Descargo de responsabilidad: Estos personajes no me pertenecen.
Capítulo 7
Se culpa por lo que ha sucedido. No es su culpa, eso es seguro, pero se culpa por no haberse dado cuenta de lo que estaba ocurriendo. Su relación ha vuelto a ser la de antes desde el divorcio de Erin, vuelven a ser amigos fuera de la oficina y jefa y empleado en el bullpen, y por eso le duele todavía más haber pasado por alto algo así.
Erin Strauss no es la persona más amigable con sus empleados, siempre ha pensado que tiene que ganarse un respeto y una reputación, aunque tampoco es como si quisiera ser inalcanzable. Aún así, solo Aaron es su amigo, y Lisa, su secretaria, puede considerarse su persona de confianza. Pero ninguno de los dos se ha dado cuenta de lo que estaba ocurriendo. Ha tenido que ser el agente Morgan, y en un caso, el que le ha abierto los ojos.
Hotch no puede creer lo que le contado Morgan, que Strauss ha estado bebiendo durante un caso, poniendo en peligro toda la investigación. No le ha quitado la vista desde entonces, y en el avión camino a casa, se da cuenta de los pequeños detalles. Probablemente, ha tenido cuidado para que nadie se diera cuenta, incluido él, pero estar borracha en un caso es una cosa importante. Seguramente ésa sea su razón para lidiar todos los días con el trabajo, y los problemas personales, pero es demasiado grave. Y aunque le duela en el alma, Hotch sabe que tiene que hacer algo.
Se le rompe el corazón al ver su expresión cuando abre el archivador y ve las botellas de licor, y cuando le dice que la llevarán a rehabilitación. Ha hablado primero con Morgan, y él le ha asegurado que no dirá nada. Strauss no le cae demasiado bien, pero entiende que ėsa es su salida para todo el horror diario y que merece un respeto. Al fin y al cabo, sigue siendo su jefa.
Aaron se ocupará de su trabajo mientras esté fuera, y se encargará de que nadie sepa nada, ni siquiera el Director. A ojos de todo el mundo, la jefa Strauss se ha tomado un tiempo personal. También la clínica que han encontrado, tiene unas fuertes medidas de seguridad y privacidad.
La acompañan a casa, a recoger sus cosas, y el silencio se instala en el coche de camino a la clínica. La tensión se puede cortar con un cuchillo, y Morgan siente la necesidad de decir algo. Pero ve a través del retrovisor la mirada perdida y triste de la mujer y no dice nada. En su lugar, opta por poner la radio. La suave música rebaja un poco la tensión y los ocupantes del coche parecen respirar mejor.
Pasan de las diez de la noche cuando los tres están en la que será la habitación de Strauss los siguientes tres meses, y Hotch le pide a Morgan que lo espere fuera. Él no replica, a pesar de no entender muy bien la cara triste de su jefe.
-Aaron, por favor, no me dejes aquí, prometo que no lo volveré a hacer -ha empezado a llorar al mismo tiempo que se acerca a él.
-Necesitas ayuda, Erin, y este es el sitio perfecto para ello.
-Pero puedo hacerlo yo sola, con tu ayuda, por favor ...
Se le parte el alma en mil pedazos verla llorar, sufrir así, y no hace nada cuando ella, llorando, lo golpea en el pecho diciéndole que lo odia. Al cabo de un momento, le coge los brazos y la abraza con fuerza, llevándola con él a la cama. Se sientan allí, y mientras la abraza, la deja llorar en sus brazos, mientras él mismo aguanta sus lágrimas.
Cuando consigue que se calme, le promete que en cuanto pueda, tres semanas después, irá a visitarla, y después hablarán a menudo. Ella solo asiente, mientras intenta deshacer el nudo que todavía tiene en la garganta. Se despide de ella con un beso en la frente, y la promesa de que estará bien.
Morgan no dice nada cuando Hotch sale de la habitación y se fija en su cara compungida y sus ojos llorosos. Y Hotch solo piensa en una cosa en ese momento. Al día siguiente, llamará a Beth para quedar a tomar un café. Va a cortar con ella.
Continuará ...
