Hola.
Mucho tiempo ya. Lamento la tardanza, todo se ha complicado pero ya estoy de regreso. El capítulo se ha vuelto demasiado largo y voy a tener que partirlo en dos. Aquí les dejo la primera parte. También para decirles que habrá epílogo. Voy a intentar escribir todo lo más rápido posible, espero no tardar demasiado. Muchas gracias por leer y comentar, por seguir a pesar del tiempo y de todo. Espero de verdad disfruten mucho el siguiente capítulo. Recuerden que las partes en cursiva son recuerdos.
Saludos
dcromeror: Súper triste, estoy de acuerdo contigo. Es una pena por Regina, se vienen puntos de quiebre en su vida :). Muchas gracias por leer y comentar, espero disfrutes el siguiente. Saludos.
Wajibruja: Nunca he sido buena para mentir u ocultar la verdad, espero no haberte arruinado el capítulo. ¿Qué te digo?.. Es súper jodido, no solo fue ella sino que se fue sin esperarlo, creo que esas son las muertes más dolorosas. Es una parte muy triste, a mí también me lo ha parecido. Pero también es un punto de inflexión en la vida de Regina, nunca es tan obscuro como cuando está a punto de amanecer. Era mi personaje favorito, creo, La situación es que Kat era la que sabía cómo tratarla, ahora Emma tendrá que aprender sobre la marcha y con una situación tan complicada como dolorosa. Saldrá bien :). Pues difícil, es lo primero que escribo y me ha costado desprenderme, me ha costado escribir, pero al final me ha gustado cómo quedó. Uy pues muchas gracias por tus palabras, justo ahora estoy a punto de terminar el bendito capítulo (ya van 20 páginas), me ha costado mucho porque no sé cómo expresar lo que mi cabeza tiene tan claro, pero leer comentarios ayuda mucho, por eso lo he dejado un momento y me puesto a escribir sus respuestas. Resulta que debido la cantidad de hojas que van serán dos más y un epílogo bastante bonito (promesa). Qué gusto que no sepas por dónde va la cosa, ojalá pueda sorprenderte hasta el final. Permanecerá en mi corazón eso sin duda. Quédate por aquí mejor y dime qué piensas de lo que resta. Muchas gracias por leer y comentar. Sirve mucho. Gracias. Saludos.
Guest: Pobre, tienes razón. En mi punto de vista, un tipo de relación (amor) no es superior a otra (amistad), ambas son muy importantes y yo no creo en eso de los escalafones cuando de querer se trata. Así que supongo que si la que falleció fue la amiga, el amor pasa a segundo plano, sin lugar a dudas, pero no por eso es de menor importancia, solo queda en segundo plano en esta situación en particular. Bueno, habría que estar en el lugar de Regina para poder entender su proceder. Lamento que no te haya gustado y supongo que no te va a gustar el siguiente tampoco. Pero el epílogo seguro que sí. Muchas gracias por leer y por comentar. Saludos.
Paulette13: Si te sirve de consuelo yo también amo a Kat y siento feo haberla matado. Fue complicado porque me había encariñado mucho con ella, y me negaba inconscientemente a escribirlo, pero me da gusto haber transmitido esa sensación de sufrimiento. Muchas gracias por lo que dices, justo llevo cerca de una semana con un bloqueo horrible, se que quiero decir pero no me gusta cómo lo hago, decidí dejarlo y ponerme a contestar sus comentarios, ayuda muchísimo leerlas. Tardé mucho pero espero disfrutes el siguiente, falta uno más y el epílogo. Gracias por escribir y comentar, Saludos.
JBlack: Kat se fue. Tienes razón en varias cosas, Regina se va a cerrar en banda y también en que no estaría sola. De hecho eso es lo interesante de su muerte, qué le dejará de diferente a su vida. La inspiración se está poniendo especial conmigo últimamente. No estoy tan de acuerdo en eso, creo que cuando alguien ha sufrido un trauma, es difícil estar pensando en los sentimientos de los demás. Digo, no es justificación pero volvemos a lo mismo, el hecho de estar con alguien ¿implica enfrentar las situaciones complicadas como la otra persona? Yo creo que no, ¿Tú? Yo si fuera Emma no me alejaba pero Emma tiene su carácter, ya veremos. Hasta pronto, Kat, que así sea. Muchas gracias por leer y comentar, espero disfrutes el siguiente, Saludos.
EvilSwanQueen21: De hecho para conseguir el final que quiero conseguir era necesario que Kat muriera, después de tomar la decisión no hubo poder humano que me hiciera cambiarla, pero la verdad es que lo intenté (amo el personaje), ideaba escenarios diferentes tratando de que me llevaran a ese punto de inflexión que buscaba en la vida de Regina, no encontré uno tan radical como ese. Tienes razón Regina ha sufrido mucho y también estoy segura que no volverá a ser la misma, pero hay muchas formas de volver a ser feliz, incluso cuando uno cree que no es posible. Espero quede mucho más claro cuando leas los dos siguientes y el epílogo. Resulta que llevo 20 hojas y aún me faltan algunas cosas, así que lo voy a cortar aquí y haré uno más y el epílogo. Muchas gracias por tu comentario y por leerme. Lo valoro mucho, espero lo disfrutes. Saludos.
Quest: No sé por qué tiene que perder lo que más ama, pero sí sé que era necesaria su muerte para conseguir contar lo que quiero contar de Regina. La vida no es justa, el final que tengo en la cabeza para Emma y Regina podrá pensarse que no es un final feliz, pero lo es, porque está lleno de esperanza, necesitaba una sacudida así de grande para poder ver qué tanto ha cambiado Emma a Regina, Kat a Regina. Espero quede más claro con los siguientes dos capítulos. Tienes razón que va a sufrir y que va a alejarse, habrá que ver si vale la pena volver. Espero que no llores, creo que ha sido más fuerte el pasado pero ya me contarás qué opinas tú al respecto. Muchas gracias por leerme y comentar, lo valor muchísimo. Ayuda siempre. Saludos
Antrilewis: ¿De plano? ¿Tan triste es? La ficción que a mí me gusta es la que va pegada a la realidad y la realidad es jodidamente injusta y triste, porque te reta a salir adelante o hundirte para siempre. Le toca a cada uno tomar la decisión incluso cuando no entendamos el porqué. Tienes razón, es triste, Regina perdió a su hermana, y además no entiende muy bien cómo es que pasó todo. Creo que el único amor que puede hacer que una persona se mantenga en pie es el propio y de ahí arranca lo demás. La muerte de Kat es un punto de inflexión en la vida de Regina, o sale adelante o se hunde, ahí va a tener Emma que ver. No hagas berrinche, mejor cuéntame qué te parece el siguiente :). ¡Leer es el mejor de los vicios! Los videojuegos están para cuando uno se ha enojado con el autor por lo que ha escrito, pero después de unas partidas volvemos a tomar el libro en nuestras manos. Gracias a ti por tomarte el tiempo de leer y de comentarme. No me cuesta nada hacerlo, de hecho me gusta bastante. Espero disfrutes el siguiente. Saludos.
barrurita: Mucho dolor para Regina. Ese tipo de perdidas duelen mucho sobretodo por lo difícil que es encontrarlas. Pero también creo que por algo pasan las cosas, probablemente pasó por tu vida para dejarte algo, para enseñarte algo, espero así haya sido. No la va a perder, definitivamente es un punto de inflexión en la vida de Regina que le servirá para cambiar. El otro fic está en pausa, tengo ya un capítulo (el siguiente) pero quiero terminar éste para dedicarle todo el tiempo al otro. Tengo algunas ideas ya, espero pronto poder ponerme en ello por completo. Gracias por leer y comentar. Saludos.
Evaz: A mí me gusta que estás de vuelta. Es mi personaje favorito. Muchas gracias, qué bien que lo hayas disfrutado. Gracias a ti por leer y comentar. Saludos.
Guest: Jaja, ahora sí me hiciste reír cuando lo leí y ahora que estoy contestando. Me has recordado mucho a alguien. Pues supongo que justo por eso, porque es menos importante y necesitaba a alguien tan importante para Regina como ella misma. Pero va a tener una madre y una familia, puedes estar segura de ello. Muchas gracias, por leer y comentar. Qué gusto que lo hayas disfrutado, es siempre un placer leer lo que piensan del capítulo. Yo te mando abrazo fuerte, aunque me odies :). Saludos.
Ruth maria: Un capítulo muy triste sin lugar a dudas, difícil porque le tengo un cariño especial a Kat pero por más que intente encontrar otra forma de llegar a donde quiero no la encontré, lo lamento. Creo que hay persona que no les gusta mostrarse vulnerable, incluso cuando tienen a personas a su alrededor que servirían como sistema de soporte. Claro que está devastada, es normal, pero tienes razón el hecho de que haya podido despedirse debe servir de algo, muchos no tiene esa suerte. Creo que esta situación es un punto de quiebre en la vida de Regina, donde deberá decidir cómo es que reacciona a una nueva perdida, muy parecida a la de su hijo. También tendrá que ver mucho Emma, la paciencia que pueda legar a tener, a pesar de que Regina estará mal de verdad. Tener a alguien que le recuerde a su familia, sin importar si ellas la educan o lo hace el abuelo o quien sea, lo importante es que los recuerde siempre. Gracias por comentar y por leer, espero disfrutes el siguiente. Saludos.
Jp: Definitivamente ha sido el más triste, Kat es un personaje muy querido y te entiendo perfectamente porque escribirlo para mí también fue difícil. En realidad van a tener que ser dos, llevo veinte hojas y aún me falta bastante por escribir, así que voy a dividirlo en dos. Serán tiempos difíciles para Regina definitivamente, siempre sirve estar acompañada cuando se atraviesan momentos difíciles, la clave está en que dejé que se mantengan cerca de ella. Muchas gracias por leer y comentar. Espero disfrutes el siguiente. Saludos.
Lizzie Gza: Has estado en un tobogán de sensaciones, espero que realmente haya valido la pena. Kat era sin duda un personaje muy querido, debo confesar que justo porque es tan importante en la vida de Regina es que necesitaba que muriera, era ella o Emma y pues mejor Kat que la rubia, ¿no? No quiero decir mucho porque creo que te arruinaría un poco lo que tiene que decir el capítulo siguiente, Creo que no te va a quitar mucho esa sensación de tristeza, pero ya ves que dicen que nunca es tan triste como cuando está a punto de amanecer, todo saldrá bien, estarán bien, promesa. Muchas gracias por escribir, de verdad, no tienes idea de lo importante que es para mí leer sus comentarios, sobretodo cuando las cosas no salen como espero y tengo que borrar todo lo que tenía ya adelantado. Lo valoro mucho y lo agradezco todavía más. Espero disfrutes el siguiente y no sea tan horrible como el anterior. Gracias nuevamente por leer y comentar. Saludos. Pd. Ya lo entenderás al final :).
kykyo-chan: Pobre Kat, James, Samantha, Regina, etc, es una capítulo difícil y el siguiente igual. Resultó que el final era demasiado largo y lo he partido en dos, espero los disfrutes. Muchas gracias por leer y comentar. Saludos.
15marday: Justamente tenía que arrebatarle lo que más quería. Lo sé, Kat es un personaje muy entrañable, Samantha será alguien importante en la reconstrucción de todo. Muchas gracias por leer y comentar. Espero disfrutes el siguiente. Saludos.
solecito-han: Pues qué gusto que el capítulo te haya tocado tanto que hayas tenido necesidad de hacerlo. Sí me lo han dicho mucho, ojalá el siguiente capítulo no sea la excepción. KAt es un personaje muy especial y su pérdida afectará mucho a Regina. Ya veremos, pero estoy segura que Samantha será muy importante para la vida de Regina. Muchas gracias por tus palabras, te repito que me da gusto leerte, es importante siempre saber qué piensan de lo que escribo. Gracias por seguir leyendo y comentar, espero lo sigas haciendo. Ojalá disfrutes el siguiente, saludos.
Julie: Lamento mucho hacerte enojar, definitivamente no era esa mi intención. La situación es que para poder llegar a donde quiero legar (el final) necesitaba que muriera alguien realmente importante para ella. Justamente ese tipo de dolor era el que necesitaba, sí, le arranqué la mitad del corazón. Resulta que el último capítulo tuve que dividirlo, llevaba ya veinte hojas y la cosa no paraba, así que serán dos. Pero sí tendrá un final feliz, sobre todo el epílogo (habrá uno), quizá no lo notes, pero estará lleno de esperanza y qué final más feliz que uno repleto de ella Quizá al final lo entiendas, dame el beneficio de la duda y si de plano después de leerlo no te gusta pues me lo harás saber. Jajaja, duré mucho en escribirlo porque una vez que tomé la decisión ya nada me hizo cambiar, lo lamento. Espero disfrutes el siguiente, ya me contarás. Gracias por leerme y comentar nuevamente, lo valoro. Saludos.
Vainilla47: No es una pesadilla, lo lamento. Pero todo tiene una razón de ser y prometo que saldrá la luz después de tanta obscuridad (este capítulo no, el siguiente más o menos, pero el epílogo sí). Era una situación necesaria, espero hacerme entender al final. Muchas gracias por leer y comentar, espero realmente que disfrutes el siguiente. Saludos.
LoreLane: Pues era algo necesario pero todo estará bien, al final. Obviamente devastada pero Regina es fuerte. Su relación con Emma sufrirá pero todo saldrá adelante. Duré mucho sin actualizar pero espero realmente valga la pena. Justamente Emma tendrá mucho que ver para que Regina pueda salir adelante. Muchas gracias por continuar y leer y comentar. Saludos.
Gloes: Muy buenos resúmenes has escrito, tienes razón el primer capítulo hablaba sobre la amistad que ellas dos habían formado, tan entrañable que el hecho de que una de las dos haya tenido que morir te toca el corazón muy profundo. La situación es que eso es justo lo que necesitaba para poder llegar al final que tengo pensado para la historia. Quizá ahora no quede muy claro pero realmente es así. Voy a hacer dos capítulo y un epílogo, resulta que llevaba ya veinte hojas y la cosa no paraba así que he tenido que dividirlo. Digamos que es la última prueba, difícil sí, pero no por eso imposible de superar. Ya verás que todo sale bien, nada más algo de paciencia. Muchas gracias por tus palabras que siempre ayudan, sobretodo cuando me toca borrar todo lo escrito porque nada más no me gusta. Las valoro enormemente, no te das una idea. Gracias por seguir leyendo y comentando, espero este capítulo los disfrutes mucho y ya me contarás. Saludos.
Cruz82: Listo, no la voy a dejar, tardo pero seguro la termino. Muchas gracias por comentar y leer. Saludos.
ElaQueen: Hola, cariño. Espero ya estén mucho mejor Ela, lo deseo de todo corazón, no te preocupes que luego eso de actualizar me toma meses, últimamente más que antes. Fue un capítulo interesante, eso que podría ser si no se atravesara la vida. Muchas gracias, es uno complicado, lo entiendo perfectamente. Lo tuve que partir porque la cosa se puso realmente larga pero no queda mucho. Gracias por continuar y por comentar. Espero disfrutes el siguiente. Un abrazo grande, el más. Pd. Te he leído, tu historia en ingles también. Me da gusto ver que estás de regreso, lo que espero signifique que ya estás mejor.
CAPÍTULO XXXV Escudos que lastiman.
El sonido del reloj le resultaba más ostensible que nunca, su inalterable tic-tac le parecía reconfortante después de todo lo que había sucedido las últimas 48 horas. Y es que uno valora su rutina hasta que ésta ha cambiado para siempre. Recostada sobre su cama pensaba en cómo es que no se había percatado de ese sonido antes, de lo increíblemente esperanzador que resulta encontrar algo que permanece cuando todo lo demás se desmorona. No había sido capaz de dormir, pero por primera vez en las últimas horas había conseguido que la dejaran sola, y no podía negar que lo estaba disfrutando. Le había costado mucho convencer a Emma de que no era necesario que viniera a dormir a su casa; su casa, qué lejos le resultaba la idea de la rubia viviendo con ella; qué rápido cambia todo, incluso aquello que una vez nos pareció imperturbable.
Eran las tres de la mañana, y con ese tic-tac de fondo comenzó a repasar todo lo que tenía que hacer antes del entierro de Kat y James, no pudo evitar esa carcajada que resonó en toda la habitación, qué ridícula le resultaba esa idea, enterrar a su mejor amiga, era ésta su peor pesadilla. La razón por la que habían tenido que esperar era porque Tom, el padre de Kat, venía en camino, vivía en Londres y eso lo había retrasado todo. La familia de James, por otra lado, había evitado todo contacto con ella, llevaban años distanciados, o al menos eso era lo que Kat le había dicho, jamás pensó que a ese grado, jamás pensó que ni siquiera fueran a despedirlo el día de su entierro. Terminó siendo ella la que se encargó de todo lo relacionado con el funeral de los dos. El servicio iba a ser pequeño, estaba segura de que eso habría querido su amiga, algo íntimo, solo sus amigos, solo su familia. Le debía eso, por lo menos eso.
Estaba programado a eso del medio día y hasta ese momento lo único que le apetecía era seguir tumbada escuchando el tic-tac del reloj, o en su defecto, visitar a Samantha en el hospital. El hecho de que las visitas estuvieran restringidas a solo una por día lo había complicado todo, así que, con toda esa paciencia que no tenía, esperaría en su cama hasta que dieran las nueve para poder mirar esos ojos, mirarlos una vez más. La iba a extrañar cuando su abuelo se la llevara con él, era una completa lástima la enorme distancia que se iba a interponer entre las dos. Pero ya idearía la forma de permanecer siempre presente en su vida, ya fuera visitándola o pidiéndole a él que le permitiera pasar una temporada con ella en vacaciones. Nada iba a separarlas.
Y así, como había hecho las últimas tres horas, sin poderse controlar, tomó su celular y por milésima ocasión llamó a su buzón de voz, quería escucharla una vez más…
"Regina... cariño... acabo de romper fuente... James ya viene en camino… Explícame ¿Cómo es posible que tengas el celular apagado justo cuando tu ahijada está a punto de nacer? Te voy a recordar toda la vida este momento, que lo sepas… Te lo juro… *KAT… KAT…. YA ESTOY AQUÍ… ¿DÓNDE TE METES?* ESTOY ARRIBA… Y NO ME GRITES QUE YA TENGO SUFICIENTE CON TU HIJO… Acaba de llegar James, cariño… Vamos camino al hospital, te espero allá… No tardes… Te necesito…"
Pero sí había tardado, sí le había fallado. Desde que se enteró del accidente no entendía que Kat no le hubiera avisado que el bebé venía en camino, pero todo quedó claro cuando encendió su celular y se percató del mensaje de voz que tenía, era suyo, no necesitaba escucharlo para saber que era suyo. No había querido oírlo hasta que pudiera llegar a casa, hasta que pudiera estar sola. Le temblaban las manos y en más de una ocasión colgó antes de siquiera escuchar su voz, necesitó un par de copas para siquiera volver a intentarlo, le había tomado su tiempo, pero una vez que lo consiguió ya no pudo dejar de hacerlo, una, otra y otra más. Esa había sido la ultima vez que había sido capaz de llorar, no era que no quisiera hacerlo, era que ya no le salían las lágrimas, como si de un momento a otro se hubiera quedado vacía. Vacía de esperanza, de felicidad, de calma, de lágrimas. De lo que sí estaba completa y absolutamente llena era de una ira que solo había sentido en una ocasión, de una sensación de eterna bronca que le inundaba cada parte del cuerpo, de la cabeza, del corazón.
Quería una copa pero había olvidado la botella en la cocina, desde que había llegado a su casa había comenzado a beber, no estaba borracha, pero tampoco estaba en sus cinco sentidos. De esa forma había conseguido adormecer un poco ese dolor en el pecho que la gran parte del tiempo no la dejaba respirar. Quería seguir bebiendo pero sabía que no estaba lejos de perder el control y aún no estaba lista para que eso sucediera, desde que había salido del hospital se había aferrado a él, y es que para ella esa era su única tabla de salvación.
Le resultaba curioso la cantidad de recuerdos que aparecían en su cabeza desde que se había enterado del accidente, uno tras otro, de todo tipo, desde momentos realmente felices, hasta sus peleas más duras. Parecía que su cabeza estaba haciendo un recuento de todo lo que tenía en su memoria, como si quisiera hacer un inventario antes de comenzar a olvidar, o quizá, para no hacerlo. Por supuesto que había unos más recurrentes que otros, unos que no dejaban de darle vueltas en la cabeza, entre ellos estaban sin lugar a dudas las incontables ocasiones en que Kat le había pedido que hablara con su familia. En los últimos meses habían discutido en muchas ocasiones sobre el tema, la rubia se negaba a dejarlo ir, presionaba a cada momento, incluso le había sacado un promesa. Quizá era por eso que ese recuerdo venía una y otra vez. Y es que a pesar de la cantidad de discusiones que resultaban de ello, Kat jamás había dejado de insistir.
-No empieces otra vez, Kathryn…- Estaba cansada de escuchar lo mismo una y otra vez, ¿Por qué demonios no era capaz de entender que cada quien es libre de tomarse el tiempo que se le antoje para sanar sus heridas?
-¿Kathryn? Casi estoy a punto de creer que estás tan enojada como aparentas…-
-Esto no es un juego…- Kat la miraba con esa calma que parecía invadirla en cada discusión que tenía como tema principal a su familia, ese mismo que a ella tanto desquiciaba. Tenía la sensación de que la rubia se armaba de paciencia, como si tuviera claro desde el principio que iba a ser complicado pero que no por eso iba a desistir. -Estoy hablando en serio…- Su amiga puso los ojos en blanco.
-¿Confías en mí?-
-Sabes perfectamente que no se trata de eso…- Kat se había levantado a servirse una nueva taza de té. No la miraba y la verdad es que no hacía falta, ellas conectaban, y en momentos como ese, era justo eso lo que lo hacía tan complicado.
-¿Lo haces?-
-Por supuesto que confío en ti…- Se había acercado a mirarla mientras le entregaba su bebida para rellenar la suya. Odiaba esa forma que tenía de tranquilizar su mal genio, con esa facilidad que le daba conocerla de hacía tantos años, saber hasta dónde podía presionar y cuando era momento de recular.
-Entonces tienes que hablar con ellas, tienes que hacerlo antes de que sea demasiado tarde.-
-¿Demasiado tarde para qué?- Comenzó a acariciar el puente de su nariz, odiaba cuando las visitas de Kat terminaban así. -¿Por qué no me dices lo que sabes y nos dejamos de tonterías y adivinanzas?-
-Porque con quien debes de hablarlo es con ellas y no conmigo…-
-O sea que, como siempre, todo tiene que ser cómo y en el momento que se te antoja…- Su amiga puso nuevamente los ojos en blanco y se cruzó de brazos. No podría creer cómo es que conseguía dar miedo siendo tan pequeña, y además, estando embarazada.
-Si las cosas fueran como se me antoja, no estarías aquí, sino hablando con tu madre, así que créeme, estoy teniendo una paciencia de época.-
-Va a llegar el día en el que ese bebé salga y entonces me voy a ir en cuanto empieces otra vez con esto…- Desde que Kat le había dicho que había hablado con Zelena y que sabía algo que ella no, su insistencia sobre ello se había vuelto insoportable, aprovechaba cada momento para sacar el tema a colación.
-Pues aún no soy capaz de sentir ese miedo que intentas transmitir con esa amenaza, así que vamos a tener que esperar…-
-Dios, eres imposible… ¿Qué quieres que te diga?- Kat dio un sorbo y se sentó nuevamente en el otro banco que estaba en la barra.
-Que vas a hablar con tu madre, por supuesto…-
-Kat... ¿Estás bromeando?- Su amiga negó sin decir nada más. -¿Es que no recuerdas a mi madre?- Ojos en blanco y sorbo a su té, la capacidad que tenía de llevarla a donde quería le parecía tan increíble como peligrosa. -Hace once años que no la veo.- La cara de Kat parecía decirle que era exactamente eso a lo que se refería. -¿Cuándo?- La rubia sonrió.
-Cuando puedas, solo prométeme que vas a hacerlo…-
-Probablemente no pueda nunca…- No mentía, no tenía intención alguna de entablar ningún tipo de conversación con su madre. -Es una promesa engañosa.- Eso era mentira, ambas sabían que jamás prometería algo que no tuviera la intención de cumplir, mucho menos a ella, era por eso que Kat estaba tan empeñada en convencerla de hacerlo.
-Promételo...-
-Kat…- Su amiga la miraba con los brazos cruzados, estaba esperando su respuesta. -Lo prometo.- Kat sonrió y se levantó para abrazarla.
-Es lo mejor, ya lo verás...-
-No me caes bien justo ahora...- Su amiga soltó una carcajada y le besó la frente mientras la abrazaba.
-Descuida... tú me caes bien siempre…-
¿Cómo iba a cumplir una promesa así?, pero sobre todo, ¿Cómo no iba a hacerlo?, ¿Qué era eso que Kat sabía y ella no?, ¿Por qué insistía tanto y en todo momento? Eran siempre las mismas preguntas las que la atormentaban, incluso antes de su muerte. Necesitaba un café, ese dolor de cabeza muy parecido a la migraña comenzaba nuevamente a acecharla. Además, no tenía intención de mostrar la menor debilidad en el servicio, necesitaba recuperar esos cinco sentidos, y entre más pronto lo hiciera, mejor. El sonido del teléfono interrumpió el incesante flujo de sus pensamientos. Era un mensaje de un número desconocido… 'Estoy afuera, abre'. Frunció el ceño y se quedó mirando el celular, ¿De quién demonios era ese número y quién se creía para hablarle de esa forma? No pudo terminar de despotricar contra el emisor cuando un segundo mensaje apareció en la pantalla 'Estoy esperando…'
-Qué demonios…- Había sido un susurro, el sonido de su propia voz le resultaba un tanto extraño, no hablaba mucho, lo indispensable. Desde que le informaron de su muerte, todas las conversaciones se llevaban a cabo en su cabeza.
Podría ignorarlo, debería hacerlo. Toda su casa estaba a obscuras, quien quiera que fuese no podría tener la certeza de que ella estuviera ahí, y de tenerla, podría pensarse que estaba dormida. Lo mejor era hacer caso omiso y continuar con sus cavilaciones. Pero no podía y lo más importante, no quería. Se puso de pie y se encaminó hacía la calle, había pasado las últimas horas inmersa en sus pensamientos, le estaba costando comunicarse y es que unas veces no encontraba las palabras y otras no tenía nada qué decir. No quería lastimar, cuando más dolida estaba, siempre encontraba la forma de lastimar, no quería hacerlo, no con Emma, no con Ingrid, no con nadie. Esa persona por otro lado, le acababa de dar el escape que tanto necesitaba, alguien con quien reventar todo ese coraje que tenía dentro, y es que ahora si tenía algo que decir. Respiró profundo, abrió la puerta y en ese momento la sorpresa consiguió aquello que estaba destinado al café.
-¿Madre?-
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-¿Estás dormida?- Había decidido quedarse en el departamento de la rubia después del horrible día que su amiga había pasado. Eran casi las cinco de la madrugada y estaba segura que desde que habían llegado a su casa Emma no había podido descansar.
-No…- Se dio media vuelta y quedó de frente a Elsa, su amiga la había alcanzado en cuanto se enteró de todo lo que había pasado, y es que para poder arreglar la situación de James había tenido que hacer uso de las pocas influencias con las que contaba, las cuales por supuesto incluían a Graham y algunos oficiales de la comisaría.
-¿Cómo estás?- Era una pregunta muy tonta, pero siempre había pensado que en situaciones tan complejas uno tiene que empezar por el principio.
-¿Cómo estoy?…- Se sentó en la cama recargándose en la cabecera mientras encendía la lámpara de su mesita de noche. -Déjame ver… Mi novia, o al menos me gusta pensar que sigue siendo mi novia, acaba de perder a su mejor amiga, su mejor amiga, con mayúsculas y en negrita. Y yo no tengo la más remota idea de qué es lo que debo hacer. Quiero estar a su lado y después creo que lo mejor es no presionarla. No sé qué es lo que debo decirle porque si yo estuviera en su lugar, y algo te hubiera pasado, me habría muerto ahí mismo. Tengo la sensación de que está tan enojada que lo único que quiere es estar sola, me muero de miedo de dejarla sola porque a veces tengo la impresión de que si se aleja un poco más lo más seguro es que no vuelva. Quiero abrazarla pero estoy segura que no quiere mis abrazos, no quiere los de nadie. No puedo culparla, porque no hay forma de que algo o alguien le dé consuelo, nada en este mundo le va a dar consuelo. No está sola pero podría jurar que así se siente y no hay nada que pueda hacer para cambiar esa impresión. Quiero decirle que la amo pero sé que no está para mi amor, ahora solo está para su dolor y para su coraje.-
-Dale tiempo…- Emma dejó escapar un suspiro lleno de frustración, y es que su respuesta sonaba bastante acartonada, pero la verdad era que no sabía qué decir, escuchar a la rubia expresarse así le dejaba más claro que nunca que su amiga se estaba muriendo de miedo. Estaba tan enamorada de Regina que el solo hecho de imaginar una posible ruptura no le permitía pensar con claridad. -Te ama y no va a dejar de hacerlo…- Los ojos de la rubia se cristalizaron al mirarla.
-No sabemos eso, además siempre has dicho que uno elige a quién amar…- Ese era uno de esos temas en lo que nunca se ponían de acuerdo, Elsa sostenía que uno elige de quien enamorarse, mientras que ella insistía en que amar no es algo de lo que uno tenga control. -¿Qué pasa si elige ya no amarme?-
-Sabes que yo me refiero a todo lo que se da antes de enamorarte de alguien, a tener el control de si permitirle o no entrar en tu vida a un desconocido hasta ese momento, a darle el poder de enamorarte.- Emma había cerrado los ojos al escucharla. -Ella está enamorada de ti, no va a dejar de estarlo…-
-¿Y si aún amándome decide alejarse…?- No estaba pensado claro, todo los sentimientos se le estaban atorando en la garganta y en el corazón y eso hacía que todo se distorsionara.
-Emma… por Dios…- Esas lágrimas que estaba intentando contener habían hecho acto de presencia. -¿Realmente crees que le importas tan poco?- Tenía que conseguir sacar a Emma de ese estado porque si continuaba por ese camino, terminaría con algo que no tenía por que terminar.
-A veces tengo la impresión de que no me necesita…- Eso no era enteramente cierto, Regina le había demostrado los últimos meses lo mucho que había cambiado, a su ritmo, pero las cosas eran diferentes. Pero es que empezaba a desesperarse, había intentado acercarse a ella en repetidas ocasiones y en cada una de ellas la morena le había pedido espacio.
-No puedes ponerte así, si realmente no quieres perderla, no puedes ponerte como la víctima en una situación como la que está pasando.- Emma estaba triste, era normal, la situación era compleja y absolutamente jodida, pero había que intentar pensar con claridad, es en esas situaciones, cuando uno atraviesa momentos difíciles que se debe tener mucho cuidado con lo que se dice o hace. Todo se rompe por el eslabón más delgado. -Además de lidiar con los sentimientos que le provoca la muerte de su amiga no puedes pedirle que se preocupe por cómo tomas tú sus decisiones. No es justo.-
-Duele…- Amar dolía, eso lo había aprendido con Regina.
-Por supuesto que es así… pero si a ti te duele, imagina lo que ella está sintiendo…- En su opinión de las cosas más difíciles del mundo era conseguir ser empático con los demás. Las personas solían pensar únicamente en el dolor propio y jamás en el ajeno. El egoísmo rompía muchas relaciones.
-Lo único que quiero es que sepa que puede contar conmigo incluso cuando ella no quiera contar con nadie.- La voz se le había quebrado. -Que sepa que estoy para ella, que siempre voy a estar para ella…- Se limpió las lágrimas que se habían empeñado en salir.
-Pues está para ella… Díselo… Hazlo…- La rubia había bajado la mirada, estaba procesando lo que le estaba diciendo. -Pero sin molestarte cuando no recibes lo que esperas… porque siendo así, parece que solo lo haces para recibir algo a cambio, para recibir lo que tú quieres a cambio… Y las cosas no funcionan así.- La rubia asintió sin mirarla.
-Se le murió su mejor amiga, Elsa…- Recordar el rostro de Regina cuando había llegado al hospital preguntando por Kat le rompía el corazón. -Regina se quedó sin su mejor amiga…- Cada que pensaba en ello, cada que de verdad pensaba en ello, le parecía desgarradoramente triste. -Kat está muerta…- De inmediato Elsa la tomó entre sus brazos y comenzó a acariciar su espalda.
-Lo sé… lo sé…- Emma lloraba, no podía dejar de hacerlo y, por primera vez, estaba segura que no lo hacía por Regina.
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¿Madre?- Diez, diez años tenía que no veía a su madre, desde el día del entierro de su padre para ser más exactos, seguía igual que siempre, el mismo porte, la misma mirada penetrante, solo con unas cuantas arrugas más. Le sonreía, después de todo ese tiempo sin verse, su madre le estaba sonriendo.
-Cariño…- Era preciosa, hacía muchos años que no veía a su hija menor, y aunque le parecía que estaba sumamente cansada y demacrada seguía tan bonita como siempre. -¿Cómo estás?- Esos ojos chocolate que una vez conoció como nadie la miraban desafiantes, había dolor en ellos mucho más del que había imaginado. -Regina…-
-¿Qué estás haciendo aquí, madre?- No podía creerlo, tanto tiempo sin saber absolutamente nada de ella y ahora estaba ahí, en su casa, ¿Qué buscaba?, ¿Por qué ahora?
-Vine a ver cómo estás, por supuesto…- Regina puso los ojos en blanco y dio media vuelta. En algunas cosas le parecía diferente pero en otras tenía la sensación de que era la misma necia, orgullosa y altanera de siempre.
-Vete…- La sorpresa había pasado, no estaba de humor para lidiar con nadie, mucho menos con su madre. A pesar del tiempo las heridas seguían ahí, en el mismo lugar, todas aquellas palabras resonaban en su cabeza y estaba segura de que para su madre era lo mismo. Lo mejor era dejar las cosas como estaban, no remover sentimientos ya enterrados. Si algo había aprendido los últimos años es que una vez que se consigue que algo deje de doler lo mejor es no tocarlo nunca más.
-Regina…- Su hija se detuvo pero no se giró a mirarla, todo entre ellas había sido siempre muy complicado. Se parecían demasiado, era por eso que chocaban tanto, era por eso que discutían de la forma en la que lo hacían y era por eso que habían cortado comunicación por tantos años.
-No quiero verte…- Cora la miraba expectante, estaba claro que su madre no era la misma, al menos no había reaccionado a sus palabras como antes. -Solo vete, ¿quieres…?- Por supuesto que tanto tiempo sin cruzar palabra con ella hacía todo más difícil, no lo habían arreglado en su momento y ahora le resultaba impensable hacerlo. El día del funeral de su padre no habían cruzado palabra, cada una estaba tan inmersa en su dolor que ignorar a la otra les había resultado más sencillo que intentar arreglar lo que sin pensar habían roto; ambas seguían muy dolidas por todo lo dicho, desde ese momento no había vuelto a saber de ella.
-¿Cómo estás?- Se había enterado por el propio padre de Kat de lo ocurrido, esa había sido una de las amistades que le había dejado Regina, gracias a ella lo había conocido y a pesar de todo lo que había ocurrido años atrás, seguía mantenido una amistad con él. Desde el momento en que lo supo tuvo claro que tenía que ir a buscar a su hija, conociéndola como la conocía tenía la certeza de que se empeñaría en estar sola cuando más necesitaba estar acompañada.
-Eso no es de tu incumbencia, madre…- Dolía mucho. No quería hablar, no podía hacerlo, y es que ni siquiera tenía idea de por dónde empezar, y una vez empezando, ¿Cómo parar?, ¿Cuándo hacerlo? Dolía mucho. Dolía todo. -¿Qué estás haciendo aquí?- Se giró y no pudo evitar sorprenderse por la forma en que su madre la miraba, le parecía ver empatía en ellos. Le incomodaba, le incomodaba porque un día fue ella una de las personas que solían consolarla en momentos complicados, le incomodaba porque cada vez era más difícil controlar sus emociones, le incomodaba porque conociendo a su madre estaba segura de que esta vez no se iría.
-Estoy aquí para hablar contigo, cariño…- Hizo ademán de acercarse a Regina pero ella hizo el mismo movimiento para alejarse. Estaba enojada y casi podía jurar que no era ella la causante.
-No quiero hablar…- Miraba a su madre intentando recuperar el control perdido, pero su cuerpo parecía opinar justo lo contrario, le estaba costando no derrumbarse. Y es que la conocía, a pesar de todo, la seguía conociendo. -Por favor…- Su madre asintió y nuevamente dio un paso hacia ella.
-¿Qué quieres hacer?- Regina cerró los ojos y comenzó a negar mientras entraba nuevamente a su casa. Estaba huyendo, quería estar sola, sola con sus heridas.
-Para…- Quería que se fuera, que se fuera como lo había hecho antes, como lo había hecho tantos años atrás, quería estar sola, necesitaba estar sola. Era la única forma de poder soportar todo lo que aún le quedaba por soportar. -Por favor vete…- Fue apenas un susurro, estaba segura de que su madre había notado cómo se le quebraba la voz. -Por favor…- Se habían lastimado y ninguna de las dos había hecho nada por volver, necesitaba que su madre hiciera nuevamente lo mismo.
-No voy a ir a ningún lado, cariño…- Ya había cometido ese error antes, poner su orgullo por encima del sufrimiento de su hija, no lo haría otra vez. Regina la necesitaba, por más que se negara a aceptarlo, necesitaba que alguien estuviera a su lado, alguien que la conociera tanto para no irse por mucho que se lo pidiera. En aquella época había sido Henry su pilar, pero él ya no estaba, necesitaba de alguien, necesitaba de ella. Podía ver las lágrimas en sus ojos y también veía el esfuerzo de su hija por no dejarlas salir. Ya la había visto así una vez, eran situaciones diferentes pero a ella le parecía ver el mismo dolor en sus ojos. -Necesitas descansar…- Entró a la casa, la tomó de la mano y se encaminó a la que suponía había elegido como recámara. Al final de cuentas esa había sido su casa, habían acordado con Henry que llegado el momento, sería para ella; la muerte de su esposo había sido ese momento. No opuso resistencia, no la miraba, parecía estar en otro lado. -¿Pijama?- Regina señaló una cómoda mientras se sentaba en la cama. Comenzó a desvestirla y en cuestión de minutos estaba acostada ya en su cama, le parecía más indefensa que nunca, no estaba sola pero estaba segura que justo así se sentía. Se recostó a su lado, no dormía, pero tampoco parecía estar ahí.
-Está muerta…- Las lágrimas estaban a punto de caer, ya no se sentía capaz de controlarlas. Su madre la miraba, como si estuviera esperando que dijera todo eso que se empeñaba en callar. -Nunca voy a poder abrazarla… Yo… Yo ya nunca voy a poder abrazarla…- Se tapó la cara con ambas manos. Ya no era capaz de ver a su madre, pero sí pudo sentir sus brazos rodeándola. -Está muerta…- Y entonces lloró. Lloró porque había perdido a su mejor amiga y nadie lo entendía, y era justo por eso por lo que tenía la certeza que desde ese momento, siempre estaría sola.
• • • • • • •
-No era necesario que vinieras conmigo.- Había dormido apenas unas horas, pero estaba segura de que su madre, por otro lado, no lo había hecho ni un minuto. El último recuerdo que tenía de la noche anterior era el de ella consolándola y apenas despertó se había topado con esos ojos chocolate tan parecidos a los suyos. -Estoy mejor ahora, lo de ayer fue… fue… la situación y… ahora estoy bien… ahora estoy mejor…- A pesar de que en ningún momento su madre había hecho comentario alguno de lo que había ocurrido le resultaba incomodo haberse mostrado así de vulnerable, sobretodo ante ella, sobretodo ante ella después de tanto tiempo sin verla.
-Lo sé, pero quería hacerlo…- Su hija puso los ojos en blanco mientras bajaba del automóvil, acababan de llegar al hospital, Regina se había empeñado en ir a visitar a la hija de Kat a pesar de que únicamente faltaban veinte minutos para que terminara la hora de visitas. -Te espero afuera…- No estaba segura de que la hubiera escuchado, iba prácticamente corriendo en dirección a la entrada del hospital. -¡Regina!- Ella se giró y asintió con cara de exasperación, fue apenas un segundo, continuó corriendo y desapareció de su vista.
No habían hablado del pasado, Regina había despertado y esa vulnerabilidad que había salido a flote el día anterior había desaparecido. Su hija volvía a ser la de siempre, esa que da la impresión de ser más fuerte que nadie, que se empeña en demostrar que nada le afecta, y que cuando es así, le gusta estar sola para curarse las heridas. Tan parecidas.
Eso era algo que solía decirle Henry cada vez que intentaba convencerla de arreglar las cosas con Regina. Él siempre había encontrado la forma de entenderse con su hija, incluso cuando no estaba de acuerdo con lo que hacía conseguía mantenerse cerca, apoyándola; por el contrario ella no podía aceptar aquello que le parecía un error. Era por eso que solía decirle que eran dos gotas de agua, Regina tampoco era capaz de hacerlo, era necia y orgullosa, quería siempre hacer las cosas a su manera, como si esa fuera la mejor forma de todas. Tan parecidas.
Ese día todo se había salido de control, su intención jamás había sido lastimarla, pero si algo había aprendido con el paso del tiempo era que todo lo relacionado con sus hijas le nublaba las ideas. Muchas cosas le dolieron en ese entonces, pero ninguna como la falta de confianza de Regina. Siempre había habido discusiones entre ellas, era algo bastante común por el simple hecho de que a pesar de pensar diferente siempre terminaban reaccionando igual; pero incluso en los peores momentos, y a pesar de que no pudiera estar de acuerdo en lo que hacía, su hija siempre se había acercado a ella para pedirle su consejo. Nunca le había ocultado algo que significara un cambio radical en su vida. Por eso le dolió enterarse semanas después de todo lo ocurrido.
Los problemas que tuvo con Henry por haberle ocultado todo lo que había ocurrido fueron difíciles de superar, ella era su madre y ella debió estar a su lado en ese momento. Pero Regina expresamente le había pedido que no le contara nada, por eso llegó tan molesta, por eso dijo lo que dijo.
-No quiero verla…- Hacía semanas que no se paraba en casa de su madre. Hacía semanas que con la única persona que hablaba era su padre. Le parecía que estaba viviendo una pesadilla y por más que intentaba no encontraba la forma de despertar. Estaba segura de que su madre se había enterado de todo, era por eso que había hecho acto de presencia en su casa. Su padre la miraba como pidiéndole un favor, un favor que no quería conceder.
-Regina…-
-No quiero discutir padre, no contigo- Estaba cansada de pelear, de escuchar excusas que no le interesaba conocer, de que su padre intentara a toda costa pegar relaciones que él no había roto. No había querido hablar con su madre porque la conocía, pero sobretodo, porque se conocía, no iba a tolerar ningún tipo de reclamo y estaba segura de que justo a eso venía su madre.
-Por favor… está afuera y está esperando…-
-Es un error…- Estaba segura que se iba a arrepentir, no era buena idea enfrentarse a su madre, no así, no con ese dolor que no la dejaba en ningún momento, no así, no con ese enojo que aún no era capaz de controlar. -Dile que pase…- Su padre asintió, no sin antes mirarla, le pedía que lo intentara, se lo estaba pidiendo. Respiró profundo mientras se encaminaba a prepararse un trago, iba a necesitarlo, iba a necesitarlo más que nunca. Estaba de espaldas hacia la puerta pero podía escuchar perfectamente el sonido de sus pasos.
-Regina…- Estaba molesta, estaba molesta con Henry, estaba molesta con su hija, no podía creer todo lo que había pasado y mucho menos que nadie se hubiera molestado en decírselo.
-Madre…- Había dado un suspiro y se había girado para encontrarse con una sonrisa ya bien conocida. Esa sonrisa que no era sonrisa, que era más bien una mueca con la que intentaba ocultar la molestia que la embargaba. Conocía a su madre mejor que nadie, quizá porque era mucho más parecida a ella de lo que le gustaría reconocer. -¿Puedo ofrecerte algo de beber?- Dio un sorbo a su trago, mientras su madre negaba, la mueca había desaparecido. -¿Qué te trae por aquí, madre?-
-Verte, por supuesto… saber que estás bien…- Estaba más delgada que antes, se veía diferente, parecía enojada. Nunca le había gustado Daniel, nunca había estado de acuerdo con esa relación. Era Henry quien siempre solapaba todo lo que su hija hacía.
-Estoy bien…- Podía ver el nerviosismo reflejado en el rostro de su padre, estaba de pie justo en la puerta, le estaba dando espacio pero no se iba del todo, la experiencia le decía que lo mejor era estar cerca.
-No vas a casa… No contestas llamadas… Mejor dicho, no contestas mis llamadas…-Había volteado a ver a su marido para dejar en claro que el problema parecía ser con ella. Le dolía, por supuesto que le dolía.
-He estado muy ocupada madre, seguramente ya te enteraste que voy a abrir una Editorial…- Estaba segura de que su padre le informaba de sus actividades, sin importar que tan enojados pudieran estar, siempre habían encontrado la forma de cuidar de ellas. Comenzó a jugar con su trago, era algo que solía hacer cuando más nerviosa se sentía, estaba nerviosa, su madre siempre conseguía ponerla nerviosa.
-Menos mal que es eso, yo que pensé que era por el aborto que tuviste…- Regina levantó la vista y la miró directamente a los ojos, no había rastro de sentimiento alguno, como si lo que acababa de decir se lo estuviera esperando. Dio un sorbo a su bebida, estaba segura que necesitaba tiempo.
-No… es por la Editorial…- Una sensación extraña le estaba recorriendo todo el cuerpo, por una parte le invadían unas enormes ganas de llorar, como si su madre hubiera hurgado directamente en la herida, y por otro lado, sentía fuego por sus venas, unas ganas de romper todo lo que tenía a su alcance, de destrozar todo a su paso. -¿Algo más?-
-Recuerdas que te dije que esa relación no era para ti…- Regina cerró los ojos y comenzó a negar mientras daba un sorbo más a su bebida. Haberse enterado de todo lo ocurrido por Daniel le había dolido tanto que no encontraba la forma de quedarse callada. -¿Qué demonios fue lo que pasó?-
-No quiero hablar de eso…- Se había terminado de un trago lo que restaba de su bebida y se había encaminado a prepararse otra.
-¿Cuánto tenías de embarazo?- Su hija no contestaba, ni tampoco era capaz de mirarla, estaba segura que intentaba mantener esa falsa calma que aparentaba. -¿Qué ibas a hacer, Regina?, ¿Te ibas a esconder hasta que ese niño llegara al mundo?, digo realmente tengo curiosidad, ¿Cuál era el plan?- Ahora sí consiguió que Regina la mirara nuevamente, estaba más molesta que antes. Ambas lo estaban.
-¿Qué parte de no quiero hablar de eso no entiendes, madre?- Su padre la miraba rogándole que respirara profundo, que intentara pensar antes de hablar. Era por eso que se negaba a tener cualquier tipo de contacto con ella, no se sentía capaz de soportar los reproches de su madre, no en ese momento.
-¿Entonces de qué quieres hablar?- Pocas ocasiones en las que recordara a su hija hablándole de esa forma. Regina puso los ojos en blanco. -¿Cómo demonios se te ocurrió la magnifica idea de no cuidarte? No querías casarte con Daniel ¿Qué ibas a hacer entonces?, ¿Tienes idea de lo que van a pensar todos nuestros amigos de este teatro en el que te has metido?, ¿Qué es lo que vas a decir cuando vuelvas a verlos?- Era lo que menos le preocupaba, pero muchas veces uno es incapaz de pensar con claridad antes de hablar.
-Contigo no quiero hablar de nada, ¿No lo entiendes?- No quería gritar y estaba haciendo su mayor esfuerzo para no hacerlo. -No me importa lo que piensen de mí, es algo que no me quita el sueño, madre. No son mis amigos, son tuyos…- Debía detenerse, tenía que hacerlo justo en ese momento si no quería arruinar su relación con su madre.
-Qué sucedió con Zelena?- No supo por qué pero esa fue justamente la gota que derramó el vaso. La carcajada de su hija resonó en toda la habitación.
-¿Es que no te lo ha dicho?- La relación que había entre su madre y Zelena era completamente diferente a la que solían tener ellas, su hermana hacía todo lo que su madre quería, con tal de hacerla feliz era capaz de hacer cosas con las que no estaba completamente de acuerdo. Por otro lado entre ella y su madre había discusiones a todas horas, eran incapaces de ceder una con la otra, pensaban tan diferente pero solían reaccionar de la misma manera, era por eso que chocaban tanto.
-¿Qué sucedió con Zelena?- No le gustaba esa Regina que la retaba y parecía burlarse de ella. Tan parecidas.
-Eso tampoco te incumbe madre, aunque si me lo preguntas basta que se lo preguntes para que te diga todo lo que quieres saber…- Nunca le había gustado la influencia que solía tener su madre sobre su hermana, no es que Cora fuera mala persona, es que solía ser muy autoritaria y en muchas ocasiones tenía la sensación de que quería cumplir sus sueños a través de ellas.
-Te lo estoy preguntando a ti…- Su hija la miraba, tenía la sensación que estaba deliberando qué debía contestar. -Y una pregunta Regina, ¿Qué, sí me incumbe?- Se había cruzado de brazos esperando. -¿De qué tema sí se me tiene permitido opinar?
-De ninguno que tenga que ver conmigo, por eso no te lo dije ¿Sabes?, no quería que te metieras, no quería saber tu opinión sobre mi vida.- Pudo ver la turbación en el rostro de su madre, le había dolido lo que le había dicho.
-Tu problema no soy yo, cariño, aquí la que se equivocó y no es capaz de tolerar su reflejo en el espejo eres tú.- Ese era el momento de irse y tratar de tranquilizarse, aún estaba a tiempo de marcharse, lo que había dicho todavía tenía arreglo, estaba a punto de cruzar esa linea, esa en la que uno ya no distingue hasta qué punto es capaz de lastimar al otro. -La que cometió el error de embarazarse de un hombre como Daniel fuiste tú, la que se embarazó en el peor momento también fuiste tú.- Las cosas estaban muy cerca de salirse de control, fue entonces cuando sintió como Henry la tomaba del brazo.
-Cora….- Su esposa se giró a penas un segundo pero estaba seguro de que era ya demasiado tarde.
-Deberías estar agradecida de que ese embarazo no llegó a término, en lugar de culpar a los demás por lo que, tú y yo sabemos, fue tu culpa.- Todo pasó en un segundo, por un momento le pareció que Regina iba a pegarle, pero en lugar de eso el puño de su hija terminó estampado en la pared.
-Lárgate de mi casa…- No gritaba, a pesar de lo molesta que estaba o quizá por ello no era capaz de hacerlo. Justo donde más le dolía, su madre sabía perfectamente cómo pegar justo donde más le dolía. -No quiero volver a verte, ni a ti ni a Zelena… Nunca…- Cora la miraba sorprendida por lo que acaban de escuchar. Era la primera vez que una de sus discusiones llegaba a ese nivel. -Como si estuviera muerta, madre, que para mí, las dos ya lo están.- Su madre no respondió, dio media vuelta y se fue, su padre salió tras ella dejándola sola. Las lágrimas empezaron a surcar su rostro, acababa de enterrar a su madre, porque estaba segura de que no habría forma de arreglar eso que acababan de romper.
Le dolía recordar ese día, se había equivocado, le había costado mucho tiempo entenderlo y cuando por fin lo consiguió no fue capaz de acercarse a intentar arreglar las cosas. Ella también había resultado lastimada y esa era una de las razones por las que no lo había hecho. Había dejado que su orgullo le dictara el camino. Si pudiera regresar el tiempo cambiaría muchas cosas de esa discusión, pero claro, una enfermedad le cambian a uno la perspectiva.
•
Había tenido que levantar un poco la voz para poder ver a Samantha, parecía que no permitían dos visitas a la vez, y hacer entender a la enfermera la complejidad de la situación le tomó diez valiosos minutos. La imagen de Tom cargando a su nieta le rompía el corazón. Hacía tan solo una hora que le había llamado para informarle que ya estaba ahí, que iría al hospital. Samantha era lo más cercano que estarían jamás de Kat, y es que uno tiene que aferrarse a la vida cuando se enfrenta a la muerte. Había estado llorando, o al menos eso le parecía, verlo le trajo de regreso esa opresión en el pecho, esa misma que no la dejaba respirar, y es que si alguien en el mundo entendía lo que estaba sintiendo, ése era él. Había estado llorando, y ella estaba a punto de empezar otra vez.
-Es preciosa, ¿no?- Tom se giró y sin contestar colocó a Samantha en la incubadora, las lágrimas ya surcaban su rostro cuando la estrechó entre sus brazos. Fueron unos minutos los que pasaron así, siempre habían tenido una buena relación, mejor que eso, eran familia, a pesar de no verse con regularidad así se lo había hecho sentir desde siempre, con mucho más fuerza cuando cortó relación con la suya.
-¿Cómo?- No se podía sacar esa pregunta de la cabeza, Regina lo miraba y en sus ojos no podía ver otra cosa que dolor, si alguien quería a su hija como él, esa era ella. Ya sabía qué había sucedido pero necesitaba escucharlo otra vez, necesitaba que le explicara cómo su saludable, preciosa y embarazada hija, pasó de estar a punto de dar a luz a dejar huérfana a Samantha. -Yo… yo… yo no lo entiendo…-
-Un accidente… Entró en labor de parto y tuvieron un accidente…-La imagen de Kat en la cama de hospital no la abandonaba en ningún momento. Había sido una lástima que no hubiera alcanzado a verla con vida, pero por otro lado, quizá había sido lo mejor. -Ella… Ella estaba sufriendo, Tom… Tenía muchas heridas y… y… los doctores hicieron lo que pudieron…- Intentaba explicarle, darle consuelo. -Estaba cansada… Yo sé que lo estaba…- Le costaba mucho explicar algo que ella misma no conseguía entender todavía.
-¿Por qué no me lo dijo?- Vivían en ciudades diferentes pero hablaba con ella regularmente, su relación era bastante peculiar, podían pasar días sin llamarse pero siempre que había algo importante lo visitaba, fue así como se enteró que iba a casarse. Era verdad que le había pedido que viajara a verla, tenía algo que decirle, o al menos esas fueron sus palabras. Ojalá lo hubiera sabido antes, nunca la vio embarazada, nunca supo cómo se sentía al respecto, ojalá lo hubiera sabido antes.
-Tenía miedo de decirte que iba a posponer su boda… No quería decepcionarte…- Ella tenía mucho cuidado de lo que le decía, él solía ser muy conservador, en eso se parecía mucho a Cora. -Pero habló contigo para que viajaras, ¿no?, iba a decírtelo, Tom. Estaba feliz y quería compartirlo contigo. Te adoraba Tom.- Él asintió mientras miraba a Sam. -Vas a ser un abuelo increíble…- Estaba segura de ello, él era un gran ser humano.
-Tiene sus ojos…- Desde el momento en que la había tomado entre sus brazos sus ojos le robaron el corazón. Regina asintió mientras se acercaba a él. -Es como si estuviera mirándola, como si ella estuviera mirándome.-
-Sé a lo que te refieres…- Le había pasado exactamente lo mismo cuando había visto a esa pequeñita, iba a extrañarla de verdad. -Tienes que permitirle venir para que no se olvide de mí…-
-Regina…- Sabía perfectamente la relación que existía entre James y su familia, Kat solía molestarse mucho por ello. Seguramente sería él quién tendría la responsabilidad de cuidar de Samantha, lo había pensado durante gran parte del viaje.
-Prometo que voy a cuidarla muy bien… Tú me conoces, Tom… Por favor…- Necesitaba que le dijera que sí, necesitaba que antes de irse tuvieran ya una fecha en la cual ella pudiera venir. No iba a permitir que esa niña creciera sin tenerla a ella a su lado.
-Regina…- No podía ser él el encargado de cuidarla, no tenía edad para hacerlo. Por supuesto que disponía de una solvencia económica que le podría permitir pagar las mejores niñeras, pero Samantha se merecía a alguien que cuidara de ella por amor y no por dinero, alguien con la suficiente energía para enseñarle todo lo bonito de crecer, de acompañarla, de orientarla, de cuidarla. Él no era esa persona, y no por falta de cariño, sino de tiempo. -Sobre eso… Creo que deberías ser tú quien se encargue de ella…- Regina, que en ese momento se había acercado al cunero a acariciar a Samantha, se giró a mirarlo, estaba claro que no se esperaba algo así.
-¿Qué? ¿Yo? ¿Cuidar a Samantha?- Jamás había pensado en ello, jamás pensó que Tom no estuviera dispuesto a cuidar de ella. ¿Cuidar a Samantha? No podría.. ¿o sí?
-Claro que solamente si quieres hacerlo…- No quería forzarla a nada pero estaba seguro de que su nieta estaría mejor con ella. -Ya estoy viejo, Regina…-
-Tom… No digas eso…- No le gustaba escucharlo hablar así, tenía la sensación de que no le quedaba nada ya, nada por lo que luchar.
-Es la verdad… ya ha perdido a sus padres, no quiero que tenga que despedirse de mí antes de cumplir la mayoría de edad. Necesita certezas, Samantha se merece una vida llena de certezas. Yo ya no tengo la fuerza de antes…- No era una cuestión de falta de cariño, es que realmente no se creía capaz de cuidarla como ella se lo merecía. -No quiero que crezca rodeada de niñeras, no quiero que crezca sin una madre, no quiero que crezca como Kat.- Sabía perfectamente que Regina entendía a lo que se refería, su hija jamás había tenido a su lado algo mínimamente parecido a una madre, siempre había estado él y solo él tratando de acompañarla en todo, había hecho un gran trabajo incluso cuando él no pensara lo mismo.
-Tom…- La madre de Kat había fallecido cuando ella era aún muy pequeña, nunca le había faltado nada, de eso se había encargado su padre siempre. -Siempre la hiciste muy feliz… Ella fue muy feliz…- La voz se le quebró y ya no pudo terminar, era verdad, Kat había sido muy feliz.
-No me digas nada ahora…- Tomó ambas manos de la morena. -Estaré aquí unas semanas, hasta arreglar todo lo referente a Samantha, no tengo prisa…- Regina asintió, estaba realmente sorprendida por la propuesta. -Sólo piénsalo…-
-Está bien…- De manera natural abrazó a Tom. No sea había equivocado, él también la consideraba parte de su familia, el cariño era mutuo y eso era lo realmente importante.
-¿Qué vamos a hacer sin ella?- Era su única hija, no podía dejar de pensar en cuándo había sido la última vez que había hablado con ella y sobretodo, qué iba a hacer ahora que ya no podría hacerlo.
-No lo sé…- Fue apenas un susurro, él estaba tan consternado como ella. -Te juro que no tengo idea…- No conseguía imaginar cómo es que iba a aprender a vivir sin ella. Tom la miraba, tenía la sensación de que quería decirle algo más.
-A ella le hubiera gustado que fueras tú quien la cuidara…- Estaba seguro de ello. Su hija confiaba en Regina como en casi nadie.
-Tom…- Parecía que su corazón quería salírsele del pecho. Cuidar de Samantha… Si decidía aceptar, su vida iba a cambiar, todo iba a ser diferente. Además estaba también Emma, de por si las cosas estaban ya un poco tocadas, ¿qué pensaría ella de una situación así?
-Sabes que tengo razón…- Regina no pudo contestar porque fue entonces cuando una enfermera irrumpió en la habitación.
-Se ha terminado el tiempo.-
-Un minuto, señorita…- La enfermera asintió dejándolos solos nuevamente. -Piénsalo…-
Asintió mientras se acercaba a la pequeña para besarle antes de partir. Necesitaba de toda la fuerza posible para enfrentar ese día. La tregua que le daba estar cerca de Samantha estaba a punto de terminar. Pasaba ya de las diez de la mañana, había llegado el momento de irse, quería llegar antes, quería despedirse de ella. Ambos salieron del área de cuneros y se dirigieron a la planta baja. Estaba segura que su madre estaría esperándola ahí. Aún no estaba sabía qué pensar al respecto. Su madre se había acercado a ella en un momento de completa vulnerabilidad, todo habría sido diferente si no hubiera sido por la muerte de Kat. No tenía intención de reanudar ningún tipo de relación con ella, pero era verdad que había hecho una promesa. Tendría que escuchar, en determinado momento sabía que tendría que hacerlo.
-Regina…- Había estado esperando a su hija en el lobby del hospital, quería acompañarla en todo momento, y después, necesitaba hablar con ella. -Tom…- No le sorprendió verlo ahí, le había avisado que estaba ya en la ciudad y que lo primero que iba a ser era conocer a Samantha. Se acercó a darle un abrazo. -Lo siento tanto, cariño…-
-Lo sé, Cora…- Los ojos se le habían aguado, estaba a punto de enterrar a su hija, no tenía idea de cómo iba a superar algo así. -Gracias por estar aquí.-
Kat le había comentado que su madre y Tom tenía una relación muy cercana; desde que ellas habían comenzado ellos también habían hecho lo mismo. Sus padres solían invitarlo a casa cuando estaba en la ciudad, cuando falleció Henry, fue Tom el que estuvo a lado de su madre.
-Tengo que irme…- Su madre se giró a verla y no pudo evitar desviar la mirada, necesitaba recuperar el control, necesitaba mantenerse al margen de todos aquellos que la conocían tanto como para librar sus barreras. Necesitaba despedirse de su amiga sola, necesitaba enterrar a su amiga sola.
-Voy contigo por supuesto…- No la iba a dejar sola en un momento como ese, ni siquiera tenían que hablar, solo tenía que estar a su lado.
-No es necesario, madre. Quédate con Tom y nos vemos allá…- Cora estaba de espaldas a la entrada del hospital y no pudo ver a esa rubia que acababa de entrar. Llevaba las manos metidas en las bolsas traseras de su pantalón, estaba nerviosa. -Además… no voy a estar sola.- Su madre la miró curiosa, estaba esperando que aclarara lo que acababa de decir, pero Emma estaba ya demasiado cerca.
-Buen día…- Estaba nerviosa, no tenía idea de qué actitud iba a tener Regina, iba a ser una mañana complicada, lo único que tenía claro es que no quería que estuviera sola, aunque al parecer no lo estaba, no conocía a ninguno de los dos. -Hola…- Fue apenas un susurro destinado a Regina, tenía la sensación de que estaba mucho más tranquila que el día anterior. Seguramente haber visto a la bebé tenía mucho que ver.
-Hola…- Estaba consciente de que su madre no le quitaba los ojos de encima, seguramente muchas conjeturas se estaban formando en su cabeza y eso no le gustaba nada. No le gustaba la idea de que nuevamente tuviera información sobre su vida. Y aún provocando todo eso, agradecía enormemente que Emma hubiera decidido ir a buscarla. -Emma…- Tenía que presentarla, sabía que debía hacerlo. -Cora, mi madre y él es Tom, el padre de Kat.- Una punzada en el pecho, volver a mencionar su nombre dolía. -Madre… Tom…. Ella es Emma… mi novia…- El padre de Kat le tendió la mano, Cora se tomó su tiempo pero terminó haciendo lo mismo. Su madre le buscaba la mirada, intentaba descubrir en qué tan importante era Emma en su vida, trataba de saber, de involucrarse. -Nos vamos…- Tomó a la rubia de la mano y se encaminó hacía el estacionamiento.
-Mucho gusto…- La madre de Regina le dedicó un gesto que estaba segura pretendía ser una sonrisa. El padre de Kat parecía que ya se había ido, que estaba en otro lado, recordando otros tiempos. -Nos vemos pronto…-
Su corazón latía con fuerza, Regina la acababa de presentar como su pareja, esa morena la sorprendía siempre. Estaba tensa, la forma en que apretaba su mano le decía que era así. Y es que seguramente Cora las veía alejarse. No sabía qué era lo que había ocurrido con su madre pero sí tenía la certeza de que no existía ningún tipo de relación entre ellas, ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Por qué Regina se lo había permitido? No lo sabía y no era el momento de preguntar, eso sí que lo tenía claro. Hoy solo quería estar a su lado, Regina la necesitaba y ella no le iba a fallar.
-Te extrañé…- Se había girado hacía Regina que ya no le parecía tan tensa como antes, ahora tenía la sensación de que estaba nuevamente en otro lado, justo como el padre de Kat.
-Necesitaba estar sola…- Estaban a punto de llegar al escarabajo, Emma asintió mientras abría la puerta del copiloto para que pudiera entrar. Odiaba lastimarla, y sin embargo, no dejaba de hacerlo. Ya no estaba ahí y aún así podía escuchar perfectamente a Kat recriminándole su actitud con ella, estaba en su cabeza, lo iba a estar siempre. Y entonces la besó, lo hizo porque en un momento así no encontraba otra forma de decirle que la quería, porque no tenía idea de lo que iba a pasar y justo ahí radicaba el problema. El roce de sus labios le trajo de vuelta esa electricidad de siempre, esa que le recorría el cuerpo y le recordaba lo que era sentirse viva; sí, justo ahí radicaba el problema. Se separó y se topó con esos ojos verdes tan llenos de preguntas, tan temerosos de hacerlas.
-Te extraño tanto…- Era apenas un susurro, porque lo que había dicho era más para ella que para Regina. Era un sentimiento que la había acompañado los últimos dos días. Extrañaba tanto a la Regina de los últimos meses, extrañaba tanto a su novia. Le dolía pensar que jamás volvería a ser la misma, porque estaba segura de que Regina jamás volvería a ser la misma. -Quiero ayudar, pero no sé cómo hacerlo…- Regina cerró los ojos, tenía la sensación de que intentaba retener las lágrimas.
-No me dejes perder el control…- Se limpió rápidamente una lágrima que había logrado salir. Emma la miraba un tanto confundida, como si no entendiera bien qué era lo que le estaba pidiendo. -No frente a todos… No en su entierro…- No se creía capaz de soportar ese día sola. Necesitaba de alguien, necesitaba de Emma.
-¿Qué quieres que haga?- Su voz era clara, de no haber sido por sus ojos uno podría pensar que estaba cerrando un negocio y no a punto de enterrar a su mejor amiga. No le gustaba cuando Regina quería esconder sus sentimientos, pero ahora le estaba pidiendo ayuda y eso era un avance.
-Sácame de ahí… Cuando creas que ya no puedo más… Cuando creas que estoy a punto de perderlo… Sácame de ahí…- Tenía la sensación de que Emma no creía lo que acababa de escuchar. -Esa es la forma en la que puedes ayudarme…-
-Bien…- Regina asintió y entró en el escarabajo. Tan cerca y tan lejos, creía que estaba más cerca que nunca y así, de la nada, se había levantado una nueva barrera entre las dos. ¿Cuánto es mucho cuando de tolerar se trata?, y es que sobre eso no tenía la menor duda, era capaz de tolerar todo lo que su corazón pudiera soportar.
•
Llevaba cerca de una hora esperando a Regina en el panteón. Estaba segura, por lo bien que la conocía, que buscaría llegar antes que todos, que buscaría despedirse de su amiga en soledad. Seguía sintiéndose mal por la forma en que había reaccionado a todo el asunto del accidente de Kat, no había sido capaz de apoyarla, la noticia le había sorprendido de tal manera que terminó siendo Regina quien se mostró entera y ella llorando la irreparable pérdida.
No había intentado comunicarse, sabía que necesitaba estar sola, necesitaba asimilar todo lo que estaba ocurriendo; pero también tenía claro que había llegado el momento de estar a su lado, de ayudarla, incluso cuando no fuera capaz de pedirlo.
Desde la sala de espera en la que estaba vio pasar ese escarabajo amarillo tan peculiar. Era extraño cómo se estaba tornando su relación con Emma, desde el momento en que la llamó para pedirle que fuera donde Regina ambas acordaron ayudarla en todo. No hubo necesidad de decir más porque las dos querían lo mejor para la morena. Había resultado mucho más sencillo de lo que le había pensado al principio, entre las dos se habían encargado de convencerla de comer y descansar aunque fuera un poco, tenían que unirse nuevamente, tenían que encontrar la forma de sacarla adelante.
Vestido negro, medias negras, zapatos altos, cabello recogido y unos grandes lentes obscuros que no permitían a nadie ver el dolor en sus ojos. Regina estaba ya a un palmo de ella, venía tomada de la mano de la rubia.
-Cariño…- La abrazó, lo hizo intentando transmitirle toda la fuerza de la que disponía. Sabía lo mucho que estaba sufriendo, quería hacerle saber que no estaba sola. -Lo siento tanto, Regina…- La morena asintió mientras se quitaba los lentes para poder limpiar las lágrimas que ya corrían por sus mejillas. Sus ojos habían hablado siempre por ella, por más intentos que hiciera de mantenerlos inexpresivos nunca lo había conseguido. Uno podía saber su estado de ánimo con tan solo mirarla.
-Lo sé...- Aunque Ingrid no había convivido mucho con Kat, estaba segura que lamentaba profundamente lo ocurrido, cualquier persona que la hubiera conocido lamentaría su muerte. -¿Hay alguien más?- Respiró profundo, estaba a punto de ver a su mejor amiga por última vez.
-No... Solo yo...- Regina asintió y nuevamente se colocó sus lentes, quería evitar a toda costa el contacto con las personas, el contacto visual por lo menos. -Emma...- Se acercó a la rubia y le dio pequeño abrazo. Estaba claro que no se lo esperaba, estaba completamente rígida y había sido mucho más incómodo de lo que pensó. Pero tenían que animar asperezas ahora, ya no cabían malas caras entre ellas.
-Ingrid…- No sabía qué decir, pero no importaba, ahora nada de eso importaba.
-Voy a verla…- Se encaminó hacía la recepción, Kat estaba ahí, lo sabía, necesitaba verla antes de que cerraran el ataúd. Necesitaba verla una vez más. La última. -Sola…- Emma quien ya iba detrás de ella, se detuvo haciendo una mueca de desaprobación.
-Regina…- Se quitó los lentes y se aclaró la garganta, esos ojos chocolate estaban más tristes que nunca.
-Por favor…- Emma asintió a regañadientes, Ingrid ni siquiera había hecho el intento de acompañarla. -Cuando llegue Tom, dile donde estamos…- La rubia nuevamente asintió y se cruzó de brazos. Se acercó y le dio un beso en la mejilla. -Gracias…-
Tal y como le habían informado, Kat estaba ya lista para el funeral, ella y James llevaban cerca de una hora en una sala especial preparada expresamente para que los familiares pudieran despedirse. No había nadie por supuesto, se había encargado de que nadie se enterara de ello. Solo Tom y ella podrían verla. Llevaba cerca de cinco minutos afuera de la sala, no encontraba la fuerza para entrar, a cada segundo que pasaba ese hueco en el pecho se hacía mas grande, esa sensación de no poder respirar era más difícil de ignorar. La vida te cambia en un segundo, la vida te cambia y ya nada vuelve a ser igual.
-Si por comer esto termino en el hospital, te lo voy a recordar toda la vida…- No se sentía bien, llevaban ya bastantes horas bebiendo. Kat puso los ojos en blanco mientras le acercaba nuevamente la rebanada a la boca.
-Nadie termina en el hospital por comer pizza…¡Anda!-
-Grasienta pizza, si me permites añadir…- Kat soltó una carcajada mientras daba un trago a su bebida. Nunca había sido amante de ese tipo de comida, a decir verdad solía cuidar bastante su alimentación.
-¡Dios santo! Si es pizza entonces tiene que ser grasienta… ¿Podrías hacer el favor de probarla?- La forma en que Regina miraba la rebanada era casi ridícula. -Es mitad de la noche, acabamos de terminarnos la segunda botella de whisky, necesitas algo en el estómago si estás dispuesta a seguir con esto…-
-Está bien.. Está bien…- Terminó tomando la rebanada entre sus manos y dándole una mordida; tenía que poner de su parte, al final de cuentas había sido ella la que había invitado a Kat a beber, y es que era ella la que había decidido tomar para no buscar a Emma, la que a base de alcohol intentaba convencerse de que haber terminado con ella había sido lo mejor.
-¿Está buena?-
-Tolerable…- Kat, por otro lado, sonreía satisfecha. Como si con el hecho de haberla convencido de comer pizza le estuviera dando una enseñanza de vida.
-¿Tolerable?… ¡Te encantó!-
-Calla y pásame otra rebanada…- No tenía las ideas claras y no era capaz de debatir eso, pero no pudo evitar sonreír ante la cara de suficiencia de la rubia. Era ella, sin lugar a dudas, quien conseguía entenderla cuando nadie más lo hacía. Era ella quien conseguía hacerla sonreír en momentos tan complicados.
-Vas a tener que empezar a disfrutar la vida, cariño, que es muy cortita como para ir por ella comiendo ensalada y rechazando amores…-
Tenía razón, qué corta, pero qué corta resulta la vida a veces. En esa época no lo tuvo claro, en esa época no era capaz de reconocer la valía de todo lo que tenía a su alrededor, qué difícil resulta darse cuenta de cuán feliz eres en el momento en que todo está ocurriendo. Abrió la puerta y se topó con los dos ataúdes justo al centro. Una punzada en el pecho y unas ganas de salir corriendo, unas ganas de gritar, pero sobretodo, unas ganas de llorar; y es que no sabía qué le daba más miedo, si acercarse a verla o no volver a hacerlo nunca más. Paso a paso, porque de hacerlo de golpe terminaría en el suelo, se fue acercando. En cuanto pudo verla la garganta se le cerró, esas lágrimas que pensó que ya no tenía hicieron acto de presencia, se quitó los lentes y fue entonces cuando supo que la Kat que ella conocía se había quedado en el hospital. Ya no estaban sus ojos, ya no estaba su sonrisa, ya no estaba esa calma que sentía cada vez que la miraba. Kat ya no estaba ahí, ya se había ido.
-Te voy a amar siempre… Siempre, Kat… Siempre…- Fue un susurro, era lo único que había sido capaz de decir. Si algo quedaba de su amiga en esa habitación quería que supiera que nunca la iba a olvidar, que siempre la iba a llevar en la memoria, en el corazón.
Le acarició la mejilla y no pudo evitar pensar en Samantha, nunca iba a tener posibilidad de conocerla, nunca iba a escucharla reír, ni le iba a dar esos consejos tan suyos, nunca iba a mirarse en esos ojos, ni iba a sentir esa calma de saber que alguien así está en tu esquina, que alguien así de especial te cuida la espalda. Tom le estaba dando la posibilidad de participar activamente en su vida, de ser ella la encargada de que Samantha conociera a su madre, a sus padres, de que no los olvidara jamás.
-¿Qué debo hacer, cariño?- Las lágrimas caían pos sus mejillas sin que pudiera controlarlas. -No sé qué hacer… quiero estar a su lado, quiero formar parte de su vida pero… ¿Ser su madre?… Tú eres su madre… Yo.. Yo… Yo no estoy lista… No puedo ser responsable de ella, de su educación, de su vida… ¿En qué momento, Kat?.. ¿Cómo es que pasé de ser madrina a madre?… No puedo hacerlo… Ella es tu hija… De James… Yo… Yo no estoy a tu altura…- No hubo respuesta, nunca más iba a obtener respuesta. -Y además está Emma… ¿Qué va a pensar ella de todo esto?- Todos sus miedos le habían caído de golpe, y es que hacerse cargo de Samantha involucraba tantas cosas. -¿Qué pasa si no soy buena madre? ¿Si no encuentro la manera de conectar con ella? ¿Qué pasa si Emma decide que no quiere formar parte de algo así?- No la escuchaba pero era capaz de imaginársela rebatiendo cada una de sus razones, sacándola de ese mar de dudas que muchas veces era su cabeza y encargándose de traerla de vuelta a la realidad, esa era parte de su magia. -Te extraño…-
-¿Regina?- En cuanto la morena se giró se dio cuenta de que había estado llorando, ella también se dio cuenta de ello porque de inmediato se pudo nuevamente sus lentes.
-¿Si?- No tenía idea de cuanto tiempo había pasado en esa sala, le había parecido apenas unos minutos pero si Emma estaba ahí era por algo. No quería irse, no podía hacerlo, no estaba lista para despedirse.
-Tom está afuera… Quiere verla…- Se había ofrecido a llevar a Tom a la sala principalmente porque estaba preocupada por Regina, llevaba ya mucho tiempo metida ahí y estaba segura que iba a necesitar de alguien que la ayudara a salir. Dio unos pasos hacía la morena, había llegado el momento.
-Entiendo…- Se acercó y le besó en la mejilla. -No importa qué decida, ella nunca estará sola, siempre voy a estar ahí… No te preocupes… Yo te cubro la espalda…- Fue apenas un susurro, pero no porque no quisiera que Emma escuchara lo que tenía que decir, sino porque no se sentía capaz de nada; empezaba a sentirse mareada, empezaba a sentir mal, mal de verdad. -Te amo… Te amo… Te voy a ama siempre…- No fue capaz de continuar, Emma fue la que se encargó de tomarla por la cintura antes de que terminara en el suelo. -No puedo hacer esto… No puedo…- La rubia la llevaba prácticamente en peso, no podía dejar de llorar, quería hacerlo pero no encontraba la forma. No quería que la vieran así.
-Lo sé… lo sé…- Sentó a Regina en una banca que estaba al final del pasillo mientras hacía una seña a Tom para que entrara. -Estoy aquí… Yo me encargo de todo… Déjamelo a mí…- Se puso justo enfrente, necesitaba tranquilizarla antes de salir, habían empezado a llegar más personas, entre ellas estaba su madre y su hermana también, y ella le había hecho una promesa. -Respira… Respira…- Sacó de la bolsa de su chaqueta un pañuelo, le quitó los lentes y comenzó a secarle las lágrimas. -Zelena está aquí…- Los ojos de Regina de inmediato se tornaron obscuros, la sola mención de su hermana conseguía esa actitud en ella.
-Estoy mejor ahora…- Le quitó a Emma el pañuelo y se terminó de secar las lágrimas. No iba a permitir que Zelena se aprovechara de su vulnerabilidad justo como lo había hecho su madre, para buscar entablar una conversación con ella. No le interesaba. Se colocó sus lentes y se puso de pie. -Vamos…-
-Regina…- Era impresionante cómo cambiaba Regina cuando el nombre de su hermana salía a colación.
-Estoy bien…- Podía ver la duda en su rostro. Estaba segura de que Emma no entendía nada de lo que pasaba con su familia y no tenía ningún interés de que eso cambiara. Ya había compartido su pasado con Kat y no quería compartirlo con nadie más. -Vamos…- Le tomó la mano tratando de infundir una tranquilidad que no sentía.
•
No tenía completa certeza de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, desde el momento en que habían dejado la sala tenía la sensación de estar flotando, de estar observándolo todo desde el techo, ajena a todo, ajena incluso a ella misma. No era capaz de llorar, o más bien no tenía necesidad de hacerlo, y es que nada le dolía, aunque a decir verdad no sentía nada en absoluto, era más bien la falta de todo, era respirar por respirar, estar por estar. Era consciente de la mano de Emma rodeando la suya, podía sentir su calor, podía escuchar sus palabras, pero no era capaz de procesarlas, no era capaz de responder. Como si de pronto se hubiera pausado, como si todo se moviera a su alrededor mientras ella solo miraba, formando parte pero sin participar.
No había hablado prácticamente con nadie, Emma se había encargado de mantenerla fuera del alcance de su madre, la rubia había conseguido que siempre estuvieran rodeadas por alguien. Ella por un lado e Ingrid por el otro, como si trataran de protegerla, de darle privacidad, de ayudarla. No sabía cuánto tiempo Cora permitiría esa situación, pero tenía la certeza de que no la dejaría marcharse de ahí sin antes abordarla primero.
No fue capaz de escuchar las palabras que el ministro había dicho sobre ellos, su cabeza al parecer había decidido que era momento de recordar, seguramente tratando de postergar ese dolor que tarde o temprano iba a aparecer. Había llegado el momento, no quería quitarse los lentes, esa era la única máscara que le quedaba, la única que le permitía esconderse. El ataúd de James había bajado primero y el de Kat estaba apunto de hacerlo, fue en ese momento cuando agradeció que Emma estuviera a su lado, la rubia la había tomado por la cintura como pidiéndole que se apoyara en ella. Y lo hizo, porque su cabeza se nublaba con tantos recuerdos.
-Me gustaría que me incineraran…-
-¿Qué?…- Sacó la cabeza del refrigerador donde buscaba los ingredientes para preparar su pastel de manzana para mirar a su amiga que le regresaba una mirada sonriente desde la barra de la cocina.
-Cuando muera… Me gustaría que me incineraran…-
-¿De qué demonios estás hablando?- Odiaba hablar de muerte, odiaba cuando Kat se empeñaba en hablar de muerte, odiaba imagina que un día podría perderla. Había sufrido muchas perdidas en su vida, no estaba lista para perderla a ella. -¿A qué viene eso?- Kat se encogió de hombros y dio un sorbo a su café.
-James y yo discutimos, él quiere que lo entierren y yo quiero que esparzan mis cenizas.-
-¿Por qué demonios pelean por algo que está tan lejos de pasar?- Kat puso los ojos en blanco seguramente recordando la discusión.
-Lo mismo dije yo… Pero dice que es importante y que es algo de lo que tenemos que hablar y justo cuando hablamos de eso resultó que quiere que lo entierren…-
-Jamás pensé decir esto…- De nuevo metió la cabeza en el refrigerador para seguir sacando los ingredientes. -Pero estoy de su parte…- No pudo evitar sonreía ante el grito de su amiga.
-¿Qué?- Ni siquiera te cae bien…
-Eso no tiene nada que ver…- Sacó unas manzanas y cerró el refrigerador. Se giró hacía Kat que entrecerraba los ojos al mirarla. -No me mires así, cariño…- Kat puso los ojos en blanco nuevamente mientras bebía de su café. -Discúlpame pero si algo llegara a pasarte quisiera tener un lugar al cual ir a verte…- Lo decía en serio; eso era justamente lo que solía hacer con su padre, cuando iba a visitarle, aunque le parecía triste, también le reconfortaba saber que estaba ahí. Solía hablar con él como si estuviera vivo.
-Yo estaré en todas partes… Seré omnipresente… Como Dios…-
-No es suficiente para mí…- Hizo su mayor esfuerzo para no reírle la broma, en lugar de eso la miró a los ojos, quería que le quedara claro que eso era importante, que no era un juego, que debía pensarlo bien. -Y aparentemente tampoco lo es para James…-
-Pero no es lo que quiero…
-Hazlo por los que se quedan…- Kat dio un sorbo a su café, lo estaba meditando. -Hazlo por los que quieres…- Puso los ojos en blanco mientras daba un sorbo más. Estaba a punto de conseguirlo. -Además tú ni siquiera estarás aquí ya, ¿Qué importancia tiene?-
-No puedo creer que estés de su parte… Pero lo que realmente me sorprende es que utilices toda esa patraña sensiblera.
-No es patraña sensiblera…- Kat sonreía al otro lado de la barra. -Aunque es bueno saber que lo he conseguido…- Su amiga se encogió de hombros, empezaba a creer que en realidad no era tan importante para ella y que lo único que quería era que le dieran una buena razón para decidirse -No siempre puedes tener la razón, cariño…- Su amiga se llevó la mano al pecho antes de añadir.
-Así que así es como se siente la traición…
-Cállate… Que yo haría lo mismo por ti…- Kat la miraba intentando no reír. -El día en que muera quiero que me entierren para que vayas a contarme cómo te va en tu vida de casada…- Ese había sido golpe bajo, siempre que uno quisiera molestar a su amiga tenía que tocar el tema del matrimonio.
-Nunca…. Nunca voy a casarme…
-Bueno… dijiste que jamás te irías a vivir con él, discúlpame si pongo en duda lo que dices, cariño…- Su amiga había puesto cara de indignación, le gustaba hablar de todo con ella, le encantaba lo que habían conseguido formar.
- Cállate… Está bien… Ustedes ganan… Pero no se lo digas a James, se pone realmente pesado cuando es capaz de ganarme una discusión… -
-Promesa…- Sabía que lo que su amiga necesitaba era una razón lo suficientemente coherente para cambiar de opinión.
Se había salido con la suya, ahora ya tenía un lugar donde visitarla, jamás pensó que llegaría el día en que algo así sucedería, no lo había dicho en serio, sin duda alguna habría preferido irse ella primero antes que enterrar a Kat. El roce de Emma la trajo de regreso a la realidad.
-¿Estás bien?- No podía ver sus ojos, odiaba no poder ver sus ojos. Apenas unas cuantas lágrimas cuando el ataúd iba descendiendo pero nada que diera indicios de estar perdiendo el control.
-Estoy bien…- Ya no era posible ver el ataúd, su mejor amiga había desaparecido tras un montón de tierra, eso era lo que había quedado de ella, ahí permanecería para siempre su recuerdo.
-¿Quieres irte ya?- Regina no hacía intento de nada, continuaba mirando el lugar donde estaba enterrada Kat, la gente por el contrario comenzaba a irse. Tom, Cora y Zelena estaban a unos cuantos metros, tenía la sensación de que la estaban esperando. Tenían que marcharse cuanto antes si de verdad no quería toparse con su madre. -¿Cariño?- Le acarició la mejilla buscando traerla de regreso.
-Sí…- Asintió mientras giraba para despedirse de Ingrid. -Cariño, nos marchamos. Muchas gracias por estar aquí, por todo lo que has hecho…- La había tomado de las manos. -Yo… Yo… No sé cómo agradecerte por todo.-
-No tienes nada que agradecer… Ven aquí…- Fue un abrazo diferente, no sabía cómo explicarlo pero le parecía diferente, distante quizá. -Puedes llamarme… En cualquier momento… Puedes llamarme para lo que necesites…-
-Lo sé…- Se separó de Ingrid, no se sentía muy cómoda, quería marcharse.
-No estás sola, Regina…- La morena asintió mientras limpiaba una lágrima que había sido capaz de pasar el limite de sus lentes. -Te quiero…-
-Te quiero, cariño…- Se acercó a darle un beso de despedida. -Cuídate…- Ingrid la miraba preocupada, no quería pensar en ello, no quería dar explicaciones. Quería marcharse, quería llegar a casa y nuevamente tirarse a escuchar el tic-tac del reloj. Tomó la mano de la rubia y se encaminó rumbo al círculo donde estaba Tom.
-Necesito despedirme de Tom y entonces podremos irnos…- Emma tiró un poco de ella para que se detuviera a mirarla.
-¿Estás segura?- Regina asintió, le parecía más segura que antes, como si de pronto hubiera recobrado fuerzas. -Estoy justo a tu lado…-
-Lo sé, cariño…- Se llevó la mano de la rubia a los labios, estaba agradecida con Emma por todo lo que estaba haciendo por ella. No estaban muy lejos de donde Tom, su madre, Zelena y unas personas más hablaban, le iba a llevar un minuto hacer lo que tenía que hacer.
-Tom…- Podía notar la mirada de Zelena y de su madre sobre ella, la estaban sondeando, querían saber si era el momento, no lo era. No estaba de humor para nada, no ahora, no en mucho tiempo. -Me voy… Te veo pronto…- Una sonrisa realmente triste se dibujo en el rostro de Tom.
-Cuídate, Regina cariño…- No era capaz de ver sus ojos pero sabía perfectamente lo que estaba sintiendo, era lo mismo que él estaba pasando. Se acercó a ella y la abrazó fuertemente, al instante un temblor recorrió el cuerpo de la morena, estaba seguro de que estaba llorando. -Lo sé… Lo sé…- Estuvo así un par de minutos, hasta que Regina comenzaba a tranquilizase. -Estaré esperando…-
-No tardaré mucho…- La voz le salió muy quebrada, la cercanía con él la hacía mucho más vulnerable de lo que creyó y es que al final de cuentas solo él era capaz de comprender en plenitud lo que estaba sintiendo. -Lo prometo…-
-Lo sé, cariño…- Se separó de la morena y la besó en la mejilla. -Tómate tu tiempo… Te estaré esperando…- La morena asintió mientras limpiaba las lágrimas que escurrían por sus mejillas. Estaba tocada, lo sabía porque no paraba de temblar. -Cuídala, Emma, cuídense.- La rubia asintió, estaba a un palmo de ellos y ya había tomado a Regina por la cintura.
-No te preocupes, Tom. Estaremos bien.- Regina estaba recargada sobre su hombro, toda esa fuerza que le infundió antes de acercarse a ellos había desaparecido, ahora le parecía más débil que nunca. Había llegado el momento de marcharse, Regina ya no era capaz de soportar un momento más ahí. -Nos vamos…- Tom asintió y de inmediato vio la intención de ambas de acercarse a Regina, de entablar un conversación. -No es el momento..- Lo dijo muy claro y mirando a ambas. Le intimidaban, por supuesto, pero no iba a permitir que lastimaran a Regina, no frente a ella. -Vámonos, cariño…- Regina asintió y se encaminaron hacía el estacionamiento.
-Regina…- Tenía que hablar con su hermana, necesitaba hacerlo. Kat le había prometido que encontraría la forma de que Regina la escuchara. Era justo ahora cuando más vulnerable se veía, era el momento de hacerlo. La tomó del brazo para hacerla girarse y por fin arreglar las cosas.
-Dije que no es el momento…- Tomó el brazo de Zelena y lo apretó con tanta fuerza que la pelirroja terminó por soltar el de Regina. -Vas a tener que respetarla, te guste o no…- Esto último lo dijo muy despacio para que solo ella pudiera escucharla. Entonces la soltó y se encaminó hacía su escarabajo, llevaba a Regina prácticamente en peso, estaba tan triste, tan devastada que el solo hecho de mirarla le rompía el corazón, pero ella iba a estar ahí, a su lado, le iba a demostrar que no estaba sola, aunque se empeñara en creerlo, no lo estaba, no lo estaría mientras ella estuviera viva.
•
Llevaba cerca de dos horas viendo dormir a Emma, no estaba segura de cómo es que había terminado en su casa, lo último que recordaba era su despedida con Tom y a partir de ese momento todo se había nublado. Había perdido el control y la rubia se había encargado de sacarla de ahí, eso sí que lo tenía claro. La había llevado a su casa y se había encargado de que descansara por lo menos unas horas, esto por supuesto era entrar en el terreno de las especulaciones.
Ahora estaba mejor, habían pasado unas horas y empezaba a racionalizar todo lo que había ocurrido. Su madre en su casa, Zelena intentando hablar con ella, Tom pidiéndole hacerse cargo de Samantha, tenía tantas cosas en la cabeza o quizá intentaba llenársela de todo para no tener que pensar en eso que no quería pensar. Porque era una pesadilla, estaba viviendo su peor pesadilla y ya estaba lista para despertar; necesitaba hacerlo, porque quería llamarla, llamarla y contarle lo que había soñado, quería volver a escuchar su risa y que le dijera que no pensaba morirse porque aún le quedaba mucho por disfrutar, quería abrazarla y no soltarla jamás porque de pronto se la había instaurado un terror de que pudiera irse, irse para no volver. Pero no era una pesadilla, era la realidad, su nueva realidad, esa en la que de pronto su mejor amiga había dejado de existir, en la que se había ido de golpe, ella y todas esas cosas que tanto adoraba, dejándola perdida, perdida y sin saber cómo vivir sin ella.
Tenía tantas cosas en las que pensar y tan poca energía para hacerlo, toda su vida había cambiado por completo sin siquiera imaginarlo, nada volvería a ser igual sin importar la decisión tomara.
Eran las dos de la mañana cuando se levantó para comenzar a vestirse, necesitaba marcharse, esa sensación de asfixia no hacía más que agravarse, estaba a punto de tener un ataque de ansiedad y tenía hacer algo al respecto. El tic-tac del reloj atrajo su atención, después de veinticuatro hora seguía siendo el mismo, mantenía su ritmo sin verse alterado por todo lo que ocurría a su alrededor. Tic. Tac. La tranquilizaba, conseguía hacerla pensar diferente, que no se le desbordaran todo esos sentimientos. Era un buen precepto ese del reloj, ser tan equilibrado que nada consiga turbarte, ser inalterable ante todo lo que te rodea.
Kat siempre había creído que había situaciones que te marcaban, que te cambiaban, que te volvían quien eres y sobretodo te convertían en lo que querías ser. Conocerla había sido un punto de quiebre en su vida, perderla, otro. Todo iba a cambiar y estaba en sus manos tomar la decisión de cómo vivir de ahora en adelante.
Terminó de ponerse sus tacones y se acercó a una Emma que dormía plácidamente, si iba a tomar una decisión tan importante tenía que hacerlo sola, ella y solo ella era dueña de su destino. No estaba segura de nada pero sabía que para encontrar su equilibro necesitaba eliminar todos esos factores que la alteraban, quedarse únicamente con lo indispensable, y poder así, empezar de nuevo. Aislarse de todo, hacerlo, porque esa era la única forma en que podría sobrevivir.
...Continuará...
