Hola,
Aquí les dejo el nuevo capítulo. Espero lo disfruten, gracias por leer y comentar.
Saludos,
15marday: Pensé en que el accidente fuera con Emma pero me decidí mejor por esto otro. Espero lo disfrutes.
evazqueen: Muy bonita cuando se enoja. Gracias s ti por leerme :).
Matu16: Emma Swan vestida de policia es algo que a todo mundo confundiría ja. Espero lo disfrutes.
Y los comentarios de invitados, gracias por leerme y espero lo disfruten.
CAPITULO VI. Maravillosos accidentes.
Lo primero que hizo fue marcar al seguro y dar toda la información sobre dónde se encontraba y lo que había pasado para que acudieran a ayudarla, le dijeron que el asegurador no tardaría, trató de tranquilizarse, respiró profundo pero ver la sonrisa en la cara de ese tipo la sacó de quicio. Sin pensarlo mucho se bajó del automóvil, ¿Qué le pasaba a este tipo?, era un irresponsable, podría haber sido un accidente mayor, no entendía a esas personas imprudentes que ponían la vida de los demás en peligro por ir en el celular mientras manejaban.
-Mira lo que has hecho.- Gritó señalando su carro mientras él se acerba muy tranquilo. -No puedo creer que me esté pasando esto.- Apenas un susurro, sus ojos prácticamente echaban fuego, quería matar a ese tipo. Su Mercedes, su bonito y maravilloso Mercedes.
-Ey tranquila, que tampoco es el gran golpe eh, ¡fue un ac-ci-den-te!.- Respondió ofendido, no esperaba encontrarse con el tipo de mujer que grita justo cuando acaba de tener un accidente.
-¿Tranquila? Cómo puedes decir que me tranquilice si pudimos haber tenido un accidente mayor y todo porque ibas tan ocupado en tu celular como para estar al pendiente de tu semáforo.- No podía creerlo, este tipo empezaba a sacarla de sus casillas, en lugar de que se disculpara y aceptara su responsabilidad se hacía el ofendido.
-¿Regina, eres tú?-
Giró al escuchar su nombre y se topó de frente con Emma Swan, su cerebro dejó de funcionar. Frente a ella estaba esa rubia a la que no había podido sacar de su cabeza desde el momento en que la vio, con sus ojos verdes, con sus rulos rubios, con su sonrisa, porque Emma Swan sonreía abiertamente, vestida de policía 'Esto tiene que ser una broma' pensó mientras miraba al cielo.
-¿Se.. Señorita Swan? ¿Qué está haciendo usted aquí?- Por un momento se había olvidado de todo, de lo molesta que estaba con el conductor del otro carro, de que había estado gritando, inclusive de que había tenido un accidente. Estaba intentando no recorrer el cuerpo de la rubia, era ridículo lo bien que se veía con ese uniforme. No entendía cómo podía gustarle tanto como parar perder el control de sus emociones.
-Regina, puedo llamarte así, ¿Verdad? Pues veras, resulta que soy policía.- Caminaba directo a la morena con los brazos extendidos mostrándole su uniforme, se había dado cuenta de la forma en que Regina la había mirado. -Y resulta también que yo era el elemento más cercano a este accidente y me enviaron a mí.- Se encogió de hombros y sonrió, no dejaba de mirarla, no podía dejar de mirarla. Caminaba lento -Que suerte la mía, ¿Verdad?- Su sonrisa fue aún más grande. Se acercó a ella y le dijo al oído. -Ten un poco de mi café, resulta que es exactamente como te gusta y para como te oí gritar creo que tú lo necesitas más que yo.- Olía a manzana. Le dio el café a una Regina atónita. Con la cercanía había logrado que se sonrojara pero cuando se alejó se pudo percatar de que jamás había bajado la mirada, levantaba una ceja como preguntando '¿Cómo diablos sabes cómo me gusta el café?' y que además media sonrisa se estaba dibujando mientras daba el primer sorbo. Definitivamente podía perderse en esos ojos. Respiró profundo, sacudió la cabeza y se dirigió al otro automovilista. -Buenos días caballero, podría decirme ¿Qué fue lo que ocurrió? - Preguntó mientras le tendía la mano al conductor. Su sonrisa había desaparecido, ahora era la oficial Emma Swan.
-Buenos días. Pues vera oficial, venía manejando tranquilamente y cuando iba a cruzar la linea peatonal el semáforo cambió de verde a amarillo y pensé que podría pasar perfectamente antes del rojo pero resulta que la señorita aquí presente se saltó su luz roja, además de que ni siquiera se fijó que yo venía en tiempo y no alcanzó a frenar completamente golpeando mi auto y abollándolo. - Dijo señalando su auto. -Pero estoy dispuesto a no presentar cargos si me regalas una cita.- Dijo esto último volteando a ver a la morena y sonriéndole.
-Esto tiene que ser una maldita broma.- Susurró. Estaba molesta, estaba molesta de verdad. Cerró los ojos y respiró profundo.
Todo pasó muy rápido. Regina dejó el café en el techo de su Mercedes y caminó en dirección al conductor con mucha calma pero con la determinación de golpearlo de golpearlo lo más fuerte que sus pequeños puños le permitieran. No podía estar completamente segura de eso pero por su cara se dio cuenta que definitivamente este tipo la había sacado de sus casillas. Así que justo cuando pasó frente a ella la tomó por la cintura, no iba a permitir que cometiera una locura, no le iba a dar la oportunidad a este tipo de que de verdad tuviera motivos para presentar cargos.
-Ey, ey, calma Regina, no vale la pena.- La tenía tomada por la cintura y le hablaba al oído, era más pequeña que ella, inclusive con tacones, y prácticamente la tuvo que levantar un poco para impedir que siquiera su camino y para que pudiera escucharla mejor. -Yo me hago cargo, déjamelo todo a mí. Toma tu café y entra en la patrulla. Yo lo arreglaré. Por favor, por favor Regina.- Le suplicaba. Quería ayudarla, necesitaba hacerlo. Ya no intentaba soltarse y matar al tipo, ahora estaba quieta, como sorprendida por su atrevimiento. La soltó y se giró. Esos ojos chocolate la miraban, y ella solo podía ver sus labios y esa cicatriz. Estaba tan bonita cuando se enojaba. Sonrió y se calmó. Su lapsus de locura había pasado. -Déjame ayudarte Regina Mills y a cambio dejaré que me pagues el favor con una comida.- Se lo dijo al oído para que él no pudiera escucharlo. Me sonrió y levantó la ceja, no contestó pero tomó el café y se metió en la patrulla. Quizá si hacía un buen trabajo se habría ganado una comida con la mejor compañía. No estaba tan mal esto de lidiar con automovilistas enojados.
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Tomó el café y se metió en la patrulla. Muchas cosas en su cabeza. Demasiadas. Primero Emma vestida de policía, con esa sonrisa, coqueteando abiertamente. Por supuesto que ella había coqueteado primero así que técnicamente estaban a mano. Era bonita y la forma en que la miraba la incomodaba. Esa forma en que se había acercado, a paso lento, como si quisiera que la observara bien pensó que no iba a poder controlarse. Le había hablado al oído, dos veces, se empezaba a marear de sólo pensarlo. Tenerla tan cerca hacía que no pensara con claridad y que se olvidara de todo a su alrededor. Le encantaba, no podía negar que Emma Swan le encantaba.
¿Cómo sabía que el café le gustaba sin azúcar y que debía ser triple?, tendría que preguntárselo en la comida, ¿Estaba aceptando ya su invitación a comer? Porque a quién quería engañar aunque fuera ella la que terminara pagando la comida era Emma quien la había invitado y la verdad es que tenía todas las características de una cita.
Quería ayudarla y era evidente que lo hacía sin esperar nada a cambio. Cuando la miraba así y cuando le hablaba al oído tan coqueta y presuntuosa, segura de que aceptaría lo que le propusiera la desarmaba. No podía decirle que no, no quería decirle que no. Cambió su humor en unos segundos y eso que ese tipo de verdad había logrado sacar a la malvada Regina Mills.
Quizá podrían ir a comer, así se daría cuenta que no tenían nada en común y lograría sacarla de su cabeza. ¿A quién quiero engañar? pensó, si empezaba a tratar a Emma Swan no podría sacarla de su vida nunca más.
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Le había costado mucho convencer al estúpido conductor que no hiciera las cosas más grandes y aceptara su culpa. Incluso tuvo que inventar que había una cámara en el semáforo y que terminaría saliendo la verdad a la luz. Le sorprendía lo que era capaz de hacer por esa morena de ojos obscuros.
Los seguros tardaron cerca de media hora en llegar, mientras tanto Regina estaba en mi patrulla ¿Hablando sola?, no podía estar segura pero hacía muecas, giraba los ojos y sonreía. Debería ser delito ser así de hermosa, esa mujer era un peligro para mi salud mental.
Tardó cerca de media hora más la grúa que llevaría su carro al corralón en lo que los seguros se ponían de acuerdo y lo enviaban al mecánico. Gracias a Dios era sábado por la mañana y el trafico no se vio muy afectado. Regina bajó de la patrulla cuando fue necesaria su firma con los seguros. Ni siquiera volteó a ver al conductor, que estaba más sonriente que nunca. Qué desesperante ser humano. A los minutos llegó una mujer por el tipo y quedaron finalmente solas.
-¿Me dejaste algo de café?. Preguntó, mas por romper el hielo que por realmente tener deseo de cafeína.
-No. Pensé que el trato era todo el café y la tranquilidad de no lidiar con el estúpido ése a cambio de una comida.- Contestó. La miró sonriendo mientras se sentaba en el cofre de su patrulla cruzando las piernas.
-Si no bajas en este momento de ahí voy a hacer lo que estoy deseado hacer desde que te conocí Regina Mills y te prometo que yo nunca amenazo en vano.- Le contestó mientras se acercaba a ella, lentamente, dandole la oportunidad de tomar una decisión. Se iba a volver loca, la deseaba tanto que se iba a volver loca.
-Mmmm, tentadora… pero supongo que no es el lugar ni el momento.- Y se bajó con el corazón desbocado. Su mirada se había vuelto obscura, estaba segura que iba a besarla pero no estaba segura de querer que lo hiciera.
-Así está mejor Regina, así está mejor.- Le encantaban sus piernas y moría por probar sus labios pero ella tenía razón no era ni el lugar ni el momento. -¿Cuándo vas a pagarme mi comida?- Preguntó, tenía que aligerar el ambiente, de pronto se había vuelto todo muy tenso.
-Pues regularmente lo fines de semana son un poco más tranquilos que entre semana así que cuando tenga oportunidad Swan hágamelo saber.- Y sacó su celular para pedir un taxi que la llevara a casa.
-Pues hoy está perfecto, me gustaría que fuera hoy.- Sonrió ante su cara de sorpresa, se acercó a ella a tan sólo un paso mientras la miraba a los ojos. No quería que se fuera, no quería separarse de ella por mucho tiempo. Necesitaba conseguir su número de teléfono.
-¿No le parece algo desesperado señorita Swan? pero supongo que entre más pronto salde mi deuda mejor.- Esta mujer la ponía nerviosa, su seguridad y como le gustaba invadir su espacio personal, conseguía que sus ideas se ofuscaran y de pronto olvidara lo que quería decir. Se alejó mientras marcaba al sitio de taxis. Le dio su dirección, no tardarían mucho en llegar.
-¿A dónde pasó por ti?- Le encantaba ponerla nerviosa y sacarla de su zona de confort.
-Ésta es la dirección.- Le tendió un papel en el que había escrito su dirección rápidamente. -A las dos en punto Swan, no me gusta esperar y odio la impuntualidad.- El taxi llegó y se metió en él. Bajó el vidrio y le dijo. -Mientras tanto piense qué le gustaría comer Swan, hágame un favor, que valga la pena.- Subió la ventanilla y el taxi arrancó.
Permaneció un par de minutos en shock. Tenía varios problemas. El primero que su turno tenía poco de haber comenzado necesitaba a alguien que la cubriera y Graham iba a ser su salvación. Dos, necesitaba a Elsa, necesitaba su consejo, no había hablado de Regina con ella y además tenía un sentido de la moda mucho mejor que el suyo. Tres, Regina Mills, Regina Mills era su más grande problema.
...Continuará...
