Hinata supo que iba a recibir malas noticias cuando Neji la hizo llamar para que acudiera a su estudio sin la compañía de Hanabi. Para empeorar las cosas, Tenten, que solía hacer de intermediaria entre Hinata y Neji, no estaba presente. Había ido esa tarde a visitar a Shion, que se recuperaba en casa después de haber dado a luz un hermoso bebé hacía semana y media. La robusta criatura de cabello oscuro —a la que llamaban Taron— se parecía mucho a su padre. «Aunque es más guapo que yo, gracias a Dios», había dicho el señor Taruho con una sonrisa. El nombre del niño procedía de la palabra galesa para denominar al trueno, algo que, de momento, el bebé había justificado plenamente cada vez que tenía hambre.
Durante el alumbramiento, Shion había sido atendida por la doctora Shiho, que era uno de los médicos de los grandes almacenes que poseía el señor Taruho. La doctora había sido una de las primeras mujeres en obtener el título de médico y cirujano en Inglaterra, por lo que además de ser muy capaz, estaba familiarizada con las técnicas modernas. Se había ocupado de Shion de una forma magnífica, a pesar de que su hermana había tenido un momento difícil durante el parto y desarrollado un leve caso de anemia por la pérdida de sangre. El médico le había recetado pastillas de hierro y un prolongado reposo en cama. Shion mejoraba día a día.
Sin embargo, el señor Taruho —que ya era un hombre protector por naturaleza— había insistido en estar junto a su mujer cada minuto posible, dejando de lado la montaña de responsabilidades que se iban acumulando en la tienda. No importaba que Shion le asegurara que no corría peligro de padecer una fiebre puerperal ni ninguna otra condición peligrosa, él permanecía junto a su cama en una vigilia constante. Shion se pasaba la mayor parte del tiempo leyendo, cuidando al bebé y jugando a entretenimientos sosegados con su pequeña hermanastra Hotaru.
Esa mañana, Shion había enviado una nota, pidiéndole a Tenten que la visitara para que el señor Taruho aceptara acudir a su despacho y atender algunos asuntos urgentes de la empresa. Por lo que contaba Shion, los empleados de su marido estaban volviéndose locos sin él, y ella estaba volviéndose loca con él.
La casa parecía anormalmente tranquila cuando Hinata llegó al despacho de Neji. La luz de la tarde entraba sesgada por los múltiples cristales de las ventanas que había entre los paneles de roble.
Neji se puso de pie cuando ella entró en la estancia.
—Tengo noticias —anunció, haciéndole un gesto para que tomara asiento junto al escritorio—. Dado que es algo referente a Saint Namikaze, he pensado que debía consultarlo contigo antes de comunicárselo a los demás.
A ella se le aceleró el corazón al escuchar ese nombre. Se hundió en la silla y colocó las manos sobre el regazo.
—¿De qué se trata? ¿Ha retirado su propuesta?
—Todo lo contrario. —Neji volvió a sentarse y se enfrentó a ella—. Saint Namikaze ha extendido una invitación para que vayamos a visitar la finca de su familia en Sussex. Estaremos allí una semana. Eso permitirá que las dos familias...
—No —lo interrumpió Hinata, que sintió repentinamente como si sus nervios se pusieran en alerta—. No puedo consentir eso.
Neji la miraba con el ceño fruncido de perplejidad.
—Es la oportunidad perfecta para que nos familiaricemos con ellos.
Eso era exactamente lo que temía Hinata. Los duques de Kingston y su prole de alta cuna solo querrían mirarla por encima de su elegante hombro. Su desprecio quedaría cubierto tan solo por una fina pátina de cortesía. Cada pregunta sería una prueba, y cada error anotado y almacenado para futuras referencias.
Hinata se paseó por el perímetro de la estancia presa de la agitación, su falda se movió, haciendo que las motas de polvo se arremolinaran en el aire, formando pequeñas y relucientes constelaciones. Cada vez que pasaba junto al contundente escritorio, los montones de papeles se agitaban en protesta.
—En el momento en que terminen conmigo, voy a estar hecha polvo y consumida como una trucha preparada para cocinar.
—¿Por qué iban a maltratarte después de haberte invitado? —preguntó Neji.
—Podrían estar tratando de intimidarme para que rechace la propuesta de lord Saint Namikaze, así no tendrá que retirarla, lo que sería impropio de un caballero.
—Solo quieren conocerte —repuso Neji con tanta paciencia que ella quiso explotar como un budín horneado demasiado tiempo—. Ni más ni menos.
Ella se detuvo en seco, con el corazón retumbando en su pecho como un pájaro salvaje al que hubiera enjaulado.
—¿Qué opina Tenten sobre esto?
—Todavía no lo sabe. Pero se mostrará de acuerdo en que es necesario hacer esta visita. El hecho es que ninguno de nosotros puede salir por Londres sin verse acosado por preguntas sobre tu relación con Saint Namikaze. Tenten y yo acordamos ayer por la noche que la familia tenía que salir de la ciudad hasta que se resuelva esta situación.
—Entonces, yo regresaré a Byakugan Priory. No voy a ir a Sussex. Para ello sería necesario que me ataras y me subieras al carruaje, y por supuesto...
—Hinata. Ven aquí. No, no seas terca, quiero hablar contigo. —Neji señaló la silla con firmeza—. Ahora.
Era la primera vez que Neji ejercía su autoridad sobre ella como cabeza de familia. Hinata no sabía muy bien qué sentir. A pesar de que sufría una innata aversión por la autoridad, Neji siempre había sido justo. Nunca le había dado razones para no confiar en él. Se sentó poco a poco, hundiéndose en la silla. Luego clavó los dedos en los brazos de madera, hasta que la presión hizo que sus dedos se pusieran blancos. El odiado timbre comenzó a sonar en su oído izquierdo. Se llevó la palma de la mano sobre la oreja y se dio un par de toques en la parte posterior del cráneo, lo que a veces provocaba que el irritante ruido se calmara. Por suerte, funcionó.
Neji se inclinó hacia delante en la silla y la contempló con unos ojos que tenían el mismo tono perla que los de ella.
—Creo que entiendo de qué tienes miedo —comentó despacio—. Al menos en parte. Pero no creo que tú comprendas mi punto de vista. Dado que no tienes un padre o un hermano mayor que te proteja, esa tarea recae en mí. Independientemente de lo que tú o cualquier otra persona pueda pensar, no pienso obligarte a casarte con Saint Namikaze. De hecho, incluso aunque quisieras hacerlo, podría no dar mi consentimiento.
—Lady Senju me dijo que no tenía elección —dijo Hinata, desconcertada—. Si no me caso, mi única opción es arrojarme al volcán activo más cercano. Esté donde esté.
—En Islandia. Y la única manera de que llegues a casarte con Saint Namikaze, es que tú me convenzas de que lo prefieres al volcán.
—Pero mi reputación...
—A una mujer le pueden pasar cosas mucho peores que ver su reputación arruinada.
Miró a Neji sorprendida, y sintió que empezaba a relajarse, que sus nervios se aflojaban a pesar del frenético chirrido. Se dio cuenta de que él estaba de su lado. Cualquier otro hombre de su posición la habría obligado a casarse sin pensárselo dos veces.
—Eres parte de mi familia —continuó él con tono uniforme—. Y no pienso entregarte a un desconocido sin asegurarme antes de que me garantiza tu bienestar. Haré todo lo posible para evitar que cometas el mismo error que cometió Tenten cuando se casó con tu hermano.
Hinata guardó silencio, estupefacta.
Hoheto era un tema sensible del que rara vez se hablaba en el hogar de los Hyuga.
—Tenten no sabía apenas nada sobre Hoheto antes de su boda —explicó Neji—. Solo descubrió cómo era realmente después de casarse. Tu hermano bebía mucho, y cuando estaba borracho, se ponía violento. No era un secreto ni entre sus amigos ni en los círculos que frecuentaba.
—Qué mortificante... —murmuró Hinata, volviendo la cara, que sentía ardiendo.
—Sí. Pero Hoheto tuvo la prudencia de ocultar su lado más brutal mientras cortejaba a Tenten. Si lord y lady Senju estaban al tanto de los rumores que corrían sobre él, y no me puedo creer que no les llegara alguno, nunca los discutieron con ella. —Neji se mostraba sombrío—. Ellos sí que deberían sentirse avergonzados.
—¿Por qué no dijeron nada?
—Mucha gente piensa que el matrimonio puede cambiar el temperamento de un hombre. Lo cual es falso, por supuesto. Igual que no puede el leopardo cambiar sus manchas. —Neji hizo una pausa—. Si Hoheto viviera, habría hecho la vida imposible a Tenten. No permitiré jamás que quedes a merced de un marido capaz de maltratarte.
—Pero si no me caso, el escándalo será un problema para todos. En especial para Hanabi.
—Hinata, querida, ¿crees que alguno de nosotros podría ser feliz si supiera que eres maltratada? Tokuma o yo acabaríamos matando a ese bastardo.
Abrumada por la gratitud, Hinata sintió que le picaban los ojos. Lo más extraño de todo era que ahora, que sus padres y su hermano ya no estaban, sentía que por fin formaba parte de una familia.
—No creo que Saint Namikaze pudiera mostrarse violento conmigo —dijo pensativa—. Parece más el tipo de hombre que se mostraría frío y distante. Lo que sería insufrible, pero podría manejarlo.
—Antes de tomar una decisión, trataremos de averiguar todo lo que sea posible sobre qué tipo de hombre es lord Saint Namikaze.
—¿En una semana? —preguntó ella, dubitativa.
—No es demasiado tiempo para ahondar en sus complejidades —admitió Neji—, pero uno puede descubrir mucho sobre un hombre cuando lo observa interactuar con su familia. También intentaré informarme de lo que pueda por la gente que lo conoce. Taruho es una de esas personas. Ambos forman parte del consejo de una empresa que fabrica equipos hidráulicos.
Hinata no podía imaginarlos hablando. ¿El hijo de un tendero de Gales y el hijo de un duque? ¡Ja!
—¿El señor Taruho tiene una buena opinión de él? —se atrevió a preguntar.
—Eso parece. Dice que Saint Namikaze es inteligente y práctico. Y no se da aires. Viniendo de Taruho es un gran elogio.
—¿Shion y el señor Taruho nos acompañarán a Heron's Point? —indagó,cruzando los dedos. Se sentiría mejor si toda su familia estuviera allí con ella.
—El bebé nació hace muy poco. Es demasiado pronto —explicó Neji con ternura—. Shion necesita recuperarse del todo antes de viajar. Además, quiero decirte que pienso insistir en que lady Senju no nos acompañe a Heron's Point. No quiero que soportes el peso de una acompañante tan estricta. Me gustaría que tuvieras un par de oportunidades para estar a solas con Saint Namikaze.
Hinata lo miró boquiabierta. Jamás hubiera esperado que Neji, que siempre había sido muy protector, dijera tal cosa. De hecho, parecía un poco incómodo.
—Sé cómo se supone que debe conducirse un cortejo —continuó su primo—.Sin embargo, Tenten nunca pudo disponer de un momento a solas con Hoheto hasta que se casaron, y los resultados fueron desastrosos. No sé de qué otra manera puede evaluar una mujer a un posible marido si no tiene al menos un par de conversaciones privadas con él.
—Bien, esto es muy raro... —comentó Hinata un momento después—. Nadie me había dado permiso para hacer algo indebido.
Neji sonrió.
—Entonces ¿aceptamos la invitación para estar en Heron's Point una semana y la consideramos como una oportunidad para investigar?
—Supongo. Pero ¿y si lord Saint Namikaze resulta horrible?
—Entonces, no te casarás con él.
—¿Qué pasará con el resto de la familia?
—No te preocupes por eso —repuso Neji con firmeza—. Por el momento, lo único que tienes que hacer es intentar conocer un poco a Saint Namikaze. Y si decides que no deseas casarte con él, sea cual sea la razón, no tendrás que hacerlo.
Se levantaron los dos. Siguiendo un impulso, Hinata se adelantó y apretó el rostro contra el pecho de Neji mientras lo abrazaba, sorprendiéndolo, sin duda, tanto como a sí misma. Rara vez buscaba contacto físico con nadie.
—Gracias —dijo bajito—. Significa mucho para mí que te importen tanto mis sentimientos.
—Claro que sí, querida.
Neji la estrechó de forma reconfortante antes de soltarla para mirarla.
—¿Sabes lo que dice el lema que hay en el escudo de armas de los Hyuga?
—«Loyalté nous lie.»
—¿Sabes lo que significa?
—¿Que nunca nos enfadamos? —elucubró Hinata, viéndose recompensada por una profunda risa—. En serio, en realidad sí sé lo que significa —añadió ella—. «La lealtad nos une.»
—Exactamente —convino Neji—. Pase lo que pase, los Hyuga seguirán siendo leales los unos a los otros. No nos sacrificamos por el bien de los demás.
