Mi querida Yagui, me dio mucho gusto leerte, aunque siento mucho la partida de tu hermano, te mando un abrazo, y este capítulo lo dedicamos para ti.

Chicas, una entrega más, espero que les guste y espero sus comentarios como siempre. Aunque tal vez el chat no será lo mismo nunca más, no dejo de esperarlas.

C, hiciste un gran trabajo como siempre.

Bendiciones y que el Gran confinamiento nos sea leve.

Key Ag

YNTE 31

16 meses después del secuestro de Albert.

Escocia

El enorme castillo medieval dibujaba su solemne e imponente figura en el horizonte, la luna se encontraba en su punto más alto, el firmamento tachonado de estrellas extendía su manto oscuro sobre aquel paraje del mundo ahora completamente blanco y frío. Una nevada espesa había caído durante los últimos días el frío era intenso, la enorme luna llena se levantaba orgullosa iluminando los alrededores con su pálida luz fría.

Rose caminó descalza sin importarle el frío, ya que las mullidas alfombras de su habitación la aislaban de él. El fuego crepitaba en la chimenea, caldeando agradablemente la acogedora habitación, en realidad era una habitación menor, sencilla, pequeña para los estándares del enorme lugar, pero la había escogido no solo porque le gustaba más, sino porque alguna vez Albert le había dicho que esa había sido su habitación favorita cuando niño, y más de una vez habían pasado alguna velada romántica en ese lugar.

Esa noche la añoranza y el dolor de la ausencia no eran un simple dolor constante, como muchas otras veces, sino un enorme agujero negro que amenazaba con tragársela entera, el desamparo y la impotencia ya habían jugado con ella sin más por largo tiempo, de pronto un escalofrío recorrió su cuerpo, sin pensarlo tomó del respaldo de una silla el pesado kilt de lana que mágicamente aún conservaba el aroma de Albert y lo utilizó para envolverse en él. La cálida y suave lana era un pobre sustituto de los amorosos y fuertes brazos de Albert, pero era todo lo que le quedaba, trató de no hacer ruido, no quería despertar al pequeño que dormía plácidamente en su pequeña cuna después de que su hambre había sido satisfecha. El pequeño tenía tres meses y era una fuente de consuelo para Rose, el parto no había sido sencillo y había quedado tan débil después de él que el duque y Vivian se habían llevado a Alex con ellos a Londres por una pequeña temporada, y aunque Rose lo extrañaba con locura, era realista y aceptaba que definitivamente no se encontraba en condiciones de cuidar de él como siempre, la fortaleza que la había caracterizado y sostenido en la larga ausencia de Albert pareció esfumarse con el nacimiento de su hijo.

A pesar de la larga ausencia y de la completa falta de noticias Rose estaba plenamente convencida de que él aún estaba con vida, estaba más que segura de que su corazón no habría resistido su muerte, sino que se habría partido en dos, aun andaba por el mundo esperando encontrarlo a la vuelta de cada esquina, anhelando que el universo los reuniera una vez más sin aviso alguno, que sus galaxias se conjugaran al fin como el magnífico todo que eran.

Albert, amor mío, donde quiera que estés, vuelve a mí lo más pronto posible, no creo que podré resistir mucho más sin ti, mi amado príncipe.

Pensaba que lo peor que podía sucederle le había acontecido ya, sin embargo, muchas veces el destino tiene aún más pruebas preparadas.

En algún lugar del Reino Unido.

El dolor de cabeza era constante, parecía como si fuera a partirse en dos, no podía pensar con claridad, la luz era insoportable, y la carga que normalmente llevaba con facilidad sobre los hombros era de pronto demasiado pesada, el penetrante olor a sal del mar, el agudo chillido de las gaviotas, los gritos de los demás hombres, así como su penetrante aroma a sudor revolvió su estómago, y terminó por hacerlo colapsar apenas bajó del navío, el pesado saco terminó en el suelo, y el arrodillado, prácticamente hecho un ovillo sentía como todo giraba a su alrededor.

¡Andrew! ¡No es momento de descansar! - el graznido áspero del capitán hizo que su cerebro se cimbrara, pero, no había forma que pudiera ponerse en pie, esperó con resignación la lluvia de abusos verbales y físicos que seguramente vendrían, lo había visto suceder antes con otros hombres, sin embargo lo único que sucedió fue que un par de fornidos oficiales lo levantaron prácticamente a rastras, lo llevaron a la enorme bodega donde la carga sería almacenada, ahí pernoctaban algunas veces, así que lo dejaron sobre un catre improvisado y maloliente.

El dolor no aminoraba como otras veces, solo se hacía más fuerte, permaneció tendido sobre el catre, con los ojos completamente cerrados, alguien le acercó algo de comida y bebida, pero solo fue capaz de beber un poco de agua, el esfuerzo solo de incorporarse para beber lanzó punzadas de insoportable dolor, así que se desplomó nuevamente sobre el lecho, no supo cuánto tiempo transcurrió, podía escuchar a su alrededor el ruido de la actividad, pero no distinguía nada con claridad.

¿Cómo había llegado ahí? ¿quién era? ¿alguien lo buscaba? - esas eran solo algunas de las preguntas que lo acosaban constantemente, el capitán Harrison le había dicho que lo habían encontrado malherido en la costa, pero él no recordaba nada anterior a eso, ni siquiera su nombre. Respondía al nombre de Andrew, no porque creyera que así se llamaba, sino, porque era el nombre que lo habían escuchado murmurar en su delirio, cuando no estaban seguros de sí sobreviviría o no.

En sus sueños una hermosa mujer a veces rubia, a veces pelirroja lo llamaba, sus rasgos no eran claros, y no conocía su nombre, pero sabía que ella era todo para él, y también estaba seguro de que era una misma persona, tanto la chiquilla rubia como la mujer pelirroja, también tenía pesadillas, pesadillas en las que veía a alguien caer de un caballo, o donde observaba con impotencia a un hombre de cabellos oscuros amenazar a la hermosa mujer rubia, mientras una fuerza sobrehumana lo retenía y él era incapaz de ir en su ayuda, llevaba meses así, viviendo entre tinieblas, algo dentro de él lo animaba a huir, ¿pero a dónde? ¿de qué? La confusión era terrible, la incertidumbre, no saber ni siquiera tu nombre, aunque a veces cuando le gritaban Andrew la imagen de una religiosa venía a su cabeza.

De pronto el dolor pareció esfumarse, o sus sentidos se agudizaron, los ruidos a su alrededor parecieron menguar y pudo escuchar la voz de Harrison con claridad.

Gerald nos desollará vivos si algo le sucede, ¿o no te fue suficiente lección lo que le pasó a Paddy por excederse en los golpes?

No creo que hayan sido solo los golpes, hay algo más en ese tipo, nadie se olvida de quién es solo por unos cuantos golpes… además, no puedes seguir condescendiendo o levantaras sospechas entre los hombres, cualquier otro tendría que trabajar como sea que se encontrara.

Este no es cualquier otro, y los pobres diablos que componen la tripulación no tienen el cerebro suficiente para sospechar nada. Así que deja de discutir y trae un médico.

¿Un médico para una piltrafa humana?

¡Un médico para Sir William Albert Andrew! - le respondió Harrison perdiendo la paciencia.

William Albert Andrew… el nombre generó una reacción en cadena en su cerebro, intentó ponerse en pie, ahora sabía porque tenía que huir, y a dónde debía regresar, el punzante dolor se volvió insoportable, una avalancha de imágenes lo ahogó, y con un grito infrahumano todo alrededor de él se volvió oscuridad una vez más.

¡CANDY! -

Londres, Inglaterra.

La puerta se abrió abruptamente Richard Grandchester levantó la vista de sus papeles con molestia, ¿quién podía atreverse a entrar de esa manera? Pero la mirada severa fue cambiada por una de preocupación, la palidez de su mayordomo no era algo habitual.

¡Milord!

¿Qué sucede James?

Arik quiere hablar con usted milord. - dijo el hombre con franca alarma.

Hazlo pasar, hombre, ¿qué ha sucedido?

Un hombre desaliñado y con evidentes muestras de haber estado en una pelea entró por la puerta.

Milord, hemos sufrido una emboscada, intentamos detenerlos, pero eran muchos más que nosotros...

¿Vivian? –

Lady Vivian está bien, milord, ahora mismo se encuentra en la mansión Andrew, es su sobrino, el pequeño Alexander…

¿Ha sido herido?

No milord… Se lo han llevado con ellos.

¿Quiénes? Dios mío, Arik, habla completo hombre. Alexander estaba con los Andrew.

Lord Alexander le pidió a Lady Vivían que lo llevara en busca de un regalo para Lady Rose, éramos la escolta de siempre, pero ellos eran tres veces más. No tuvimos tiempo de reaccionar, nos cayeron encima en la parte más solitaria de The Kingshead, hicimos lo acordado, y Rolf se alejó con el pequeño disfrazado de paje de regreso a casa de los Andrew, pero los esperaban más adelante, encontramos a Rolf moribundo y a su caballo muerto, él fue quien nos dijo que se lo habían llevado, dejaron con Lady Vivian al señuelo.

Sabían que Alexander no viajaba en el auto.

Así es señor, el nuevo muchacho está desaparecido, parece que fue él quien nos traicionó.

En ese momento la puerta se abrió de nuevo y un muy agitado Archie entró en la habitación.

¡Richard! ¿lo trajeron contigo? ¿están escondidos en el bosque?

No, Archie, mataron a Rolf, sabían que Alexander no viajaba con Vivian en el auto.

¡Dios mío!...Esto es ya demasiado… ¡Voy por el bastardo de tu hijo y tendrá que responderme como sea!

Terry está en Hamburgo.

Eso no quiere decir que no haya dado él la orden.

Lo sé… pero no podemos secuestrarlo así como así.

Eres el duque de Grandchester, por supuesto que podemos secuestrar a un simple bastardo.

No en suelo alemán cuando es el invitado de honor del canciller, las relaciones están demasiado tensas ahora mismo, debemos esperar a que regrese a Londres.

¡Máldita sea Richard! ¿qué le vamos a decir a Rose?

Por ahora nada… sabes que no está bien…

Es su hijo…

¡Es mi nieto Archiebald!... sé perfectamente que esto es terrible.

Tu sobrino… - lo corrigió Archiebald con extrañeza, de pronto sintiendo como su corazón se aceleraba sin razón aparente ante la mención del duque de que Alexander era su nieto.

Cierto, es solo que veo a Rose como a una hija…

Richard… -

No le diremos nada por ahora, veremos si en un par de días logramos resolverlo, o si George tiene éxito en esta última búsqueda.

Encontrar a Albert no hará menos duro el golpe de la desaparición de Alexander.

Archie, no tengo respuestas, solo creo que por ahora no debemos decirle nada.

No esperaré más de un par de días Richard.

Bien, reúne a tus hombres, yo haré lo mismo, además debo ver en qué condiciones se encuentran los hombres de la emboscada, e informar a la familia de Rolf. ¿Vivian?

La tía Elroy y Patty están con ella, está conmocionada.

¿El pequeño Patrick? ¿el señuelo?

Lo llevamos con su madre, por supuesto que estaba asustado, pero es un chiquillo valiente. Daré órdenes para que se redoble la vigilancia en el castillo Andrew… traerla acá en estas circunstancias será una pesadilla también, el pequeño William tiene apenas tres meses, si los emboscan…

Paso a paso Archiebald, primero veamos si podemos resolver esto.

1 semana después del secuestro de Alexander.

Alguien irrumpió en el despacho, por un segundo los hombres levantaron la mirada confusos, la menuda mujer vestida en harapos no tenía nada que hacer ahí, pero, su paso era tan seguro que no reaccionaron de inmediato, ella fue directo hasta Archie y el sonido de una sonora bofetada reverberó en la habitación, los hombres estuvieron a punto de retenerla cuando ella comenzó a golpear con sus puños el pecho de Archie, pero él los detuvo y les ordenó salir de la habitación antes de abrazarla tratando de contenerla mientras ella se deshacía en gemidos de dolor.

Rose, ¿qué haces aquí? ¿qué sucede? ¿dónde está Will?

¿Dónde está Alexander? - le preguntó ella a quemarropa. Confirmando lo que Archie ya sospechaba.

¿Quién te lo dijo?

Envió una carta exigiendo mi regreso a Londres si es que quería volver a mi hijo con vida, además tiene todo un plan, quiere que nos casemos, para así hacerse de la fortuna de los Grandchester y de los Andrew, no lo hice antes, y no planeo hacerlo ahora, manda a los hombres por él, quiero despellejarlo vivo.

No podemos, está en Alemania como invitado de honor del canciller, hacerlo tendría consecuencias políticas, debemos esperar un poco.

¡Al demonio con las consecuencias políticas!

La puerta de la biblioteca se abrió nuevamente antes de que ella pudiera continuar, Elroy Andrew entró majestuosa por la puerta y observó a sus sobrino tratar de contener la furia de la pequeña mujer pelirroja, por unos momentos recordó una vez más otra pequeña mujer, una rubia, con la misma pasión, el mismo desenfreno, y abandono, antes no lo hubiera tolerado, pero amaba a Rose, tal cual debió amar a Candy en su momento si no hubiese sido una snob inflexible.

Rose, hija, ha sido un viaje largo, debes estar cansada, y estoy segura que Will está deseando verte, ve, toma un baño, descansa un poco, alimenta al pequeño y te juro por lo más sagrado que después hablaremos y buscaremos soluciones. – su voz era calmada, cargada de afecto, y algo dentro de Rose se quebró un poco más, nunca en la vida había sabido lo que era tener una madre, y hoy el tono de madame Elroy era lo más maternal que la había escuchado en su vida, muy cercano a como la Srita. Pony o la hermana María le hubiesen hablado.

Elroy acompañó a Rose hasta su habitación, y se aseguró que estuviera dentro de la tina antes de encargar a la mucama que pusiera algo para dormir en el té de la joven, era claro que no había dormido en días. Y debía mantener las fuerzas lo más posible. Se quedó con ella hasta que la vio deslizarse inquietamente en los brazos de Morfeo, no sería un sueño reparador, pero al menos dormiría por un rato. Solo hasta que se convenció de que ella tardaría en despertar se dirigió a la biblioteca para hablar con los hombres.

Terrence le envió una carta, sabía que nadie la esperaba, prohibió a sus hombres informar que vendría de regreso, se disfrazó como una simple mujer campesina, y tomó un tren de tercera clase, su niñera también se visitó humildemente y envolvieron al pequeño burdas mantas de tela corriente, dos de sus hombres de más confianza venían también disfrazados, haciéndose pasar por campesinos, viajaron separados, no quería que nadie se diera cuenta que el pequeño era su hijo, sus ropas estaban sucias y gastadas, nadie esperaba por ellos en la estación, incluso caminaron una buena parte de la ciudad hasta que encontraron un humilde carro de leche que iba a las afueras de la ciudad y recorrieron el camino hasta la mansión a pie, cuando el portero vio de quien se trataba casi se desmaya. - Elroy terminó el recuento de la travesía de la joven. Ante el duque y George, ambos hombres tenían los labios apretados de ira y preocupación. - Le pudo haber pasado cualquier cosa. Nunca lo esperé de Rose, de pronto, todo este exabrupto, me pareció tan propio de . - Elroy no completó la frase, solo volteó a ver a George y al duque, quienes hicieron su máximo esfuerzo por sostenerle la mirada. Para su buena suerte la puerta se abrió en ese momento y Rose entró.

¿Hija, descansaste? - le preguntó Elroy asombrada de que no hubiese dormido más.

Todo lo que se puede descansar en estas circunstancias tía, pero no me tomé todo el té, así que el efecto del sedante no fue tan prolongado. - le respondió ella sin animosidad en la voz, pero dejándole saber que estaba al tanto de lo que Elroy le había pedido a su mucama.

Hija, fue solo con la intención de que pudieras descansar.

Lo sé tía y agradezco tu preocupación, pero no puedo permanecer ignorante de todo esto.

¿Tienes la carta? –

Sí Richard, aunque no hay mucho que verle, es una amenaza en términos directos, y no podemos arriesgarnos a ir a las autoridades mientras no sepamos dónde está Alex, porque ese malnacido es capaz de dañarlo, lo odia, porque lo cree tu hijo, porque envidia todo lo que Alex tiene que el no tuvo y sabe que mientras Alex siga con vida jamás heredará el ducado… -

Debemos ser más listos que él…-

Claro George, eso nos hemos estado repitiendo todo este tiempo, y sin embargo, hace tanto que Albert desapareció y no lo hemos encontrado aún, a estas alturas dudo que en verdad podamos ser más listos que él...así que haré lo que me pide, me casaré con él…

Sería la deshonra total. - le dijo Elroy sorprendida.

No si lo hacemos inteligentemente. - respondió George que llevaba toda una semana barajeando posibilidades.

Alguién llamó a la puerta, y la imperiosa voz de Elroy Andrew permitió la entrada. La joven empleada entró con el servicio de té y una nota dirigida a Rose.

Milady, acaba de llegar esto para usted, el mensajero fue instruido a esperar su respuesta. - le dijo entregando el sobre.

Bien Casandra, gracias, puedes retirarte, te llamaré en cuanto tenga una respuesta.

Rose abrió la nota mientras los demás esperaban a que la leyera.

¿Rose?

Lo siento, no puedo decir nada. - les dijo ella mientras se ponía en pie abruptamente.

Rose, no puedes irte así… - le dijo Richard adivinando que la nota pedía que ella acompañara al mensajero.

¿Dime Richard, que más puede hacerme? ¿Qué no me ha hecho aún? Lo siento, hemos intentado por todos los medios ser cautos, ser inteligentes, ser no sé qué tantas cosas, y hemos quedado simplemente como idiotas, Albert sigue en su poder, y ahora Alexander ¿quién sigue? ¿cuál es el precio de nuestra paz? ¿de la felicidad? ¿Darle todo y huir? ¿Para vivir anónimamente en algún lugar del mundo, donde no pueda encontrarme? Sí esa es la respuesta me he equivocado demasiado, porque nunca debí aceptar venir a Londres, si al final del día era lo que iba a hacer. Volveré pronto. - ella ya estaba en la puerta, dispuesta a enfrentarlo todo, de pronto volteó, para ver a Patty que había guardado silencio durante la mayor parte de la conversación. - Júrame que cuidarás de Will. - le dijo volviendo presurosa a su lado y tomándola de la mano. –

Sabes que lo haré. –

Si no regreso dile cuánto lo amé, cuanto lo anhelé… y cuando Albert regrese… -

Rose, shhh… no digas esas cosas niña. - la cortó Elroy sin miramientos. - Archiebald, una escolta debe seguirla.-

Es peligroso tía, incluso para ella, si Grandchester quiere casarse con ella no puede secuestrarla, porque sigue interesado en la rehabilitación de su imagen...pero si se da cuenta que la están siguiendo…lo intentaremos, pero es cierto que no puedes ir desprotegida. - le dijo poniéndose en pie con decisión, se dirigió al librero y removió lo que parecía un panel fijo de la biblioteca, tomó el pesado y brillante objeto en sus manos y regresó junto a Rose, la tomó de la mano y puso en ella el objeto que había traído consigo, el frío del metal y el peso del objeto la tomó un poco por sorpresa. - Sé que Albert te enseñó a tirar, dispara a matar a los guardaespaldas, a él solo hiérelo en una pierna, es automática, le limaron el seguro, así que ten cuidado, y aquí hay un par de cartuchos, escóndelo entre tus ropas, por si te quitan el bolso. –

Bien, no se preocupen, trataré de regresar lo antes posible. -

La observaron salir en silencio, por supuesto que ir sin escolta era impensable, y George ya había dado instrucciones de que no se le dejara sola en ningún momento, ahora solo quedaba esperar.

Rose salió de la mansión por la puerta trasera, un lujoso auto color negro esperaba por ella, el hombre le indicó que entrara y cerró la puerta tras de ella, estaba sola, movió con cuidado la cortina de la ventana, tratando de averiguar a dónde se dirigían, lo cual no fue nada sencillo, ya que el chofer dio vueltas por un par de horas, cuando por fin se dirigieron a las afueras de la ciudad, Rose estaba totalmente perdida. Aun así siguió observando los árboles pasar, de pronto, llegaron a su destino, descendió rechazando la ayuda del chofer que sospechosamente amable le dijo.

La esperan adentro milady. -

Rose observó frente a ella la encantadora estructura de cuento de hadas, y su corazón se aceleró al ser asaltada por la multitud de recuerdos, ¿cómo era que el bastardo había dado con ese lugar? Odiaba pensar que ahora todas sus memorias conectadas a esa pequeña cabaña serían manchadas por lo que sea que estaba a punto de suceder, no cabía duda de que la ponzoña del insecto rastrero que era el hombre del que alguna vez se había enamorado, hacía mucho tiempo que no se lo decía pero nunca había dejado de pensarlo, había sido una soberana estúpida al infatuarse con semejante esperpento, no cabía duda.

Caminó hacia la cabaña con paso decidido, después de todo esta era una prueba más de que Terrence tenía todo que ver con la desaparición de Albert, -lo haría pagar al maldito-, observó a su alrededor, además del chofer había un par de hombres abiertamente armados, y seguramente habría algunos más escondidos entre los árboles, se preguntó si su escolta había logrado seguirla, aunque era consciente que todas las vueltas que habían dado eran con el fin de perderlos.

Puso su mano sobre el pomo de la puerta, obligándose a hacer a un lado todas las maravillosas horas que había compartido con Albert en ese lugar, no permitiría jamás que Terrence viera cuanto le afectaba encontrarlo ahí, seguramente era parte del plan para torturarla. Abrió la puerta con decisión, espalda recta, mirada al frente, segura de sí misma, lista para enfrentar lo que viniera, sin importar cuan doloroso pudiera llegar a ser.

Entró, la sala estaba semi oscura, el fuego crepitaba en la chimenea, el aroma era agradable, las maderas finas, y algo de la esencia de Albert aún flotaba en el aire, ella no había estado ahí en mucho tiempo. Sintió la presencia de él tras de ella, su piel se erizó y todo su ser se estremeció, él cerró la puerta, y se recargó en ella, observando la menuda espalda y marcada cintura de la mujer que tenía frente a él, definitivamente ella era su perdición.

Al fin has llegado, Candy. - la masculina voz hizo estremecer cada fibra de su ser, su corazón se aceleró escuchar su nombre en sus labios, no, seguramente escuchó mal, seguramente estaba alucinando, eso no era posible, su característico aroma llegó hasta su nariz, sintió el peso de sus manos sobre sus hombros, tuvo que repetirse mil veces que no debía perder el conocimiento, no podía ser débil en esos momentos, debía girar y enfrentar la verdad cara a cara, no había otra forma posible.

En algún lugar en medio del Atlántico Norte. Una semana después del funeral de Rose.

Elroy Andrew observaba el vaivén de las olas, el mar estaba en calma, al menos el cielo era misericordioso con eso, el viaje no era nada sencillo, era un viaje secreto con protección real y gubernamental, la embarcación era propiedad de los Andrew, pero la forma en la que habían salido del Reino, y la que usarían para entrar a América, en circunstancias ordinarias sería ilegal. Elroy se repetía a sí misma que tal vez algún día todo estaría bien de nuevo, el par de semanas previas al funeral habían sido una pesadilla absoluta, ver a su amado sobrino devastado otra vez era más de lo que sus cansados huesos debían ser capaces de soportar, además, el impacto de la revelación de la verdad que ella sospechaba hacía mucho, pero que apenas había sido confirmada hubiese sido suficiente para mandarla a la tumba si acaso ella padeciera de una afección cardiaca. Repasaba una y otra vez en su cabeza el momento exacto en que el telón había caído al fin y todos los secretos guardados por años fueron descubiertos frente a ella.

Horas después de la fallida boda entre Rose y Terry.

Hijo, debes comer algo, los médicos están haciendo todo lo posible, y tú… Dios mío, no puedo creer que estás aquí… - dijo mientras su voz se quebraba y las lágrimas de alivio corrían por sus mejillas.

Albert se puso en pie pesadamente e hizo a un lado la penumbra en la que se encontraba para envolver en sus brazos a la mujer mayor, que había pasado la peor de las incertidumbres durante el último año y medio.

Lo siento tía, no podía volver… primero, porque…

Te tenían secuestrado, lo sé.

Sí, y después, porque la amnesia regresó, viví muchos meses en la penumbra, sin saber quién era, ni a quién pertenecía…

Y después porque fingiste seguir desaparecido para rescatar a Alex, ¿no es así?

Sí…

¿Desde hace cuanto tiempo?

Solo un par de meses… - dijo observando ansiosamente hacia la puerta, en la espera de noticias.

Mi niño, todo estará bien…- intentó ella con un tono dulce, que pocas veces utilizaba, pero que Albert recordaba haber escuchado en contados momentos de su vida.

No puedes prometerme eso, lo sabes… y perderla me destrozaría.

Tal vez no es lo que quieres escuchar, pero ya antes lo has superado, espero que no haya necesidad de ello de nuevo, pero, si pudiste superar perder a Candy…

La garganta de Albert se cerró, al escuchar su nombre, y toda la fortaleza que lo había sostenido por todo ese tiempo, la razón de regresar a casa, de luchar contra todo se desmoronó frente a él.

Sé que amas a Rose…

No entiendes tía…. No puedo perderla de nuevo… - le dijo él con voz ronca por la desesperación, no después de que no la tuve por tanto tiempo, mi herida nunca sanó en realidad, y ahora, ahora no hay engaños, ni subterfugios, si ella muere en manos de los médicos no existirá la esperanza de que tal vez no sea verdad, esa que nunca abandoné en realidad, ya que la primera vez no vi su cuerpo… entonces enterramos un féretro vacío… ahora...no, Dios, no puedo ni pensarlo...debí ponerla a salvo, hacer lo que fuera, no permitir que se pusiera en peligro sin necesidad….. pero no hubiésemos resistido perder a Alex, lo amamos es nuestro hijo, a pesar de todo el dolor que el hombre que lo engendró nos ha causado...debí matarlo tía, esa primera vez debí haberlo matado y tomar su vida por la de ella, pero tú me inculcaste principios, que un Andrew ante todo tiene honor y que la vida, por más ruin que sea el bastardo, es sagrada, cómo pude volverle a fallar nuevamente, jamás me perdonaré esto ...aunque hubiese tenido que huir…

Elroy observó a su sobrino, era un hombre apuesto, imponente, poderoso, y aún en medio de su dolor y desesperación la dignidad y elegancia innatas en él lo cubrían como un manto, por supuesto que no había siquiera tomado un baño aún, sus cabellos y barba estaban crecidos, sus sencillas ropas sucias y arrugadas aún mostraban las manchas de la sangre de ella, era un roble azotado por la tempestad, que en medio del embate más fuerte se mantenía erguido, desafiante, como exigiendo al destino que le diera de una vez por todas la felicidad que continuamente le había negado. Su ágil mente trataba de hacer sentido a todo lo que William decía, encontrar la conexión, y de pronto todo fue claro, las dudas, las sensaciones que la mirada de ella le provocaba, la felicidad que los poros de sus sobrinos destilaban, ahora todo tenía lógica.

¿William? - le preguntó ella plantandose frente a él y mirándolo a los ojos, ni siquiera se atrevía a formular la pregunta. Él le devolvió la mirada, con esos ojos azules iguales a los de su padre…

Así es tía. - le respondió él con seriedad.

En ese momento Elroy supo que esta vez la muerte sería aún más devastadora, y maldijo a todos los hados que se habían ensañado con ellos. Pero, no era culpa de los hados, sino de ese miserable y maldito bastardo, esta vez, Elroy Andrew estaba deseosa no solo de matar al infame, sino de torturarlo hasta reducirlo a una piltrafa humana, contratar un experto en el ancestral arte de la tortura china y mantenerlo con vida a lo largo de agonizantes meses de dolor… tal como él lo había hecho con su familia por tanto tiempo.

¿No tienes nada que decir? - preguntó Albert observando con cuidado a su silenciosa tía.

No me sorprende del todo, siempre ha habido algo en ella, en su mirada… Richard lo sabe…

Sí, él fue quien lo planeó todo.

Patricia, pero no Archiebald… aunque seguro lo sospecha. George, aunque no se lo hayas dicho, a él nada le pasa por alto. Vivian…

Así es, esa es la lista de personas, que saben la verdad.

¿El bastardo? Es por eso qué se ensañó con ustedes

No, él no lo sabe, todo lo ha hecho por el afán de cobrar deudas pasadas, y porque piensa que Alexander es hijo de Richard, y tiene todo lo que él cree es su derecho.

No es nada brillante… Pero ha logrado hacer mucho daño.

No más tía, lo llevaremos justo a donde lo quiero, y te juro que mi venganza será certera.

Huyó…

No realmente, solo porque lo permitimos, pero, todo es parte del plan.

Elroy se preguntó si acaso William no había perdido la cordura, no le había preguntado aún cómo había escapado y rescatado a Alexander en el proceso, pero no tuvo oportunidad de preguntar, ya que en ese momento se abrió la puerta y el médico entró con su hábito aún ensangrentado, una mirada le bastó a Albert para conocer el desenlace, tuvo que apoyarse en el escritorio, mientras una lágrima solitaria rodaba por su mejilla.