Hola.
Aqui tienen la nueva actualización, síganme dejando sus comentarios y sus sugerencias que la verdad es que motiva mucho saber que alguien te lee.
15marday: A Regina tienes que tomarla desprevenida para no darle oportunidad de escapar. Espero lo disfrutes. Gracias por leer.
mills: Algo así es la forma de pensar de Regina, pero también hay mucho cariño por Ingrid además de que cuando nos quedamos con la duda de algo es difícil dejarlo ir. Espero disfrutes este capitulo. Gracias por leerme.
NatachaParedes: Pronto. No desesperes. Regina necesita tiempo, es insegura por muy fuerte que parezca. Gracias por leerme.
slj :Regina no está acostumbrada a no tener el control. Por eso Emma la descolora tanto. Muchas gracias por leer. Saludos.
nenagalonso: Me da mucho gusto que la disfrutes. Espero te guste este capitulo y muchísimas gracias por leer.
Julianny: Muchas gracias por leerme. Me da mucho gusto que lo disfrutes. Siempre he percibido a una Emma que reta a Regina que le dice lo que siente y como lo siente, que no se cala nada y eso siempre me ha encantado de la relación de las dos.
Guest : El que no se mueve pierde y más cuando conoces a alguien tan especial que seguro estar;a rodeado de personas admirando su luz. Me da mucho gusto que sigas disfrutando la historia. Muchísimas gracias por leerme y escribir. Actualizo :).
Ana: Qué gusto que la disfrutes, espero este capitulo también te guste. Gracias por comentar y leerme.
Guest : Espero no te haya tocado esperar mucho. Gracias por leerme y escribir.
Espero lo disfruten.
CAPITULO X. Me muero por quemarme.
Se sentó mientras releía por tercera ocasión la nota. Sonreía como una tonta mientras miraba alternadamente la rosa y la nota. Hacía mucho que alguien no la sorprendía tanto, Emma era muy diferente a todas la mujeres que había conocido. Le molestaba eso que empezaba a sentir, la hacía sentir insegura, sin el control de las cosas, desde lo que paso con Daniel se había dado cuenta que el amor era una debilidad y desde entonces se había encargado de no sentirlo de nuevo. Nadie estaba diciendo que amara a Emma Swan pero empezaba a sentir cosas que no le gustaban para nada. Tenía miedo y era ridículo porque ella nunca tenia miedo, siempre estaba a cargo, pero después de ver por quinta vez la nota supo que en esta ocasión, no iba a tener el control.
Había sido una mañana extraña para Regina. En un principio cuando salió de casa tenía ya estructurado que era lo que tenía que hacer. Tenía mucho trabajo. Muchos pendientes. Pero Emma lo había arruinado todo. Había pasado la mayor parte del tiempo pensando en qué diablos decirle y cuando por fin tenía claro que era lo que quería decir paso la otra parte de la mañana pensando en cuando era el momento propicio para marcarle. Tampoco se quería ver desesperada ni mucho menos que Swan pensara que con el detalle la había conquistado. Era por eso que su día pasó de ser muy productivo a un desperdicio.
-Ruby, ya te mandé los cambios, en cuanto el contrato esté listo me lo avisas. Y comunícame con Emma Swan por favor.-
-Claro que sí, Regina. En seguida te paso la llamada.-
-Gracias Ruby. Y una cosa más. Yo sé que quizá esté fuera de lugar pero te pido mucha discreción con todo lo relacionado con la señorita Swan, sobre todo si tiene que ver con mi vida privada.- Sabía que no era necesario decírselo pero nunca estaba de más ese tipo de advertencias.
-No tienes ni que decirlo, Regina. Tienes toda mi discreción, lo sabes. Espero.- Conocía desde hacía tanto tiempo a Regina que sabía que habría un comentario así, no se lo tomaba a mal porque su jefa era muy especial para su vida personal sobre todo cuando se trataba de su oficina. -En un momento te comunico.
-Perfecto. Gracias, Ruby.-
Empezó a ponerse tensa, ya había planeado lo que tenía que decir y parecía que se le empezaba a olvidar todo. El teléfono empezó a sonar y respiro profundo buscando tranquilizarse.
-Aló. ¿Regina?.- Emma sonreía.
-Señorita Swan, buena tarde. ¿Cómo está usted?- Controlaba su tono de voz. No expresaba ningún sentimiento. Era algo que había logrado después de mucho tiempo. Saber qué era lo que pensaba era sumamente complicado, siempre usaba ese tono frío, sobre todo cuando sentía sus barreras sucumbir.
-Pues ahora mismo estoy mucho mejor. Llevo todo el día esperando tu llamada Regina y eso a decir verdad me ha tenido de un humor un tanto complicado. ¿Te gustó el café? ¿La rosa? ¿Mi nota?- Le daba un gusto enorme escuchar su voz, aunque sonara sería y fría. Le gustaba pensar que podría estar tan nerviosa como lo estaba ella.
-No exagere , Swan. Hablo principalmente para agradecerle el café y para concertar una cita con usted para la firma del contrato.- No quería hablar de la nota y de la rosa. Esa era una de las cosas que tenía planeadas.
-No exagero, puedo pasarte a mi compañero que me ha tenido que soportar todo el día para que te diga que estoy diciendo la verdad.- Se imaginaba la ceja levantada de la morena y empezaba a latir su corazón. -Sobre el contrato, estoy a tu disposición, para todo lo que necesites. Sabía que la morena había entendido su indirecta y le encantaba picarla.
-Sólo me interesa la firma del contrato, Swan. Estaba pensando que pudiera venir el miércoles por la tarde. Cuanto antes comencemos mejor. Hay mucho que trabajar aún con su libro.- Hablar de trabajo siempre la hacía sentir segura y hacía que sus nervios se diluyeran. Era un terreno no sólo conocido sino donde era prácticamente invencible.
-A mi me interesa todo que implique pasar tiempo contigo, Regina.- Adoraba como le contestaba, como la hacía pensar que no era importante pero su super poder le decía que era mentira. Que le gustaba que Emma se mantuviera cerca. -Así que me parece perfecto. El miércoles estaré en tu oficina. Nada más recuerda lo que me prometiste.
-Lo tengo muy presente Emma. Cuando tenga oportunidad de conocerme mejor se podrá dar cuenta que no suelo romper mis promesas. Nunca.- Quería colgar. La incomodaba que todo fuera un coqueteo para Emma. No tenía previsto eso.
-Estoy deseándolo, Regina.- Era caprichosa y siempre conseguía lo que quería y por el momento lo único que deseaba era conocer a Regina como nadie.
-Perfecto, Swan. La veo el miércoles, que tenga un excelente día.- No esperó respuesta y rápidamente colgó. La ponía muy tensa, Emma. Y hacía que todos sus sentidos se dispararan.
Después de pasar buena parte de la mañana pensando en la llamada y en lo que había dicho puedo trabajar de nuevo. La otra mitad de la tarde se fue volando, prácticamente había estado inmersa en la cantidad de pendientes que se le habían acumulado al haberse tomado dos días la semana pasada y no haberse presentado el sábado. Cuando más ocupada estaba volvió a sonar su teléfono.
-Mills.- Contestó sin si quiera ver quién era mientras revisaba por tercera vez los reportes de ventas de sus libros del ultimo mes.
-¿Regina?- Su corazón empezó a palpitar muy fuerte. Llevaba todo el día dándose valor para marcarle. Evidentemente quería hacerlo pero no sabía qué debía decir o hacer.
-¿Ingrid?- Checó su celular y se dio cuenta que era un número desconocido. Dejó los documentos que estaba revisando y se concentró por completo en la llamada. La puso en altavoz y dejó el teléfono en el escritorio mientras se tomaba la cara con ambas manos y respiraba tranquila.
Estaba nerviosa de escucharla. Sentimientos empezaron a despertar en su interior. No era mentira cuando le decía a Kat que quería a Ingrid y que se sentía nerviosa cuando hablaba con ella. Habían tenido algo muy especial, algo muy sólido, había sido la única persona con la que había intentado tener una relación, una relación de verdad después de lo de Daniel. Con Ingrid eran unos nervios maduros si se podía llamar así, era un cariño profundo, la conocía ya de tanto tiempo que no había sorpresas sino puros buenos ratos, sentía que estaban en el mismo nivel. Por supuesto que era evidente que Ingrid la quería más pero ella podía hacer el intento de hacerla feliz, esta vez podía hacer un intento de verdad
Sin embargo con Emma era todo un remolino y no tenía claro nada porque Emma no la dejaba pensar, hacía y decía cosas que lo único que lograban era confundirla y sacarla de esa zona de confort en la que tan cómoda se sentía. Nunca podía prever qué era lo que haría o diría, siempre la sorprendía y conseguía que no supiera qué decir y que terminara roja como un tomate y con las palabras atoradas en la garganta.
-Sí, Regina soy yo. ¿Cómo estás? Perdona que te haya llamado tan pronto. Espero no estés ocupada.- No le gustaba balbucear. Regularmente era un mujer muy segura, Regina era la única que conseguía hacerla sentir más pequeña de lo que era.
-Para ti nunca estoy ocupada, Ingrid. Estoy bien, con un día muy atareado pero bien. Tú ¿Cómo estás?- Qué bien se sentía al hablar con Ingrid. Le daba mucha calma, siempre había sido así. 'Qué diferentes eran las llamadas entre una y otra' pensó. Con Ingrid estaba relajada mientras con Emma estaba siempre nerviosa y alerta.
-Tú siempre estás ocupada, Regina, nunca cambias. ¿Recuerdas cuando acampé en tu oficina en protesta de que querías vivir ahí hasta que pasara la publicación de aquél libro? Por cierto ¿Ya comiste?- Sonrío, no le pasó desapercibido el comentario de la morena. De pronto la nostalgia que sentía la embargo completamente, esta conversación la habían tenido muchas veces cuando salían juntas. Ella tratando que Regina saliera temprano y Regina haciéndose del rogar. ¡Cómo extrañaba a la morena!
-Jajaja por supuesto que lo recuerdo. Fuiste la única razón por la que abandoné la oficina. Te veías tan tierna en mi sillón cruzada de brazos esperando a que sacara lo más urgente. Y sí, Ruby se encargó de traerme una ensalada, Ingrid. No te preocupes.- Qué recuerdos aquellos. Habían tenido una buena relación. Había sido su culpa que no funcionara. Se había alejando cuando entra que la rubia empezaba a acercarse demasiado. Sonreía mientras miraba el celular, extrañaba a Ingrid o ¿Extrañaba tener a alguien? no estaba muy segura de eso.
-Siempre me preocupo. En esa ocasión llegué prácticamente al medio día y eran las ocho de la noche y aún seguías sacando 'lo más urgente' después de ocho horas mi paciencia empezó a escasear y tuve que sacar la carta de 'Soy tu novia. Me quiero ir ¡Ya!'. -Tenía que conseguir volver a estar con Regina. A pesar de todo nunca había conseguido sentirse así con alguien más.
-Jajaja recuerdo perfecto tu expresión pero creo que estás olvidando la amenaza que me hiciste, querida.- Le habló como conteniendo una carcajada de sólo recordar. Estaba disfrutando mucho hablar con Ingrid. Siempre había sido fácil hacerlo. Extrañaba sus consejos cuando de trabajo se trataba y como la entendía o buscaba hacerlo por más loca que fuera su idea.
-No la olvido. Sólo me avergüenzo. Además en mi defensa diré que tenía una semana que no te veía por más de cinco minutos y te extrañaba. Te extrañaba mucho- Ni siquiera la tenía cerca y no podía evitar sonrojarse cuando recordaba ese momento.
-Déjame ver si recuerdo bien 'Regina Mills, si no dejas en este momento lo que sea que estás haciendo y vienes conmigo a casa voy a despejar ese escritorio tuyo y te voy a hacer el amor justo ahí. Me tiene sin cuidado quién entre'.- Imitó lo más que pudo la voz de Ingrid. No pudo evitar mirar el sillón donde Ingrid le había hecho esa amenaza. Sintió como sus mejillas se teñían de rojo y como unas mariposas discretas se instalaban en su estomago. -Por su puesto que me levanté y nos fuimos a casa, yo también te extrañaba Ingrid.
-Yo todavía te extraño, Regina.- Las palabras de la morena le habían sacado una sonrisa y al mismo tiempo se le había hecho un nudo en la garganta. Eran sentimiento muy profundos los que tenía, de tan sólo recordar lo que pasó ese día cuando volvieron a casa el corazón se le aceleró. Se aclaró la garganta. -Evidentemente tenías que recordármelo y conseguir ponerme nerviosa sin ni siquiera estar presente. Pero no es por eso por lo que te llamé. Quisiera invitarte a comer, cuando tengas oportunidad, sólo avísame y me hago tiempo.-
-Por supuesto que sí, Ingrid. Tengo muchas ganas de hablar contigo. Esta semana la tengo algo apretada pero el viernes me puedo hacer un tiempo y podemos ir a comer e ir a tomarnos una copa. Ponernos al día con todo.- No le gustaba mentir, no acostumbraba hacerlo. Es por eso que no le había dicho que la extrañaba, es decir, extrañaba lo que tenía con ella pero no estaba segura de extrañarla a ella. -¿Podemos vernos en tu oficina? Oh diablos, olvídalo. Tuve un accidente menor y no tengo carro aunque puedo ir en taxi.- Divagaba.
-Por supuesto que no, no voy a dejar que te traslades es taxi. Yo voy por ti a tu oficina, sirve que me explicas qué le pasó a tu hermoso Mercedes. Paso por ti a eso de las dos de la tarde. Un abrazo muy fuerte Regina.- No quería colgar pero tampoco quería presionar mucho a la morena. Esta vez irían a su tiempo, hasta que estuviera lista.
-Muchas gracias, Ingrid. Te veo aquí el viernes. Un abrazo de vuelta.- Colgó el teléfono y sonrió. Tenía ganas de ver a Ingrid, habían sido buenas amigas y había sido una buena compañía. Sería interesante esa comida, quería estar con ella y darse cuenta de qué sentía por ella.
No quería ponerse nerviosa antes de tiempo. No quería pensar en Ingrid. Esperaría a que fuera viernes y ya vería cómo reaccionaba con ella.
Esa platica con Ingrid le había recordado que no tenía carro y no se le antojaba tomar taxi así que tomó su teléfono y le mando un mensaje a Kat para que pasara por ella. No tardó mucho en llegar la respuesta '¿Tres días seguidos? Creo que voy a llorar. Por supuesto Gina. Nos vemos por la noche. Te quiero'. Sonrió. Kat siempre le sacaba una sonrisa.
El resto de tarde estuvo tranquila, sus pensamientos se alternaban entre Emma e Ingrid, Ingrid y Emma. Había avanzado bastante con todo lo que tenía atrasado pero el trabajo siempre se le acumulaba. Realizó una última llamada y decidió servirse una copa mientras esperaba a Kat. Llevaba varias noches en las que no lograba descansar bien, siempre estaba Emma metida en sus sueños o en su inconsciente. Necesitaba urgentemente una noche entera de sueño. Justo cuando estaba a punto de terminarse su copa tocaron la puerta y entró Kat. Siempre había lo mismo, tocaba pero nunca esperaba a que le dieran el pase, se metía en su oficina como si fuera la propia. No quería decirle lo que había pasado con Emma ni la llamada con Ingrid porque aún no estaba segura de cómo se sentía al respecto.
-Kat. ¿Por qué no me avisaste que estabas por llegar? Yo habría bajado y no tendrías que haber subido en balde.- La verdad es que no tenía ganas de que subiera su amiga. Siempre lograba sonsacarle información a Ruby por más que le advirtiera a esta última que tuviera cuidado con su amiga.
-Hola Gina.- La miraba a los ojos. Eso siempre funcionaba para desarmar a Regina. Tenía muchas máscaras pero sus ojos siempre eran muy transparentes. -No te preocupes, no subí en balde. Ruby me dijo que estabas en una llamada y una platica sacó a la otra y me enteré que te vinieron a traer un regalo en la mañana.- No dejaba de mirarla. No parpadear, ése era el secreto.
-No entiendo cómo consigues sacarle la información a Ruby, le he advertido tantas veces que tenga cuidado contigo pero nunca me hace caso.- Iba a intentar cambiar de tema pero sabía perfectamente que no serviría de nada con Kat, así que suspiró y empezó a hablar. -No fue un regalo, es un simple café, sabes perfectamente que soy adicta y por lo visto la señorita Swan ya se dio cuenta de ello también. No tiene importancia. Anda ya vámonos.- Había sido una suerte que Ingrid marcara a su celular y no a la editorial, si no Kat ya lo sabría también. Tomó sus cosas y se dirigió hacía la puerta.
-Por favor no regañes a Ruby, ya sabes que yo soy única para obtener la información que quiero. No es su culpa.- Sabía que Regina no lo haría, hacía ya tantas veces que había hecho lo mismo pero no estaba de más recordárselo. -Y supongo que la rosa y la nota no son parte del regalo. Muero por conocer a esa Emma Swan, qué tiene que te pone tan nerviosa.- Tenía una gran sonrisa y le guiñó el ojo a la morena. Se acercó a la puerta y salió.
-Ruby, me voy. Ya todo está listo para la firma del contrato de la señorita Swan. Arregla todo para el miércoles. De todas formas mañana verificamos todo hasta que esté todo listo. Llama una vez más al mecánico para saber cuánto tiempo tardaran en arreglar mi Mercedes y presiónalos para que esté lo antes posible por favor. No puedo estar más días sin mi carro.- Tenía una mirada severa, estaba segura que sin decir nada ya le había dicho a su asistente que estaba enterada de lo comunicativa que había sido con Kat.
-Por supuesto que si señora Mills. Mañana nos vemos.- Era evidente que Regina ya sabía lo que le había contado a Kat pero la verdad era que ni siquiera se había dado cuenta cuándo se lo había dicho, estaban platicando de una cosa y después ya estaban hablando de Emma Swan.
-Regina, Ruby, soy Regina. Ya tenías varios días llamándome así. No te cohibas por el hecho de haberle contado lo que pasa en la oficina a Kat, tengo la firme esperanza de que llegará el día en el que Kat no sea capaz de sonsacarte nada.- Era una reprimenda pero sumamente sutil. Kat era muy hábil, no era justo que se molestara con Ruby por eso.
-Disculpa Regina, no volverá a pasar.- Tenía la mirada fija en el suelo. Estaba apenada.
-Por supuesto que va a volver a pasar y tú deja de regañarla Regina, que entre Ruby y yo nos encargamos de cuidarte, así que tenemos que estar en contacto para que todo funcione como debe ser.- Se giró hacia la pelirroja. -No le hagas caso Ruby, ya sabes que cuando tiene un día muy complicado se pone muy pesada.- Le guiño el ojo y jaló a su amiga hacía el asesor.
Se subieron al ascensor y básicamente la conversación se basó en una Kat tratando de sacarle qué era lo que decía la tarjeta y una Regina firme que se negaba a revelar algo que la ponía tan incomoda. Las puertas del ascensor se abrieron y salieron.
Una Emma Swan muy sonriente las esperaba en las puertas de cristal de la recepción. En cuanto las vio se acercó a ellas. Mientras se acercaba, Regina pudo ver su atuendo. Llevaba un pantalón de mezclilla ajustado. Muy ajustado. Unas botas café obscuro. Una camiseta blanca. Una chaqueta roja. Llevaba el cabello suelto. Maquillaje ligero, Todo por separado parecía un atuendo normal, sin chiste y completamente diferente a lo que Regina le resultaba atractivo, pero en conjunto y sobretodo puesto en esa rubia no le resultaba tan desagradable, tenía un efecto extraño. La atraía.
-Buenas noches, señorita Swan. ¿Qué hace usted aquí? Creo que por la mañana le dejé claro el día en que tendría que venir a las oficinas de la editorial a la firma de su contrato.- Estaba tratando de sonar indiferente pero la verdad era que su voz la delataba. Por su puesto que sólo Kat se estaba percatando del efecto que Emma estaba teniendo en Regina. Era la persona que más la conocía y le resultaba tan extraño como divertido.
-Y quedó perfectamente claro Regina. Pero tengo el pretexto perfecto para estar aquí.- Tenía las manos traseras en las bolsas de su pantalón. Estaba muy nerviosa pero había tomado la decisión de venir en un momento de locura, como sus mejores decisiones, y ya no podía echarse para atrás.
-El cual es…- Regina cruzó los brazos, quería dar la impresión de estar molesta por estar perdiendo el tiempo. Pero la verdad era que le intrigaba la razón por la que Emma estaba en su oficina además de que las mariposas estaban teniendo una festín en su estomago. Estaba haciendo todo lo humanamente posible por no recorrer el cuerpo de Emma, por concentrarse en mirar únicamente su cara. Esa mujer era hermosa, se pusiera lo que se pusiera.
Kat era una mera espectadora, ver a Regina así de nerviosa e insegura era algo digno de presenciar. Esta mujer tenía algo, algo diferente y sin lugar a dudas afectaba muchísimo a Regina. Era muy hermosa y aunque no se vestía como las mujeres que Gina regularmente frecuentaba era su tipo en cuanto a su físico. La morena tenía una debilidad por las rubias. Definitivamente era mejor de lo que esperaba, Emma retaba a Regina y hacía lo que se le antojaba, era por eso que su amiga siempre estaba se encontraba sorprendida y sin saber bien cómo actuar. Esta Emma Swan no le daba tiempo para planear sus movimientos. Emma Swan le gustaba para su amiga, le gustaba mucho.
-No quería que tomaras taxi a tu casa. Resulta que sé que no tienes tu auto y yo quería ofrecerme a llevarte a tu casa. No puedes decirme que no porque tengo una hora esperándote, preguntarle a mi nueva amiga.- Volteó a ver a la recepcionista que las miraba con una sonrisa tímida. -Anda Regina déjame llevarte a casa.- Ladeó la cabeza y le regalo una media sonrisa, esa era su oportunidad. Si eso no la convencía, nada lo hará.
-Ya tengo quien me lleve a casa señorita Swan.- La voz le salió mucho más débil de lo que quería, la verdad era que esa cara que Emma le había puesto la había desarmado y lo único que quería era decirle que sí. Necesitaba dejar de verla. -Perdón, Kathryn. Ella es la señorita Swan, una escritora que estamos a punto de firmar. Señorita Swan ella es Kathryn.
-Mucho gusto ¿Emma?, Regina tiene una obsesión con llamar a la gente por su apellido, no te lo tomes a pecho. Yo soy Kathryn, su mejor amiga. No vayas a pensar que entre nosotras hay algo.- Le tendió la mano a Emma mientras ignoraba la mirada asesina que le estaba dando la morena por haber dicho todo lo que había dicho. -Bueno Gina, pues yo me retiro. Acabo de recordar que tengo algo muy importante que hacer y no voy a poder llevarte.- Besó a una Regina que había pasado de estar muy molesta a un estado de shock y dirigió su mirada hacía Emma. -Mucho gusto en conocerte Emma, cuida a mi morena favorita.- Se dirigió hacia las puertas de cristal.
-¡Kathryn!- Regina que había recuperado el habla miraba a su amiga incrédula de lo que estaba pasando.
-Perdóname Regina, pero te prometo que en un futuro me lo agradecerás. Y tú, Emma, me debes una.- Le guiñó el ojo y se fue.
-Qué lastima que se haya tenido que ir tu amiga Regina, me cae bien.- Emma sonreía, los nervios se empezaban a desvanecer poco a poco. No se había podido percatar de lo hermosa que se veía Regina pero no había habido día en que no la encontrara deslumbrante. -Anda, que no soy tan mala compañía, te prometo hacerte reír.
-Pues no tengo opción.- Empezó a caminar hacía la rubia. Estaba molesta. No le gustaba que le impusieran las cosas y evidentemente Kat se las iba a pagar pero por otra parte no era tan desagradable la compañía de Emma, aunque no quisiera aceptarlo.
Era la segunda vez que se subía a ese escarabajo amarillo y en definitiva no se había equivocado, era espantoso, no podía creer que la rubia no tuviera la capacidad económica para comprar algo mejor. Llevaban ya quince minutos de camino, le iba dando las indicaciones a Emma para que llegaran lo antes posible a su mansión. Era muy peligroso estar tan cerca de Emma sobretodo cuando el sentimiento de molestia se iba desvaneciendo.
-Eres preciosa cuando sonríes.- Después de quince minutos de silencio únicamente roto por las indicaciones que le daban, había decidido empezar a hablar. Le iba a robar una sonrisa aunque su vida se fuera en ello. -Pero cuando estás molesta eres sumamente hermosa, aunque déjame decirte que se te dibujan unas arrugas en la parte lateral de los ojos, ¿Lo habías notado?- Evidentemente era mentira pero esa era un forma muy efectivo de conseguir que Regina dejara de estar con los brazos cruzados.
-Por supuesto que no tengo arrugas.- Rápidamente se miró en el espejo del copiloto del escarabajo entre preocupada y ofendida.
-Pero claro que no las tienes pero es que se te iban a dormir los brazos de tenerlos cruzados. Eres preciosa, ya te lo dije. Y me encantas de todas formas. Pero cuando estás enojada sólo puedo pensar en cómo quitártelo.- La volteó a ver y le guiño el ojo.
-Una broma de pésimo gusto, Swan. Y basta de coqueteos por favor.- Emma y sus comentarios inapropiados.
Llegaron a la mansión y Emma estaba un poco cabizbaja, definitivamente no había salido como ella pensaba. Un último intento, pensó. Bajaron del escarabajo y Regina dijo un seco gracias y se dirigió hacía la puerta, sin embargo Emma se recargó en su escarabajo.
-¿Ya decidiste si me aceptas para practicar tus besos, Regina?- No quería que terminara la visita, era su última oportunidad.
Regina estaba a punto de llegar a la puerta cuando la escuchó. -Suficiente.- murmuró. Se giró y caminó hacía la rubia, caminaba lento de forma que era imposible no mirar esas curvas, iba con una medía sonrisa y sus ojos obscuros miraban directamente a los ojos verdes de Emma. La rubia estaba hipnotizada por la forma en que Regina se movía, como venía hacia ella, no se quería mover porque no quería despertar, Regina caminando así hacia ella tenía que ser un sueño. No pudo evitar recorrer su cuerpo con la mirada, se moría por tocarla. Regina puso un brazo en cada lado del escarabajo, aprisionándola, no dejaba de mirarla y Emma se quedó sin habla. Se acercó primero a sus labios y Emma pensó que la besaría pero no fue así, se desvió y se dirigió a su oído, muy bajito le dijo.
-Tenga mucho cuidado con lo que desea, Swan. No vaya a ser que un día tenga mucha suerte y se le cumpla y usted, estando ahí, ya no sepa qué hacer.- Le susurró todavía más bajo. -Ten cuidado, Emma, no te vayas a quemar.- Su corazón latía con fuerza pero estaba haciendo su mejor actuación. Tenía muchas ganas de besar a Emma, tenerla tan cerca, regularmente la ponía muy nerviosa pero en ese momento sólo pensaba en acariciar a la rubia en acariciar todo su cuerpo. Sus instintos amenazan con fallarle. Pero tenía que bajarle los humos a esa rubia. Emma no hablaba, sólo miraba alternadamente entre los labios de Regina y sus ojos. Se dio la media vuelta, antes de que sus piernas empezaran a temblar y se dirigió lentamente hacia su casa. Abrió la puerta y se giró. -Buenas noches señorita Swan.- Había dejado a Emma justo como había querido, por primera vez la dejó sin palabras. Entró y cerró.
El sonido de la puerta cerrándose la sacó de su letargo. Rápidamente abrió su escarabajo y sacó un papel y un lapicero. Escribió una nota. Corrió hacía la puerta y la deslizó por debajo.
Del otro lado una Regina que estaba recargada en la puerta con una mano en el corazón y sumamente agitada vio como deslizaban algo por debajo, era una nota. La tomó.
Quiero quemarme, Regina.
ME MUERO por quemarme.
...Continuará...
Espero sus comentarios,
Saludos.
