Hola,

Va el siguiente capitulo. Muchas gracias por leerme y por comentarme. Saben que estoy muy abierta a las recomendaciones. Espero lo disfruten mucho.

kykyo-chan: Jaja, Emma es alguien a quien es difícil decirle que no. Bueno eso creo. Gracias por comentar. Saludos.

mills1 : Espero disfrutes este capitulo. Creo que es momento de llorar. Saludos.

Ana : Espero no haber tardado tanto. Muchas gracias por comentar. Disfruta.

Guest cut : Actualizo. Saludo. Gracias por comentar.

Julianny : Emma nos quiere llegar al punto de querer a alguien porque siempre sale lastimada. Gracias por leer y comentar. Saludos

Guest : Espero no haber tardado mucho. Qué gusto que disfrutes. Gracias por leer. Saludos.

Guest : Me intrigas. Es tu derecho y no puedo hacer nada al respecto. Haces bien tu trabajo entonces. Muchísimas gracias por leerme y muchas otras gracias por comentar. Me alegra mucho que pienses que escribo bien. Anotado. Anotadísimo. Saludos.

Guest: Qué gusto que disfrutes. Gracias por comentarme. Saludos.

15marday Creo que cuando Regina no tiene el control se estrena y eso me agrada. Alguien que te saque de tu zona de confort siempre es bienvenido. Gracias por leerme y por comentar. Saludos.

Violetta9017 Qué gusto que me leas. Muchas gracias. Saludos y gracias por comentar.

Guest : Sí, a mí también me lo parecen. Saludos y muchas gracias por comentar.

Elaqueen Exacto! Adoro esa parte de Emma. Mucha gracias por leerme y de verdad muchas gracias por comentar. Me da mucho gusto que te guste. Cualquier recomendación no dudes nada en decirme. Saludos.

CAPITULO XII. Del amor al odio hay un paso.

Tenia el presentimiento de que había arruinado todo. No tenía porque darle explicaciones a nadie y sin embargo era la primera vez que quería hacerlo. La había lastimado, estaba segura, la expresión en su rostro lo decía todo. No había hecho nada malo pero entonces qué era ese vacío en el estomago.

El último mes había sido una sorpresa. Su trabajo siempre había sido lo más importante, era de las pocas cosas que le daban paz pero desde que Emma había empezado a aparecerse por la editorial todo era mejor. Empezando porque todos los días le llevaba su café, desde que le había dado su celular, Emma le escribía todas las mañanas para preguntar si estaba en la oficina y así la entrega la hacia personalmente. Seria ridículo decir que no esperaba su mensaje todas las mañanas y también era ridículo negar que ponía mayor esfuerzo en su atuendo. Ver a Emma a diario se había convertido, como su café, en parte de día a día, era un rutina, era una rutina que disfrutaba de verdad.

El encuentro que habían tenido a media noche, cuando la rubia le llevó la lasaña, había sido determinante para la nueva actitud de Emma. Su relación era más cercana ahora, era como si las dos supieran algo que nadie más sabía. Era un juego, coqueteaban entre los pasillos. La verdad era que había decidido no involucrarse directamente con Emma, sin embargo, la rubia siempre la tenía al tanto, cuando Emma terminaba las juntas que tenía con Sidney pasaba a su oficina a contarle como iba todo y a despedirse mientras coqueteaba con ella. Si era ella la primera en irse pasaba a la oficina donde estaba Emma y preguntaba cómo iba todo, Sidney siempre daba el informe pero la rubia nunca hablaba, sólo sonreía y la miraba, la admiraba.

Inclusive Kat se había percatado de cuanto había cambiado con la presencia de Emma, se aparecía de forma regular por la editorial, cada tercer día para ser exacta. Se llevaba de maravilla con Emma, cuando coincidían charlaban por mucho rato y cuando resultaba que ella estaba cerca se dedicaban a molestarla, Kat solía contarle detalles de su vida o de su personalidad, evidentemente la incomodaba que Emma supiera cosas de ella y siempre estaba regañando a Kat por lo que revelaba, odiaba sentirse vulnerable. Kat era la única persona que podía presumir que la conocía y parecía que quería que Emma formara parte de ese selecto grupo.

Emma se había ido metiendo en sus pensamientos desde el principio pero desde hacia un mes se había ido metiendo en su vida también. Pero la última semana había sido diferente, la rubia tenía que hacer unos ajustes del libro, Sidney no estaba seguro de unas partes del texto y Emma no cedía en los cambios que quería hacer, decía que tenia que hablarlo con ella y sin preguntarle a nadie se metió en oficina.

-Señorita Swan, ¿Qué hace aquí? ¿Cómo se le ocurre meterse así a mi oficina? Imagine que estuviera en una junta.- Dejó lo que estaba haciendo y vio a una Emma sonriente que cerraba la puerta.

-¿Ya sabes los cambios que quiere hacer ese Sidney a mi libro? ¿Estás de acuerdo? Es obvio lo que estoy haciendo aquí, moría por verte y Sidney me dio el pretexto para hacerlo. Pues me hubiera disculpado y tu podrías decir que es la escritora que tanto te gusta y por eso no piensas regañarme.

-Es usted muy presuntuosa, Swan. Algo me comentó Sidney de eso, pero la verdad no estoy muy enterada. Según tengo entendido únicamente te los iba a comentar, aún no es nada seguro, solamente quería saber que opinabas.- No pudo mantener su tono serio, los comentarios de la rubia la habían puesto algo nerviosa y se había acomodado en su sillón para disimular. Llevaba unos documentos en la mano, seguramente son los cambios pensó.

-Eres preciosa cuando estás nerviosa.-

-Deje ya de coquetear, Swan. Explícame qué es lo que no te parece de las propuestas de Sidney.- Emma había aprendido a leerla sin tener tanto tiempo de conocerla. Se volvía transparente ante ella o al menos así se sentía.

Pensaba en eso cuando vio a Emma dar la vuelta al escritorio y colocarse justo detrás de ella, mientras le ponía enfrente los documentos que llevaba colocaba ambas manos en el escritorio, una cada costado de ella, atrapándola, hablándole al oído.

-Subrayé lo que no me tiene muy convencida y que me gustaría discutir contigo, cuando tengas un momento por supuesto, no quiero interrumpirte, ni mucho menos distraerte.

Su cerebro no estaba funcionando, estaba intentando encontrar las palabras, quería ser mordaz y sarcástica pero no sabia que decir. Tener a Emma tan cerca y hablándole en ese tono la descontrolaba. Sabía que si se giraba se encontraría con los labios de la rubia y quería y al mismo tiempo no.

-Déjame revisarlo y te aviso cuando tenga algo.- Estaba incomoda y eso era evidente. Emma invadiendo su espacio personal se estaba volviendo algo de todos los días y aún así los nervios estaban presentes. Se levantó para evitar que Emma siguiera hablándole al oído porque su piel empezaba a reaccionar.

-Definitivamente me encantas cuando estas nerviosa.-

Un beso en el cachete y se salió de la oficina, esa era Emma Swan. Le encantaba Emma Swan.

Hablar con Kat de las cosas siempre las hacía reales, por eso le costaba tanto hablarlas con ella, por eso terminaba contándole las cosas cuando ya no podía más. Kat adoraba a Emma, le encantaba lo espontánea que era y la luz que irradiaba.

-Invade mi espacio penal Kat, todo el tiempo esta coqueteando conmigo. No me deja pensar con claridad. ¿Has visto su forma de vestir? Somos polos opuestos Kat.- Enumeraba los defectos de Emma mas que para convencer a Kat de lo diferentes que eran para convencerse a si misma de que no era lo más conveniente tener una relación con ella.

-¿Tu también notaste lo increíble que se le ve el trasero con esos jeans? Lo que tienes es miedo. Esa mujer no responde igual que los demás a tus amenazas, pareciera que es inmune a ellas. Tienes miedo y es normal pero Emma es preciosa y te encanta.

-No he notado absolutamente nada, no seas ridícula.- Por su puesto que lo había notado, incluso mucho antes que Kat se diera cuenta. Odiaba cuando su amiga le cambiaba de tema o salía con una tontería que la hacia reír y ya no podía mantenerse enojada. -No la amenazo, únicamente trato de mantenerla a raya pero parece que de nada sirve, hace lo que se le antoja de todas formas. Además tengo que recordarte que estoy saliendo con Ingrid, la paso muy bien con ella, sin llegar a este estado de estrés y de nervios permanentes que me inundan cuando tengo a Emma cerca.

-Eso es algo que tienes que solucionar cuando antes, Gina. Las dos sabemos que Ingrid no es para ti, que tienes a Emma en el corazón, digas lo que digas. Vas a terminar lastimando y ninguna de las tres se merece algo así.

-Es que tu lo tomas como si la decisión estuviera tomada, como si estuviera saliendo con las dos y no es así. No he salido con Emma en plan de cita y no quiero hacerlo, sin embargo, me gusta hacerlo con Ingrid, me divierto y me encantan nuestras conversaciones y ella fisicamente es preciosa e intelectualmente vamos para donde mismo. Es lo que necesito ahora y lo sabes, sé que lo sabes.- Caminaba por su oficina como siempre que hablaba de algo o alguien que la apasionaba.

-¿Estás intentando convencerme de que Ingrid es lo mejor para ti? Porque así parece, no estás convencida de eso y quieres que yo te dé la bendición. Adoro a Ingrid y tú lo sabes pero jamás te he visto tan viva como cuando estás con Emma. Podrás intentar engañarte a ti misma pero no puedes engañarme a mi y por lo visto tampoco a ella que parece que ya se dio cuenta de como te sientes con ella.

-Te odio.- Odiaba no tener razón, odiaba que Kat llegara y echara por tierra todas sus esfuerzos de mantenerse alejada de Emma. Odiaba lo transparente que era con ella.

-Me amas. Todo estará bien, Gina. Confía un poco en Emma, dale una oportunidad. Y por favor, arregla lo que tienes que arreglar con Ingrid antes de que alguien alga lastimado.

Ojalá hubiera escuchado a su amiga. O más bien precisamente por intentar arreglar las cosas con Ingrid terminó jodiendo todo. Sentía como sus ojos se llenaban de lagrimas cuando recordaba la cara de Emma. Kat se lo había advertido. De verdad había jodido las cosas.

Ingrid estaba preciosa cuando llegó por ella, había estado saliendo de forma regular en todo el mes, siempre era Ingrid la que se comunicaba con ella para quedar y la verdad era que a Regina no le disgustaba para nada. Le gustaba Ingrid, le encantaban sus ojos, su forma de pensar, lo elegante y hermosa que era. Estaba segura de que Emma la hacía sentir cosas especiales y de pronto tenía una cita con Ingrid y dudaba de todo. Si no se hubiera metido Emma en su vida seguramente ya habría vuelto con Ingrid y sin embargo parecían tener una relación de secundaria. No dejaba que la besara., a pesar de los esfuerzos de la rubia por hacerlo, sin embargo, le encantaba coquetear con ella y tenerla cerca, que la tomara de la mano. Estaba confundida y odiaba esa sensación.

-Estás preciosa, Regina. No sabes lo bien que la he pasado contigo el último mes.

-Tú también eres preciosa., Ingrid. Lo sabes. Yo también lo he pasado increíble contigo.- Esa noche le iba a decir a Ingrid que necesitaba tiempo para pensar, que necesitaba tener un tiempo sola. Esa era la intención de que por primera vez ella haya sido la que la busco para salir. -Necesitamos hablar, Ingrid.-

No supo cómo fue pero terminó con los labios de Ingrid sobre los suyos, estaba sorprendida porque Ingrid no era así, no era alguien que robara besos. Por su puesto que empezó a sentir algo, le gustaba Ingrid y le tenía un cariño muy profundo. Pero no pudo profundizar en sus sentimientos porque vio como Emma Swan se quedaba paralizada a mitad del camino que llevaba a la puerta de su mansión . Le quería dar una sorpresa, como la vez de la lasaña porque llevaba una botella en una mano y una bolsa que parecía de comida en la otra.

Ingrid estaba de espalda, no podía ver a Emma, pero ella la veía con claridad. Pudo ver la decepción en la cara de Emma, pudo ver el dolor en su mirada. Le parecieron eternos los segundos que Emma permaneció viéndolas. No dijo nada sólo dio media vuelta y se subió a su cacharro amarillo.

El vacío que estaba sintiendo en ese momento se instaló en cuanto vio a Emma, no la había abandonado desde entonces. No supo cómo despidió a Ingrid, se supone que hablaría con ella pero ese nudo en la garganta no le permitía decir nada.

Entró a su mansión y se sirvió una copa de vino. Tenia el presentimiento de que había arruinado todo. Estaba segura de lo había jodido todo.

No supo cuánto tiempo tardó en llegar a casa de su amiga. Sentía lagrimas recorrer sus mejillas mientras se bajaba del escarabajo. No podía creer lo que acababa de ver. Tenía el corazón roto. Era ridiculo pero sentía que algo se había roto en su interior. Ese sentimiento era el que había estado intentando evitar toda su vida. Ese sentimiento de profunda tristeza. Ese sentimiento de abandono. Maldita la hora en que la conocí, pensó. Tocó la puerta y esperó.

Continuará

Espero sus comentarios. Gracias por leerme.

Saludos.