Disclaimer: los personajes de Naruto no me pertenecen.
Advertencia: Au, lemon, lenguaje vulgar, drogas, alcohol, Occ, etc.
Notas: Dedicado a todos aquellos que leyeron Hurricane. *corazón gay*
La historia se va a desarrollar algo lento al principio, pero prometo que las cosas se van a poner más interesantes en un par de capítulos -guiño, guiño-.
Aproveché para contarles un poco sobre la vida de Tenten, y seguramente haré lo mismo con Itachi más adelante.
Sin más, disfruten del capítulo.
El resto de la semana no fue fácil, a penas cruzaban palabra y la muchacha siempre tenía algo que criticarle. Ya estaba hastiado de ella, pero era su trabajo.
Por fin el viernes había llegado, y aunque no le alegraba tener que llevarla a una fiesta, por lo menos el sábado tendría un día para descansar.
Cerró el periódico que había estado leyendo, ya era la hora de salida y en cualquier momento debía de estar por subir al auto.
(Prohibido)
—Invité a Sasuke como me pediste —le dijo Temari mientras cerraba su casillero—, bueno, convencí a Shikamaru de invitar a Naruto y él preguntó si podía llevar a Sasuke.
—Gracias —se colgó la mochila al hombro— ¿Cómo están las cosas con Shikamaru?
—Bien, aunque está cansado por la Universidad así que no nos vemos seguido —se frotó la nuca con pereza, eso le recordó mucho a su amigo—. Dijo que te espera, quiere mostrarte sus videojuegos nuevos.
—¿Y sabe algo de Ino? —naturalmente solían ser cuatro en el grupo. Ino, Hinata, Temari y ella.
Pero la Yamanaka se había graduado junto a Shikamaru, Choji y Kankuro al ser un año más grande que ellas. Por lo que desde que habían comenzado la universidad, a penas tenían contacto.
El Akimichi y el Nara habían decidido hacer una "reunión" de amigos, pero la organización había sido tan desastroza que terminaron por armar una gran fiesta en la casa que alquilaban para vivir.
Perfecto para su plan.
—Comenzó a salir con una chica —respondió, observando como la Hyuga se acercaba con pasos apresurados a ellas—, Sakura, creo.
—Fantástico, ya era momento que deje a Sai atrás —murmuró, después de todo la chica había estado muy triste desde que el pintor se marchó del país— ¡Hinata!
—Uh, l-lo siento —la peliazul sostuvo sus libros contra su pecho—, estaba buscando los libros para el exámen.
—Hina —gruñó—, ¡hoy hay fiesta! Podrás pensar en eso mañana.
—Si, pero...
—Tennie tiene razón, te asfixiaras entre tantos libros —la ayudaron con el material y caminaron juntas a la salida, dejaron las cosas en el vehículo que la había traido—. Buenas tardes, Yahiko-san.
—Señorita Sabaku No, Akiyama —el pelinaranja inclinó la cabeza—. Espero cuiden bien a la señorita Hyuga esta noche.
—Tengalo por seguro Yahiko-san —contestó la castaña mientra le guiñaba el ojo—. Nos vemos en la noche.
Se despidió con un gesto de mano, debía apresurarse para poder llegar a su casa y tomar un baño. La rubia y la peliazul subieron al auto del chofer de esta última, se arreglarían en su casa.
Llegó frente al auto de su guardaespaldas y abrió la puerta.
—Vamonos.
—Si, es un placer volver a verla señorita Akiyama —puso los ojos en blanco—. ¿Tuvo un buen día?
Apretó los labios, no es que tuviera algo contra él; pero realmente quería volver a tener su vida normal, no podía hacer nada mientras él estuviera pegado a su trasero, además de que su madre no había cedido a darle un motivo para que él estuviera allí. Y era obvio que por su parte, Itachi no renunciaría tan fácil.
Recuperaría su vida tal y cómo estaba.
—Si —respondió finalmente, mientras el vehículo comenzaba a andar—. Gracias por preguntar.
El azabache la miró por el retrovisor y sonrió levemente, era un avance, quizá había recapacitado.
Llegaron a la residencia tras unos minutos, no había tanto tráfico a pesar de ser el último día de semana. Se quedó en el área de servicio junto a Chiyo y la mucama, Yukata.
A las nueve la castaña se apareció en la cocina mientra tomaba el café que le había preparado la Nana, escupió el contenido en cuanto vió su vestido.
—¿Qué te parece obasan? —cuestionó, girando para lucir su atrevida vestimenta de color violeta. Tenía el cabello atado en dos moños desprolijos y solo se había delineado los ojos.
—Un día me matarás de un infarto —dijo la anciana—. En mis tiempos no podíamos usar ropas tan sugerentes.
—Señora Chiyo, los tiempos cambiaron —intervino Yukata—. Se ve preciosa señorita Akiyama.
—Gracias.
—¿Usted que opina Itachi-san? —la mucama lo observó con sus grandes ojos negros, ¿se lo había preguntado con maldad o era honesto?
—B-bueno —se rascó la mejilla con nerviosismo—, se ve...bien.
La muchacha a esa altura ya estaba ruborizada, sin entender porque.
—¡C-cómo sea! Estoy lista, vámonos.
Asintió y le dió un último sorbo a su bebida, se disculpó por haber manchado la mesada y se puso de pie.
—¡Nos vemos mañana, Obasan, Yukata-san!
El camino a la fiesta fue silencioso y tranquilo, el Uchiha no podía evitar pensar que la chica se veía atractiva, más de lo usual.
Una vez que llegaron, la castaña le dirigió la palabra antes de abandonar el vehículo: —Deberíar ir por algo de comer, y...te llamaré cuando termine, puedes irte.
—Ya comí, señorita —informó—. Estaré aquí por si me necesita.
—De acuerdo —sonrió levemente, era lo que esperaba—. Nos vemos.
Lo primero que hizo al entrar, fue a buscar a alguna de sus amigas, a penas comenzaba y las cosas ya parecían fuera de control, había más gente de la que sus amigos habían invitado. Para su sorpresa a la primera que vió fue a Ino, acompañada de una chica de cabello rosa, se acercó a ellas y abrazo a la rubia con efusividad.
—¡Ino! —la rubia correspondió el gesto con la misma emoción—. Te he echado de menos.
—Tennie, yo igual —la Yamanaka sonrío hacía ella—. Oye, mira —se apartó lo suficiente para que pudiera ver a la de cabellos rosados—. Ella es Sakura.
—Hola —la aludida la saludó con alegría, le cayó bien de inmediato—. Ino me habló mucho de ti, de todas.
—Yo también escuché de ti —se separó de su amiga para darle la mano a la ojijade—, es un placer.
—Igualmente.
—Temari me contó lo de tu madre —dijo la rubia—, parece que se cortó tu diversión.
—No por mucho, ¿viste a Sasuke?
No había que ser muy inteligente para encontrar la familiaridad entre esos dos, tenían el mismo apellido y además eran muy parecidos. Aunque no tenía mucha relación con el menor de los Uchiha ya que iban a divisiones diferentes, lo conocía lo suficiente para saber la mala relación que tenía con su propia familia.
Esperaba poder usar eso en contra de su guardaespaldas.
—Estaba con Naruto y Shika, en la cocina —la Haruno tiró de ella al escuchar la canción que comenzaba a reproducirse—. Iremos a bailar, ¿quieres venir?
—Lo siento, tengo que hacer algo, pero las veo después.
—De acuerdo, nos vemos —la dejaron sola entre la multitud que comenzaba a acumularse en la sala.
Habían demasiadas personas para una casa tan pequeña.
Se movió con agilidad entre la gente y llegó a la cocina, Shikamaru, Temari, Naruto, Sasuke y Hinata se encontraban conversando al rededor de la mesada, bebiendo unas latas de cerveza.
—¡Hey! —se acercó al Nara y depósito un beso en su mejilla, hace mucho no veía a su mejor amigo—. ¿Cómo estás chico perezoso?
—Estaba bien, hasta que llegaste —bromeó.
Había crecido junto al Nara, sus madres eran muy buenas amigas y habían sido obligados a interactuar desde temprana edad, por supuesto que a pesar de eso, su relación se formó por si sola al tener cosas en común. Poco después, Naruto, Ino y Hinata llegaron al grupo, fueron un grupo reducido hasta los 11 años dónde, al empezar el secundario, fueron conociendo más personas.
Aún así, aquél lazo nunca se rompió. Y se vió fortalecido tras la muerte de su padre, Shikamaru había sido un gran apoyo para ella.
—Temari dijo que me extrañabas —lo picó—, ¿no es así?
—Por supuesto —contestó la rubia—, recuerdo como decías entre lágrimas "oh, necesito a Tennie, mi vida es vacía sin ella".
El pelo de piña rodó los ojos, estaba rodeado de mujeres problemáticas.
—¿Sin palabras?
—Espero tengas una muerte horrible.
Ambas mujeres rieron. Maldijo el día en que le presentó a Temari, entre esas dos, nunca encontraría paz.
Se unió a ellos tomando la latita que sobraba, hablaron amenamente con la música de fondo. Choji fue de paso a saludarlos, y les presentó a Karui, una chica que venía del extranjero con la que rápidamente entablaron amistad.
Vió un sin fin de rostros conocidos, y se dió cuenta de lo mucho que extrañaba estar con sus amigos, aunque no fuera el ambiente adecuado. Había adoptado una vida llena de problemas desde hace un año, intentando fastidiar a su madre que, increíblemente, seguía sin darle atención.
Sabía que se comportaba de manera estúpida, y aunque nunca había dejado sus estudios de lado, seguía intentando encontrar la solución en el sexo o el alcohol. Aunque desde la mirada de decepción que le había dado su amor platónico, su actitud problemática se había reducido considerablemente, no desaprovechaba la oportunidad de darle un dolor de cabeza a Jidanda llegando a casa con un llamado de atención por su conducta o extendiendo sus salidas más de lo necesario.
—Hinata, esa falda te queda muy linda —prestó atención a la conversación que el rubio y la Hyuga tenían junto a ella en voz baja, sonrió para si.
Por más que ella nunca lograra tener el aprecio de Neji, esperaba que sus amigas encontraran a ese alguien especial que las ayudara a ser la mejor versión de si mismas.
Era momento de poner su plan en acción, y quizá, podría sacar algo bueno de todo eso: darle a su amiga la oportunidad de confesar sus sentimientos al rubio cabeza hueca.
Miró a Temari y apuntó disimuladamente con la cabeza a los otros dos. La rubia entendió de inmediato y tiró de la camiseta de su novio antes de susurrarle algo al oído.
Él asintió con pereza.
—Oye, Ten —miró a la castaña con una ligera sonrisa—. Me compré una playstation dos, y un par de juegos.
—Tengo que verlos —se dirigieron a la salida de la cocina, antes de pasar por el umbral, se paró para observar al Uchiha—. ¿Vienes Sasuke?
El aludido analizó la situación, subir al cuarto del Nara con personas que a penas conocía, o ser el mal tercio entre el coqueteo que tenían su mejor amigo y la extraña chica Hyuga.
Bueno, los videojuegos sonaban mejor que presenciar el intercambio de saliva que tal vez tendrían esos dos.
—Claro —la castaña pareció contenta con esa respuesta y la siguió de cerca. Subió las escaleras detrás de ella, observando minuciosamente como el vestido se ceñia a su trasero.
Pasó saliva.
Entraron al cuarto con paredes de color beige, era sin duda un lugar muy monótono, el café y el verde obscuro presominaban en la habitación, y había dos puffs blancos frente a un televisor viejo.
—Mis padres y los de Choji nos ayudaron con los pagos —dijo Shikamaru—, aunque planeo devolverles el dinero más adelante.
—¿Trabajas? —interrogó el Uchiha.
—Si, pero hice pasantías en la empresa de mi padre desde los dieciséis, Choji igual.
—Entiendo.
La castaña se sentó en el suelo, abriendo una caja que estaba junto a la comoda del televisor.
—Que nostálgico te pusiste, Shika —sujetó dos juegos, Crash y Devil May Cry—. No te pondrás más joven solo por tenerlos, ¿sabes?
—Deja de molestarlo —la rubia se rió, no entendía la fascinación de su novio y amiga por los videojuegos de antaño, aún recordaba el día que cerraron el último arcade de la ciudad. Lloraron por una semana.
—¿Tienes marvel vs capcom? —Sasuke se sentó junto a la Akiyama, y al igual que ella, se dió el lujo de revisar la caja.
—¿A quién le gusta esa porquería? —el anfitrión se cruzó de brazos—. Dc es mejor, hasta sus juegos.
—Tienes un calzón del hombre araña —murmuró su novia.
—Pero antes era de Dc.
—Marvel es igual de bueno, rindete —farfulló la castaña, luego miró al Uchiha—. Lo debe tener, es de sus favoritos.
—¿Te gustan los cómics?
—Si tienes tantos amigos frikis —respondió, haciendo referencia a los hermanos de Temari, Choji, Naruto y Shikamaru—, es imposible no adoptar el interés en algún punto.
Se sumergieron finalmente en una conversación vanal, la rubia supo que era momento de dejarla sola.
—Nosotros, deberíamos ver que todo esté bien —miró al Nara con insistencia—. Antes de que rompan algo.
—Si —no comprendió la repentina urgencia de ello, después de todo estaba el Akimichi abajo, e Ino tampoco permitiría que alguien destrozara su casa. Pero ya tendría tiempo de indagar luego—, deberíamos.
Los otros dos presentes no prestaron atención cuando se fueron, o fingieron no hacerlo y siguieron en lo suyo.
Ya había logrado acercarse a él, ahora solo quedaba averiguar todo lo que pudiera sobre Itachi Uchiha.
