Hola.
Les dejo el segundo. Gracias por leer y comentar.
Saludos.
CAPÍTULO II. Un día a la vez.
Su vida siempre había sido difícil. Con tan solo un día de nacida había sido abandonada en la orilla de la carretera, de no haber sido porque aquella pareja pasaba por ahí, probablemente habría muerto de frío. Le gustaba pensar en eso, era su forma de valorar dónde estaba ahora, lo que había conseguido, la persona en la que se había convertido. El orfanato, las casas de acogida, la cárcel, los malos ratos, todo había quedado atrás, ahora era policía, quién lo diría. Tenía una buena vida, no era millonaria pero tampoco podía quejarse, había conseguido un pequeño apartamento en el sur de la ciudad, eso y su escarabajo era lo único que necesitaba para vivir.
Aunque disfrutaba mucho de sus días en la comisaría lo que en verdad le llenaba era escribir, nunca se lo había dicho a nadie, bueno, a casi nadie; Elsa, su mejor amiga, sí que lo sabía y le animaba a no dejarlo. Escribía. Escribía mucho. Desde muy joven era algo que la relajaba, la alejaba de todos y la transportaba a un mundo donde solo estaba ella y sus historias. Desde hacía un año había comenzado su primer novela, bueno, su primer novela en forma, escribirla se había convertido en un pequeño ritual, todos los días en cuanto llegaba a su casa se preparaba un café y se sentaba frente a su computador, había días en que se quedaba en blanco por horas y simplemente lo dejaba e iba a la cama, sin embargo, había otros en que las palabras salían por si solas y escribía por horas y horas. Siempre pensaba en el principio cuando de tomar una decisión se trataba, ahora, su novela estaba en sus manos esperando ser enviada a la editorial.
-Emma, ¡Venga ya!, no puede ser tan difícil, tan solo arrójala, anda-. Llevaban más de media hora paradas a un lado del buzón esperando a que Emma, que se aferraba al sobre como si su vida dependiera de ello, decidiera arrojar el paquete. –Te prometo invitarte una copa si lo arrojas ahora-. Bromeó. Llevaba conociendo a esa rubia por diez años, la conoció en el restaurante donde trabajaron justo cuando ella salió de la cárcel. Sabía lo mucho que le costaba desprenderse de las cosas y sabía también lo mucho que había invertido en esa novela.
-¡Ya voy! Sólo me estoy despidiendo. Es difícil, es como mi hijo, es como si estuviera abandonando a mi hijo.- Sabía que exageraba, sabía que exageraba de verdad, pero llevaba tanto trabajando en ese manuscrito que tener que desprenderse de él le generaba un vacío que no había experimentado, además tenía miedo, tenía miedo de que no se comunicaran con ella, tenía miedo de que resultara que lo que ella pensaba que tenía mucho potencial no lo tuviera para las personas que a valorar manuscritos se dedicaban.
-Piensa que se trata de la universidad, estás despidiendo a tu hijo que se va a la universidad-. Sonrío. -Venga suéltalo, anda, suéltalo Emma-. Le arrebató el manuscrito y lo arrojó. – ¡Ves! No fue tan difícil. Yo invito, anda-. Le tomó de la mano y la alejó lo más rápido posible del buzón.
Todo el camino a "The rabbit hole" sintió un vacío, ese que le daba cada que tenía que desprenderse de algo, le costaba tomar riesgos, le costaba dejar ir las cosas, era por eso que no se inmiscuía en relaciones largas, se encariñaba demasiado.
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Iba caminando rumbo a su departamento, después de varios tragos con Elsa había logrado olvidar un poco que ahora su manuscrito estaba viajando rumbo a la editorial. No estaba segura de si había sido o no una buena idea, pero no podía hacer ya nada al respecto, aunque pensándolo bien no había sido su idea sino de Elsa, ¿Por qué siempre terminaba haciéndole caso a su amiga?, aunque viéndolo por otro lado tendría a quién culpar en caso de que nadie se comunicara con ella.
Llegó a su departamento y rápidamente se descalzó, fue a la cocina y se sirvió un vaso de leche, era el remedio perfecto para evitar la resaca al día siguiente. Ya en su habitación se miró fijamente al espejo, el reflejo que éste le devolvía era el de una mujer hermosa, ojos verdes, rizos rubios, atlética, el ejercicio siempre había sido una forma de escapar de sus problemas, en su juventud había tenido muchos pretendientes pero a decir verdad ella siempre fue por las mujeres, lo supo desde muy joven, con Lily, siempre que pensaba en el principio ella venía a su mente. Nunca había tenido una relación seria, lo suyo era conocer a alguien y justo cuando su estómago empezaba a llenarse de mariposas irse lo más lejos posible, nunca nadie le había inspirado quedarse más tiempo, 'la soledad es lo mío', pensó.
No pasó mucho tiempo para que cayese profundamente dormida, estuvo soñando con editoriales y libros, citas y propuestas, quizá fuera una premonición pero ella no lo sabía no hasta unas semanas después.
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Tenía ya tres semanas que había enviado su manuscrito, hacía como que no lo tenía presente pero llevaba la cuenta exacta, cada que tenía tiempo libre le atormentaba la idea de que hubieran desechado el trabajo que tanto le había costado, no es que fuera a vivir de la publicación del libro era más bien una cuestión de orgullo, pensaba que en verdad era bueno; aunque ahora que lo pensaba bien sólo Elsa había leído su libro así que realmente no tenía punto de comparación para saber su calidad. Trataba de mantenerse ocupada pero al final del día siempre volvía a que no se habían comunicado con ella.
Esa mañana había sido caótica, la carambola en el centro de la ciudad que involucraba un automovilista descuidado y un celular en su mano le había mantenido muy ocupada, entre el traslado de los lesionados y el tráfico ocasionado por el accidente no había tenido tiempo de pensar en nada más. Por la tarde, cuando ya no estaba en servicio y estaba a punto de subir a su escarabajo amarillo su teléfono timbró, estaba tan cansada que ni siquiera se percató de que era número desconocido, tan sólo lo tomó y contestó.
-Aló-. Dijo mientras intentaba encontrar las llaves en las bolsas de su chaqueta roja, su preferida.
-¿Podría comunicarme con Emma Swan, por favor?-
-¿Quién la busca?- No reconoció la voz, así que preguntó con la desconfianza que las malas experiencias le habían dejado.
-Buena tarde, habla Ruby de Editorial Mills y Asociados. ¿Es usted la señorita Swan?-
-S… Sí… Sí, soy yo. Perdona el tono gruñón, ha sido un día complicado.- Estaba confundida y apenada por el tono que había utilizado. Automáticamente se dispararon un centenar de mariposas, ¿Le estaban marcando por lo que creía que le estaban marcando?
-Entiendo, tenemos muchos de esos por acá. Queríamos comunicarle que estamos interesados en hablar usted sobre el manuscrito que nos envió, quisiéramos concertar una cita.-
-Amm sí… sí, claro que sí-. Estaba nerviosa, mucho. Las palabras apenas le salían.
-¿Podría presentarse el día miércoles en la dirección a la que envió el manuscrito?, tendría que preguntar en recepción por Regina Mills, a las nueve de la mañana, puntual por favor-. Había hecho tantas veces esto ya, que era como relatar un discurso, aunque tenía el presentimiento de que este libro sería diferente.
-Por supuesto, sí, sí, ahí nos vemos. Muchas gracias.- Una gran sonrisa se dibujó en su rostro, justo en su día libre, esto tenía que ser cosa del destino.
-Hasta mañana señorita Swan, excelente noche.-
Estuvo cerca de media hora en su escarabajo, sonriendo como una adolescente, resultaba que no era tan mala como pensaba, incluso aunque no lograra nada, ya era toda una hazaña que se hubieran comunicado con ella para hablar de su primera novela. Una vez que su estómago le permitió volver a manejar, llegó a casa y se dispuso a descansar, un gran día le esperaba.
Ella no lo sabía, pero lo de menos importancia sería la posibilidad de que le publicaran el libro.
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Nervios. Muchos. Todos. Eran las ocho de la mañana del miércoles y hacía ya una hora que estaba lista, definitivamente los nervios no eran algo que supiera manejar de la mejor manera. Decidió que era momento de irse, buscaría un café cerca de la Editorial, no podía permanecer más tiempo sentada viendo pasar los minutos como si fueran horas.
Llegó con cuarenta minutos de anticipación, estacionó su escarabajo y se dispuso a buscar cafeína, nada podía salir mal si tenía cafeína en las venas. Justo en la esquina de la Editorial vio un local "Cafetería de la abuelita", entró, se sentó en la barra y pidió su americano triple sin azúcar de siempre. Fue entonces cuando la vio entrar. Morena. Elegante. Ojos negros, no, marrón, profundos. Cuerpo precioso. Lleva una falda alta, entallada, que se adaptaba a sus curvas a la perfección y una camisa blanca con dos botones abiertos, ''conoce sus atributos'' pensó. Labios rojos. Tacones de aguja. Cruzó el café imponente. Parecía que tenía prisa, quizá iba tarde, pidió lo mismo que ella, qué raro. La conocían, se dio cuenta por la naturalidad con que los empleados la trataban. Ni siquiera la volteó a ver', pero ella no pudo quitarle los ojos de encima, qué mujer, quizá si resultara que lo de la Editorial era cosa de una vez podría volver al barrio solo por verle tomar su café cada mañana.
La morena había logrado lo que nadie desde que supo de la cita, hacía dos días ya, que dejara de pensar en su manuscrito y en la Editorial, cuando se percató de la hora faltaban tan solo diez minutos para la cita, terminó su café rápidamente y salió del local.
Entró al edificio donde estaba ubicada la Editorial, resultaba muy intimidante, preguntó en la recepción a dónde debía dirigirse para su cita con Regina. Mills. Piso dieciocho, referirse con Ruby, esa era la instrucción. Tomó el elevador y respiró profundo, debía disfrutar el momento, no tenía nada que perder. Las puertas del elevador se abrieron y se dirigió al escritorio que seguramente pertenecía al asistente de Regina, no pudo evitar observar lo elegante que era todo. Una pelirroja la recibió con una sonrisa.
-Bienvenida, tú debes ser Emma Swan-.
-Hola, sí soy yo, y tú debes ser Ruby, ¿Cierto?-
-La misma, soy la asistente de la Sra. Mills, en unos minutos te atenderá mientras tanto puedes tomar asiento; permíteme tu abrigo-.
Tan sólo unos minutos después salieron dos mujeres de la oficina, una rubia muy hermosa acompañada de la morena que había visto en el café, mariposas se instalaron en su estómago de manera permanente, parecía que la boca se le empezaba a secar y de pronto se negaba a emitir palabra.
-El viernes será, Regina, y no se te ocurra plantarme de nuevo que vengo y te saco personalmente de esta oficina.- Se acercó a su amiga para que pareciera que la amenaza iba en serio. -Sobre advertencia no hay engaño, cariño.- La morena sólo sonreía de lado, limitándose a escucharla.
-Ya te expliqué que he tenido demasiado trabajo pero te prometo que el viernes sin falta nos pondremos al día. Ven acá y dame un beso.- La abrazó con fuerza y la beso en ambas mejillas. ¡Cómo quería a su amiga!
Justo en ese momento la morena la miró, había pensado que tenía unos ojos bonitos pero estaba equivocada eran hermosos, eran color chocolate, al menos eso le parecía, no pudo evitar sonreír, esa mujer la había flechado y eso que ni siquiera había cruzado palabra con ella. Era bella de verdad.
-Me voy, cariño. Te veo en un par de días.- Se percató de que su amiga había dejado de prestarle atención y se giró a ver la causa de su distracción, una rubia de ojos verdes, no la había visto nunca, quizá fuera un proveedor. Besó nuevamente a Regina y se dirigió impecable hasta el ascensor. –Hasta pronto Ruby, cuídala por mí ¿Vale?-
-Por su puesto Sra. Nolan-. Contestó algo apenada, siempre la había intimidado la amiga de su jefa.
-Kathryn, Ruby, dime Kathryn.- Sonrió y subió al elevador no sin antes mirar nuevamente a la rubia, era una mujer muy hermosa.
-Señora Mills, la señorita Swan ya está aquí, ¿La hago pasar?- Su jefa se había quedado mirando a la rubia.
-Gracias, Ruby. Deme unos minutos señorita Swan y estoy con usted.- Contestó. El intercambio de miradas era profundo como si cada una intentara definir quién era la otra.
-Por supuesto, todo el tiempo que necesite.- No supo bien cómo consiguió que las palabras salieran de su boca, esa morena la intimidaba casi al mismo nivel de lo que le gustaba.
...Continuará...
