Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
QUIERO RESPUESTAS
«5»
El corazón de Hinata se aceleró. Casi perdió la compostura mientras caminaba hacia los sillones para sentarse, pero se controló. Hasta curso las piernas y se sentó en una postura tan informal como la de él.
—De acuerdo —contesto con calma.
La miró de nuevo analizándola, como intentado decidir cómo debía manejarla. A Hinata le molesto la idea de ser manejada, pero se obligó a clamar su irritación. Sabia hasta qué punto podía Naruto ser persistente, cuando quería. Debía mantener ordenados sus pensamientos, y no dejar que la enfadara.
Él la miro en silencio, y Hinata supo qué quería. Había planteado una pregunta, y esperaba la respuesta. Hinata no pudo contener su atisbo de enfado, aun después de todos los meses transcurridos, al recordar el motivo de su distanciamiento. Lo miro fijamente y decidido explicárselo sin rodeos.
—Encontré el informe que tenías sobre mí —dijo, vocalizando en extremo las palabras—. Estuviste investigándome.
—Ah —dijo Naruto, llevándose las manos a la cara y mirandola por encima de ellas—. Así que era eso. Guardó silencio durante unos segundos y luego dijo: —Por supuesto que lo hice.
—¿Cómo que por supuesto? Invadiste mi intimidad...
—Como tu invadiste la mía —la interrumpió con calma—. Ese informe no estaba a la vista.
—No. Busqué en tu escritorio —admitió sin dudarlo.
—Por qué.
—Me sentía rara contigo. Buscaba algunas respuestas.
—¿Y por qué no me preguntaste? —Sus palabras eran tan afiladas como un estilete.
Ella sonrió sin un atisbo de alegría.
—Lo hice. Muchas veces. Eres especialista en evadirte de todo tipo de preguntas. Me he acostado contigo, y no sé más de ti ahora que lo que sabía el día que te conocí.
Naruto insistió.
—¿Por qué te sentías incomoda? Nunca te he asustado, nunca te he presionado. Sabes que dirijo mi compañía, que soy solvente y que no huyo de nada.
—Ya has vuelto a hacerlo —puntualizó Hinata—. Tu habilidad para evadirte es extraordinaria. Me llevo cierto tiempo descubrirlo, pero después me di cuenta de que tú nunca contestas mis preguntas. Siempre respondes; es cierto, pero lo haces con otra pregunta y te olvidas de la mía de forma sistemática.
Naruto la miro un momento y siguió hablando.
—No me interesa hablar sobre mí. Ya conozco los detalles.
—Pero según parece, eso no es válido para mí ¿no? —Preguntó Hinata con dulzura—. Quería saber cosas sobre ti, pero nunca llegaba a ninguna parte. Y sin embargo, yo no te he investigado.
—No me habría importado que lo hicieras.
Naruto pensó que en cualquier caso no habría encontrado mucho sobre él. Los grandes acontecimientos de su vida, después de su graduación, no podían encontrarse en registros públicos.
—Pensé que era asunto tuyo. — Le replico ella.
—¿Y eso es todo? Entras en mi vida, y después rompes nuestra relación porque te molesta que te haya investigado ¿Por qué no me gritaste, o me lanzaste algo, simplemente? Por Dios, Hinata. ¿No crees que fuiste demasiado lejos?
Su tono revelaba al mismo tiempo la incredulidad y el enfado. Al parecer, consideraba que la reacción de Hinata había sido histérica y desmesurada.
Hinata intento controlarse, momentáneamente paralizada por la situación ya familiar de oír cómo Naruto le echaba la culpa de todo. Ocurriese lo que ocurriese, ella siempre era la responsable, por no ser suficientemente buena. Desechó sus recuerdos. No dejaría que nadie volviera a tratarla así. Sabía que no había manejado muy bien el asunto, pero sólo en cuanto al método. La cuestión principal le parecía fuera de toda duda.
Su voz sonaba fría cuando contesto.
—No; no creo que fuera demasiado lejos. Me sentía incomoda contigo desde hacía mucho tiempo. Saber que me habías estado investigando fue la gota que colmó el vaso, pero no fue la única razón.
—¿Por qué no te conteste unas cuantas preguntas? —Preguntó, de nuevo con incredulidad.
—Entre otras cosas.
—¿Cómo cuales?
—Como tu costumbre de encargarte de todo, de despreciar mis objeciones o mi preguntas como si no hubiera dicho nada.
—¿Objeciones a qué?
Ahora sus palabras sonaban afiladas como un cuchillo. Sus ojos estaban entrecerrados y brillantes.
Un poco sorprendida, Hinata se dio cuenta de que Naruto estaba enfadado de nuevo. Movió la mano con un gesto vago.
—Muchos detalles. No llevo el inventario.
—Me sorprende totalmente —murmuro.
—Pero siempre estabas excediéndote. Si yo intentaba ir de compras, tu insistías en que esperase hasta que pudieras venir conmigo. Si yo quería ponerme un jersey cuando íbamos a salir, tu insistías en que me pusiera una chaqueta. Por todos los diablos, Naruto, ¡hasta has intentado que me cambie de banco!
—Tu banco está demasiado lejos —dijo, subiendo las cejas—. El que te sugerí es mucho más conveniente
—¿Para quién? Estoy muy contenta con mi banco, de modo que no me resulta inconveniente ¿de acuerdo?
—Bueno, pues no te cambies de banco ¿cuál es el problema?
—El problema —dijo Hinata despacio, escogiendo las palabras, es que tu quieres tomar todas las decisiones, manejarlo todo. No quieres una relación. Quieres una dictadura.
Durante un momento, Naruto rió tranquilamente, con las piernas estiradas. Y al momento siguiente, estaba de pie frente a ella, apoyado en los brazos del sofá, cercándola. Hinata lo miro, parpadeando ante la furia controlada de su rostro, pero se negó a dejarse intimidar, y en lugar de aquello le devolvió la misma mirada aireada.
—¡No te creo! —exclamo Naruto, casi gritando—. ¿Rompiste nuestra relación porque quería que te cambiases de banco? ¡Dios mío!.
Se separo del sofá donde estaba sentada Hinata y se quedó de pie un poco más lejos, moviendo la mano en el aire.
—No —grito ella—. ¡Me marche porque me negaba a que controlases mi vida!
Se sintió incapaz de permanecer sentada, y se levantó. De forma instantánea, Naruto tuvo una de sus rápidas y repentinas reacciones y la agarro de los brazos atrayéndola hacia sí, tan cerca que podía ver las estrías de los iris de sus ojos azules, tan cerca que podía sentir el olor masculino de su cuerpo. Las ventanas de su nariz se abrieron un poco de manera instintiva, aunque intentaba librarse de su abrazo.
—¿Por qué no me dijiste que habías estado casada?
La pregunta era amable, e incluso comprensible, pero le resulto insultante. Él conocía la respuesta.
—Estaba en aquel maldito informe. No es algo que esté en mi lista de conversaciones habituales —contestó—. Pero tampoco es un secreto de estado. Si nuestra relación hubiera progresado, te lo habría dicho ¿qué se suponía que debía hacer? ¿Contarte todo mi pasado al minuto siguiente de conocerte?
Naruto la miro con atención. Tan cerca como estaban, podían percibir cada detalle de la expresión de su rostro, de modo que había notado su más que elocuente vacilación, a pesar de que había contestado con aparente seguridad. Luego había algo más.
—¿Y hasta dónde querías que llegase nuestra relación? —pregunto Naruto, hablando con dulzura—. No estábamos viéndonos con nadie más. Ni siquiera hicimos el amor hasta aquella última noche, aunque habíamos estado a punto muchas veces.
—Y yo tenía dudas sobre ti incluso entonces —replico Hinata, tan dulcemente como él.
—Tal vez, pero eso no evitaba que me deseases, igual que ahora.
Naruto inclino la cabeza y la beso, de manera dulce y persuasiva. Hinata intento separarse de él, pero era incapaz de zafarse, aunque él tenía cuidado de no hacerle ningún daño.
—Estate quieta —dijo él, contra sus labios.
Hinata aparto la cabeza, desesperadamente. Naruto la atrajo a la fuerza, pero en lugar de besarla, dejo sus labios a escasos milímetros de los suyos.
—¿Por qué no me lo dijiste? —Murmuro él.
Hinata podía sentir en los labios su cálido aliento, que la hacía temblar. Con su perseverancia habitual, Naruto había tomado una determinación, y no la dejaría marchar hasta haber obtenido una respuesta. Los antiguos miedos empezaron a crecer de nuevo en ella, y presa del pánico pugno por escaparse, pero él la redujo con facilidad, atrapándola en un cálido y largo abrazo del que no podía librarse.
—¿Qué ha pasado? —Pregunto Naruto, dándole pequeños besos en la boca mientras hablaba—. ¿Qué te ha hecho vacilar cuando lo he mencionado? Dímelo ahora, necesito saberlo ¿es que tu marido te engañaba?
—No
Ella no quería contestar, pero de algún modo, atrapada por aquellos brazos de hierro y atraída por su cálida seducción, la palabra se le había escapado, en un susurro. Al escucharse, tembló.
—¡No! —dijo con más firmeza luchando por recobrar el control—. No me engañaba —"si lo hubiera hecho", pensó, "si su instinto destructivo se hubiera expresado de esa forma, casi habría sido mejor" —. Para, Uzumaki. Suéltame.
—¿Por qué has empezado a llamarme Uzumaki? —Hablaba en tono suave y calmado, mientras seguía posando su boca en la boca de Hinata, con suaves y rápidos besos—. Antes me llamabas Naruto, cuando hacíamos el amor.
Ella había empezado a llamarle Uzumaki en un esfuerzo por distanciarse de él. No quería pensar en él como en Naruto, porque estaba para siempre ligado en su memoria a la noche en la que se había aferrado a sus hombros desnudos, alzando el cuerpo enfebrecido de placer mientras gritaba su nombre una y otra vez, con necesidad, con deseo, en plena consumación. Naruto era el nombre de su amante. Uzumaki era el hombre del que había huido.
Y con Uzumaki debía hablar ahora, con el hombre que nunca cedía. Él insistió, dándole beso tras beso hasta que Hinata dejo de resistirse y abrió finalmente los labios con un gemido. De manera inmediata, sintió su lengua en la boca, y un intenso placer los hizo temblar a ambos.
La mano de Naruto se cerró sobre uno de sus senos, con delicadeza. Ella gimió, e intento resistirse con desesperación. Estaba seduciéndola con la misma intensidad que la primera vez, y ya entonces se había dado cuenta de que no podía encontrar las fuerzas suficientes para marcharse. Lo amaba demasiado, le gustaban demasiado sus besos, lo deseaba con demasiada fuerza, sentía demasiado placer bajo aquellas duras manos.
La presión de sus dedos endureció sus pezones de manera automática, a pesar de las capas de tejido que los separaban de él. La beso con más ahínco mientras desabrochaba los botones de su blusa e introducía una mano bajo ésta, y después bajo su sujetador, hasta llegar a sus pechos. Sintió un escalofrió cuando los dedos de Naruto encontraron sus pezones, enviando una cascada de sensaciones hacia su cintura. Su gemido fue tenue, más una vibración que un sonido, pero Naruto estaba tan integrado en ella que lo sintió como una descarga eléctrica.
Hinata se sintió desfallecer cuando las manos de Naruto le quitaron el sostén. Luego empezó a besarle el pecho, excitando sus pezones con la lengua, triunfante y fuera de sí por la manera en que ella respondía a sus estímulos. Ella lo deseaba. Se había dicho multitud de ocasiones que no se había equivocado aquella noche, pero los seis meses pasados en blanco lo habían llenado de dudas.
Ahora sabía que estaba en lo cierto. Apenas la tocaba y temblaba de excitación, necesitándolo, entregándose. Dejo su pecho y volvió a besarla. La amaba. Ninguna mujer lo había hecho sentirse nunca como Hinata, tan completamente enamorado.
Quería hacer el amor con ella inmediatamente pero aún quedaban demasiadas preguntas sin responder. Si no era capaz de aclarar las cosas ahora, podrían pasar otros seis meses hasta que volviera a tener otra oportunidad. Era algo que no podía permitirse.
Se alejo de su boca, aunque todos sus instintos le pedían que continuara. Sabía que no sería difícil, pero quería respuestas. No podía esperar.
—Dime —murmuro mientras la besaba lentamente en el cuello, observando satisfecho la respuesta de su cuerpo—. Dime qué hizo él para que huyeras de mí.
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Continuará...
