Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC

LAS NOTICIAS


«4»


—Vamos a ver qué conseguimos en las maquinas —murmuro Hinata, cogiendo la bolsa de los dulces y dirigiéndose hacia la puerta.

Naruto había permanecido allí, mirándola durante un largo rato. Parecía que habían pasado varios minutos, pero en realidad no habían sido más de treinta segundos.

Sus ojos azules tenían una curiosa expresión de depredador, y no se sentía con fuerzas para permanecer de pie frente a él, como una víctima propiciatoria, ni un momento más.

Naruto salió, y ella cerró la puerta de la oficina tras de sí. Después miro hacia el pequeño distribuidor.

—Y bien, ¿dónde están esas máquinas? —Preguntó, finalmente—. No soy una consumidora habitual de comida rápida, de modo que nunca las he usado.

—Hay una de bebidas al fondo —contesto—. Las de comida están en la compañía de seguros. Tienen una habitación especial para el esparcimiento de sus empleados, y no creo que les importe que la usemos.

Naruto camino por el pasillo, en dirección contraria a los ascensores, y Hinata lo siguió.

—¿Cómo vamos a entrar? —Pregunto ella, algo cáustica—. ¿Pegándole un tiro a la puerta?

—Si es necesario, sí —replicó, de buen humor—. Pero no creo que haga falta.

Hinata esperaba que no. Por lo que conocía, las aseguradoras no solían encontrar divertido determinado tipo de cosas. Podía imaginarse recibiendo una larga factura de daños y perjuicios, y no le apetecía demasiado.

Naruto se detuvo ante la puerta de la compañía de seguros. Abrió la cremallera de la bolsa de cuero y saco una cajita parecida a la que Hinata usaba para el maquillaje. La abrió, y el parecido acabó ahí. En lugar de pinceles y brochas, había gran variedad de instrumentos de metal. Cogió dos de ellos. Introdujo el largo y delgado en la cerradura, y con el segundo empezó a hurgar en ella, con movimientos lentos y delicados. Hinata permanecía a su lado, agachada para poder ver mejor.

—¿Podrías enseñarme a hacer eso? —Pregunto completamente fascinada.

Las comisuras de los labios de Naruto temblaron un poco, mientras seguía trabajando en la cerradura.

—¿Para que? ¿Es que has descubierto que tienes madera de ladrona?

—¿Y tú? —Contestó—. Yo diría que es un conocimiento muy útil, porque puede darse la posibilidad de tener que abrir una cerradura.

—¿Y vas a llevar un juego de alambres en el bolso?

—¿Por qué no? —Pregunto mientras apuntaba con el dedo hacia la bolsa de cuero—. Tú llevas uno.

—Pero esto no es un bolso. Ah...

Se interrumpió, satisfecho al comprobar que el cerrojo se había abierto. Cogió los alambres, los volvió a guardar dentro de la caja, y metió esta en la bolsa. Después, con calma, abrió la puerta.

—Explícame la diferencia entre mi bolso y tu bolsa —dijo Hinata, mientras entraba en la pequeña y silenciosa oficina.

—La diferencia no estriba en la bolsa. La diferencia está en lo que lleva dentro.

—Ya veo. De modo que si cojo las cosas que llevo en mi bolso, y las pongo en tu bolsa de cuero, ¿se convertirá en un bolso?

—Vale —dijo—. De acuerdo, es un bolso. Lo que pasa es que los hombres no los llamamos bolsos. Los llamamos bolsas de mano, o simplemente bolsas de cuero.

—Lo mismo, pero con otro nombre —murmuro ella, triunfante.

—Esa es una de las cosas que más me gustan de ti. Sabes ganar. No dudas ni un momento a la hora de llevar la contraria.

—Hay quien se lo merece y hay quien no —comentó Hinata mirando a su alrededor, sin ver nada más que escritorio vacíos y pantallas de ordenador apagadas—. ¿Dónde está esa habitación?

—Por aquí.

Naruto camino por un corredor que estaba a oscuras y abrió la última puerta a la derecha.

La habitación tenía dos ventanas, de modo que había luz. Varias máquinas alineadas contra la pared ofrecían todo tipo de productos, café, refrescos, zumos y dulces. Había un microondas en un mostrador, y un frigorífico. También había un sofá de vinilo, dividido en partes, como los de los vagones del metro, y unas cuantas sillas colocadas alrededor de las dos mesas de cafetería.

—Mira qué hay en el frigorífico mientras abro las maquinas —dijo Naruto —. A ver si queda algo de hielo. No lo necesitamos ahora, pero no estaría de más saber que podemos usarlo. Y hazlo tan deprisa como puedas, para que no se caliente.

—Sé bastante sobre frigoríficos y corte de electricidad —puntualizo Hinata.

Abrió el congelador, y salió una nube de vapor frío. Había seis cubiteras llenas. Cerro la puerta con tanta rapidez, como la había abierto.

—Hay hielo —dijo.

—Bien —exclamo Naruto, que ya había abierto la maquina y estaba cogiendo paquetes de galletas saladas.

Hinata abrió el frigorífico, pero su contenido era decepcionante. Sólo una bolsa de papel grasienta, que prefirió no investigar, y una manzana, que cogió. Los compartimentos de la puerta tenían gran variedad de condimentos, nada apetecibles. Seria repugnante poner salsa de tomate en el dulce de miel.

—Sólo hay una manzana —dijo.

Naruto dejó de llenar la bolsa de cuero.

—Bueno; tenemos pasteles, galletas, barras de caramelo, y lo que cogiste del escritorio de Ino.

—Espero que mañana por la mañana hayamos conseguido salir del edificio, de modo que es suficiente.

—¿Quieres un refresco, o un zumo? Hay agua abajo, así que no hace falta que abramos las máquinas de bebidas. Es una cuestión de gustos.

Hinata lo pensó un momento y luego negó con la cabeza.

—Me basta con el agua.

—Eso es todo, entonces. Vamos a acomodarnos abajo —dijo, después de cerrar la bolsa.

—¿Dejamos una nota?

—No hace falta. Ya arreglare todo esto cuando se resuelva el problema de la electricidad y las cosas vuelvan a su cauce normal.

Bajar las escaleras les resultó bastante más fácil con la ayuda de una de las linternas, de modo que llegaron enseguida al vestíbulo, donde hacía mucho menos calor que antes. Hinata miro a través de los cristales oscuros de la entrada. La calle estaba desierta. De vez en cuando pasaba algún vehículo. Vio un coche de policía.

—Es extraño —murmuró—. Como si hubieran evacuado a todo el mundo

—Si la electricidad no vuelve —dijo Naruto con seriedad—, es posible que las cosas empeoren cuando se haga de noche y empiece a hacer frío. Por cierto, he intentado llamar desde mi oficina, para ver qué pasaba y hacer saber a alguien dónde estábamos, pero no lo he conseguido. Si hay un corte de corriente general en la ciudad, las líneas de teléfono deben estar colapsadas. Pero he encontrado una radio de pilas, así que podremos escuchar las noticias.

—Enciéndela ahora —sugirió Hinata, sentándose en un sofá—. Vamos a ver si nos enteramos de lo que está sucediendo.

Naruto abrió su bolsa de cuero y saco una radio más pequeña que su mano. La encendió, y comenzó a buscar alguna emisora en el dial. De repente, surgió una voz, increíblemente clara para un aparato tan diminuto.

«La Guardia Nacional patrulla por las calles de algunos estados en prevención de incidentes...»

—Vaya —murmuro Naruto—. No suena muy bien.

«Aún no tenemos información suficiente —continuo el locutor—, pero intentaremos hacerles llegar en breve las últimas noticias referentes al apagón general que al parecer se ha producido en el Sudeste y en la mayor parte de Konoha.»

«No soy ningún experto —dijo un segundo locutor—, pero hasta yo sé que el sur del país lleva dos semanas sumido en una intensa ola de calor, e imagino que la demanda de electricidad ha podido sobrecargar el sistema ¿tenemos alguna declaración del gobernador?

Aún no, pero ya se han arreglado las líneas telefónicas. De todos modos, rogamos a los ciudadanos que no usen el teléfono salvo en caso de emergencia. Resulta imposible comunicar con la policía si la gente se dedicara a llamar a sus amigos para decirles que no tienen electricidad. Créanme, ya lo saben.»

El segundo locutor siguió hablando.

Recuerden las precauciones que durante las dos últimas semanas ha recomendado tomar el Departamento de Sanidad. Tengan en cuenta que, sin ventiladores ni aire acondicionado, la situación es aún peor. No se expongan al sol, de no ser necesario. Abran las ventanas de sus casas, para ventilarlas, y beban gran cantidad de líquidos mientras dure el corte de corriente. Procuren no desplazarse en lo posible, y conservar la energía.

Estaremos en el aire toda la noche —dijo el primer locutor, —hablándoles sobre el apagón. Si durante la emisión recibimos alguna noticia, se la transmitiremos inmediatamente desde...

Naruto apagó la radio.

—Bien; ahora sabemos qué es lo que ha pasado —dijo con calma—. Será mejor que no gastemos las pilas.

Hinata lo miro con incredulidad.

—¿Qué? ¿Quieres decir que no tienes pilas de repuesto?

—No es mi radio

Naruto no considero necesario añadir que, si hubiera sido suya, habría tenido pilas de repuesto.

Hinata deseo que la radio fuera de Naruto. Y mientras deseaba, deseó haberse marchado a tiempo del edificio, aunque tampoco estaba segura de no encontrarse peor en el salón de su casa. Evidentemente, se encontraba más segura en un edificio cerrado.

La magnitud del problema resultaba apabullante. No se trataba de algo que pudiera arreglarse en un par de horas. Era posible que al día siguiente, a la misma hora, continuaran encerrados.

Hinata miró a Naruto.

—¿Estas seguro de que estamos a salvo del calor aquí?

—No del todo, pero dentro de lo que cabe, sí. Estaremos bien. Tenemos agua, que es lo más importante. De hecho, estamos tan cómodos como la gente de la ciudad, excepto unos pocos lugares donde dispongan de generadores de emergencia. Y si empezamos a tener demasiado calor, nos quitamos algo de ropa.

El corazón de Hinata dio un vuelco. Su pulso se aceleró y de inmediato empezó a sentir un incómodo calor. Los músculos de su estómago se tensaron al pensar que podría estar desnuda en la oscuridad con él, pero en el fondo era deseo lo que sentía. Mientras mentalmente estaba preocupada, su cuerpo recordaba el intenso placer que le hacía sentir Naruto. Se volvió hacia las ventanas para que él no pudiera ver su expresión. La visión de los cristales le hizo pensar en otra cosa, y cambio de conversación.

—Cuándo anochezca, ¿podría vernos alguien desde fuera si encendemos una linterna? ¿Funcionan de noche los cristales oscuros?

—Cualquiera que mirara con detenimiento podría notar que hay luz —dijo pensativo—, pero nadie podría vernos.

La posibilidad era suficiente. Hinata había pensado en llevar las cosas más cerca de la entrada, pero decidió alejarse más. El vestíbulo tenía varias zonas de descanso, muy cómodas, y escogió una en el centro. Era bastante intima, con plantas que le llegaba por la cintura, y que creaban el ambiente de una pequeña alcoba. Estaba cerca de los servicios, lo que hacía que fuese la mejor elección.

Puso la comida en una mesita baja, mientras Naruto empujaba los sofás para hacer más espacioso el lugar. Luego recogió varios cojines y los dejó a mano, para hacer camas cuando ellos quisieran dormir. Hinata clavo la vista en ellos. No estaba segura de poder cerrar los ojos con Naruto tan cerca, y tampoco lo estaba de que fuese apropiado ponerse a dormir.

Alzó los ojos y descubrió que él la estaba mirando. Sin apartar la vista, Naruto se deshizo el nudo de la corbata y se la quito. Después se desabrocho la camisa hasta la cintura y se subió las mangas.

Eran acciones lógicas, prácticas, pero la visión de su pecho musculoso, junto con su duro estómago, causaron una reacción en ella que nada tenía que ver con el sentido común.

—¿Por qué no te quitas las medias? —Sugirió Naruto en voz baja, suavemente—. Tienen que darte muchísimo calor.

Hinata dudó, y luego decidió que las medias de nylon no la protegerían de él. Era decisión suya. Naruto no era un violador. Si ella decía que no, el jamás la forzaría. Nunca había temido tal cosa. Su único miedo estribaba en no ser capaz de decirle que no. Era una de las razones por las que lo había evitado en los últimos meses. De modo que dejarse las medias puestas, o quitárselas, no la protegería ni de hacer el amor ni del riesgo de perder el control. Se trataba simplemente, de una cuestión de comodidad.

Cogió la linterna, se fue al servicio, y comenzó a quietarse las medias junto a uno de los lavabos.

Hacía calor en la habitación y el aire estaba cargado, de modo que se apresuró y de inmediato se sintió más aliviada. Abrió el grifo de agua fría, y puso las muñecas bajo el chorro para refrescarse.

Después, mojó una de las toallas de papel y se limpió la cara. Ahora se sentía mucho mejor. Respiro profundamente varias veces, y se quedó un rato en silencio. Ya estaba dispuesta a afrontar la noche con Naruto Uzumaki. Con las medias en una mano y la linterna en la otra, volvió al vestíbulo.

Él estaba esperándola, sentado tranquilamente en uno de los sofás, y sus ojos azules la miraron con la misma intensidad con la que un tigre mira a la presa que ha escogido.

—Ahora —dijo Naruto—, vamos a hablar.

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Continuará...