Gui: No se puede confiar en mí. No tengo ninguna regularidad. Lo que sí tengo es constancia y testarudez. Si empiezo acabo. Aunque tarde años. Madre mía, como me convierta en una especie de George Martin nos vamos a reír.

Reto del Tarot: Nivel 2. Cinco de Bastos: Dejarse llevar por las emociones del momento. Conflictos. Abrir la mente.

Advertencia: Las relaciones tóxicas existen. Sufrir en pareja es malo. Ahí lo dejo.

Discalimer: Bueno, estoy siendo mala persona con Stephenie Meyer. No está mal su saga. Pero no me puede normalizar así la toxicidad en pareja.


Una Nueva Luna


Promesas

Pesadillas. Noche sí y noche también, Bella se encontraba de nuevo en el bosque oscuro y silencioso, donde la calma es inquietante y le obsesiona el musgo verde de los árboles. Corría y corría, buscando algo, ¿pero qué? No había nada que encontrar. Nada que encontrar.

Los alpinistas al menos habían encontrado un oso negro enorme. Eso es algo. Algo que quizás dé miedo. Pero un oso negro gigante es mejor que nada.

Todas las noches de los últimos cuatro meses, Bella se había despertado gritando. Gritando porque no había nada. Al principio, Charlie estaba con ella. Luego se acostumbró, y Bella lo prefirió así. Mejor para esconderse. Mejor para su entumecimiento.

Nadie era capaz de entender su dolor. Nadie podía medir su pena. Por eso se alejaban de ella. Hacían bien. Bella nunca había valido la pena.

El dolor era tan fuerte que la obligó a apartar el coche a un lado. ¿No conducir borracho? Di más bien no conducir hundido en el dolor.

Se agarró el cuerpo con los brazos. El sudor le perlaba la frente, y se sentía como con fiebre. Los pensamientos se agolpaban en su mente, luchando por ocupar el lugar del anterior, repitiéndose en una rueda.

Será como si nunca hubiese existido.

Si nunca hubiese existido, el Chevrolet no tendría ese agujero negro en el pecho.

Será como si nunca hubiese existido.

Se lo había garantizado. Pues vaya compañía de seguros.

Será como si nunca hubiese existido.

El grito de frustración se le quedó atrancado en el pecho. Bella tenía a Edward en las manos, en la piel, en el pelo, en su olor – ese terrible olor, ¿no? – en la sangre, en la cicatriz del brazo, en el pecho. No se podía arrancar el corazón con uñas y dientes como había arrancado el estéreo.

¿No se suponía que Edward era inteligente? ¡Qué absurdo, prometer semejante cosa!

Será como si nunca hubiese existido.

Prometer.

Prometer. Ella le había prometido algo a cambio. Portarse bien. Mantenerse alejada del… peligro. Aquel peligro que le había traído de vuelta.

El dolor del pecho pasó a segundo plano. Abrió la puerta del Chevrolet y se puso a andar – se puso a pensar. Claro, ¡qué tonta! ¿Para qué cumplir la promesa de… de Edward? Si de todas formas no se iba a dar cuenta. Llevaba cuatro meses comportándose como debía. Hija modelo. Expareja desechada modelo – no sabría cómo calificarse a si misma con respecto a Edward. ¿Antiguo vínculo? ¿Obsesión momentánea?... ¿Error? Estaba siendo un error modelo.

Él no era un error, era un imposible, un dios terrenal, una criatura superior, pero no estaba siendo modelo. Sus poderes no eran suficientes para garantizar desaparecer de su vida.

Bien. A eso podía jugar.

¿Cómo arriesga uno la vida en Forks? Seguro que podía encontrar algo.

Fue casualidad caer de bruces sobre las dos motos, claro, no eran nada peligroso hasta que a Bella se le llenó la mente de determinación.

No sólo incumpliría su promesa (a Edward, y a Charlie – sí, Charlie, te prometo no montar nunca en moto), sino que incumpliría la de Edward por él. Oh sí.

Será como si nunca hubiese existido.

Oh, pero exististe. Existes.


Podría decirse que las palabras se las lleva el viento, ¿eh, Edward? Creo que este momento puede considerarse el primero en el que Bella no le hace caso a Edward. Toma su propia iniciativa. Aunque sea para tener más de él, yo creo que es un paso.

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Gui
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