Gui: Bueno, esto ha sido todo por hoy. Una introducción al hecho de que me quiero poner al día. Con capítulos cortitos, porque no se me dan bien los largos, lo que hace que publique más.
Reto del Tarot: Nivel 2. Siete de Copas: Dejarse llevar por el ocio y olvidar el deber. Soñar despierto.
Advertencia: Las relaciones tóxicas existen. Sufrir en pareja es malo. Ahí lo dejo.
Discalimer: Bueno, estoy siendo mala persona con Stephenie Meyer. No está mal su saga. Pero no me puede normalizar así la toxicidad en pareja.
Una Nueva Luna
Deber
No había soñado. No había tenido su pesadilla habitual. ¿Cómo era eso posible? ¿Acaso se podía estar olvidando…?
¿Estaba aliviada?
El corazón le latía a mil.
No, no era más que el ojo del huracán, una noche de tranquilidad, una noche de reposo, antes de volver con más fuerza. No podía olvidarse del dolor así en un día.
¿Habría sido Jacob?
No. No era más que la sorpresa de descubrir en él a alguien que le gustaba, con quien se lo pasaba bien. No era más que lo divertido de que el chico se entusiasmase con ella.
Seguro.
Su corazón volvió al estado dolorido habitual y Bella se fue a ver Jacob, como prometido, para ir a buscar piezas. Seguro que hoy, aunque lo pasasen bien, volvería a soñar. Seguro.
Seguro.
Al menos, le sonrió sin esfuerzo, y aquello ya era una novedad. Una novedad tranquilizadora, por supuesto.
–¿Se te rompió el estéreo?
Por supuesto que preguntaría por él. Jacob había hecho sus pinitos de mecánico con ese Chevrolet. Bella no sintió dificultad en contestar que sí. Ése era el efecto que Jacob tenía. No obstante, seguía siendo una mentira. Lo que se había roto no había sido el estéreo.
–¿Quién se lo llevó? Ha hecho un buen destrozo…
Uñas y sangre y destornillador. Y la bolsa de basura.
–Fui yo.
Jacob se echó a reír y añadió:
–Pues quizá sea mejor que no toques mucho las motos.
Oh, las motos. El peligro. Edward. Ahí estaba otra vez. Seguro que tendría pesadillas.
Jacob se tiró mucho tiempo hablando de sus cosas, de sus amigos. Era entretenido escucharle, pero él quiso hacer hablar a Bella.
No le hizo gracia que diese una opinión positiva sobre Quil.
–A Quil también le gustas tú. –Ceño fruncido. Qué gracioso, un adolescente celoso.
–Pues es un poco joven para mí.
–No es mucho más joven que tú. Sólo un año y unos meses. –Como Jacob, ¿no?
Bella sólo podía pensar que Edward tenía diecisiete.
Aunque a lo largo del día, hubo momentos en los que se le olvidó pensar en él. Era divertido mirar a Jacob eligiendo piezas de moto llenas de grasa negra en el vertedero. Era gracioso calcular sus eventuales años según sus habilidades – el que Jacob fuese hombre le quitaba años, pero sabía de mecánica; el que Bella pagase por las piezas restantes con un cheque le añadía. Fue agradable comer con los Clearwater, y Charlie, y Billy, y pasárselo bien. Bella no quería irse.
Pero debía.
Cuando volvieron a casa, le asaltó el sentimiento aterrador que salía de su cuarto, pero sabía que no le quedaba otra. Tenía que pagar por su inconsciencia. Por haberse divertido. Tenía que pagar alegría con dolor, felicidad con desesperación. Porque no se lo merecía. Oh, no.
Se despertó chillando contra la almohada.
Pero había algo nuevo. Algo con lo que no sabía qué hacer. Sam Uley estaba en su sueño, el mismo que la trajo de vuelta a casa cuando... cuando Edward...
La había observado impasible. Como regañándola. ¿Qué significaba eso?
Ahora voy a tener que lidiar con el tema hombre lobo. Tengo que admitir que me da pereza. Pero todo sea por tirar por suelo la toxicidad de las criaturas mitológicas.
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Gui
SdlN
