Hello Hello!
Mientras me cabeceo con mi Long Fic se me ocurrió esta pequeña historia, así que solté la pluma y me puse a escribir
OJO que es Rating M y, por tanto, sólo para mayores de 18 años.
Disclaimer: No tengo derechos sobre ninguno de los personajes de Harry Potter, aunque a veces quisiera pedirle prestado a Draco un momentito.
Love, Clavito
Se quitó el hechizo Desilusionador en cuanto entró en el estudio y se bajó la capucha. Había estado ahí anteriormente, pero habían pasado años y no sabía si habían cambiado las cosas de lugar. Comenzó a buscar en los cajones, evitando hacer el menor ruido posible. Llevaba años de práctica y ser sigilosa era prácticamente su segunda naturaleza.
Encontró un gabinete cerrado bajo el reloj de pie que había detrás del escritorio y sonrió.
Bingo.
"Alohomora" murmuró, sabiendo que probablemente no lo lograría, tenía que intentarlo, de todas maneras, suspiró y alzó su varita nuevamente "Carpem Aperio"
Nada
"Demonios, tendría que haber sabido que me causaría problemas" dijo para sí, molesta.
Hermione Granger se había convertido en ladrona después de la guerra, y era una de las personas más buscadas por el Ministerio de Magia. Lo cierto era que después de derrotar a Voldemort y ser proclamada heroína por la sociedad mágica, comenzó a darse cuenta que el nuevo gobierno se estaba volviendo más y más corrupto con los años.
Al principio, Kingsley había hecho reparaciones en el quebrado ministerio que había sostenido Voldemort en su período de dominio, sacaron los Dementores de Azkaban, eliminaron los registros de muggles e inyectaron dinero para la reparación de Hogwarts y un montón de poblados mágicos que habían sido aniquilados por los Mortífagos.
La castaña había estado presente en todas esas misiones y se había preocupado de que se llevaran a cabo eficientemente. Sin embargo, una vez que el mando pasó a John Dawlish, las cosas empezaron a ponerse bastante sospechosas. Los libros de contabilidad no calzaban o estaban falseados, las familias de héroes de guerra comenzaron a recibir sobresueldos y se convirtieron en una especie de aristocracia mágica, mientras los más pobres seguían luchando por sobrevivir en una economía que seguía desestabilizada.
El primer año después de la dimisión de Kingsley, intentó cambiar las cosas desde dentro. Estudió exhaustivamente la Ley Mágica e intentó ganar un puesto en el Wizengamot para tener alguna incidencia en las decisiones que se tomaban en el Ministerio, pero Dawlish podía ver sus intenciones y decidió rechazarla olímpicamente, a pesar de estar bien preparada.
Por otro lado, Harry y Ron se habían embobado con los lujos y la fama que les había otorgado la sociedad mágica. Harry se convirtió en Jefe del Despartamente de Seguridad Mágica y Ron se convirtió en Jugador de Quidditch profesional. Su status social había crecido tanto que se encontraban embriagados en él. Hermione intentó que entraran razón durante un buen tiempo, pero no consiguió nada más que alejarlos de su lado, y con ellos, a toda la familia Weasley.
Ella no había firmado para toda ese circo cuando decidió poner en peligro su vida durante el período de guerra. Ella quería justicia, y el infructífero trabajo institucional le había abierto los ojos, mostrándole que jamás la obtendría en un lugar como ese. Un día llegó con determinación al Ministerio y presentó su carta de renuncia a Dawlish y decidió que la tomaría en sus propias manos.
Eso la llevaba a donde se encontraba ahora.
Los rizos de su cabello castaño comenzaron a escapar de su coleta mientras intentaba abrir el gabinete, pero estaba resultando ser una tarea más difícil de lo esperado, y ya llevaba demasiado tiempo dentro de la estancia. Seguro ya había llamado su atención… pero eso no era gran preocupación para la chica.
Había ido a robar allí varias veces, a pesar de la caída dramática en términos de influencia después de la guerra, la familia Malfoy seguía siendo asquerosamente rica, y había ido varias veces a robar a Malfoy Manor, saliendo con las manos llenas de galeones y joyas que repartiría en los sectores más vulnerables de la población.
"Necesitarás algo mucho más poderoso que simples encantamientos de apertura, Granger" dijo una voz desde la entrada del estudio, ella quedó inmóvil "Creí que eras más profesional"
Hermione se dio vuelta para encontrarse frente a frente con Draco Malfoy. El rubio estaba parado con las manos en los bolsillos y una ceja alzada, sus ojos grises la miraban, divertidos.
"¿Hasta cuándo vas a intentar entrar a mi casa y robar sin que te encuentre?" preguntó él.
"Te recuerdo que ya lo he logrado un par de veces, he podido hacer buen uso de todo el oro que tienes ahí, guardando polvo" le contestó ella, desafiante "Debes ser el peor Auror de la historia, no sé cómo Harry no te ha despedido aún"
Malfoy se había convertido en Auror dos años después del término de la guerra, Hermione suponía que después de que su familia lograra rehuir sentencia en Azkaban debido a las acciones de Narcissa cuando le mintió al mismísimo Lord Voldemort respecto a la muerte de Harry lograron quedar sólo en arresto domiciliario. Aun así, su apellido había caído en desgracia y él había decidido hacer todo lo que estuviera en su alcance para limpiarlo.
Contra todo pronóstico, había hecho un gran trabajo hasta entonces.
Sin embargo, de alguna manera, no había sido capaz de arrestarla. Habían estado jugando al gato y ratón durante bastante tiempo y Malfoy había tomado como desafío personal capturarla. Pero al parecer sus deseos habían cambiado un poco en los últimos meses, su pequeño juego de persecución había sido llevado a otro nivel, uno que ninguno de los dos había tenido en consideración, pero era igualmente placentero.
Había comenzado en la mansión de veraneo de los Weasley unos siete meses atrás, cuando Hermione intentó robar una parte de la fortuna que habían adquirido de una cámara acorazada, pero era un plan bastante complejo para sólo una persona, incluso siendo ella. Como era usual, Malfoy llegó a la estancia al reconocer su rastro de magia –la había registrado en uno de sus encuentros-. La chica corrió hacia el estudio, pero el rubio la interceptó a mitad de camino y comenzaron a forcejear.
Estaban en eso cuando a la castaña se le ocurrió la brillante idea de besarlo para aturdirlo por un momento. Fue un error garrafal, lo que había empezado como una simple maniobra de distracción encendió una inesperada llama en ella que se expandió por el lugar como Fiendfyre.
Al principio el rubio la empujó hacia atrás, pero sólo tomó unos momentos para que sus bocas chocaran nuevamente en un frenesí que Hermione pocas veces había sentido en su vida, y se embriagó en él hasta que sus neuronas recuperaron su funcionalidad y escapó por poco, dejando al Slytherin de una pieza. Al menos había logrado hacer pedazos un par de contratos de propiedades que habían comprado los Weasley para lavar dinero.
En fin, Draco Malfoy se había convertido en una droga para ella, y la castaña no tenía ninguna intención de rehabilitarse.
"Podría arrestarte en este momento, hay protecciones anti aparición en mi casa, las puse apenas te sentí entrar" dijo él, acercándose a ella, sin sacar las manos de sus bolsillos. Hermione sonrió.
"Oh, pero ambos sabemos que eso no va a ocurrir" ronroneó ella mientras pasaba alrededor del escritorio.
Draco la miró moverse e instantáneamente sintió un calor recorrer su cuerpo. La mujer frente a él había despertado sensaciones que ninguna otra chica con la que había estado había provocado jamás. Había algo en todo ese juego que la hacía más atractiva e interesante, pero por sobre todo inalcanzable.
Después de meses de besos robados y una pasión que lo único que hacía era crecer con cada encuentro que tenían, él había dejado de intentar contenerse y hacer lo correcto, lo que sea que fuera lo correcto a esas alturas.
La chica se sentó en el escritorio y lo miró con una sonrisa ladeada que, siendo honesto, estaba empezando a competir con la suya. Sus ojos marrones parecían estar escaneándolo y el rubio comenzó a acercarse lentamente.
"Quién hubiera pensado que te transformarías en una manipuladora profesional, Granger, no calza con tu historial de chica buena" le dijo él.
"Hace un buen rato dejé de ser la heroína que todos conocían" dijo ella, seductoramente "Descubrí que ser la chica buena ya no es tan… interesante" terminó en un murmullo.
Él alzó una ceja y se detuvo a centímetros de ella, los dedos le picaban de las ganas de tocarla, pero el juego previo era demasiado tentador como para terminarlo tan pronto. Sin embargo, ella no pareció tener ganas de alargarlo por mucho tiempo, porque sin quitarle la mirada de encima, abrió las piernas y se mordió el labio inferior.
Merlín, Morgana y Salazar…
Se soltó la coleta y dejó caer sus bucles por sobre sus hombros, sin dejar de mirarlo con sus ojos oscurecidos por el deseo, Draco estaba trabajando intensamente en su autocontrol, pero ella no ayudaba mucho.
De pronto, lo agarró del cuello de la camisa y acercó su boca al oído de él.
"Mis necesidades actuales son mucho menos intelectuales, soy una mujer un poco más práctica, si sabes a lo que me refiero" le susurró, y luego pasó su lengua por el lóbulo de su oreja.
Entonces, Draco mandó al carajo cualquier tipo de pensamiento y cerró la distancia entre ellos, le agarró el cabello y su cabeza se inclinó hacia atrás. El rubio comenzó a besar su cuello furiosamente, mientras ella soltaba un gemido de placer, su otra mano se posó en su espalda baja y comenzó a subir peligrosamente. Su cuerpo estaba en llamas y su erección chocó directamente contra el sexo de ella, Hermione soltó un suspiro, con una sonrisa triunfante.
"Vaya, Draco ¿No ibas a arrestarme?" soltó y él mordió un punto en su cuello que sabía era especialmente sensible. El sonido de su nombre en sus labios era adictivo, cuando lo decía en ese tono lograba encenderlo y su sangre empezaba a hervir. Él sólo dejó salir un gruñido, y cuando llegó a la zona en que debió hacer estado su sostén se encontró con la continuación de su espalda arqueada. "Sorpresa"
Maldita tramposa.
La chica lo miró brevemente antes de que sus bocas chocaran con ferviente necesidad, no era un beso suave. Nunca lo era. Era apasionado, sus lenguas bailaban con la otra como en una competencia, sintió sus manos enredadas en su pelo y él empezó a desbotonar su blusa, como señal de que la ropa ya estaba empezando a ser molesta. Ella siguió sus movimientos e hizo lo mismo, experta, trazando pequeños círculos en su pecho.
Cuando hubo terminado su tarea apuró a deshacerse de la blusa, descubriendo los pechos desnudos de Hermione, eran una visión. Eran del tamaño perfecto para que sus mano envolviera uno de ellos, y comenzó a masajearlos, mientras ella terminaba con su camisa.
Las suaves y pequeñas manos de la castaña empezaron a bajar por su pecho y abdomen hasta llegar a su cinturón, en un rápido movimiento, lo había soltado y un segundo después, lo agarró firmemente, la ola de placer que lo envolvió fue indescriptible. Ella empezó a mover su mano hábilmente y Draco soltó un gemido que salió rasposo, tenía la garganta seca. Después de unos momentos él la empujó hacia atrás para que lo soltara y trazó un camino con su lengua y pequeños besos hasta el borde de su pantalón.
No demoró en quitárselo y corrió sus bragas hacia un lado para tener acceso a ella, metió dos dedos y la sintió estremecerse. Sonrió
"Oh, Draco…"
Sin dejar de moverlos, comenzó a besar y repartir pequeños mordiscos por sus muslos antes de llegar hacia su centro. Comenzó a jugar con su lengua en la parte más sensible de la chica, y ella no demoró en hacerle saber su opinión al respecto. Ella respiraba agitadamente y jadeaba, y los sonidos eran música para sus oídos.
Siguió en su tarea, haciendo pequeños círculos con la lengua sin dejar de mover sus dedos. Su humedad reafirmándole a Draco que estaba camino al orgasmo. De pronto, el cuerpo de la chica comenzó a temblar, y el rubio supo que estaba cerca, demasiado cerca.
Los gemidos de Hermione eran cada vez más fuertes y repetía su nombre como un mantra, Draco no se detuvo y la chica sintió una explosión dentro de ella. Sus piernas temblaban descontroladas y Draco sólo se detuvo para poder apreciar su rostro.
La castaña se tomó unos momentos para recomponerse, pero cuando el rubio vio sus mejillas sonrojadas, sus labios hinchados y su mirada nublada se preocupó de guardar esa imagen en su memoria, estaba seguro que no había mujer más hermosa que ella.
La chica no perdió el tiempo, lo buscó urgentemente y sus labios volvieron a encontrarse, los rastros del orgasmo aun vibrando dentro de ella. Enrolló sus piernas alrededor de las caderas de Draco y sus pelvis chocaron con potencia, soltaron un gemido conjunto y él apuró para entrar en ella.
La sensación fue sublime, la chica le repartía pequeños mordiscos en la conexión entre el cuello y el hombro, y sus manos recorrían su espalda. Se movían rítmicamente, cómo si conocieran a la perfección el cuerpo del otro y jadeaban, el sudor hacía de testigo del ardor que sentían por el otro. Draco aumentó la velocidad y ella enterró las uñas en su espalda, lanzándole disparos de dolor y placer en iguales cantidades.
Estaba a punto.
Las piernas de Hermione se volvieron más firmes alrededor se sus caderas cuando lo escuchó sisear su nombre, con la respiración entrecortada. Bien.
En una fuerte embestida Draco llegó al clímax y a los pocos segundos Hermione se unió a él. Se mantuvieron así, inmóviles y abrazados por unos segundos, hasta que él comenzó a repartir pequeños e inocentes besos en su hombros, hasta que llegó a su boca.
Se entrelazaron en un beso suave, clamado y perezoso. Una vez se separaron, Draco apoyó su frente en la de ella mientras su respiración volvía a la normalidad, la vio sonreír por lo bajo. Otra parte de él se removió al ver la expresión de la chica, una parte que no se había atrevido a explorar antes.
El sexo era un terreno seguro, podían jugar y desatar su pasión sin pensar en el después. Pero Draco sabía que había más, que cada vez que se encontraba a la castaña de nuevo esa sensación no hacía más que crecer y lo aterraba. Ella era una fugitiva y él un Auror, no había contradicción ni cliché más tangible que ese.
Hermione, por su lado, no estaba ajena a esos sentimientos. No tenía idea lo que sentía el rubio, pero no podía evitar añorar poder tener esto sin tener que escabullirse e ingeniárselas para verlo. Porque, la verdad era que la chica había incrementado su frecuencia de sus atracos con la intención de tener una excusa para ver a Draco, entraba a robar a su casa sin real intención de llevarse sólo el oro. Buscaba llevarse una parte de él, lo que fuera; pero cada vez necesitaba más y el sexo era increíble, pero su corazón ansiaba más, y no estaba segura de si podría satisfacer esa parte.
Quizás algún día los astros se alinearan y podrían verse y disfrutar del otro más allá de encuentros secretos, quizás llegara el momento en que ambos podrían abrirse y compartir realmente lo que sentían; o, tal vez estarían condenados a esconderse eternamente.
No había respuestas, lo único que sabía era que se verían en un tiempo más en otra estancia, en un atraco distinto, pero ellos seguirían siendo los mismos.
