Sonic POV

He visitado toda clase de sitios.

He seguido todo tipo de pistas.

He aceptado cualquier ayuda de cualquier desconocido, aunque pensara que era poco de fiar.

Muchas... demasiadas veces he pensado que estaba muy cerca de mi objetivo. Y todas esas veces, me he equivocado, dando solo unos pasos hacia ella.

Ah, ella... mi motivo de estar aquí... mi motivo de luchar... correr... mantenerme en pie... respirar... sí, ella es mi todo. Y , no se como, pero la sacaré de cualquier lío en el que esté.

Y vaya, ha tenido que ser grave, para a acabar en esta enorme cárcel de piedra.

¿Qué travesura has hecho, mi pequeña rosa?

Cuando estoy frente a Keimu, la cárcel con los peores criminales de la historia (exceptuando a Amy), me tomo unos instantes para pensar.

"No importa lo que haya hecho, no importa por qué está aquí" Pienso para mis adentros "Pagaré lo que haga falta, sólo para tenerla entre mis brazos."

No le doy mas vueltas, y empujo la puerta principal, hecha de barrotes, para cruzar un pequeño camino y llegar a la firme puerta que se interpone en mi camino. Me fijo en que hay un telefonillo a la derecha de la puerta. Entre todos los nombres desgastados que hay al lado de los botones, elijo el de "Recepción".

"¿Qué es esto, la cárcel, un instituto o un hotel? ¿A quien se le ocurre poner "Recepción" en una cárcel? Vaya ridiculez. Pero es más cómodo para mi."

Mientras me quejo en mi mente, una robótica voz suena a través del telefonillo.

—¿En qué puedo ayudarle?

—Eh...Buenas tardes-Me apresuro a responder—Vengo a visitar a...un preso.—Prosigo, diciendo suavemente la palabra "preso".

La voz tarda unos segundos en responder. Escucho el sonido de un teclado.

—Camine todo recto hasta encontrarse con la recepcionista. Ella aceptará o rechazará su visita, si es apropiada o no.

Antes de poder replicar, un fuerte y agudo sonido se produce en la puerta, y no cesa hasta que la empujo.

Entro y la puerta se cierra tras de mi. Se produce un fuerte eco del golpe en todo el pasillo, que esta desierto.

Pienso en Amy, en lo cerca que estoy de ella, y empiezo a caminar rápido, en línea recta, como me dijo la voz. Últimamente le hago mucho caso a todo el mundo , y ahora tengo que añadir robots a mi lista. ¿Qué ha sido del salvaje rockero Sonic?

No me encuentro a nadie en el pasillo, no hay nada mejor dicho, sólo unos cuantos carteles de publicidad, carteles de "No Fumar", carteles de "No a la violencia", y.. ¡Ostras! ¡Un anuncio de uno de mis conciertos! Que recuerdos...

Cuando me doy cuenta, ya he llegado a recepción. Al otro lado de la enorme mesa, hay una chica...creo que es una mapache, marrón, con coletas bajas... y un peculiar uniforme verde.

La chica está dando saltos de un lado a otro, mirando lo que parecen ser documentos, y ordenadores y algunas otras cosas...

He madurado desde que conocí a Amy. Antes, seguramente me habría detenido a mirar su trasero... ahora no lo hago.

—Perdona, estoy buscando a...

La chica se da la vuelta, tiene los ojos azules, y el rostro aniñado.

—¡Dios Mio! ¡¡Eres Sonic!! —Grita a pleno pulmón, con un extraño brillo en los ojos. —¡¡Eres mi cantante favorito!! ¡¡Soy tu fan número uno!!

Encuentro a este tipo de fangirls adorables, pero no tengo tiempo para esto.

—Es un placer conocerte, pero...

—¡Me llamo Marine!—Me interrumpe—Ma-ri-ne. ¿Puedo tomarte una foto? ¿O varias? ¿Te haces una foto conmigo? ¡Caray! ¡Mis amigas van a flipar cuando se lo cuente!

Suspiro, y decido tomar esto como otra prueba de mi paciencia para ver a Amy...

—Claro, adelante.

La mapache... digo, Marine, suelta un grito agudo y salta por encima del mostrador. Saca el móvil, se equivoca tres veces de patrón, maldice en voz baja, y luego tenemos nuestra sesión de fotos.

—¡Gracias, gracias, gracias! —Chilla.—

Y, ¿qué haces aquí? ¡En el club de rumorea que han arrestado a tu hermano por fumar en un hospital! ¿Vienes a verlo a él?

Este internet...

—No, nada de eso, y Manic no fuma.—Contesto despacio. —Vengo a ver a una..."amiga". —Me duele llamarla así , pero estamos en una complicada etapa de nuestra relación... Porque la tenemos, ¿verdad?

Como la buena fangirl que es, Marinne frunce el ceño.

—¿Y quien es? —Pregunta malhumorada.

—Se apellida Rose. Es una eriza rosa. ¿En qué celda está?

Durante unos segundos, diría que la loca mapache se ha quedado muda.

Se da la vuelta, y va tras la mesa.

—Rose...¿Amy Rose? —Pregunta despacio, a lo que yo asiento.

—Esa misma... ¿Algún problema? —Pregunto con preocupación, cómo tenga que ir a la otra punta del mundo otra vez...

—Bueno... no soy la más indicada para decirlo. —Habla como convenciéndose a si misma. Pulsa un botón del ordenador, y unos segundos después, un robot amarillo aparece por el final del pasillo. —Él es Emerl. Bueno, no sé si es "él o ella"...Bueno, te guiará hasta la celda.

Dicho esto, mira al robot de cristales de visión azules y le murmura: "Celda 34".

Creo que el robot me mira, y empieza a caminar pasillo adelante. No me lo pienso dos veces, y lo sigo.

Cuanto más nos adentramos, mas altos son los gritos y quejidos que provienen de las celdas. Todas están llenas de tipos con aspecto lamentable, sus miradas me atraviesan, están llenos de furia y odio, pero para su desgracia, no me siento intimidado por estos ellos.

¿Estará Amy en el mismo estado...?

Unos segundos después, llegamos a una oscura celda, completamente alejada del resto. Un escalofrío recorre mi espalda

Número de Celda: 38. Serie: 5. Nombre del preso: Mephiles the Dark. Crimen... —Habla el robot.

—Espera, ¿qué? —Lo interrumpo rápidamente. —¿Mephiles? debe tratarse de un error, yo no buscaba a este tipo, busco a Amy Rose...

Una fuerte y ronca risa se escucha al otro lado. Me volteo para verlo, pero está demasiado oscuro.

—¿De qué te ríes tú? —Salto, cabreado. ¿Por qué me ha engañado esa maldita mapache?

—Eso de que estás buscando a Amy, es el mejor chiste que he oído en mucho tiempo. —Espeta, con voz burlona. Me resulta casi familiar.

Me voy a ahorrar la pregunta de "¿conoces a Amy? ", pues parece que todo ser de este maldito mundo la conoce.

—Te llamas... Mephiles, ¿me equivoco? —Pregunto, mirando de reojo al robot, el cual está buscando las llaves de la celda.

—Eso dice mi ficha de preso. —Responde, y aunque no lo veo a causa de la oscuridad, sé que está sonriendo burlonamente.

Finalmente, el robot saca la llave, y activa lo que parece ser su visión nocturna, pues sus ojos se iluminan como linternas, y apunta a la cerradura y luego al preso.

No tengo palabras para lo que veo al otro lado de la celda.

—¿Shadow...? ¿Eres tú, Shadow?

—No me confundas con ese fantasma... lo lamentarás. —Advierte, y en ese momento me doy cuenta de un pequeño detalle: No tiene labios.

Preso número 0456-65. Levántese.El oscuro erizo se levanta, y Emerl entra en la celda. Le quita las esposas, las cuales están ligadas a la pared, y le pone otras esposas. ¿Quien es este tío?

Traslado a Sala de Interrogatorios, número 3.—Y dicho esto, el robot empieza a andar, con una mano sobre el hombro del tal Mephiles, y yo los sigo.

Instantes mas tarde, estoy sentado en la mesa del interrogatorio, frente a Mephiles, el cual esta completamente encadenado. Emerl me ha "dicho" (por no decir recitado...) que estará tras el cristal, que lo verá todo, y que si nota alguna cosa extraña, entrará y se llevará a Mephiles.

Espero a que hable, a que día cualquier cosa, pero solo obtengo un silencio incómodo. La tensión se puede cortar con un cuchillo.

—¿Por qué te has reído cuando he dicho que buscaba a Amy? —Pregunto al final, ansioso.

Me responde con una sonrisa burlona y un horrible silencio.

—Te he hecho una pregunta.

—Y yo he decidido no responderla. —Contesta al fin.

Otro tío que no quiere hablar. Quizás...

—Soy Sonic.— Siempre que he dado mi nombre, me han contado lo que necesitaba saber. No debería ser una excepción...

—Lo sé.

"O si. " Pienso.

—¿Y no tienes nada que decir a eso?—Digo rápido.

—No. —Me espeta, con cara de aburrimiento.

—A ver si lo entiendo... —Digo, mientras mi mandíbula se tensa y noto la adrenalina correr por mis venas. —He venido desde la otra punta del planeta... he pasado por innumerables acertijos y pruebas estúpidas... he conocido a muchas personas, que sabían todo lo que yo quería saber... y ahora que estoy tan, tan cerca de lograr mi objetivo... ¡¿Vas a negarte a decirme donde está?! —Golpeo la mesa con ambos puños, mientras me pongo de pie.

Mephiles abre los ojos, creo que con sorpresa, pero no consigo averiguar el por qué, ni tampoco tengo mucho interés.

Doy otro golpe en la mesa sin motivo, no estoy en mis sentidos, y cuando me doy cuenta, estoy agarrando a Mephiles del cuello, y estoy apretándolo con una fuerza que no sabia que tenía. Me fijo en sus ojos, están llenos de terror.

¿Cómo he podido causar tal temor en un criminal que está encadenado de pies a cabeza?

—Es...está bien... —Habla, con voz ahogada. Empiezo a aflojar el agarre.

—Ya no te burlas tanto, ¿Eh? —Una voz que creo que es la mía se desliza fuera de mis labios, mientras una fuerza superior a mi me pide que estrangule a este erizo, que ya ha tenido su oportunidad...

Pero si lo hago, habrá consecuencias.

—Sabes lo que quiero saber. Cuéntalo todo. —Le ordeno, evitando ahogarlo.

Él me responde con un gruñido, pero abre la boca para, por fin, hablar:

—Me... encontré con ella hace tiempo... eramos... buenos amigos de pequeños... —Su voz es dura y ahogada. —Confió en mi... y me dijo que... alguien la estaba siguiendo...

—Continúa. —Le animo a que siga, aflojando el agarre de su cuello.

—Y lo hice. La ayudé. Maté a la persona que la estaba acosando. Por eso estoy aquí, encerrado, por asesino. Ella estaría aquí también, por cómplice, pero...

—Pero... ¿qué? —Digo impaciente, y al ver que no responde, aprieto la mano al rededor de su cuello. —¡Si no me lo dices, yo... !

—Está muerta.

En ese momento, mi corazón se detiene, al igual que todos mi ser.

Entro en una especie de shock, y noto que me falta el aire. Siento dolor en cada fibra de mi cuerpo, y empiezo a marearme, pero no me siento, en su lugar, deslizo la mano , alejándola del cuello de Mephiles. Noto como se me congela la sangre.

—¿Que... has dicho?—Noto mi voz rota y congelada, y no me gusta. —Está muerta... la persona... que la acosaba...¿no?

—No, Sonic, no.—Responde con seriedad. —Amy está muerta.

Sus palabras me atraviesan el corazón como si fuera un puñal congelado y afilado. No puedo creerlo.

No quiero creerlo.

—Eso no es posible... ¿Cómo iba a... ?

—Fue una enfermedad. —Me interrumpe. —Murió por leucemia... esa enfermedad de la sangre.

Se me revuelve el estómago. Quiero vomitar. Lo necesito. No, mejor dicho, necesito que Amy esté aquí, a mi lado, que me diga que esta bien, y que me estreche entre sus delicados brazos.

Me he quedado sin palabras, y es entonces cuando siento algo húmedo resbalar por mis mejillas. No me había dado cuenta de que estaba llorando.

En ese momento, Emerl entra en la sala, y desencadena a Mephiles para levantarlo de la silla. Lo agarra con firmeza del brazo y tira de él, llevándoselo.

—Has sido valiente llegando hasta aquí. —Oigo a Mephiles tras de mi. —Pero no puedo darte lo que buscas... ni yo, ni nadie.

Y dicho esto, sale por la puerta, dejandome aquí, un pobre erizo roto... y solo.

No sé decir cuanto tiempo llevo sentado, cuando mis piernas ya han dejado de temblar, me levanto, y comienzo a caminar hacia la salida.

Mi búsqueda a terminado, y me siento peor que nunca. Me duele el pecho, y siento que este dolor podría matarme en cualquier momento.

En un mundo perfecto, Amy habría esperado por mi... en un mundo perfecto, nos habríamos casado, e incluso habríamos tenido hijos...

En un mundo perfecto.

Ahora, no puedo evitar pensar: ¿Por qué me fui? Podría haberme quedado allí. No hacer la gira. ¿Tanto me costaba quedarme? ¿Por qué la abandoné? Todo es culpa mía...lo siento tanto, Amy...

—¿Estas bien?—Me pregunta la mapache, creo que con preocupación.—¿Necesitas ayuda?

—No.—Respondo secamente a las dos preguntas, sin detenerme.

—¿Qué harás ahora?—La oigo preguntar, cuando he atravesado casi todo el pasillo.

—Sobrevivir.—Respondo, sin sentimiento en la voz, sin color en el rostro, y sin razón de luchar.

The End...?