"El amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio."

―José Emilio Pacheco

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―No vayas.

Las réplicas de Mikasa se vieron opacadas por las exigencias del jefe de los furtivos:

― ¡No me hagas perder la paciencia!, o podría matar a tus hombres igual que hiciste con los míos.

Al parecer Armin, Jean y Kitwana eran rehenes de Ntaganda. El escenario era cada vez más desolador, no había tiempo para planes.

―Directora, si está con él, le sugiero que venga también. El campamento está rodeado.

Levi miró a su alrededor con el ceño fruncido, no tenía una sola arma a la mano. Luchaba por mantener la frustración a raya, aunado al coraje que sentía contra sí por haber bajado la guardia. Nunca culparía a Mikasa, por eso suavizó sus gestos antes de mirarla:

― ¿Confías en mí?

―Este lugar es todo lo que tengo y mi alma está en él. Moriré tratando de impedir que se queden con él, no lo entregaré.

―Lo sé, el que se entregará soy yo. ―Desmesurados los iris grises admiraron la faz viril. ―Haré todo lo posible por volver y salvar el parque, pero si no ocurre, llama al comandante Smith y dile que siento no poder cumplir lo prometido. Que estoy agradecido con él y contigo.

Quiso besarla, pero decidió que era mejor usar ese deseo como motivación. Lo necesitaría. Giró y comenzó a correr hacia el frente de las oficinas.

Tres autos todoterreno repletos de ocupantes bloqueaban el camino principal; el veterinario, Jean y el guardia estaban de rodillas con las manos sobre el suelo, cual si reverenciaran, mientras un hombre apuntaba a cada uno con un arma larga.

Levi apareció frente a todos, con las manos en los bolsillos.

―Levanta las manos, malnacido. Sin bromas, o tus compañeros se mueren.

Detrás de él venía Mikasa, con los ojos quebradizos y la cara dura. Pocas veces había odiado como lo hacía ahora porque sentía que le robaban algo preciado, muy preciado y quería matar al causante de todo que sonreía estúpidamente frente a ella.

El soldado obedeció, levantó las manos pero no aplacó el desprecio que transmitía su mirada.

― ¿Se acabaron los trucos?

―Déjalos ir, ya estoy aquí.

Lo ignoró y dirigió su mirada a Mikasa que permanecía detrás de Leví.

―Directora, tenía ganas de verla, luce mucho mejor aunque igual me gustaba verla saltando sobre mí intentando cortarme el cuello.

― ¡Qué es lo que quieres! ¿A mí? Deja ir a mis amigos entonces, e iré contigo

― ¡Mikasa, no! ―Gritaron los rehenes.

―Silencio, hijos de puta ―Fintó darles una patada y ocultar la mueca de dolor que el movimiento de su pierna izquierda le producía, pero a Levi pocas cosas se les escapaban.

―Ten cuidado, o la herida va a abrirse. ¿Te molestaría regresarme mi cuchillo?

Los atezados ojos fulguraron. Con una inclinación de cabeza, los hombres se acercaron al soldado y le ataron mientras Ntaganda comenzaba un monólogo:

―Me dijeron que todos se marcharon a Tcheguera y pensé que debía ir por ustedes hasta allá. Que volvieran a su estúpida madriguera hizo todo más fácil, vine aquí pensando que los mataría a todos como perros, pero ahora que te veo hombre blanco….El que entró a mi casa, destruyó mi campamento, mató a mis hombres y robó mi botín…―se acercó a Levi que permanecía de pie, ahora con las manos atadas. ― ¿Te gusta cazar, verdad? A mí también, de hecho quiero a mi monito de vuelta, es un encargo de hace meses y tú solo ¡has demorado aún más la entrega!

Le propinó un golpe con la culata de su revólver, abriéndole la ceja izquierda y haciendo que cayese sobre sus rodillas, no hubo más que un gruñido de parte de Levi pero internamente supo que aquello fue peligroso: había visto luces y la oscuridad quiso llevárselo de nuevo. Mordió sus carrillos con fuerza, para mantenerse consciente. Mikasa se lanzó al frente pero dos hombres ya tenían sujetos sus brazos.

―Quédese fuera de esto directora, me encargaré de usted después; llévenla con los otros.

La arrastraron hasta donde permanecían postrados sus amigos, a punta de rifle le indicaban tomar la misma postura pero con una señal Ntaganda los detuvo.

―A ella no, quiero que vea lo que le pasa a la gente que se atreve a enfrentarme. ―volvió a fijar su atención en Levi―Me han informado que viniste de américa, a salvarlos, eso dicen los incrédulos del pueblo. ¡Es fuerte! Dicen, y quizá sea cierto que un poco más que los demás de por aquí…pero no más que yo.

La sangre corría por su cara, goteando sobre la tierra, el párpado hinchándose le obstruiría la vista muy pronto pero los golpes no cesaron. En su abdomen, espalda, pecho; no se defendía pero ocultaba la cabeza evitando recibir más daño ahí.

―Le prometí a mis hombres 20 cargamentos del mejor coltán y las putas que quisieran si me traían tu cabeza. Durante los dos días que estuvieron en la selva nadie los encontró. Eres un buen perro guardián, ¿no es así, directora?

Mikasa apretaba los puños, consternada y presa de la impotencia.

―Peleaste bien, tu error fue hacerte mi enemigo. Te habría dado mucho dinero como a los otros militares que vinieron antes. No sé si eres estúpido o te crees un héroe, como sea ya no importa, el destino es el mismo. Estar tanto tiempo de pie hace que me duela la pierna, guardé tu cuchillo.

Uno de sus hombres le extendió, envuelto en un trapo, el cuchillo de caza que esa noche Levi había enterrado en la pierna del mercenario. Casi 30 cm de largo, con una hoja de 15 cm cuyo filo lustroso amenazaba el rostro de su dueño.

―Lo quería de vuelta, capitán. Aquí lo tiene. ―Levi aulló sin evitarlo cuando la hoja penetró la carne de su muslo. Mikasa no pudo contener las lágrimas, era demasiado.

―Déjalo ir…por favor.

― ¿Eh? Pero qué sucede, ah…ya veo, no quisiste casarte conmigo porque eres su zorra.

―Nada de eso, él no tiene nada que ver en esto. Fui yo quien por años impidió que hicieras lo que querías con estas tierras, si quieres vengarte de alguien que sea de mí.

―No hay forma tan dolorosa de matarte que supere lo que sentirás cuando veas morir a cada uno de tus aliados. Pero soy bondadoso, tus lágrimas me han conmovido: lo dejaré ir. Desátenlo. ―Los hombres se acercaron a cortar las cuerdas. ―Ponte de pie, bastardo.

Nadie creía lo que pasaba, no podía ser algo bueno. Mikasa temió le dieran el tiro de gracia mientras se incorporaba y observó el suplicio que implicó para el hombre, que le había hecho el amor hace tan breves instantes, ponerse de pie evitando apoyarse sobre su pierna herida. Falló los primeros dos intentos, abatido por el peso de sus lesiones; al tercero, de forma casi milagrosa, se puso de pie.

―Dejaré que te vayas…cinco minutos antes de que mis hombres vayan por ti. Corre, tan rápido como puedas, escóndete en la selva como hiciste antes. ¡Corre!

Levi dirigió una mirada a Mikasa que estaba horrorizada con el espectáculo que aquel bárbaro montaba. No tenían opción. Levi avanzó cojeando con el cuchillo incrustado hasta el inicio de la vegetación, que la noche volvía un mar denso y afilado por el borde de las grandes hojas y ramas salientes.

Ntaganda lo observó avanzar con una sonrisa diabólica en los labios y luego fijó la vista en un reloj dorado que llevaba en la mano derecha, sus hombres empezaron a encender antorchas contagiados de la excitación macabra que dar caza a hombre les producía.

― ¡Corra, capitán, corra! ¡Le quedan 4 minutos! ¡Ha, ha, ha, ha, ha, ha!

Entre risas y aullidos bestiales cerca de 15 hombres se apostaron en medio círculo, ansiosos, como verdaderos perros de caza a la espera de la orden de salida.

―Tres minutos, me pregunto si no habrá sido demasiado, ¿usted que piensa, directora? ¿Debería dejar que mis hombres salgan?

― ¡Maldito! ¡Cumple tu palabra!

―Ah, no debería insultarme, lo sabe. ¿Dónde está el mono? Si no me lo da, le quitaré tiempo a su preciado soldado…

Levantó su revólver, apuntando al cielo, pues como en una carrera de caballos esa sería la señal de salida. Mikasa estaba en un verdadero dilema, en esas condiciones Levi no debía estar ni cien metros lejos de ahí.

―En la oficina, está en mi oficina.

―Es así como debe ser, como debió ser desde un principio. Vayan por el mono.

Algunos de los hombres se retiraron de la contienda por la recompensa, notablemente molestos, para ir por Akin. Mikasa lamentaba con toda su alma el haberlo delatado, pero ahora no podía hacer otra cosa que confiar en que Levi volvería para ayudarlos, de entre los muertos si era necesario porque lo había prometido cuando la miró a los ojos antes de irse.

Muchos gritos se escucharon cuando los hombres de Ntaganda fueron por Akin, el pequeño muy asustado se resistió todo lo que pudo antes de ser atrapado por los rufianes. Incluso mordió a uno en la pierna haciendo que sangrara profusamente.

― ¡Dispárale! ¡Hazlo! ¡Me mordió!

― ¡Que estupideces estás diciendo! ―Ntaganda apareció en la puerta de la oficina. ―Si ese animal recibe un daño, te estrangularé con tus entrañas, vale más que diez como tú. Sédenlo.

― ¡No! ¡Lo matarás! Es mucha dosis para una cría tan pequeña. ―interrumpió Armin que apenas terminó la oración antes de que la voz le temblara.

― ¿Ah sí? ¿Entonces cómo lo tranquilizo, Dr? ―Ntaganda le dirigió una mirada amenazadora que hizo agachar otra vez la cabeza a Armin.

―Mikasa, ella debe cargarlo. Llegó en sus brazos y solo ella ha podido acercársele.

―No podemos enviar el cargamento con la directora como niñera, necesito otra solución.

―Que ella lo lleve hasta que yo pueda dosificar correctamente los dardos.

― ¡Hazlo ahora!

―No puedo, necesito mis instrumentos que se quedaron en Tcheguera.

―Pues a Tchegera vamos. ―Sin decir otra cosa disparó el revólver al aire, asustando a todos incluso a sus hombres.― ¡Idiotas, esa es la señal de que vayan por él!

Aclaradas las cosas, 12 hombres salieron antorcha en mano acompañados por el ruido de las armas y el crujido del suelo bajo sus botas, dispuesto a obtener la recompensa.

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¡Gracias por sus comentarios! Me alegra que les gustara, me encantan las películas de acción y tengo un crush con Rambo (casi no se nota, verdad?) pero es definitivamente complicado escribir acción, transmitir las emociones y elegir palabras que puedan llevar al lector hasta el escenario de la jungla que imagino.

Es una actu chiquita —como casi todos mis capitulos— pero con todo el cariño que le tengo a esta pareja explosiva. #RivamikaIsLifeIsLove

Nos leemos pronto