Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC

SOLO ES SEXO


«6»


De nuevo, Hinata intento separarse, pero él la controlaba con tanta facilidad que una vez más sus esfuerzos fueron inútiles. A pesar de ello, puso las manos contra sus hombros y empujo tan fuerte como pudo.

—¡Suéltame¡

—No —su negativa fue clara y concisa—. Deja de luchar y contéstame.

No podía hacer ninguna de aquellas cosas, y sintió pánico no tanto por Naruto, como porque no quería hablar de su matrimonio con Sasori Landers. No quería pensar sobre ello, ni revivir ciertos recuerdos de aquel infierno. Pero Uzumaki estaba tan obcecado que no la dejaría hasta haber obtenido una respuesta. Lo conocía, sabía que había intentado conocer cada detalle de su vida, y no podía hacerle frente.

Tal vez fue el instinto de supervivencia lo que la obligó a relajarse en sus brazos, descansando sobre él, tomando sus hombros en lugar de empujarlos. Podía sentir la tensión en el cuerpo de Naruto ante su repentina capitulación. Notaba cada uno de sus músculos como si hubiera estado en una posición inadecuada durante largo rato. Su cadera rozo el sexo endurecido de Naruto. Resultaba tan familiar, tan insoportablemente seductor, que la tentación de su sexualidad la empujaba a acercarse, excitada.

Él percibió el cambio. Casi pudo verlo de forma inmediata reflejado en su rostro. Había pasado de luchar contra él a entregarse por completo. Su cuerpo estaba tenso, moviéndose contra él en un sutil ruego. Naruto maldijo al notar que Hinata luchaba contra la respuesta de su cuerpo. Era una batalla perdida de antemano. La deseaba con demasiada intensidad, desde hacía mucho tiempo, de modo que la conversación aplazada debía esperar. Ella ganaba, por el momento. Lo único que sabía es que por fin la tenía entre sus brazos, que cada uno de sus movimientos ocultaba una ansiedad irrefrenable.

Ni siquiera intuía qué había ocurrido para que cambiase de actitud tan de repente, pero en aquel momento no le importaba mucho. Ya era suficiente que estuviese de nuevo con él, como lo había estado la noche que pasaron juntos, la noche que no había podido borrar de su memoria. Había pasado demasiadas noches en vela; había acumulado demasiada angustia desde entonces, recordando aquel momento y esperando tener otra oportunidad, lleno de dolor y de enfado por su frialdad inexplicable.

Sin embargo, de aquélla frialdad ya no quedaba nada. Podía sentir su calor, cómo vibraba bajo sus manos. Las caderas de Hinata se contoneaban en un rito arcano, y un gemido se ahogó en su garganta cuando encontró lo que buscaba, mientras sus piernas se entreabrían ligeramente para acoger su miembro.

La cogió del pelo y echo su cabeza hacia atrás, apasionadamente.

—¿Es esto lo que quieres? —Pregunto Naruto, intentando controlarse sin perder la concentración.

Todo estaba ocurriendo tan deprisa que quería estar seguro antes de continuar, antes de que Hinata volviese a moverse y traspasaran de manera definitiva el punto sin retorno. No se sentía así desde que era un quinceañero, con aquel deseo desbocado corriendo por sus venas. Ya no le importaba lo más mínimo el motivo de aquel cambio. Lo único que quería era hacerle el amor.

Hinata tardo un momento en responder. Estaba a punto de decir que no, cuando clavo las uñas en sus hombros y dijo: —Sí.

Sus sentidos se agudizaron cuando Naruto la deposito en el suelo.

—El sofá... — murmuro.

Pero Naruto se puso sobre ella y se olvidó de todo. Su táctica inicial había consistido en un esfuerzo desesperado por distraerlo, pero su propio deseo la había cegado, con tal intensidad que no le quedaban defensas. Lo había deseado durante mucho tiempo. Había pasado cientos de noches oscuras e interminables sin poder conciliar el sueño, incapaz de apartarlo de su mente, deseándolo y temiéndolo con la misma intensidad. El hecho de estar de nuevo en sus brazos resultaba casi doloroso, de modo que prefiriendo dejar a un lado todas las razones que había acumulado para evitar que ocurriera. Más tarde o más temprano, debería afrontar lo inevitable. De momento, todo lo que quería se llamaba Naruto Uzumaki.

A él le resultaba difícil controlar el deseo. Era demasiado urgente. Le levanto la falda hasta la cintura y le quito las braguitas. Hinata abrió las piernas para recibirlo. El movimiento de Naruto al desprenderse de su ropa interior fue igualmente suave.

Hinata dejo escapar un grito cuando la penetró, de forma rápida y seca. Sus caderas se arquearon, aceptándolo, atrayéndolo hacia su interior. Un sonido gutural vibro en el pecho de Naruto. La cogió de la parte trasera de los muslos, levantándole las piernas, y empezó a moverse de forma rítmica.

Se sentía llena. Gimió cuando aquella pulsación le recorrió todo el cuerpo casi de inmediato, algo que sólo había sentido con él, y que no volvería a experimentar con ningún otro. Había intentado olvidar aquellas sensaciones, para poder defenderse de él, pero no era posible, y se preguntó amargamente por qué las tramposas armas peligrosas tenia siempre el sabor más dulce.

Cegado por la furia de su deseo, la sujeto por las caderas, moviendo todo su cuerpo con sus fuertes manos. Hinata era vagamente consciente del duro suelo sobre el que se apoyaba, lastimándose los hombros. Se sentía completamente dominada por su sensualidad desbordante cuando Naruto acelero las acometidas más convulsivas y violentas ahora. De forma instintiva, se abrazó a él, rodeándolo con los brazos y las piernas. Los gemidos se hicieron más bajos, más rítmicos, y finalmente él se relajó tumbándose sobre ella, presionándola con su peso contra el suelo.

Sólo su respiración rompía el silencio del enorme y oscuro vestíbulo. Noto como el ritmo de los latidos de Naruto descendía más y más contra sus senos. Sus cuerpos estaban fundidos.

Sólo el sonido de sus respiraciones rompía el silencio que reinaba en el gran vestíbulo. El peso de Naruto la presionaba contra el suelo, y sus cuerpos se derretían en todos los lugares en que la carne desnuda rozaba la carne desnuda. Hinata sentía una humedad interior que le recordó que habían completado el acto sexual de manera frenética, olvidando tomar ninguna precaución.

Sintió pánico, por un momento, pero luego se calmó. Acababa de terminar su ciclo menstrual, y resultaba difícil que pudiese quedarse embarazada. De pronto se vio asaltada por una extra sensación de pérdida, casi de nostalgia, como si en aquel momento de pánico la posibilidad más remota hubiera sido una certeza.

—¿Hinata?

No abrió los ojos. Aún no quería enfrentarse a la realidad, ni tener que soltarlo, a pesar de que pronto se vería obligada a hacerlo.

Naruto se incorporó, apoyándose en los codos, y ella sintió aquella mirada penetrante y azul una vez más, a pesar de que sus ojos permanecían cerrados.

Los músculos de Naruto temblaban. Hinata intento abrazarlo, pero él se apartó. Contuvo la respiración, atenta al pequeño espacio que los separaba. A su pesar, el suave roce sus cuerpos le produjo una descarga de sensaciones que hicieron que sus caderas sufrieran un temblor leve pero incontrolable. El rostro de Naruto tenía una extraña sensación de satisfacción sexual, algo somnolienta. Pensó que seguidamente ella tenía el mismo aliento, pero los ojos de Naruto eran los de un depredador que ya hubiera cogido la presa, pero aún no la hubiera conquistado.

Como siempre, su astucia le molestaba. Lo miro, desafiando que intentara convencerla de que lo que acababan de hacer era más que un simple acto sexual, sin trascendencia ni futuro.

Naruto sonrió al incorporarse. Se arrodillo, se subió los pantalones, y se cerro la cremallera con un sonido chirriante y metálico. Luego se agacho y la puso en pie sin esfuerzo. Su falda, que había estado levantada alrededor de su cintura, volvió a su posición correcta, y Hinata cerro las piernas instintivamente.

Naruto se quitó la camisa y se la ofreció a ella. Luego volvió a agacharse y cogió las braguitas que estaban en el suelo.

—Quiétate esa ropa y ponte mi camisa —dijo, con la ropa de Hinata en las manos—. Hace más calor ahora. Estarás más cómoda con algo más ligero.

Hinata se volvió en silencio, cogió la linterna y se dirigió hacia el servicio de baño. Le temblaban las rodillas, por la violencia de su posesión. No le había hecho daño, pero se sentía como si aún lo tuviera dentro.

Se miro en el espejo. La luz de la linterna confería a su imagen un aura fantasmal, y sus ojos parecían oscuros y mucho más grandes. Llevaba el pelo suelto y alborotado. Se lo recogió, distraídamente, y luego hundió la cara entre las manos.

¿cómo podía haber vuelto a hacerlo? ¿cómo podía haber sido tan estúpida? Se había quedado a solas con Naruto durante apenas una hora, y había hecho el amor con él, en el suelo, como un animal. Ni siquiera podía culparlo. Si ella era la que lo había iniciado, apretando sus caderas contra él, para evitar que Naruto siguiera acosándola a preguntas. Había ocurrido lo que ella sola se había buscado.

Se sentía confusa, humillada y excitada al mismo tiempo. Humillada por haber utilizado el sexo como una táctica de evasión, o tal vez por haber utilizado la evasión como una excusa para hacer lo que deseaba y no se atrevía a reconocer. Le deseaba de forma tan pasional, tan fuerte, que controlar sus deseos le parecía algo antinatural, cuando sus instintos la empujaban hacia él.

Su cuerpo se sentía caliente y débil, satisfecho. Pero ahora que Naruto no la estaba tocando, los viejos miedos volvían, confundiéndola. Había tomado la decisión más sencilla, aunque no la más fácil, pero era consciente de que ninguna decisión relativa a Uzumaki o a sus propias emociones lo era.

Se quito la ropa con lentitud y se lavó. El contacto frio del agua la refresco por un momento, pero casi de inmediato el intenso calor de la habitación hizo que empezase a sudar con tanta rapidez como se lavaba. Al fin y al cabo, poco importaban sus miedos, se dijo con ironía. Tendría que enfrentarse a él de todas formas. Si se quedaba allí, sufriría un colapso a causa del calor. Triste día aquel en que el servicio dejaba de ser el santuario de las mujeres. De todos modos, no podía encontrar ningún lugar en el que refugiarse de él, ya que sus recuerdos parecían estar en su contra.

Justo en el momento en que se estaba subiendo la braguitas, la puerta se abrió y apareció Uzumaki.

Su cuerpo tapaba casi toda la luz que procedía del vestíbulo, y al abrir entro una bocanada de aire relativamente fresco. El cambio de temperatura hizo que su cuerpo temblase, y que sus pezones se endureciesen ¿o era una reacción instintiva femenina ante la cercanía de su compañero? No quería pensar en él en términos tan primitivos, en términos de posesión, pero su cuerpo tenía otras prioridades.

Naruto lo noto por supuesto. Su mirada brillo, posesiva y llena de deseo, mientras admiraba sus senos. Pero no se acercó a ella. Se quedo allí, como si notase su confusión.

—¿Te escondías? —pregunto, con calma.

—Intentaba retrasarme —admitió, en tono suave.

No intento cubrir su cuerpo ante él. Habría sido estúpido, después de lo que acababan de hacer. Como si no hubieran hecho el amor nunca, como si nunca la hubiera visto completamente desnuda. Naruto se había quitado los pantalones, y sólo llevaba unos calzoncillos oscuros de tela. Así, descalzo y casi desnudo, con el pelo mojado y la cara recién lavada, parecía desprovisto de la mayor parte de las convenciones del mundo civilizado. A pesar del calor, un escalofrió recorrió la columna vertebral de Hinata, como otra respuesta femenina al primitivismo de su masculinidad. Luego miro hacia otra parte para evitar su mirada.

Naruto se acercó a ella y sujeto la falda, para que Hinata se metiera dentro. Después le dio la vuelta y comenzó a abrocharle lo botones como si estuviera vistiendo a una niña

—Puedes quedarte aquí si quieres —dijo—. Pero hace demasiado calor.

—Ya lo sé. Estaba a punto de salir.

La llevo hacia la puerta, pasándole el brazo por encima de los hombros. Hinata se preguntó si aquella acción era una actitud habitual en Uzumaki, o si respondía a algún primitivo instinto de conservación de la hembra. Se dijo que tal vez fueran las dos cosas, y suspiró.

Había estado haciendo tantas cosas en el servicio que no se había dado cuenta del tiempo transcurrido. Uzumaki había colocado los cojines de los sofás en el suelo, formando una cama doble.

También había llevado agua fría y las tazas. Le agrado lo del agua, pero si esperaba que se tumbara dócilmente en los cojines, se equivocaba. Se sentó en un sofá con la intención de beber una taza de agua, sin entusiasmo al principio, y después con ansiedad. Había olvidado lo bien que sabía el agua cuando se tina tanta sed. Era un placer de la infancia perdido en el mundo adulto del café, el té, el vino y los refrescos.

—¿Tienes hambre? —pregunto Naruto.

—No

¿Cómo podía tener hambre? Estaba tan nerviosa que no creía que fuese capaz de comer nada antes de haber conseguido salir de aquel edificio.

—Bueno. Yo estoy muerto de hambre —dijo, mientras desenvolvía el pastel de arandanos y empezaba a comer—. Háblame de tu matrimonio.

Hinata se enderezo y lo miro.

—No fue un matrimonio feliz —dijo con dureza—. Pero en cualquier caso, no es asunto tuyo.

Naruto miro hacia el lugar donde acababan de hacer el amor.

—Eso es discutible. Pero está bien, vamos a intentarlo por ese camino. Yo te hablare de mi matrimonio si tú me hablas del tuyo. Sin tácticas de evasión. Te contestare a cualquier pregunta que me hagas.

Hinata lo miró fijamente.

—¿Tu matrimonio?

—Claro —asintió él—. Caramba, tengo casi treinta y un años. No he estado viviendo en el espacio todo este tiempo.

—¡Eres increíble! —grito —. Me echas en cara que no te haya dicho nada acerca de mi matrimonio, y ni siquiera habías mencionado el tuyo.

Naruto se froto la nariz, y la miro con ojos de cordero.

—Bueno, soy así —admitió.

—Bien, ¡pues deja que ponga alguna idea en tu cerebro de Neandertal! la época de las confidencias sentimentales paso hace mucho tiempo. No tenemos ninguna relación, de modo que tampoco tenemos nada de que hablar al respecto.

Naruto cogió otro pedazo del pastel.

—No me tomes el pelo. En lo que a mi respecta, lo que acabamos de hacer significa algo.

—Sólo sexo, nada más —dijo Hinata—. Hacía tiempo desde la última vez que lo practique, y lo necesitaba.

—Sé exactamente cuánto tiempo hace —le brillo la mirada, y ella supo que no le había gustado nada su comentario—. No has estado con nadie desde la última vez que estuvimos juntos.

—¿Es que me has puesto un detective? —pregunto ella, ciertamente ofendida.

Lo había hecho, pero no tenía intención de decírselo en aquel momento.

—Ino siempre se ha preocupado por tu vida social. Como dice ella, parece el valle de la muerte donde no hay nada interesante.

Hinata soltó un bufido, pero se calmó. No en vano había escuchado aquellas palabras en varias ocasiones de boca de la propia Ino. De todas formas, se dijo que tenía que hablar con ella al respecto en cuanto tuviera ocasión.

—He estado muy ocupada —dijo.

No le importaba que Uzumaki creyera aquello o no, a fin de cuentas era cierto. Había estado tan ocupada como pudo, precisamente para no pensar en él.

—Ya lo sé. Has encontrado algunos ricos a los que dorar la píldora.

Hinata cerro los dientes, con un chasquido.

—Gracias a eso vendes tus sistemas de seguridad. Yo les doro la píldora y tú se la proteges.

—Yo protejo a las personas —especifico.

—Vaya, vaya. Por eso es por lo que vendes tantos sistemas de seguridad a gente que vive en mansiones enormes. Era porque sus vidas están en peligro.

—Creo que no nos vamos a poner de acuerdo.

—Tú has sacado el tema.

—De cajero, me he equivocado. Volvamos a la conversación original, y hablemos de nuestros fracasados matrimonios. Venga, pregúntame lo que quieras.

La respuesta perfecta, por supuesto, era que no le interesaba hablar de ello. Pero habría sido una mentira, porque no sólo estaba interesada, sino que de repente se sentía violentamente celosa de aquella desconocida que había sido su esposa, que había llevado su nombre y compartido su cama, y que había sido, a los ojos del mundo, su compañera. Hinata mantuvo cerrada la boca, pero no pudo evitar mirarlo.

Naruto suspiro y empezó a hablar.

—Bien; te lo contare por muy aburrido que sea, aunque no lo preguntes. Se llamaba Sarah. Nos conocimos en la universidad, y cuando terminamos los estudios nos casamos. Nos creíamos adultos. Pero yo pasaba mucho tiempo fuera, por mi trabajo, y Sarah conoció a alguien en la oficina donde trabajaba, que le gustaba más. En apenas seis meses de matrimonio, nos dimos cuenta de nuestra equivocación, a pesar de lo cual continuamos juntos un año más, intentando que aquello funcionase. Pero por alguna razón los dos sabíamos que estábamos perdiendo el tiempo. El divorcio fue una liberación para los dos. Fin de la historia.

Hinata continuaba mirándolo.

—Ni siquiera sé a qué universidad fuiste —dijo.

Naruto volvió a suspirar. Hinata empezaba a estar cansada de tanto suspiro, como si pretendiera demostrar que se comportaba de manera caballerosa con una mujer irracional.

—Estudie en Cal System.

—Ah —dijo ella.

Aquello explicaba sus conocimientos de electrónica e informática.

—Pero no tuvimos hijos.

¡Menos mal! ya era suficiente que se hubiera callado todos los detalles sobre su vida

—Si ahora me dijeses que tienes hijos nunca te lo perdonaría.

—¿Eso significa que tú los tienes?

—No

A Naruto le entro un ataque de risa.

—Dios mío, cuanto te he echado de menos. No has cambiado en absoluto. Si estas enfadada, no sientes ninguna necesidad de guardar las formas comportándote de manera diplomática ¿no?

Ella lo miro desafiante.

—No soy diplomática.

—Gracias a Dios —dijo Naruto —se echó hacia atrás en el sofá, cruzo las manos, y estiro sus musculosas piernas, relajándose por completo—. De acuerdo, es tu turno—. Dime todo acerca de los profundos y oscuros secretos de tu matrimonio.

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Continuará...