Hola,
Primero que nada ya les tengo por aquí el nuevo capítulo. Espero lo disfruten mucho, ya me contarán lo que les ha parecido. Segundo, comentarles que queda ya solo un capítulo más, a menos que al momento de escribirlo se haga realmente largo, podría dividirlo en dos, pero la idea es que sea solo uno. Aún no tengo claro si habrá Epílogo pero supongo que cuando suba el siguiente ya lo tendré claro y se lo haré saber. Tercero, lo de todas las veces, agradecerles enormemente que sigan leyendo y comentando lo que escribo, espero la historia esté siendo una que valga la pena recordar. Muchas gracias por todo. Disfruten.
Pd. Las partes que están en cursiva son recuerdos.
Jblack: Supongo que las relaciones son así, van evolucionando y estoy de acuerdo en que es necesario querer las cosas para poder conseguirlas. Es un capítulo importante para dejar muy en claro cómo es que Regina se siente ahora frente a Emma, así como la rubia ante una Regina mucho más comprometida que antes. Lamento mucho lo del accidente, no tengo mucho que decir porque terminaría dándote spoiler de lo que estás por leer pero ya me contarás lo que te ha parecido. No eres odiosa, para nada. Es solo que a veces no me acompaña la creatividad y no sé cómo escribir y otras, como los dos capítulos pasados, me daba mucha pena escribir lo que tenía que escribir y me rehusaba a hacerlo. Pero una vez superada la tristeza pues conseguí hacerlo. Tardé muy poquito en actualizar. Muchas gracias por seguir comentando y por leerme, espero disfrute del siguiente. Saludos y besos hasta Argentina :).
dcromeror: Está listo el capítulo, tardé super poquito en comparación con el pasado. Lamento mucho lo del accidente. Qué gusto que lo hayas disfrutado. Muchas gracias por seguir leyendo y comentando, espero disfrutes enormemente el siguiente. Saludos.
Wajibruja: Ay, lamento mucho todo. No quiero escribir mucho porque terminaría dándote un spoiler. Solo puedo decir que justo la razón por la que tardé tanto en escribir el capítulo anterior era porque mi yo interior se negaba a redactar esa muerte. Es la primera vez que escribo algo, pero puedo decirte que despedirte de un personaje es complicado, sobre todo uno tan adorable. Qué gusto que disfrutes la lectura, eso siempre es bueno de leer, gracias. El comentario es super apropiado, me encanta lograr que las personas que me leen puedan sentirse en los zapatos de todos los personajes, además me ha pasado tener esa sensación de saber que algo no va a terminar bien, creo que a eso es a lo que te refieres. Muchas gracias por tus palabras, no tienes idea de lo bonito que es leer algo así, que te lo hagan saber ayuda para cuando las escenas están en tu cabeza pero las palabras se niegan a salir. Espero de verdad disfrutes el siguiente capítulo (a pesar de todo), nuevamente, muchísimas gracias por tus comentarios y por seguir leyendo mi historia. No te tocó esperar tanto, espero escribir el siguiente en más o menos el mismo tiempo. Pues en mi caso, por comentarios como el tuyo vale la pena la cantidad de tiempo que le dedico a escribir, a pesar de lo difícil que es algunas veces. Saludos.
Guest: No te preocupes, no es Regina. No quiero decirte mucho porque no deseo darte un spoiler, pero Regina está a salvo. Muchas gracias, siempre es un gusto leerla a ustedes, hacen que valga la pena (escribir a veces cuesta). Muchas gracias por el comentario y por leer. Abrazos.
Ruth maria: Kat es un amor, yo también estoy muy enamorada de ella. Es que una vez que uno topa con una amistad así sería una tontería perderla solo por no pensar lo mismo en ciertas situaciones. Al menos eso creo yo. A veces creo, que tu alma gemela bien podría ser tu mejor amiga, no necesariamente tu pareja, no lo sé, creo que hay casos. Ya era hora de que Regina fuera capaz de defender lo que tiene con Emma y de paso darle un poco de seguridad a esa rubia que no termina de creerse que por fin tenga algo en serio con Regina. Kat y Emma son los grandes pilares de Regina, es siempre bonito que tengan buena relación. A veces las cosas no salen como uno las espera, y al final, terminan saliendo mucho mejor, eso es muy cierto. Pues no te escribo mucho para no darte un spoiler, pero ya me contarás lo que te ha parecido el capítulo. Me da mucho gusto que hayas disfrutado tanto el anterior y espero sea igual con éste. Muchas gracias por seguir leyendo y comentando. Sus comentarios hacen que valga la pena escribir, incluso cuando más difícil se vuelve. Saludos.
kykyo-chan: Ya tienes el capítulo por aquí para saciar esa duda. Espero lo disfrutes mucho, ya me contarás lo que te ha parecido. Gracias por seguir leyendo y comentando. Saludos.
Lizzie Gza: Pues no puedo decirte mucho porque terminaría dándote un spoiler y el chiste es que el capitulo por si mismo te vaya sorprendiendo. Ya me contarás una vez que lo hayas terminado si lo que tenías en mente es lo que realmente ha sucedido. La amistad de Regina y Kat es realmente adorable, es una de esas amistades que uno desearía tener pero que no todos tiene la suerte. Los celos de las dos son sutiles, como recordatorios de la suerte que se tiene de estar con alguien así de increíble, no sé si me explico bien. Yo también disfruto mucho de escribirlos, me resultan muy divertidos. Creo que era la única manera de que Regina lo dijera, me parece que exponerse al 100% no es algo que lleguemos a ver, por eso suele ir por las ramas, tanteando el terreno. Regina es muy especial, al menos el personaje que yo deseo crear es así, tan complejo como adictivo. Tienes razón Emma, no tiene ojos para nadie más. El tercero es el más doloroso de todos. Qué bueno que te dejo 'flipando' ja :). Está listo, creo que he tardado bien poquito en actualizar. Reitero, deseo que el siguiente sea igual, que los disfrutes y me cuentes qué te ha parecido. Muchas gracias por seguir leyendo y soportando mis cerebro intenso y extraño. Cuéntame lo que tenías en mente. Cuídate mucho. Saludos.
15marday: Ha habido muchos avances en la relación de esas dos, por fin vemos claro que las cosas están para quedarse. A veces las cosas no salen como uno las espera sino mucho mejor, creo que justo eso es lo que le ha ocurrido a Emma. Pues no quiero darte un spoiler antes de tiempo, así que esperaré a que leas el capítulo y ya me contarás qué es lo que te ha parecido. Muchas gracias por seguir leyendo y comentando. Saludos.
Antrilewis: Primero que nada agradecerte enormemente que le hayas dado una oportunidad a la historia, siempre es lindo saber que hay alguien por ahí leyendo algo que has escrito, gracias. ¿Mucho drama? Pues es que así es de pronto la vida de algunas personas, pero sí supongo que a veces hay un poco más drama del necesario. No quiero escribir mucho del tema porque no deseo darte un spoiler que te arruine el capítulo, siempre es bueno ir leyendo y descubriendo las cosas, al menos eso es lo que me parece a mí. *Emoticon con un cierre en la boca* jaja. Ya me contarás qué te ha parecido el capítulo, espero lo disfrutes mucho y la espera haya valido la pena. Muchas gracias por compartirlo, es súper bonito leer algo así, hay ocasiones en que escribir se vuelve complicado, y es cuando suelo releer esto, te juro que ayuda. Gracias por los comentarios, por leer, por todo. Aquí tienes el capítulo. Disfruta. Saludos.
Capítulo XXXiV Todo cambia y no hay consuelo.
El sonido de la alarma, que ya iba por la tercera vuelta, la trajo de regreso a la realidad, no era algo que le sucediera muy a menudo, regularmente era ella la que le ganaba al reloj, pero es que en los últimos meses su rutina presentaba altos grados de locura. La noche anterior había sido especial en muchos sentidos, la presentación del libro, la propuesta que le había hecho a Emma, la forma en que la rubia había decidido responder, la maravillosa noche que habían pasado juntas, todo había salido a pedir de boca y eso que la mitad de las cosas ni siquiera las había planeado. Se negaba a abrir los ojos, quería seguir soñando con todo lo que había sucedido en las últimas 24 horas, y así, con los ojos cerrados pero con una sonrisa en el rostro, estiró el brazo buscando el calor del cuerpo que la había acompañado toda la noche.
Los recuerdos empezaron a llegar, Emma no estaba ahí, había tenido que ir a trabajar, se había despedido de ella al marcharse. Necesitaba hacer algo con ese trabajo o al menos con ese espantoso horario, no le gustaba eso de dormir con ella pero no poder despertar juntas. ¿En qué momento se había enamorado al grado de molestarse porque su novia no pudiera despertar con ella por irse a trabajar? Y es que la mayoría de las veces uno no está seguro de que está enamorado hasta que no tiene la menor duda.
Todavía era capaz de sentir las manos de la rubia recorriendo su cuerpo, diciéndole con cada caricia cuánto la quería, y es que Emma era así, capaz de demostrárselo una y otra vez, cada una siempre diferente y siempre dejándole la sensación de que era la primera vez. Y una sonrisa apareció nuevamente en su rostro y desapareció al instante, odiaba ese trabajo con todas sus fuerzas, definitivamente tenía que hacer algo al respecto.
Era momento de levantarse. Uno por uno empezaban a llegar a su cabeza todos esos pendientes que puso de lado por dedicarle todo el tiempo al libro de Emma. Iba a ser un día complicado, no terminaba de entenderse con la suplente de Ruby, sabía que había hecho lo correcto pero en verdad extrañaba tenerla como su asistente. Suspiró y dio un salto fuera de la cama, tomó su celular y le marcó.
-¿Qué tal estuvo el sexo?- Era una rutina, Regina la llamaba todas las mañanas y ella siempre la saludaba de la misma manera.
-¡Dios Santo! ¿Cuándo terminará esto?- Cada día era lo mismo, desde su primera vez con Emma y ante su negativa de contarle todos los detalles, cada mañana su mejor amiga le repetía la misma pregunta, ella decía que no perdía la esperanza de que fuera ese el día en que decidiera contarle, pero conociendo a Kat como la conocía, le parecía que lo que estaba haciendo era burlarse de ella hasta que, con tal de no seguir soportándolo, cediera.
-Cuando seas capaz de decirme qué tal estuvo el sexo…- La risa de su amiga la hizo sonreír. Le gustaba esas nuevas costumbres que habían adquirido desde el embarazo, pero le gustaba más lo feliz que Regina parecía estar.
-No es de tu incumbencia… ¿Cómo amaneciste hoy?- No había forma de conseguir que su amiga se olvidara de ello. Lo mejor era cambiar el tema y esperar que el día siguiente todo fuera diferente.
-Más embarazada que nunca…- Ya solo le faltaba un mes, y si las molestias iban a ir por ese camino iba a ser el mes largo de su vida.
-¿El tipo de embarazada que no quiere salir de casa?- Escuchaba un poco de molestia en la voz de Kat, su amiga estaba harta del embarazo, aunque estaba segura de que adoraba a su bebé, estaba también segura de que ese estado no era algo que con el paso del tiempo le apeteciera recordar.
-Mmmm…- Estaba cansada, todo el tiempo estaba cansada, pero Regina era siempre una buena razón para hacer excepciones. -No, del tipo que se queja mucho pero siempre tendrá ánimos de salir.- Además si Regina tenía una invitación que hacer seguro era por algo en especial.
-Esa es mi chica…- Se acercó a su clóset y comenzó a elegir la ropa que usaría ese día. -Hablaba para invitarte a cenar… a ti y a James, obviamente.- Un traje sastre negro, camisa blanca con un escote que muestre lo justo.
-¿Los dos? ¿A tu casa?- Era extraño, Regina nunca invitaba a James a nada, es decir, cuando tenían que verse lo hacían sin problemas, además su relación había mejorado mucho con el tiempo, pero no para pasar tiempo juntos los tres, entonces entendió por donde iba el asunto. -Ya veo… Vamos a tener una cita en parejas…-
-No lo digas así…- Zapatos altos, negros también.
-Así ¿cómo? Es la verdad, sabes que jamás habíamos tenido una cita doble, nadie te había inspirado a hacerlo.- El tiempo que pasaba con Regina era casi siempre solo para ellas dos, James lo sabía y no tenía problema con ello. En su momento, ni siquiera con Ingrid solía convivir mucho.
-Ya lo sé…- Lo había pensado, le gustaba tenerlas cerca, estaba feliz cuando era así. -Pero no es por eso, necesito proponerte algo…-
-¿Proponerme algo? Pues propónlo…- Estaba recostada, James se había ido a trabajar y ella no tenía muchas ganas de salir de la cama.
-En la noche…- Tenía una sorpresa para su amiga aunque en realidad necesitaba que James también escuchara lo que tenía que proponer era por eso que la invitación los incluía a ambos. . -Eso es todo, cariño, que ya voy tarde y a diferencia de Ruby, todavía tengo que llegar a explicarle a Mérida cómo es que me gusta el café.- Le estaba costando mucho acostumbrarse a su nueva asistente, no es que fuera mala, es que no la conocía.
-Terminará encontrando el camino, dale una oportunidad…- Regina era alguien complicado cuando de empezar una relación se trataba, incluso si ésta era de trabajo. Era tan capaz en muchos sentidos que no le cabía en la cabeza que las demás personas no fuera igual. En el pasado solía recordarle que no todas las personas tenían su capacidad, que la paciencia era una virtud, evidentemente no había servido de nada, su amiga era igual de desesperada que siempre.
-Le he dado muchas, Kat… es distraída y…- Respiró profundo, se había quejado ya tantas veces de ella con todo el que estaba dispuesta a escucharla que tenía que encontrar la forma de relajarse. -Es recomendación de Ruby, es recomendación de Ruby… voy a armarme de paciencia…-
-Haces bien, recuerda cómo era Ruby al principio…- Le había llevado tiempo a su amiga acostumbrarse a la pelirroja, había sido con el paso del tiempo que ambas encontraron la manera de trabajar juntas. Estaba segura de que la situación con Mérida era exactamente la misma. -A las siete ¿está bien?
-Lo sé…- Recordaba perfectamente la cantidad de ocasiones que le había tenido que explicar a Ruby cómo era que le gustaba su café, era muy distraída al principio. -A las siete está perfecto… Cuídate, Kat. Nos vemos por la noche…- Había empezado a llenar la tina, iba a ser un día complicado y necesitaba relajarse antes de enfrentarlo. De todas formas ya iba tarde, media hora más no iba a empeorar las cosas.
-Nos vemos cariño…- Iba a ser una noche interesante, le gustaba mucho la idea que había tenido su amiga, todo había ido cambiando poco a poco y por fin tenía la certeza de que había encontrado su equilibrio. -Regina…-
-¿Sí?- Empezó a poner las sales y el jabón necesario.
-Me gusta escucharte así de feliz…- Regina había cambiado mucho en los últimos meses, por primera vez desde que la conoció la veía feliz, genuinamente feliz.
-Te lo debo a ti…- Dejó lo que estaba haciendo y no pudo evitar sonreír, Kat la había ayudado mucho, gran parte de la felicidad que sentía ahora era a causa de ella y de la forma que tenía de decirle las cosas, de entenderla, incluso cuando ni ella misma lo hacía.
-Bueno eso ya lo sé…- La risa de Regina la hizo sonreír. -Ya encontrarás la forma de pagarme… Te quiero, cariño.- Dio un sorbo al insípido té que tenía sobre su estómago.
-Te quiero, Kat. Te veo en un rato.- Colgó y empezó a quitarse la ropa, no tenía mucho tiempo, pero quería aprovecharlo para relajarse un poco.
No fue media hora lo que terminó metida en la bañera, fue mucho más que eso, el tiempo se le había pasado en un abrir y cerrar de ojos, y es que no había podido dejar de pensar en la sorpresa que tenía preparada para su mejor amiga, estaba segura que le iba a encantar. Tenía que hablar con la rubia y Ruby, ambas tenían que ayudarle a preparar todo. Le encantaba sorprender a las personas, le encantaba sorprender a las personas que quería.
El olor a café inundaba su cocina, estaba listo, no tenía tiempo ni intención de explicarle a Mérida una vez más, era perfectamente capaz de prepararse su café hasta que llegado el día su asistente por fin consiguiera recordar algo por más de diez minutos. Dio el primer sorbo y de inmediato su cabeza comenzó a repasar la lista de los pendientes que tenía, había que comunicarse con Ingrid, aún tenía varios pendientes con ella, tenía que hablar con Ruby de los dos nuevos manuscritos que había encontrado y que llevaba días insistiendo que tenía que leerlos, tenía que ver a Sidney para que le contara todo lo que había podido escuchar de la presentación del día anterior. Iba a ser un día complicado pero haberse quitado el peso del libro de la rubia ayudaba mucho.
Estaba lista para comenzar su día, un sorbo más, su bolso y se encaminó hacía la puerta. Emma no se había comunicado con ella aún, en teoría desayunarían juntas o algo así le pareció escuchar antes de que se marchara. Buscó su celular y se dio cuenta de que no tenía carga, habían llegado muy tarde la noche anterior y había olvidado por completo conectarlo, seguramente Emma había intentado comunicarse con ella en más de una ocasión, pero no tenía tiempo ya, iba tarde. En cuanto estuviera en la oficina se comunicaría o con un poco de suerte la rubia estaría esperándola ya.
Tomó las llaves de su auto cuando el sonido del timbre la hizo sonreír, quizá la rubia hubiera decidido buscarla en casa. Qué ganas de quererla siempre, qué ganas de no irse nunca, qué ganas de parar el tiempo y que todo permaneciera tal cual era en ese momento. Abrió la puerta y al verla se le heló la sangre. En el rostro tenía escrito que algo había ocurrido, algo malo. No lloraba pero estaba a punto. Ingrid la miraba como buscando las palabras.
-¿Qué pasó?- Su tono de voz era distante, no podía evitarlo, era algo que le salía natural cuando tenía la certeza de que se avecinaban malas noticias.
-Regina…- Se le cortó la voz, todo el camino había intentado tranquilizarse, encontrar la forma de explicarle lo que había pasado, de decirle lo poco que sabía, de acompañarla, de ser soporte.
-¿Qué pasó?- Ese sentimiento tan conocido, esa ira que le inundaba los sentidos cuando no obtenía lo que quería, cuando no tenía conocimiento de las cosas, cuando algo le dolía. Y es que estaba segura de que lo que fuera que Ingrid no era capaz de decir le iba a doler en el alma.
-Es Kat, tuvo un accidente…- El rostro de Regina pasó de la molestia al terror. De inmediato se agarró de la perilla de la puerta, estaba segura que le estaba costando mantenerse en pie. -Iba con James… Él…- La morena creó los ojos por instinto, estaba segura que sabía perfectamente lo que iba a decirle. -Él… James falleció…- Abrió los ojos y ya no estaba segura de lo que podía ver en ellos, era como si ese momento de vacilación se hubiera esfumado. Estaba de vuelta esa barrera que no te dejaba asomarte a lo que estaba sintiendo.
-¿Kat? ¿el bebé?- El corazón le latía desbocado. ¿Cómo?, ¿Cuándo?, hacía tan solo una hora había hablado con ella. No entendía, no estaba entendiendo nada. ¿Cómo era que Ingrid lo sabía? ¿James muerto? Dios cómo iba Kat a soportar eso. ¿Estaba Kat viva?
-Está mal, Regina. Kat… Kat está muy mal…- Por muy poco consiguió tomar a la morena por la cintura antes de que terminara en el suelo. Regina se agarró con fuerza a ella, la miró a los ojos, como esperando que en cualquier momento le dijera que era una broma, un error. Y entonces se recuperó por segunda ocasión, fue apenas un momento de debilidad, un segundo.
-¿Dónde está?- No pudo evitar que la voz se le quebrara. Si algo le pasaba a su amiga, ella se iba a morir, era así de sencillo.
-Va camino al hospital, Emma está con ella…- El rostro de la morena ahora mostraba confusión. -No hay que perder tiempo, te explico en el camino. Te necesita, Regina. Kat te necesita.- La morena asintió y por primera vez desde que llegó, esos dos chocolate se cristalizaron por las lágrimas.
-Solo un segundo…- No esperó respuesta, corrió al baño y vomitó sobre el lavabo. Estaba mareada, le empezaba a doler la cabeza y un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Sin contar el hueco que de pronto se la había abierto en medio del pecho, como una infección que la recorría completa, le quemaba, siempre había sido la incertidumbre de no saber, de no poder, la que le generaba esa ansiedad. Tenía miedo, ella que siempre sabía qué debía hacer, estaba a punto de paralizarse por el miedo. Levantó la vista y por primera vez en mucho tiempo no se reconoció al espejo, su rostro estaba desencajado, por primera vez se sentía incapaz de seguir, no iba a ser capaz de soportarlo, no era capaz de vivir en un mundo donde Kat no estuviera presente.
—-/—/—
'ESTÁ MUERTO… AYUDA… AYUDA…ESTE HOMBRE ESTÁ MUERTO…', ese grito le seguía retumbando la cabeza. James estaba muerto y ella no había podido hacer nada para ayudarlo. Estaba sentada en la sala de hospital, esperando noticias que no estaba segura de querer escuchar. Kat estaba mal, Kat estaba muy delicada y no necesitaba ser médico para darse cuenta de ello. Según lo que los paramédicos le había dicho, Kat estaba ya en labor de parto al momento del accidente, era por eso la prisa que llevaban, fue por eso que James no respetó la luz, al menos eso era lo que le parecía a ella. No tenía idea de cómo estaba el bebé, estaba vivo, porque había escuchado los latidos en la ambulancia, pero no sabía cómo había salido todo, quería conocer el mundo y su madre se había accidentado en el intento. Era hora en que nadie se había acercado a darle informes de nada. La situación de Kat era otra historia, desde el momento en que se acercó y hasta que llegaron al hospital había estado consciente solo una vez y lo único que había hecho era preguntar por James, su bebé y Regina, en ese orden. En dos ocasiones su corazón había dejado de latir y habían conseguido traerla de regreso, la segunda les había costado mucho más que la primera. Sacarla del auto había sido rápido, era James quien había terminado prensado; agradecía que no hubiera estado consciente para verlo, ¿cómo le iban a decir que James estaba muerto? No se había separado de la rubia en ningún momento, no tenía la certeza de que Kat la escuchara pero le repetía una y otra vez que tenía que ser fuerte, por todos, por ellos tres y todos los demás que tanto la querían.
Ella que no creía en Dios, llevaba desde que había llegado al hospital rezando porque todo saliera bien, porque Kat pudiera salir de esto, porque el bebé pudiera conocer la luz del día. Lo deseaba con todas sus fuerzas, por Kat, por Regina. No podía dejar de pensar en la morena, habría querido ser ella quien estuviera a su lado para darle tan dolorosa noticia, pero no pudo dejar a Kat en manos de nadie, no pudo dejarla sola. Eso era en parte verdad, pero también era verdad que había sentido un gran alivio cuando después de dos intentos no pudo comunicarse con Regina. Cómo se le dice a alguien que su mejor amiga está a punto de morir, y es que para entender la magnitud habría que conocerlas. Su cabeza era un cúmulo de pensamientos y su corazón otro tanto de sensaciones, tenía miedo de lo que sería de la morena si Kat no conseguía salir de esto. Esa rubia era su pilar, lo había sido antes y lo seguía siendo ahora.
Había sido un acierto comunicarse con Ingrid para que fuera ella quien estuviera con Regina, después de Kat, le gustase o no le gustase, era esa mujer quien más conocía a la morena. No lo había dudado ni un segundo, después del segundo intento fallido de comunicarse con la morena supo que era Ingrid quien tenía que buscarla y traerla al hospital. Por supuesto que se había sorprendido por la llamada pero en cuanto le comunicó lo ocurrido se dirigió a casa de Regina. No tenía idea de lo que había ocurrido pero estaba segura de que iban en camino, quería verla, quería abrazarla, pero no estaba segura de qué era lo que debía decir. El sonido de unos tacones recorriendo la sala la hizo girarse, ya estaba aquí.
-¿Dónde está?-
—-/—
-¿James?- No había podido evitar soltar una carcajada ante una ofendida Kat. -Así que finalmente te convenció…- De todos era bien sabido que llevaba mucho tiempo tratando de convencer a Kat de que aceptara salir con él. Desde la Universidad para ser exactos, en ese entonces su amiga no estaba interesada en relaciones formales y la verdad es que nunca le dio oportunidad, pero por supuesto que ella se había dado cuenta que su amiga tenía cierta debilidad por ese rubio, por más que intentara esconderla, era por eso que se alejaba y no le permitía acercarse; pero había que conocerla muy bien para poderse dar cuenta de ello.
-¿Qué? Es realmente guapo… Además es solo para me dejé en paz.-
-No es mi tipo…- Su amiga dio un sorbo al café y una mueca se dibujó en su rostro. -Te encanta…- Kat puso los ojos en blanco y comenzó a mirarse las uñas. -Tiene un encanto bastante peculiar, es lo único que tengo que decir.- Su amiga levantó la vista y aunque intentaba no sonreír un brillo especial apareció en sus bonitos ojos azules.
-Es temporal… Solo quería que lo supieras porque seguro la noticia se corre como pólvora y pobre de mí si te llegas a enterar por alguien que no sea yo.-
-Solo querías que lo supiera porque la cosa va en serio…- Ojos en blanco nuevamente, estaba a punto conseguir lo que quería conseguir.
-¿De verdad vas a hacer que lo diga?-
-Bueno…- Kat tenía una sonrisa divertida y ella no pudo evitar encogerse de hombros. -Es solo que se me hace extraño…-
-¿Se te hace extraño…? Por favor… Jugar a la inocente no va muy bien contigo… Está bien… Ya estoy lista para tener una relación con quien sé que no voy a separarme nunca… ¿Contenta?-
-Feliz…- Se acercó a su mejor amiga y la abrazo fuerte. No era que James le cayera mal, era solo que su forma de ser, tan encantadora, la sacaba un poco de quicio. Pero estaba segura de que era una buena persona, estaba segura de que era la mejor persona para Kat.
Era ese el recuerdo que la acompañaba desde que supo lo de James, ¿Cómo demonios le iba a decir a su amiga que el amor de su vida estaba muerto? No podía dejar de pensar en eso, no quería dejar de pensar en eso. El corazón no le daba para imaginar un vida sin ella. Sentía sin sentir, pensaba sin pensar, limitaba todo aquello que tenía que ver con una posible muerte de Kat. Ingrid le había explicado lo poco que Emma le había dicho al llamarla, en realidad no tenían idea de cómo estaba ella o el bebé. Podían haber llamado a la rubia pero si algo había pasado quería enterarse en persona y no a través de un teléfono.
La vida no podía ser tan injusta, no con alguien como su amiga, era una de las cosas a las que se aferraba con la esperanza de que algo o alguien la escuchara. Si era verdad eso que dicen de que la vida te devuelve todo lo que das, entonces no tendría de qué preocuparse, pero estaba preocupada, más que nunca. Kat tenía que salir adelante, salir adelante con su hijo. Trataba de acallar esa voz que le decía que eran puras patrañas, que las cosas no funcionan de esa forma, y es que el corazón se le estremecía de recordar todas las ocaciones que la vida la había jodido. 'La vida no es justa' eso le había dicho ella en muchas ocasiones, pues en ese caso tendría que serlo, por Kat, por ella. No le gustaba soñar, no le gusta dejar las cosas en las manos de alguien más, cuando algo había que hacer terminaba haciéndolo ella para tener la completa seguridad de que se haría correctamente. Le había prometido que todo estaría bien, le había dicho que ella estaba a cargo, que no estaba sola, que ella estaba cuidándole las espaldas. Eso era lo que más le dolía, ahora no podía hacer nada, no estaba en sus manos; Kat estaba viviendo el peor momento de su vida y ella no podía hacer nada al respecto.
Estaban a punto de llegar al hospital, desde el momento en que Ingrid había terminado de relatar todo lo que sabía no habían dicho nada, estaba segura que la rubia no sabía qué decir y ella no podía parar de recordar. Se sentía débil, no solo fisicamente, emocionalmente estaba rota. Pero tenía claro que no era el momento para venirse abajo, tenía que estar fuerte para sostener a su amiga.
Ni siquiera esperó a que el auto estuviera completamente detenido para bajar y correr a las puertas del hospital. No tenía que girarse para saber que Ingrid venía justo detrás de ella. En recepción le indicaron que Kat estaba en quirófano así como el piso en que podía esperar noticias. No le tomó más de cinco minutos llegar, en la distancia pudo ver a Emma sentada en una solitaria sala. Las piernas y las manos le temblaban, tenía la sensación de no poder respirar con normalidad, el pecho le dolía tanto que en dos ocasiones tuvo la certeza de que se iba a poner a llorar, y aún así, tenía claro que nadie podía darse cuenta de todo eso que sentía. La única persona en el mundo capaz de leerla de esa forma estaba metida en un quirófano a punto de morir.
-¿Dónde está?- Le sorprendió el tono de su voz, no había rastro de sentimiento alguno en ella. Como en los mejores tiempos, como cuando nadie era capaz de llegar más allá de donde ella lo permitía. Emma se giró, y pudo ver esas lágrimas que ella era incapaz de sacar en los ojos de la rubia.
-Regina…- No había señal de sentimiento alguno en la morena, se había imaginado muchas cosas pero nunca verla así. -La… la están operando, no han salido aún a decir nada, ni como está el bebé o ella, no tengo idea de cuánto van a tardar…- La morena asintió mientras intentaba procesar lo que acababa de decirle. -Regina…- Ella no la miraba, había cerrado los ojos. -Mírame…- La morena negó.
-No ahora… No es el momento…- No quería mirarla porque no quería derrumbarse, no quería adivinar si Emma iba ser capaz de sacar esos miedos que la estaban carcomiendo. -Por favor…- Abrió los ojos y se encontró con unos dolidos ojos verdes. -Por favor…- La rubia asintió y volvió a sentarse.
Llevaban cerca de tres horas esperando alguna noticia, ni siquiera sabían de qué estaban operando a Kat, si ya había nacido el bebé o si es que seguía vivo. No les querían dar informes porque no eran familiares cercanos de Kat. Había discutido muy fuerte con la enfermera pero de nada había servido, tendrían que esperar a que saliera algún médico para intentar razonar con él.
Mientras esperaban había tenido que comunicarse con el padre de Kat, había sido ella la que le había dado la noticia de James y todo lo ocurrido. No tenía la certeza de cuándo llegaría, estaba intentando conseguir un vuelo que lo trajera lo antes posible. Esas fueron las primeras lágrimas que derramó, no pudo controlarse al escucharlo, si alguien entendía lo que estaba sintiendo en ese momento era el padre de su amiga.
Emma le había traído un café pero ni eso era capaz de beber. La espera la estaba matando poco a poco, no daba síntomas de sentir nada, tenía a Ingrid por un lado y a Emma por el otro, pero estaba a punto de perder la paciencia. Ambas estaban tan inmersas en sus pensamientos como ella, Emma intentaba hacerla sentir mejor, en cambio Ingrid sabía que no decirle nada, era lo mejor.
-¿Familiares de la señora Kathryn Nolan?- Había sido una operación complicada, odiaba dar malas noticias. Llevaba ya muchos años en esa profesión pero la pena de no haber conseguido lo que esperaba era siempre igual de triste.
-Sí…- Se levantó de inmediato y se acercó al doctor seguida por las dos rubias. -¿Cómo está?- Si ella era capaz de no expresar sentimiento alguno con su rostro ese doctor era lo contrario. Algo no estaba bien, eran malas noticias.
-Buena tarde, soy el doctor Whale, ¿Usted es?- No podía dar información a cualquier persona, eran reglas del hospital.
-Su amiga. Su esposo falleció en el accidente y su padre radica en otro país y viene en camino. No tiene hermanos, su madre falleció hace años. Solo me tiene a mí…- Había dicho todo eso con una calma que no sabía de dónde había sacado. No le gustaba dar explicaciones pero tenía que hacerlo para que le dieran noticias y para poder verla si es que se lo permitían.
-Lo siento mucho…- Esa mujer asintió, era evidente que estaba esperando respuestas. -La señora Kathryn sigue en quirófano, tiene varios órganos vitales severamente lastimados, ha sufrido otro paro cardiaco en la operación pero la hemos podido traer de regreso. Está muy débil y lo que estamos buscando es conseguir estabilizarla para dejarla recuperar fuerza y nuevamente entrar a quirófano a reparar lo que sea posible. Su salud es sumamente delicada, la señora esta en peligro de muerte, mi intención no es ser cruel sino decirles cómo es que están las cosas en realidad.- La rubia vestida de policía se había llevado la mano a la boca tratando de acallar lo que le parecía un sollozo, la otra rubia se había apartado un poco como intentando asimilar lo que acababa de decirle. La morena por otro lado lo miraba sin expresión alguna.
-¿Cuánto tiempo tienen para estabilizarla antes de que sea imposible hacerlo?- Quería llorar, quería sentarse a llorar.
-La operación no debe durar más de una hora, no va a tolerar más tiempo de anestesia.- Le había sorprendido la tranquilidad con la que la morena le había hecho esa pregunta. Era extraño que los familiares fueran capaces de mantener la calma en un momento como ése.
-¿El bebé?- Una hora, todo lo que tienes que hacer es aguantar una hora Kat, déjame verte, déjame hablar contigo para explicarte por qué tienes que quedarte, por qué tienes que luchar. Por favor, por favor. Su cabeza estaba dividida en dos, una parte estaba aquí frente al doctor y la otra estaba con su amiga, intentaba comunicarse con ella.
-Es una niña… es una niña y está estable, la señora estaba ya en trabajo de parto cuando ha llegado aquí, la niña había entrado en estrés con todo el accidente pero hemos conseguido sacarla a tiempo. Ahora está en la incubadora para que se recupere lo más pronto posible. Pero está bien y estable.- La morena asintió. -Puedo llevarla a conocerla si gusta hacerlo…- No dejaba de sorprenderlo esa mujer. Lo intrigaba.
-Por favor…- Se giró hacía las dos mujeres y no hubo necesidad de decir absolutamente nada, ambas entendieron que necesitaba ver a la bebé sola. El doctor asintió.
-Sígame, por favor…- La llevó a travez del hospital, era dos pisos arriba la zona de cuneros. La morena no había dicho nada, estaba perdida en sus pensamientos. Caminaron por un pasillo que le permitiría verla a travez de una ventana, pasaron una zona de control de visitantes y por fin llegaron. Solamente tenían cuatro niñas y dos niños. No hubo necesidad de decirle cuál era la hija de la \ señora Nolan, de inmediato la morena se puso al frente de la cuna de la bebé. -Es justo ella…-
-Es preciosa…- Estaba dormida y evidentemente no había forma de saber si se parecía a su amiga, ella solamente supo que esa era su ahijada. -El realmente preciosa…- Un calor que no había reconocido desde que se enteró del accidente le recorrió todo el cuerpo, era perfecta. Pegó su mano al cristal como si travez de él pudiera hacerle saber que no estaba sola, que aunque su papá ya no iba a estar con ella, estaría rodeada de personas que la iban a cuidar toda la vida.
-Puedes cargarla si quieres…- No sabía por qué sentía debilidad por la situación que estaban atravesando esas personas. Pero esa morena le llamaba profundamente la atención.
-¿De verdad?- Dijo esto sin girarse, no podía dejar de mirarla.
-Claro… sígueme, tienes que ponerte una bata y lavarte las manos pero por supuesto que sí.- Entonces sí pudo ver una luz que bien le parecía esperanza en esos ojos chocolate.
El corazón le latía tan fuerte que parecía que se le iba a salir del pecho, no era alguien que normalmente tuviera mucho contacto con bebés, pero cuando eso pasaba solía tener una conexión bastante particular con ellos. Siempre le quedaba la sensación de que los conocía de hacía tiempo, no lloraban, le regalaban sonrisas, aunque siempre la ponían un tanto triste por lo que le recordaban le gustaba tener la oportunidad de tenerlos cerca.
No supo si esa había sido la primera vez o no, pero en cuanto la tuvo entre sus brazos, la bebé abrió los ojos y entonces no pudo evitar llorar. Tenía los ojos de Kat, eran azules, si uno trataba de olvidar que estaba mirando a un bebé, podría jurar que estaba mirando a su madre. No podía sentir su piel debido a los guantes que llevaba puestos pero aún así comenzó a acariciar sus mejillas y a hablarle de sus padres. Quería que desde esa edad supiera que ambos la habían adorado con toda sus fuerzas, que había sido siempre una prioridad para ellos. Le dolía en el alma que nunca fuera a tener la posibilidad de conocer a su padre. Tenía apenas unas horas de nacida y ya había sufrido su primera perdida. Le decía que la quería una y otra vez, que sin importar lo que fuera a pasar siempre iba a contar con ella, para toda la vida. Sin importar lo que necesitara, mientras ella viviera, jamas estaría sola. Mientras seguía acariciando su rostro, la bebé la tomó del dedo y la apretó, era preciosa, Kat tenía que conocerla.
-Tenemos que salir ahora…- La morena levantó la mirada y asintió mientras le devolvía a la bebé. Estaba claro que conocer a la niña había sacado todas esas emociones que había sido capaz de controlar.
-Gracias…- Lo decía en serio, no tenía por qué hacer algo así y aún así lo había hecho.
-Es mi trabajo…- Volvió a poner a la bebé en su incubadora y se encaminaron de vuelta a la sala de espera. Esa chispa que había visto en los ojos de la morena había desaparecido, ahora le parecía que estaba más devastada que antes. Pidió el elevador y le permitió la entrada a la morena.
-Necesito verla…- No podía dejar de pensar en Kat, tenía que verla antes de que entrara a la segunda operación. El doctor la miraba intentando descifrar a qué se refería. -A Kat, necesito verla antes de que entre nuevamente a quirófano…- Él comenzó a negar.
-No puedo hacer algo así, podrían despedirme, no eres familiar directo, además dudo que en su estado sea capaz de recibir visitas, estará sedada todo el tiempo, ni siquiera podrá escucharte.- La morena había parado el elevador para poder hablar con él sin que nadie los molestara. Lo tomó de brazo. -Ni siquiera sabemos si va a superar la primera operación…-
-La va a superar…- El doctor la miró con cara de incredulidad. -Yo lo sé… Va a superar esa operación… Yo solo necesito verla al terminar… Por favor…- Él negaba una y otra vez. -Necesito decirle que conocí a su bebé, necesito decir que estoy aquí… Que la estamos esperando… Por favor… Te pago… Dime cuánto quieres…- Estaba dispuesta a todo por poder acercarse a su amiga.
-No es por dinero…- Era verdad, podía tener muchos problemas en el hospital, problemas que podían hacerlo perder su licencia. -No es la Kat a la que estás acostumbrada, está muy lastimada, puedes llevarte una muy mala sorpresa.- Era algo muy común en los pacientes que habían sufrido algún accidente, sus seres queridos se empeñaban en verlos antes de tiempo y terminaban aún más deprimidos por el estado en que los veían.
-Por favor…- No iba a desistir, iba a entrar a ver a Kat por las buenas o por las malas.
-Solo cinco minutos…- La morena suspiró aliviada. Seguía teniendo esa tristeza en el rostro pero parecía estar un poco más tranquila. -Te voy a hacer una seña y nos encontraremos en el noveno piso que es el de terapia intensiva, no voy a hablarte pero vas a seguirme te llevaré a su habitación, y te esperaré afuera.- La morena asentía a cada indicación que le daba.
-Gracias…- Sentía su corazón latir desbocado, tenía tantas ganas de volver a ver a Kat que su cuerpo era incapaz de ocultarlo.
-Si me despiden vas a tener que emplearme en lo que sea que trabajes…- La morena quizo sonreír pero en lugar de eso le salió una mueca que le sonaba a agradecimiento.
-Gracias…- Puso en marcha nuevamente el elevador, en un minutos estaba nuevamente en la sala de espera. No veía a Emma por ningún lado, tan solo Ingrid que llevaba un café en la mano y que al verla se acercó de inmediato.
-Tuvo que irse, no quería que nadie se hiciera cargo de la situación con James, pensó que era una buena forma de ayudar.- La morena asintió. -Quería ayudar a Kat, ayudarte a ti…- No estaba segura de si el hecho de que Emma se hubiera ido molestaba o no a Regina. -¿Estás molesta?- Regina pareció salir de una ensoñación en la que solo escuchaba una parte de lo que se le decía pero parecía que no terminaba de entenderlo del todo.
-No…- No lo estaba, el hecho de Emma estuviera ahí no le servía de nada. Entendía que la prioridad de momento era sacar adelante el asunto de James, además no tenía familiares que ella supiera, así que había que arreglar el asunto lo antes posible. -Le llamaré más tarde para saber cómo vamos a arreglar todo, cuánto dinero necesita y demás.- Ingrid la miraba tratando de adivinar si hablaba o no en serio.
-¿Viste al bebé?- La morena empezaba a preocuparle, podía ver en sus ojos que había estado llorando pero no lo había hecho delante de nadie, parecía que estaba empeñada en no perder el control y le preocupaba el momento en que no pudiera hacerlo.
-Es una niña…- Ingrid la miraba y ella estaba a punto de explotar. -Y tiene los ojos de Kat…- No pudo evitar decir esto último con la voz quebrada mientras recordaba ese azul tan de su amiga. Ingrid la rodeo con sus brazos y entonces si que pudo llorar, tenía tanta tensión encima que apenas comenzaron a caer las lágrimas ésta se fue disipando. -¿Qué voy a hacer Ingrid?- Hablaba de tantas cosas a la vez. -¿Qué voy a hacer si se muere?- La abrazó con fuerza y lloró.
-Va a estar bien… Debemos tener fe… Se va a poner bien, ya lo verás…- No estaba segura de nada de lo que estaba diciendo, ni tenía la certeza de que así sería pero lo deseaba con todo su corazón. Ver a Regina así era algo tan extraño que las palabras no fluían de forma natural. No sabía cómo consolar algo que, conociéndolas, le resultaba inconsolable.
-No puedo vivir sin ella, Ingrid. No sabría cómo hacerlo…- No exageraba, Kat era para ella más que una amiga. Era su hermana, era su familia. No podía vivir sin ella. No quería hacerlo.
-Regina, yo sé que nada va a sustituir lo que tú y Kat tienen pero tienes que saber que no estás sola, somos muchos los que te queremos, somos muchos los que vamos a permanecer a tu lado.- Regina seguía abrazándola con fuerza, como si estuviera a punto de caer y fuera ella su única salvación. Ojalá le quedara claro, porque si ocurría la desgracia que tanto temían, ella iba a estar ahí para recordárselo cada día.
-Lo sé… Gracias…- Ingrid tenía razón, sabía que no iba a estar sola, pero no podía quitarse esa sensación de que a pesar de todos, era justo así como se iba a sentir.
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-¿Cómo demonios voy a comprar ropa si no tengo idea si es niño o niña?-
-Bueno siempre podemos comprar algo amarillo…- Kat la miró con cara de pocos amigos y ella no pudo evitar sonreír. Llevaban cerca de una hora en el centro comercial intentando encontrar algo de ropa para bebé. Cada opción que le daba era rechazada por su amiga, estaba claro que había amanecido de mal humor, cada día que pasaba su carácter se volvía más volátil que el anterior.
-El amarillo es horrible, cariño… Un día de estos voy a perder la paciencia, iré y me sacaré un ultrasonido para saber de una vez por todas qué esperar.-
-Pues no olvides llamarme porque yo también necesito saberlo ya.- No estaba muy de acuerdo en eso de esperar pero respetaba completamente a James y por supuesto a su amiga.
-Ah sí, ¿Para qué?-
-Pues para saber si va a llamarse Regina o James…- La carcajada de su amiga la hizo sonreír, Kat se había negado a revelar cómo se llamaría su bebé. Tanto James como ella jugaban a intentar adivinar cuál sería.
-Ni uno ni otro, vas a tener que dedicarle más tiempo para poder adivinarlo…-
-¿Por qué no no lo dices y ya?- Llevaba en una mano una cantidad ridícula de ropa blanca, amarilla, verde, rosa y azul, había decidido comprar todo lo que le gustaba y que fuera Kat la que eligiera qué ponerle y qué no.
-¿Qué sentido tendría? Además estoy segura de que llegado el momento sabrás cuál es…-
Había pasado meses intentando adivinar cuál era el nombre que Kat había elegido y, justo ahora, recargada en el hombro de Ingrid, mientras esperaban noticias de su amiga, supo cuál era.
-¿Familiares de Kathryn Nolan?- De inmediato se puso de pie, eran dos doctores, Whale y alguien más. Ambas se levantaron y se acercaron a ellos. -La señora Nolan está muy delicada, ahora se encuentra en terapia intensiva intentando recobrar algo de fuerzas para volver al quirófano, los golpes que presenta debido al accidente le han dañado el hígado, perdió uno de sus riñones, estamos intentando salvarle el otro. Uno de sus pulmones colapsó pero hemos conseguido estabilizarla, por lo menos de forma temporal.
-¿En cuánto tiempo volverá a quirófano?- Una sensación de desolación la invadió, esa seguridad de que Kat era capaz de conseguirlo todo empezaba a flaquear. Le empezaban a temblar las piernas.
-No lo tenemos claro aún, vamos a monitorear sus valores y esperaremos el momento que consideremos idóneo.- Era una situación muy complicada y difícil de entender, pero eso era justo lo que debían hacer, esperar hasta saber que no pudieran esperar más.
-¿Se va a salvar?- Tuvo cuidado en que su voz no revelara todo el miedo que la invadía.
-Está muy delicada…- No le gustaba dar ese tipo de noticias, pero esa era la verdad. -Su situación es crítica y no soy fanático de dar falsas esperanzas, lo que sí puedo decirle es que estamos haciendo todo lo posible para poder salvarle la vida. La señora Nolan ha sido muy valiente.- La morena asintió y le permitió continuar. -En el momento en que decidamos ingresar nuevamente a quirófano se los haremos saber. Por el momento no puede recibir visitas, debido a que necesitamos que descanse lo más que se pueda. De cualquier manera estaremos informándoles de cualquier noticia.- Nuevamente la morena asintió, estaba seguro que las palabras no le salían. -Cualquier cosa mi compañero se acercará a ustedes, cualquier cosa estamos a sus órdenes.- Dio media vuelta y se encaminó a descansar un poco, a esperar el momento perfecto para intentar salvar algo que francamente le parecía imposible.
No le dijo nada, solo le hizo una pequeña seña cuando su compañero se había retirado, de inmediato se excusó de Ingrid y se dirigió al noveno piso, había llegado el momento de ver a Kat. Estaba temblando, no había comido nada en todo el día y tenía miedo. Cuando las puertas del elevador abrieron estaba ya el Doctor Whale esperándola, lo siguió sin decir nada hasta que se detuvo en una habitación al final del pasillo. Abrió la puerta y le cedió el paso.
-Solo cinco minutos…- Lo dijo en apenas un susurro al cual la morena asintió mientras se colocaba la bata y todo el material de seguridad.
Bastó entrar a la habitación para que las lágrimas comenzaran a caer sobre sus mejillas. Estaba entubada, recostada sobre la cama con un yeso en la mano derecha y otro más en la pierna izquierda. Tenía un gran moretón en la mejilla, le parecía más cansada que nunca. Le dolió el pecho, ahora entendía al doctor cuando hablaba de la salud de Kat, no entendía cómo era posible que siguiera viva. Hay dolores tan profundos que lo único que quieres hacer es arrancarte el corazón, o lo que sea que te oprime el pecho, tenía ganas de salir corriendo, lejos de todos, irse a donde nadie pudiera encontrarla. Hay dolores que solo entiendes cuando los vives.
-¿Kat?- Se había ido acercando a su amiga poco a poco, se sentó en la silla que estaba junto a la cama y con todo el cuidado del mundo la tomó de la mano. -Ay, Kat… ¿Cómo demonios pasó esto?- Y entonces comenzó a llorar, comenzó a llorar como solo lo hacía en su presencia, como solo lo hacía cuando algo le dolía tanto que la única forma de sacarlo era mediante las lágrimas. -Ya sé que no es justo… Ya sé que lo que voy pedirte es lo más injusto del mundo, pero por favor Kat, por favor inténtalo, por favor…. hazlo por mí… hazlo por ella…- Tenía la voz quebrada así que intentó aclararse la garganta, ya sabía que los médicos pensaban que ella no podía escucharla, que no tenía sentido que las personas quisieran hablarle a los enfermos que estaban en condiciones tan criticas. No le importaba, ella sabía que Kat la estaba escuchando, le tenía sin cuidado si le creían o no. -Es una niña, cariño, es una niña y es preciosa, así como tú.- Con su mano recorrió la mejilla en la cuál tenía ese horrible moretón, seguro que tenía algún hueso roto. -Tiene los ojos azules más bonitos que he visto en toda mi vida, es pequeñita, creo que no le va a quedar nada de todo lo que compramos aquel día. ¿Te acuerdas?- Una vez más la risa que su amiga le regaló ese día inundó sus recuerdos. -Ya sé cómo quieres que se llame Kat, he sido una tonta, me llegó la respuesta así, de pronto, es tan obvia que no puedo creer que no lo hayamos adivinado antes.- Le acomodó un mechón que se le había salido de su lugar. -Quieres que se llame Samantha, Samantha como tu madre…- Quizá era su imaginación, lo más seguro es que fuera así pero sintió un ligero movimiento en la mano de la rubia. -Mira que te gané la apuesta, me debes una comida en casa preparada por ti…- No pudo evitar recordar que era precisamente eso lo que habían acordado si conseguía adivinarlo. -Tienes que luchar por ella Kat, tienes que quedarte porque ella te necesita, cariño. Tienes que quedarte porque yo no puedo vivir sin ti Kat, no sé cómo vivir sin ti…- Nuevamente las lágrimas se apoderaron de ella y tuvo que respirar profundo para seguir hablando. -Hablé con tu papá, tuve que darle la noticia, ya viene en camino, tienes que aguantar, cariño. Quiere verte para que le expliques cómo es que estabas embarazada y no se lo habías dicho… Ya sé que estás cansada, te juro que lo entiendo pero...- No pudo terminar lo que estaba diciendo porque el Doctor Whale tocó la puerta, se habían terminado sus cinco minutos. -Te estamos esperando, Kat...- Besó la mano de su amiga y se levantó de la silla para salir de la habitación. Y así como de pronto le había llegado la respuesta de cuál sería el nombre de la bebé, se dio cuenta de lo injusta que estaba siendo. Después de todo lo que había escuchado de los doctores y de ver en el estado en el que estaba supo lo que tenía que decir. -Ah y Kat…- Se giró a ver nuevamente a su amiga, no había manera de demostrar que Kat hubiera escuchado una sola palabra de lo que le había dicho. Pero rogaba a Dios que así fuera, porque lo que estaba a punto de decir era realmente importante. -Si no eres capaz de quedarte, porque no puedes, o porque duele mucho, o porque no eres capaz de vivir de esta forma…- Entonces recorrió con la mirada la cantidad de heridas que tenía su amiga. -Puedes irte en paz…- Las lágrimas comenzaron nuevamente a correr por sus mejillas. -Yo te estoy cubriendo las espaldas, cariño, yo estoy aquí para ella, para ti. Quédate tranquila que ella estará bien, nunca estará sola…- Se limpió las lágrimas, y se acercó nuevamente. -Pero si pudieras hacer un último esfuerzo te lo agradecería toda la vida...- Le dio un beso en la frente y salió de la habitación mas rota que nunca.
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-¿Kat?- Era mitad de la noche y no había otra persona a la que le contestara el teléfono a esa hora. En cuánto había visto el número de su amiga, supo que algo había pasado.
-Estoy abajo, ábreme.-
-¿Estás bien?- Encendió su lámpara de noche mientras esperaba la respuesta. -¿Kat?- Ya le había colgado. Dio un bostezo, se puso el albornoz y se dirigió hacia la puerta. Una luz, otra más y apenas abrir notó la gravedad del asunto. -Espero tengas una buena razón para sacarme de la cama a esta hora o por lo menos una buena botella.- La cara de su amiga era un poema, tenía las mejillas rojas, los puños cerrados y esa expresión de molestia tan suya que la hacia única.
-La segunda...-
Kat había levantado la mano enseñando la botella que llevaba. Estaba molesta, molesta de verdad.
-¿Qué te hizo?- Esa cara de berrinche y molestia solo conseguía sacársela una persona. James la tenía vuelta loca en todos los sentidos.
-Ha estado viéndose con Mary Margaret-
-No...- Tenía que haber una explicación para eso, no le cabía en la cabeza que James estuviera engañando a Kat, ese hombre adoraba a su amiga, estaba segura de que él daría la vida por ella. -¿Te está engañando?-
-Por supuesto que no, me ama demasiado para hacer algo así...-
-Entonces no entiendo, ¿Cuál es el problema?- Kat se volvía completamente irracional cuando de James se trataba, los celos la invadían y lo que regularmente le parecería una tontería de pronto se volvía un problema sin solución.
-El problema es que, uno no me dijo que estaba viéndola y dos que me terminé enterando por la misma Mary Margaret...
-Francamente los dos puntos podrías englobarlos en uno...- Su amiga que ya servía el primer trago en la cocina le devolvió una mirada llena de reproche. -Además me dijiste que todavía tiene asuntos que arreglar con el padre de Mary, ¿No?-
-Lo único que me falta es que te pongas del lado de James, al cual según recuerdo, ni siquiera toleras.
-Por supuesto que lo tolero, por ti evidentemente.- Le encantaba hacer enojar a su amiga cuando más molesta estaba, James casi siempre conseguía ponerla así en tiempo récord. Desde que lo conoció supo que Kat no se movería de ahí jamás. -Pero creo que estás exagerando.- La rubia puso los ojos en blanco como si lo que acababa de escuchar fuera una obviedad.
-Por supuesto que estoy exagerando, por eso estoy aquí, para que exageres conmigo...-
-Entonces ¿qué harás? ¿dejarlo?- Su amiga la miraba exasperada, estaba a punto de soltar una carcajada, le gustaba verla así de contenta, enojada pero feliz.
-Claro que no... ya discutimos lo que teníamos que discutir, ahora sólo quiero que piense que voy a dejarlo...-
-Pero no lo harás...- Su amiga negó mientras daba un gran sorbo a su bebida.
-¡Regina no estás poniendo atención! No voy a dejarlo, solo quiero que piense que lo voy a hacer...-
-Ok, ya entiendo...- Se sentó en el banco que había en la barra de su cocina y sonrió. -Pues vamos a exagerar juntas entonces, que el mío sea doble...- Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de Kat, tenía la mejor amiga más bonita y más loca del mundo, y la verdad es que no paraba de dar gracias por ello.
-Esa es mi chica…-
El sonido de un anuncio solicitando un doctor en el tercer piso la despertó, había estado soñando con ella, o más bien había estado recordando lo que habían vivido. Hacía tres horas que Kat había entrado a quirófano, eran casi las tres de la madrugada y todavía nadie salía a decirles nada. Estaba recostada sobre las piernas de Emma, que así de cansada como estaba, se había empeñado en que la que necesitaba dormir era ella. Lo había hecho a ratos, no dormía, dormitaba, soñaba, y en cada sueño aparecía ella, triste, feliz, enojada, pero siempre ella. A Emma le había llevado casi toda la tarde solucionar lo de James, iban a enterrarlo al día siguiente y Kat no estaría presente.
Ingrid estaba tan solo unas sillas a su derecha, ninguna de las dos se había querido marchar ni un solo momento, parecía que se habían vuelto aliadas, cuando una no le decía que debería tomar un café la otra la estaba ofreciendo algo de comer, un lugar para descansar, un oido para escuchar, o simplemente la mano para traerla de vuelta a la realidad cuando los recuerdos la llevaban a otro lugar. Llevaba todo el día recordando a su amiga, recordando a James, todavía ni siquiera había pasado un día del terrible accidente y seguía sin entender cómo es que algo así les había pasado a ellos.
No le salían las lágrimas, Emma se había acercado a ella en varias ocasiones para decirle que podía llorar si así lo quería, el problema era que no quería. Estaba tan enojada que a veces le costaba respirar, no tenía muy claro con quién pero ese sentimiento empezaba a erosionar su esperanza.
Un segundo anuncio hizo que la rubia se despertara, se levantó y se acomodó la ropa mientras Emma daba un gran bostezo.
-¿Dormiste aunque fuera un poco?- La morena asintió mientras nuevamente se sentaba a su lado. Esa situación la hizo darse cuenta lo poco que conocía a Regina, todo lo que hacía era genérico, era lo que le parecía correcto para cualquier persona en una situación como esa, no sabía qué era lo que Regina, en especial, necesitaba. Para eso estaba Kat, ella habría sabido qué decir y cómo hacerlo. Tenía miedo. No había que ser un adivino para notar cómo la morena se alejaba cada vez más de todos, incluso de ella. Estaba sufriendo y su cabeza no la dejaba en paz. Entonces vio cómo dos doctores se acercaban a espaldas de Regina, tuvo miedo. -Te amo… No lo olvides… Te amo…- La morena no contestó, parecía estar, otra vez, en otro lugar. Le dedicó una sonrisa que le sabía a falsa.
-¿Familiares de Kathryn Nolan?-
-Nosotros…- Se había levantado de inmediato al igual que Ingrid para acercarse a los doctores. La morena por otro lado continuaba sentada en su lugar. -Regina…- Ella no la miraba, sus ojos estaban clavados en los del doctor que venía a dar el informe.
-Está muerta…- Lo dijo despacio pero muy claro. No podía explicar cómo lo sabía, pero estaba segura de que era así. Siempre habían tenido la capacidad de comunicarse de una forma muy particular, tan particular que mucha gente no la entendía. Pero justo ahora ya no sentía eso, esa capacidad de saber qué ocurría con ella, era como un teléfono que de un lado da señal y del otro ya no se escucha nada. -¿Cierto?- El doctor la miraba un tanto sorprendido, mientras que el Doctor Whale, quien estaba parado detrás de su compañero, bajó la mirada.
-¿Qué? Por supuesto que no está muerta…- Ingrid se llevo la mano a la boca y sus ojos se inundaron de lágrimas mientras se alejaba de los doctores. Ella no podía creer que Regina estuviera diciendo algo así.
-¿Cierto?- No se había levantado, no estaba segura de que sus piernas pudieran sostenerla. Tenía la sensación de que alguien le hubiera arrancado el corazón. Como si de pronto un hueco se hubiera abierto en medio de su pecho, estaba segura que lo que le estaba doliendo era el alma.
-Hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos… Lo siento mucho… Está muerta…-
...Continurá...
