Disclaimer: La saga de Harry Potter es creación de J.K Rowling y los derechos son de la WB. Yo apenas pude imaginar esta pequeña idea.
N/A al final.
2 — La noticia.
Si alguien hubiese entrado en aquel momento a la oficina de la actual jefa de Aurores habría sospechado que algo estaba mal, increíblemente mal en realidad.
Si bien la oficina siempre se encontraba impecable, en esa ocasión, era evidente que había cierto desorden en la habitación; habían aparecido sin ningún cuidado, el polvo de la chimenea se extendía hasta la alfombra y el abrigo de Hermione yacía en una de las sillas del escritorio y las luces, que normalmente iluminaban armónicamente el lugar ahora se encontraban apagadas.
La Auror se encontraba con el cabello hecho un verdadero desastre, se mordía las uñas de una mano (un mal hábito que sólo aparecía en sus años de colegio y en época de exámenes) mientras que con la otra tamborileaba sus dedos sobre el escritorio, si eso no fuese ya una mala señal, su mirada fija en el vacío con el entrecejo fruncido completaba aquel retrato.
Lo que Hermione Granger tenía era una resaca monumental.
Y además estaba ese asunto de su nuevo compromiso.
Estupida borrachera.
La chica soltó un suspiro y se tapó el rostro con ambas manos ¿Cómo se habían metido en aquella situación? La noche anterior se encontraban realmente felices festejando el llamado de Harry a los mundiales, algo que el mago había estado esperando desde el inicio de su carrera, él de verdad se lo merecía y no obstante apenas esta mañana lo había echado de su casa a base de maleficios y palabras altisonantes.
«Arregla, este desastre» había rugido cuando cerró la puerta frente al rostro estupefacto de su mejor amigo.
Si tenía que ser honesta, y Hermione siempre lo era, estaba siendo demasiado injusta con Harry, su único error había sido gritar aquella barbaridad en medio de un restaurante donde, se suponía, nadie los reconocería.
Era evidente que alguien los había descubierto y había aprovechado una gran juerga de amigos para inventarse el chisme de la década.
Su asistente abrió nuevamente la puerta colándose hábilmente por aquel diminuto espacio, llevaba en una mano un nuevo paquete de correspondencia, parecía temerosa de siquiera abrir la boca.
—No dejan de llegar. —susurró por fin dejándolas caer en el escritorio de la bruja. —Tú madre ha llamado tres veces —dijo irguiéndose cuan alta era —, y he tenido que amenazar a un par de reporteros que han tratado de obtener una entrevista, siguen allí esperando a que por fin salgas.
—No lo haré. —sentenció Hermione, mientras tiraba los sobres a un contenedor sin siquiera observarlos y los incineraba, justo como había hecho con el paquete anterior.
—¿Podrías explicarme que sucede? —rogó la rubia frente a ella.
Cristine Hopkins era una recién graduada de Hogwarts, la mejor de su clase, con una habilidad excepcional para las runas antiguas y encantamientos, además, era educada, leal, responsable y con una honestidad brutal, Hermione no habría podido elegir a alguien mejor.
La chica no había entendido porque su jefa había aparecido una hora antes de lo esperado maldiciendo en voz alta al encantador Harry Potter, por qué claro, todos en el departamento adoraban a la estrella de los Montrose Magpies, (el mejor equipo de la liga de Quidditch de las últimas temporadas) después de todos, seguía siendo El-Niño-que-vivió.
A la llegada de Hermione, Cristine había entrado en la oficina casi al borde de las lágrimas e inmediatamente empezó una cantaleta de lo feliz que se sentía por aquel compromiso, murmurando quién sabe cuántas cosas mientras rodeaba a la castaña en un fuerte abrazo casi asfixiándola, dos minutos después, Hermione aparecía un cubo de basura metálico y volvía el estómago.
Aquello no tenía sentido.
La Auror se había dejado caer en la silla más cercana y comenzaba a masajear sus sienes, su asistente la observo confusa, pero no hizo pregunta alguna, salió de la oficina y empezó a gritar órdenes en el pasillo negando cualquier entrevista y acceso a quienes estuvieran del otro lado de la puerta.
Hermione sabía que mientras Cristine estuviera frente a su puerta no correría peligro alguno, no quería hablar con nadie, ni siquiera con su propia madre, quien por cierto parecía buscarla por todos los medios de comunicación posibles.
Pero ahora, la bruja frente a la Auror estaba cruzada de brazos y parecía dispuesta a cualquier cosa para obtener una explicación y Hermione sabía que la merecía, pero ¿Como explicarle aquello?
«Era una maldita broma»
«Estábamos borrachos»
«Ni siquiera recuerdo la mitad de lo que paso»
Aquella era la verdad, pero ya sonaba lo suficientemente estúpido en su cabeza como para atreverse a decirlo en voz alta. Cristine la miraba son una ceja levantada, estaba claro que no le brindaría tregua alguna.
—Es un error —dijo Hermione—. Se… se suponía que nadie se enteraría —murmuró en voz baja, eso era en gran parte verdad. La rubia soltó un bufido de exasperación.
—¡Por las barbas de Merlín, Hermione! —exclamó indignada —¿Querías mantener ese compromiso en secreto?, ¡¿Con Harry Potter?! Te creía mucho más lista.
—Oh diablos, cállate.
—Ese chico es el soltero más codiciado del siglo.
—No lo entiendes —Hermione se hundió un poco más en su asiento.
—No, definitivamente no. —opinó Cristine dirigiéndose a la puerta. —La próxima vez que llame tu madre te pasaré la llamada. —dijo cerrando la puerta en el acto.
Hermione soltó un suspiro y se froto los ojos con una mano. Tomó el ejemplar del profeta sobre el escritorio y volvió a leerlo.
Harry Potter y Hermione Granger ¡Se casan!
Después de años de intensa amistad, nuestros aclamados héroes por fin han admitido mantener una relación amorosa, algo que su humilde servidora ya se había encargado de confirmar varios años atrás, sin embargo, no sabemos cuánto tiempo han logrado mantener esta relación en estricto secreto ¿Meses, años? ¿Desde cuándo han estado mintiéndole a toda la comunidad mágica?
Está claro que aquel viejo romance estudiantil es algo mucho más formal ahora, ¡Se presume que Potter ha gastado una fortuna en un gran anillo!
Nuestra fuente nos comenta que la celebración se llevó a cabo en uno de los restaurantes muggles más aclamados de América, aparentemente era un evento tan íntimo que ni siquiera sus mejores amigos y familiares fueron invitados.
Se dice que es tanta la fascinación que siente Potter por nuestra flamante Jefa de Aurores que incluso amenazó (completamente colérico) a un inocente comensal por observar demasiado tiempo a su futura esposa.
¿Será acaso que la casi impecable Hermione Granger se ha valido de nuevas armas para atrapar al buscador más deseado?
Por supuesto, me encargaré de averiguarlo.
Rita Skeeter.
El articulo era acompañado por una fotografía, estaba claro que alguien se había encargado de tomarla en el momento menos indicado, en ella aparecían los dos magos fundidos en u abrazo con sus rostros peligrosamente cerca.
Hermione sentía una terrible ansiedad solo de volver a leerlo.
Esperaba que Harry pronto apareciera diciéndole que por fin lo había solucionado, pero ya había pasado cerca de medio día y aún no tenía ni idea de donde podría encontrarse su mejor amigo.
Hermione apareció un poco más de poción anti resaca y bebió un vaso, necesitaba aclarar sus ideas, y sobretodo necesitaba ponerse a trabajar.
Así transcurrieron un par de horas, en ocasiones un tumulto se escuchaba en el pasillo, pero Cristine hacía un trabajo realmente maravilloso mandando a toda visita indeseada a comer escregutos de cola explosiva, todo iba perfectamente hasta que entró nuevamente en la oficina.
—Te lo advertí —se excusó antes de entregarle su propio teléfono celular.
Hermione no quería imaginar a cuantas personas tuvo que contactar su madre para poder conseguir el teléfono personal de su asistente.
Después de la guerra, y tras hacerse de su propio lugar en el ministerio, Hermione se encargó de popularizar viejas herramientas muggles para optimizar el trabajo, gran ayuda resultó ser el señor Weasley, quien se encontraba verdaderamente encantado con la idea, y en apenas un par de meses algunos de sus compañeros ya utilizaban los teléfonos y los correos electronicos mucho más a menudo.
Estaba claro que los habían adaptado ligeramente para poder hacerlos funcionar a tantos kilómetros bajo tierra, Hermione se sentía verdaderamente orgullosa de poder utilizar sus medios muggles en su vida mágica, excepto en días como ese; cuando su madre llamaba.
—¿Si? —preguntó en el auricular.
—¿Quieres decirme porque tengo que enterarme que mi única hija se va a casar por medio de un periódico?
—Mamá...
—Pero, en realidad, hija ¡Estoy verdaderamente emocionada! Dios, lo sospechaba ¡Claro que lo sospechaba!, ustedes dos siempre han estado juntos. ¿Por qué tardaron tanto? ¡Podría haber sido abuela hace un par de años atrás!
—¡MAMÁ!
—Cariño, solo quiero decirte que estoy orgullosa de ti, creía que jamás superaría a…, bueno, sabes a lo que me refiero, y mira nada más. —Hizo un tono sugestivo que Hermione desconoció por completo en la voz de su madre—¡Se verán maravillosos!, ¡Qué alegría, Dios mío!
—Mamá... déjame hablar.
—¡Claro hija! Necesitamos hablar, ya hablé con Harry, por supuesto...
—¡¿Qué tú qué?!
—Hablé con Harry por supuesto, oh querida, eres tan afortunada, él habla de ti maravillas, acepto que vendrían esta noche para festejar como se debe.
—¡¿Qué él qué?!
—Aceptó venir a cenar esta noche. Cielos mi amor, debes estar muy emocionada para estar tan distraída. Pero lo entiendo, te dejo porque voy al supermercado a comprar lo necesario. Besos.
—Mamá, espera un...
Y colgó el teléfono.
Hermione quería aplicarle la imperdonable a Harry, ¿No se suponía que debía arreglar la situación?
Por supuesto aquel había sido el momento en el que el moreno salía de la chimenea con una sonrisa nerviosa en el rostro.
—¡Tú! —dijo Hermione en tono acusador. Quería fulminarlo con la mirada.
—-Espera, no puedes matarme... aún —susurro Harry con nerviosísimo—, tú madre nos ha invitado a cenar esta noche.
Hermione se quedó estoica, Harry soltó una risa natural y ella hipo apuntó de ponerse a llorar.
—Harry, honestamente...
—Hice todo lo que pude. —confesó el chico acercándose al escritorio de su amiga. —¡Lo juro! Incluso amenace a Rita, pero ¿Tú sabias que ya es un animado registrado? —preguntó—. Creo que en realidad empeore un poco más las cosas.
—¿Un poco? —se burló ella —Mi madre acaba de llamarme para felicitarme ¿Sabes lo que sentirá cuando le diga que es una mentira?
Harry guardo silencio, se retiró la chaqueta y la coloco en la silla disponible antes de tomar asiento, se sentía ligeramente extraño estar en aquel lugar en medio de la penumbra, pero suponía que a Hermione le afectaba la luz tanto como a él.
—Lo sé, y estuve pensando... ¡Oye, no me mires así! —susurró avergonzado—. No tiene por qué ser una mentira. —opinó tratando de no encontrarse con los ojos chocolate de la Auror. Hermione lo miro horrorizada.
—¿Te has vuelto loco?
—Hermione, lo digo en serio. —dijo con voz serena y pasados unos segundos tragó saliva. —Soló escúchame.
—Eres imposible.
—Por favor Hermione, solo hazlo.
Hermione guardó silencio, por primera vez en todo el día observó a Harry detenidamente y sintió un poco de culpa; su amigo se veía igual de mal que ella, las ojeras se le notaban aún a pesar de sus gafas redondas y era evidente que esa mañana no se había afeitado, gracias a Merlín parecía que acaba de tomar una ducha pues su ropa ya no era la misma de la noche anterior.
Hermione apareció un vaso de cristal y sirvió un poco de poción anti resaca, le ofreció el vaso a su amigo y este la miró enternecido.
—Gracias, creía que no me la ofrecerías nunca. —Hermione soltó un bufido, aunque parecía apenada. —¿Ya te buscaron los periódicos? Yo casi tuve que hechizar a un reportero del Profeta.
—No me han dejado en paz, si no fuera por Cristine.
—Ella los detendrá —sonrió Harry, sabía que la asistente de su amiga era impasable si se lo proponía.
—No podrá hacerlo eternamente, necesitamos acabar con todo esto. —concluyó Hermione tratando de mantener la calma.
—¡Escucha! Detenerlo será imposible. —apuntó Harry mientras daba otro sorbo a la poción. —-Piénsalo, no podremos decir la verdad sin armar otro escándalo.
Hermione sabía que su amigo tenía razón.
—Pero... podemos continuar con esto. —se aventuró Harry tomando la mano de la castaña buscando confortarla. —Nadie tiene porque saber que es una mentira.
—¿Qué estás diciendo?
—Escúchame. —rogó— le he dado muchas vueltas a todo esto y creo que ambos podemos ayudarnos, espera, ¡Hermione, solo escucha! —pidió ya que amiga había estado a punto de interrumpirlo—. Tú, definitivamente necesitas unas vacaciones y yo realmente quiero que me acompañes a los mundiales.
—¡Yo no necesito vacaciones! —rugió Hermione, Harry masaje el puente de su nariz con sus dedos, tratando de buscar las palabras adecuadas.
—¿Cuándo fue la última vez que te tomaste unos días? —preguntó tranquilo, Hermione hizo un mohín, ella nunca había hecho eso y Harry lo sabía perfectamente.
—Está bien puede que, si necesite un par de dias, pero es ilegal que yo vaya contigo, yo no soy...
—Lo sé —la acorto Harry—, pero técnicamente ahora eres mi prometida. Ya no es ilegal, Hermione. —dijo el mago con una sonrisa digna de fotografiar.
—Eso es una mentira —Lo acusó su amiga.
—Nadie lo sabría, joder Hermione, tú y yo nos conocemos mejor que cualquier pareja que conozcamos.
Touché.
—Cualquiera puede creer que tú y yo tenemos algo, ya todos lo creen en realidad —prosiguió y Hermione tenía que admitir que todo aquello era verdad.
—Pero... No podemos.
—¿Por qué no? Es un viaje más, estaremos con nuestros amigos, cuando volvamos decimos que decidimos continuar simplemente con nuestra amistad y no entorpecerla y fin del asunto.
—Harry, no creo que sea tan fácil.
—Y, además, está esto. —Harry sacó una edición del profeta, y la arrojó en el escritorio.
—¿Qué es esto? —preguntó Hermione hojeando el periódico cuando de pronto apretó los labios y frunció el entrecejo.
Víktor Krum y su triste pasado amoroso.
Una gran fotografía del búlgaro encabezaba el artículo, Hermione reconocía esa mirada en cualquier sitio, esos ojos negros y profundos enmarcados por unas cejas pobladas, su piel cetrina y el cabello al ras, Merlín, aún le gustaba demasiado, pero ya no lo amaba de eso no había duda.
El famoso buscador de Quidditch nos cuenta la verdad sobre aquella triste relación con nuestra Auror favorita.
¿Será que realmente el único corazón roto aquí fue el de este magnífico chico?, ¿Fue Realmente Hermione Granger quien provocó tan fatídico final?, ¿Harry Potter tuvo algo qu ver?
Toda la información de la página 9 en adelante.
—Es la edición de mañana.
Hermione se puso en pie, ni siquiera tenía estomago para leer la nota completa, estaba enojada.
Ese maldito bastardo ahora fingía ser una víctima, Hermione apretó sus puños, aun recordaba aquel día, ese en el que su ex prometido había asistido hasta su oficina solo para decir un montón de barbaridades y después terminar su compromiso.
Había sido una época difícil, aún había varios mortifagos sueltos y aunque no significaban una gran amenaza ella quería terminar con cada uno de ellos, Rodolphus Lestrange era el cabecilla y Hermione estaba cerca de atraparlo.
No había probado bocado en todo el día, se encontraba redactando un reporte para presentárselo a Kingsley, el Ministro, un pequeño chasquido le aviso que tenía invitados, apenas pudo girar su rostro para encontrarse con el imponente cuerpo erguido de su novio.
Viktor la miraba con el entrecejo fruncido, Hermione se acercó a él preocupada, era tarde y no lo esperaba realmente, él evitó el abrazo y la chica detectó un cierto olor a whisky de fuego.
—¿Ocurre algo?
—Esto ocurre —dijo señalando a su alrededor. —Necesitas parar, cuando nos casemos debes dejar esto.
—¿Qué? —preguntó Hermione sonriendo, creyendo que estaba bromeando.
—No tienes tiempo de nada, ni siquiera para mi Herr-Mion —hipó.
—Yo... he estado muy ocupada, lo siento en verdad. —se disculpó Hermione tratando de tomar la mano del chico.
—¡No! No puedes seguir así —exclamó fúrico— ¡Yo no puedo seguir así!
—De qué hablas. —Hermione se acercó nuevamente a él sin entender nada.
—Quiero que renuncies. —exigió y Hermione se quedó pasmada.
—¿Qué quieres qué?
Aquello había sido el principio de un frenético final. Viktor solo pedía una cosa, una que Hermione no podía darle: Absoluta prioridad.
Esa pequeña discusión se volvió en una gigantesca, terminando con Hermione empuñando la varita y exigiéndole a Viktor que se marchara y hablaran cuando estuviera sobrio.
Lo único que recibió al día siguiente la Auror fue una nota donde Viktor le decía que todo había terminado.
Y ahora ese imbecil tenía las agallas para mentir y decir que ella era la culpable.
—Hermione... —La voz de Harry la devolvió a la realidad. Su amigo se encontraba detrás de ella, evaluando si era conveniente o no acercarse más, ella pronto se lanzó a sus brazos. Ese siempre era un lugar seguro.
Harry la abrazó con delicadeza, sabía cuánto le dolía aún ese tema a la bruja, incluso a él todavía le molestaba. Y aquella entrevista por parte del búlgaro era un golpe bajo.
—Está bien, Hermione, esta noche le daré una entrevista a Luna para que el Quisquilloso aclare la situación. —dijo en un susurro y Hermione negó con la cabeza.
—No, Harry, tienes razón...
—¿En qué? —preguntó el chico tomando el rostro de su amiga con sus manos.
—Hagámoslo. Vayamos a los mundiales. —Harry sonrió de oreja a oreja.
—¿Lo dices en serio?
—Con una condición —observó Hermione —. No dejes que él te gane, por favor.
—Eso puedes jurarlo. —prometió Harry dando un beso en la cabeza de su amiga.
Hermione soltó un suspiro, sabía que aquello era una locura, y que ella tendría que estar bajo un encantamiento para poder aceptar semejante tontería, pero, Harry tenía razón en algo, ella necesitaba un descanso y de otra manera jamás lo tomaría.
Y con Harry aún lado, ella sabía que estaba segura.
La puerta se abrió de golpe y por ella entró Cristine.
—¡Hermione! —gritó abriendo los ojos dándose cuenta del momento que había interrumpido. —Lo-lo siento tanto —dijo disculpándose mientras saludaba a Harry con una mano —. Necesito ayuda, allá afuera se encuentra Ron Weasley y está hecha el humo por las orejas ¿Qué hago?
—Déjalo pasar —resolvió Harry tranquilamente, Cristine buscó la aprobación de su jefa con una mirada, Hermione asintió levemente.
La chica salió de la oficina y Harry trato de acomodar el cabello de Hermione poco a poco.
—Luces fatal.
—Tú igual.
La puerta volvió a abrirse y por ella entró Ronald, estaba tan rojo como su cabello.
—Esa asistente tuya un día va a matarme de un coraje, Hermione. —Los saludo. Choco el puño con Harry mientras depositaba un beso en la mejilla de su amiga. —Y ahora, ¿Pueden explicarme que está pasando?
Hermione sonrió ligeramente y negó con la cabeza. Harry la tomó por la cintura y se rascó distraídamente la nuca.
—Nada nuevo, camarada, solo que ¡Nos vamos a casar!
Ron los miro detenidamente a uno y luego al otro, tratando de descubrir la mentira en sus amigos, pasando apenas unos segundos soltó un suspiro.
—Joder, creí que jamás se darían cuenta ¡Enhorabuena! Necesitamos festejar ¡Váyanos por un tragó!
—¡No! —gritaron al unísono Harry y Hermione, ambos encontraron miradas y después de un largo día soltaron una carcajada.
TBC
Hola, ¿Aún hay alguien por aquí?
Sé que prometí que actualizaría el día de ayer, sin embargo, tuve complicaciones técnicas.
Espero que les haya gustado por lo menos un poco, no duden en hacerme saber en qué puedo mejorar, por favor. Mi género no suele ser la comedia, así que estoy haciendo un gran esfuerzo.
Si has leído esta historia antes, tengo que confesar que he cambiado un mucho la trama aunque la esencia es la misma.
¡Gracias por seguir leyendo!
Ely.
