Disclaimer: los personajes de Naruto no me pertenecen.

Advertencia: Au, lemon, lenguaje vulgar, Occ.

Notas: Dedicado a todos aquellos que leyeron Hurricane. *corazón gay*


Le habían dado el horario de la muchacha, por supuesto ella no se lo había facilitado si no más bien que todo había sido obra de la abuela Chiyo. Sólo los martes y los jueves se alteraba su horario, hacia natación, según la anciana, y el resto de la semana debía llevarla a la casa y quedarse allí hasta que la señora Jidanda regresara. Los fines de semana era lo mismo solo que había accedido a acompañarla a cualquier lado siempre y cuándo no tratara de escapar.

Lo había aceptado a regañadientes.

Ese lunes había asistido puntual, un poco antes en realidad, deseaba llevarse lo mejor posible para que de esa manera su trabajo fuera más sencillo. Notó que ella quería todo lo contrario al verla masticar ruidosamente su desayuno frente a él, mostrando los trozos de comida.

Le recordó inmediatamente al mejor amigo de su hermano menor, igual de incivilizado que ella.

—Tenten, no fastidies a Uchiha-san —regañó Chiyo. La castaña rodó los ojos antes de acomodarse un mechón de cabello detrás de la oreja, comenzó a masticar con la boca cerrada recuperando un poco la compostura—. Disculpela, sólo no está muy contenta con todo esto. Pero es así con todos los empleados, al principio no quería verme ni en estampilla.

Decidió entonces, que si ella no quería colaborar sacaría información por otros medios. Haría bien su trabajo, quisiera o no.

—¿Hace mucho trabaja aquí Chiyo-san?

—Bueno, mucho antes de que su padre falleciera, en ese entonces era su Nana, ahora cocino para ellas —intentó ser lo más breve posible—. Corría desnuda por la casa cuándo intentaba bañarla, nunca fue fácil.

—No es necesario que le des tantos detalles a este pervertido, Obasan —protestó la menor, se limpió la boca y se puso de pie para ir a lavarse los dientes.

—Es algo tosca al principio, pero luego te dará menos dolor de cabeza —agregó. Minutos después la adolescente se colocó frente al umbral de la puerta con la mochila en el hombro y el uniforme de la escuela, curiosamente el mismo que usaba su hermano.

Nunca había visto a alguien escribir tan rápido en su teléfono, ni una falda tan corta como esa.

—Vamos, mientras más rápido nos vayamos menos tendré que ver tu rostro de anciano —sin duda se sintió ofendido, sólo tenía ojeras, pero confiaba en que aún lucía bastante joven—. Nos vemos en la noche, Obasan.

—Suerte mi niña.

Cruzaron la entrada y luego hicieron el mismo camino que había recorrido la primera vez, le abrió la puerta trasera y ella pisó su nuevo juego de zapatos antes de subir.

—Lo siento, Uchiha-san —siseó una vez sentada. Le sonrió forzadamente en respuesta, no podía ser grosero, se recordó.

Se subió en el lado del piloto, recién comenzaba y ya quería que todo acabara, sin duda su padre estaría decepcionado de él.

El camino fue silencioso, podía verla por el retrovisor. Sus pies sobre el respaldo del asiento de acompañante le fastidiaban pero sabía perfectamente que decirle algo no serviría de nada, después de todo se había puesto los auriculares en el momento que arranco el vehículo; movía la cabeza al ritmo de la música y de vez en cuando imitaba el movimiento de una batería.

Era linda cuando se comportaba como alguien normal, pensó.

Llegaron a la secundaria sin mucho problema, en veinte minutos exactos. Tenten se bajó del auto sin esperar a que abriera la puerta, murmuró un simple "adiós" y se adentró en el edificio.

Suspiró, serían unos meses muy largos.

(Prohibido)

Guardó sus auriculares en su mochila y cambió sus zapatos, colocó las cosas en su casillero y buscó lo que necesitaría para la siguiente clase.

Estaba en el último año, ya había decidido que quería hacer cuando se graduara y pese a las protestas se su madre, estaba ansiosa ante la idea de independizarse y vivir por ella misma. Aunque por supuesto, Jidanda no la dejaba trabajar como quería.

Una parte de ella la detestaba por eso.

Con eso en mente cerró la puerta, se exaltó al ver que Hinata llevaba allí hace quién sabe cuanto, ¡algún día la mataría del susto!

—Ne, Hinata-chan, no hagas eso —protestó mientras llevaba su mano hacia su pecho, el corazón le latía impasible—. Te dije que me asustas.

—L-lo siento —murmuró sonrojada—. Llegaste con un-m nuevo chof-fer —desvió la mirada hacía la entrada donde efectivamente, seguía ese pervertido con el auto.

—Si —gruñó—. Mi madre cree que necesito niñera.

—Es culpa de mi padre —otra voz, allí estaba Neji Hyuga, amigo de la familia y su amor platónico, por supuesto que la diferencia de edades nunca le habían permitido sobrepasar la ética—, él la convenció —eso tenía más sentido, por eso era la misma empresa que la que usaba la familia de su mejor amiga—. Señorita Akiyama, bajese esa falda.

Ahí estaba de nuevo, el monótono tono de su profesor de matemáticas.

Lo vió marcharse y mientras soltaba un impropio hizo lo que su maestro le ordenó.

—Nunca me hará caso, ¿verdad? —dijo, mirando a Hinata mientras alisaba su falda.

La peliazul negó con cierta pena. Sabía lo mucho que le gustaba y aunque comprendía las razones por las cuáles el no la miraba (ocho años de diferencia) no podía evitar pensar que era triste que los sentimientos de su amiga se vieran afectados de por medio.

—Ven, vamos a buscar a Ino y Temari —cambió de tema drásticamente y la sujetó del brazo—. Tengo planes para el fin de semana.

—Pe-pero creí que tu chofe-

—¡De eso me encargo yo Hinata-chan!—interrumpió con voz alegre, colocando un dedo sobre sus labios mientras le guiñaba un ojo—. Tú solo debes persuadir a tu padre para que te deje salir con nosotras, ¿si?

Asintió insegura de sus palabras, bueno, intentarlo no la mataría.

—Ya verá mi madre, ¡ese Itachi rogará para que lo despidan!

(Prohibido)

Cuándo las clases terminaron, él ya había acabado ese libro que su amigo Yahiko le había traído desde Argentina. "Los ojos del perros siberiano", muy triste sin duda, le había dejado una sensación de pesadez en el pecho.

La castaña se adentró del auto en cuanto guardó el libro bajo el asiento. La observó nuevamenye por el retrovisor y frunció el ceño ante su ojo morado y labio cortado.

—Señorita Akiyama —la adolescente levantó los ojos para encontrase con los suyo a través del espejo—, ¿qué le sucedió?

—Nada que le interese.

—La golpearon —farfulló con una ceja arqueada—, y todo lo que haga es de mi interés ahora.

Tenten soltó un monosílabo en respuesta, no estaba de humor para discutir en ese momento.

—Tuve una pelea, ¿ya podemos irnos?

Negó.

—Ah, ¿qué más quiere anciano? —se cruzó de brazos, aunque le dolieran un poco tras las golpes.

—Debe decirme todo lo que pasó si quiere que nos vayamos.

La fémina apretó los labios, si bien le molestaba que estuviera invadiendo su espacio, entendió que sólo regresarían a casa si le daba lo que él quería.

—Kim, peleamos, gané, es todo, ¿ya nos vamos? —el no encendía el vehículo y eso le comenzaba a poner de los nervios—. Kim Sato, ¿quieres que te deletree el nombre también?

—No —sonrió divertido por su actitud y volteó su vista al frente para cumplir con lo que había prometido—, gracias por su colaboración.

Viajaron nuevamente en silencio, y tras llegar a la mansión no volvió a ver su rostro. Masajeó sus sienes y se sentó con Chiyo en la cocina, dónde estuvo hasta que Jidanda llegó acompañada de dos hombres y le pidió que se marchara.

Finalmente regresó al pequeño departamento que compartía con su amigo Kisame, un estudiante de cocina internacional.

—Que cara traes —dijo el amante del Sushi al verlo entrar, porque si había algo que le gustara tanto como cocinar, era preparar y comer sushi—, ¿todo bien?

—Me sacará una úlcera —protestó sentándose en el sillón, tomó su celular y tecleó un mensaje para Karin Uzumaki, una compañera de trabajo—, es grosera y poco femenina.

—Suena justo cómo tu tipo —indicó, con burla.

Rodó los ojos, y luego fijó su atención en la pantalla de su móvil. La pelirroja prometía darle la información sobre la chica que había peleado con la castaña.

Decidió que luego de cenar se daría una ducha para después dormir como tenía merecido. Al menos así, podría librarse de la fastidiosa joven que se había apoderado de sus pensamientos.

(Prohibido)

Al día siguiente, contrario a lo que había esperado, había despertado con una erección molesta en su boxer, que por más que le costara admitir, eran producto de un sueño morboso con la molesta chica Akiyama.

Dos días y ya había logrado traumarlo lo suficiente.

Se frotó el rostro antes de mirar el reloj que se encontraba sobre el buró. Bien, tenía tiempo para darse una ducha fría, aunque eso haría que no llegara a desayunar.

Compraría algo en el camino, decidió.

Llegó a la misma hora que el día anterior. Esta vez la castaña ya se encontraba lista, estaba sentada en el sofá de la sala observando su celular.

—Buenos días —se encontraba algo incómodo, rememoraba una y otra vez su sueño.

—Si, buenos días —contestó, al parecer estaba de mejor humor esa mañana—. Recuerda que debes llevarme al club.

—Si, señorita.

—Bien, vamos —se levantó de su lugar, cuándo estuvo frente a él notó su cabello húmedo—. Te enfermaras si te bañas a estas horas, digo, no es cómo que me importe, pero si te apestas me contagiaras.

—Lo siento, lo tendré en cuenta —no respondió y simplemente pasó de largo.

Viajaron en silencio, pero esta vez la castaña preguntó (bueno, le ordenó) si podría poner música en volumen alto. Por lo que, muy a su gusto, viajaron al ritmo de Rammstein.

Al menos escuchaba buena música.

Al igual que ayer, la esperó en el auto hasta que finalizaron las clases. Se dió de todas formas, unos minutos para comprar un café y unos rollos de canela, esperaba que lo de esa madrugada no se repitiera.

A eso de las cinco de la tarde ya se encontraban en el Club Hozuki. Pudo al menos, vigilarla desde el café que daba directo al piscina. Se sorprendió de lo bien que se desenvolvía la muchacha en el agua, su expresión era mucho más relajada que la que solía llevar y eso por alguna razón, le género alegría.

Que estúpido.

La siguiente hora se la pasó sentado, leyendo la información que Karin le había enviado. Al parecer Kim, era una estudiante normal, del tipo bully, pero le resultó extraño que en su expediente sólo saltaran sanciones por molestar a una tal Hinata Hyuga y no a la castaña, ¿entonces por qué había peleado con Tenten?

Luego podría preguntarle.

Veinte minutos después de haber terminado, la chica se paró a su lado, cambiada y ya duchada. Su abdomen descubierto lo tento por medio segundo, sus pantalones holgados le sentaba bien junto con ese peinado desprolijo. No tenía que ser un genio para saber que la fémina había despertado a sus instintos más primitivos, nada que no pudiera controlar.

—Ya estoy lista —le informó.

—Antes de que nos vayamos —la chica arqueó una ceja, no quería hablar con él—. Quiero saber porque peleaste con esa chica ayer, ella nunca te molestó, ¿no es así?

Que indagara sobre ello la tomó por sorpresa, aunque sin duda era razón suficiente para molestarse dado que esa información seguramente la había obtenido a sus espaldas.

—¿Cómo-...sabes qué, no importa —se tocó la frente, furiosa—. Molestaba a mi amiga, me cansé, y le rompí la nariz, es todo, fin de la historia.

Entonces, ¿había defendido a alguien más? No lo esperaba, no de alguien que actuaba como una niña consentida y egoísta.

Mientras la miraba dormitar en el asiento trasero, pensó que tal vez, no le desagradaría tanto trabajar con ella.


¡Hey! ¿Qué tal? Cómo verán, el primer capítulo es también una pequeña introducción a la relación de estos dos. Pronto haré aparecer a Sasuke, pero no estoy seguro de si funcionará como un triángulo amoroso en sí mismo.

Por cierto, ¡gracias a mi querida lectora habla-inglesa! Me siento muy halagado de que te tomes el tiempo de leer esto, y estoy muy contento de que hayas disfrutado de Hurricane, espero no decepcionarte con esta historia.

Sin más que decir, ¡nos leemos!