Hola.
Primero que nada muchas gracias por comentar y por leerme. Es mi primer Fic así que estoy aprendiendo. Paciencia.
15marday: Muchas gracias por leerme y espero que te guste este capitulo. No es exactamente como lo pensaste pero quizá más adelante.
CrimsonSavior: Espero que haya valido al espera.
evazqueen: Yo también disfruto mucho la personalidad de Kat. Espero que este capitulo sea de tu agrado.
A los que dan review como invitado muchas gracias por leerme y darse el tiempo de comentar. En cuanto tenga oportunidad pongo algo en mi biografía.
Saludos.
Capitulo V. Destino.
Viernes 5:30 am. Estaba levantada desde hacía media hora, tenía diez minutos que estaba lista para salir a correr. Acostumbraba levantarse temprano a mirar el amanecer y una vez que los rayos del sol hicieran su aparición salía a correr. Era una corredora diferente, acostumbraba ponerse sus audífonos, escogía una lista de acuerdo a su estado de ánimo y corría, tenía ya una ruta y rara vez la cambiaba, corría alrededor de siete kilómetros diarios cinco días a la semana, era bastante disciplinada cuando de su cuerpo se trataba. No le gustaba correr acompañada, ni platicar con nadie, correr era un ritual para ella y como muchos de sus rituales le gustaba hacerlo sola. Era vanidosa, mucho. Le gustaba sentirse deseada, que la voltearan a ver, eso aunado a su belleza natural y al porte que tenía hacían de ella una mujer segura de si misma, sabía lo que era, sabía lo podía ofrecer.
Eran las 8:30 am cuando se dirigía a la oficina, si no tenía una reunión o asuntos urgentes que atender su hora de llegada era a las 9. Ingresó al estacionamiento y bajó de su Mercedes, de verdad adoraba ese carro. Entró a la cafetería de la esquina y pidió lo de siempre. Tomó el elevador y saludo a Ruby, que ya había llegado:
-Buenos días Ruby, ¿Algún pendiente para el día de hoy?-
-Ninguno señora.- Seguramente había hecho ejercicio, pensó. Ese humor sólo lo tenía cuando había tenido oportunidad de empezar su día con la rutina de siempre.
-Ruby.- Regina se giró y miró a su asistente.
-Regina, ningún pendiente, Regina.- Miró a su jefa un poco apenada, siempre olvidaba llamarla por su nombre. Es una buena persona, aunque quiera dar esa impresión de ser una mujer fría y a la que sólo le interesaban los negocios tenía la fortuna de conocerle mejor. Ahora era ella de nuevo, después de ese día tan raro no había vuelto a hablar de Emma Swan, no le había indicado si debía preparar o no el contrato. Era extraño porque cuando algún escritor se le resistía se lo comunicaba y regularmente les daba un día para contraatacar con un mejor contrato, mejores prestaciones lo que fuera necesario para cerrar el trato. Pero nada desde el miércoles. Tenía miedo de preguntar, se había puesto tan extraña, esperaría a que ella le dijera cuál era el paso a seguir.
-Eso es, no es tan difícil una vez que te acostumbras.- Sonrió y le guiño el ojo. Estaba apenada con Ruby, el miércoles había sido un día muy complicado y seguramente había dado una imagen muy vulnerable a su asistente. Deseaba saber si Emma Swan se había comunicado, su tarjeta tenía el teléfono de la oficina y su extensión pero no su celular, seguramente si Emma se hubiera comunicado Ruby se lo habría informado, después de todo Emma era un escritor mas, uno que estaban tratando de firmar. No quería preguntarle directamente y que Ruby se diera cuenta de que tenía cierto interés adicional por ella. Esperaría. Esperaría a que Emma diera señales de vida. -Estaré en mi oficina, en cuanto llegue Belle la haces pasar.-
-Por supuesto Regina.-
Nada iba a lograr sacarla de ese equilibrio que sentía. Aunque no quisiera reconocerlo, ella sabía que en cuanto supiera algo de Emma su equilibrio se iría al diablo, pero eso lo resolvería después. 'No pienses en eso Regina, no te adelantes a las cosas', se sobresaltó cuando el teléfono sonó.
-Hazla pasar Ruby-. Entró a su oficina una mujer pelirroja, que traía una carpeta en la mano y cara de espanto. -Buenos días Belle, podrías hacer favor de explicarme ¿Por qué diablos no hay avances en la secuela de Jefferson?- No había necesidad de gritar, ella sabía el efecto que tenía en sus trabajadores. Adoraba su trabajo y adoraba el miedo que inspiraba. Hoy iba a ser un buen día.
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Viernes 5:30 am. Solía levantarse temprano, iba al gimnasio antes de entrar a la comisaría. Si tenía oportunidad de que su día comenzara haciendo ejercicio nunca la desaprovechaba. Corría desde su pequeño departamento hasta el gimnasio, hacía una hora de ejercicio y volvía corriendo de nuevo. Le gustaba mantenerse en forma aunque más que por vanidad lo hacía porque el ejercicio la había alejando de muchas adicciones, Emma tendía a ser obsesiva con las cosas, con las personas. Definitivamente su vida no había sido sencilla.
Eran las 9 de la mañana cuando entró a la comisaría.
-Buenos días Graham.- Sonrió a su compañero de trabajo. Graham siempre había intentado tener algo con ella, le costaba creerle que simplemente no le atrajeran los hombres. Hubo una ocasión en que después de unos tragos simplemente se había quitado la camisa en medio del bar, Emma tenía que aceptar que tenía un abdomen realmente increíble, pero en esa ocasión soltó la carcajada y le entregó su camisa -Nunca va a pasar, Graham.- No dijo más. Desde entonces eran buenos amigos y acostumbraban salir a tomar juntos, aunque de vez en cuando Graham volvía a intentarlo y ella nuevamente volvía a decir que no. Era una especie de rutina entre ellos.
-Buenos días rubia. ¿Ya estás mejor?- Emma había estado muy rara el día anterior, estaba distraída y no bromeaba con nadie, inclusive se había negado a su clásica salida de jueves.
-Sí, estoy mejor.- Contestó apenada, odiaba ser tan trasparente que todos se dieran cuenta cuando algo le ocurría.
El día anterior había sido complicado para ella, aunque su decisión estaba tomada ahora tenía que llevarla a cabo, tenía que marcarle a Regina e informarle de su decisión, de sólo pensarlo empezaba a sentirse ansiosa y las manos le comenzaban a sudar, no era tan complicado, lo sabía, sin embargo en tres ocasiones durante el día lo había intentado y colgaba antes de que el teléfono comenzara a sonar, tenía que hacerlo pronto y acabar con todo esto. 'Exacto, tengo que acabar con esto' pensó, sintió esa inyección de valentía que necesitaba. Tomó su teléfono, la tarjeta y marcó:
-Buenos días, Editorial Mills y Asociados, ¿En qué podemos ayudarle?-
-Buenos días señorita. ¿Podría comunicarme a la oficina de Regina Mills, por favor?- Estaba nerviosa, sentía que esa valentía que había sentido la estaba abandonando poco a poco.
-¿A quién anuncio?- Preguntó la recepcionista.
-Emma Swan, por favor.- No había sido buena idea, tendría que haber escrito lo que iba a decir, pero no podía colgar ahora y quedar como la loca que marca y cuelga.
-Enseguida señorita Swan, permítame por favor.- Un minuto después. -Señorita Swan la dejo con la señora Mills, que tenga buen día.-
-Aló.- Su corazón se había acelerado desde que le comunicaron que Emma le llamaba, no le gustaban sentirse así.
-Buen día, Regina ¿Cómo estás? - Estaba nerviosa. Ya no había valentía en ella en lugar de eso tenía mariposas en su estómago que no la dejaban pensar correctamente. Tenía que acabar con esto pronto. Graham la miraba entre divertido y sorprendido, empezó sonrojarse le hizo una seña obscena y salió del edificio.
-Señorita Swan, qué agradable sorpresa. Estoy perfectamente, ¿Usted?
-Muy bien también, gracias. Hablaba para darte mi respuesta a tu propuesta.- Caminaba sin rumbo fijo, trataba de relajarse mientras hablaba. -Lamento decirte que a pesar de que intenté encontrar el tiempo para poder formar parte del proyecto en estos momentos no tengo la posibilidad de hacerlo. Debo parecerte una tonta al enviar mi manuscrito y justo cuando ustedes se comunican conmigo informales que no voy a poder hacerlo. Te pido una disculpa por todos los inconvenientes que te ocasioné, nunca fue mi intensión hacerte perder el tiempo.- Se quedó sin aire, había soltado su discurso tan rápido que no estaba segura de que Regina le hubiera entendido.
-Lamento mucho su decisión señorita Swan, intentaría hacerle cambiar de opinión pero creo que su decisión está tomada. Muchas gracias por informarme. Aunque éste no sea el mejor momento quiero que sepa que nuestra editorial siempre tendrá las puertas abiertas para usted, en caso de que un día decida publicar ese maravilloso libro.- Ya no estaba nerviosa ahora lo que sentía era desilusión.
-Mu.. muchas gracias. Una disculpa de nuevo por todo. Hasta luego Regina, que tengas un excelente día.- Colgó. Ni siquiera espero la respuesta de la morena. Estaba decepcionada, la actitud de Regina había sido completamente diferente a como la esperaba, era indiferente como si para ella fuera lo mismo que aceptara o no, parecía como si en lugar de sentirse triste porque no iban a publicar el libro se sintiera feliz. Tampoco esperaba que Regina soltara el llanto pero por lo menos que insistiera un poco. No pudo evitar entristecerse y ni siquiera sabía bien cuál era el problema, sólo se sentía apagada. Eso era lo que quería, alejarse de esa mujer. Entonces ¿Por qué diablos sentía ese nudo en la garganta? Definitivamente no iba a ser un buen día.
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La llamada de Emma le había quitado el poco buen humor que le quedaba después de su reunión con Belle. No esperaba una respuesta tan pronto, no esperaba que fuera una negativa. Estaba segura de que Emma no se había dado cuenta de lo nerviosa que estaba cuando le informaron de la llamada. Había adoptado su faceta de empresaria, ésa era su mejor máscara.
Estaba decepcionada, no pensó que se fuera a negar, se sentía triste y con un vacío en el estomago. No entendía por qué estaba así si ya no se tendría que preocupar de la relación que podía tener con Emma, porque no iba a tener ninguna. Era el libro lo que la tenía así, la decepción de que un libro tan bueno no fuera a ver la luz del día, sí, era eso. Lo había puesto todo en manos de Emma y ella había tomado la decisión y ella no iba a hacer nada al respecto. No era un buen día.
Había sido un día mucho más pesado de lo que pensó, estaba de muy mal humor, tenía la impresión de que se había corrido el rumor porque todo mundo parecía huirle cuando se topaban con ella en los pasillos. No le importaba, estaba acostumbrada. Había rematado varias veces con su asistente, con ella, que era la que menos culpa tenía, había ocasiones en que simplemente no entendía por qué seguía con ella y eso que con Ruby era con quien intentaba controlarse. Suspiró profundo y pulsó el botón que la comunicaba con su asistente.
-Ruby necesito que me comuniques con Kathryn por favor.- Estaba apenada, tenía que disculparse.
-Por supuesto Regina. Enseguida te paso la llamada.- Había sido un día complicado, de los peores que le recordaba a su jefa, quizá hablar con su amiga la pusiera de buen humor.
-Gracias Ruby y perdón… perdón por todo.- No era de las que pedía disculpas pero hoy de verdad Ruby se merecía una estatua por su paciencia.
-Esta bien, jefa. Día complicado, entiendo. No firmamos a Emma Swan ¿Verdad?- Sabía que desde esa llamada el buen humor de su jefa había colapsado.
-No Ruby, no aceptó.- Escuchar el nombre de Emma en los labios de alguien más hizo que de pronto una tristeza la inundara, era lo mejor, lo sabía pero no podía evitar sentirse así. Ojalá nunca le hubieran pasado ese manuscrito, ojalá nunca hubiera conocido a Emma Swan.
-¿Quieres que cambiemos algo del contrato?, podríamos contraatacar y convencerla.- Replicó esperanzada, ella también estaba convencida de que el libro era realmente bueno.
-No, Ruby. Me dejó bien claro que no le interesaba publicar por el momento, dejé las puertas abiertas por si un día estaba dispuesta.- Estaba triste, cualquiera podría darse cuenta de eso. Ni siquiera estaba fingiendo bien. -Pásame la llamada cuando la tengas, gracias.- y colgó sin siquiera esperar respuesta.
Unos minutos después su teléfono sonó:
-Aló.
-Regina Mills espero por tu propio bien que esta llamada no sea para cancelar la cena que tenemos esta noche porque si es necesario que vaya a esa oficina por ti, lo haré, lo sabes ¿Verdad?- Conocía a su amiga y sabía que la llamada era para cancelar.
-Kat, estoy muy cansada, ha sido un día no complicado lo que le sigue, hacía tanto tiempo que no estaba tan cansada y hablo de mentalmente deshecha. Dejémoslo para la siguiente semana y te prometo que no habrá poder humano que haga que no asista a nuestra cita.- Acababa de servirse una copa, era difícil cancelar una cita con Kat pero era más complicado intentar que no descubriera que estaba triste y que nada tenía que ver con su trabajo.
-¿Qué tienes?- Lo que en un principio pensó era por su adicción al trabajo, al escucharle, le hizo pensarlo mejor, ahora tenía la impresión de que era algo mucho más grave. En ese momento se levantó y tomó su bolsa. -En veinte minutos estoy en tu oficina, iremos a mi departamento y yo personalmente voy a cocinar para ti morena… ¿A quién quiero engañar? yo te prepararé una copa y te haré reír mientras tú cocinas esa maravillosa lasaña que tan bien te queda. Cancela todo, que no me gusta esperar.- Colgó. Ni siquiera espero a que Regina se negara, no le iba a dar esa oportunidad. Algo le pasaba a su morena preferida y esa noche iba a averiguarlo.
Sabía que sería difícil cancelar, casi una misión imposible. Sus máscaras no funcionaban con Kat, ella siempre sabía cuando algo andaba mal. Esperó quince minutos, tomó su bolsa y abrigo y salió.
-Me voy Ruby. Necesito que te comuniques con Neal y le des la dirección de Kat, que lleve mi carro ahí y deje las llaves en la recepción del edificio, el encargado me conoce y a Kat también por supuesto, así que no debe haber problema, yo las recogeré por la mañana. Cualquier cosa que necesites no dudes en comunicarte conmigo. No quedan pendientes urgentes así que no deberías tener ningún problema. Descansa y no te vayas tan tarde.- Ni siquiera esperó respuesta, tomó el ascensor y se dirigió a recepción a esperar a su amiga.
Sabía que Kat era casi tan puntual como ella y no quería que subiera y comenzara con su interrogatorio frente a todos, ya se había dado cuenta que algo le pasaba y sabía que no descansaría hasta sacarle toda la información. Tenía que hacer su mejor actuación, de verdad no quería confesarle a nadie todo lo que le generaba Emma, eso haría reales sus sentimientos y eso era lo que menos quería. Vio que Kat se orillaba en la entrada del edificio y caminó hacia el carro. Si creía que el día había sido complicado no era nada comparado con lo que le esperaba, Kat era un hueso duro de roer. Puso su mejor cara, que empiece la actuación.
-Cariño, ¿Cómo estás? ven y dame un abrazo.- Se acercó a la rubia y la abrazó fuerte, necesitaba de ese abrazo aunque Kat no tuviera idea de por qué. El abrazó duró un poco más de lo normal.
-Regina, Regina, Regina tanto tiempo de conocernos y de verdad crees que con ese saludo y esa falsa sonrisa me vas a engañar. Dame un poco de crédito, mujer.- Sabía que al presionar a su amiga desde un principio solo conseguiría que se metiera en su caparazón y no dijera nada de lo que pensaba, así que tenía que ir poco a poco, es por eso que había querido cenar en su casa para que la morena se sintiera cómoda.
-No sé de qué hablas.- Una sonrisa se dibujó en su rostro. -Ha sido un día complicado eso ya te lo había dicho, de no haber estado tan cansada no se me habría ocurrido cancelarte pero como contigo no se puede pues aquí estoy. Estoy cansada pero muy contenta de verte, Kat. Cuéntamelo todo, ¿Cómo van las cosas con James, sigue necio con eso de querer casarse?- Era buena Kat, la conocía muy bien pero ella no iba a rendirse tan fácil. Dirigir la conversación hacía la otra persona y así no hablar de ella era su especialidad.
-Pues sí, sigue con lo mismo, ya le expliqué que los compromisos y yo no nos llevamos que el hecho de vivir juntos es un gran avance para mí, pero no entiende. Si crees que yo soy necia deberías de ver lo inaccesible que se pone James cuando de matrimonio hablamos.- Por supuesto que se daba cuenta de lo que estaba haciendo Regina, intentaba que toda la conversación se enfocara en ella y por el momento se lo iba a permitir. Sabía que la morena estaba triste y que la única manera de lidiar con esa tristeza es ponerse su máscara de 'todo esta bien, no sé de qué me hablas'. Cuando llegaran a su departamento y le diera su primera copa la haría hablar aunque tuvieran que pasar la noche en vela.
-Kat ese hombre te adora, lo único que quiere es un poco más de compromiso, además tú estás tan o más enamorada que James; prácticamente ya estás casada con él sin estarlo. Así que quizá deberías considerarlo. Además hace mucho que no voy a una boda y me encantaría ir a la tuya.- Estaba funcionando, estaban llevando la conversación a los problemas de Kat, eso era justo lo que necesitaba, hablar de otra cosa que no fuera Emma Swan.
-No voy a discutir contigo mientras manejo Regina, sólo voy a decir que no puedo creer que te pongas de parte de James, cuando según recuerdo, ni si quiera te cae bien. Pero bueno, me reservo mi opinión hasta que ambas tengamos una copa en la mano. Y por James ni te preocupes está de viaje de negocios y no estará todo el fin de semana.-
La morena soltó una carcajada, no se daba cuenta cuánto extrañaba a su amiga hasta que la veía de nuevo. No volvieron a decir una palabra hasta que llegaron al departamento de Kat. Estacionó el auto, un Audi Z4, habría que reconocer que su amiga tenía buen gusto. Subieron al noveno piso y en cuanto entró se sintió como en casa, dejó su bolso en el sillón y se metió en la cocina.
Kat la observaba, era como si fuera la Regina de siempre pero estaba segura de que no era así, no sabía explicar cómo sabía cuando estaba triste o cuando necesitaba hablar sólo lo sabía y sin duda hoy era el día en que su amiga la necesitaba, la necesitaba de verdad. Rápidamente sirvió dos copas y le pasó una a su amiga que ya estaba sacando todo lo que necesitaba del refrigerador y la alacena, prácticamente se sentía en casa.
Regina dio un trago a su copa, qué paz le daba pasar tiempo con su amiga, estaba feliz de que Kat la hubiera forzado a pasar esa velada juntas, la necesitaba aunque no siempre le gustara reconocerlo. Estuvo cerca de media hora preparando todo lo necesario para la lasaña mientras Kat parloteaba a su alrededor y le llenaba la copa en cuanto ésta amenazara con terminarse.
Después la puso al horno durante 45 minutos. Mientras estaba lista Kat se encargó de rellenar las copas y juntas se sentaron en la barra. Habían estado separadas por cerca de un mes, entre el trabajo de ambas y las vacaciones que James le había regalado a su novia, no es que no hablaran en absoluto sólo que lo hacían sobre temas en especifico y no hablar por hablar como lo hacían siempre.
El alcohol había relajada a la morena, pero también había hecho que el vacío que sentía desde hacia unas horas se hiciera más real, la lasaña estaba lista y ya estaban sentadas en la mesa. Sabía que había llegado el momento de hablar, aunque le gustaría pensar que había engañado a su amiga tenía la certeza de que lo que Kat hacía era darle el tiempo que necesitaba par que empezara a sacar eso que le estaba carcomiendo. Entre bocado y bocado Regina preguntó:
-¿Hasta cuándo vas a hacerme creer que crees cuando te digo que estoy bien?- Soltó Regina cuando Kat volvía con una nueva botella de vino. Su amiga soltó una carcajada mientras se iba acercando a la mesa.
-No es que quiera hacerte creer nada, cariño. Simplemente estoy esperando a que sola me hables de lo que sea que te tiene así.- Conocía a Regina como la palma de su mano, estaba lista y ella estaría ahí para escucharla.
-¿Recuerdas a la rubia que estaba en la sala de espera cuando fuiste a visitarme el miércoles a la oficina? - No quería decirlo, iba a hacer su último intento de engañar a Kat.
-Claro que la recuerdo. Ojos verdes, rizos rubios, unas piernas preciosas. ¿Qué hay con ella? ¿Una mujer te tiene así, Mills?- Sonrió divertida. Estaba sorprendida, hacía tanto tiempo que Regina había desistido en tener una relación siempre iba nada más por el sexo casual y rara vez hablaban de las mujeres con las que se inmiscuía.
-Sí, ella.- Puso los ojos en blanco, su amiga siempre tan directa. -Pues Ruby me pasó un manuscrito, su manuscrito, resulta que es un libro excelente, lo terminé en una noche e inmediatamente le pedí que me concertara una cita, ese libro era un buen negocio. Hablamos y no aceptó mi propuesta. Hacía mucho que no se me iba un escritor, soy muy buena en lo que hago, estoy consternada por la oportunidad que se me fue y por no ser capaz de convencerla.- No mentía, en parte era eso lo que le tenía así. No conseguir lo que quería siempre había sido un problema para ella.
-¿Tanto te gusta?- Taladraba con la mirada a su amiga. Le sorprendía ver a Regina tan vulnerable, aunque quisiera engañarla no podía.
-¿De qué hablas? Te estoy diciendo que no firmé un excelente libro y que hacía mucho que no me pasaba y tú sales con que me gusta.- Se suponía que era su mejor actuación, Kat era muy observadora. Odiaba ser tan transparente a su lado. Hacerse la ofendida plan número dos.
-Y además tienes miedo, tienes miedo de tenerla cerca.- Ver a los ojos a Regina es como si leyera un libro. - ¡Quiero conocerla!.- Afirmó muy emocionada. -¿Cómo se llama? ¿A qué se dedica? ¿Es lesbiana? evidentemente es lesbiana dah!- Se golpeó la cabeza con la mano. -Si no no estarías así. Recuerda que tengo que aprobar a la mujer que por fin se quede con ese corazón eh, lo prometiste, Ingrid me gustaba siempre me gustó, lástima que no estuvieras lista aún.- Estaba divagando, se giró hacía su amiga y le sonrió. -Es muy bonita, Regina.- Le pellizcó un cachete de forma cariñosa.
-Kat te estás haciendo ideas que no son.- Se levantó rápidamente y empezó a dar vueltas alrededor del comedor. -No te voy a decir que no me gustó, es decir, es muy bella como ya lo dijiste tú. Sólo un ciego no notaria lo atractiva que es pero no va más allá de un mal negocio. Se llama Emma Swan y no sé a qué se dedica, olvidé preguntarle y no tengo idea si sea lesbiana, nuestra conversación fue meramente laboral.- Puso su copa en la mesa y recordó las curvas de la rubia cuando la vio entrar en su oficina, se ruborizó. Cómo le gustaba esa mujer.
-Regina, Regina, Regina, contéstame algo, si es solo cuestión del libro ¿Por qué no contraatacaste? Eres buena en lo que haces y si lo hubieras querido estoy segura que ahora mismo tendrías la firma de esa mujer estampada en el contrato. Tienes miedo Regina de lo que sientes y es por eso que no insististe cuando daba vueltas en la mesa, estaba en verdad nerviosa y turbada. Qué gusto le daba volver a ver sentimientos en Regina, aunque su amiga decía que no podía sentir ella sabía que llegaría la persona que movería todos sus muros. Tenía que conocer a esa Emma, porque por mucho que le gustara la idea de Regina enamorada tenía que verificar que ella valiera la pena. La morena era una gran persona y no iba a permitir que le lastimaran de nuevo.
-No sé qué me pasa Kat.- Ocultó su cara entre sus manos. -A penas la vi sentí como si su mirada me traspasara. Nos tocamos y un hormigueo recorrió mi mano. Es preciosa, pero ese no sería un problema de no ser por las mariposas que sentí todo el tiempo de la entrevista. No quiero involucrarme con nadie por eso en cuanto se negó a firmar la dejé ir, no insistí, no quiero sentirme así, vulnerable de nuevo.- Sintió como si se hubiera quitado un peso de encima.
-Ven, cariño, todo estará bien.- Se acercó y le abrazó, sabía que por hoy había sido suficiente, era un gran triunfo que Regina aceptara que tenía sentimientos nuevos. La llevó a su recamara, le prestó una pijama y la acostó, estaba tomada y rápidamente se quedó dormida. Kat se quedó horas observándola, ella se iba a encargar de ayudar a su amiga con esa Emma Swan.
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No quiso despertar a Kat, se habían desvelado lo suficiente y sabía que su amiga no trabajaba los sábados. Le dejó una nota agradeciéndole por todo y dejándole claro que no quería volver a hablar del tema. Se vistió y bajó a la recepción, pidió las llaves de su carro, estaba estacionado en los lugares destinados a las visitas del departamento de Kat.
Necesitaba una buena ducha e iría a la oficina a adelantar algo del trabajo que tenía para la siguiente semana. Encendió la radio y comenzó a tararear la canción, se sentía mucho más tranquila. A pesar de que no había dejado que Kat le diera su opinión, el solo hecho de hablarlo con alguien le hacía sentirse con un peso menos.
Le tocó la luz roja. Cantaba la canción mientras golpeaba con los dedos el volante. Verde. Arrancó y de reojo pudo ver un automóvil que se había saltado su luz, presionó el frenó a fondo pero aún así no pudo librar el automóvil. No fue un golpe fuerte, pero habría que esperar a los seguros. El idiota tenía el celular en la mano. Podía verlo desde su auto, seguramente por eso no había visto su luz. Por su culpa perdería toda la mañana arreglando el problema, además su auto, su precioso auto. Sintió como la furia se apoderó de ella. Ese tipo la iba a escuchar. Ese tipo sabría quien era Regina Mills.
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Llevaba medía hora de servicio, acababa de pasar por su café de siempre cuando le avisaron que había un accidente automovilístico por la zona en la que se encontraba. -Odio lidiar con automovilistas enojados- contestó- ¿No hay nadie que pueda tomarlo por mí?, al recibir la negativa y algo molesta tomó camino, estaba a sólo unas cuadras. Cuando se detuvo pudo ver el accidente, era un bonito Mercedes negro con el capo doblado, no había sido un golpe fuerte pero seguro tendrían que esperar al seguro, grúas y demás. Tomó su café y se bajó de la patrulla. Al acercarse la reconoció, no podía equivocarse, llevaba un vestido negro que por cierto le quedaba como guante, tacones, el cabello algo revuelto pero se veía preciosa y estaba gritando, estaba gritando muy fuerte, sonrió, hasta enojada era hermosa. Cuando estaba a unos pasos dijo:
-¿Regina, eres tú?
...Continuará...
