un lugar que ninguno de los dos queremos pisar nuevamente en realidad. - le dijo ella en tono fastidiado, el calor era insoportable y algún insecto se había ensañado con ella, Anne no dudaba que se tratase de pulgas o piojos. Años atrás, en otra vida, otra Anne Britter Cornwell jamás hubiese viajado así, pero, hacía ya algún tiempo que sus remilgos de princesa no eran más una realidad, la vida se había encargado de reducirla al que siempre debió ser su lugar.

No conseguimos lo que queríamos, tan es así que mira donde estamos, la miseria a la que hemos sido reducidos.

Gerald tuvo mucho que ver en todo esto…

Sí, se dejó comprar.

Pero al final hicimos la vida de Albert miserable una vez más, perdió a la mujer que amaba, las malas lenguas dicen que está trastornado, recluido en Lakewood una vez más, como un vagabundo, por eso Archiebald está al frente de los negocios, él y Patricia son la cara de los Andrew.

Aún tiene todo, su fortuna intacta, y sigue teniendo en su poder al bastardito de mi padre, no sé en qué pensaba el duque cuando le permitió adoptarlo. La tutoría de ese mocoso debería corresponderme a mí, no a él.

Fuiste un estúpido ya muchas veces. Tal vez….- no había energía en su voz, ni siquiera cizaña, solo objetividad.

¿Tal vez?

Tal vez debiste haberte casado con Candice…hoy serías un hombre de familia, tu bastardo y el de tu padre jugarían juntos en los jardines de la mansión del duque, tal vez incluso, los hubiesen hecho pasar como gemelos, tendrían la misma edad y tú padre hubiese sin duda caído presa del encanto de ella, tal como todos los demás. Últimamente no dejo de pensar que ella era tu oportunidad de redención, no cabe duda que fuiste un estúpido, vanidoso, egoísta. –

Tú fuiste una perra con ella, la envidiabas. –

Nunca lo he negado, y aún ahora envidio su pacífica tumba en el fondo del mar, así como su inmaculado mausoleo en Lakewood, porque yo no tengo paz, y cuando me muera seguro habrá apenas una cruz de madera simple que marque el lugar, si no es que terminaré en una fosa común… también perdí mi oportunidad de redención el día que abandoné a mi hijo. -

Terrence la miró a los ojos, viéndola por primera vez, en mucho tiempo, observando lo demacrada que estaba, el cansancio en sus ojos, parecía haberse rendido. No había chispa alguna, era un caparazón vacío, dispuesto a dejarse llevar por él, a dónde él decidiera.

¡Casarme hubiese destruido mi carrera! - respondió él con indignación.

Matarla destruyó no solo tu carrera, sino tu vida, ¿qué crees que hará William Andrew cuando recupere la cordura?

No hará nada, está destrozado.

Por ahora, pero se levantará, tiene un hijo por el cual ver… dos si contamos al bastardo de tu padre, William Andrew no es el tipo de hombre que se deja vencer, sino el tipo de hombre que renace de sus cenizas, tal como ella, no cabe duda que fueron hechos el uno para el otro, y los equivocados fuimos nosotros. - le dijo ella poniéndose en pie para caminar un rato en cubierta, no estaba de humor para soportar los malos tratos, y honestamente ya nada tenía sentido.