Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC

LA PESADILLA


«7»


—Hablar de ello ha sido idea tuya, no mía.

Sintió la garganta seca ante la idea de recordar los detalles, de revivir la pesadilla. No era capaz de hacerlo.

—Tú también has hecho preguntas.

—Sólo te he preguntado en que universidad estudiaste, pero de ninguna manera me he metido con tu vida privada.

Algo agitada, se levantó y miro a través de las cristaleras, hacia el mundo exterior. Sólo dos estrechas líneas de material transparente la mantenían prisionera, pero no conseguiría romperlas ni lanzado contra ellas un coche a toda velocidad. Parecían frágiles, pero no lo eran en absoluto. Todo lo contrario que ella. Parecía tranquila y fuerte, pero escondía una debilidad que la aterrorizaba.

—No te escapes —advirtió Naruto con delicadeza.

Hinata casi no lo veía, puesto que estaba más allá del semicírculo formado por el sillón y los sofás.

—No me escapo —puntualizo, aunque sabía que estaba mintiendo—. Me muevo para no tener tanto calor.

Naruto se levantó y se acercó a ella en silencio. Era alto y estaba desnudo, con aquellos calzoncillos que apenas era una versión moderna del taparrabos. Su pecho era musculoso. Sus largas piernas estaban cubiertas de vello más corto y fino. Era indudablemente un animal macho dominante, en toda su plenitud. Hinata le dirigió una mirada distraída, vagamente alarmada, que de repente se clavó en sus ingles.

Naruto se miró y se encogió de hombros. Sin ceder en su actitud, explicó:—Ya lo sé. no debería haberme recuperado tan fácilmente. Normalmente no me pasa —añadió pensativo—. Es mi reacción ante ti. Ven aquí, corazón.

Su voz se había vuelto suave y seductora.

Hinata se preguntó si aquello iba a degenerar en la típica persecución entre los muebles. Pensó que si huía, Naruto la acabaría acorralando sin lugar a dudas, dentro del estereotipo de hembra subyugada ante el merodeo del macho. Podía evitar aquello si se resistía a huir, de modo que Naruto no tuviera nada que perseguir. Por otra parte, si no se movía, el desenlace seria el mismo, pero llegaría antes. La única elección real que le quedaba era elegir entre continuar con su postura digna o no hacerlo. Si no sintiera nada hacia él le habría dicho que no. Pero su debilidad era evidente. De momento, y bajo aquellas circunstancias, no podía resistirse.

Naruto se acercó con los ojos brillantes.

—Sé mía durante esta noche —murmuró—. Déjame al menos eso. Aquí no puedes escapar de mí. Y ni siquiera quieres hacerlo. Las circunstancias no son normales. Cuando salgamos tendrás muchas opciones pero ahora no tienes más remedio que estar conmigo. Lo que pase no será culpa tuya. Déjate llevar y olvídate de lo demás.

Hinata respiro profundamente.

—Eres un buen psicólogo ¿verdad? No soy ninguna cobarde. Asumo la responsabilidad sobre todas las decisiones que tomo.

La abrazó, pasándole un brazo alrededor de la espalda. Hinata alzó la vista para mirarlo. Su pelo rubio y sus intensos ojos azules le encogieron el corazón.

—De acuerdo —susurró—. Por esta anche. Durante el tiempo que pasemos aquí.

Cerró los ojos con sensual anticipación. Se lo permitiría, sólo durante aquel periodo. Lo amaría, se dejaría llevar por las sensaciones, permitiría que la oscuridad de la noche los envolviera y les impidiera pensar. No tardaría mucho en librarse de él ¿Por qué desperdiciar, por tanto, un sólo minuto luchando contra él y contra sí misma?

—Lo que quieras —dijo.

Se escucho a sí misma mientras él la levantaba. Su propia voz le parecía extraña, ronca, llena de deseo.

—Por esta noche —añadió.

La voz de Naruto ya no sonaba tan firme cuando deposito a Hinata sobre los cojines.

—¿Cualquier cosa? —pregunto—. Prepárate para una noche interesante.

Hinata rozo el pecho de Naruto.

—Si —murmuro—. Puede ser.

Su respiración se aceleró cuando él le quito las braguitas con rapidez, dejándolas a un lado.

—No las volverás a necesitar esta noche.

Hinata tiro de sus calzoncillos.

—Y tú no necesitaras esto.

—Sólo me los he puesto porque he pensado que te pondrías hecha una fiera si me quedaba contigo completamente desnudo —dijo, quitándose los calzoncillos tan rápidamente como había quitado las braguitas a Hinata.

Se sentía excitada por lo que prometía su cortejo. Había aprendido la primera noche que Naruto era un hombre al que le gustaba el juego previo. Se divertía con ello. Pero en aquella ocasión no lo hizo. Abrió las piernas de Hinata, metiéndose entre ellas y penetrándola con una fuerte sacudida. Su cuerpo tembló, y sus músculos hicieron un esfuerzo para retrasar aquella invasión inexorable.

Él empujó, atravesándola hasta llegar al fondo. Ella hizo lo mismo, pero lentamente Naruto sacó su miembro, sólo para volver a empujar de nuevo.

—¿Te hacia tu marido sentirte así? —murmuro Naruto.

La cabeza de Hinata se movía sobre los cojines, llevada por la intensidad de las sensaciones. Tuvo que hacer un esfuerzo para concentrarse en las palabras.

—No... —dijo con un suspiro.

—Magnifico

Había un tono de satisfacción salvaje en sus palabras. No le gustaba la idea de que alguien más la hubiera hecho disfrutar. Era algo que sólo había sentido con él. Naruto se había dado cuenta la primera noche que hicieron el amor, pero necesitaba oírlo, que dijese que nunca se había sentido así con nadie más.

—¿qué te hacia? —murmuro, saliendo de ella por completo.

Los ojos de Hinata se abrieron en protesta, e intento abrazarlo para restablecer el contacto. De pronto se dio cuenta de lo que estaba diciendo. Se separó de él e intentó sentarse.

—¡Eres un bastardo! —dijo furiosa.

Naruto la cogió por las caderas y la atrajo hacia sí, introduciéndose de nuevo en su interior.

—Dime —espetó—. ¿Te trato mal? ¿Te hizo daño de alguna manera? ¿Qué te hizo para que ahora me lo hagas pagar a mí?.

Hinata resolvió apartarse de él. Se sentía enferma. Todo su deseo había desaparecido. ¿cómo podía haberle hecho aquello? Lucho para cubrir se con su camiseta, insultándose por haber sido tan estúpida al pensar que podrían compartir aquella noche, que podía darle una oportunidad. Debería haber recordado que Naruto nunca abandonaba.

No, nunca se rendía. Tal vez acabara antes si se lo decía. No sería agradable revivirlo, pero al menos él entendería por qué se oponía a que tuviera ningún tipo de autoridad sobre su vida, por qué le había negado el amor que tan desesperadamente quería darle.

Se separo de él aún más, apoyándose en la rodillas, de manera que el pelo le cubría la cara. Naruto intento seguir haciendo el amor con ella, pero Hinata se resistió, paralizada por los recuerdos que la asaltaban.

—¡No me toques!—grito—. Querías saberlo, de modo que quédate ahí y siéntate pero no... no me toques.

Naruto frunció el ceño, sintiéndose incómodo. La había empujado deliberadamente, pero no quería hacerlo de tal manera que se apartase de él, lo que finalmente había ocurrido. Su cuerpo seguía sintiendo deseo. Apretó los dientes para controlarse. Si Hinata estaba dispuesta a hablar, después de tantos meses, él estaba dispuesto a escucharla.

No separó la cabeza de las rodillas, pero en el vestíbulo oscuro y silencioso podía oírse hasta el más pequeño de los sonidos.

—Lo conocí cuando estaba a punto de terminar la carrera. Sasori Landers. Pero ya conoces su nombre ¿no?. Estaba en tu famoso informe. Dirigía una empresa de decoración muy famosa, y encontrar un trabajo a tiempo parcial en un sitio así me pareció maravilloso.

Suspiro con triste cansancio, antes de proseguir.

Él tenía treinta y cinco años; yo, veintiuno. Era atractivo, sofisticado, seguro de si mismo, con don de palabra, con reputación de mujeriego, y un buen profesional. Me quede deslumbrada cuando me pidió que saliera una noche con él. Estuvimos saliendo juntos tres meses, antes de que me pidiera que nos casásemos, y durante aquellos meses me hizo sentir como una princesa.

Me llevaba a todas partes, llevándome a comer a los mejores sitios. Se interesaba por todo lo que hacía, por cada minuto de mi vida. No habría cortejado mejor ni a una verdadera princesa. Yo era virgen. Algo poco normal después de pasar por la universidad, pero estudiaba mucho y trabajaba a tiempo parcial, así que no me quedaba mucho tiempo para la vida social. Sasori no me presiono acerca del sexo. Dijo que podía esperar hasta nuestra noche de bodas; que ya que había conservado la virginidad tanto tiempo, me trataría de la forma tradicional.

—Déjame adivinar —dijo Naruto—. Era homosexual.

Ella movió la cabeza.

—No. Su reputación de mujeriego era cierta. Y fue increíblemente delicado en nuestra noche de bodas, lo cual le agradezco. Nunca me maltrato de ese modo.

—Si no te importa —Naruto interrumpió— preferiría no saber nada acerca de tu vida sexual con él, si ese no era el problema.

Hinata alzó la cabeza, sorprendida.

—¿Estas celoso? —pregunto.

—Celoso no, no exactamente —murmuro, pasándose la mano por la mandíbula—. Pero no quiero oírlo, si te divertías con él haciendo el amor. Diablos, sí ¡estoy celoso!

Hinata sufrió un ataque de risa. Nunca habría supuesto que se reiría durante una conversación sobre Sasori Landers, pero la frustración de Naruto era tan evidente que no pudo evitarlo.

—No me importa darle al César lo que es del cesar —dijo con tono generoso—. Pero tranquilízate, porque sabes que has sido el primero en...

—Satisfacerte —dijo Naruto.

Una expresión de timidez cruzo su rostro.

—No tengo mucha experiencia. Eres el único hombre con el que me he acostado desde mi divorcio. Después de Sasori, no quería que nadie se acercarse a mí.

Hinata no continuo, y el silencio se cernió sobre ellos. Hacía tiempo que la lanza del sol había empezado a desaparecer, y se sintió reconfortada con la llegada de la noche.

—¿Por qué? —pregunto finalmente Naruto.

Era más fácil hablar de ello, después de haberse reído, y con la oscuridad ocultando sus expresiones. Se sentía relajada, protegida.

—Es extraño —dijo—, pero no creo que le gustase que me comportara de forma sensual. Quería que fuera su princesa perfecta, su muñeca viviente. Me acostumbre a que me protegiera cuando salíamos, de modo que al principio no me pareció extraño que quisiera acompañarme siempre que ponía un pie fuera de casa. De algún modo, siempre encontraba algún motivo para que no aceptase este o aquel trabajo, e insistía en que siguiera trabajando con él, iba de compras conmigo, escogía mi ropa... Al principio, parecía encantador. Hasta mis amigos estaban impresionados con la forma en que me trataba. Pero más tarde empezó a encontrar también razones para que no viera a mis amigos, criticándolos uno tras otro. No le parecían bastante buenos para mi. No podía invitarlos a casa, y él no quería que los vístase, ni que fuese a comer con nadie. Empezó a controlar mis llamadas telefónicas. Fue todo tan gradual, y era tan educado... parecía tener una buena razón para todo lo que hiciese, y siempre estaba concentrado en mí, dándome la clase de atención que toda mujer quiere que le den. Sólo quería lo mejor para mí, decía.

Naruto empezaba a sentirse incómodo. Cambio de posición, recostándose en uno de los sofás, y colocándose en una postura lo suficientemente relajada para que no se notase su tensión.

—Te controlaba —comento.

—Creo que debíamos llevar seis meses casados cuando empecé a darme cuenta de hasta qué punto me había obligado a separarme de todo lo que no fuera él. De modo que intente restablecer el equilibrio de poder, tomar decisiones por mí misma, aunque fuese en cosas sin importancia, como elegir dónde me cortaba el pelo.

—Déjame que vuelva a adivinar. Cambiaste de peluquería y de pronto dejo de ser cariñoso.

—Se endureció al enterarse de había ido a otro sitio. Me quito las llevase del coche. Fue entonces cuando me enfadé de verdad, por primera vez. Hasta aquel día, buscaba una excusa. Porque era muy cariñoso conmigo. Nunca le había llevado la contraría hasta entonces pero cuando me quito las llaves del bolso, perdí la paciencia y le grite. Me dejó inconsciente —dijo, con brevedad.

Naruto se levantó, tan furioso que no pudo permanecer sentado ni un minuto más. Al infierno intentar parecer relajado, camino por el vestíbulo como un tigre, desnudo y primitivo. Todos los músculos de su cuerpo estaban en tensión.

Hinata continúo hablando. Ahora que había empezado, quería contárselo todo. Era curioso. Recordarlo no le estaba resultando tan traumático como había esperado, ni tan malo como en su memoria o en las noches de pesadillas. Tal vez fuese porque al fin tenia a alguien con quien compartir el dolor. Hasta entonces lo había soportado a solas.

—Llegué a ser su prisionera. Siempre que intentaba hacer algo por mí misma, me castigaba. No había salida. La mayor parte del tiempo me abofeteaba, o me pegaba, pero en ocasiones sólo me gritaba, y yo nunca sabía que podía esperar. Era como si él supusiese que cada vez que me gritaba, en lugar de golpearme, me hacía sentir aun peor, porque sabía que la próxima vez me pegaría, y yo intentaba por cualquier medio hacer todo lo posible para que tal cosa no ocurriera. Pero siempre hacia algo mal. Estaba tan nerviosa, que siempre hacia algo. O él se inventaba un motivo. Si miro atrás no puedo creer que fuera tan estúpida. Cuando fui consciente de hasta qué punto me había humillado e intente rectificar, ya me había aislado por completo. Me había lavado el cerebro de tal modo que me sentía débil, incapaz de hacer nada. No tenía dinero, ni amigos, ni coche. Me daba vergüenza que alguien pudiera llegar a enterarse de lo que ocurría, porque me había convencido de que todo había pasado por mi culpa. Intente escaparme una vez, pero había sobornado al portero para que le llamase por teléfono si yo me marchaba, y me encontró en menos de media hora. Aquella vez no me pegó. Se limito a atarme a la cama y dejarme sola. El terror de la espera, la impotencia, sin saber si volvería para pegarme, me hizo sentir peor que si me hubiera dado una paliza. Habría sido mejor, porque eso habría significado que ya habría pasado todo. Pero me dejo atada dos días, y estaba a punto de tener una crisis de histeria cada vez que él entraba en la habitación.

Naruto dejó de pasear. Estaba de pie, sin moverse, pero podía sentir la tensión que irradiaba su cuerpo.

—Puso un candado en el teléfono, de forma que no podía llamar; ni siquiera contestar una llamada —continuo Hinata—. Pero un día me puso un ojo morado. Ni siquiera recuerdo por qué. Cuando me mire al espejo, a la mañana siguiente, algo se despertó en mí. Decidí que sólo tenía dos opciones: marcharme o matarlo. No podía continuar así ni un día más, ni una hora más.

—Yo habría optado por matarlo —dijo Naruto en tono neutro—. Y es posible que aún lo haga.

—Después de aquello, todo fue fácil —murmuro, sin prestar atención a sus palabras—. Guarde mis cosas en las maletas y me marché. El portero me vio, fue a coger el teléfono... y se detuvo. Miró como tenía el ojo y colgó el auricular. Después me abrió la puerta y me pregunto si quería que llamase a un taxi. Cuando le dije que no tenía dinero, abrió la cartera y me dio cuarenta dólares. Fui a un centro de acogida para mujeres maltratadas. Fue la cosa más dura, más humillante que he hecho nunca. Es extraño, pero las mujeres son las únicas que se sienten avergonzadas. Nunca los hombres que las pegan, que las aterrorizan. Se tiende a pensar que las mujeres se sienten culpables porque piensan que ellos están en su derecho, o que ellas lo merecen. Pero ahora entiendo cómo se sienten porque a mí me ha pasado. Es como levantarte en público y hacer saber a todos lo estúpida que has sido, la mala elección que has hecho, lo poco que te has sabido imponer. Las mujeres que conocí allí apenas eran capaces de mirar a nadie a los ojos ¡y ellas eran las victimas!

Guardaron silencio durante un momento. Luego, Hinata continuo.

—Conseguí el divorcio. Así de sencillo. Con las fotografías que me hicieron en el centro de acogida tenia suficientes pruebas de malos tratos, y Sasori habría hecho cualquier cosa con tal de preservar su reputación. Intentó convencerme para que volviera con él, me hizo toda clase de promesas, y me prometió mil veces que las cosas iban a ser distintas. Casi estuve a punto de ceder —admitió—. Pero no podía confiar en mi propio juicio, de modo que lo más seguro, lo único razonable que podía hacer, era mantenerme alejada de cualquier posibilidad de relación en general, y de Sasori Landers en particular.

Ahora todo estaba claro. Naruto casi no podía respirar, mientras pensaba en todos los errores que había cometido intentando acercarse a ella. Ya no le importaba que lo hubiera dejado. Había intentado protegerla, ayudarla, puesto que estaba enamorado de ella. Suponía que era un instinto masculino normal, pero ninguna otra cosa habría despertado con más rapidez los miedos de Hinata. Cuando había necesitado espacio, él la había agobiado, haciendo que tomase la determinación de alejarse de su camino. En lugar de conseguir su amor, había conseguido que huyera de él.

—Yo no soy Landers —dijo con voz ronca—. Nunca abusaré de ti, Hinata. Te lo prometo.

Ella guardo silencio. Naruto podía sentir su tristeza.

—¿Cómo puedo creerte? —pregunto finalmente—. ¿Cómo puedo confiar en mí misma? ¿Qué ocurrirá si tomo una decisión equivocada contigo? Eres mucho más fuerte que Sasori, tanto física como mentalmente. ¿Qué pasaría si intentases hacerme daño? ¿Cómo podría protegerme? Tú quieres controlarlo todo. Lo has admitido. Eres reservado y dominante. Dios mío, Naruto, te amo, pero me das miedo.

El corazón de Naruto dio un salto en su pecho al oír aquellas palabras. Ya lo sabía, pero era la primera vez que las oía de su boca. ¡lo amaba! pero al mismo tiempo se sentía aterrorizado, porque no podía encontrar ninguna forma de convencerla de que podía confiar en él. Y aquella era la cuestión. Un problema de confianza. Ella ya no confiaba en su propia capacidad de juicio.

No sabía qué hacer. Por primera vez en su vida, no tenía ni un plan de acción, ni una sola opción viable. Todo lo que tenía eran sus instintos, y temía que estuviese equivocados, al menos en lo relativo a Hinata. Había llegado muy lejos. Intento pensar en cómo sería su vida sin ella, si no pudiera abrazarla nunca más, y la mera posibilidad lo aterrorizó. No se había sentido así ni durante los meses pasados, en los que ella se había alejado por completo de él, sin querer hablar siquiera por teléfono, porque seguía confiando en que tenía una oportunidad de conseguir que volviera.

La necesitaba. A ella, no a otra mujer. Y la quería tal y como era: elegante, independiente, apasionada en la cama. Al menos lo último lo hacía bien. Hinata se había sentido satisfecha en sus brazos.

Sospechó que si él sólo hubiera querido acostarse con ella, Hinata habría estado de acuerdo. Lo que la había hecho marcharse había sido la perspectiva de una relación amorosa. Se había enfadado con él cuando menciono el matrimonio y los hijos, ofendida porque no le había pedido su opinión, pero en realidad cualquier cosa referente a aquello la aterrorizaba ¿Se habría dado cuenta de que había estado a punto de proponérselo? Buscando las razones por las que se había puesto furiosa, era evidente que lo que la había asustado era lo que él pretendía, no una corta relación sexual. La posibilidad de atarse a él con vínculos legales como los del matrimonio le producía pesadillas.

Naruto se aclaró la garganta. Se sentía como si estuviera caminando a ciegas por una mina, pero no podía abandonar ahora.

—Tengo una buena razón para no hablar de mí —dijo vacilando.

La respuesta de Hinata fue irónica.

—Estoy segura.

Naruto guardo silencio. Se sentía desamparado. No había nada que pudiera decirle que no sonase a sus oídos como una gigantesca mentira. Estaba en un punto muerto.

—Te amo.

Sus propias palabras le hicieron temblar. Se enamoró de ella casi el mismo día en que se conocieron, pero había pasado tanto tiempo sin que dijera en alto aquellas palabras que se sorprendió. Sí, las había pronunciado durante su matrimonio, al principio. Le había resultado muy fácil y lógico. Ahora se daba cuenta de que lo había dicho sin dificultad porque no lo sentía. En general, cuando algo importa en calidad, resulta más difícil expresarlo.

Hinata asintió con la cabeza. Estaba tan oscuro que todo lo que Naruto pudo ver fue un movimiento, carente de expresión.

—Te creo —replico ella.

—Pero sigues sin confiar en mí.

—Si necesitase a alguien para que me protegiese de algún peligro, no encontraría a nadie mejor. Pero para lo demás, la convivencia diaria, no. Me da miedo pensar en que alguien esté tan cerca de mí como para volver a tener esa clase de influencia sobre mí.

Naruto retrocedió un poco más, mentalmente.

—Podemos continuar viéndonos —sugirió con cautela—. Ya sé que me he excedido. Lo reconozco. Pero no volveré a presionarte, de ninguna manera.

—No sería justo para ti. Tú quieres casarte.

—Te amo —dijo arrebatado—. Con o sin convenciones legales. Nos compenetramos en la cama, y nos divertimos cuando estamos juntos. Podemos seguir haciéndolo sin estar casados, si es eso todo lo que te preocupa.

—¿quieres que tengamos una aventura?

—Por Dios, no. Lo quiero todo. Un anillo, niños, y todo eso. Pero si lo único que quieres darme es una aventura, lo acepto. ¿qué dices, entonces?

Hinata permaneció en silencio durante largo rato, pensando. Luego suspiro y dijo:—Creo que seria estúpido tomar decisiones ahora. No estamos en circunstancias muy normales. Cuando arreglen la electricidad y nuestras vidas vuelvan a la normalidad, lo decidiré.

Naruto siempre había tenido la habilidad de reducir sus pérdidas al mínimo. Dio un paso hacia ella. Pero aún tenemos esta noche —dijo en voz baja—. Y no quiero perder ni un minuto.

.

.

Continuará...