Hola, fielmente les dejo un capítulo más, que espero que disfruten, aunque tal vez querrán lincharme.

Me disculpo por los errores con la edad del bb que fueron mencionados, debo confesar un par de cosas. Soy terrible con las matemáticas, y esta historia me ha costado muchísimo.

Se las dedico a cada una de ustedes, con todo mi amor, gracias por su constancia.

Cam, ya sé que este capítulo es una locura, gracias por apoyar mis locuras.

Un abrazo a todas.

YNTE 32

En medio del océano. Meses tras el funeral de Rose.

Terrence observó a su alrededor, la mullida alfombra azul marino bajo sus pies, el lujoso mobiliario de maderas finas, todo era perfecto, justo lo que debía ser, fue hasta uno de los sillones de terciopelo y antes de tomar asiento se sirvió en un vaso corto de cristal cortado tres dedos de single malt escocés, tomó asiento y paladeó el exquisito licor, sus notas de madera, llenaron su boca, y el delicioso calor del trago se extendió por su cuerpo, pensó con satisfacción en todo lo que había logrado… el encuentro con el duque había sido inesperado…

Terry. - la refinada voz grave mostraba preocupación.

Richard… -

Estás malherido, no te muevas demasiado.

Fue el malnacido de Andrew.

Lo sé hijo, lo sé, debes descansar, mi médico se hará cargo de ti, por ahora lo importante es que te recuperes, después nos haremos cargo de todo lo demás.

Terry había intentado decir algo, pero, una misericordiosa oscuridad lo llevó a un mundo sin dolor. No supo con exactitud cuánto tiempo durmió, solo que cuando al fin despertó todo había cambiado a su alrededor. Se encontraba en una de las mejores habitaciones de la villa escocesa, la que le correspondía al primogénito del duque, la habitación que había pertenecido a su medio hermano, el hijo de la duquesa cara de Cerdo. Sobre su cama se encontraba el escudo ducal.

Conociendo a su padre, nada de esto era hecho al azar, si bien el duque y él apenas habían cruzado unas cuantas palabras debido a su estado y al tiempo en que lo mantenían con sedantes Terry era plenamente consciente de que algo había cambiado en su actitud hacía él, sin embargo, no tuvo mucho tiempo de pensar, un paje entró con una bandeja con desayuno y lo saludó formalmente.

Buenos días, señor, aquí está su desayuno, el médico ha dicho que el día de hoy puede ya levantarse, y el duque le ruega le acompañe a dar una pequeña caminata para fortalecerse. Le ayudaré a arreglarse, y el duque mismo vendrá por usted para ayudarlo a bajar las escaleras, ¿prefiere su té de alguna manera? - todo había sido dicho como si fuese lo más natural del mundo, cómo si ese hubiese sido siempre el trato que había recibido de parte de todos a su alrededor.

Solo con un poco de limón por favor. - atinó a responder Terry, en cuestión de segundos tuvo frente a él la humeante taza de Darjeerling que apreció con entusiasmo, ya que era su favorito, tan solo por su aroma pudo distinguir la excelente calidad del brebaje, su alma inglesa se regocijó, y procedió a degustar con apetito el desayuno tradicional que tenía frente a él, incluyendo el exquisito Haggis que solo la cocinera escocesa de su padre sabía preparar justo como a él le gustaba.

La siguiente hora fue simplemente perfecta, a pesar del dolor de las costillas y de la horrible imagen de su rostro hinchado y amoratado que le devolvió el espejo, Terrence se sentía en paz, notaba la reverente deferencia del sirviente, los lujos a su alrededor eran un bálsamo para su normalmente atormentada alma.

Justo cuando el reloj marcó las nueve de la mañana el firme llamado a la puerta así como el leve tic nervioso del lacayo le dijo que "Su Señoría el Duque de Grandchester" había llegado, nunca en sus más de 25 años podía Terry recordar un momento en el que su padre se hubiese dignado en ir a visitarlo a su habitación, cuando niño la niñera lo llevaba a él, después lo visitaba en el internado, pero jamás había venido hasta su puerta.

El sirviente se apresuró a abrir la puerta e hizo una profunda reverencia.

Buenos días, Milord. -

Puedes retirarte Stephen. - respondió el duque con su característico tono formal.

El silencio reinó hasta que el sirviente hizo su reverencia y salió de la habitación formalmente.

Terry se encontraba sentado, pero en cuanto se quedaron solos hizo el ademán de ponerse en pie para saludar formalmente al duque.

Padre… - su intento alzarse de su asiento fue detenido por un gesto del duque.

No te levantes, no es necesario, ¿cómo estás? ¿Te sientes lo suficientemente fuerte como para dar un paseo?

Creo que ya ha sido mucho tiempo en cama, y según escuché el médico ha dado ya su permiso.

Así es, pero, no ha sido para menos, poco les faltó para matarte.

O tal vez pensaron que lo habían hecho.

Ese era el plan…

Así que tu estabas de acuerdo.

Hay muchas cosas de las que debemos hablar, Terry…

Al final no tuviste corazón para dejar que me mataran.

Ambos hemos cometido muchos errores, hijo, eres lo único que me queda, y no voy a perderte, nadie lo sabe, pero tengo los documentos necesarios para probar tú legitimidad, y ya he iniciado los trámites con mis abogados, no será un proceso fácil, y tu posición en sociedad es complicada después del escándalo del intento de boda, pero ya estamos trabajando en la manera de resarcir el daño…

¿Desheredarás al mocoso?

Alexander es legalmente un Andrew, y después de todo lo que ha pasado William no me permitirá verlo, ellos regresan a América, tú te quedas a mi lado, trabajaremos en tu formación, por supuesto que deberás renunciar a las tablas, y a los vicios… no quiero más escándalos…

Debo aprender a cubrirlos ¿no?

No más escándalos.

Reconoce que la manzana no cae lejos del árbol. Estás a punto de reconocer al hijo bastardo del que siempre te has avergonzado como tú heredero legítimo, tuviste a tu amante viviendo en las narices de la duquesa y has asegurado el futuro de tu otro hijo bastardo entregándolo a los Andrew.

Nuestro lema es y seguirá siendo "El honor ante todo" reconozco que mi falta de honor hacia tu madre y hacia ti ha hecho todo más difícil, y nos trajo hasta aquí, estoy dispuesto a enmendarlo…

Pero hay condiciones ¿no?

Para todo las hay, mis abogados te presentarán un contrato…

Y dentro de las condiciones estará incluido dejar a tu bastardito y a Andrew en paz.

Si sabes lo que te conviene eso lo harás sin contrato de por medio.

William se volverá loco cuando sepa lo que has hecho.

William...es una sombra de lo que solía ser, pero no es por William, ni por los Andrew, es por ti, piensa Terry, tendrás todo lo que querías el dinero y la posición que ser el heredero al ducado implican, eso buscabas al casarte con Rose…

La sociedad no me aceptará, eso lo sabes de sobra.

La sociedad olvidará, en unos años todo lo ocurrido, será todo un rumor que de pronto salga cada tanto, pero que si mantienes tu honorabilidad será al fin olvidado, ¿porque crees que logré salirme con la mía en todo lo que mencionaste antes? Tienes razón he sido tan poco honorable como tú lo mencionas, fui un maldito con tu madre y contigo, a Henriette no la traté mucho mejor que a ustedes, tus hermanos murieron teniendo de mí una imagen muy pobre como padre, Alexander fue mi oportunidad de pagar las cuentas pendientes con la vida, de hacer las cosas con honor, sin embargo, no fue suficiente… tienes la oportunidad de cambiar tu vida, yo estaré a tu lado….

Seguramente olvidarán que he sido el juguete sexual de renombradas damas mayores, o que mis manos están manchadas de sangre… ella no olvidará que secuestré a Albert, y a su hijo, esa mujer es capaz de cumplir con sus amenazas…

Rose ya no debe preocuparte…

¿La has enviado de vuelta al lupanar de donde la sacaste? - preguntó Terrence con Sorna.

Los médicos no pudieron hacer nada por ella… la bala había comprometido órganos vitales.

Terrence trató de disimular el impacto que la noticia le causaba, era una mezcla de triunfo y dolor inexplicable. El triunfo lo entendía había logrado su cometido, Albert Andrew era seguramente miserable en estos momentos, el dolor, ese no podía asimilarlo, más allá de un cuerpo deseable, Rose no había representado para él nada más que lujuria y venganza, ¿porque le dolía tanto la noticia de su muerte? Era como si su alma se partiera en dos...el aire le hacía falta y lo que quedaba de su negro corazón se desmoronaba dentro de él.

Richard observó la palidez en las duras facciones de su joven hijo, la reacción lo sorprendió por supuesto, no esperaba semejante despliegue de emoción en el joven que él pensaba había ya vendido su alma al diablo.

¿Estás bien?

Sí, por supuesto, tú sabes que solo pretendía usarla para vengarme de William por quitarme a Candy… - el nombre que siempre sabía tan agridulce en sus labios esta vez supo amargo, era como si su propio ser rechazara la vileza de sus actos hacia ella.

La venganza ha sido consumada, Terry, toma lo que te corresponde y déjalos en paz.

Un Grandchester no debe crecer a su lado.

Richard vio en sus ojos la locura de la obsesión, y de pronto se sintió viejo, la vorágine de su odio terminaría por consumirlo todo.

Es suficiente Terry no permitiré que termines por destruirnos a ambos por esto, ya tuviste tu venganza, le has quitado dos veces a la mujer que amaba, como te dije antes, William no es quien solía ser, pero he dado mi palabra a Madame Elroy de que no buscarás a sus sobrinos para nada, es el precio de que no presentaran cargos en tu contra, todo ha sido tan desgastante, tan doloroso para todos, que lo único que ella quiere es regresar en paz a su hogar ancestral.

Cambiaste un bastardo por otro… ¿por qué?

No todo es lo que parece Terry, Rose nunca fue mi amante, y Alex no es mi hijo, quise hacer con él lo que debí haber hecho contigo, pero hoy veo mi error y te escojo a ti. ¿no es acaso suficiente?

Tal vez sea demasiado tarde, padre.

No lo es, eres un hombre joven, apuesto, con toda la vida por delante, vamos a darnos la oportunidad, un día encontrarás una mujer con quien formar una familia, heredarás el título… la vida será todo lo que anhelabas que fuera.

Ella no estará a mi lado.

¿Rose? ¿Candy? –

Candy, siempre será Candy padre.

Ella pudo ser tu redención hace mucho tiempo atrás, así como tu madre pudo ser la mía, pero en ambos casos ya no hay nada más que hacer. Descansa, pasaremos una temporada aquí, debemos dejar que el escándalo muera y comenzar a reconstruir paso a paso tu imagen y tu vida.

El duque se puso en pie y apretó su hombro con afecto desacostumbrado.

Pensé que daríamos un paseo, pero veo que debo dejar que asimiles el nuevo orden de las cosas, toma una siesta, tenemos todo el tiempo por delante, como te dije antes, debemos estar en Escocia por una larga temporada para dejar que los rumores mueran.

El llamado en la puerta lo devolvió a la realidad, permitió la entrada y observó como su mayordomo hacía una profunda reverencia.

Milord, el capitán le ha invitado a cenar en su mesa, sin embargo, le he dicho que probablemente no aceptará debido al luto.

Acepta la invitación James, estoy seguro de que mi querido padre hubiese hecho lo mismo en mi lugar, después de todo los muertos ya descansan y los vivos debemos seguir viviendo. No pongas esa cara hombre, por supuesto que no bailaré ni filtreare con nadie, solo haré acto de presencia para acallar los rumores.

El hombre hizo la reverencia correspondiente y salió del lugar dejando a Terry pensativo y sonriente, había pensado que todo sería mucho más difícil, y sin embargo, por una vez la suerte había estado de su lado, convenientemente el caballo del duque había resbalado en la parte más escarpada y lo había dejado a él como el nuevo duque de Grandchester.

La puerta se abrió y el dulce perfume de ella inundó la habitación, el suave sonido de la lujosa tela de su vestido acompañado de la armoniosa voz que tarareaba una melodía hizo erizar su piel, Terry la contempló desde su lugar, su presencia era magnética, pero, no solo se trataba de atracción física, no era su belleza la que lo llamaba, si bien adoraba cada poro de su piel y era adicto a cada centímetro de su cuerpo, ella hacía lo que nadie jamás había logrado, lo hacía feliz.

Quita esa mirada Terry Grandchester. - le dijo ella con fingida modestia mientras coquetamente desabrochaba uno a uno la chaqueta de su traje de dos piezas color verde menta.

No me puedes pedir que deje de mirarte, cuando sabes perfectamente que me es imposible dejar de hacerlo porque eres mi adicción.

Jajajaja, adulador, ambos sabemos que tienes muchos vicios en esta vida, y que incluso me has contagiado algunos de ellos. - le dijo mientras sacaba de su pequeño bolso una delicada pitillera plateada de dónde tomó un cigarro para colocarlo elegantemente en la femenina boquilla de marfil y ébano que él le había regalado.

Terry se puso en pie para acercarse hasta ella, con el fino encendedor de oro puro que su padre había usado por años le ofreció fuego y ella encendió hábilmente el delgado cigarrillo, la inflexión de su boca y la elegancia del gesto de sus manos era algo que él verdaderamente disfrutaba observar, besó su sien con cariño y se dirigió a las licoreras para servirle a ella un vaso de whiskey. Regresó hasta el sillón de dos plazas donde ella estaba sentada y le ofreció el vaso corto de cristal cortado, ella le sonrió y bebió un delicado sorbo.

Una vez más cada gesto lo volvía loco, esta mujer era una exhilarante mezcla de todo lo que él había deseado siempre, no era ya una chiquilla, y la inocencia se había esfumado hace tiempo, la puritana educación de las monjas estaba enterrada en algún lugar oscuro junto con antiguos afectos y deseos, la que tenía junto a él hoy era toda una mujer de mundo en toda la extensión de la palabra, una mujer dispuesta a disfrutar junto a él todo lo que él tenía para ofrecerle, posición, dinero, placeres, aventura. Juntos borrarían los pasados sinsabores y escribirían una nueva historia.

Hemos sido invitados a la mesa del capitán.

Sabes bien que debes guardar luto por Richard.

En todo caso tú también y no te veo portar el negro hábito correspondiente.

No tendría porque, es tu padre, no el mío. Has aceptado por supuesto.

Sí, estoy harto de estar encerrado.

Ella hizo un puchero y lo observó enojada.

¿Cenar solo conmigo es demasiado aburrido? - preguntó con la sensualidad exacta para hacerle recordar las tórridas noches que habían pasado uno en brazos del otro durante la travesía.

No dije eso, pero tengo a mi lado a la mujer más hermosa del mundo, y muero por presumirla. ¿Es acaso un pecado?

Supongo que depende a quien le preguntes. - le dijo ella encogiéndose de hombros.

Vamos, que hay más de un vestido espectacular que mueres por lucir, podrías comenzar esta noche con el rojo. –

Sería un escándalo.

Querida mía, somos lo suficientemente ricos y poderosos como para que nos perdonen el escándalo… el nombre de tu familia y tu impecable reputación son otro de nuestros grandes escudos protectores.

No sabemos por cuánto tiempo más será así, sabes bien que…

Shhh… no pienses en eso ahora, no quiero gestos de preocupación en tu rostro, sabes bien, que tu padre siempre querrá lo mejor para ti, y le convenceremos de que yo soy lo mejor, estará feliz de verte después de tanto tiempo, tu regreso será un bálsamo para las heridas causadas… no te castigará él por mis pecados...

Eso es lo que repites constantemente, pero ¿sí no es así? -

Él acalló sus dudas con un beso, aún había tiempo antes de la cena y bien podían aprovecharlo sin problemas. Besó sus labios con pasión mientras sentía cómo se derretía ella en sus brazos, cada caricia y cada beso eran corespondidos con la misma intensidad, el deslizó sus manos al borde de su falda y acarició su muslo con maestría, mientras su otra mano se preocupaba por deshacer el lazo de su blusa. Dibujó con sus labios un camino de besos, entre su boca y su blanco cuello, la recostó en el sillón sin importarle que el artístico peinado terminara deshecho, la pasión se desbordaba, pero tuvo cuidado de no marcar su blanca piel de alabastro en lugares visibles, la tomó con pasión, con instinto animal, el sexo para él siempre había sido básico, y aunque por esta mujer sentía lo que nunca había sentido por ninguna otra, eso no lo hacía un amante gentil o considerado, sin embargo, ella igualaba su salvaje aplomo paso a paso, de una manera que ninguna otra mujer lo había hecho antes. La premura de la pasión lo llevó al clímax con rapidez y después jadeantes compartieron un cigarrillo.

¿Es muy pronto para pensar en un heredero? - preguntó él.

¿Estás loco acaso? Nunca quisiste hijos… - le respondió ella reacomodando con maestría sus ropas.

No era el momento, eso es todo, pero quizás ahora…

No Terry, no hay un quizás ahora… en mis planes no está traer un niño al mundo.

El ducado necesitará…

Calla, sabes bien que ya hay un heredero, aunque por ahora esté en manos de los Andrew, además tú no naciste para ser padre, dediquémonos a disfrutar y a dejar que la malhadada suerte de los Grandchester muera contigo.

¿Estás segura?

Claro que lo estoy, ¿Acaso de pronto quieres ser modelo de domesticidad? ¿Dejarás los antros de mala muerte por ser padre?

Sabes que te seré fiel

Jajajajaja, por Dios Terry, las casas de putas no dejarán de recibir tus visitas, eso es un hecho, y no me hago ilusiones al respecto, porque sé que ellas son solo eso… putas… mientras que yo soy la mujer por la que estuviste dispuesto a arruinar tu vida y a rehacerla.

¿Así que todo será en mis términos?

Dejé pasar muchos años para estar juntos, ahora al fin lo entiendo, así que deja de hablar absurdos y tómame una vez más, aún tenemos tiempo antes de la cena.

El tiempo había volado, y la pareja terminó por llegar tarde a la cena, no era lo apropiado, pero las convenciones sociales nunca les habían interesado en realidad.

Un mozo les abrió la puerta, los invitados aún no estaban sentados, sino conversaban amenamente en pequeños grupos, el suave zumbido de las conversaciones se apagó de pronto cuando la atractiva pareja cruzó el umbral, Terry había sido siempre apuesto, y ahora que al parecer su vida era menos disipada que antes su físico lo evidenciaba.

La primera aparición social del nuevo duque de Grandchester era por supuesto un acontecimiento en sí, pero el hecho de que no se presentaba sólo sino con una mujer despampanante a su lado creó por supuesto un efecto diferente.

Él iba impecablemente vestido de gala, elegante traje negro e impoluta camisa, pechera y corbatín blancos, su cabello largo y abundante peinado al descuido le daba un aire de peligro, y colgada de su brazo estaba ella, una mujer hermosa, de menuda y bien proporcionada figura, piel blanca de alabastro que relucía contrastando con el atrevido tono rojo cereza de su vestido con aplicaciones de encaje y cuentas color negro, su melena rubia cortada a la moda y sus finas facciones enmarcaban un par de hipnotizantes ojos verde esmeralda. Su porte, elegancia y seguridad gritaban a los cuatro vientos que provenía de una noble cuna.

Ellos tomaron una copa de champagne de una de las bandejas de plata pretendiendo ignorar que todos los presentes se hacían una sola pregunta.

¿Quién es ella?

Nadie parecía tener respuesta y todos estaban seguros de que una belleza como la de ella no se olvidaba con facilidad, al fondo del salón un caballero que jugaba a las cartas alzó la mirada cuando su acompañante le preguntó:

Neil, ¿sabes quién es? - la aflautada voz sureña de su acompañante lo había sacado de su concentración y lo hizo levantar la mirada. -Neil, ¿te sientes bien? -

Había una palidez mortal en el rostro normalmente trigueño de Neil Leagan, que sólo podía ser atribuida a dos cosas, o bien se sentía mal, o había visto un fantasma.

Y precisamente eso era lo que creía Neal Leagan, frente a él colgada del brazo del recién nombrado duque de Grandchester estaba ella, una hermosa mujer de ensueño que le había robado el aliento cuando adolescente, era ciertamente más madura y hermosa, pero no, no podía ser, hacia cerca de diez años que ella ya no formaba parte de los círculos de este mundo.

¿Neil?

Ella es…- no se atrevía a pronunciar su nombre en voz alta, pero su pelirroja hermana que se encontraba a espaldas de él tratando de seducir a un príncipe ruso completó su frase no con menos sorpresa.

Candice White Andrew… - dijo Eliza Leegan sin comprender cómo era eso posible.