Esa sombra que me persigue,
Portadora de secretos,
Envuelta en la más delicada de las fragancias,
Estremece mi piel y nubla mis sentidos.
¿Cuánto tiempo más tiene que pasar?
La respuesta que buscaba, no la encontré.
O, quizá, ¿soy yo el que no quiere saber?
Oh, Rosa, Rosa,
¿Tendrá tu último pétalo palabras para mi?
Quizá sólo soy un iluso.
¿Quién esperaría tantos años por alguien…
…que ya no está?
Apretó con fuerza el lápiz encerrado en su mano, y tachó con rabia las últimas palabras que se había atrevido a escribir.
Como hizo con el predecesor a este, arrugó el papel y lo lanzó a la papelera situada a su lado.
Quería terminar de escribirlo. Más bien, necesitaba hacerlo para pasar página, sin importar cuántas largas tardes debiera pasar sentado frente a aquel solitario escritorio.
Inspiró profundamente y llenó sus pulmones. Le agotaba mucho.
-Cuatro años...-Musitó.
Aunque en su cabeza el tiempo se había congelado, el mundo había seguido girando. Pero parecía que sólo Sonic se había quedado atascado en el pasado. Y no sabía cómo salir.
Cerró los ojos un momento mientras buscaba las palabras adecuadas para volver a empezar a escribir. Pasaban los segundos, los minutos; y ni una sola le parecía correcta, ni sentía que hiciera justicia a los sentimientos que golpeaban su corazón como la marea a las rocas de la playa.
Maldijo en voz baja. No estaba dispuesto a pasar aquel día entero, de nuevo, plasmando y rompiendo sus propios pensamientos.
Se levantó de mala gana, y dio algunos pasos hacia su abrigo de cuero. Mientras se lo ponía, miraba con atención la habitación donde se encontraba.
Decidió prescindir de compañía una vez que regresó de su "gran viaje". Ahora era una persona nueva, más independiente, más...Libre. O así era como él mismo se describía.
Buscó un pequeño apartamento, lo suficientemente lejano cómo para empezar de cero, y acabó alquilando un piso, el cual pagaba con el salario que obtenía trabajando tras un mostrador en un restaurante.
Sonic, de estrella del rock a camarero...Que vueltas dan la vida, ¿verdad?
Cuando terminó de observar aquellos pequeños metros cuadrados a los que llamaba "hogar", un extraño sentimiento recorrió su cuerpo. Había decidido por su cuenta aislarse del mundo y renunciar a todo aquello que había conocido durante su vida, pero...¿había estado bien?, ¿era la mejor decisión? Se lo había planteado muchas veces. Pero aquel no era el momento para pensarlo. De hecho, hacía años que había dejado de ser "el momento".
Emprendió la caminata hacia ninguna parte. Llevaba tanto tiempo encerrado, que lo único que buscaba era un poco de aire fresco. Ver cómo el mundo había seguido moviéndose sin él...Quizá aquello le daría alguna idea para empezar a escribir de nuevo.
Se detuvo cuando su estómago empezó a retorcerse por el hambre, había pasado bastantes horas sin probar bocado. Quizás días. Se había centrado tanto en escribir, que no recordaba cuándo fue la última vez que comió algo decente.
Miró al rededor, y se dio cuenta de que había ido a parar a un parque de juegos. Su atención recayó sobre tres niños que jugaban con la pelota. Sonrió un poco ante aquella tierna escena, que le recordaba a su propia juventud.
En un ataque de nostalgia, el erizo sacó su móvil y buscó un archivo de su galería. Al abrirlo, las caras de sus hermanos aparecieron, con sonrisas tan cálidas como el sol de verano.
-¡Hey, Sonic! ¿Dónde te metes? ¡Te has perdido un fiestón!-Gritaba Manic hacia la cámara, mientras Sonia negaba con la cabeza, reprochándole su actitud.
-¡No le hagas caso, esto no es nada divertido sin ti, hermanito!-Dijo la fémina, dedicándole una amplia sonrisa a la cámara.-¡Estamos deseando verte, Sonic! Y recuerda que, pase lo que pase, siempre estaremos aquí para apoyarte, ¿vale?
-Huh, ¿necesitas un pañuelo?-Se burló el erizo verde, provocando un codazo de la eriza, que cada vez lo miraba más irritada.
-¡Eres un insensible, Manic!-Refunfuñó mientras el otro sonreía; luego volviendo a mirar a la cámara.-¡Llámanos pronto, Sonic! ¡Te queremos!
-¡No desaparezcas durante tanto tiempo de nuevo si no quieres que te golpee, bro!-Añadió el de verde, antes de finalizar el vídeo.
Sin haberse dado cuenta, una sonrisa se había formado en el rostro del erizo azul. Porque, después de todo, sus hermanos lo seguían queriendo como si nada hubiera pasado...Lo cual sinceramente agradecía.
Después de su regreso, Sonic se separó del grupo. Las cámaras y los escenarios era lo último que necesitaba en su vida en ese momento. Pero, el verdadero motivo por el que lo dejó, fue su incapacidad para componer, o de escribir una sola canción. Le quemaba por dentro.
Por su parte, Manic y Sonia continuaron en el grupo durante un año y medio más, decidiendo retirarse cuando sus discos empezaron a presentar baja demanda y su popularidad disminuía con los nuevos grupos más "modernos" que se fueron formando durante ese tiempo. Aquello ya no era lo mismo, y menos sin su hermano.
Sin embargo, la vida no los trataba mal. Sonia consiguió un espacio en la televisión como reportera, y su influencia hizo de aquel canal televisivo líder de audiencia durante los primeros meses.
Por otro lado, Manic no se había alejado demasiado del mundo del espectáculo; se dedicaba a recitar monólogos y a realizar actuaciones como comediante casi todas las noches en un local de prestigio. La verdad es que le iba bastante bien.
Sonic, por su parte, no había encontrado un trabajo estable en aquellos cuatro largos años. Sin embargo, la mayoría eran de camarero en algún restaurante. Su imagen y reputación hacía que los grandes jefes se interesaran por contratarlo rápidamente, pero tras algunos episodios de rebeldía, decidían prescindir de sus servicios rápidamente.
Bueno, al menos conseguía el dinero para poder mantener el piso y a sí mismo durante un tiempo. No tenía que preocuparse demasiado por aquello. Podía apañárselas sólo... O eso creía.
-¿Sonic?
Se giró hacia el lado del que provenía aquella suave voz. Su mirada se iluminó al reconocer el rostro de su amigo.
-¡Tails!- Exclamó, acercándose al zorro para estrecharlo entre sus brazos.-¡Cuánto tiempo! No has crecido ni un palmo, ¿eh?
El joven zorro rió y devolvió el abrazo a su viejo amigo.
-¡No maduras, eh! Ya veo que sigues siendo el mismo erizo que se olvida del mundo cuando se pierde en sus pensamientos.-Respondió con una amplia sonrisa.
-Touché.-El joven erizo sonrió y le invitó a sentarse junto a él en uno de los bancos del parque.-¿Qué se te ha perdido por esta zona, Tails?, ¿No estás muy lejos de tu madriguera?
-Ja, ja, qué ingenioso.-Rodó los ojos con una pequeña sonrisa divertida.-Pues estamos viendo mundo. Mañana viajaremos de nuevo, hoy es nuestro último día aquí. Ha sido una suerte que nos encontráramos.
-Oh, cierto, ¿qué tal le va a Cream?, ¿los dos seguís en el mundillo de los famosos?
-Para nada. A Cream le han dado unos días libres en la cocina de la cafetería y yo he pedido las vacaciones en el taller. La verdad es que nos va muy bien a los dos. Estamos haciendo lo que nos gusta, y tenemos muchas cosas en común.-El joven de ojos azules miró al cielo y sonrió mientras hablaba. Sonic lo miraba con atención, y no pudo evitar contagiarse de su sonrisa. Luego, el más pequeño lo miró.-¿Y tú cómo estás?, ¿Te has encontrado a ti mismo?
-Ya me falta menos, lo presiento.-El otro chico rió ante su respuesta.-Siento haber desaparecido así, Tails.
La última declaración hizo que el azulado desviara la mirada hacia el suelo. Se sentía culpable por no haber visto a su amigo durante esos últimos cuatro años.
-No tienes que disculparte por nada. Necesitabas tu tiempo, y nadie puede culparte por ello. Sólo háznoslo saber cuando estés listo para volver, ¿vale?
Apretó los labios y trató de no voltear a mirarlo. Si lo hacía, sabía que quizá todos esos sentimientos que había estado acumulando saldrían a flote. Y no quería que se llevara esa última impresión de él.
En silencio, y con una sonrisa en el rostro, el joven de dos colas apretó suavemente la mano en el hombro de su amigo, y luego se levantó.
-Me ha encantado verte Sonic, pero tengo que irme. Cream me está esperando. Llámame pronto, ¿vale?
Sonic levantó la mirada hacia su amigo unos instantes, y sólo atinó a darle una sonrisa y levantar su pulgar. Aquello fue suficiente para el zorro, quién se dio la vuelta y empezó a caminar, alejándose.
Una última vez, Tails se dio la vuelta y despidió a su amigo a la lejanía, levantando su mano. Sonic devolvió el gesto, y no pudo evitar fijarse en la mano de su amigo. Tenía un reluciente anillo plateado en su dedo.
-Al menos a uno de los dos le ha ido bien en el amor. Me alegro por ti, colega.-Murmuró con sinceridad el erizo, aunque sabía que desde esa distancia, el zorro no podía escucharlo.
Se mantuvo sentado un rato más, escuchando las risas de los niños y el piar de los pájaros. Su mente intentaba abrirse camino hacia las cosas que pasaron cuatro años antes.
Todo estaba borroso en su cabeza. Tenía imágenes sueltas. Rostros que no había vuelto a ver, voces que nunca escuchó de nuevo, vidas que no sabía si se habían perdido o seguían...
Tampoco le importaba demasiado. Quizá ni siquiera quería recordarlo, pues su propio mundo se derrumbó el día que le dieron aquella noticia...
Aquella que su cabeza no era capaz de soportar. Sólo pensar en esa frase le hacía estremecer.
Amy Rose está muerta.
Aquel cabello rosado, ese perfume tan peculiar que sólo ella usaba... Esos ojos verdes tan intensos, esa sonrisa tan dulce, el sonido de su risa...
Amy Rose está muerta.
La ternura con la que actuaba... Aquella forma de mirarlo cuando estaba preocupada por él... Esas palabras de aliento cuando las necesitaba... La única y peculiar forma que tenía de mirarlo...
Amy Rose está muerta.
Esa...Amy.
Amy Rose está muerta.
Amy, Amy, Amy.
Ya no está. Se ha ido.
Está muerta.
No va a volver.
Ella ya no está aquí. No volverá a abrazarte.
No volverá a hablarte.
No volverá a mirarte.
Ella simplemente no va a volver.
La noche había caído en el momento que Sonic fue consciente de que las frías gotas de lluvia se mezclaban con las lágrimas que descendían por su rostro como si de cascadas se tratasen. Sus sentimientos habían estado manifestándose en él desde que Tails se marchó. Estaba tan absorto en sus pensamientos, que no había sido capaz de notarlo hasta ese momento.
Se limpió las mejillas usando las palmas de sus manos. Con el anochecer, parecía que hacía más frío.
Supuso que aquello era una señal de que debía volver al piso que llamaba "hogar". Y, sin pensarlo demasiado, se puso en pie con cierta dificultad y comenzó a caminar.
La lluvia no era de su desagrado, así que no se dio prisa por volver. De todas formas, sus piernas parecían no querer darse prisa ese día. Así que permitió a su mente seguir divagando por recuerdos.
Aquellos cuatro años no le habían sido suficientes para superar aquella pérdida, y él lo sabía. A veces daba por hecho que el tiempo curaría sus heridas, pero él no quería curarse. No era justo que viviera su vida plenamente, sabiendo que no había podido ayudar a la persona que más le importaba.
Quería haberse despedido apropiadamente de ella. Deseaba poder decirle lo que sentía por ella. Pero no podía. Ya no.
Había desperdiciado tanto tiempo...
...¿Y si el tiempo no volvía a tener sentido en su vida?, ¿Aquella pérdida había sido el principio de su fin?, ¿No sería capaz de superarlo nunca?
Bajó la mirada a sus zapatos mientras se hacía aquellas preguntas. Caminó despacio por un resistente puente de madera que atravesaba un río, que sonaba estruendosamente con el agua de la lluvia, que cada vez caía con más furia.
A pesar de todo aquel ruido, las orejas del chico se movieron al detectar un sonido diferente. Pasos. Pero no eran los propios. Levantó un poco la mirada, y logró ver unas botas rojas que pasaban a su lado en dirección contraria, atravesando el puente. Un aroma familiar invadió su olfato. Ese olor era inconfundible para él.
Lentamente, dejó de caminar. Seguía escuchando los pasos detrás de él, la otra persona no se había detenido.
Volteó despacio, en busca de la figura. Llevaba un paraguas rojo, y pudo distinguir un vestido por debajo de las rodillas color blanco, y apreció unas espinas largas hasta la cintura, peinadas delicadamente hacia abajo.
¿El color de su cabello era...rosado? No podía apreciarlo bien desde allí. Entonces, como si se hubieran dado cuenta de su presencia, los pasos cesaron. Pero la figura seguía allí, de pie. ¿Se estaba dando la vuelta?
El erizo entrecerró los ojos. Aún no podía ver el rostro de aquella persona. Sentía cómo su piel se estremecía ante una pequeña idea que le rondaba en la cabeza. Pero aquello no podía ser, ¿verdad?
...Porque no podía, ¿cierto?
Quizá sólo...¿soñaba?, ¿alucinaba?
Antes de poder desvelar el misterio, sus párpados comenzaron a pesarle más de lo normal.
Se había sentido cansado durante todo el día, pero ni se le cruzó por la mente que su cabeza podía fallarle de esa manera.
Todo daba vueltas, ¿acaso se estaba muriendo?, ¿era aquella figura misteriosa un ángel, y venía para llevárselo? Ni siquiera le parecía una idea descabellada.
Muchos pensamientos como estos se pasaban por la cabeza del erizo a la vez que su consciencia se esfumaba y caía inconsciente a la helada madera del puente.
Ese día, moriría una estrella del rock, una leyenda, un chico enamorado que persiguió sus sueños hasta el final...
...O sólo eran exageraciones.
Cuando el erizo fue capaz de abrir los ojos de nuevo, no sabía dónde estaba. Ni recordaba qué era lo que estaba haciendo. Sólo era plenamente consciente de que estaba hambriento. ¿Se había desmayado por la falta de nutrientes?, tenía sentido.
Hizo una mueca molesta al removerse; estaba tumbado sobre un frío y duro banco de la calle. La espalda le dolía a rabiar.
Consiguió sentarse despacio, y pasó una mano por su rostro; luego mirando al rededor.
Se encontraba refugiado bajo una especie de monumento con grandes columnas de mármol blancas y un techo de la misma condición, situado en lo que parecía ser un parque. Miró hacia abajo, confirmando que aquel asiento hacía juego con la construcción.
No tardó en percatarse de un objeto que reposaba tumbado a su lado, del cual resbalaban gotas de agua: un paraguas rojo.
Entonces aquella visión no había sido un sueño, aquella persona estaba cerca. Eso, o realmente había muerto y se encontraba a la espera en las puertas del cielo.
-Nunca cambiarás, ¿eh?, siempre cuidando de los demás pero nunca de ti mismo...
El erizo volteó al escuchar aquella voz. Sus ojos no podían creer lo que estaba viendo.
Una eriza rosa de largas y delicadas espinas y ojos verdes estaba caminando hacia él con dos dulces en sus manos. Ahora sí dudaba si realmente estaba vivo o muerto, ¡esa chica era preciosa, y su rostro demasiado familiar como para ser verdad!
Cuando la joven se detuvo frente a él, Sonic aún no había sido capaz de cerrar la boca. Estaba demasiado impactado. Su corazón latía rápido, y sintió cómo se formaba un nudo en su garganta que no le permitía hablar.
-Hola, Sonic...-Dijo con un dulce tono de voz.-Cuánto tiempo...
Aquellas palabras disiparon todas las dudas de la cabeza del erizo. ¡Estaba viva!
-Amy...
Varios sentimientos golpearon entonces el pecho del erizo: una gran rabia azotó su cuerpo, sintiéndose realmente traicionado y engañado.
Pero, por otro lado, no había sido más feliz en su vida. ¡Era ella...! ¡Amy!
-Te dije que no me llamaras así...-Dijo ella, pero la sonrisa se mantenía en su rostro.
¿Cómo que se lo dijo?, ¿cuándo, a qué se estaba refiriendo?
-...¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿"Cuánto tiempo"?-Espetó el erizo, intentando ponerse en pie, pero las piernas le flaquearon y tuvo que permanecer sentado.
Aún no podía creer que la persona que creyó muerta durante cuatro años estuviera en pie frente a él. Parecía tan irreal...
-No hagas esfuerzos, estás muy débil...¿Cuánto tiempo has pasado sin probar bocado? No tienes remedio...-Respondió la eriza, extendiendo uno de los dulces que tenía en su mano para él. Pero aquello pareció ofender al erizo aún más.
-Vaya, ojalá te hubieras preocupado tanto por mi hace cuatro años.-La rabia del erizo se hacía cada vez más palpable.
La chica se movió incómoda, aquella era justamente la situación que quería evitar. Pero ya no había vuelta atrás... Lo supo desde que vio aquellas espinas azules al final del puente.
-Sonic, ya sabes por qué lo hice...
-No, no lo sé, pero me encantaría saberlo.-Interrumpió, frunciendo el ceño. La eriza lo miró extrañada.
-¿No...no lo sabes?, Yo pensé...-La chica pareció caer en cuenta de algo en ese momento. Se llevó las manos a la boca mientras lo miraba perpleja. Parecía que algo se acababa de romper dentro de ella. Y el erizo lo notó enseguida.
Antes de darle tiempo a hacer nada, la chica se puso de rodillas frente a él y tomó sus manos con algo de fuerza mientras lo miraba a los ojos. Ahora sí, Sonic se había perdido completamente. Pero ya no podía decir nada. Todos los sentimientos negativos se estaban esfumando de él lentamente.
-Lo siento mucho, Sonic... Tenía que empezar de cero. Pero yo jamás...Quise hacerte daño. Siempre... Deseé ser parte de tu futuro, aunque sea muy egoísta... Pero no podía...
-¡Sí que podías!-El erizo apretó las manos de la eriza con fuerza. Cielos, cómo había extrañado aquel suave tacto.-¡Sólo tenías que decírmelo! ¡Yo quería que fueras parte de mi vida, Amy!
-¿Cómo querías que lo hiciera? ¡Tú no estabas!-Las lágrimas empezaron a asomar por los ojos de la eriza.-¡Yo estaba sola, y las cosas no hacían más que ir a peor...! ¡Estaba desesperada! No sabía qué más hacer...
Su voz sonaba rota. Y el dolor se reflejaba en sus ojos.
El erizo soltó las manos de la joven y la rodeó entre sus brazos en el mismo instante que esta rompió a llorar. Él también notaba cómo sus mejillas se calentaban y las lágrimas amenazaban con salir.
Eran demasiados sentimientos. Ni una sola idea clara se le venía a la cabeza.
Sólo sentía que necesitaba abrazarla. Sentir su calor, escuchar su voz, notar su respiración...Saber que estaba viva.
-Te he echado de menos...
-Yo también a ti...
Ambos erizos se separaron y miraron a los ojos. Se dedicaron una pequeña sonrisa, que significaba más que cualquier palabra. Era todo lo que necesitaban.
-Anda, déjame probar ese dulce...-Dijo finalmente el erizo, que no era capaz de soltar a la joven.
Ella se incorporó y se sentó a su lado, bastante cerca de él, y le dio su aperitivo. El erizo lo comió agradecido, realmente necesitaba echarse algo al cuerpo antes de desfallecer de nuevo, y ella sólo lo observaba.
-No te he vuelto a ver con tus hermanos por la televisión...¿Qué ha sido de la banda?-Preguntó, queriendo saber más acerca de la nueva vida del erizo.
-Nos hemos separado. Cada uno por su camino. Pero no nos hemos peleado entre nosotros, ni nada por el estilo.
-¿En serio...?-La joven enarcó una ceja.-¿Y en qué estás trabajando ahora?
-Soy camarero.
-Estás de broma.-La eriza no pudo evitar sonreír y morderse el labio.-¿Camarero, tú? ¿La estrella del rock? No me lo creo.
-Oh, sí. Los jefazos se mueren por contratarme. Es lo que tiene ser tan guapo y rápido como yo.
La joven se echó a reír, y él no pudo evitar sonreír al mirarla. Era tan linda.
-Bueno, aunque no te lo creas, voy dando saltos de trabajo en trabajo. ¿Y tú?
-Estoy recorriendo el mundo. No me quedo en ningún sitio durante mucho tiempo. Así que tampoco tengo trabajo fijo.
-Entonces, ¿estás aquí por pura casualidad?
-Pues, sí... Es la primera vez en cuatro años que vengo aquí. Mi plan era quedarme esta semana.
-Vaya...-El erizo se sentía bastante afortunado por haber tomado la decisión de haber salido aquel día. De cualquier otra forma, jamás habría vuelto a ver a la chica.-¿Qué es lo más emocionante que te ha pasado esta semana?
-Desde luego, reencontrarme contigo se ha llevado la palma a las cosas emocionantes.
El joven azulado rió suavemente ante su respuesta y terminó de comerse el dulce mientras ella parecía pensar en algo.
-Y...¿a dónde ibas?-La joven empezó a pellizcar el dulce que tenía en las manos y a darle vueltas. ¿Era eso acaso una señal de que se estaba poniendo nerviosa?
-Pues estaba de camino a mi piso.
-Oh, ¿te está esperando tu pareja?
El erizo volteó a verla con sorpresa. Ella seguía jugando con su dulce. Así que era eso...¿le ponía nerviosa pensar que tenía pareja? Aquello hizo sonreír con cierta diversión al erizo.
-No tengo pareja, tonta.-Respondió, haciendo que ella lo mirara. Un rubor acompañado de cierto alivio iluminó la cara de la joven.
-Yo tampoco. Viajo sola...por ahora.
¿Había sido aquello una invitación indirecta para acompañarla en sus...viajes?
-¿Te gusta la ciudad?
-No está mal. Puede que me quede por aquí un tiempo más.-Respondió Amy mientras miraba al cielo. Había dejado de llover, y un tímido arcoíris empezaba a asomarse.
-Siempre puedes venir a mi piso, si no tienes dónde quedarte.-Respondió Sonic mientras miraba al mismo cielo. Los dedos de las manos de ambos se rozaron.
-Eso es una proposición un tanto indecente, señor Rokero.
-Sólo si quiere verla usted así, señorita Camarera.
Los dos sonrieron. Permanecieron en silencio unos segundos, y después la eriza lo miró.
-Y a ti, ¿qué es lo más emocionante que te ha pasado esta semana?
El joven la miró, y permaneció en silencio unos segundos. Luego la observó con la más dulce de las miradas y la sonrisa más tierna que nadie jamás le había dedicado.
-Besar a la chica de la que estoy enamorado.
Amy lo miró bastante extrañada, pero todo cobró sentido cuando el erizo posó una mano en su mejilla y se acercó despacio. Le pedía permiso con la mirada, y ella no iba a negarselo. Lo quería tanto como él.
Ambos cerraron los ojos, y fundieron sus labios en un beso. El más dulce que se podía dar. Cargado de sentimientos y deseos, aquellos de dos almas separadas que por fin se habían vuelto a encontrar.
Cuando se separaron, los dos se miraban con la misma dulzura a los ojos. Se amaban.
-Te quiero, Sonic. Desde siempre.
-Te quiero, Amy. Para siempre.
No necesitaban más. Todas las preguntas que aún quedaban, serían respondidas más adelante. Ahora tenían todo el tiempo del mundo.
Pero algo estaba claro.
Nunca más volverían a separarse.
Aquello era el principio de una nueva vida juntos.
Y nadie jamás podría robarles aquel momento.
Esta historia comenzó a escribirla una niña en 2012. Hoy la termina una joven en 2020.
No podía permitir que esta historia se quedara sin un final. Y hoy, por fin, lo va a tener.
Gracias a todas aquellas personas que la han seguido de principio a fin. En serio, sin vosotros no habría final.
:)
