Hola.
Les dejo el siguiente, no olviden dejar sus comentariosy sugerencias.
BraylinSV2: Qué bueno que te gustó. Espero disfrutes éste. Saludos.
sjl: ja dañarles la cita, les dañara mucho más que eso.
NATACHA PAREDES: Actualización lista. Muchas gracias a ti por leerme. Espero disfrutes este capitulo. Saludos desde acá hasta Rep. Dom. :)
15marday: Me da gusto que disfrutes de Emma y ojalá siga siendo de tu agradado. Les interrumpirá más que una velada. Un saludo y muchas gracias por leerme.
Capitulo VIII Lo mejor viene cuando no lo esperas.
Estaba completamente perdida en los ojos de esa rubia, no podía creer lo que le había dicho, absolutamente todo lo que salía de la boca de Emma era para coquetearle. No pudo evitar que una pequeña sonrisa se dibujara en su rostro. Le molestaba que todo parecía un juego pero al mismo tiempo le alegraba provocarle eso a esa rubia. ¿Qué se supone que debía responderle? Ni si quiera sabía si le estaba hablando en serio. Estaba pensando su respuesta cuando escucho su nombre.
-¿Regina?
Volteó a buscar quién la llamaba y le dio un vuelco el corazón cuando la vio. Era Ingrid, tan bonita como siempre, estaba vestida con un traje color perla, una blusa azul que hacia juego perfectamente con sus ojos, muy elegante, había olvidado lo elegante que era. Tenía dibujada una sonrisa en el rostro, era discreta, pero encantadora, porque Ingrid era sin lugar a dudas una mujer encantadora.
-Hola Regina. No quiero interrumpirte pero te vi llegar y no pude contener las ganas de venir a saludarte. ¿Cómo has estado? ¿Molesto?- Estaba nerviosa. Regina siempre la ponía nerviosa, estaba hermosa, habían pasado años pero ella seguía tan bella como siempre. No la había olvidado eso ya lo sabía, Regina era de esas mujeres que uno conoce y es imposible de olvidar. Te marca para siempre.
-¿Ingrid?, por.. por supuesto que no molestas. He estado bien. Ven dame un abrazo.- Se levantó rápidamente a abrazar a la rubia, el abrazo duró más de lo normal, era de eso abrazos en los que expresas cuánto extrañas y cuánto lamentas la lejanía. Tenía muchos sentimientos encontrados, nervios era uno de ellos, pero sin lugar a dudas le daba alegría verla, la había querido mucho o ¿La quería aún?, no estaba muy segura de eso. -¿Cómo has estado? ¡Tanto tiempo sin vernos! Qué grosera soy, permíteme presentarte a Emma Swan, es una escritora que estoy tratando de firmar desde hace unos días. Emma, ella es Ingrid, una muy buena amiga.- No tenía que dar explicaciones, lo sabía, además de que no era propio de ella darlas. Pero había tenido la necesidad de hacerlo, de explicarle que no estaba saliendo con Emma, que era cuestión de trabajo pero eso también le sonaba a una mentira. Emma había sido desde el principio alguien diferente, no era sólo trabajo. No podía creer lo que le estaba pasando.
-Mucho gusto, Emma Swan.- Le tendió la mano a Ingrid. Era una mujer hermosa, del estilo de Regina, sumamente elegante y con mucho porte, de esas personas que no se ven todos los días. ¿Dónde la habría conocido, Regina? A Emma no le cuadraban varias cosas, si eran tan amigas por qué tanto tiempo sin verse, además Regina estaba sumamente nerviosa y eso era raro. La había conocido siendo amigable en el cafetería, siendo implacable en la junta que tuvieron, molesta en el accidente pero ahora la notaba nerviosa, ella la ponía nerviosa eso lo sabía, pero los nervios que mostraba ahora eran diferentes, eran nervios de volver a ver a alguien importante. Sintió una punzada en el corazón y sin quererlo empezó a sentir celos, o al menos eso creía que era, nunca había experimentado ese sentimiento por alguien. Regina estaba siendo la primera en muchas cosas.
-El gusto es mío.- Apretó la mano de Emma. No sabía por qué pero algo le decía que Emma era más que una escritora cualquiera. Había estado muy cerca de Regina antes de que ella llegara. Era muy bonita Emma, más de lo que a primera vista había percibido. -Veo que sigues igual, trabajando hasta los sábados. No quiero seguir molestando, me dio muchísimo gusto saludarte y ver que estás bien, ojalá pronto podamos vernos de nuevo para ponernos al día y hablar de los viejos tiempos. ¿Sigues teniendo el mismo número?- ¡Cuánto la extrañaba! Había intentado olvidarla con otras mujeres pero nunca lo había logrado.
-En eso si que no he cambiado y ya te dije que no molestas.- Le dio un pequeño apretón en el antebrazo. No le gustaba ver esa sonrisa triste que le estaba dando Ingrid, era una de las razones por las que se habían dejado, Regina no había sido capaz de hacerla feliz, la había querido mucho como para tenerla así eternamente. No se lo merecía. -Sí, es el mismo y por su puesto que debemos vernos. Llámame cuando quieras para ponernos de acuerdo.- Se acercó para abrazarla de nuevo. No era cosa del pasado el cariño que sentía por ella, Regina seguía queriendo mucho a esa mujer. Cuando se separaron, pudo ver una sonrisa más autentica en su cara. Esa era la Ingrid que tanto le gustaba.
-Muy bien, entonces. Te llamo en la semana para ponernos de acuerdo. Mucho gusto señorita Swan, no deje que Regina la intimide, que así como la ve en el fondo tiene un gran corazón.- Le dio un beso a Regina en el cachete, duró más segundos de los que debería y tuvo el efecto deseado, la descolocó por completo, no pudo evitar sonreír al verlo. A lo mejor Regina la seguía queriendo, a lo mejor esta vez funcionaba. Ese pequeño encuentro la había devuelto a la vida, le interesaba Regina Mills, ya había intentado estar sin ella y todo había salido mal. Sabía que no debía ilusionarse cuando de Regina se trataba pero no podía evitar hacerlo, el lunes sin lugar a dudas llamaría y conseguiría la cita que estaba buscando. Era un buen sábado después de todo.
En es momento llegó el mesero con la botella que Regina le había pedido, la abrió y le ofreció un sorbo para que la aprobara, una vez que le dio la indicación sirvió las copas y dejó la botella. Les preguntó si ya sabían lo que querían ordenar, a lo que Regina contestó que iría con la recomendación del chef, Emma por su parte pidió la recomendación del mesero. Una vez que terminó de tomar la orden, el mesero se retiró.
-¿En qué estábamos?- Ese beso le había afectado pero no quería que se le notara. Volvió a mirar a Emma, podía perderse en esos ojos. Sonrió. Le gustaba esta mujer, le gustaba mucho.
-En tu pidiéndome mi manuscrito y yo diciéndote que si me miras así te lo regalo ahora mismo.- Sonrió de medio lado y le guiñó el ojo. Sentía el veneno de los celos recorrerle las venas. Quién se creía esa Ingrid para venir a besar a su morena, claro que no era su morena ni nada por el estilo pero ella estaba ahí, era una cita que no era una cita pero que lo parecía. Qué poca educación tenía esa mujer. Otra vez estaba balbuceando mentalmente por culpa de Regina. No quería que se le notaran los celos, no quería que se enterara de que le estaba apunto de derramar la bilis por el acercamiento que habían tenido y ¿Ese abrazo? ¿A quién quiere engañar esa mujer? quería volver a entablar una relación con Regina, ¡Sobre mi cadáver! pensó.
-Swan ¿Todo lo toma a broma o tengo la fortuna de que sólo sea conmigo?- Emma la hacía molestarse de la misma manera en que le robaba el corazón. Eran completamente diferentes, pareciera que todo era juego para Emma y eso la sacaba de quicio pero luego se comportaba como en el accidente o le decía alguna de sus frases cursis y entonces la desarmaba. esa mujer no sólo era bonita sino que además la retaba y la incitaba a debatir a molestarse mutuamente, a coquetearse.
-No estoy bromeando Regina, tú me miras así y yo te regalo todo lo que he escrito. ¿No te quedó claro en la mañana que con una mirada eres capaz de convencerme de cualquier cosa?- Iba por todo, ya lo había decidido, no estaba segura de que quería tener con Regina pero si estaba segura de que quería tener algo. No iba a permitir que se la quitaran, aunque aún no la tuviera. me está volviendo loca, pensó.
-¿Eso es un sí, entonces?- Estaba segura de que si Emma seguía mirándola así, también haría lo que le pidiera. Tenía una conexión muy especial. Le asustaba lo que sentía cuando estaba a su lado.
-Eso es un sí, si eres tu quién trabaja a mi lado.- Si iba a tener que apretar su agenda para poder cumplir con lo que la editorial le pediría quería que fuera Regina la que estuviera a su lado, en las noches de desvelo y en todo lo que implicara y si de casualidad estaban solas pues mejor.
-No puedo ser yo la que esté a su lado, querida. Tengo muchas ocupaciones en la editorial, para eso le pago a los editores para que estén al pendiente de los escritores nuevos y los ayuden a salir adelante con los requerimientos de la editorial.- Eso tenía una parte de verdad, tenía editores que se encargaban de hacer todo ese trabajo con escritores nuevos y con los que ya tenían firmados. Pero también era cierto que si el libro era de verdad bueno se involucraba completamente con el escritor para exprimirle todo al manuscrito, para lograr lo que ella estaba segura que podía lograr el libro. El de Emma era de estos últimos, pero la verdad no quería involucrarse demasiado con ella, menos ahora que la estaba conociendo mejor y se daba cuenta de cómo era la rubia y de lo que podía lograr con ella si tan sólo se lo proponía.
-Vuelve a mirarme a los ojos porque ya me estoy arrepintiendo de hacerlo.- No era una frase hecha, ni lo hacia sólo por coquetear, los ojos de Regina empezaban a ejercer una fuerza sobre ella. -Está bien, acepto. Pero prométeme que procurarás pasarte muy seguido por donde sea que yo trabaje y que me dedicarás unas horas para hablar. Y promete que me llevarás a cenar cuando haya sido un día muy pesado y promete que no me dejarás sola en esto, no hasta que todo termine.- La miró a los ojos, le gustaba verse reflejada en ellos. Le gustaba la paz que sentía cuando los veía, como si todo lo demás desapareciera y sólo estuvieran ellas dos.
-No me gusta hacer promesas que no voy a poder cumplir. Pero le prometo cumplir todo eso que me pide, Swan.- Emma insistía en que con sólo verla podía conseguir lo que quisiera pero no sabía que funcionaba igual del otro lado. Desde que la conoció no había podido negarle nada de lo que le pidió. Le pidió que subiera a la patrulla y que la esperara dentro y lo hizo, le pidió una comida y se la concedió. Le pidió subirse a ese vejestorio amarillo y lo hizo. Ahora le estaba pidiendo que no se mantuviera lejos de ella en la editorial y no pudo decirle que no. Emma también ejercía un poder extraño sobre ella. Tenía miedo, Regina Mills tenía miedo.
-Está bien. Te creo.- Entrecerró lo ojos y observó a la morena detenidamente. -Hay algo que no te he contado, Regina. Tengo un súper poder, uno muy especial, resulta que sé cuando la gente me está mintiendo y en este preciso momento sé que tú no lo haces.- Puso los codos sobre la mesa y se acercó a ella, no dejaba de mirarla. -No sabes el trabajo que me está costando, desde que te vi salir de tu casa, no probar esa cicatriz. Aunque técnicamente me está provocando desde que te conocí. Es algo muy complicado y deberían darme un premio por ello.- Le habló con voz profunda y muy bajito, para que sólo Regina pudiera escucharla. -Sólo quería que lo supieras.- Se alejó y regresó a su posición original. -Así que dime ¿Qué es lo que tengo que hacer para que mi libro vea la luz?
-Deje de coquetear conmigo, Swan. Por lo que he podido observar es usted toda una casanova. Tenga cuidado no vaya a ser entre por la puerta su pareja y la sorprenda intentando ligar con alguien más.- Se sentía algo mareada, cómo se le ocurría a esa rubia acercarse tanto a ella y haciendo ese tipo de comentarios fuera de lugar. No iba a permitir que Emma Swan la intimidara, era ella muy buena poniendo en su lugar a las personas, Emma no sería la excepción.
-¿Esa es tu forma de preguntar si tengo pareja? No la tengo Regina.- Levantó su mano izquierda y se la mostró. -No hay anillo, ves. No estoy con nadie. Y por lo que puedo ver tu tampoco estás con nadie, no hay anillo en tu mano, ¿O sí?- Cruzó los dedos bajo la mesa para que Regina le dijera que estaba soltera.
-Esa información no le interesa, Swan. No tengo por qué contestar ese tipo de preguntas. Haga favor de centrarse en la propuesta que le estoy haciendo.- Dio un sorbo a su copa y miró a Emma fijamente.
-Te equivocas, esa información me interesa mucho, me interesa muchísimo, Regina.- Sonreía, le gustaba la Regina que la mantenía a raya con sus comentarios mordaces. Esa mujer era única. -Esta Bien. Acepto. Acepto tu contrato siempre y cuando cumplas las promesas que me hiciste.- La miraba a los ojos, a esos bonitos ojos marrones.
-Perfecto. Tenemos un trato.- Levantó su copa para brindar con Emma. Era un buen negocio ese libro, haría que fuera de los mejores que había publicado. Haría que todo esto funcionara. Dio un sorbo y preguntó algo que la estaba carcomiendo desde hacía unas horas. -Por cierto ¿Cómo es que sabe cómo me gusta mi café, Swan?- Cuando Emma la miraba así la ponía nerviosa, su cerebro dejaba de actuar como lo hacía normalmente y comenzaba a sentirse incomoda así que debía cambiar de tema, antes d que las cosas se salieran de control.
-Esa es una historia bastante rara. Resulta que el día de la cita en la editorial estaba yo en la cafetería cuando tú entraste a ella, todos te volteamos a ver con esa elegancia que irradias y esa bonita falda que llevabas puesta- Le guiño el ojo. -Pero evidentemente no volteaste a ver a nadie. Estaba muy cerca para escuchar cómo medias tu café y resulta que me gusta exactamente igual, una cosa en común. Creo que es cosa del destino.- La miraba una Regina bastante incrédula. Como le gustaba mirarla.
-Bastante rara sí. No la vi, es cierto. Pero es que iba tarde precisamente para nuestra cita, además no suelo interactuar mucho en la cafetería.- La verdad era que no solía hacer amigos en ningún lado, era una mujer muy solitaria. Era feliz así.
-Qué afortunada fui al estar presente en el accidente. Y poder ayudarte y cobrarme el favor.- Dio un sorbo a su copa.- Mira que no me gustan los automovilistas enojados pero tu eres la automovilista enojada más hermosa que he conocido en toda mi vida.
Regina puso los ojos en blanco ante esa respuesta de Emma, pero antes de que pudiera contestar llegó el mesero con la comida que habían ordenado. Rellenaron sus copas y se dispusieron a comer. Era realmente buena la recomendación del chef. Regina no conocía el restaurante y eso era muy extraño ya que era amante de la comida italiana y ese restaurante era realmente bueno. Emma por su parte había descubierto el restaurante una tarde, que devastada por el día tan pesado y deambulando por las calles de la ciudad, había topado con él y había resultado un gran descubrimiento. A Emma no le impresionaba tanto la comida, Emma estaba enamorada de la compañía, estaba un poco decepcionada porque Regina no daba su brazo a torcer y no veía cómo conseguiría su teléfono u otra comida para el final de la tarde.
Habían pasado la mayor parte del tiempo en la comida charlando de cosas sin importancia, ¿Cómo es que Emma había empezado a escribir?, ¿De dónde había salido la idea del libro?, ¿Cuánto tiempo llevaba la editorial de Regina?, ¿Quién sería su editor?, etc. En varias ocaciones Emma había intentado sonsacarle la información de su estado civil pero Regina siempre había salido avante de la situación. Regina reía con las ocurrencias de Emma y Emma reía con las repuestas de Regina, le gustaba su sarcasmo natural y su forma responder cuando estaba entre la espada y la pared. Era como si le diera un empujón justo cuando estaba a punto de besarla y con eso sólo conseguía que quisiera besarla aún más.
-La comida ha estado francamente deliciosa, Swan. Una muy buena elección para pagar mi deuda.- Ya había perdido la cuenta de cuántas copas de vino llevaban. Pero la estaba pasando realmente bien, inclusive con las preguntas acosadoras de Emma. Había intentado en dos ocaciones, como que no quiere la cosa, sacarle su número de teléfono, evidentemente Regina no se lo había dado, hacía falta mucho más que unas frases coquetas para obtenerlo. Mientras esperaban la cuenta se instaló un silencio incomodo. Cada una estaba pensando en qué seguía después de la comida, cómo debían actuar. El mesero llego con la cuenta, Regina cubrió el monto y dejo bastante más de lo que debería de propina, estaba muy generosa esa tarde. Había sido un buen rato después de todo.
Una vez en el carro, el silencio seguía. Emma se sentía extraña, no había conseguido nada de lo que se había propuesto al inicio de la tarde y lo que más le molestaba es que Ingrid si tuviera el teléfono de la morena, ya sabía que era ridículo y que eran esos estúpidos celos los que no la dejaban pensar claro. Regina por su parte pensaba en que mientras estaba con Emma no había pensado ni una vez en Ingrid, en el encuentro que tuvieron después de tantos años, en el beso que le dio y lo que quizo decirle con él, Emma había logrado lo que seguramente nadie habría hecho, olvidar lo importante que era para ella su ex y lo nerviosa que estaba por haberla visto de nuevo.
No tardaron mucho en llegar a la casa de Regina. Estacionó su auto justo enfrente de la puerta de entrada. Bajó y abrió la puerta de su copiloto, le ofreció su mano para que pudiera bajar y ahí estaba de nuevo esa electricidad que se presentaba cuando se rozaban. Había tomado unas copas, la misma cantidad las dos, pero parecía que a Regina apenas le había hecho efecto, debía ser verdad eso que había dicho de que era muy difícil que se emborrachara, sin embargo, a ella las copas empezaban a cobrarle factura, aunque tendrías que conocerla muy bien para percatarse de ello.
-Muchas gracias por todo, Swan y no hablo por la comida, muchas gracias por lo que hizo en la mañana, no había tenido tiempo de agradecerle, si no hubiera estado usted no tengo idea de lo que le habría hecho a ese hombre.- Caminaban hacia la puerta de su casa, Emma llevaba las manos en la espalda como si estuviera regañada. No había hablado en todo el camino de regreso, quizá se había cansado de no obtener respuesta a sus comentarios coquetos y había desistido.
-No tienes que agradecerme nada, Regina. No fue nada y lo hice con muchísimo gusto.- No podía creer que se fuera a ir sin nada. Nunca le había pasado que tras haberlo intentado tanto se fuera en cero. -Supongo que nos veremos pronto, quedo en espera de la llamada para que me den las indicaciones de cuándo y dónde debo presentarme para la firma del contrato y todo lo que corresponda. Ya me iras explicando poco a poco el proceso.- Habían llegado a la entrada y Regina estaba de espalda a la puerta y ella no podía dejar de pensar en lo bella que estaba y en las pocas ganas de irse que tenía. La había pasado tan bien que empezaba a sentir melancolía de que hubiera terminado.
-Por supuesto que sí, señorita Swan. El lunes por la mañana haré que mi asistente se comunique con usted para arreglar todos los pormenores y comenzar lo antes posible con ese manuscrito. Gracias de nuevo por todo, Swan. Nos vemos pronto.- Se dio la vuelta, empezaba a sentirse algo mareada por la cantidad de vino que habían consumido, era muy buena ocultando las huellas del alcohol en su comportamiento. No quería ver a Emma por más tiempo porque empezaba a darse cuenta de lo apetecibles que resultaban sus labios y lo bonita que se veía con su maquillaje al natural y su cabello suelto y necesitaba alejarse, ¡Ya!
-Por nada, Regina. Gracias a ti por la comida. Espero la llamada, entonces. Nos vemos pronto.- Se dio la media vuelta y comenzó a caminar hacía su escarabajo amarillo. No podía creer que su tarde fuera a terminar así como así. Esa no era ella, la que se va sin obtener algo de lo que había buscado toda la tarde. Se dio la media vuelta y volvió hacia la puerta. Regina estaba buscando su llave para entrar. ¡Que piernas tenía esa mujer! ¡Por Dios! Debería ser pecado ser tan hermosa.
-Regina.- Estaba a punto de llegar a donde estaba la morena. Ella giró sorprendida de la actitud de la rubia.
-¿Se le olvidó algo, Swan?- No le gustó nada esa mirada de la rubia. No le gustó esa sonrisa picara que se dibuja en su rostro. No le gustó nada la determinación con que se iba acercando a ella. Tenía una idea de lo que pasaba en la mente de la rubia, siempre había sido buena leyendo a las personas. Pudo moverse, pudo pararla, pudo meterse a su casa, pero decidió quedarse justo donde estaba. Su corazón latía con fuerza. Le gustaba Emma, le gustaba mucho más de lo que imaginaba.
Emma no contestó. Simplemente se acercó y la beso. No fue un beso lleno de furia y de deseo, tampoco fue un beso puro y casto. Fue un beso necesitado, fue un beso que expresaba lo que Emma había estado sintiendo desde que la conoció. Puso su mano entre su mejilla y su cuello y atacó su cicatriz, esa que la tenia vuelta loca, empezó con un beso lento pero no tardó en pedir permiso para profundizarlo Contrario a lo que había pensado, Regina cerró los ojos y le correspondió el beso. Eran la gloria esos labios, tenía la sensación de que serían su adicción más profunda. No quería dejar de besarla. Emma no era cursi pero tenía la impresión de que esos labios estaban hecho especialmente para ella. El aire faltó y hubo necesidad de separarse. Le había encantado y había sido mejor de lo que había imaginado. Abrió lo ojos y se topo con una Regina que se llevaba la mano a los labios, serena y con los ojos cerrados.
-Eso es lo que he querido hacer desde que te vi en el café. No voy a quitar el dedo del renglón Regina, sólo para que lo tengas claro. Descansa. Nos vemos muy pronto.- Sonreía como si su vida dependiera de ello. Esa morena besaba mejor de lo que había pensado y lo mejor era que había correspondido a su beso. Dio la media vuelta y se dirigió hacia su escarabajo, ahora si podía descansar tranquila. Esa noche no iba a dormir y no por la desvelada que le esperaba en casa de su amiga sino por la cantidad de fantasías que tendría a consecuencia de ese beso. Hacía mucho que no tenía un día así de bueno.
Regina no contestó, estaba en shock y no porque no esperara el beso de Emma, lo había advertido desde que la vio venir, sino por lo mucho que le había gustado. La Regina normal le habría soltado tremendo bofetón que lo habría recordado toda su vida pero en lugar de eso le había contestado y ¡Dios mío! no se arrepentía de nada.
Sabía de antemano que no dormiría, la situación con Ingrid había empezado a adueñarse de sus pensamientos desde que el silencio se había instalado entre ella y Emma, pero ahora estaba segura de que no dormiría pensando en ese beso que esa rubia le había dado. Necesitaba hablar con Kat, necesitaba hablar con ella ahora. Tomó su celular y marcó el número que ya se sabía de memoria.
-Regina Mills, me abandonas dejándome una simple nota y ahora me llamas para pedirme disculpas he de suponer.- Le sorprendía que su amiga se comunicara con ella cuando sólo la había visto el día anterior. No era propio de Regina Mills.
-Kat, necesito que vengas a mi casa. Salí con Emma Swan por la tarde y acaba de besarme. Me encontré a Ingrid y resulta que quiere verme. Necesito hablar contigo.- Las palabras le habían salido al revés, no estaba segura de que Kat le hubiera entendido. Estaba confundida. Mucho.
-¿Qué?- No le había entendido muy bien a su amiga, Ingrid y Emma en la misma oración no podía traer nada bueno. -¿Te has estado portando mal Regina y no me has invitado?, no te preocupes voy saliendo para allá. Llego en 20. Ve preparando la botella porque me vas a tener que explicar cómo es que terminaste besándote con Emma Swan justo cuando había decidido mantenerte al margen.
...Continuará...
Eso es todo por este capitulo. Quedo al pendiente de sus comentarios. Gracias por leerme.
Saludos.
