—Nunca había pasado tanto tiempo en la cama —dijo Hinata cuatro días después, cuando la luz de media mañana atravesaba una rendija entre las cortinas—. Ni siquiera cuando estaba enferma. —Salvo un par de salidas, como una excursión para ver algunas antiguas estatuas sajonas y una tarde que tomaron el té en los jardines del hotel, habían permanecido en la intimidad de la suite—. Necesito hacer algo productivo.
Un perezoso brazo masculino la rodeó desde atrás y tiró de ella contra un torso duro y cubierto de vello.
—Pues a mí me ha parecido excepcionalmente productivo —le dijo Naruto al oído con una voz sedosa y oscura.
—Me refiero a hacer algo útil.
—Has sido muy útil —aseguró, pasando la mano por su cadera desnuda.
—¿Haciendo qué?
—Satisfaciendo mis necesidades.
—No demasiado bien, por lo que parece, de lo contrario no tendría que seguir haciéndolo. —Hinata comenzó a arrastrarse por el colchón para escapar de la cama, y se rio cuando él se abalanzó sobre ella.
—Lo haces demasiado bien. Provocas que quiera cada vez más. —Naruto se colocó sobre ella, inmovilizándola, y bajó la boca hasta su hombro para mordisqueárselo brevemente—. Me tienes obsesionado, con tu dulce boca, con esas manos... con tu hermosa espalda... y las piernas...
—Necesitas un hobby —dijo ella con severidad al sentir su erección contra el trasero—. ¿Alguna vez has intentado escribir poesía? ¿Construir un barco dentro de una botella?
—Tú eres mi hobby. —Naruto apretó los labios contra su nuca, pues había descubierto que ese era un lugar particularmente sensible.
Naruto era un amante tierno y apasionado, le gustaba explorar cada centímetro de su cuerpo con implacable paciencia. Le había enseñado a disfrutar de la anticipación, de las infinitas maneras de hacer crecer el deseo. Le gustaba guiarla durante horas de una lánguida sensación erótica a la siguiente, hasta que por fin dejaba que se liberara con temblorosas oleadas de placer. En otras ocasiones, jugaba con ella, burlándose hasta hacerla alcanzar un estado salvaje que satisfacía con potentes y profundos empujes. Ella siempre se quedaba un poco desorientada cuando todo pasaba, entre eufórica y temblorosa, pero él la acariciaba hasta que se relajaba y caía en un sueño tranquilo. Hinata jamás había dormido tanto en su vida, durante toda la noche y hasta bien entrada la mañana.
Al anochecer, pedían que les llevaran la cena a la suite. Un par de camareros del hotel, ambos con zapatos que no hacían ruido, entraban en la salita para cubrir la mesa con un mantel de lino blanco y colocar los correspondientes platos de porcelana, la cristalería y la cubertería de plata. También disponían unos pequeños cuencos con agua, cada uno cubierto con una ramita de hierba luisa, para que se lavaran los dedos entre los platos. Después, llevaban unas bandejas con platos humeantes cubiertos con tapaderas de plata y salían de la habitación para que se sirvieran ellos mismos en la intimidad.
Durante la cena, Naruto era un compañero entretenido y una fuente inagotable de historias. Estaba siempre dispuesto a discutir cualquier tema y la animaba a que hablara con franqueza, a que hiciera tantas preguntas como quisiera. No parecía molestarle que saltara de un tema a otro sin aparente relación entre sí. De hecho, era como si no le importaran sus defectos; estaba dispuesto a aceptarla como era.
Al final de la comida, los camareros regresaban para retirar los platos y llevarles unas pequeñas tazas con café turco, un plato con queso francés y una bandeja llena de botellas con licores. Hinata adoraba los líquidos de los mismos colores de las piedras preciosas que se servían en minúsculos vasos de cristal con forma de dedal y bordes curvos. Sin embargo, eran una bebida fuerte, como descubrió una noche cuando cometió el error de probar tres especialidades diferentes. Cuando trató de levantarse de la silla, las piernas se le tambalearon de forma peligrosa, y Naruto se acercó para ponerla en su regazo.
—Mi equilibrio está peor que nunca —confesó con desconcierto.
Naruto sonrió.
—Sospecho que tiene que ver con el vasito que te has tomado de Crème de Noyaux.
Hinata se giró para lanzar una mirada perpleja al vaso medio lleno de crema de licor de almendras.
—Pero si ni siquiera la he terminado. —Con cierto esfuerzo, se inclinó para coger el vaso y se bebió el resto de un trago antes de volver a dejarlo vacío sobre la mesa—. No, así es mejor —aseguró con satisfacción. Lanzó un vistazo al vasito de Naruto, que apenas había tomado un sorbo, y se estiró para alcanzarlo. Sin embargo, él tiró de ella hacia atrás con una risa ahogada.
—No, cielo, no quiero que te despiertes con dolor de cabeza.
Hinata le rodeó el cuello con los brazos y se lo quedó mirando fijamente con preocupación.
—¿He bebido demasiado? Es por eso por lo que me siento tan inestable. —Cuando Naruto empezaba a responderle, ella lo interrumpió con su boca y se aferró a él envolviéndolo con su pasión.
Por la mañana, se despertó con el vago recuerdo de haber hecho cosas muy indecentes con él en esa silla... Se habían deshecho de la ropa, tirándola a un lado y... en algún momento... recordaba vagamente haberse retorcido y rebotado en su regazo mientras él la devoraba a besos... ¡Oh, quería morirse de vergüenza!
Además, le dolía la cabeza.
Por fortuna, al ver su incomodidad, Naruto no le tomó el pelo, aunque le vio apretar los labios como si estuviera reprimiendo una sonrisa. Tenía un vaso de agua y polvo con sabor a menta para el dolor de cabeza encima de la mesilla en el momento en el que se despertó. Después de tomar la medicina, él la metió en un baño perfumado.
—Tengo la cabeza como una trilladora —se quejó ella.
Naruto la bañó con una esponja llena de jabón mientras ella reposaba la cabeza en el borde de la bañera.
—Los alemanes llaman katzenjammer —explicó él— a la forma en la que uno se siente la mañana después de beber. Traducido significa «el llanto del gato».
Hinata sonrió un poco, pero no abrió los ojos.
—Lloraría si pensara que eso me haría sentir mejor.
—Deberías haber parado después del segundo vaso, pero sobreestimé tu aguante.
—Lady Senju siempre dice que una dama nunca debe tomar más de un sorbito de vino o licor. Se sentiría muy decepcionada por lo mal que me he portado.
Naruto se inclinó sobre ella y le rozó con los labios la mejilla manchada de agua.
—Entonces, no se lo diremos —susurró él—. Porque eres deliciosa cuando te portas mal.
Después del baño, la envolvió en una gruesa toalla de rizo y la llevó al dormitorio. Se sentó en la cama con ella y retiró con cuidado las peinetas de carey con las que se recogía el pelo. Hinata se inclinó hacia delante y apoyó la cabeza en su pecho mientras él comenzaba a frotarle el cuero cabelludo con las yemas de los dedos. El lento masaje le hizo sentir un hormigueo en el cuello, pero no podía permitirse disfrutar de él plenamente.
—¿Qué te preocupa? —preguntó Naruto, acariciando con especial cuidado la zona alrededor de su oído malo.
—Una parte de mí no quiere regresar a Londres —admitió ella.
Él no dejó de masajearla.
—¿Por qué, mi amor?
—En cuanto volvamos, tendremos que enviar tarjetas de boda para que la gente sepa que pueden recibirnos, y corresponder con otras invitaciones. Además, necesitaré aprenderme el nombre de los sirvientes y hacerme con el control de los gastos domésticos. Y hacer un inventario de la despensa para ver si coincide con la cuenta del carnicero. Y algún día... deberemos ofrecer una cena.
—¿Y eso es tan malo? —preguntó él con simpatía.
—Prefiero que me guillotinen.
Naruto la alzó contra su pecho y empezó a alisarle el cabello.
—Para empezar vamos a posponer eso de enviar las tarjetas de boda hasta que estés más centrada. La gente va a tener que esperar a que estés preparada. En cuanto a los sirvientes, no van a esperar a que lo domines todo desde el principio. Por otra parte, el ama de llaves ha logrado llevar el control del hogar de forma eficiente durante años, y si no deseas involucrarte en los detalles, procederá como de costumbre, a menos que le des órdenes expresas para cambiar algo. —Naruto trazó un patrón sobre la parte superior de su espalda desnuda, provocándole un agradable escalofrío—. Te sentirás mejor cuando hayas hecho avances con la empresa de juegos de mesa. Al volver, dispondrás de tu propio coche, conductor y lacayo personal para que puedas ir a donde quieras.
—Gracias —repuso Hinata, satisfecha—. A pesar de que no es necesario contratar a un sirviente más. Le pediré al segundo lacayo que me acompañe cuando sea necesario, igual que hace Tenten.
—Prefiero contratar a un lacayo para ti, servirá para tu comodidad y para mi paz mental. Estoy considerando un tipo en particular, es observador, capaz y digno de confianza, además de que necesita trabajo.
Hinata frunció el ceño.
—Creo que yo debería tener voz y voto en la elección, dado que es a mí aquien va a acompañar a todas partes.
Naruto sonrió y le acarició la mejilla.
—¿En qué cualidades estás pensando?
—Me gustaría que tuviera una disposición alegre y ojos brillantes como Santa Claus. Y tiene que ser amable, con sentido del humor. También deberá poseer paciencia y excelentes reflejos, porque si estoy pensando mientras camino, puede que no me dé cuenta de que estoy a punto de ser atropellada por un carruaje que circule a demasiada velocidad.
Naruto palideció sensiblemente, y la apretó con más fuerza.
—No es necesario que te alarmes —le tranquilizó ella con una sonrisa—. Todavía no he acabado bajo las ruedas de ningún vehículo.
Él pareció menos ansioso, pero continuó apretándola con fuerza.
—El hombre que tengo en mente tiene todas esas cualidades y alguna más. Estoy seguro de que te sentirás satisfecha con él.
—Seguramente —admitió Hinata—. Después de todo, mira todo lo que le tolero a mi doncella. Ese lacayo tendría que ser imposible de aguantar para que me disgustara.
