Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor. Hay OOC
DECISIÓN DEFINITVA
«8»
Hicieron el amor como la noche que habían pasado juntos seis meses atrás, pero con más intensidad aún. Naruto le hizo el amor hasta que Hinata grito literalmente de placer. La oscuridad los arropaba con su manto, sin tiempo ni restricciones. Todo era posible. Las horas parecían no tener fin, al no estar regidas por reloj alguno, ni por ningún otro símbolo de la civilización. Fuera, la calle estaba oscura y vacía. Naruto no volvió a encender la radio. No quería que el mundo se entrometiese. Ella tampoco lo hizo.
Hacia demasiado calor para dormir, a pesar del alto techo del vestíbulo, que acumulaba el aire caliente. Se tumbaron en los cojines y hablaron, con voces que no eran mas que murmullos. Naruto no dejó de acariciarla con sus manos, y Hinata dejó sus miedos para otro momento. Tenía sueño, pero se le olvidaban las ganas de dormir en cuanto él la tocaba en la densa y calurosa oscuridad, con manos que la acariciaban y la excitaban hasta que se contoneaba sobre los cojines. Su amor la envolvía como la noche. En la oscuridad no tenía inhibiciones. No sólo le dejaba hacer, sino que participaba en ello. No hubo ni un centímetro de su cuerpo que no explorase.
Con el amanecer ascendió la temperatura, pero la electricidad seguía sin funcionar. Aunque sabía que no podía verse nada a través de las ventanas coloreadas, Hinata se alegraba de que siguieran escondidos en su propio nido. Después de beber una taza de agua y comer algo, Hinata insistió en volver a lavarse a pesar del calor que hacía en los servicios y de que Naruto tuviera que esperar, impacientemente, a que volviese. Al parecer, aquel hombre no se cansaba nunca.
De pronto oyó unas voces y se quedó paralizada, presa del pánico ante la perspectiva de ser descubierta desnuda en el servicio. Por un momento pensó que tal vez hubieran arreglado la electricidad, pero se dio cuenta inmediatamente de que era imposible, porque el servicio seguía estando a oscuras. Tal vez el guarda hubiera apagado las luces antes de marcharse, el día anterior. Ni siquiera pensó en accionar el interruptor.
Después escucho una sintonía familiar, y se relajó. Era la radio, por supuesto. Un tanto irritada consigo misma por haberse asustado, y con Naruto por haber causado su miedo, salió del servicio.
—Casi me da un ataque al corazón —espetó—. Pensé que alguien había entrado, y que estaba prisionera en los servicios públicos.
Naruto sonrió.
—¿Y que pasa conmigo? Estoy tan desnudo como tú.
Seguía tumbado. De alguna forma, parecía estar en casa, en su estado natural. Hinata bajo la vista para mirarse y rió.
—No puedo creer que esto esté pasando.
Naruto estuvo a punto de decir: "Es algo que podremos contar a nuestros nietos", pero prefirió no hacerlo. A Hinata no le gustaría oírlo, y, además, se había prometido no presionarla. Alargo un brazo hacia ella, y se tumbó con él, entre sus brazos.
—¿Qué decían las noticias?
—Nada importante. Una noche relativamente tranquila en Konoha, con algún saqueo esporádico. Lo mismo que en todas partes. Hace demasiado calor como para que la gente se ponga a robar en serio.
—¿Ah, sí? —pregunto ella, mirándolo de reojo.
Naruto rió y la puso de espaldas. Se coloco sobre ella con una absoluta falta de delicadeza que demoraba cuantas veces había adoptado la misma postura a lo largo de la noche.
—¿Y las noticias? —pregunto Hinata.
Él se acercó a su cuello, respirando el dulce olor a mujer.
—Ah, eso. Han movilizado a la Guardia Nacional, desde la capital hasta la costa este. Hubo algunos disturbios, pero todo está ya bajo control.
—Pensé que habías dicho que las cosas estaban relativamente tranquilas.
—Así es. Teniendo en cuenta que un tercio del país está sin electricidad, la tranquilidad es sorprendente.
Naruto no quería hablar sobre el apagón. Tener a Hinata cerca, desnuda, le producía una sensación más fuerte que la de cualquier Whisky. La besó, saboreando su respuesta, colocándola en posición para penetrarla y entrando en ella suavemente. Sintió el tacto delicioso de los músculos de su vagina, la manera en que sus dedos lo tocaban mientras se arqueaba para estar más cerca de él.
Sus sentimientos hacia ella se exacerbaron, y se sorprendió deseando que no arreglasen nunca el tendido eléctrico.
Después de hacer el amor Hinata se apoyó en su hombro.
—¿Han dicho en la radio cuando cree la Compañía de Electricidad que volverá a funcionar el suministro?
—Puede que esta tarde —dijo.
—¿Tan pronto? Se sintió un poco indignada, como si le hubieran prometido unas vacaciones y se las hubieran acortado. Pero aquello no erán unas vacaciones. Para mucha gente constituiría un verdadero drama. La electricidad podía ser la diferencia entre vivir o morir para alguien que estuviera enfermo. Si todo lo que tenían era unas cuantas horas más, quería aprovecharlas al máximo.
Al parecer, Naruto pensaba lo mismo. La mantenía constantemente entre sus brazos, excepto cuando insistía en que bebieran algo. Incluso cuando se sintió cansado, no dejó de acariciarla. Naruto se había apoderado hasta tal punto de sus sentidos que Hinata se habría sentido aterrada de no haber comprobado que él sentía lo mismo. No era algo que él le estuviese haciendo. Era algo que ambos compartían.
Se durmieron fuertemente abrazados, a pesar del calor.
De pronto, Hinata se despertó sobresaltada al sentir una ráfaga de aire frio.
Naruto se sentó.
—La electricidad funciona —dijo, mirando hacia las luces del techo, que resultaban deslumbrantes —Después de tantas horas a oscuras—. Son las once en punto —añadió, Después de consultar el reloj.
—Es demasiado pronto —dijo, enfadada—. Dijeron que no lo arreglarían antes de la tarde.
—Posiblemente exageraron, por si tenían algún problema
—Sintiéndose increíblemente expuesta bajo la luz, Hinata se apresuró a vestirse. Cogió las braguitas, las examinó con una mueca de disgusto y las tiró a una papelera.
—¿Qué hacemos ahora? —preguntó, echándose el pelo hacia atrás.
Naruto se subió la cremallera de los pantalones.
—Ahora nos vamos a casa.
—¿Cómo? ¿Llamamos al servicio de seguridad?
—Ya los llamaré más tarde. Tengo unas cuantas cosas que decirles. Pero ahora que ha vuelto la electricidad puedo abrir las puertas.
—Mientras Naruto manipulaba el sistema de seguridad, Hinata volvió a colocar los muebles en su sitio, devolviendo los cojines a su lugar original. Se sonrojó al pensar en la posibilidad de que alguien descubriese el nido de amor que habían organizado en mitad del vestíbulo. No sabía si sería capaz de volver a pisar el edificio sin sentirse avergonzada.
Naruto lanzó un gruñido de satisfacción, cuando consiguió cambiar a manual el sistema de seguridad, lo cual le permitiría abrir la puerta exterior.
—Vamos —dijo, cogiendo a Hinata de la mano.
Ella apenas tuvo tiempo de coger el bolso antes de salir. Cerró los ojos deslumbrada al sentir el sol. El calor que desprendía la acera era insoportable.
—No podemos dejar abierto el edificio —protesto.
—No lo hemos hecho. Se ha vuelto a cerrar en cuanto hemos salido.
La cogió por el brazo y la guió hasta el aparcamiento. Antes de que pudiese reaccionar, Naruto estaba prácticamente empujándola al interior de su coche.
—¡Yo tengo mi propio coche¡ —dijo indignada.
—Ya lo sé. No te preocupes. No se lo van a llevar a ningún sitio. Pero no sabemos si el suministro eléctrico llega a toda la ciudad, y tampoco sabemos con qué te vas a encontrar al llegar a tu casa. Creo que es mejor que me quede contigo hasta que nos aseguremos de que estás a salvo.
Era el tipo de acciones que la hacían sentir incomoda en el pasado. Sin embargo, ya no le importaba, tal vez porque estaba demasiado dormida, o acaso porque tenía razón. Cualquiera que fuese el motivo, entro en el coche y cerró los ojos.
Naruto tuvo que dar un par de vueltas hasta encontrar la casa, pero casi no había tráfico, y tardo muy poco en llegar. Hinata no protesto cuando entro con ella. La electricidad funcionaba, y el aparato de aire acondicionado parecía hacer un esfuerzo extra para bajar la temperatura.
—A la ducha —ordenó Naruto.
Hinata parpadeo.
—¿Qué?
Él le paso el brazo por la espalda y la llevo hacia la habitación.
—Una ducha. Los dos vamos a tomar una ducha fría. Estamos en buena forma, pero esto hará que nos sintamos mejor. Créeme, estamos algo deshidratados.
Su acuerdo se limitaba a una noche, pero ya entrado el día, Hinata supuso que no ocurriría nada si lo alargaba un poco más. Dejó que Naruto la desnudase, y no se sorprendió cuando él hizo lo mismo y entró en la ducha con ella. El agua no estaba demasiado fría; sólo lo suficiente como para hacerla sentir mejor. Se volvió para mojarse la espalda y el pelo.
—¿Te sientes mejor? —pregunto él, pasándole las manos por el cuerpo.
Naruto la estaba frotando, aunque sin usar jabón.
—Umm...
Él inclinó la cabeza mientras Hinata la subía. Si todo fuese siempre así, pensó. Besándolo, siendo besada por él. Sus fuertes brazos la abrazaban. Mientras estaba a su lado todas sus preocupaciones desaparecían.
La ducha fría los revivió en muchos sentidos. Naruto la levantó, la apoyo contra la pared y la penetró. Hinata jadeó. Naruto le hizo el amor tan fiera y apasionadamente como la noche anterior, en el suelo del vestíbulo. Como si no hubiera pasado nada entre la primera y la última vez.
Después se fueron a la cama. Hinata casi no podía mantener los ojos abiertos mientras Naruto le secaba el pelo. La acostó y la tapó con las sabanas. Ella suspiró, descansada, y casi de inmediato se quedó dormida, sin notar que Naruto se había tumbado a su lado.
Aun así, no se sorprendió cuando despertó por la tarde y lo descubrió junto a ella. Con pereza, dejó que su mirada recorriera aquel cuerpo musculoso. Necesitaba afeitarse. La barba confería una tonalidad oscura a su piel. Tenía el pelo alborotado, y con los ojos cerrados parecía un niño. Le parecía raro. Nunca había pensado en Naruto como en alguien delicado. Jamás habría asociado la dulzura con él, aunque la había tratado con mucha delicadeza, incluso en los momentos de pasión. No se trataba del mismo tipo de caballerosidad que mostraba Sasori.
Ahora se daba cuenta de que Sasori había sido suave con ella porque no quería ninguna respuesta pasional por su parte. Quería que fuese una muñeca a la que pudiera vestir, colocar y enseñar por ahí, para alimentar su ego. Naruto, por otra parte, se había dejado llevar por la pasión tanto como ella.
Le tembló el cuerpo ante su cercanía. Medio dormida, lo empujó. Él abrió los ojos de inmediato, y se puso boca arriba.
—¿Que pasa?
—Muchas cosas — respondió, deslizándose sobre él y sintiendo la respuesta entre sus piernas—. Han pasado por lo menos... —callo y miro el despertador, que parpadeaba estúpidamente, porque no lo había puesto en hora tras el apagón—. Hace mucho que no tengo nada de esto —dijo depositando la mano entre las piernas de Naruto.
Contuvo la respiración mientras Hinata le mostraba el camino.
—Lo siento —se disculpó Naruto, gimiendo mientras ella se colocaba sobre él.
Siempre había supuesto que Hinata podía ser así: cálida, desinhibida y apasionada. Le provocaba una sensación de placer casi mareante. Tenía los ojos enrojecidos y los labios inflamados por los besos. El pelo oscuro le caía sobre los hombros. Hinata lo miro con deseo mientras se movía lentamente arriba y bajo, entornando los ojos cada vez más.
—Sólo por eso, me toca ponerme encima —murmuro.
Naruto se estiro y se agarró a la cabecera de la cama, con sus poderosos bíceps flexionados y los puños sobre las barras.
—¿Conseguiré algo si te suplico?
—No me importa lo que digas —le aseguró, mientras sentía otro espasmo de pasión en sus terminaciones nerviosas.
—Bien —dijo Naruto arqueándose, casi levantándola de la cama—. En ese caso, no pienso decir nada que pueda hacer que te detengas.
No lo hizo. Cuando ella se tumbó agotada sobre su pecho, ambos estaban plenamente satisfechos.
Naruto la sujeto por el pelo y la acerco a su pecho, casi con desesperación. Hinata se empapo del aroma de su cuerpo, frotando la mejilla contra su pecho. Podía escuchar los latidos de su corazón, y aquel ritmo la tranquilizaba. Se quedaron dormidos, y cuando volvieron a despertar el sol se estaba poniendo. Hicieron de nuevo el amor.
Naruto encendió la televisión que había encina de una cómoda volvió a la cama para abrazarla mientras veían las noticias, que por supuesto hablaban principalmente del apagón. Hinata se sintió algo incomoda, como si hubiera ocurrido una crisis nacional y no se hubiera dado cuenta, a pesar de que la había sufrido de forma directa, íntima. En todos los sentidos. Tal vez por aquel motivo se sentía tan alejada de la realidad. No había pasado las últimas veinticuatro horas pensando en el apagón, sino concentrada en Naruto Uzumaki.
El gran apagón, como lo llamaban todos los comentaristas, había supuesto la interrupción del suministro eléctrico en todo el sur. La ola de calor, el uso excesivo de electricidad y el recalentamiento, combinados, habían sobrecargado los circuitos, inutilizando varias instalaciones. Por su parte, Hinata se sentía como si la apasionada manera de hacer el amor de Naruto hubiera sobrecargado sus circuitos más íntimos.
Paso la noche con él. No pregunto si podía quedarse, y ella no le pidió que se marchara. Hinata sabía que sólo estaba posponiendo lo inevitable, pero quería estar con él por el momento. El haberle contado lo de Sasori no había cambiado su opinión, del mismo modo que el carácter de Naruto no había variado por saberlo.
Cuando amaneció los dos supieron que su paréntesis había llegado al final. No podían evitar la realidad por más tiempo.
—¿Qué pasara ahora? —pregunto Naruto en voz baja.
Hinata miro por la ventana mientras se tomaba un café. Era sábado, y ninguno de las dos tenia que ir a trabajar, a pesar de lo cual Naruto se puso en contacto con varios de sus empleados nada más levantarse. Ella sabía que sólo tenía que decir una palabra, "quédate", para que pasaran todo el fin de semana en la cama. Sería maravilloso, pero llegaría el lunes, y entonces le resultaría aún más difícil.
—No veo que la situación haya cambiado —dijo al fin.
—¡Por todos los diablos, Hinata! —exclamó Naruto levantándose, con todo el cuerpo en tensión—.¿puedes decir sinceramente que soy como Sasori Landers?
—Eres muy dominante —puntualizó.
—Me amas.
—En aquella época también creí que lo amaba a él. Pero ¿qué ocurrirá si vuelvo a equivocarme? —dijo abriendo los ojos de par en par, mientras lo miraba—. No puedes entender lo que se siente, porque nunca has pasado por ello. Prefiero morirme antes de tener que volver a sufrir ese infierno. No me atrevo a arriesgarme contigo. Sigo sin conocerte tanto como tú me conoces. Eres tan reservado que no sé quién eres. ¿Cómo puede confiar en ti si no te conozco?
—¿Y si me conocieras? —preguntó en tono áspero—. ¿Si lo supieras todo sobre mí?
—No lo sé —se miraron y estallaron en una risa histérica—. ¿Cuántas veces habré empleado el verbo conocer en un momento?
—Por lo menos conocemos su significado —dijo Naruto.
Ella gruñó, y los dos empezaron a reír. Cuando se tranquilizaron, él alargó su mano hacia la densa mata de pelo de Hinata y le acaricio la nuca.
—Déjame que intente una cosa —dijo de golpe—. Dame otra oportunidad, y te prometo que cambiaras de opinión.
—¿Eso significa que si no funciona no volverás a intentarlo? —preguntó, sin poder evitar la risa al ver la expresión de Naruto—. Oh, Naruto, ¿no tienes ni idea de lo que significa rendirse, no?
Él se encogió de hombros.
—Nunca he querido a nadie tanto como a ti —contestó, devolviéndole la sonrisa—. Pero al menos he progresado algo. Has empezado a llamarme Naruto otra vez.
Se vistió y la besó mientras se dirigía hacia la puerta.
—Volveré tan pronto como pueda. Tal vez no pueda ser hoy. Pero hay algo que quiero enseñarte antes de que tomes la decisión definitiva.
Hinata se apoyó contra la puerta después de acompañar a Naruto. ¿Decisión definitiva? No sabía si reír o llorar. Para ella, la decisión había sido definitiva durante los últimos seis meses. Pero no entendía por qué tenía la sensación de que, si no le daba la respuesta que quería, tendría que estar explicando sus razones durante los cinco años siguientes.
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Continuará...
