Hola,

Les dejo por aquí el nuevo capítulo. Espero lo disfruten mucho y me digan qué les parece o si tienen alguna sugerencia o comentario. De nuevo les agradezco que se tomen el tiempo de leerme y muchas gracias a las que me comentan.

Julianny Es increíble cuando uno tiene insomnio y de pronto se topa con algo que leer. Al contrario, gracias a ti por leerme. Ya decía yo que no podías estar molesta con Regina por mucho tiempo. Es una cabeza dura, tienes razón y a demás de eso tiene miedo que lo complica todo aún más. Pero tenemos a Elsa que es muy valiente :). Espero disfrutes el siguiente. Saludos.

Ana: Primero que nada muchísimas gracias por comentarme y leerme. Jaja Regina no acostumbra las rodilleras, veremos qué está dispuesta a hacer por mejorar todo con Emma. Espero disfrutes mucho el siguiente. Saludos.

ineheram: Es toda bonita. Ya sé. :) Gracias por comentarme y leerme. Saludos.

mills1Ya está la actualización por aquí. Emma siempre va con todo por delante es por eso que es tan temerosa de a quién se entrega. Ser valiente es de locos. A lo mejor la morena no es muy valiente de principio pero sabe luchar por lo que quiere, sólo tenemos que convencerla que Emma es eso que tanto buscaba. Creo que cuando algo está roto no se puede empezar de cero. Hay que reconstruir lo que había si es que se puede. Gracias por comentarme de verdad, lo valoro enormemente. Saludos.

nenagalonso¡Qué bonita! gritar en la oficina. Espero lo disfrutes. Gracias por leerme y comentarme. Ya me contarás si valió la pena la espera.

kykyo-chan: Ya sabes como son de necias las dos. Regina un poco más que la rubia. Lo bueno es que tienen buenas amigas. Gracias por leerme y comentarme. Espero te guste el siguiente. Saludos.

BraylinSV2: Aquí va el siguiente. Espero haya valido la pena la espera. Gracias por leerme y comentarme. Cualquier comentario un dudes en decirme. Saludos.

Guest : ¿Linda? ¿Yo?, naah nada de eso. Lo especial es lo bonito, hablo de personas. El problema con la toma de decisiones es que siempre lo hacemos con el corazón triste, feliz o enojado y eso siempre nos termina jodiendo la decisión (perdona la palabra) y lo malo es que casi siempre para mal. No podía haber explicado mejor lo difícil que resulta salir de una relación, mantenerse alejando de alguien, superar a alguien, soltar a alguien, pero más que nada lo difícil que resulta encontrar la paz interior. Dejar de pensar en el otro y empezar a trabajar contigo y solo contigo es lo más complicado. Desprenderse, pues. Lo único que puedo decir a eso es que en esta vida, todo, absolutamente todo, pasa y lo que hoy parecía que no tenía respuesta y era 'soledad y desconcierto' mañana, o en un siglo, no lo es y todo empieza a mejorar. Gracias a ti por leerme y escribirme. Saludos.

Pd. Ah y piénsate lo del Guest (No pierdo nada con insistir).

15marday:Cuando los sentimientos son fuertes y sobre todo te llegan sin esperarlos es difícil aceptarlos tan fácilmente, mucho más cuando has estado luchando para no sentirlos jamás. Cuando al se está ajustando en el interior es importante que uno esté lejos de la persona que lo origina porque sino las decisiones no se toman con claridad y terminan nubladas. Espero disfrutes lo que acabo de escribir. Muchas gracias por seguir aquí y escribirme. No dudes en comentarme qué piensas. Saludos.

ElaQueen Basicamente para los que esperan, porque esperar algo de alguien siempre te traerá desvelos y desasosiegos. Las noches son para valientes en definitiva. Me gusta defender lo que pienso y por qué lo pienso. Me gusta la gente que tiene argumentos para defender lo propio y jamás cambiar los ajenos. Coincido contigo, las relaciones llevan tiempo, por lo menos las que me gusta vivir y leer a mí, sí. No sabes lo mucho que valoro que lean lo que escribo y que traten de entender más allá de lo que escribo. Muchas gracias por tomarte la molestia de escribirme y de leerme. Espero disfrutes el siguiente. Saludos.

liizv Qué gusto que la estés disfrutando, espero sea de tu agrado este capítulo. No dudes en hacerme comentarios de lo que piensas. Muchas gracias por tomarte la molestia de leerme y sobre todo por escribirme. Significa mucho. Saludos.

CAPITULO XII. CUANDO DUELE EL CORAZÓN.

Dieron las seis de la mañana. Su despertador empezó a sonar pero ella tenía ya media hora despierta. Lo apagó y se levantó. Eran las seis y cuarto cuando sonó el timbre. Estaba lista ya, así que tomó sus llaves fue a abrir.

-Debo quererte mucho para levantarme a esta hora. ¿Te he dicho ya que estás loca?- Sonreía a su amiga. Desde que había pasado lo de Emma pasaba mucho tiempo con la morena aún cuando la morena no estuviera muy de acuerdo.

-Buenos días, Kat.- Una tímida sonrisa se dibujo en su rostro, últimamente no sonreía mucho. -Ya te dije que no es necesario que me acompañes todas las mañanas a correr, puedo hacerlo sola.- Su amiga tenía cara de no estar completamente despierta aún. Ella sabía que le costaba mucho levantarse temprano pero se había negado a dejarla sola. A veces se lo agradecía, otras veces no.

-Y yo ya te dije que no lo hago por ti. Necesito empezar a hacer un poco de ejercicio, es por salud Regina, no te creas tan importante.- Entró a la casa mientras le guiñaba el ojo a su amiga. Le dolía verla así. Tenía dos semanas en ese estado. Estaba taciturna. Era la segunda vez que la veía así, la primera había sido cuando pasó lo de Daniel y en ese momento no supo ayudar, no la conocía tan bien y Regina simplemente se alejó de todos, no hablaba, no salía y ella sólo la dejó ser. Había sido un error y no lo volvería a cometer. Iba a permanecer a lado de su amiga hasta que estuviera lista para sacar eso que llevaba dentro y que la estaba consumiendo. -Sólo digo que podríamos salir a correr un poco más tarde. Eres dueña de la editorial podrías volverte loca y llegar a las diez, por ejemplo.

-Cuando te pones de necia no hay quien pueda contigo.- Puso los ojos en blanco. Había intentado de todas las formas convencer a Kat de que no era necesario que la acompañara a correr. Pero su amiga se había cerrado en banda, siempre contestaba lo mismo 'Voy a correr contigo no me importa lo que opines al respecto'. Todas las mañanas llegaba a su casa a eso de las seis y cuarto y le daba una cantaleta de lo loca que estaba por levantarse tan temprano y además hacerlo por gusto. Lo que no sabía su amiga era que últimamente no dormía muy bien, había días en que prácticamente no dormía nada, pensaba demasiado y pasaba la mayor parte del tiempo buscando formas para dejar de hacerlo. No lograba sacarse a Emma de la cabeza, pero lo estaba intentando y no pensaba dejar de hacerlo. -Ya sabes que no me gusta dar mal ejemplo a mis empleados, además he tenido mucho trabajo Kat, no puedo darme el gusto de llegar tarde.

-Y dices que la necia soy yo.- Anda, vamos, antes de que me arrepienta y termine durmiendo en tu sofá-. Dejó su bolso en la barra, se quitó la chamarra y se dirigió a la puerta.

Salieron a la calle y ambas se colocaron los audífonos. Justo antes de empezar a correr, Regina volteó a ver a su amiga y susurró un 'Gracias', no decía mucho pero Kat supo todo lo que significaba. Sonrió y beso a su amiga en la mejilla. Empezaron a correr.

Entró en la comisaría. Saludó a sus compañeros y entró en su oficina, dejó su café en el escritorio y encendió su computadora. Aún no empezaba su turno pero últimamente no dormía muy bien así que en lugar de estar dando vueltas en la cama iba temprano al gimnasio y terminando, se dirigía a la comisaría. Escribía. Escribía hasta que el reloj marcaba las diez y era hora de empezar a trabajar.

Tenía dos semanas que había empezado a trabajar en un nuevo libro, trabajaba en él por las mañanas. Por las noches, cuando llegaba a casa se dedicaba a revisar todos los detalles que le mandaba su editor, los analizaba y trabaja en los cambios, si podía, ése mismo día contestaba. Se había propuesto terminar cuanto antes su participación en la publicación de su libro, se había propuesto terminar toda relación con la editorial de Regina.

-¿Lista para ir a desayunar?- Elsa se asomó a la oficina de la rubia. Estaba al tanto de la nueva rutina de su amiga y pasaba todas las mañanas por ella. Mataba dos pájaros de un tiro, se encargaba de que Emma comiera y además pasaba tiempo con ella. La rubia se había vuelto muy solitaria desde lo que pasó, prácticamente se la pasaba escribiendo y trabajando.

-Estoy bien, Elsa. No tienes que pasar todos los días por mí.- Le agradecía mucho a su amiga que quisiera estar cerca de ella pero había días en que no quería ver a nadie. -Ya sé que te preocupé, no debí ir en ese estado a tu casa, pero ahora estoy bien.- Estaba apenada con su amiga. Odiaba mostrarse vulnerable con las personas. Sonreía.

-No digas tonterías y vamos a desayunar.- La tristeza que su amiga emanaba era evidente para cualquier persona. Se había apagado la Emma de siempre. Desde que había ido a su casa a media noche no habían vuelto a hablar del tema. Emma se había encerrado en si misma. Pero no iba a perder la paciencia, no se alejaría de la rubia aún cuando ella se lo pidiera.

-Yo no sé para qué intento convencerte de algo si ya sé como eres.- Le sonrió a su amiga. No sabía cómo agradecerle lo que venía haciendo por ella. A veces se molestaba de tenerla cerca todo el tiempo pero en el fondo no sabía qué habría hecho esas dos semanas sin ella. No decía mucho, desde lo que había pasado su estado de ánimo era completamente diferente. -Vamos, ya me entró hambre de estar pelando contigo.

-Pues no pelees conmigo y deja de intentar convencerme que soy mucho más necia que tú, lo sabes. Así que haznos la vida más fácil y vámonos ya.- Se acercó a Emma y la abrazó fuerte. Extrañaba mucho a su mejor amiga, no era ni la sombra de lo que era, era una Emma diluida. Había tratado de justificar a Regina en un principio pero ahora estaba molesta, no había intentado disculparse con su amiga, o al menos Emma no le había comentado nada. Tenía que encontrar la forma de que la rubia empezara a comunicarse de nuevo, tenía que encontrar la forma de arreglar las cosas.

Había conseguido sacarse a Kat de encima, le había tenido que mentir pero es que necesitaba una noche para ella. Llevaba dos semanas intentando sacarse a Emma de la cabeza, trabajaba como nunca lo había hecho, corría por las mañanas y a veces montaba por las tardes, leía manuscritos, salía con Kat, pero esa noche se sentía melancólica. Estaba cansada de intentar, sólo quería tomarse una copa y dejarse llevar.

No había tenido oportunidad de comer, había salido de la oficina muy temprano y no había tenido oportunidad de regresar, tenía hambre y un corazón roto, así que terminó en el único lugar que había compartido con Emma fuera de la editorial. El restaurante estaba prácticamente sólo, era una de las cosas que más le había gustado cuando fue con la rubia, se podía estar muy tranquila ahí.

Pidió una mesa alejada de todos, le gustaba tener privacidad. Pidió una botella de vino y una buena pasta. El camarero tomó su orden y se retiró. La extrañaba. La extrañaba demasiado. Jamas pensó que seria tan complicado alejarse de ella, no tenía mucho tiempo de conocerla pero todos los encuentros que habían tenido habían sido intensos. Emma se había encargado de que cada momento a su lado tuviera algo especial, algo que la hacia recordarla. Le había dolido que no hubiera contestado su mensaje, le había costado mucho escribirlo, no era alguien que soliera pedir disculpas, no era alguien que tomara la iniciativa. Tenía atoradas todas la cosas que no dijo, pero cómo iba a decirlas si la rubia no contestaba. Tenía muchas cosas en la cabeza y los recuerdos parecían llegarle todos a la vez.

Iba por su segunda copa de vino cuando su celular comenzó a sonar. Ingrid. No habían hablado mucho desde lo ocurrido. Estaba segura de que la rubia estaba muy confundida por su repentino cambio de actitud, no era que hubieran cortado completamente la comunicación, charlaban por lo menos una vez a la semana pero no había vuelto a verse, se había negado a cada invitación que le había hecho la rubia. Hablar con ella le generaba un sentimiento de melancolía, le recordaba lo que había pasado con Emma y esa imagen siempre la ponía triste. No contestó.

Cuando salió del restaurante estaba ya bastante mareada. No acostumbraba tomar y manejar pero la verdad era que no querías molestar a Kat, no quería molestar a nadie. Su casa no estaba tan lejos y a diferencia de muchos conductores, las ocaciones que Regina había tenido que manejar con algunas copas encima, lo hacía con mucho cuidado. Kat siempre se burlaba de ella diciéndole que maneja mejor borracha que sobria. Le entregaron el carro y subió. Lo había hecho en otras ocaciones, nada podía pasar.

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Le había costado mucho trabajo controlarse las últimas dos semanas. Elsa había ayudado mucho porque prácticamente no la dejaba sola ni un momento, así que aunque quisiera no podía hacerlo pero cuando salía tarde siempre la asaltaba la idea de ir a casa de Regina, no estaba segura de que quisiera hablar con ella pero estaba segura de que necesitaba verla, aunque sólo fuera de lejos. Tenía media hora que estaba estacionada a una distancia prudente de su casa. Las luces estaban apagadas así que lo más seguro es que no estuviera en casa pero en lugar de irse la asaltó la idea de que hubiera salido de nuevo con la rubia. Sabía que tenía que irse pero algo no la dejaba hacerlo.

Estaba debatiéndose entre irse o quedarse cuando vio el carro de Regina dar la vuelta en la esquina. Ahora ya no podía irse, se daría cuenta si lo intentaba. El mercedes se acercaba lentamente, muy lentamente. Si estuviera en servicio probablemente la habría multado por ir tan despacio. Su curiosidad aumentó, ¿Por qué conducía así?, ¿Vendría con alguien? y si era así no sabía si podía soportarlo.

El carro se detuvo y se abrió la puerta del conductor, Regina salió del auto. Estaba preciosa, llevaba un vestido rojo a la rodilla, medias y tacones negros. Su corazón se aceleró al instante, le impresionaba lo mucho que le gustaba. Esa mujer era su perdición. La morena se tambaleó un poco y se recargó en la auto, miró al cielo, era una noche despejada y podían verses algunas estrellas. Daría lo que fuera por saber qué era lo que estaba pensando.

No podía dejar de admirarla, estaba triste o al menos eso le parecía. Estuvo así por unos minutos, hasta que salió de su ensoñación, sacudió la cabeza y abrió la puerta de atrás, sacó su bolsa, su abrigo y cerró la puerta dandole un pequeño empujón con la cadera. La morena actuaba raro o al menos eso le parecía a la distancia, se pudo percatar de qué era lo que le pasaba cuando estuvo a punto de caerse de no haberse agarrado justo a tiempo de su auto. Regina estaba borracha. Regina estaba borracha y se veía increíblemente sexy así, era hermosa y no perdía la elegancia aún cuando decidió quitarse los tacones y se los llevó en la mano. Se moría por acercarse, tenía muchas ganas de abrazarla, como cuando pasó lo del accidente. Se moría por tenerla cerca, entre más cerca mejor.

Llegó a la puerta y dejó sus tacones en el suelo mientras buscaba las llaves en la bolsa. No aguanto más la tentación y se bajó de la patrulla, tenía el pretexto perfecto para acercarse, había conducido bajo los efectos del alcohol y ella era policía, no estaba en servicio ya claro está, pero eso Regina no tenía por qué saberlo. La morena abrió su puerta después de varios intentos, uno de ellos terminó con las llaves en el piso y una Regina mostrando sus piernas mientras intentaba recuperarlas.

Entró en razón justo a tiempo, no estaba bien lo que estaba haciendo, ¿Espiar a Regina? pero ¿Qué diablos estaba pensando?. Había tomado la decisión de alejarse de la morena, con todo lo que eso conllevaba, era lo mejor para ella, ya lo había decidido. No podía echarse para atrás tan rápido por mucho que la echara de menos. Dio la vuelta a la patrulla y justo cuando estaba a punto de subir vio que la morena se había percatado de la presencia de alguien, había estado a punto de cerrar la puerta pero ahora salía de su mansión lentamente en dirección de la patrulla.

Se puso sumamente nerviosa y rápidamente subió a la patrulla y arrancó. Era un tontería lo que acababa de hacer pero no podía estar cerca de la morena. La descontrolada demasiado y terminaba haciendo estupideces por ella. Estupidez tras estupidez y eso tenía que parar. No era sano, tenia que controlarse costara lo que costara.

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Se despintó y se puso la pijama. Había estado casi segura de que Emma Swan había ido a su casa esa noche. No le pudo ver bien la cara, justo cuando se estaba acercando se fue. Estaba demasiado obscuro y ella demasiado tomada. Quizá estaba alucinando, quizá eran tantas sus ganas de volver a ver a Emma que estaba empezando a verla en todas partes. Esa noche no lloró. Podía contar con los dedos de la mano las ocaciones que había llorado y a Emma le pertenecían dos dedos. No estaba dispuesta a otorgarle más. Estaba segura que todas las cosas pasan por algo y las que no también.

Eran las seis cuando su alarma comenzó a sonar. Había olvidado decirle a Kat que no viniera ese día. Aún no terminaba de despertar cuando el timbre sonó. Se levantó y se desperezó un poco, iba a ser difícil explicarle a Kat por qué estaba con resaca y además no estaba lista.

-Buenos días, Kat.- Abrió la puerta y una muy activa Kat se le quedó mirando confundida.

-¿Qué hora son?- Miró su reloj y verificó que fueran las seis y cuarto. -Regina Mills, ¿Te fuiste fiesta y no me invitaste?- Se cruzó de manos pretendiendo estar molesta.

-Olvidé avisarte, Kat, perdóname. Y no me fui de fiesta, fui a cenar, sola, antes de que me acribilles con tus preguntas, me tomé una copa y llegué un poco tarde, es todo.- Iba diciendo todo esto mientras subía las escaleras de su mansión y se dirigía a su recamara. Empezaba a dolerte la cabeza y estaba segura de que ese día no era la mejor compañía.

-Ah no, ahora me vas a contar qué te tiene así. ¿Saliste sola?, ¿De verdad?- Siguió a su amiga, cuando entró en su recamara, Regina estaba quitándose su albornoz y metiéndose de nuevo a la cama. -Hazme un espacio y cuéntame qué pasa.- Empujó a su amiga hacía el otro extremo de la cama y se metió ella también entre las cobijas.

-Quería estar sola,Kat.- Volteo rápidamente a ver a su amiga, como disculpándose por lo que acababa de decir. -No me malinterpretes, estoy muy agradecida de tenerte cerca y de todo lo que has hecho por mí en estos días pero necesitaba una noche para mí. Y no me fui de fiesta, sólo fui a cenar y me tomé unas copas de vino.

-Esto también va a pasar, Regina. Lo sabes, ¿Verdad?- Le costaba mucho ver a la morena en ese estado. Estas dos semanas había visto a su amiga tratar por todos los medios minimizar la melancolía que sentía. Lo intentaba de muchas formas, la principal era trabajando hasta reventar, las otras eran básicamente cabalgar, correr, leer y cocinar. Su amiga se rehusaba completamente a intentar hablar con Emma y no le quedaba de otra que respetarla e intentar ayudarla de alguna forma.

-No estoy segura de eso, Kat.- La voz se le quebró pero se mantuvo firme, no estaba dispuesta a una lagrima más por Emma. -Es sólo que no se cómo diablos conseguir sacarla de mi cabeza, creo que empiezo a volverme loca. Ayer por la noche cuando entré a la casa me pareció ver la silueta de alguien a lo lejos, como si alguien estuviera observándome, al principio estaba segura de que era Emma pero ahora no estoy tan segura.- Se acercó a su amiga y ella instintivamente la abrazó.

-Escúchame, Regina y escame bien. Todo en esta vida pasa. Por muy obscuro que creas que está todo te prometo que va a amanecer y te juro que voy a estar contigo para ver el sol y evidentemente salir a correr.- Beso la frente de su amiga y continuó abrazándola fuerte.

Hay abrazos que te reparan y el que Kat le estaba dando a Regina estaba reconfortando un corazón que estaba roto. Estuvieron largo rato así. Regina no lloraba pero tampoco buscaba separarse de su amiga. Fue Kat la que la convenció de levantarse a correr, sabía que era tarde pero también era sábado y técnicamente no tendría que trabajar. Se levantaron y en menos de quince minutos estaban listas para comenzar a correr. A veces se quejaba de lo molesta que podía ser Kat pero hoy más que nunca estaba agradecida de tenerla cerca en su vida.

Después de prometerle que terminando la llevaría a desayunar a su restaurante favorito había conseguido que su amiga se levantara y empezara a mover el trasero en dirección al parque. Si algo odiaba Elsa más que levantarse temprano era levantarse temprano para ir a correr. Pero después de la estupidez que estuvo a punto de cometer el día anterior había decidido no separarse de Elsa hasta que se sintiera con la seguridad de aguantar la tentación de buscar a la morena. Por su puesto que no le había dicho nada de esto a Elsa, le daba pena lo que había hecho, simplemente había usado la carta de la mejor amiga y eso aunado a el desayuno simplemente no se había podido negar.

Llevaban cerca de media hora corriendo cuando Emma se paró de pronto. Elsa se detuvo mirándola con cara de extrañeza.

-¿Qué pasa? parece que viste un muerto.- Empezó a reírse de Emma, de pronto se había puesto pálida y parecía buscar un sitio donde esconderse. -¿Emma?

-Regina. Acaba de pasar Regina corriendo con Kat.- Emma estaba ya detrás de un árbol bastante frondoso que parecía cubrirla bien.- No era de esconderse pero la verdad es que no quería verla. Se le alborotaba el corazón de tan solo saber que estaba cerca, dejaba de recordar por qué era que estaba enojada y de pronto lo único que quería era acercarse a la morena, mantenerse cerca, muy cerca. Ya había tomado la decisión y no quería cambiarla, por eso necesitaba la ayuda de Elsa, su amiga la hacia fuerte.

-¡Perfecto! No la conozco y muero por hacerlo.- Tenía ya bastante tiempo queriendo conocer a la morena, quería ponerle cara a esa misteriosa mujer que le había robado el sueño a su amiga. Se empezó a mover en dirección de Regina pero Emma la tomó del brazo con cara de susto. Quería reírse de la rubia, su cara era un poema, pero no fue capaz, Emma estaba de verdad nerviosa con todo lo que estaba pasando.

-Estás loca. Te estoy diciendo que no quiero tener nada con ella. ¿Cómo diablos se te ocurre algo así?- La jaló hacía el árbol.

-Es tu culpa por no querer presentármela en tanto tiempo. Vas a tener que señalarla por lo menos para saber quién es.- Jaló a su amiga hacia unas bancas que estaban al centro de la pista. Podías ver perfectamente quién pasaba y ellas por el contrario tenían que acercarse considerablemente para saber quién las estaba observando.

-Elsa no puedo dejar que me vea, estoy casi segura de que se dio cuenta que era yo la de ayer.- De pronto se calló. No le había contado a su amiga lo sucedido la noche anterior. Cuando estaba nerviosa siempre acababa hablando de más. -Sé discreta por favor, Elsa. Es la morena que viene junto a la rubia, la de la ropa negra.- Emma no quería levantar la vista demasiado, no quería que Regina se fuera percatar de su presentía. Cuando pasado por enfrente rápidamente se miró los zapatos. -Es suficiente, vámonos.- Tomó a su mejor amiga de la mano y se dirigió hacia la salida.

-Ahora te entiendo. Yo también me habría vuelto loca por una mujer así.- Sonrió y le dio aun leve empujan a su amiga pero al ver la cara de pocos amigos de Emma, abrazó a su amiga. -Está bien, vámonos a desayunar. Sirve que me explicas qué fue lo que pasó anoche.-

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El día había empezado perfectamente. Había tenido oportunidad de correr con Kat. Había llegado a tiempo al trabajo y ahora estaba en su oficina, disfrutando de su primer café del día. Todo iba perfecto hasta que Sidney le informó que Emma tenía que entregar el avance de los cambios que se le habían solicitado en las ultimas dos semanas y que como con los demás escritores lo haría personalmente. Casi siempre era Regina quien se encargaba de estar presente en esas reuniones, Sidney la ponía al tanto de todo para que ella pudiera preguntar, con toda confianza, por todas las dudas que tuviera.

La junta se suponía que era a medio día. Eran las once y media cuando Sidney salió de su oficina después de ponerla al corriente de cómo había ido avanzando Emma en el proyecto. No podía negarse. No tenia por qué hacerlo. Dio el ultimo trago a su café. Si se suponía que iba a tener que ver a Emma tenia que tener cafeína cerca. Tenía tiempo para ir por otro a la esquina. Tomó su celular y su cartera y se dirigió al café. Tenia que despejarse también y un poco de aire fresco no le caían mal a nadie.

Entró a la cafetería y pidió su café de siempre. Tardaron cerca de diez minutos en prepararle. Había demasiada gente en la cafetería. Empezaba a sentirse nerviosa. En cuanto tuvieron su café listo lo tomó y se dirigió hacia la oficina, no quería llegar tarde. Estaba cerca de las puertas de cristal cuando se detuvo en seco. No podía creer lo que veía. Sintió el coraje recorrer todo su cuerpo y cómo empezaba a subirle la sangre a la cabeza, le hervía la sangre del coraje. La poca calma que le quedaba se disipo. Respiró profundo y se puso su mejor mascara.

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Había decidido acompañar a su amiga a la cita que tenia en la editorial, era algo así como apoyo moral. Después de lo del parque habían tenido una larga conversación sobre lo ocurrido en la mansión de la morena. Emma estaba completamente enganchada con Regina pero estaba lastimada y resentida. La necesitaba y ella siempre estaría ahí.

Tomó la decisión en unos segundos. Exactamente cuando la vio salir de la cafetería, estaba segura que era la morena que su amiga le había señalado en el parque. Sabía perfectamente qué era lo que sentía Emma por la morena pero no estaba segura de lo que sentía esa mujer por su amiga. El futuro de su amiga dependía de la reacción que tuviera. Los celos podían decir muchas cosas. Había que ver qué dicen los de Regina.

Se acercó a su amiga y le susurró 'Sígueme la corriente'. Una Emma sorprendida la miraba pero no le dio tiempo de preguntarle nada. De la nada, Elsa, la beso.

...Continuará...

Espero sus comentarios.

Saludos.