"Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal."
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
―Salga del agua.
El hombre retrocedió dándole espacio a Levi para subir al muelle. Le ayudó, aunque Levi quiso apartarse, tirando de su chaleco.
Iba a cuestionarlo pero le interrumpió.
―Suba al bote, hágalo.
Mikasa se mantenía acostada sobre la madera de la embarcación. Se acercó a ella para averiguar su estado. Respiraba.
―Debe preguntarse por qué y cómo. No lo culpo por no sospecharlo. La verdad es que me sorprendió cuando se atrevió a cuestionar la lealtad de los hombres de esta organización. Pero no tenía forma de averiguar el resto, tomó años formar la leyenda del bárbaro Ntaganda. Era mi sobrino, solo le hacía un favor a su tío.
―Toda su familia es tan buena mintiendo, ¿no?
―No, Kitwana dijo la verdad. Ordené que lo amenazaran.
―Se aprovechó de los sentimientos que tenía hacia usted, hacia su familia.
―No podía crear sospechas sobre mí.
―Pero ahora que ha muerto su marioneta, tendrá que tomar el mando.
―Era necesario, Ntaganda tomó atribuciones que no le concernían. Encontraré alguien que dirija públicamente. El estado de aquí me ayuda, debería saberlo.
―Los rangers confían y se preocupan por usted.
―Seguirán haciéndolo. No sabrán la verdad porque no habrá nadie que se las diga, la directora y el capitán murieron defendiendo este parque. Serán recordados como héroes. Ejecutaremos a su amigo y a los amigos de ella. Reitero que me hizo un favor deshaciéndose de mi sobrino y capacitando a mis hombres. ¿Hay algo que pueda hacer por usted antes de dispararle y quemar sus cuerpos en ese barco?
Levi iba a soltar insultos cuando el motor de la lancha se accionó y una mano lo tiró sobre su espalda al tiempo que el padre de Kitwana, disparaba.
La lancha avanzó al frente buscando alejarse.
―Lo siento. ―Mikasa sonreía aun con la mitad de la cara hinchada.—No pensé en algo más para salir de ahí.
Ambos se miraban acostados sobre sus costados, frente a frente.
Levi levantó la mano para acariciar su cabello.
―Yo soy quien lo siente. No pude descubrir la verdad.
― Nadie lo habría hecho. Perseguimos al enemigo de fuera pero en verdad estaba dentro. En nuestra casa.—El bote dejó de moverse.―Creo que el combustible se terminó. Como todo, ¿cuánto crees que les tome llegar hasta nosotros?
―No lo sé, tienen que encontrar otro bote. Nadar sería difícil.
―Eres bueno nadando.
―Sí, supongo, pero ahora no sé si podría llevarnos a ambos hasta la orilla. Podría intentarlo...
Con el agua escurriendo de sus mechones rebeldes, Mikasa limpió la escasa pintura restante en el rostro de él dando suaves masajes.
―Creí que no volvería a verte.
―Temí lo mismo. En verdad, yo lamento…
―Shsss, no pasa nada. Ya es suficiente, nadie ni yo misma podría reprocharme el que no fuera suficiente esfuerzo. Creí…en verdad creí que morirías y que no podría verte ni tocarte más, mierda.
Dejó que las lágrimas brotaran libremente.
―Te prometí que volvería.
Ella se acercó más al cuerpo húmedo del hombre en el barco, se acurrucó en su pecho y alzó la cabeza para alcanzar sus labios.
A lo lejos escuchó un motor, se tensó. Levi la apretó más contra sí. Cerraron los ojos.
Pero entonces él los abrió súbitamente, eso no era el motor de un bote. Al tiempo que enfocaba la vista sus mechones volaron despegándose de su cara. Un SA 330 Puma cruzó sobre ellos, era un helicóptero bimotor con cuatro soldados apuntando sus armas.
La pareja levantó sus cabezas para observar el descenso de efectivos sobre la isla.
Sobre el agua del lago Kivu más de una docena de botes de los que sobresalían cascos azules y la ondeante bandera celeste con logo blanco.
―Manos arriba, dejen sus armas, les habla la misión de estabilización de las naciones unidas en la república democrática del Congo. ―anunciaba una mujer con altavoz en perfecta lengua nativa desde uno de los botes y luego lo repetía en francés.
Otra lancha se dirigía hacia ellos. Erwin ondeó la mano. Cuando estuvo lo suficientemente cerca les invitó a subir con él y explicarles todo lo que sucedía.
―Son parte de la misión de Monusco, sí la ONU, les expliqué la situación y accedieron a ayudarnos. La verdad es que será un festín para ellos, presumo que muchos de los que buscaban están aquí y hemos desintegrado una buena red de corrupción gubernamental.
― ¿Lo sospechabas?
―Algo así, pero no estaba seguro. ―Levi lo miró con odio. ―Siento que su parque se vea invadido por tanta gente, directora Ackerman.
―No, mi gente y yo estamos agradecidos aunque honestamente me cuesta creer lo demasiado favorable que resultó el asunto.
―Sé que es raro, pero no tengo tanta habilidad. Esto es más de lo que mi visión inicial pudo calcular.
Mikasa se permitió sonreír un tanto aliviada pero mudó su expresión cuando vio al padre de Kitwana subir esposado a otra lancha.
—Su verdadero nombre es Joseph, Joseph Mobutu un antiguo lider tirano pagado por el gobierno. Consiguió cambiar su identidad y ocultarse aquí todo el tiempo. Al fin pagará por sus crímenes de guerra.
—Es increíble, un hombre que todos respetaban y de quien nadie sospecharía.
—Hay mas gente así de lo que uno quisiera creer. Son los criminales más peligrosos. Pero ya todo está bien.
—¿y adónde iremos?
—Usted, directora Ackerman, a donde guste. A ese de ahi lo llevo a un hospital.
Nada, ni siquiera la enfurruñada expresión de Levi en respuesta, opacó la radiante expresión de aquel capitán américa en el africano edén.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
¿Es este el final? No en realidad.
¿Qué les pareció este Levi recargado?
Ya sólo queda un capítulo, estén preparados.
