Hola.

Gracias por comentar y leerme. Espero disfruten el siguiente.

Saludos.

CAPITULO IV. Soledad es la palabra.

-¿Qué diablos me pasa?- Regina se giró apenas las puertas del ascensor se habían cerrado y comenzó a caminar de nuevo a su oficina. Necesitaba una copa.

-Señora Mills, perdone no le escuché bien.- Comentó Ruby un poco preocupada por lo turbada que se veía su jefa.

-Nada Ruby, estoy pensando en voz alta. Cancela la reunión que tengo enseguida, no atenderé a nadie hasta medio día.- Y sin más cerró la puerta de su privado.

-Sí señora.- Miró a su jefa entre preocupada y sorprendida. Regina no cancelaba reuniones, ni despedía escritores hasta su puerta. Algo raro pasaba, no estaba segura de qué, pero algo muy raro estaba pasando.

Lo primero que hizo fue servirse una copa, eran apenas las diez de la mañana, no acostumbraba beber tan temprano pero definitivamente la ocasión lo ameritaba. No sabía por donde empezar, su cabeza le iba a estallar, primero que nada ¿Rogando, Regina Mills rogando? no le cabía en la cabeza ese término, jamás en sus 35 años de vida había rogado algo a alguien, era muy orgullosa para eso y ahora estaba rogando porque Emma Swan no firmara con alguien más, el libro es bueno pero ¡Venga ya! no es que fuera a ganar el Nobel por él.

El cosquilleo al tocarla y la sensación de mariposas en su estómago era algo que tampoco le gustaba para nada, hacía tanto que no se involucraba con nadie, claro que había tenido sexo casual pero nada que pasara de una noche de calentura. Nunca había mentido, no le interesaban las relaciones y siempre se los hacía saber. Claro que jamás había tenido nada con alguien de su empresa, su lugar de trabajo era sagrado para ella, por eso era el lugar en el que más tranquila y segura se sentía y no quería que eso cambiara. Se había equivocado, no debió guiñarle el ojo, no debió coquetear con ella, pero simplemente no había podido evitarlo, Emma Swan era realmente hermosa, aún así no era de las que mezclaban relaciones personales con trabajo, su vida personal estaba afectando su trabajo, no le gustaba esa sensación que le había dejado la reunión.

Le habían roto el corazón una vez y desde entonces sólo terminaba lastimando a quien por ella se interesaba, tenía el corazón frío y eso nadie podría cambiarlo jamás, Ingrid lo había intentado y había salido raspada, siempre terminaba pensando en Ingrid cuando de relaciones se trataba.

Empezaba a dolerle la cabeza de tanto pensar, se sirvió una nueva copa y se acercó a la ventana ¿Por qué diablos se estaba poniendo tan nerviosa? A lo mejor estaba alucinando, a lo mejor a Emma Swan ni siquiera le iban las mujeres y ella ya se estaba montando una película por nada, a Emma le van las mujeres y ciertamente le vas tú le dijo una voz en su cabeza y es que siempre había sido buena leyendo a las personas especialmente las que le interesaban.

Terminó su copa y tomó su bolsa y su abrigo, tenía que salir de ahí o se volvería loca.

-Ruby, cancela todas las citas que tengo para el día de hoy. Voy a tomarme el día. No me llames a menos de que sea muy urgente. Nos vemos mañana.- Dijo mientras se dirigía a paso veloz hacía el ascensor.

-Está bien señora.- Contestó Ruby, en los diez años que tenía de conocerla nunca había cancelado citas sin motivo aparente. ¿Qué habría pasado en esa reunión que dejó tan consternada a su jefa?

Regina subió a su carro y arrancó, sabía exactamente lo que necesitaba en ese momento. Encendió la radio, necesitaba música para olvidarse de todo. Tras una hora de viaje llegó al hípico, entró a los vestidores y se cambió, el personal ya le conocía, así que en cuanto la vieron llegar le prepararon su caballo 'Rocinante', para cuando salió el caballo estaba listo, un escueto 'Gracias' fue lo que salió de los labios, montó rápidamente y cabalgó por más de media hora hasta llegar a su lugar preferido ése al que iba cada que algo extraordinario pasaba, como cuando falleció su padre o cuando entendió que Ingrid no volvería a llamar, cuando firmó a aquel escritor que le dio el primer Best Seller a su editorial, definitivamente ese lugar la calmaba y le hacía ver las cosas diferentes, los árboles, el río, el cielo, la tranquilidad que se sentía, casi siempre hacía buen clima así que podía pasa horas ahí.

Tras cerca de dos horas de pensar y darle vueltas a las cosas tomó una decisión, dejaría las cosas fluyeran, se estaba quebrando la cabeza cuando aún no sabía si Emma aceptaría y en caso de que lo hiciera asignaría a alguien para que la apoyara en todo y ella se desentendería del tema, evidentemente que estaría al pendiente pero de lejos, no tendría por qué tener contacto con ella y tampoco dejaría que Emma se acercara, así no tendría que renunciar a publicar un libro que estaba segura sería todo un éxito. ''Eso es Regina', eso es' adoraba ese lugar, siempre le daba solución a todos sus problemas. Adoraba hacer planes, siempre que tenía la impresión de perder su equilibrio elaboraba un plan para regresar a él, le había costado mucho conseguirlo, no lo perdería por nada ni nadie. Sonrío y montó de nuevo, era momento de volver y sacarse de la cabeza un problema que aún ni siquiera era problema. Se sentía mejor, montar era por mucho, mejor que manejar.

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-¿Qué diablos me pasa?- Parecía que le faltaba el aire, se sentía mareada, gracias a Dios era su día libre y no tenía que volver a la comisaría. El ascensor llegó a la recepción y salió tan rápido como pudo. Al llegar a su escarabajo quiso arrancar pero las piernas le temblaban, sentía que el corazón latiendo desbocado, 'Esto no está nada bien' pensó.

Sus ojos, su cicatriz, su cuerpo, su sonrisa, su coquetería, su forma de guiñarme el ojo, cómo se movía. Todo, podía con todo eso, pero no podía con la cara que puso al final, cuando le pidió que no hablara con otras editoriales con eso si que no podía; aún no la conocía bien y con tal de no verla así habría sido capaz de cualquier cosa. Esa mujer la había trastocado, no podía permitirse algo así, no estaba interesada en ello, nunca lo había estado y se había cuidado de así fuera. Desde siempre había sido la mujer que conquista y abandona, que sólo quiere sexo sin compromiso, le había funcionado siempre, era feliz así.

Bajó de su escarabajo y entró en una tienda de autoservicio, tomó varias cervezas, las pagó y subió de nuevo. Iba a tener una larga charla con ella misma y sabía el lugar al que tenía que acudir para ello.

Tras poco tiempo de viaje, llegó. Aparcó a la orilla del mirador, salió y se sentó en el capo de su auto, destapó una cerveza y dio un largo trago. Era temprano, lo sabía, y no acostumbraba hacerlo pero ésta era una ocasión especial.

No sabía qué hacer y eso le resultaba muy extraño, ella era práctica y normalmente no le daba muchas vueltas a las cosas, había pasado por tantas cosas ya, que había aprendido a no meterse en situaciones que no pudiera controlar, por eso había tomado la decisión de no aceptar el contrato. Su salud mental valía mucho más que su sueño de que la publicaran, aunque bien podría irse con otra editorial, si ya una la había llamado, seguro que otra lo haría. De inmediato sintió un pinchazo en el corazón de tan sólo de pensar en traicionar la palabra que le había dado a Regina, 'Aléjate Emma, aún estás a tiempo', esa voz en su cabeza no dejaba de opinar.

Destapó la segunda cerveza. En definitiva ese era su lugar favorito, le gustaba ver la ciudad, le gustaba la tranquilidad que ahí sentía. Iba a ahí cada que algo importante le pasaba, la vez que supo que sus padres la habían abandonado con tan sólo un día de nacida, el día en que salió de la cárcel, cuando tomó la decisión de ser policía, cuando decidió terminar con Lily, su única 'relación', porque no quería lastimarle. Definitivamente ese lugar le daba perspectiva y tranquilidad, las dos cosas que a su parecer eran indispensables cuando de tomar una decisión se trataba.

Tomó su tercer cerveza, ni siquiera había sido su idea, todo era culpa de Elsa tendría que dejar de escuchar las tontas ideas de su mejor amiga, ella no quería publicar nada sólo escribir por el gusto de hacerlo, no por conseguir que todo el mundo leyera su obra, le bastaba con que Elsa lo hiciera, así que si no aceptaba no perdería nada porque ella no quería nada en primer lugar.

Destapó su cuarta cerveza, ya no pensaba en nada sólo disfrutaba de la vista, el sol cubría la ciudad y tan solo unas nubes estaban en el cielo, le gustaban los días despejados. La decisión estaba tomada, no firmaría nada, se tomaría unos días y llamaría a Regina para agradecerle todo y pedir disculpas por las molestias que le ocasionó, declinaría la oferta cortésmente y no tendría que volver a saber nunca más de ella.

Guardó las cervezas que le quedaban, ya no las necesitaba. Sonrío y subió a su escarabajo. Un buen maratón de películas era lo que necesitaba, la soledad era lo de ella y no la cambiaría por nada.

Gracias a Dios Lily le había mostrado ese lugar hacía tantos años, no sabía que habría sido de ella de no haber sido así, era tan solo una de las muchas cosas que le debía. Se sentía mejor con su decisión, en definitiva adoraba los miradores.

...Continuará...