Hola,
Les dejo por aquí el nuevo capítulo. No fueron finales de Octubre pero tan solo me pasé por dos días. Muchas gracias por leer y por sus comentarios. Espero lo disfruten.
Saludos.
mills1: Muchas gracias. Creo que además de problemas llegó para cerrar ciclos con Regina y eso siempre se agradecerá, aunque no todo en esta vida es color de rosa. Pues no estoy muy de acuerdo con lo del silencio pero supongo que cuando estás con una persona que e demasiado impulsiva tienes que ayudarle a sentirse más segura. Creo que ese capítulo llegará muy pronto. Muchas gracias por el comentario y por leer. Espero no haber tardado tanto. Saludos.
Lizzie Gza: Yo también extrañaba sus comentarios. ¡Qué gusto! Luego creo que escribo mucho y no me doy a entender bien. Pues yo creo que no solo en el amor, la vida nos va enseñando cosas y si no aprendemos a la primera nos repite la lección hasta que entendamos. Así que sí, condicionados por nuestras experiencias. Muchas gracias a ti por darte el tiempo de comentar mi historia, lo valoro muchísimo. Eso es lo bueno, conseguir que uno sienta empatía por todos los personajes porque al final de cuentas todos sufren un poco, diría mi madre, 'no hay corazón desocupado ja :). Emma es todo corazón, impulsiva y directa, sincera y soñadora, todo es mucho y eso no siempre es lo mejor si me lo preguntas. Elsa es muy buena amiga, tienes razón una como ella nos vendría bien a muchas para no cometer tantas burradas. Pues entonces te va a encantar el siguiente capítulo, a mí también me gusta como se complementan y se retan siempre. Pues ya lo tienes por aquí. Cuídate mucho también. Creo que tardé muy, muy, muy, poquito. Pues muchas gracias nuevamente, es muy bonito que te hagan saber eso. Comentarios largos bienvenidos, siempre. Saludos.
dcromeror: Algo super bueno salió de todo esto. Espero disfrutes el siguiente y gracias por leer y comentar. Saludos.
kykyo-chan: Las dos necesitan poner de su parte, jaja me da gusto que lo estén disfrutando. Espero el siguiente sea igual, gracias por leer y comentar. Saludos.
S F M H: Es que la mayoría de las veces las verdades duele muchísimo. Daniel lo dijo por el coraje del momento (no justifico) pero fue más que nada eso. Regina se va a poner las pilas, seguro que te gusta el siguiente (eso espero). No estoy segura de qué tanto la rubia querrá confesar algo que duele, creo que buscará más bien alejarse un poco. Pero ya veremos. Espero que disfrutes el siguiente, creo que tarde bien poquito (me gusta pensar eso). Gracias por leer y comentar. Saludos.
15marday: Pues porque hay personas que no piensan con claridad y si además se topan con alguien con poca paciencia y mucha inseguridad pues las cosas pueden terminar muy mal. Yo también creo que Emma necesita escuchar más entre lineas a Regina, hay personas que no dicen todo con palabras y esa forma de expresarse, es para mí, también muy valida. No te enojes :). Creo que vas a disfrutar mucho el siguiente. Espero de verdad te guste. Gracias por tu comentario y por seguir leyendo. Saludos.
Ruth Maria: Elsa es alguien muy coherente, más que Emma si me lo preguntas. Creo que la comunicación será siempre un problemas en todo tipo de relaciones, las personas regularmente asumen cosas de las que no tienen la certeza y eso siempre jode todo. Yeap, muchas relaciones se acaban por tonterías. Daniel va a desaparecer, solo llegó como punto de quiebre en la vida de Regina. Ya veremos cómo se arregla esa situación de la presentación del libro, si me lo preguntas creo que Regina tiene sus razones y son también muy validas. Y eso que cada vez los hago más y más largos :):). No publiqué a final de mes pero me pasé dos días así que casi tengo palomita. Gracias por tu comentario y por leer y por todo. Espero lo disfrutes mucho. Saludos.
arquitecta23: Regina se lo va a pensar pero no creo que se merezca un regaño si decide no hacerlo :). Regina se va a enterar de todo, ya veremos qué partido toma, esa sería buena idea, que se enterara de todo lo que pasó y no solo por partes. Tienes un avance en este capítulo. No tarde nada nadita. Espero que disfrutes mucho y gracias por el comentario y leer. Saludos.
slj82: Estoy de acuerdo con eso, es importante decírselo al otro una vez que uno lo tiene claro porque así, si uno tiene suerte, consigue que el otro lo respete y por fin se logré avanzar. Estoy completamente de acuerdo, cada quien es libre de contar lo que le plazca y no tiene que ver con confianza, hay situaciones que son muy personales y si no se quieren compartir nadie debería forzarte o condicionarte a hacerlo. Bien ahí. Emma es todo corazón y no piensa en el momento, lo hace hasta mucho después cuando alguien le explica o cuando a ella solita le cae el veinte. Daniel estaba molesto, no es mala persona, es simplemente que nada le salió como lo esperaba (no lo justifico pero lo entiendo). Pues creo eu te va a gustar el próximo capítulo (o al menos eso espero). ¡Terquísimas! Pues muchas gracias por reconsiderar su molestia, señorita. En una relación no todo es bonito por el simple hecho de que todos somos diferentes y pensamos diferente. Saldrá algo súper bueno, espero que lo disfrutes :):). (Súper bossy, además si es encanto no lo cambies, está bien, puedo ser paciente). Un placer leerte, me da gusto que haya sido así. Aquí te dejo el siguiente, espero lo disfrutes mucho. Gracias por todo, leer, comentar, todo. Saludos.
LyzzEQ: Me da muchísimo gusto :). Si te gusta todo eso seguro el que viene lo vas a adorar. Gracias por leerme y comentar. Saludos.
LoreLane: Jaja, ¡no lo tires! No me gusta el drama, de hecho yo lo odio mucho, ¡Qué bueno! el tiempo no está para tirar helado. Muchos sentimientos, pero estoy segura que el siguiente te va a dejar mucho más tranquila. Paz mucha paz. Jaja, ¡qué va! ya quisiera yo escribir algo que valga la pena publicar :). Muchas gracias por tus palabras. Regina esta poniendo de su parte de una forma bastante importante, hay que reconocerle. Emma tiene razón, está confundida porque nadie le explica nada. Todo el drama ocurrió en es día, sí. Regina no sabe nada de lo que pasó, solo lo que le dijo Sidney. Van a disfrutar mucho en el siguiente. No mueras :):). Muchas gracias, me da un gusto enorme que la disfrutes. Un abrazo enorme hasta Argentina. Gracias por leer y comentar, Saludos. Pd. Supongo que 'buen grupo' significa que no te hacen renegar mucho, eso es bueno. Yo no puedo mucho con los niños-adolescentes, pero qué bueno que hay personas como tú que los saben llevar :).
Kiandre: Lamento mucho haber tardado tanto, muchas cosas se atravesaron en mi camino. Lo siento de verdad. Es que las relaciones suelen ser así cuando las personalidades son tan dispares, eso creo. La desconfianza siempre jode. Muchas gracias por el comentario y por seguir leyendo. Espero disfrutes el siguiente. Saludos.
MclementineD: Me da mucho gusto leer eso. Es que aún no esta terminado pero sí que lo estará. ¿Siglos? Dos meses cof cof. Tendrá Final. Muchas gracias por leer y por comentar. No te preocupes, que a veces tardo pero seguro lo actualizo. Saludos.
RMills: Primero que nada a mí también me da mucho gusto leerte nuevamente. Uy pues qué gusto que a pesar del tiempo sigas dándote oportunidad de leerme. Gracias. Creo que no tardé mucho, al menos eso espero. Creo que cuando uno tiene claro que se está listo para cerrar algo es importante hacérselo saber al otro justo para cerrar esa parte y no volver. Tienes razón lo que queda abierto es casi siempre con la esperanza (a veces inconsciente) de que regrese. Las dos tienen razón, regularmente la vida es así, las razones de unos son tan validas como las de otro, lo difícil está en que uno nunca entiende porque no se pone del otro lado, está tan inmerso en su dolor que no es capaz de ver el ajeno. Creo que regularmente la tiene, pero la situación con Daniel sacaría de quicio a cualquiera, por eso es importante que Elsa se mantenga porque a veces uno necesita a alguien de afuera para ver las cosas diferentes. Regina lo vale y ella lo tiene claro pero también le duele y eso tiene su lado triste. Tienes razón, Emma debería intentar escuchar todo eso que la morena dice sin decir, porque son pequeños pasos pero muy importantes. Lo de Daniel es más bien coraje del momento (no lo justifico pero supongo que lo entiendo poquito). Eso también es consecuencia de las acciones que Emma no termina de aterrizar antes de realizar. Hay que hablar antes de hacer tonterías. Pero bueno, de eso trata el siguiente. Espero lo disfrutes mucho. Gracias por leer y comentarme, lo valoro enormemente. Saludos. Pd. Pues es que cuando se ha tenido una perdida yo creo que uno nunca vuelve a ser el mismo, con importar la situación, hay cosas que no hay forma de superar. Creo que siempre se está añorando el pasado porque en el presente es cuando reconoces l feliz que fuiste (se escucha raro pero espero haberme dado a entender). Además eso de ser feliz es super relativo. AL contrario, gracias por tomarte el tiempo de hacerlo. Exprésate , siempre :). Yo te leo y te contesto. Jaja fíjate que ya me lo habían dicho. Muchas gracias (supongo). :):).
Guest: Que así sea. Bien. A veces no me lo parece, una cosa es ser tolerante a la frustración y otra es ser paciente de verdad, una delgada linea. (Primer jum :) ). No te conozco y evidentemente jamás te he visto pero pude imaginar perfectamente tu cara al leer 'Con Ingrid paso página' (ojos en blanco, mueca de molestia, quizá un cruzar de brazos), Ingrid es cool, poquito, pero cool. Yo no creo que las cosas sean blancas o negras (antes era fiel creyente de ello, pero ahora no), digo, para mí las relaciones son profundas, no conozco otra forma de llevar mi corazón porque esa es mi forma de ser, pero no estoy segura de que alguien deba tener amigos con la misma profundidad para poder considerarlos sus amigos, quizá eso sí me ha pasado. Tendría que juzgar algo por el simple hecho que no lo entiendo-comparto-vivo, y juzgar así no me convence. Blanco o negro de nuevo, yo creo que todos nos equivocamos, yo creo que todos en determinado momento necesitamos una segunda oportunidad, y pedirla implica que nos equivocamos, pero equivocarnos no implica que no la merezcamos. No sé si me expliqué. Muchas gracias, eso espero. Me cuesta mucho porque me exijo mucho. Yo por el contrario necesito tener principio-fin, grandes detalles en mi cabeza y luego arranco con los pequeños detalles escribiendo. Muchas veces se sufre y pocas fluye, en mi caso. (Segundo jum) No me gusta permanecer tanto tiempo perdida porque me gusta leerlas-te, lo disfruto mucho, pero tampoco me gusta entregar porquerías, si no me convence no puedo subirlo, y debo esperar para poder saber de ustedes-ti y me frustra pero toca. (Tercer Jum) Pues creo que cuando a uno le duele algo y después de tiempo por fin consigue un poco de tregua, incluso si ésta es un espejismo, tendemos a aferrarnos a ella, incluso podemos creer que es la felicidad que buscábamos, si no tenemos suerte podemos continuar así, pero si tenemos algo de suerte podemos topar con algo-alguien que nos haga despertar. Ser capaz de salir de un letargo sin tener un punto de quiebre no es algo muy común, por supuesto que se puede, pero no es común. Yo también entiendo la actitud de Emma, no la comparto, pero la entiendo. Hay personas que no son capaces de hablar de frente y no porque busquen esconder algo sino porque no está en su cabeza; si tenemos suerte van por las ramas y si de plano la suerte no está con nosotros, pues se lo tragan para siempre. Una forma estúpida de joder relaciones si me lo preguntas. Ingrid, cool Ingrid. Fue súper leve la mención, mujer. Mínima, diría yo. Bueno es que una indirecta no es lo mismo a no decir nada, en la indirectas buscas provocar algo en el otro y con el silencio, ciertamente no se quiere nada. Muchas gracias. Espero disfrutes el siguiente, Gracias a ti por leer y comentar y por todo. Saludos. Pd. Soy muy sensible a los cambios de humor de las personas, incluso si solo las leo y jamás las he visto, lamento tanto jum, porque me suena un poco a que algo te molestó, y no en un mal sentido, solo que te molestó. Extrañé saber de ti, ya sé que ti no te interesa ni nada de nada (ojos en blanco), pero a mí sí me gusta leerte y me reservo mi derecho de extrañarte. Abrazo.
CAPITULO XXXI Esa paz que ofrece aquello que te la quita.
-¿Cómo está eso de que no quieres asistir a la presentación de tu propio libro?- Le molestaba tener que preguntar semejante tontería, pero desde el momento en que Sidney había hablado con ella supo que no podría ir a casa sin antes escuchar a la rubia, de verdad sentía curiosidad por su respuesta. ¿Qué demonios estaba pensando?, ¿Hablaba en serio o todo era un berrinche? Emma la miraba con una expresión de sorpresa y desafío.
-¿Qué estás haciendo aquí?- No esperaba la visita de nadie, mucho menos la de Regina, por primera vez desde que la había conocido no quería verla, no quería hablar, no quería discutir y es que tenía todos los sentimientos atorados en la garganta. Había perdido la noción del tiempo. Desde que salió de la comisaría sabía perfectamente qué era lo que quería hacer, apenas llegó al departamento puso música y se dedicó a boxear, cada cuando iba al refrigerador y tomaba una cerveza, solo le apetecía eso, boxear hasta que su cuerpo no pudiera más, darse un baño y tirarse a dormir, y no soñar, esa era una de las razones por las que se había puesto los guantes, quería cansarse tanto, que llegado el momento, pudiera dormir sin soñar. Regina levantó una ceja y le dedicó una profunda mirada de reproche o al menos eso le parecía. Se giró y fue hacía la pequeña barra que había en su cocina, tomó la cerveza que tenía sobre ella y dio un trago.
-Ya te lo dije…- Entró en el departamento y cerró la puerta, se recargó sobre ella con las manos en la espalda. -Emma, yo la verdad es que…- No pudo terminar lo que quería decir porque fue interrumpida por una rubia que la miraba entre molesta y triste.
-Escucha Regina, de verdad no estoy de humor, lo digo en serio. Tuve un día especialmente malo y no quiero verte, no quiero hablar, quiero estar sola.- Dio un sorbo a su cerveza y cerró los ojos. Estaba de verdad cansada, no solo fisicamente, su cabeza estaba a punto de reventar. Todas esas emociones las sentía a flor de piel, habían sido un par de días complicados, necesitaba descansar, necesitaba dormir. -Por favor vete.- Abrió los ojos, Regina la miraba como esperando una explicación. Un sorbo más. No la tenía.
-Swan…- Era la segunda ocasión en que Emma la corría de su departamento, no estaba acostumbrada, no a que le pasara y mucho menos a tolerarlo. De no haber sido por esa mirada de tristeza que se asomaba tras la dureza de sus palabras, lo habría hecho, se habría marchado sin mirar atrás. Pero hacía tiempo que no se sentía capaz de abandonar a la rubia, hacía tiempo que sentía la necesidad de arreglar aquello que le parecía estar roto.
-Estoy hablando en serio, vete…- Dio un sorbo más a su cerveza. La mirada de Regina no le decía nada, era impenetrable, como siempre, como desde que la conoció. No tenía idea de lo que estaba pensando y tampoco estaba segura de querer saberlo. -Voy a meterme a bañar, cierra la puerta cuando te vayas.- Se terminó su cerveza y se dirigió hacía su habitación. No quería mirarla más, porque de seguir haciéndolo iba a actuar como siempre y hoy no quería hacerlo, hoy solo quería dormir.
No había podido evitar cerrar los ojos al escuchar lo último que la rubia le había dicho, respiró profundo mientras intentaba entender qué demonios había pasado. Las cosas habían quedado bien después de su reunión en la Editorial, algo había sucedido después, pero qué. Alguien le estaba oprimiendo el corazón, esa era la sensación que la invadía últimamente cada que tenía una discusión con Emma. Apareció un nudo en su garganta, el mismo, necesitaba tomar algo, sus tacones resonaron en todo el apartamento mientas se acercaba al refrigerador, tomó una cerveza y dio un gran sorbo.
Estaba cansada, había sido un día particularmente complicado, quería irse a casa, quería descansar tranquila y sin embargo estaba ahí, en el departamento de la rubia sin poder irse, sin querer hacerlo. Porque a quién quería engañar, si decidía marcharse estaría pensando toda la noche en ella. Necesitaba una explicación, pero por primera vez no estaba segura de que Emma quisiera dársela. Cuando se trataba de ella todo le resultaba muy confuso, le parecía que estaban en canales diferentes. Cuando una estaba la otra se marchaba, cuando una quería la otra desistía. Esa sensación de que era polos opuestos se hacía más evidente en esas ocasiones.
Respiró profundo y se acercó al único sofá que Emma tenía en su casa, podía escuchar la ducha de la rubia, no debía faltar mucho tiempo para que terminara y no estaba segura si lo mejor era esperar o marcharse, no le gustaba que la presionaran y ella tenía como regla no hacerlo, si su presencia no era requerida siempre se marchaba, sin pedir explicaciones y ahora necesitaba una, la necesitaba tanto que estaba dispuesta a pedirla. Cómo cambian las cosas cuando alguien se nos vuelve indispensable. Un sorbo más, odiaba la cerveza, realmente la odiaba, hasta en eso eran diferentes, Emma parecía adorarla y ella le era fiel a su vino tinto. ¿Cómo conseguir que algo así funcionara? Un sorbo más. ¿Cómo se equilibra algo que desde el principio ha caído en los extremos? Uno más. ¿Cómo se rompen lo que se ha vuelto un patrón? Otro más. La quería, la quería tanto que la única forma de quitarse ese vacío era solucionarlo.
Terminó su cerveza y se encaminó por la segunda, ya no escuchaba la ducha de la rubia, ¿Se habría dado cuenta de que aún seguía ahí?, su corazón se aceleró al instante, ¿Qué debía hacer si Emma nuevamente la corría de su departamento? Se acercó al sofá mientras daba un sorbo más. No quería forzar las cosas, siempre había sido congruente entre lo que decía y lo que hacía, no quería equivocarse, no sabía qué hacer. Un sorbo más. Lo iba a intentar con esa valentía de creer que, a veces, querer es suficiente.
-Pensé que la cerveza no era lo tuyo.- Desde que había entrado a su habitación había intentado aislarse de lo que pasaba en la otra parte de su departamento, evidentemente no lo había conseguido, en lugar de conseguir relajarse todo el rato que había pasado en la ducha había pensado en si había hecho o no lo correcto. Salir y escucharla le había acelerado el pulso. La morena estaba sentada en su sillón con los ojos cerrados y una cerveza en la mano. No estaba segura de haber hecho lo correcto, actuaba siempre por instinto, no pensaba nunca, la había corrido pero no quería que se fuera. Y no se había ido. Por primera vez Regina no se había ido, había esperado, la estaba esperando.
-Últimamente estoy haciendo cosas que pensé que nunca haría…- En cuanto escuchó su voz su corazón se aceleró, abrió los ojos y se topó con una rubia que acababa de recargarse en el marco de la puerta y que la miraba. Tenía ambas manos en la espalda, su semblante le decía que estaba más tranquila. Con un poco de suerte iban a poder hablar en lugar de discutir.
-No eres la única.- No estaba segura de si Regina estaba molesta o simplemente cansada. Tenía la impresión de que estaba a la defensiva, no le gustaba el tono en que le estaba hablando. Necesitaba pensar mejor las cosas, necesitaba respirar antes de hablar.
-Nunca dije que lo fuera.- Dio un sorbo más a su cerveza, tenía que relajarse, si de verdad quería arreglar las cosas con la rubia en una de las dos tenía que caber la cordura. Nuevamente se recargó en el respaldo del sillón mientras daba un gran suspiro.
-Realmente ¿no te vas a ir?- Regina de inmediato se giró a mirarla, le había dolido el comentario, lo podía ver en sus ojos. Ese silencio que inundó la sala era señal de que estaba pensando bien lo que iba a decirle. La frase no había sonado como la había pensado, le sorprendía que Regina siguiera aún en su casa, era una situación que le costaba mucho creer. No porque de verdad hubiera querido que se fuera sino porque nunca pensó que se quedara.
-Realmente ¿quieres que lo haga?- Se había incorporado en cuanto había escuchado a Emma, le interesaba saber si de verdad la rubia quería que se marchara. No le gustaba imponer su presencia y desde que decidió quedarse esa sensación la embargó. Una parte de ella creía que lo que había dicho había sido por la molestia del momento, pero otra le exigía respetar lo que se le había pedido, incluso cuando no entendiera el motivo. Emma había desviado la mirada y eso le daba un poco de esperanza.
-No. No quiero que te vayas.- Su corazón estaba acelerado, eran tantos los sentimientos que le provocaba Regina que casi siempre terminaban desbordándola. Si su cariño por ella no fuera tan profundo todo sería más fácil, sabría cómo mantenerse al margen, qué decir y qué no. Por supuesto que no quería que se fuera, lo había dicho porque estaba enojada, porque estaba dolida, pero sobre todo lo había dicho porque tenía miedo.
-Emma ¿Qué pasó?- La rubia levantó la vista y pudo percibir cierta desolación en su rostro, odiaba verla así pero le molestaba más no saber la razón. Seguramente esa sensación era la misma que Emma había sentido en la fiesta, y es que a veces, no importa cuantas veces se lo expliquen, uno no entiende hasta que por fin entiende.
-No quiero hablar de ello.- Aún le dolían muchas cosas, su mano, el orgullo, su corazón. Recordar lo que había pasado con Daniel era un herida abierta.
-Emma…- Puso la cerveza sobre la mesa que tenía enfrente e hizo el intento de levantarse. La rubia negó y con ambas manos le pidió que se mantuviera sentada. Fue entonces cuando se percató de la mano de la rubia, estaba visiblemente inflamada, además de que empezaba a ponerse de un tono morado, ese tipo de lesiones eran consecuencia de haber golpeado algo, de haber golpeado a alguien, ella bien sabía de eso. ¿En qué se había metido Emma para terminar así?
-Por favor…- No pudo evitar hacer una mueca, había olvidado completamente el golpe en su mano. Esperaba que Regina no se hubiera dado cuenta de nada, lo que menos quería era dar explicaciones de qué era lo que le había pasado.
-Esta bien… ¿De que quieres hablar entonces?- Nuevamente tomó la cerveza y le dio un sorbo más, ahora más que nunca quería saber qué había pasado con Emma. Pero tenía claro que debía ir con cuidado, la rubia estaba ya muy a la defensiva.
-No lo sé…- Se acercó al refrigerador para sacar una nueva cerveza. No sabía de qué hablar con Regina, estaba todo tenso y aunque no quería que se fuera tampoco tenía claro si quería que se quedara.
-¿Qué te pasó en la mano?- La rubia se sentó sobre uno de los taburetes y tras unos segundos examinándose la mano, cerró los ojos.
-Tampoco quiero hablar de eso.- Su mano se veía mucho más inflamada que cuando llegó a casa. Estaba segura que haberse puesto a boxear le iba a cobrar factura los días siguientes. Pero es que no encontró otra forma de sacar toda esa bronca que traía dentro. Abrió los ojos y dio un otro sobro a su cerveza.
-Emma…- Estaba intentando poner de su parte, pero la verdad era que la paciencia no era su mayor virtud.
-¿Qué?- Esos ojos chocolate la miraban como tratando de descifrar qué estaba ocurriendo, sus piernas cruzadas, balanceando una sobre la otra, daban la pauta a lo que parecía ser cada uno de sus pensamientos.
-Déjame ponerte hielo…- Le preocupaba el aspecto que estaba tomando la mano de la rubia, pero le preocupaba aún más que éste parecía ser un reflejo de cómo se sentía por dentro. Emma dio un sobo a su cerveza, ya no la miraba, volvía a examinarse la mano mientras meditaba su respuesta.
-No tienes que hacerlo.- Había levantado la vista justo en el momento en que lo dijo, podía ver preocupación en esos ojos chocolate. Y ella lo único que sentía era miedo, no podía evitar sentir ese maldito miedo.
-Quiero hacerlo.- Pudo ver la vacilación en sus ojos y es que últimamente tenía la impresión de que Emma le decía tantas cosas con tan solo mirarla. Se levantó y se acercó al refrigerador, la rubia volvía a mirarse la mano mientras ella sacaba algunos hielos y los ponía en una bolsa. La tomó de la mano y la llevó hasta el sillón en el que había estaba sentada. La hizo sentarse mientras, con sumo cuidado, colocaba la bolsa de hielo en su mano. -Ay Emma…- No pudo evitar negar mientras miraba el estado de la mano de la rubia. -¿Cómo diablos se te ocurre boxear teniendo la mano así?- Esos ojos verdes que tanto le gustaban la miraron mientras su dueña se encogía de hombros. -Y te atreves a decir que la descuidada soy yo…- Puso los ojos en blanco mientras la rubia daba un trago a su cerveza.
-Hay cosas que duelen mucho más que esto…- Hizo un pequeño movimiento con la mano, con lo cual lo único que consiguió fue soltar un bufido de dolor. Regina la miraba sorprendida por lo que acababa de escuchar.
-¿Qué demonios fue lo que hice?- Sentía una mezcla de coraje y curiosidad, la forma en la que decía las cosas la intrigaba de verdad. Emma desvió la mirada, le parecía que estaba pensando si debía o no decir lo que sentía.
-¿Por qué no quieres ir conmigo a la presentación?- Esa era tan solo una pequeña parte de todo lo que le dolía. La morena cerró los ojos de forma instintiva en cuanto escuchó la pregunta, tenía la sensación de que estaba a punto de perder la calma. -¿Te da pena?- Regina abrió los ojos y su mirada era la de alguien que no podía creer lo que escuchaba.
-¿Es eso lo que piensas?- A veces no podía creer lo insegura que podía ser Emma, ¿Es que de verdad no era consciente de cuan importante era para ella? La rubia la miraba con una mueca en el rostro, parecía entre molesta y apenada. Dio un nuevo sorbo a su cerveza. -Emma… aún estamos definiendo esto que tenemos…- La rubia puso los ojos en blanco e hizo el amago de levantarse, evidentemente no se lo permitió. -Querías una respuesta, pues ahora me vas a escuchar, aunque no te guste lo que diga. Y no me mires así… es la verdad… no estoy diciendo que no tengamos una relación, estoy diciendo que la estamos definiendo…- Cerró los ojos porque lo que iba a decir podía crear un malentendido entre las dos, pero estaba intentando ser lo más honesta posible, tenía que hacerlo. -Ingrid ha sido la única persona que he presentado como mi pareja en la Editorial, mucho tuvo que ver que formara parte de mis proyectos, pero eso no importa, desde entonces y hasta entonces jamás había presentado a nadie como mi novia. Jamás había querido que nadie lo fuera.- La rubia no dijo nada, estaba claro que esperaba a que continuara. -No me mal interpretes…- No pudo terminar porque la rubia lentamente había retirado su mano del hielo.
-Creo que no era esa la respuesta que esperaba, o más bien, sí la esperaba, pero quería que fuera diferente.- Regina cerró los ojos en cuanto escuchó lo que había dicho.
-Jamás había querido que nadie lo fuera…- Abrió los ojos, su corazón se disparó cuando Emma volvió a mirarla. -…hasta ahora… Jamás había querido que nadie lo fuera hasta ahora…- Emma la miraba sorprendida. -Nunca sentiría vergüenza de decir que eres mi pareja… pero es que, siendo sincera, aún no lo eres…- La sonrisa que la rubia le estaba regalando era digna de recordarse, un centenar de mariposas se despertaron en su estómago. Necesitaba poner un poco de distancia, se levantó, tomó la cerveza y se encaminó hacía la cocina.
-Si de verdad es ese el problema…- Se levantó del sillón, no podía creer lo que acababa de escuchar, no se esperaba una confesión así y parecía que Regina tampoco tenia planeado hacerla. No podía dejar de sonreír. -Hay que darle una solución…- La morena le daba la espalda, había abierto el refrigerador, al parecer en busca de una nueva cerveza. -Sé mi pareja…- Se giró hacía ella, parecía preguntarle si lo que acababa de decir era en serio. -Regina Mills, sé mi novia…- La morena desvió la mirada y no pudo evitar que un hueco le borrara de golpe las mariposas de su estómago. ¿Había entendido mal? Una sensación de desolación la estaba embargando cuando Regina la miró nuevamente y entonces lo tuvo claro.
Emma había comenzado a caminar en su dirección y ella no pudo evitar hacer exactamente lo mismo, ese brillo en los ojos de la rubia siempre conseguía hipnotizarla, hacía que se sintiera en un lugar que era solo de ellas y de nadie más. En cuanto la tuvo a su alcance posó ambas manos sobre sus mejillas y la atrajo hacía si. Frente contra frente podía escuchar la agitada respiración de la rubia y estaba segura que ella podía escuchar los latidos de su corazón. Sin pensarlo demasiado la besó, la besó esperando que Emma comprendiera cuál era su respuesta, y no precisamente a si deseaba ser su novia, sino a todo eso que se negaba a preguntar y que tanto la atormentaba, necesitaba que entendiera que ahora estaba ahí, que antes no lo había estado pero que ahora nada la haría irse, no iba a dejarla, porque ya no quería hacerlo, porque esos momentos en que conectaban de esa forma tan especial eran los que la hacían volver y volver una y otra vez.
Podía sentir cómo todo su cuerpo comenzaba a subir de temperatura, la cercanía de la rubia combinada con la urgencia con que se besaban empezaba a nublarle las ideas. Emma había comenzado a besarle justo detrás de la oreja dejando como consecuencia una sensación de pura energía recorriéndole todo el cuerpo, tenía ambas manos sobre su cintura y no encontraba la forma de retomar el control de una situación que estaba a punto de írsele de las manos. No pudo evitar cerrar los ojos cuando sintió sus manos sobre su cadera y es que Emma era capaz de hacer reaccionar su cuerpo con tan solo un roce, con tan solo una caricia.
Sus manos por su parte jugaban a encontrar un resquicio entre su ropa para poder llegar así hasta su piel y es que mientras más tiempo pasaba la rubia en su cuello menor control tenía sobre ellas. Estaba inmersa en la exploración de la clavícula de la rubia cuando ésta llevó sus manos de su cadera hasta sus piernas pasando por su trasero y sin mucho esfuerzo la cargó. Todo pasó muy rápido, terminó cruzando las piernas alrededor de su cintura mientras comenzaba a besarle la oreja, estaba claro que ninguna de las dos tenia intención de ponerle freno a una situación que llevaban tanto tiempo retrasándose.
A trompicones, porque tenía la certeza de que sus besos distraían enormemente a la rubia, consiguieron llegar a su habitación. Emma la sentó en la cómoda mientras continuaba recorriendo su clavícula a besos, con la urgencia de quien no puede controlar sus impulsos, de quien no desea hacerlo. Ella por su parte había pedido por completo el control de la situación y es que tratándose de Emma no estaba segura de llegar a tenerlo en algún momento. La rubia se separó apenas un instante para comenzar a desabrochar su camisa, fue en ese segundo de vacilación cuando por fin se vio reflejada en esos ojos verdes que ahora le parecían más obscuros que nunca. Emma estaba esperando su aprobación, estaba pidiendo permiso, fue entonces cuando por fin vio la oportunidad y por supuesto que no la desperdició.
Estaba completamente desbordaba por el deseo, Regina era sin lugar a dudas la mujer más hermosa que había conocido nunca, pero en ese momento no era lo único que la tenía vuelta loca, sus sentimientos por ella eran tan profundos que maximizaban todas sus sensaciones. La morena le hacía perder la cabeza como nunca nadie lo había hecho antes, desde que había comenzado a besar su cuello supo que no podría detenerse, ese olor a manzana tan peculiar en Regina le parecía que se había adueñado de cada centímetro de su piel. Fue justo en ese momento, cuando dejó de enfocarse en seguir recorriendo su cuerpo a besos porque deseaba hacerlo con caricias, cuando fue consciente de que, para ella, ese era su punto de no retorno, si Regina tenía alguna duda ese era el momento de parar.
Eran negros, parecía que el chocolate que tan bien conocía había sido eclipsado. Sentada sobre la cómoda de su cuarto con esa expresión en el rostro y esa camisa blanca, que dejaba a la vista justo lo necesario para volver loco a cualquiera, le resultaba más irresistible que nunca. No pudo preguntar lo que quería preguntar porque en cuestión de un segundo tenía ya la tenía encima. La morena había comenzado a besarla, ambas manos en sus mejillas y nuevamente había terminado entre sus piernas. Las manos de Regina, a diferencia de hacía unos minutos, parecían saber exactamente lo que querían, fueron directamente a su cintura y sin mucho preámbulo hizo pasar su blusa sobre su cabeza de un tirón, y junto con su ella se fue esa última telaraña que le empañaba el pensamiento.
Tuvo la sensación de tener por fin el control hasta que le sacó la blusa a la rubia de un tirón, sabía perfectamente que era una mujer atlética pero lo que estaba presenciado era mucho más que eso. El tono de su piel, esa curva en su cintura que terminaba justo en los huesos de su cadera, su abdomen y cada músculo visible en él, su pecho, tan perfecto, tan apetecible. Emma era mucho más que eso, y sí, era también, todo eso.
-Eres preciosa…- Su mano tenía vida propia, con las yemas de los dedos comenzó a recorrer su clavícula mientras con la mirada recorría su cuerpo sin ningún reparo, al llegar justo a la base de su cuello comenzó a descender, era apenas un roce y aún así tenía la sensación de quemar la piel de la rubia a cada paso. Justo cuando sus dedos estaban en el centro de su pecho fue cuando bajó de la cómoda y comenzó a empujar a la rubia hacía la cama que estaba justo detrás.
Magia, eso era lo que le parecía existía entre las dos cada que se miraban, la mejor prueba de ello era esa conexión que sentía en ese preciso momento, Emma terminó tropezando con la cama y cayendo sobre ella. Comenzó a desabrochar cada botón de su camisa con la certeza de saberse deseada, en el rostro de la rubia se dibujó una sonrisa pícara, estaba ya por el último de ellos cuando le guiñó un ojo, ésta pareció salir de su letargo porque de pronto la tomó por las pretinas del pantalón y la atrajo hacía ella. Comenzó a acariciar sus piernas por encima de la ropa mientras comenzaba a besar su estómago que le quedaba a la altura perfecta. De inmediato sus músculos comenzaron a tensarse, cientos de espasmos le recorrían el cuerpo y no pudo evitar cerrar las ojos. Una vez más volvía a perder el control de todo, pero en esta ocasión, no le parecía que fuera lo peor del mundo.
Sus dedos recorrían su espalda mientras besaba de a poco su vientre, su piel se erizaba a cada roce, a cada beso, conseguir que perdiera el control era su objetivo. Despacio, a su ritmo, buscando desquiciar aquello que le parecía siempre tan contenido. Sus manos navegaban, de su espalda a su cintura, como bailando sobre terreno conocido, no pasó mucho tiempo cuando Regina tomó una vez más su rostro y la besó con desespero. En un solo movimiento consiguió que terminara en la cama, aún con los ojos cerrados se encargó de quitarle su pantalón y retirar el suyo.
-Emma…- Fue apenas un susurro. Podía sentir su respiración contra su vientre, la rubia recorría su piernas con la yema de los dedos, una y otra vez, como si buscara grabarse en la memoria cada linea de su cuerpo. Desde su tobillo hasta su cadera, de ida y de regreso, sin prisa, como quien sabe lo que tiene y por eso lo disfruta.
-Eres preciosa… la más…- No quería irse nunca, quería eso, quería eso para siempre. Jamás había sido consciente de la diferencia entre tener sexo y hacer el amor hasta ese momento, tener la posibilidad de sentir eso que ahora sentía le daba la certeza de que amar, en definitiva, hacía la diferencia. Terminó nuevamente besando su clavícula tras recrearse por largo rato con sus pechos. Besaba su cuello y su barbilla, mientras miraba como Regina apretaba los puños y arqueaba su espalda. -Te amo…- La morena abrió los ojos de golpe y con la punta de la nariz le acarició la mejilla.
-Te amo…- La sonrisa que la rubia le dedicó valía todo lo pasado, Emma Swan era un buen lugar para esta pero sobre todo un buen lugar para pertenecer. -Es mi turno.- Hizo un gesto arrugando la nariz y en un movimiento bastante ágil consiguió girar a la rubia para que ésta quedara boca abajo justo a su lado. Y comenzó; a besar, a cubrir, a descubrir; a acariciar, a recorrer, a demostrar. La piel de la rubia era más sensible de lo que parecía, cada vez que deslizaba sus dedos por ella dejaba siempre un rastro, y es que le parecía que no estaba acostumbrada a su tacto. Se estaban conociendo, en todos los sentidos.
A pesar de lo hermosa que le parecía la lencería de la morena no le había costado nada quitársela, necesitaba sentirla, su sudor, su calor. Piel con piel. Cada beso daba pie a uno más, cada caricia incitaba a continuar, a descubrir, a inventar. La cosa con las adicciones es que uno nunca se da cuenta en qué momento ya lo son. Ella estaba segura de que se haría adicta a su piel, a su olor, a su sabor. Parecía que su cuerpo se acoplaba a la perfección con el de ella, sus movimientos resultaban instintivos, escuchar cómo su respiración pasaba de estar en calma a acelerarse con tan solo una caricia en el lugar preciso, la provocaba.
Sentir su cuerpo vibrar entre sus brazos era algo de lo que nunca se iba a cansar, le había llevado gran parte de la noche conocerla y reconocerla. Había descubierto que el lunar que tenía en su pecho izquierdo era el favorito de todos, que si besas por mucho tiempo su entrepierna sufría un ataque de risa inevitablemente, que si acariciaba su espalda justo a la altura de las costillas conseguía que se perdiera en deseo, que después de un orgasmo se refugiaba en su cuello, que si le niegas algo que desea solo consigues que lo busque con mayor determinación, que si la dejas tomar el control no lo soltará tan fácil, que te puede decir que te ama sin que salga palabra de su boca. Había disfrutado tanto en las últimas horas que no entendía cómo es que no lo habían hecho antes.
Tenía cerca de una hora dormida sobre su pecho, ella por su parte se negaba a hacerlo por temor a que todo fuera un sueño. Nunca había tenido tanto miedo de perder a alguien hasta ese momento. Tenerla y perderla no era opción. Acariciaba su oreja distraídamente mientras pensaba en todo lo ocurrido en las últimas semanas, ¿Cómo es que conseguían llegar a los extremos con tanta facilidad? ¿Cómo es que uno puede amar tanto a alguien y terminar lastimándolo sin piedad? ¿Cómo se llega a un equilibrio cuando ya no se puede ser objetivo?
-¿Cómo es que sigues despierta después de todo lo que hemos hecho?- No pudo evitar que un gran bostezo se le escapara. Había intentado con todas sus fuerzas permanecer despierta pero estaba demasiado cansada y relajada para conseguirlo.
-Es que eso para mí es apenas el principio. La que ya no está para esos trotes es otra. - La carcajada de la morena le llenó el alma, escucharla reír era siempre bálsamo para sus heridas. Regina se separó un poco de su pecho para poder morderle la barbilla. -¡Ay!-
-Disculpa pero no fui yo quien quiso tomar un descanso…- Se había vuelto a recostar sobre su pecho. Por supuesto que no lo iba a confesar pero empezaba a gustarle esa chulería que emanaba Emma cuando estaba contenta.
-Es que bastaba verte el rostro para saber que necesitabas un descanso. Descuida, no todas pueden aguantarme el ritmo.- Supo que se había equivocado en cuanto la morena comenzó a moverse para zafarse de su abrazo.
-¿Todas?- El calor se subió a sus mejillas y buscó bajarse de la rubia y poner algo de distancia, era una tontería pero los celos casi siempre lo son. Emma por supuesto no se lo permitió y la abrazó aún con más fuerza.
-Perdón…- Un beso en una mejilla. -Perdón…- Un beso en la otra. -Perdón…- Uno más en la punta de la nariz. -Yo nunca he tenido una novia y nunca pienso lo que digo…- Regina puso los ojos en blanco y nuevamente se recostó sobre ella.
-Yo tampoco…- De inmediato todo lo que había pasado cuando llegó a su departamento le invadió la cabeza. Tenían aún muchas cosas que aclarar. -Emma…- Y siendo honestas no todo recaía sobre la rubia, ella también tenía mucho que decir.
-Lo golpeé…- Estaba segura que una discusión iba a salir de todo eso pero aún así necesitaba decirlo. Necesitaba decírselo. La morena nuevamente levantó la cabeza y la miró curiosa.
-¿A quién?- Estaba segura de que no le iba a gustar lo que la rubia iba a decir, tenía esa expresión en el rostro que aparecía cada vez que estaba a punto de confesar algo.
-El tipo de la fiesta. Afuera de la Editorial, hace un rato. Él fue y yo lo vi y lo golpeé.- De inmediato el cuerpo de Regina se tensó y se separó aún más de ella, cerró los ojos y se pasó la mano por el puente de la nariz.
-¿Que hiciste qué?-
...Continuará...
