Hola,

Tanto tiempo. Lamento mucho la tardanza, no tengo excusa, la vida. Por aquí les dejo el final para quien aún le interese. Espero disfruten mucho. Habrá epilogo pero no tengo idea de cuándo. Espero pronto. Agradecer todo el tiempo que le dieron a la historia y por sus comentarios, los valoro mucho. Gracias por tanto. Saludos.

Kiandre: Hola, perdona la tardanza, Regina necesita tiempo, pero estoy segura que te va a gustar el final. Muchas gracias por hacerlo, espero que haya valido la pena. Gracias por comentar siempre y por estar al pendiente. Saludos.

kykyo-chan: Todo pasa. Espero que disfrutes el final. Muchas gracias por leer y comentar siempre. Gracias por todo. Saludos.

Guest: No tienes que disculparte, la situación es que vemos las cosas de diferente manera. Supongo que yo no creo que una persona esté por encima de todas las demás por el simple hecho de ser tu pareja. Creo que hay momentos en que unas personas son prioridades y luego hay momentos en que son otras. Pero es mi opinión, no pasa nada. Espero disfrutes el final. Gracias por leer y comentar. Saludos.

Julie: Fue un capitulo triste, sí. Creo que hay penas tan grandes que uno no es capaz de asimilar de inmediato, creo que cuando un dolor tan grande de atraviesa es normal descolocarse y no tener claro cuál es el camino. También comparto que Emma no tiene que tolerar nada, cada quien tiene sus propios límites y no debe cruzarlos si no se está seguro. Nunca he pensado que comparar amor sea lo mejor, cada uno es distinto, ni más ni menos que otro. Las personas se equivocan, pero también rectifican. Muchas gracias por comentar y por leer y por todo. Espero disfrutes el final. Saludos.

15marday: Muy triste capítulo, sí. Creo que cuando una pena te atraviesa de esa forma uno no termina por tener claro cómo reaccionar. El dolor es capaz de nublar cualquier mente, hasta la más clara de todas. Tú lo has dicho, su pilar más importante, no hay que olvidar que la conocía mucho antes a que Emma, una relación de amistad no es menos que una relación de pareja, no es más. pero tampoco menos, son diferentes. Pero bueno, muchas gracias por leer y comentar. Espero disfrutes el final. Gracias por todo. Saludos.

Antrilewis: Que el dolor traspase la pantalla, eso es bueno. Antes de hablar del capítulo me gustaría agradecerte enormemente tus comentarios, que te hayas dado la oportunidad de leerme es muy importante para mí. Espero que disfrutes mucho el final y que haya valido la pena la espera. Ahora, creo también que Regina va a terminar cayendo en razón, hay situaciones dolorosas y es muy normal tomarte tu tiempo para poder superarlas. Cora, pff, todos nos equivocamos, no lo sé, nunca he sido mucho de juzgar, creo que cada quien tendrá sus razones para actuar de determinada forma, no podemos tener claridad todo el tiempo. Somos humanos. Pero bueno, ya me contarás. Gracias. Saludos.

Lizzie Gza: Muy triste, sí. El duelo es algo personal aunque uno esté en compañía, creo que mientras avances y no te estanques estás en tu derecho de irlo superando como mejor puedas. Nadie tiene la respuesta, cada quien hará su mejor intento cuando le toque atravesar una tragedia así, difícil juzgar. Kat era un personaje entrañable, es normal que duela su partida. Voy a hacer un epilogo y ahí podrás leer esa parte de Regina. Lo de Zelena y Cora se resuelve en este. Espero que disfrutes el final. Muchas gracias por leer y por comentar. Saludos.

Guest: No solo hay sufrimiento, Regina encontró a la mujer perfecta para ella y eso es algo muy positivo. Creo que tienes razón, la vida es muy injusta a veces y uno tiene que aprender a irla superando. Todo lleva tiempo pero también todo pasa. Hay que tener paciencia. Muchas gracias por comentar y leer. Espero que disfrutes el final. Saludos.

Ruth Maria: Lo lamento. La situación de Cora es compleja, creo que se equivocó y luego ya no supo pedir perdón, después falleció su puente hacia Regina y ya no encontró al manera. No lo sé, no me gusta juzgar mucho. En este capítulo se reencuentran, no hay final feliz, pero es una paso, por lo menos cumplió su promesa. Tienes razón, va a lograr salir adelante, solo hay que tener paciencia, entre más duele, más cuesta. Hay situaciones tan dolorosas que aveces con tan solo respirar es más que suficiente. Creo que Emma no termina de creer cuán importante es para Regina aunque también entiendo que no tendría que adivinar todo el tiempo. Es difícil estar con alguien que no termina de soltarse. La vida siempre sigue y nunca se detiene por nadie. Todo pasa. Creo que tendremos que esperar al epilogo para ver a Regina feliz, pero este capítulo era necesario. Espero disfrutes mucho el final. Muchas gracias por leer y por comentar. Saludos.

Guest: Lamento mucho que no hayas disfrutado del fanfic, supongo que creo que el personaje de Regina es mucho más que su relación con Emma. No me gusta juzgar. Saludos.

Gabriela: Hola. Tiene ya bastante tiempo. Aquí esta el final, espero lo disfrutes. Saludos.

Gloes: El mejor resumen, como siempre. Creo que cuando una pena tan grande te atraviesa es normal quedar muy descolocado, creo que cada quien es libre de sanar su herida lo mejor que pueda y estoy segura de que llevará mucho tiempo. Nadie esta obligado a quedarse, supongo que lo que ves es lo que hay. Lamento mucho haber tardado tanto tiempo en subir el final. Me ha costado mucho. Espero lo disfrutes enormemente y ya me contaras que te ha parecido. Espero que el epilogo no tarde mucho. Solo me queda agradecerte el tiempo de leer y comentar. Gracias por tanto. Saludos. El mejor segundo semestre de año para ti y todos los tuyos.

Guest: Listo.

Ale LQZ-Tenoh: SAludos a Guatemala. Dejo por aquí el final por si aún te interesa. Espero hayas disfrutado la historia.

Guest: Por aquí dejo el final, lamento mucho la tardanza. Saludos.

kaotikaskull: Voy a retomar las historias, primero esta (me falta el epilogo) y después la otra (a la que le tengo muchas ganas). Muchas gracias por estar al pendiente. Espero disfrutes el final y gracias por comentar. Saludos.

SheriisShutzs: Listo. Espero disfrutes el final Saludos.

JBlack: Aquí esta el final. Muy tarde, pero seguro. Espero lo disfrutes mucho. Muchas gracias por todos los comentarios y darte la oportunidad de leerme. Saludos.

Guest: No te dejo intrigada. Listo el capítulo final. Espero lo disfrutes. Saludos.

lilye-darck: Listo :). Espero la disfrutes. Gracias por leerme. Saludos.

Farren: Regina es un caso muy particular, alguien tan lastimado que no tiene idea de cómo superar una pena más. Pero va a entrar en razón, no te preocupes. Creo que en el Epilogo vas a poder leer algo más encaminado a eso. Espero de verdad que hayas disfrutado la historia y pues por aquí te dejo el final. Gracias por comentar y por leerme. Gracias por todo. Saludos.

CAPÍTULO XXXVI

TODO PASA

Era la cuarta vez que levantaba la vista del móvil para observarlas mejor, no lo podía evitar, desde el momento en que entraron sus ojos se habían posado de ellas; y es que era ya la tercera vez que se las topaba en la cafetería. Eran amigas, no, eran mejores amigas, lo sabía por la forma en la que sonreían, en la que hablaban, en la que se referían la una con la otra; ella lo entendía, había tenido la suerte de encontrar a alguien así. En las últimas semanas se había dado cuenta de que las personas no son capaces de entender aquello que no conocen, en las últimas semanas se había dado cuenta que la peor soledad es la del alma.

-Regina… Americano triple…-

Su voz la sacó de su pensamientos, Fred, el barista, le tendía su café desde el otro lado de la barra; le sonreía, como antes, como siempre, como si nada hubiera pasado; y es que él no tenía idea de nada, solo tenía claro que desde hacía unas semanas lo que antes eran buenas conversaciones se habían convertido en monólogos, no es que no contestara, es que lo hacía con monosílabos. Pero a él parecía no importarle, sonreía siempre, no se ofendía con esa nueva actitud, por el contrario, parecía haberse armado de paciencia, como si esperara que así como había llegado, el día menos pensado, desaparecería. Pero nada volvería a a ser como antes, eso lo tenía muy claro. Siempre le habían resultado curiosas ese tipo de personas, esas que parecen ser luz a todo momento, Kat era así, Kat había sido su luz en innumerables momentos de obscuridad.

-Gracias…- Tomó el café y sin mas se encaminó hacia la puerta.

-Deberías sonreír más…- La morena se detuvo un instante. -Extraño tu sonrisa…- Fue verse en esos ojos chocolate lo que más le sorprendió, le parecía que no expresaban nada, como si de pronto se hubieran quedado vacíos.

-Yo también la extraño…- Y se refería a todo. Y se refería a tanto. Por primera vez le pareció que su sonrisa titubeaba, estaba avergonzado, y la envidia se hizo presente, envidia de esa capacidad de sentir, de sentir algo, lo que fuera. Las dos amigas se habían girado a ver lo que estaba pasando, sí, definitivamente ella también extrañaba, a penas les dedicó una mirada y se dirigió hacia la salida.

-Todo pasa…- No sabía qué decirle para hacerla sentir mejor.

-No, no todo…- Fue un susurro, no tenía la certeza de que Fred la hubiera escuchado pero tampoco le importaba, lo había dicho para ella. No todo pasaba, había cosas que permanecían siempre en la memoria, había situaciones que dolían en todo momento, sin importar cuánto tiempo hubiera pasado.

Abrió la puerta, dio un sorbo a su café y se encaminó rumbo a la oficina; estaba segura de que ya estaría esperándola, faltaban apenas unos minutos para su cita pero tenía la certeza de que ya estaría ahí. No había podido zafarse, por más que lo había intentado no la había dejado hacerlo. Un sorbo más, pulsó el botón del ascensor y dio un gran suspiro. Habían pasado apenas un par de semanas desde lo de Kat, lo de Kat, así era como se refería a lo que había sucedido, aún no era capaz de ligar la palabra muerte a su nombre y es que su cabeza seguía intentando procesar todo lo que había ocurrido, aunque por más que le daba vueltas seguía sin conseguirlo, seguía sin aceptarlo; quizá era por eso que no era capaz de ir a visitarla, no se había vuelto a parar en el cementerio desde su entierro. Las puertas se abrieron, dio un sorbo más y pulsó el 18, estaba segura que ya estaría ahí; los nervios se hicieron presentes, hacía casi una semana que no tenía contacto con nadie, bueno, con Tom y por consecuencia su madre, pero no contaba si lo único que hacían era intercambiar saludos. Había sido mala suerte que Cora le hubiera ofrecido su casa a Tom hasta que decidiera volver a Londres y pésimo el momento en que él decidió aceptar. Esa era otra cosa que no se podía sacar de la cabeza, ¿Qué demonios iba a hacer con Samantha? No estaba lista para ser madre, no así, no en uno de los peores momentos de su vida. Tom estaba teniéndole toda la paciencia pero estaba segura de que llegaba a su fin, él tendría que volver y ella tenía que tomar su decisión. Las puertas se abrieron, y sí, efectivamente, Ingrid estaba ya esperando por ella.

-Regina…- Se levantó del sillón para poder observarla mejor, definitivamente estaba más delgada, se le notaba en la cara y eso sin contar esas ojeras que había intentado ocultar con maquillaje. -Cariño…- Se acercó a ella con mucho cuidado, como si estuviera frente a un pájaro que con cualquier movimiento se pudiera asustar. Estaba segura que buscaba aislarse de todo, prueba de ello era lo mucho que le había costado conseguir una cita, solo pretextando cosas de trabajo lo había logrado. Le tomó de la mano que le quedaba libre y se encaminó a su oficina. -Estaremos en su oficina, Mérida. Que nadie nos moleste, por favor…- La pelirroja se giró hacía Regina quien asintió no muy segura. Apenas entraron cerró la puerta, le quitó el café de la mano y entonces sí la abrazó, la había extrañado tanto, ella apenas hizo amago de regresárselo; estaba tensa, su expresión corporal la delataba. -¿Cómo estás?- Regina se separó de ella, tomó su café y se dirigió hacía su silla, al otro lado del escritorio, como si intentara poner la mayor distancia posible. -Una pregunta tonta, está claro que no estás bien.- La morena levantó una ceja y suspiró.

-Estoy bien…- Un sorbo para recobrar la calma que le había quitado ese abrazo, tomó su agenda y comenzó a hojearla como si estuviera buscando algo, tenía claro por donde iba Ingrid, pero ella necesitaba hablar de otra cosa, de trabajo, de negocios, de lo que fuera, menos de lo que la rubia quería hablar. -¿Cuál de los dos proyectos es el que te está causando problemas?- Ingrid, que se había cruzado de brazos, puso los ojos en blanco y se encaminó rumbo a la cafetera.

-Debiste esperarme para prepararte café…- Regina se encogió de hombros y dio un sorbo más al suyo. -¿Mérida sigue sin entender cómo es que te gusta?-

-Hace tiempo que no se lo explico, además me apetecía ir a la cafetería.- Era a eso del medio día cuando solían ir, le gustaba topárselas, era una sensación particular, como de estar observando por la ventana de una casa, no escuchaba nada, no entendía el contexto, pero le gustaba lo que miraba, por alguna extraña razón la hacía sentir mejor.

-¿Cómo va la Editorial?- No sabía cómo empezar, tenía apenas unos minutos a su lado y le parecía que estaba más cerrada que nunca. La morena dio un sorbo a su café y nuevamente se encogió de hombros.

-Como siempre, escritores que no respetan sus fechas de entrega, editores que no son capaces de conseguir que lo hagan, libros buenos escondidos bajo una montaña de papeles esperando ser descubiertos, libros malos que lo único que consiguen es hacer perder el tiempo de quien los lee, asistentes que no son capaces de entender cómo es que les gusta el café a sus jefes.- La rubia levantó una ceja mientras se servía una humeante taza de café. -Lo de siempre…- Dio un sorbo al suyo. -¿Qué proyecto es el que te trae por aquí, Ingrid?-

-¿Cómo estás realmente, Regina?- Puso lo ojos en blanco para después comenzar a acariciar el puente de su nariz. Estaba molesta o comenzaba a estarlo, no estaba segura.

-Estoy bien, ya te lo dije…- Era por eso que buscaba evitar todo contacto con cualquier persona, no le gustaban esas miradas de lástima que parecía provocar a cada paso que daba. Nadie parecía entender qué necesitaba y la única persona capaz de hacerlo ya no estaba con ella.

-¿Sabes algo de Emma?- Ya sabía la respuesta a esa pregunta, tenía más de una semana que no hablaba con ella, precisamente había sido la rubia quien se había acercado para preguntarle si tenía noticias de Regina. Al parecer acercarse a la morena se estaba volviendo una tarea imposible para todos.

-No.- No estaba lista para hablar de Emma, ni con ella, ni de ella. Se había equivocado, la seguía lastimando, una y otra vez, la llamó en una ocasión y Emma no había respondido, ni había devuelto la llamada, no la culpaba, al contrario, conociendo a la rubia le había sorprendido la paciencia que había tenido con ella. Ese era otro de los temas que no la dejaban respirar, que hacía imposible que ese nudo que vivía en su pecho desapareciera. Se había equivocado, esa última vez que estuvieron juntas la había cagado de verdad.

-Regina…- Ella levantó la vista y pudo ver cómo esos ojos marrones se cristalizaban por las lágrimas. -Está preocupada…- La morena levantó la ceja como preguntando si había tenido contacto con ella. -Todos lo estamos…-

-¿Estás aquí porque ella te lo ha pedido?- Soltó una carcajada bastante amarga, le resultaba ridícula la idea de Emma e Ingrid hablando de ella a sus espaldas.

-Estoy aquí porque estoy preocupada…- Era difícil encontrar algún atisbo de sentimiento en esos ojos chocolate, o estaban vacíos o Regina había retomado esa manía de esconder perfectamente sus emociones. -Estoy aquí porque te quiero…- La morena desvió la mirada y dio un sorbo a su café. -Pero sí, me ha pedido que venga a averiguar cómo estás… Ella también te quiere…- Regina cerró los ojos, como si estuviera recordando algo, algo doloroso.

-Lo dudo… No después de lo que pasó…- Lo había dicho muy despacio, más un comentario para ella que para Ingrid. No había forma de que Emma siguiera insistiendo en lo mismo después de lo mal que se había portado la última vez que la había visto; después de lo mal que se había portado siempre, desde el principio. -Estoy bien, dile que estoy bien… que deje de preocuparse… deja de preocuparte. - Ingrid puso los ojos en blanco, se sentó en la silla que estaba frente a ella y cruzó la pierna mientras escrutaba su rostro.

-No lo estás… mira la cara que traes.- Por primera vez desde que llegó notó algo de incomodidad en su rostro. -No duermes. No comes, estás más delgada que nunca.- La morena dio un sorbo al café mientras se acomodaba en un silla, parecía casada.

-Solo necesito un poco de tiempo…- Se aclaró la garganta, pero apenas sonó como un susurro.

-¿Tiempo?, ¿para qué?- Esa era su oportunidad.

-Dios…- No le gustaba que la presionaran y era exacto lo que Ingrid estaba haciendo. -Necesito saber qué es lo que voy a hacer, ¿Contenta?- Ingrid dio un sorbo a su café y se sentó en la orilla de su silla, quedando así más cerca.

-¿Hacer con respecto a qué?- Regina puso los ojos en blanco y suspiró, estaba a punto de sacarla de quicio.

-Eso no es algo que te incumba…- No quería discutir con ella, no quería hacerlo con nadie, no era esa su intención, pero últimamente no era capaz de controlar su mal genio, cada palabra que salía de su boca parecía llevar toda la intención de lastimar y lo peor es que lo conseguía.

-Regina…- Se acercó aún más al escritorio buscando un contacto que estaba claro la morena no quería.

-Ingrid…- Era una advertencia, estaban en ese punto de no retorno, no quería lastimarla.

-No estás sola…- Le tendió la mano, quería hacérselo saber, quería que lo tuviera más claro que nunca.

-Tú no eres Kat…- Lo dijo muy despacio pero con un tono cargado de rabia. La sorpresa en el rostro de la rubia la hizo continuar, quizá eso era lo que necesitaba oír para marcharse. -No lo eres… Nadie lo es…- La rubia retiró la mano y dio un gran sorbo a su café antes de responder.

-No quiero tomar su lugar…- Miraba esos ojos chocolate que parecían buscar algún tipo de resentimiento en los suyos. -Solo quiero que sepas que no estás sola…-

-Quiero estarlo…- Dio un sorbo a su café. Por su bien, por el de los demás, por el bien de todos. -Quiero estar sola… ¿Qué tan difícil es entenderlo?- Comenzó nuevamente a acariciar el puente de su nariz.

-Si lo que necesitas es que hablemos de negocios para permitirme estar aquí, perfecto, pero no te voy a dejar sola…- Ojos en blanco, señal de que estaban avanzando. -Métetelo en la cabeza, Regina…- Estaba a punto de replicar cuando sacó su última carta. -Dijiste que seríamos amigas, tú me lo dijiste…- Regina se aclaró la garganta.

-No eres Kat…- Fue un susurro, extrañaba a su amiga, la extrañaba a cada momento.

-Lo sé… ella era única…- No quería suplir el lugar de Kat, jamás podría hacerlo, las cosas no iban por ahí. Pero estaba segura de que ahora más que nunca Regina necesitaba una amiga.

-Lo era…- Se le quebró la voz, todo el tiempo una cantidad innumerable de recuerdos le llenaban la cabeza. A veces no podía creer cómo es que era capaz de trabajar, tenía la sensación de vivir en dos realidades, de estar en dos lugares a la vez. No quería salir de la oficina para no tener que llegar a casa, y estando en su casa, lo único que quería era volver a la oficina.

-Pero soy tu amiga…- Sus ojos se llenaron de lágrimas y por más que lo intentó no fue capaz de contenerlas.

-Lo sé…- Una media sonrisa se dibujó en el rostro de la rubia.

-Pues a hablar de negocios entonces…- Dio un sorbo a su café y sacó la agenda de su cartera. -Solo una cosa más, Regina…- La morena levantó la vista, ahora no se veía molesta solo muy cansada. -Deberías arreglar las cosas con Emma…- Ella cerró los ojos y se recargó en el respaldo de su silla mirando. -Esa mujer realmente te quiere…- La rubia estaba sufriendo por Regina, no era necesario conocerla para darse cuenta de lo mucho que le afectaba la situación, le había pedido que no le dijera que había preguntado por ella, que tan solo se acercara a ver si estaba mejor pero no pudo hacerlo, estaba segura de que cuando todo se calmara, Regina iba a lamentar haber dejado las cosas así.

-Lo sé…- Entendía perfectamente lo que Ingrid quería decir pero no podía evitar sentirse de esa forma con Emma, cuando la tenía cerca sentía que se asfixiaba y cuando estaba lejos, la extrañaba con el alma. El problema siempre había sido ella, pero ahora se sentía perdida, no encontraba la manera de volver a ser la de antes.

-Bien.- Asintió y dio un sorbo a su café. -Necesito que me acompañes a una reunión…-

-¿Reunión?- Se levantó a servirse un poco del café que Ingrid había hecho.

-Me han pedido que organice un evento para la presentación de un libro…- Regina levantó una ceja mientras se servía café.

-¿Me estás pidiendo que te ayude a organizar algo para la competencia?- Ingrid se encogió de hombros y bebió de su café.

-Podrías contratarme más seguido y así evitarías que tuviera que trabajar con otros para sobrevivir…- Ojos en blanco y una mueca que con mucha imaginación podía confundirse con una sonrisa, Regina seguía por ahí, escondida detrás de toda esa máscara, tenía que encontrarla.

—-…..—

-¿Dónde dejaste el escarabajo?- Llevaba cerca de cinco minutos observando a la rubia, le había pedido a Graham que la acercara, no es que hubiera quedado con ella pero sabía perfectamente dónde encontrarla, era ahí donde pasaba últimamente cada momento libre que tenía. Estaba sentada en la barda que dividía el mirador de la ciudad, se giró hacia ella en cuanto la escuchó, le sonreía, pero lo hacía de esa nueva forma, esa que parece tener una sombra detrás.

-En el departamento, no me apetecía conducir hoy…- Se encogió de hombros mientras se ponía de pie para saludarla, no esperaba verla ahí, no esperaba ver a nadie a decir verdad. Tenía una semana que lo único que hacía era trabajar para después terminar en ese lugar, una y otra vez. Sabía que Elsa estaba preocupada pero no podía evitarlo, era como si su cuerpo y su mente estuvieran intentando procesar todo lo que había ocurrido en las últimas semanas. La abrazó, la abrazó como si tuviera años de no verla, esa era su nueva forma de abrazar, como si existiera la posibilidad de no volver a hacerlo nunca.

-¿Cuánto tienes con esa abstinencia?…- La rubia se separó con una media sonrisa mientras negaba y se encaminaba de nuevo a la barda.

-Es muy temprano para beber, Elsa; ya sabes que a esta hora solo me apetece café…- Se sentó cruzada de piernas mientras le hacía seña a su amiga para que hiciera lo mismo.

-De ella…-Una sonrisa bastante amarga apareció en su rostro, tenía una semana tratando de descubrir qué era lo que había sucedido entre esas dos. -¿Cuánto tiempo tiene que no la ves?- Emma se aclaró la garganta y dio un gran sorbo a su café. -Mírate la cara, Emma… Todo está ahí…-

-Sí, bueno… Aún no he podido hacer nada con eso…- Se giró a mirar la ciudad, le avergonzaba la facilidad con la que era posible leerla, aunque por supuesto que Elsa iba a darse cuenta de cualquier manera, era demasiado transparente para ocultar todo lo que sentía. Dio un sorbo a su café y sin mirarla contestó. -Una semana…-

-Odio a esa mujer…- Emma levantó la mirada y comenzó a negar como si le resultara ridículo lo que acababa de decir, pero era algo que no podía evitar, su percepción hacia Regina había ido cambiando con el paso de los días, cada vez le parecía más y más egoísta, más y más orgullosa, más y más cobarde.

-No deberías…- A pesar de todo no podía sentir odio, solo deseaba que encontrara paz, que descubriera cómo sobrevivir a todo lo que había pasado. Quizá lo mejor era mantenerse al margen, aveces tenía la sensación de que en lugar de ayudarla terminaba lastimándola, todo esto lo tenía claro la mayor parte del tiempo, el problema era cuando conseguía ver un rastro de la antigua Regina, era entonces cuando todas sus certezas se esfumaban y no podía hacer otra cosa que luchar por hacerla regresar.

-Emma…- Le sorprendía lo mucho que había soportado, lo increíblemente paciente que era con esa mujer, pero sobre todo esa manera tan sutil que tenía de justificar su comportamiento sin importar cuan lastimada estuviera.

-No la defiendo…- Elsa la miraba con una mezcla de exasperación y tristeza, no pudo sostenerle la mirada porque ella también sentía que estaba soportando cosas que no debería soportar. -A veces creo que no sabe…- Pero no supo cómo terminar lo que quería decir, le pasaba muy a menudo, cada vez que intentaba justificar el comportamiento de Regina le resultaba más complicado entender sus razones.

-¿Qué pasó?- La rubia desvió la mirada hacia la ciudad, le había preguntado en otras ocasiones pero siempre permanecía en silencio antes de cambiar de tema. -Emma…-

-Peleamos… como siempre…- Dio un sorbo a su café mientras repasaba una vez más en su cabeza cómo habían ocurrido las cosas. -Yo quería estar cerca y ella quería estar sola, como siempre…- No podía evitar el tono amargo de su voz, le calaba mucho esa situación.

-¿Como siempre?- Le preocupaba la forma en que Emma lo decía, estaba molesta. Su amiga asintió mientras giraba una y otra vez la pulsera que llevaba en la muñeca. -Emma…-

-Tuvimos sexo… fui a visitarla a su casa, quería que cenara algo y sin planearlo terminamos juntas, pero a media noche se fue… Se fue y me dejó en su casa…- Su amiga puso los ojos en blanco, le daba vergüenza contar lo que era capaz de soportar. -No es la primera vez que lo hace ¿sabes?- Podía ver en su rostro cómo crecía el enojo. -Por eso esa noche no podía dormir, estaba esperando que nuevamente lo hiciera… así que le pedí que se quedara cuando sentí cómo se levantaba…- No pudo evitar que la voz se le cortara, le dolía recordarlo. -Ni siquiera se giró, solamente dijo ¿Cuál es tu limite, Emma?, ¿Es que realmente tu autoestima es tan baja?', y se fue.-

-Hija de puta…- Esa mujer realmente no entendía nada, ni lo mucho que sufría Emma, ni lo importante que se había convertido, pero sobre todo cuánto la amaba su amiga. Cómo le gustaría ser la rubia por tan solo unos minutos, tenía las palabras precisas para ponerla en su lugar.

-Sí bueno…- Dio un sorbo a su café y se aclaró la garganta. -Me fui y no he vuelto a buscarla, ella me llamó en una ocasión, no supe qué decir y no volvió a hacerlo.- Las cosas habían sido siempre iguales, siempre buscándola, siempre pidiendo segundas oportunidades, siempre pidiendo explicaciones, siempre intentando solucionar problemas que ni siquiera conocía, que no eran suyos, que nunca lo serían, siempre intentando ser pareja de alguien que no quería tenerla.

-¿Qué harás?- Tenía la sensación de que por fin la rubia había llegado a su límite, estaba deseando que así fuera.

-He pedido mi cambio…- Elsa se giró a mirarla, intenta ver en sus ojos si estaba hablando en serio. Y lo hacía, tenía un día que había completado todas las formas y lo había hecho oficial, deseaba irse a otro lado para empezar una nueva vida o por lo menos intentarlo.

-No es justo…- Sabía que era lo mejor para su amiga, tenía claro que era la única manera de que Emma pudiera superarlo todo, pero no dejaba de parecerle terriblemente injusto tener que separarse de ella.

-No puedo seguir así…- Dio un sorbo a su café y nuevamente se giró a mirar la ciudad, le gustaba mucho ese lugar, iba a extrañarlo de verdad. -Prometí que le tendría paciencia y creo que lo he cumplido, todo lo que ocurrió con Kat acabó con lo nuestro. Ella no sabe cómo superarlo y yo no tengo idea de cómo ayudarla. No puedo tenerla cerca y no acabar buscándola… No soy lo suficientemente fuerte…- Esa sensación de no sentirse dueña de sus acciones era algo que solo le había ocurrido con Regina, no le gustaba y no lo podía evitar.

-Lo sé…- Se acercó a ella y se recargó sobre su hombro. -¿A dónde te vas?- Ese suspiro la hizo temer lo peor. -Por favor no te vayas tan lejos…-

-Washington…- Elsa se levantó y la miró con cara de reproche. -Así podrás visitarnos a mí y a Lily o quizá puedas mudarte, estoy segura que Graham te seguiría a todas partes…- La rubia tomó su café y dio un sorbo.

-No me gusta verte así…- La rubia sonrió y comenzó jugar nuevamente con esa pulsera.

-Vendrán días mejores…- No había necesidad de levantar la vista, podía sentir la mirada atenta de Elsa. -Estoy segura…- Nuevamente su amiga se sentó a su lado y recargó su cabeza sobre su hombro.

-Realmente la odio…- No sabía qué decir, no encontraba palabras que pudieran darle algo de consuelo.

-Y yo realmente la amo…- Los dedos de Elsa se entrelazaron con los suyos, probablemente sería la última vez que estaría así con ella, pero era necesario, aunque doliera, hay cambios que son necesarios.

—-….—….—

Tenía diez minutos recostada sobre el sofá de su oficina, no conseguía encontrar las ganas para nuevamente ponerse a trabajar, y es que aún no terminaba de asentar todo lo que la visita de Ingrid le había dejado; por supuesto que le dio gusto verla, incluso cuando la primera parte de su encuentro la había utilizado solo para regañarla y confrontarla, pero también había traído con ella sentimientos, esos que las últimas semanas se había empeñado en enterrar.

Uno no tiene idea de lo inmerso que ha estado en sí mismo hasta que alguien es capaz de mostrarte todo lo que ha ocurrido a tu alrededor. Esa era la sensación que le había dejado, como si hubiera estado de viaje las últimas semanas y al volver se hubiera encontrado con todo un desastre donde antes solo había paz. Ingrid la había obligado a mirar, pero no solo lo que ella sentía, sino también todo lo que había pasado a su alrededor.

Respiró profundo, y no pudo evitar pensar en Kat, en todos esos recuerdos que iban y venían a todas horas; era verdad que se había ido acostumbrando a ello, a tenerla presente en cada parte de su día, pero también era verdad que había momentos, que había situaciones, en que el dolor era tan intenso, tan profundo, que le parecía estarse desgarrando por dentro, momentos en que la inundaba esa sensación de no poder respirar, de no querer ni siquiera moverse porque de hacerlo probablemente terminaría rota, más rota que nunca, de pensar que quizá si permaneciera en silencio por el tiempo suficiente la pena terminaría por abandonarla, que decidiría que ya no queda nada más en ella, que ya se lo ha llevado todo, que por fin la ha dejado vacía. Esos eran sin duda los momentos más difíciles, era ahí cuando más sola se encontraba, era entonces cuando las pesadillas la invadían y por supuesto que terminaba añorando despertar, y al hacerlo, solo deseaba volver a dormir.

Pero había encontrado una luz para esa obscuridad, cuando más lastimada se sentía era cuando solía visitar a Sam, regularmente procuraba hacerlo por la mañana, cuando estaba segura que solo estaría Tom, conseguir no toparse con su madre era una necesidad. Al principio había creído que el parecido de la niña con su amiga iba a provocar cierto rechazo en ella, pero las últimas semanas había sido todo lo contrario, los momentos en que mejor se sentía era cuando tenía a esa pequeña cerca. Dio un suspiro y la imagen de Emma inundó su cabeza, mentía, los recuerdos de lo ocurrido con la rubia estaban también entre aquellos que le imprimían un poco de paz a esa nueva vida, y es que pensar en ella le salía natural, como lo eran también sus conversaciones, su besos, todos sus encuentros, le resultaba tan sencillo que le costaba ser consciente de lo especial que era su relación, le costaba valorarla. Aunque probablemente ella tendría otra opinión, después de tantos desplantes y tantos malos ratos no era para menos, nunca había sido capaz de demostrarle lo mucho que la amaba, siempre encontraba la forma de lastimarla cuando más dolida se sentía. Nuevamente un suspiro, necesitaba un poco de luz o no iba a ser capaz de soportar una noche más. Se levantó sin mucho ánimo, tomó su cartera y se encaminó hacía la puerta, no podía hacer nada para mejorar las cosas con Emma pero sí podía ir y pasar la tarde con Sam, lo necesitaba, incluso si eso significaba ver a su madre también.

-Mérida, cancela la reunión que tenía por la tarde, no voy a regresar.- Dijo esto mientras caminaba en dirección a los elevadores, ni siquiera se había girado a mirarla, pero de reojo se percató que se había levantado para seguirla. -¿Qué pasa?- Se detuvo un instante pero no la miró, esperaba a que su asistente recuperara el habla.

-Emma…- Su jefa se giró de inmediato y con la vista recorrió la estancia, como buscando encontrarla sentada en algún rincón.

-¿Dónde está?- Su asistente la miraba sin emitir sonido, parecía nuevamente haberse quedado sin voz, su rostro reflejaba una mezcla de miedo y nerviosismo. -¿Por qué no me dijiste que estaba aquí?- No había podido evitar levantar la voz, esa mujer se estaba ganando a pulso ser despedida.

-Ha venido a traerte esto…- Le tendió el paquete, los ojos de Regina se turbaron, la miraban suspicaz, no lo recibía pero tampoco lo rechazaba, como si estuviera deliberando qué significaba eso. -No quiso que te avisara, solo me pidió que te lo entregara y se marchó.- Entonces sí le quitó el paquete de las manos y se encaminó hacía el ascensor.

-Gracias…- Fue apenas un susurro, sentía como si alguien le hubiera dado un golpe en el estómago y le hubiera sacado todo el aire. Tenía un mal presentimiento, ¿qué significaba todo eso?, ¿por qué no había querido verla? Pulsó el botón y en menos de un minuto éste estaba abriendo sus puertas, necesitaba llegar al estacionamiento, necesitaba saber qué era eso que Emma quería que tuviera pero que no había tenido las agallas de entregarle.

Caminaba lo más rápido que sus tacones le permitían, en una mano la cartera y en la otra el paquete, su carro estaba ya a un palmo, desactivó los seguros y entró, comenzó de inmediato a examinar el paquete, era una caja de cartón, sellada, sin ningún mensaje por fuera, nada, parecía que lo importante estaba dentro. Su cabeza trabajaba a mil por hora, ¿Hacerlo ahora o esperar a llegar a casa?, ¿qué tanto la iba a desestabilizar lo que hubiera dentro?, ¿por qué ahora?, tantas preguntas.

Lo dejó en el asiento del copiloto y encendió su auto, iba a ir a visitar a Sam y cuando llegara a su casa, por la noche, se serviría un copa de vino y entonces sí lo abriría para saber qué contenía. No era lo más inteligente hacerlo ahora, seguramente era algo que movería su mundo, en eso Emma era experta, en hacer revoluciones a su vida. Puso música muy alta con la esperanza de que el ruido acallara su cabeza, no quería dedicarle un solo pensamiento a ese paquete y sin embargo no dejaba de pensar en él, no dejaba de mirarlo cada que paraba en un semáforo, era cómo si le estuviera intentando decir algo y no tuviera idea de qué. Se le hizo eterno el camino a casa de su madre, se estacionó a cierta distancia, había cambiado de opinión, lo abriría ahora y por la noche meditaría su significado. Su corazón latía a toda prisa, no sabía cómo explicarlo pero tenía la certeza de que era algo importante, algo trascendental. Lo tomó nuevamente y con mucho cuidado rasgo uno de los lados, giró la caja y lo que cayó fue un libro, pero no cualquier libro, era su libro, "Soltar para avanzar" por Emma Swan. Las manos habían comenzado a temblarle, ¿Qué significaba?, ¿Por qué ahora?, ¿Era el título?, miró dentro de la caja esperando encontrar algún recado, una carta, un mensaje, nada, pero entonces lo supo, lo abrió y se posó en la primera página, ahí estaba, su dedicatoria, su mensaje, "Gracias por tanto, gracias por todo. Emma". No sabía por qué pero un vacío aún más grande le perforó el pecho y sin quererlo los ojos se le llenaron de lágrimas, ¿Qué significaba eso?, ¿estaba Emma despidiéndose?, sin pensarlo dos veces tomó su celular y la llamó, un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro, entró el contestador, parecía que la rubia no quería escucharla, solo tenía una pregunta, tomó nuevamente el celular y tecleó un mensaje, respiró profundo y presionó enviar.

Cinco minutos habían pasado cuando vio a su madre salir de casa, seguramente la había visto llegar y ahora se acercaba a ver qué sucedía, guardó el libro en la guantera y bajó del auto.

-Madre…- Se aclaró la garganta intentado dejar atrás ese nudo que la abrazaba. Su madre se había acercado haciendo el intento de abrazarla, no la rechazó pero tampoco hizo amago de devolvérselo.

-Cariño…- Regina estaba tensa aunque no estaba segura de si era solo por ella o algo más le ocurría, ya no era capaz de leerla como antes, su hija miraba hacía la casa, esperaba que la soltara para continuar con su camino.

-¿Está Samantha despierta?- Un daño colateral era tener que toparse con su madre cada día que decidía visitar a la pequeña, pero sin duda valía la pena.

-Sí lo está…- Sin siquiera mirarla Regina se encaminó nuevamente, estaba tan resentida como al principio, quizá más, era su culpa, eso lo tenía más claro que nunca, en eso se parecían mucho más de lo que le gustaría. -Regina…- No hubo respuesta, ni siquiera se inmutó al escuchar su nombre. -Cariño…- La tomó del brazo y aunque ella tiró del mismo para evitar el contacto, se detuvo. -Necesito hablar contigo…- Tom estaba por irse, Samantha era el único motivo por el que podía ver nuevamente a su hija, necesitaba decir lo que tenía que decir antes de que le fuera imposible.

-No tengo nada que decir, madre…- Era extraño, Cora jamás cedía ante nada, su orgullo era una parte muy importante en su vida. No terminaba de creer que diariamente intentara entablar conversación con ella, que intentara arreglar las cosas.

-No tienes que decir nada, solo tienes que escucharme…- El rostro de Regina estaba tenso, intentaba no expresar nada de lo que estaba sintiendo, tenía la impresión de que en su mente se estaba reproduciendo aquel fatídico día. -Lo lamento, cariño.- Regina que hasta ese momento no la miraba ahora sí lo hacía atenta. -Lamento tanto todo lo que ocurrió aquel día. No debí decirlo, estaba molesta y no suelo pensar lo que digo cuando lo estoy, creo que en eso nos parecemos. -Su hija comenzó a masajearse el puente de la nariz. -Henry me pidió tantas veces que arreglara las cosas contigo, él sabía que llegaría el día en que terminaría arrepintiéndome de todo, él siempre fue mejor padre que yo.- Su esposo había sido siempre el puente para poder comunicarse con su hijas, era él quien se encargaba de solucionar los conflictos que tenían, de darle el sentido correcto a sus palabras. -Lo extraño tanto…-

-Madre…- Era verdad que su padre había intentado arreglar aquel conflicto hasta el último momento, no era solo a su madre a quien acribillaba con sermones encaminados a solucionar las diferencias con aquellos que nos amaban, esas habían sido sus exactas palabras, se encargaba de decirle a diario que Cora la amaba y que aunque tenía el peor carácter, eso no iba a cambiar nunca. No era una mala madre, es solo que… ella era Cora.

-Es verdad, pero tú has aprendido de él, serás una buena madre…- Entonces sí le desvió la mirada, no esperaba que estuviera al tanto de la petición de Tom, aunque le pareció ver una sombra en sus ojos. -¿Lo sabes?- Regina se aclaro la garganta y nuevamente la miró, entonces vio la duda reflejada en sus ojos, fue apenas un instante pero estaba ahí.

-Eso no es problema tuyo, madre…- No le gustaba esa mirada que Cora le estaba dando, era como si de pronto se hubiera vuelto transparente para todo el mundo, odiaba esa sensación de vulnerabilidad pero aborrecía no ser capaz de esconderla.

-Ya sea que decidas adoptarla o no, Samantha es mi nieta y lo será siempre.- Regina puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, era un triunfo que no la hubiera dejando ahí hablando sola, así que continuó. -Tom está cansado, Regina, él no tiene la fuerza para educarla, ya no está para eso…- Hizo el amago de acercarse a ella pero lo pensó mejor, aún tenía algo importante que decir, no quería asustarla. -Estoy segura que la adoras, no has dejado de venir un solo día aún cuando eso implica verme a mí también, estás lista para hacerlo y lo harás excelente.- Su hija la miró y supo perfectamente que esas eran las palabras que habría esperado aquel día.

-Demasiado tarde, madre…- Había terminado la tregua, respiró profundo y se encaminó a la casa, tenía demasiadas cosas en la cabeza como para todavía revivir aquellos días.

-Nunca es demasiado tarde, Regina…- Su hija no se detuvo así que lo dijo aún más fuerte. -¡Y lo voy a intentar, hasta mi último suspiro, voy a intentarlo…!- Se detuvo apenas un momento antes de entrar a la casa, tenía la certeza de que le iba a costar mucho arreglar las cosas con ella, había perdido tanto tiempo y estaba todo tan enrarecido, pero era verdad, no iba a dejar de intentarlo. Su enfermedad le había dado otra perspectiva, debió hacerlo antes, debió dejar su orgullo atrás, debió escucharlo. Regina ahora estaba atravesando uno de los peores momentos de su vida, ya la había dejado sola en uno de ellos, no iba a cometer el mismo error.

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Tom estaba descansando, o por lo menos eso era lo que le había dicho la enfermera que se encargaba de cuidar a Samantha a todo momento, no pudo más que agradecer al cielo no tener que verlo antes que a la pequeña. La conversación con su madre le estaba comiendo la cabeza, tenía claro que Cora era diferente, al menos aquellas semanas en que había estado forzada a entablar pequeñas conversaciones con ella eso le había quedado claro. Aún no lograba entender qué era lo que había cambiado y sobre todo el porqué. Esa manía que tenía de mantenerse cerca de ella a todo momento y preguntar cómo se sentía con todo lo ocurrido la estaba volviendo loca, quizá porque esa era la actitud que habría esperado cuando ocurrió todo lo de su aborto, era demasiado tarde ahora. No estaba acostumbrada a una Cora que estuviera al pendiente de sus sentimientos, de sus necesidades, mucho menos que intentara infundirle confianza en momentos como esos, y es que no entendía cómo es que para ellos estaba tan claro que sería una buena madre cuando ella lo dudaba tanto.

Samantha abrió los ojos y le dedicó lo que para ella era una sonrisa, cómo iba a despedirse de ella por seis largos meses, cómo iba a dejar de mirar esos ojos por tanto tiempo, se estaba volviendo adicta a ella. Probablemente Kat estaría muy decepcionada por la forma en que se había comportado en las últimas semanas, le había prometido cuidar de su hija, le había prometido que Samantha nunca estaría sola, que siempre podría contar con ella y ahora que más la necesitaba seguía con todas esas dudas. Estos últimos días había intentado identificar qué era lo que realmente le daba miedo, por qué le costaba tanto aceptarlo y es que en ese momento no era capaz ni de cuidarse a ella misma, cómo iba a cuidar a esa pequeña, además, y era ahora cuando le calaban las palabras de su madre, la verdad es que tenía miedo de no estar a la altura de la situación, tenía terror de ser una mala madre, de terminar jodiéndole la vida a Samantha. Y era justo en ese momento cuando más necesitada estaba de palabras como la de su madre y qué raro le parecía que fuera ella quien terminara diciéndoselas. Respiro profundo mientras acariciaba su mejilla, eran las palabras de Kat las que necesitaba, era ella quien sabía perfectamente lo que necesitaba escuchar y ahora debía aprender a vivir sin ella, ¿cómo es que iba a educar a su hija y salir victoriosa en el intento?

-Siempre despierta cuando llegas a visitarla…- Regina se giró hacia él y sonrió, con esa sonrisa triste que parecía tener ahora.

-Es que no dejo de molestarla, es por eso que termina concediéndome el honor…- Tenía la sensación de que Tom estaba casi tan triste como ella, bastaba mirarlo para darse cuenta que cada día era más difícil que el anterior, no entendía por qué quería separarse de Samantha.

-Creo que le gusta tenerte cerca…- Las dos semanas que tenía en casa de Cora le habían servido para estar más cerca de su nieta pero también para darse cuenta de la forma en que Regina la trataba, estaba seguro que no se equivocaba cuando le pedía quedarse con su custodia.

-¿Cómo es que prefieres que yo la cuide cuando es lo último que queda de ella?- Esa pregunta le estaba comiendo la cabeza, necesitaba entenderlo.

-¿Crees que eres cualquier persona?- Regina no contestó, parecía no entender a lo que se refería. -No hay nadie en este mundo que vaya a cuidar de ella como lo harías tú, después de sus padres, probablemente seas tú quien más quiere a esa niña, el amor nada tiene que ver con la sangre, cariño. Yo la adoro por supuesto, pero ya no tengo la fuerza ni la edad para educarla. A decir verdad, creo que estoy haciendo lo que mi hija querría que hiciera, desde el momento en que me enteré de todo, tuve claro que no era yo el más apto. Por supuesto que no quiero presionarte de ninguna manera, no debes hacerlo si no tienes la seguridad de ello, pero sí debes tener en claro que estoy seguro que lo harías estupendamente.- Los ojos de Regina se habían cristalizado.

-¿Cómo es que lo tienes tan claro? Yo…- Cómo es que incluso él, sin conocerla, tenía esa certeza que a ella le faltaba.

-Es fácil reconocer a quien ama con todo lo que tiene, incluso cuando intentan ocultarlo…- Regina se aclaro la garganta, estaba seguro que las lágrimas estaban a punto de ganar la batalla. -Además Cora está siempre hablando maravillas de ti…- Su cara se tensó al instante. -Está tan orgullosa…-

-No tardaré en darte mi respuesta, Tom.- No le gustaba hablar de su madre, no iba a hacerlo con alguien que solo tenía palabras de cariño para ella. -No quiero seguir reteniéndote aquí.- Volvió a mirar a la pequeña que parecía empezarse a dormir nuevamente.

-Aún tengo un poco de tiempo, además no hay prisa, quiero que lo pienses bien, que lo tengas tan claro como yo.- Regina asintió mientras le pasaba a Samantha para que fuera quien la cargase ahora. -La extraño tanto…- Era la primera vez que lo decía en voz alta, la primera vez que se lo decía abiertamente a alguien.

-Lo sé, yo también la extraño todo el tiempo…- Tom acariciaba la mejilla de su nieta. -Supongo que ella está aquí, en todo lo que nos dejó y no hablo solo de Samantha, sino en todos los recuerdos.- Sacó un pañuelo de su bolsa y comenzó a cercarse las lágrimas que ya corrían por su rostro.

-Nunca será lo mismo, pero sí mejorará…- Regina lo miraba escéptica. -Cuando murió su madre, pensé que nunca podría volver a sonreír, y fue así por mucho tiempo, yo me encargué de sufrir más de la cuenta, pero después las cosas se asientan y lo que te desgarraba ahora solo duele y uno aprende a vivir con ese dolor.-

-Creo… creo que no lo voy a conseguir…- Tom sonrió mientras miraba nuevamente a Samantha.

-Claro que lo conseguirás, incluso si decides no quedártela, va a necesitarte en su vida, ella y todas las personas que te quieren.- Regina desvió la mirada. -No alejes a todos en momentos como éste, Regina. No decidas atravesar el dolor tu sola. No tienes porque hacerlo, los que nos aman están también para sostenernos en momentos así.-

-Ahora veo el parecido…- Y por primera vez tuvo la impresión de tenerla nuevamente frente a ella. Tom no pudo evitar sonreír ante aquellas palabras.

-Ella era mucho más sabia, yo solo repito lo que una vez le escuché decir.- La iba a extrañar toda la vida, su hija era de esas estrellas fugaces que solo se ven una vez.

-Estará bien, contigo o conmigo, Samantha va a estar bien…- Tom le devolvió a la pequeña, habían sido días complicados y solía tomar un descanso a esa hora.

-Lo sé, lo sé, nunca he tenido duda de ello.- Era hora de irse nuevamente a descansar, pero no quería marcharse sin decirle una cosa más. -Regina…- La morena levantó la vista que tenía ya en la pequeña. -Cora está enferma…- Estaba seguro que su amiga se enojaría al enterarse que había revelado su secreto, pero la muerte de Kat le había hecho ver las cosas diferentes. Regina lo miraba con una expresión que no le conocía, como si estuviera atando cabos. -Ella no quería que te lo dijera, pero yo creo que es algo que debes saber, que deben hablar…-

-¿Es grave?- Desasosiego, esa era la sensación que la había inundado. No tenía contacto desde hacía años con su madre, pero enterarse que estaba enferma era algo que no podía evitar que le afectara. Kat lo sabía, estaba segura que su amiga se había enterado de lo que le ocurría a su madre, era por eso que insistía de la manera en que lo hacía.

-Lo es, pero fue detectado a tiempo y ella está en tratamiento desde hace meses.- Regina asintió pero no dijo nada más, parecía que todo estaba pasando en su cabeza. -Piénsalo…- Nuevamente se cruzó con su mirada inquisitiva. -Lo que vas a hacer ahora que yo me marche…- Ella asintió mientras nuevamente le dedicaba una mirada a Samantha, se dispuso a abandonar la habitación, podía jurar que la decisión estaba tomada, pero como todo, lleva tiempo asimilar aquello que está por cambiarnos la vida.

Llevaba casi dos horas con Samantha cuando decidió que era tiempo de marcharse a casa, había sido un día lleno de emociones y necesitaba una copa de vino para terminar de asimilarlo. Le dio un beso en la frente y dejó a la pequeña plácidamente dormida en su cuna, mañana vendría nuevamente a visitarla, esa paz que le quedaba después de verla era oro puro.

Tomó su cartera y se encaminó a la salida, con un poco de suerte su madre estaría ocupada y podría salir desapercibida. No sabía cómo debía tratarla ahora que sabía que estaba enferma, no quería lidiar con algo así. Así que abrió la puerta con mucho cuidado, era cuestión de cruzar la sala a toda velocidad, se deseó suerte en silencio y puso manos a la obra. Parecía que no había nadie, ni siquiera escuchaba a la enfermera que solía hablar con quien estuviera a su alcance, estaba a punto de llegar a la puerta cuando escuchó su nombre, se le heló la sangre, no podía tener tan mala suerte.

-Regina…- Desde que llegó se dio cuenta que su hermana estaba ahí, ya le había dicho su madre que solía visitar a Samantha por las mañanas, habían acordado que no intentaría acercarse hasta que estuviera lista, pero la oportunidad se le estaba presentando y no estaba dispuesta a desaprovecharla.

-No estoy de humor, Zelena…- No podía hablar con ella, no quería, todo seguía siendo tan difícil como desde el primer día.

-Regina, por favor…- Intentó acercarse pero su hermana la fulminó con la mirada, sabía perfectamente que estaban siendo días muy difíciles, se le notaba en el rostro el cúmulo de sentimientos.

-No quiero hablar…- Lo había dicho despacio, estaba cansada, muy cansada, quería irse a casa, quería terminar ese maldito día de una buena vez.

-Solo escúchame…- Dio un paso más hacia ella, no quería presionarla pero estaba segura que de no hacerlo ahora, Regina no le permitiría acercarse nunca más.

-¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz?- Cerró los ojos intentando no perder la calma, no quería armar un escándalo frente a Tom.

-No fue mi culpa…- Su madre había salido de la cocina y la miraba con cara de reproche, le había advertido muchas veces que no quería que se acercara a Regina hasta que la morena diera signos de estar lista.

-Zelena…- Ese era uno de los problemas que siempre había tenido con su hermana, no le importaba nunca lo que los demás opinaran, terminaba siempre haciendo su voluntad a placer.

-No fue mi culpa…- Regina alzó la ceja molesta. No podía evitar ese nerviosismo que la invadía cada que intentaba explicarle lo que había sucedido. -Bueno… No es lo que piensas… No como crees que sucedió…- Había fuego en sus ojos, como cada vez que intentaba tocar el tema.

-Por Dios, Zelena… Solo tú sabías…- El recuerdo de Kat se le vino a la cabeza en solo un segundo, era la primera vez que respondía a una de sus provocaciones, quizá lo había hecho por esa promesa que cargaba sobre sus hombros. Se acercó un par de pasos hasta quedar a un palmo, y dolió, dolió como siempre, de la misma forma, siempre ese nudo en la garganta, siempre esa opresión en el pecho, siempre esa sensación que deja saberse traicionado.

-Cometí un error…- Regina cerró los ojos, estaba claro que no quería perder el control en casa de su madre, sin decir nada nuevamente se encaminó hacía la puerta. -Espera… No el que te imaginas…- Una carcajada amarga inundó toda la estancia, ni siquiera se giró a mirarla. -Él me escuchó…- Regina se detuvo pero no se giró. -Me escuchó mientras hablaba contigo…-

-¿Qué?- Eso no se lo esperaba, ¿era eso lo que Kat sabía y ella no?, ¿era por eso que insistía tanto en que debía escuchar a su hermana? Estaba cansada, muy cansada, quería marcharse, quería llegar a casa y beber una copa de vino, una tras otra hasta que el sueño la venciera.

-Él me buscó… Daniel me buscó para hablar de ti… De todo lo que había pasado, su traición, la ruptura, quería que hablara contigo… Que te convenciera…- El rostro de su hermana era de sorpresa contenida, parecía que estaba deliberando si estaba diciendo la verdad. -No dejaba de seguirme por todos lados y yo estaba tan preocupada por toda la situación con madre y tu necedad de no decirle nada, así que acepté…- Regina negó y comenzó masajear el puente de su nariz. -Quedamos en un café, yo estaba ahí y recibí tu llamada, ¿recuerdas?, dijiste que padre estaba en camino, estabas tan feliz por todo, yo pregunté '¿Le dirás que estás embarazada?', yo… yo no me di cuenta, él estaba detrás mío… y… y no dijo nada hasta que colgué… Solo mirarme le bastó para darse cuenta que eras tú quien estaba embarazada…- Se aclaró la garganta, su hermana la miraba pero no era capaz de descifrar qué era lo que estaba pensando.

-Debiste llamarme…- Kat lo sabía, Zelena le había contado esa historia, ya lo sabía, nunca terminaba de entender a su amiga, ¿Por qué no se lo había dicho ella?, estaba claro que creía en lo que su hermana le había dicho, ¿Qué esperaba al obligarla a escucharlo de sus labios? Nada iba a cambiar, seguía teniendo culpa en lo que pasó.

-Lo sé… Cometí muchos errores…- Ya no le parecía verla molesta, ahora solo parecía cansada, muy cansada. -Ya sé que te lo he dicho muchas veces… pero Regina… realmente lamento todo lo que pasó, nunca quise que pasaran las cosas así. Yo… yo nunca le habría contado de manera intencional tu secreto a nadie…- No pudo evitar que se le cortara la voz.

-No importa…- Cerró los ojos, de inmediato los mismos recuerdos de siempre inundaron su cabeza, ese efecto tenía Zelena, no podía evitar ligarla a ese día, no podía evitar que todo doliera cada vez que la miraba. -Ya no importa…- Se encaminó nuevamente hacia la puerta.

-Claro que importa…- No quería que se fuera, no sin antes decirle lo más importante, lo que de verdad quería decirle desde hacía ya tantos años. -Soy culpable de mucho de lo que pasó, yo más que nadie lo tiene presente.- Su hermana no se giraba pero nuevamente se había detenido. -Soy cobarde, tú lo sabes y yo también, eso me ha costado muchas cosas, pero Regina, no soy ninguna traidora, yo… yo nunca te habría hecho algo así…- Su hermana se giró y entonces se percató de que sus ojos estaban repletos de lágrimas contenidas. -Espero que un día puedas perdonarme…- Estaba a punto de llegar a la puerta. -Te extraño…- Entonces nuevamente se giró y vio rodar la primer lágrima.

-Me voy…- Sabía que su madre y su hermana la miraban marcharse, definitivamente nunca iba a poder superar todo eso, sería siempre ese dolor que le abrasa el corazón, esa sensación de eterno vacío. Las heridas no sanan, uno simplemente aprende a vivir con ellas.

Subió a su auto y respiró profundo, sentía la cabeza a apunto de explotar, la enfermedad de su madre aunada a toda esa conversación con Zelena le había drenado la energía, no podía creer lo que había sucedido, pero no importaba, ahora más que nunca todo le parecía perder sentido. Entendía por qué Kat insistía tanto en que hablara con ellas, deseaba que recuperara a su familia, no quería que terminara sola y alejada de todo y de todos. Y así, como le ocurría desde que la había conocido, Emma apareció en su cabeza, la rubia se había convertido en su familia por muchos meses, la amaba y estaba a punto de perderla a ella también, o por lo menos era eso lo que había entendido con su dedicatoria. Ya había perdido la cuenta de la cantidad de ocasiones que había buscando en su celular una respuesta, dio un suspiro mientras nuevamente encendía su auto, era momento de ir a casa e intentar descansar un poco.

La música a todo volumen mientras intentaba no pensar, pero Emma se negaba a dejar su cabeza. Y es que odiaba tanto la forma en que conseguía desestabilizarla con ese tipo de acciones, odiaba que no fuera capaz de decirle las cosas de frente, que usara siempre ese tipo de mensajes crípticos para hacerle llegar información, entre más le daba vueltas al asunto más coraje sentía. Lo más probable es que no lograra descansar, iba a estar pensando en esa dedicatoria toda la noche y se iba a llevar con ella todas sus ganas de dormir. Apretaba el volante con tanta fuerza que sus nudillos comenzaron a ponerse blancos, no iba a permitir que la dejara con esa incertidumbre, si tenía un mensaje que darle se lo iba a tener que decir de frente.

—-/—-

Había sido un día especialmente complicado y eso que no había tenido que trabajar, tomar la decisión de llevar el libro a la Editorial le había costado mucho más de lo que pensó. Había llegado el momento de despedirse, de empezar una nueva etapa en otro lado, el momento de retirarse y aceptar la derrota. Su única intención había sido agradecerle todo lo que había hecho por ella, no solo en relación al libro sino lo mucho que había cambiado desde que la conoció. No era una dedicatoria que buscara una respuesta y sin embargo la había obtenido, Regina le había llamado y le había escrito preguntándole lo evidente, pero ya no tenía intención alguna de aclarar nada, quería dejar de tocar eso que tanto le dolía, por eso no había contestado, ni lo haría, había entendido que era el momento de soltar.

Bajó del escarabajo y se encaminó hacía su departamento, iba a extrañar mucho la ciudad, jamás se imaginó que un día tendría que dejarla, porque sí, tenía que hacerlo, cómo cambian las cosas cuando uno menos lo espera. Tomó el elevador sin dejar de pensar en ella, en lo molesta que estaría por no haber recibido respuesta. Abrió la puerta y de inmediato se encaminó al refrigerador, necesitaba una cerveza para apaciguar todos esos sentimientos que la embargaban, tenía semanas con la sensación de tener roto el corazón, de que algo no estaba bien, incluso cuando estaban juntas, dio un trago mientras recorría el que pronto dejaría de ser su apartamento, iba a tener que empezar a empacar en pocos días, estaba segura que su cambió sería de la noche a la mañana, quería asegurarse de que una vez llegado el momento no tendría que volver jamás.

No podía sacarla de su cabeza, como si buscara despedirse a través de los recuerdos, cerró los ojos y respiró profundo, necesitaba despejarse, cansarse para caer dormida y así no pensar, no soñar, solo conocía una actividad que podía conseguía eso. Entró a su recamara y se cambió de ropa, necesitaba boxear, necesitaba hacerlo hasta que su cuerpo no diera más, comenzó a ponerse las vendas mientras terminaba su cerveza; quizá debería contestar que iba a marcharse, quizá deberían hablar para despedirse como dos personas que se amaron mucho pero que se lastimaron más, mano izquierda lista; quizá debería pedirle que no la busque más, que le permita reconstruir su vida y que espera que ella también haga lo mismo, mano derecha lista. Justo cuando se ponía el guante izquierdo llamaron a su puerta, su corazón de inmediato dio un vuelco, ya una vez Regina la había ido a buscar. Tenía miedo de verla, pero quizá era mayor el temor de no volver a hacerlo jamás. Se acercó al refrigerador y sacó otra cerveza, no sabía qué hacer, quizá si no hacia ruido decidiría irse, pasó menos de un minuto cuando nuevamente llamaron a su puerta, ahora con mucho más insistencia. Respiró profundo, dio un gran trago a su cerveza y abrió. No pudo evitar sonreír, porque a pesar de lo demacrada, de esos ojos tristes y de su clara delgadez, seguía tan hermosa como siempre.

-¿Se acabó?- Esa era su pregunta, esa que Emma se había negado a contestar, necesitaba saberlo, necesitaba escucharlo de ella. Su rostro no expresaba mucho, solo había una sonrisa burlona que no terminaba de entender. Se quitó el guante que llevaba en la mano izquierda mientras se sentaba en el banco de la barra y daba un sorbo a su cerveza.

-¿Cómo es que conseguiste entrar nuevamente al edificio?- Regina puso los ojos en blanco mientras entraba al departamento con ese porte que solo en ella había conocido, se encaminó al refrigerador y tomó una cerveza. -Tengo otras cosas que puedes beber, no tienes que tomar cerveza…- La morena la fulminó con la mirada mientras cruzaba su departamento para ir a sentarse a la sala, el lugar más lejano a ella, esa mujer era realmente peculiar.

-¿Qué significa, Swan?- Respiró profundo intentando recobrar esa calma que Emma siempre le arrebataba, no le gustaba desbordarse en sensaciones frente a nadie, pero era algo que con ella le salía muy natural. Nunca había encontrado la forma de ser dueña de sus actos, no teniéndola cerca; creía haber tomado una decisión y de alguna forma siempre terminaba haciendo lo opuesto. Estar a esas horas exigiendo explicaciones a quien prácticamente había echado de su vida era la mejor prueba de ello.

-Solo tú podrías estar enojada por recibir una dedicatoria como esa…- Dio un sorbo a su cerveza, en lugar de molestarle le resultaba graciosa la situación, probablemente porque era uno de los últimos encuentros que tendrían y la verdad era que no quería desperdiciarlo discutiendo, quería tenerla cerca, quería… quería… quería mirarla, solo mirarla. No podía vivir en la misma ciudad, no podía hacerlo.

-Solo tú escribirías algo así, solo tú la entregarías a escondidas y solo tú te marcharías sin decir las cosas de frente. ¿Cuál es la intención, Emma? ¿Qué buscabas?- Quería discutir, necesitaba hacerlo, necesitaba ser ella la que tuviera la última palabra. Su cabeza era un hervidero de ideas, justo como su corazón, necesitaba escucharla, quería que le explicara qué significaba y si estaba hablando en serio, quería molestarse tanto que el orgullo le impidiera volver, pero también quería pedirle disculpas por todo el daño, quería abrazarla, hacerlo lo más fuerte posible, quería que le dijera que no se marcharía que estaría siempre cerca para ella. Su cabeza y su corazón estaban librando una batalla y ella estaba justo en la mitad, como desde la primera vez que la conoció, intentado escuchar a una pero actuando como el otro.

-¿Vienes a reclamar?- No podía creer que Regina hubiera ido a su casa a pedir explicaciones, ella, la que era incapaz de ceder, la que prefería alejarse y no volver a saber nada. La morena dio un sorbo a su cerveza y no pudo evitar sonreír ante la mueca que hizo.

-Contesta…- Las últimas semanas le era imposible controlar su tono, estaba enojada todo el tiempo, y el hecho de que al parecer Emma no lo estaba no ayudaba en nada, no se sentía cómoda cuando no era ella quien dominaba la situación, ni la situación ni sus sentimientos. La rubia bebió de su cerveza y se encogió de hombros, estaba tan relajada que no la reconocía.

-Es una despedida…- Dijo esto mirándola a los ojos pero no fue capaz de sostenerle la mirada por mucho tiempo. -Y sí, se acabó.- Regina cerró los ojos por tan solo un segundo, bebió lo que le quedaba de cerveza de un solo trago y se levantó, se iba a marchar, estaba segura. Era lo mejor, dejarla ir y no volver a tener contacto, además tenía la certeza de que después de sus palabras no volvería a buscarla. Se lastimaban demasiado, aún amándandose de la manera en que lo hacían siempre encontraban la forma de romperse el corazón, una y otra vez. Debía dejarla ir, pero aún teniendo todas esas razones, justo cuando pasaba a su lado no pudo evitar tomarla del brazo, a quién quería engañar, no quería terminarlo así, quería hacerla entender, que supiera sus razones. -¿No me vas a dejar explicarte…?-

-¿Importa?- Su mirada fue de la zona donde Emma la había tomado del brazo hasta terminar en sus ojos, era una amenaza, le estaba pidiendo, sin pedirle, que la soltara.

-Claro que sí…- El tono de Regina había disminuido, y cualquiera que la conociera de verdad sabía que era ahora cuando más molesta se encontraba. -Quiero que te quede claro que no es por falta de amor…- Estaba a un palmo, podía mirarse en esos ojos chocolate, que aunque molestos, seguían mostrándole todo aquello que su dueña quería ocultar. Quizá era por eso que terminaba siempre intentando una vez más, podía ver en ellos algo que Regina no era capaz de mostrar. Siempre perdía el hilo de sus ideas cuando la tenía así de cerca, le encantaba de todas las formas posibles, pero verla enojada era una de sus favoritas. Qué diferentes le parecían las cosas cuando no eran las dos las que desbordaban en sentimiento, cuando una era capaz de recular y ponerlo todo en perspectiva. Tenía unas ganas inmensas de abrazarla, de recorrer su piel con la yema de los dedos, de susurrarle al oído cuánto la amaba; quería grabarla en su memoria para un día recurrir a ese momento, y hacerlo por voluntad, porque bien valía todo lo que le dolía; sí, tenerla así de cerca le hacía olvidarse de todo.

-El amor no es suficiente…- Hizo el intento de soltarse pero no lo consiguió, Emma la apretaba con más fuerza ahora, estaban demasiado cerca, tanto que era capaz de sentir su calor. Le habían dolido sus palabras, porque aunque eso era lo que se merecía, no pensó que de verdad la rubia se estuviera despidiendo. Tenía razón, era el momento de irse, se habían sostenido con tanta fuerza que terminaron por romperse, era momento de soltarse.

-Sí, eso ya lo entendí…- Eran los tacones de Regina los que les permitían estar a la altura, ninguna de las dos parecía tener intención de bajar la mirada, era demasiado todo lo que callaban, con ella había aprendido que había silencios mucho más íntimos que las palabras. -Gracias a ti…- Acomodó un mechón detrás de su oreja, Regina hizo un nuevo intento de soltarse pero nuevamente no se lo permitió, también había aprendido que por mucho que las exigiera, no le gustaba escuchar verdades, mucho menos si la forzaban a hacerlo. Su mirada abrasaba la suya, eso también lo iba a extrañar, la intensidad que terminaba siempre por desbordar sus barreras.

-Así que todo se fue a la mierda por mi culpa, ¿eh?- No quería dejar de mirarla, estaban discutiendo, o al menos ella lo estaba haciendo, pero quería hacerlo viéndola a los ojos, quizá esta era la última vez que se vería reflejada en ellos. Emma se pasó la lengua por los labios, mientras negaba en varias ocasiones. Fue entonces cuando le soltó el brazo, ya no estaba forzada a quedarse y sin embargo ninguna de las dos se movía.

-No es tu culpa…- No quería que pensara eso, quería decirle que ella tampoco había encontrado la forma de entenderla, que las dos se habían equivocado, que no debieron amarse más, que debieron hacerlo mejor. Se acercó aún mas y le susurró. -Puedes irte…- Ya no quería forzarla a actuar como ella lo esperaba, quería respetarla, había prometido hacerlo.

-Emma…- La voz le había salido un tanto quebrada, con el paso de los minutos se había dado cuenta que la rubia hablaba en serio, que esta vez era diferente, que realmente creía que lo mejor era dejarlo ya. No estaba discutiendo, por más que lo había intentado, ahora parecía despedirse. Quería respetarla, pero no lo iba a conseguir teniéndola así, necesitaba distancia y Emma ya no le impedía tomarla. Buscaba encontrar las fuerzas para marcharse cuando nuevamente la escuchó.

-Pero por favor no te vayas…- Comenzó a acariciar su mejilla, Regina cerró los ojos por instinto. Ninguna de las dos era capaz de moverse, como si de hacerlo, el hechizo que de pronto se había formado entre ellas fuera a desaparecer. -Eres hermosa…- La yema de sus dedos estaban ya recorriendo sus labios, tenía tantas ganas de probarlos otra vez, tantas ganas de volver a recorrer su cuerpo.

-Swan…- No era capaz de mirarla, estaba segura que de hacerlo se iba a encontrar con esos ojos verdes a los que no iba a poderse resistir, a los que no querría hacerlo.

-No me llames así…- Se lo dijo al oído, con apenas un susurro, Regina seguía sin mirarla pero tenía la certeza de que sus sentidos estaban ahora alerta, su cuerpo le hablaba, tan solo había que prestarle un poco de atención. -Mírame…- Le acariciaba la oreja, podía ver la indecisión en su rostro, ella también estaba a punto de dejarse llevar, lo estaba considerando de verdad. -Por favor…- Esos ojos chocolate la miraron contrariados, podía verse un cúmulo enorme de sentimientos en ellos.

-¿Es el final…?- Incluso antes de escucharla supo la respuesta. Emma estaba ya muy cansada de todo, ella lo estaba también. Su cabeza le decía que había llegado el momento de marcharse, que nada bueno saldría de hacer el amor una vez más, pero su corazón era el que tenía control de su cuerpo, había perdido la batalla.

-Lo es…- No pudo terminar, los labios de Regina ya estaba sobre los suyos. En todo el tiempo que tenía de conocerla había disfrutado de sus muchas formas de besar, cuando estaba molesta, cuando estaba triste, cuando era feliz, adoraba todas, cada una era diferente a la otra, y era eso lo que la hacía única; ahora lo hacía con calma, con tanta que estaba segura que intentaba guardar en su memoria ese último recuerdo. No tuvo claro cuánto la había extrañado hasta que pudo volver a rozar sus labios, a besar su cicatriz. Sus manos habían comenzado a recorrer su figura, pasaron del cuello a la espalda sin prisa alguna, la ropa le estorbaba, era capaz de reconocer perfectamente cada resquicio de su cuerpo, amarla le era tan natural que ni siquiera todos los problemas conseguían enrarecer la situación. Se conocían, se reconocían. Regina por otro lado había comenzado a besar su cuello, levantaba su camiseta buscando rozar su piel, sentir sus manos sobre su espalda le quitaba el aliento, tenía una forma muy especial de demostrarle su amor a través de sus caricias, fue entonces cuando llegó la primera descarga eléctrica. Cada beso le resultaba más provocador que el anterior, Regina sabía perfectamente cómo volverla loca, estaba claro que aunque intentara llevarlo con calma entre ellas las cosas siempre solían salirse de control, fue entonces cuando pudo ver esos ojos chocolate, no había dicho palabra alguna, pero en realidad no hacía falta. Con mucha facilidad la levantó y la sentó en uno de los taburetes de la barra, iba a disfrutar hasta el último minuto de esa noche.

-Mírame..- Quería verse reflejada en esos ojos el mayor tiempo posible, la rubia obedeció y pudo ver todo el deseo atrapado en ellos. Abrió las piernas y sin pensarlo dos veces la atrajo hacia ella, sentir sus manos recorriendo su cuerpo había sido siempre una maravilla, Emma la tocaba y el mundo desaparecía. Su relación había sido muy difícil desde un principio, pero tenía la certeza de que cada vez que estaban juntas hacían magia. Fue a penas un segundo en que ambas dejaron ese baile que tanto disfrutaban para mirarse, no supo qué decir, nuevamente el sentimiento estaba a punto de desbordarla. Ese era el momento en que una de las dos debía poner algo de cordura, aún podían parar; el rostro de Emma decía tanto, tenía tanto miedo como deseo. Ella por otro lado solo quería amarla una última vez.

Ya no era capaz de pensar con claridad, tener a Regina a esa distancia mirándola de esa forma le aceleraba el cerebro. La morena se había bajado del taburete y ahora se encaminaba hacia la recámara mientras comenzaba a desabrochar su camisa, se giró a mirarla con esa media sonrisa coqueta que tanto adoraba y entonces la prenda cayó. Le estaba dando la oportunidad de marcharse, al menos eso quería pensar, pero con Regina siempre tenía la sensación de no tener otra opción que no fuera amarla. Esa mujer sabía perfectamente lo bella que era y lo irresistible que le resultaba cuando se comportaba así. Y fue tras ella, fue tras ella una vez más, para cuando llegó, Regina estaba ya quitándose la falda para quedar solo con esa lencería de encaje negro que tanto le gustaba. El tono oscuro hacía contraste con su piel dorada, estaba más delgada pero tan hermosa como siempre. Se quitó la camiseta y el pantalón en un segundo, la miraba de esa forma que solía iluminar su rostro. ¿Cómo era posible amar tanto a alguien y al mismo tiempo tener tan claro que lo mejor era separarse? -Eres hermosa…- Su rostro perdió la sonrisa, de pronto parecía tener un millón de problemas encima, como si una cantidad enorme de recuerdos le hubieran caído de golpe. No quería que se fuera, no de esa manera, así que hizo lo que mejor sabía, volverla loca. Le tomó tan solo un segundo alcanzar su cuello, rozar sus labios, no puso resistencia, parecía desear tanto como ella olvidar todo lo que había pasado las últimas semanas. Pasó de sus labios a su cuello y de su cuello a su clavícula, siempre le había parecido que su cuerpo era precioso, tenía tantas ganas de quitarle la ropa como de mirarla por siempre con ella. Fue Regina quien terminó encima, sentada a horcajadas sobre su cadera, la miraba como tratando de decidir por dónde empezar. Tan segura de ser ella quien tenía siempre el control. Con tan solo un dedo recorría su rostro, su clavícula, su pecho, grabando a fuego sus caricias, jamás la iba a olvidar, esa mujer se había adueñado de su cuerpo y de sus sentimientos, así sería siempre.

Su corazón latía desbordado, esos ojos verdes la miraban expectantes, y ella nuevamente se deshizo en su boca, luchaba tanto por mantener el control, ese que parecía alejarse a cada segundo, y es que quería recordar esa noche, recordarla por siempre. Emma por otro lado se tomaba su tiempo, la besaba con calma, como si buscara redescubrir aquello que ya se sabía de memoria. Comenzó a acariciar su espalda, adoraba lo definido de sus músculos, parecía que todo se trataba de reconocerla una, otra y otra vez, de perderse nuevamente en su cuello mientras se encontraba en sus labios. Con tan solo un movimiento Emma consiguió terminar encima de ella, había tanto amor en su mirada, tanto que le provocaba una inmensas ganas de llorar, pero entonces sonreía y en ese instante todo se esfumaba y dejaba solo esa necesidad de sentir sus manos sobre su piel. Parecía que la rubia le leía el pensamiento porque comenzó a recorrer su cuerpo a besos, estaba tan inmersa en todo eso que le provocaba que no se dio cuenta en qué momento terminó sin ropa, y es que ya no pensaba tan solo sentía. Últimamente tenía claro que con caricias se entendían mejor que con palabras.

Sentir su cuerpo vibrar con cada movimiento le aceleraba el corazón, intentaba mantener el control porque sabía que Regina había cruzado la línea, esa en la que ya no buscaba tener el control sino en la que era capaz de dejarse amar. Quería controlar sus manos, ir más despacio, detener el tiempo, quería quedarse para siempre así, amándola con todo lo que tenía, pero tenerla así, tan vulnerable, le impedía detenerse. Quería verla terminar, quería grabarse en la memoria sus gestos, quería escucharla gritar su nombre, como si esa fuera la prueba fehaciente de que una vez la amó. Regina había cerrado los ojos cuando había comenzado a acariciar su entrepierna, por la expresión que tenía ahora estaba segura que estaba a punto de llegar, se había prometido que jamás volvería a decirle que la amaba pero entonces la escuchó decir su nombre, fue apenas audible, pero le pareció que le pedía tantas cosas que sin pensarlo se acercó y le susurró -Voy a amarte todos los días de mi vida…- Y en ese mismo instante con ese último gemido, con esos ojos chocolate que al escucharla la miraron extasiada, se convenció de que el amor sí había sido mutuo.

El reloj acababa de marcar la media noche, Regina se había quedado dormida hacía tiempo ya y desde entonces no había dejado de mirarla, ese rostro ahora tan relajado le resultaba increíblemente adictivo, dio un suspiro mientras recorría sus labios con el pulgar, ojalá hubiera encontrado la forma de regalarle siempre esa paz que tanto necesitaba. A diferencia de las otras ocasiones en que después de estar juntas la esperanza la inundaba, ahora no podía sacarse de encima esa sensación de que había cometido un error, uno que aunque había disfrutado tanto como la primera vez, pero que seguía siendo un error. Y es que seguía pensando que lo mejor era marcharse y empezar de nuevo, dejarla a ella hacer lo mismo, respiró profundo mientras recordaba el sabor de su piel, definitivamente había sido un error. No podía dejar de mirarla, tenía la sensación de que en cualquier momento iba a despertar y se marcharía, justo como lo había hecho otras tantas veces, eso era lo que más tristeza le daba, que ya no confiaba en ella. Acariciaba su rostro distraídamente cuando comenzó a moverse y en tan solo un segundo se topó con unos adormilados ojos chocolate.

-Hola…- De inmediato había dejado de acariciarla, no sabía dónde estaba parada y no quería llevarse ninguna sorpresa. Regina, recargada sobre su brazo, la miraba.

-Hola…- Un bostezo involuntario se le escapó antes de que pudiera detenerlo. Esos ojos verdes dubitativos le trajeron la misma sensación de desasosiego de siempre, las últimas semanas no tenía idea de lo que la rubia estaba pensando, su rostro extrañamente no le decía nada.

-Te ves muy cansada…- Tenerla a esa distancia hacía más evidente lo demacrado de su rostro, cómo había cambiado todo en tan poco tiempo, y es que esa no era la mujer que hacía unas semanas le había pedido que viviera con ella, con el paso de los días le había quedado claro que Regina no volvería a ser la misma, que todo era diferente ahora. Y ella había querido quedarse a su lado, podía amar a la nueva Regina, el problema era que ella no la dejaba, la morena no la quería a su lado, se marchaba una y otra vez, la dejaba sola en el intento. No puedes estar con alguien que no confías.

-No era mi intención quedarme dormida…- Se acomodó el cabello detrás de la oreja, estaba apenada, pero no lo había podido evitar, a diferencia de otros días en los que realmente le costaba conciliar el sueño, cuando estaba con Emma, una extraña tranquilidad se apoderaba de ella, aunque solo fuera por unas cuantas horas.

-No lo decía por eso…- Hizo el amago de acariciarla nuevamente pero se contuvo. -Tú sabes que esta es tu casa…- Regina cerró los ojos y respiró profundo. -¿Cómo estás?- Había sido un susurro, se encontró con una sonrisa triste.

-Bien… Estoy bien…- Emma se acercó hasta quedar frente a ella, estaban muy cerca, estaba segura de que intentaba leer en su rostro.

-Estás tan triste…- Le parecía que estaba mucho peor de como la había dejado, a eso se refería cuando decía que tenía que alejarse para nuevamente retomar su vida. La amaba tanto que no sabía cómo estar en la misma ciudad sin terminar inmiscuyéndose en sus asuntos, buscándola, intentando ayudarla.

-No soy la única…- Cuánto las había cambiado conocerse, llevaba unos días pensando en qué hubiera sido de su vida si Emma hubiera decidido enviar su libro a otra editorial, ¿Cuál era el balance?, ¿La había dañado más que beneficiado?

-¿Cómo has estado?- No pudo contenerse y ahora sí acarició su mejilla, ¿qué importaba? al final de cuentas, eran las últimas horas a su lado.

-He estado mejor…- De inmediato todo lo que había ocurrido en ese día se le vino a la mente, era Emma alguien a quien podía contarle lo que le pasaba, no tenía duda de ello, pero últimamente se había vuelto tan solitaria que ya no sabía cómo comenzar.

-Gracias por eso…- Se acercó y apenas rozó sus labios, no podía evitarlo, se le volvía vicio.

-Emma…- Puso los ojos en blanco y negó un poco. Emma sonreía de lado, estaba triste pero era bella de verdad. -Sabes que no es eso…- A pesar de que sabía perfectamente que no debió ir a buscarla, estar con ella era de lo poco que aún le daba algo de paz.

-¿Cómo estás?- Sus ojos no le parecían tan obscuros ahora, era más fácil descifrarlos así, parecía que no estaba con la guardia alta, quizá era la situación y ella lo agradecía, estaba realmente preocupada.

-Tom se marcha..- Se le quebró un poco la voz, no sabía cuánto le estaba afectando hasta que lo dijo en voz alta, decir las cosas las hacía siempre más reales.

-Lo lamento mucho, Regina….- Sabía que en algún momento tendría que volver a Londres pero estaba segura de que no estaba lista para ello, necesitaba de Samantha, había sido testigo del cambio que tenía en su actitud el hecho de que pudiera ver a la pequeña diariamente.

-Quiere que sea yo quien me haga cargo de Samantha…- Emma se llevó una mano a la boca por la sorpresa, ella tampoco lo había creído a la primera, a veces seguía sin creerlo del todo.

-¿Qué? ¿Hablas en serio?- Tenía sentido, claro que lo tenía, Regina había adorado a Kat y ahora adoraba a esa niña, estaba segura de que Tom era consciente de quién era la morena.

-Sí… yo tampoco puedo creerlo…- Desvió la mirada, no se lo había contado a nadie, es decir, su madre lo sabía pero no por ella, esta era la primera vez que lo compartía, no dejaba de sorprenderle lo fácil que resultaba hablar con ella.

-¿Qué harás?- Tenía la sensación de que Regina no lo tenía claro aún, le parecía extraño porque ahora que lo pensaba, era la mejor idea, Regina sería una maravillosa madre.

-No lo sé…- La voz se le cortó de nuevo, jamás quiso estar en una situación así, además de que no era el momento, esta era de las peores etapas de su vida, era una mala compañía.

-Claro que lo sabes…- A pesar de lo complicado que era todo, ella estaba segura de que Regina no dejaría a esa pequeña sola, y no es que Tom no fuera a cuidar bien de ella, pero la morena haría el mejor de los trabajos, esa niña significaba tanto en muchos sentidos.

-No…- Esa certeza que parecían tener todos a ella le resultaba completamente fuera de lugar. No estaba segura de nada. -Es decir, quiero estar cerca de ella pero…- Emma nuevamente comenzó a acariciar su mejilla mientras escuchaba sus miedos, ¿por qué no podía ser así siempre?

-Serás una madre increíble…- Desde la muerte de Kat no había conectado con ella de esa forma, le parecía que Regina estaba tan cansada que no tenía fuerza ni para esconder sus sentimientos, le estaba resultando muy fácil leerla. Tenía miedo.

-No… no lo creo…- No podía mirarla, si quería continuar hablando del tema, necesitaba no mirarla. -No le hago bien a las personas, Emma. No puedo cuidarme yo, ¿cómo voy a cuidar a Sam?- La rubia la hizo girarse a mirarla, tenía una sonrisa en el rostro.

-Eres maravillosa…- Sam tendría muchísima suerte de tenerla a su lado, de tenerla en todo momento.

-No lo soy…- Se le llenaron los ojos de lágrimas. -No puedo sustituirla, no quiero hacerlo… yo.. yo no soportaría joderle la vida a Sam, Kat no me lo perdonaría…- Emma la atrajo y la abrazó, siempre le había gustado eso, cómo se daba cuenta que necesitaba uno cuando ni siquiera ella lo tenía claro.

-Kat querría que fueras tú quien la tomara a su cargo…- Regina estaba recostada sobre su pecho mientras acariciaba su cabello. Esa, esa era justo la razón por la que no podía desprenderse de ella, esa conexión que no sabía cómo explicar. Entendía perfectamente que Elsa sintiera que Regina era la peor de las personas, pero no lo era, para ella solo estaba rota.

-No sabes eso…- Hablaba muy despacio, casi como si se lo estuviera diciendo a ella misma. Emma se separó un poco para poder mirarla nuevamente.

-Esa es la función de los padrinos, ¿sabes?- La primer lágrima corrió por su mejilla.

-Habría preferido nunca tener que cumplir función alguna…- La voz se le había cortado y Emma había decidido abrazarla aún más fuerte.

-Lo sé…- Nunca, desde la muerte de Kat, había tocado ese tema con ella, Regina jamás se lo había permitido. El problema era que no hablaba, todo había cambiado, no era la misma, pero no hablaba de ello, se lo guardaba todo. Kat se había convertido en una sombra que nublaba la vida de Regina.

-La extraño…- Se aclaró la garganta para quitarse ese nudo que le abrasaba la garganta.

-Sé que lo haces…- No dejaba de sorprenderle las pocas veces que había visto llorar a Regina por la muerte de su amiga, no sabía si quería hacerse la fuerte o realmente no sentía ganas de llorar. -¿Has ido a visitarla?- La morena negó mientras secaba una lágrima que nuevamente se le había escapado.

-No…- Había muchas razones por las que simplemente no podía pararse en el panteón, pero no sabía cómo explicarlas sin que sonara a una locura. -Está enojada conmigo y yo lo estoy con ella…- Emma nuevamente se separó para mirarla mejor.

-¿Enojada?- La morena asintió mientras ponía distancia entre las dos. Parecía que su burbuja estaba por reventar.

-¿Puedo preguntarte algo?- Emma asintió mientras la miraba intrigada. -¿Me odias?- Esa pregunta le rondaba la cabeza desde el momento en que salió de su casa esa última vez que la vio. Emma comenzó a negar.

-¿Qué?…- Si no estuviera viendo esa expresión en su rostro pensaría que estaba bromeando. -Regina, no..- Acarició su mejilla intentando atraer su mirada. -Nunca podría odiarte…-

-Me porté tan mal…- Emma retiró la mano de su rostro y esa actitud tan suya, esa en la que intentaba mantener la distancia con ella, apareció. -Lo que dije…- La rubia levantó los hombros mientras desviaba su mirada.

-Es lo que piensas…- Ahora fue Regina la que la tomó de la barbilla y la hizo mirarla.

-No, no lo es…- Se aclaró la garganta que comenzaba a cerrársele. -No sé quién soy, ya no sé quien soy.- Emma la miraba sorprendida, no esperaba que le dijera algo así. -Entiendo que lo termines, ¿sabes?, entiendo perfectamente que no quieras estar con alguien como yo.-

-Intenté ayudar…- Cerró los ojos para poder terminar esa idea que tanto le dolía. -Creo que no soy la persona que necesitas, creo que te lastimo más de lo que ayudo…- Respiró profundo mientras encontraba la forma de terminar su idea. -Creo que no supe ganarme tu confianza, creo que no puedo ayudarte porque no confías en mí para que lo haga.-

-Emma…- La rubia tenía razón, nunca había terminado de confiar completamente en ella, no le compartía su pasado, se moría por contarle todo lo sucedido con Zelena y su madre, pero cómo hacerlo sin terminar revelando la causa de su distanciamiento. Kat se lo había dicho muchas veces, Emma era alguien que se había ganado su confianza, era verdad, pero cuando menos lo pensó otra vez la vida se le atravesó. -Me rompió… Su muerte…- No pudo continuar, no supo cómo hacerlo. Esa sensación de tener una herida abierta en el pecho apareció de nuevo. -No es tu culpa… Yo soy quien te lastima Emma, tú solo haces más llevadero este maldito infierno.- Estaba a punto de perderla, Kat estaría tan enojada con ella, estaba cometiendo tantos errores.

-Pero no es suficiente…- Le dolía tanto aceptarlo, pero era momento de hacerlo, era la única forma de tomar el siguiente paso -Nunca lo fui…- Regina comenzó a negar mientras se levantaba, parecía que había llegado el momento de marcharse.

-Eres más de lo que jamás imaginé…- La furia comenzaba a apoderarse de ella, qué manera de joderse la vida, lo que más le frustraba es que Emma estaba ya tan lastimada que no tenía cara para pedirle que se quedara. Podía sentir su mirada aunque ya no hacía nada por detenerla, comenzó a vestirse sin volverse, de haberlo hecho probablemente no habría podido.

-Te amo…- Lo había dicho muy claro, quería que Regina lo tuviera muy presente, la amaba incluso ahora que estaba a punto de marcharse y dejarla nuevamente. Tenía tantas ganas de llorar.

-Yo nunca he dejado de hacerlo…- Se acercó y a penas rozó sus labios. Podía sentir su aliento sobre sus los suyos. Respiró profundo y esa falsa tranquilidad apareció. -Debí besarte más…- Se vio reflejada en sus ojos, estaban empañados, empañados de todo aquello que quedaba sin decir. Se separó con un nudo en la garganta, uno que le impedía hablar, pero ya no se giró, si quería respetar la decisión de la rubia, tenía que marcharse para no volver más.

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-Te ves cansada…- Regina levantó la vista del informe que tenía en las manos y puso los ojos en blanco; llevaban toda la tarde en la Editorial, esperaba que terminara para poder ir por unos tragos.

-Tengo mucho trabajo, cariño…- Kat hizo una mueca que indicaba que su paciencia estaba a punto de terminar. -Una hora…- La rubia puso los ojos en blanco y por décima vez en el día, se levantó a mirar su librero en busca de algo que leer.

-Yo francamente no entiendo cómo es que Ingrid te soporta…- No pudo evitar sonreír al sentir la mirada de su amiga clavada en su espalda, quizá picándola un poco conseguiría por fin que se marchasen de ahí.

-Ingrid sabe que hay ocasiones en que el trabajo está primero…- Kat se giró a mirarla con una sonrisa burlona en el rostro, eso no se lo creía ni ella.

-En tu caso, siempre está primero, cariño…- Nuevamente los ojos en blanco y su mirada regresó a ese maldito informe. -Va a llegar el día en que vas a preferir pasar el tiempo con alguien a trabajar, y yo voy a estar ahí para verlo…- Se topó con esos ojos chocolate, lo estaba logrando. -El problema no es el trabajo, el problema es la persona…- Ahora fue una carcajada la que inundó la oficina.

-Tengo que hacer lo que tengo que hacer…- Kat se acercó sonriendo con un libro que a esa distancia no era capaz de reconocer.

-Un día te vas a enamorar a tal grado que lo que menos te va a importar será la Editorial…- Su amiga la miraba con una media sonrisa y esa actitud desafiante que tan bien conocía. -Y yo voy a estar ahí para verlo…- Dejó caer el libro encima del informe, era uno de cocteles, comenzó a señalarlos mientras Regina ponía los ojos en blanco y no pudo esconder su sonrisa.

-Tú consigues que deje de trabajar…- Era verdad, la relación que tenía con Kat no la tenía con nadie y no hablaba de algo romántico, era única.

-Ya…- Continuó señalando los cocteles mientras Regina sonreía. -La situación es que yo estoy con James…- Su amiga volvió a reír y supo que por fin la había convencido de marcharse.

-¡Insoportable!- Se levantó, tomó su bolso y se encaminó a la salida, Kat tenía razón, había cosas que estaban por encima de su Editorial.

Llevaba diez minutos afuera de la casa de Emma, no tenía idea de qué hacer, quería volver y abrazarla otra vez, hacerle el amor. -Tenías razón, Kat…- Esas últimas semanas su cabeza había estado llena de recuerdos pero jamás había vuelto a dirigirse a ella, no hasta ahora. -Encontré a la persona…- Tomó su celular e hizo lo que hacía ya tiempo no hacía, llamó a su buzón. Encendió su auto mientras su voz inundaba todo, Kat le hacía saber que estaba a punto de tener a Samantha, podía sentir el miedo en su voz, "No tardes. Te necesito", esas palabras le taladraban la cabeza cada vez que lo escuchaba. Empezó a manejar sin dirección fija mientras nuevamente repetía el mensaje. -Yo también te necesito…- Toda su vida era un desastre, desde ese día no encontraba el camino, era verdad lo que le había dicho a Emma, ya no se reconocía frente al espejo, estaba perdida y no tenía idea de cómo regresar. -Estarías furiosa…- Era capaz de imaginarse la reprimenda que su amiga le habría puesto ya. -Estás furiosa…- Estaba segura de que en algún lugar Kat estaba poniendo lo ojos en blanco mientras respiraba profundo antes de decirle todo aquello que pensaba. -Tú me dejaste, dijiste que jamás lo harías y mírame ahora….- Sin pensarlo demasiado había terminado en una tienda de conveniencia comprando una botella de whisky y había una sola persona en el mundo con quien deseaba inmensamente terminársela. Encendió nuevamente su auto y se dirigió al cementerio.

—….—-…..—

Tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas para no salir corriendo detrás de ella, Regina se había marchado una vez más dejándola con ese cúmulo de sentimientos. No sabía si estaba más enojada que triste, su cabeza era una lucha constante, no le debía nada y aún así sentía la imperiosa necesidad de explicarle, ojalá hubiera sido capaz de decirle que se marchaba en unos días. Respiró profundo mientras intentaba controlar su mal genio, no necesitó cerrar los ojos para que los recuerdos de lo que acababa de suceder llegaran a su mente, la forma en que solía perderse en su piel, sentir sus labios recorriendo su cuerpo, mirar esos ojos chocolate rebasados por la pasión, ahí estaba el maldito problema, dejaba de pensar al tenerla así de cerca. Se levantó y comenzó a dar vueltas por toda la casa, odiaba que fuera Regina quien decidiera cuándo y cómo terminaban sus conversaciones y es que ¿qué hacía ahora con esas ganas de terminar de cerrar un ciclo?. Sacó una cerveza del refrigerador y sin pensarlo tomó su celular y la llamó. Buzón. Ni siquiera le había dado tono. Ahora su coraje se veía invadido por preocupación, ¿por qué lo había apagado?, una llamada más y nuevamente su buzón. Respiro profundo mientras nuevamente intentaba comunicarse, no había por qué preocuparse, seguramente se había quedado sin batería. Un sorbo más. Esta noche tenía que terminar con eso, no quería continuar así. Fue a cambiarse, iba a buscarla, a asegurarse que estaba bien y a terminar con ella definitivamente, tomó las cervezas que quedaban, las llaves de su escarabajo y se encaminó por última vez a la que pudo haber sido su casa.

En cuanto llegó a su mansión se dio cuenta que Regina no se había parado ahí, las luces estaban completamente apagadas y no había rastro de su auto, por mero trámite había bajado de su escarabajo y llamado en varias ocasiones a su puerta, nada. Hacía horas que había dejado su casa, ¿dónde estaba?, una sensación de desasosiego la invadió, la morena era muy inteligente, no creía que algo le hubiera pasado pero eso no impedía que esa preocupación de siempre se hiciera presente, tenía que estar en algún lugar. De no ser por la hora que era estaría ya camino al hípico, ese era el lugar al que Regina corría cada vez que algo la perturbaba, en segundo lugar estaba visitar a Samantha pero dudaba mucho que se atreviera a molestar a estas horas de la noche. No se le ocurría dónde más podía estar, en otro tiempo estaba segura que habría ido a buscar a Kat, pero ya no había Kat, o bueno, sí había un lugar en el que podía visitarla. De pronto le quedó claro que no solo ella estaba intentando cerrar ciclos, que un día como ese, el único sitio al que Regina acudiría era el cementerio para hablar con su mejor amiga.

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No le había costado encontrar estacionamiento, la zona en la que Kat había sido enterrada formaba parte de una sección bastante exclusiva del cementerio, no era de difícil acceso pero no se veían muchas personas por ahí, lo sabía porque era la misma donde estaba enterrado su padre. En cuanto bajó del auto con botella en mano esa herida que seguía tan abierta como hacía unas semanas comenzó a escocerle. A paso lento, porque era la única forma en que lo conseguiría, comenzó a acercarse a ella, a pesar de que no había ido a visitarla tenía grabado en la memoria el lugar exacto donde estaba enterrada. Cuando fue capaz de identificar cuál era su tumba se detuvo, comenzó a destapar la botella y dio un gran sorbo apenas conseguirlo, iba a resultar mucho más difícil de lo había pensado. Cerró lo ojos porque las lágrimas ya estaban haciéndose presentes, las tenía abrasándole la garganta, anegándole los ojos, respiró profundo y fue Samantha quien llegó a su cabeza para darle la fuerza que necesitaba para continuar. Estaba ya tan cerca que era capaz de leer su nombre sobre la lápida, desolación.

-Kat…- Seguía sin entender, todo había cambiado en un minuto y ella no conseguía entender. Dio un trago a la botella, intentaba encontrar las palabras. -Kathryn…- Ya no había respuesta, tenía que acostumbrarse a que ya no iba a recibir respuesta, esa era una de las razones por las que se negaba a visitarla, la otra era ese coraje permanente, estaba enojada, enojada con Kat, con James, con la vida por quitarle siempre aquello que tanto quería. -Lo prometiste…- Dio un sorbo más y se terminó sentando al pie de su tumba, estaba segura que las piernas no iban a sostenerla por más tiempo. -¿Qué demonios voy a hacer ahora, Kat?- Sonaba a reproche, lo era. -Me mentiste… Tú sabías…- Una lágrima escapó mientras bebía nuevamente. -Sabías que Cora estaba enferma…- Cerró los ojos intentando recordar si en algún momento su amiga había hecho la más mínima referencia a su madre, lo hizo. -Debiste decírmelo, debiste decirme lo que Zelena te había contado, Kat. ¿Qué pretendías con eso?- Tenía tantos reproches que sentían que ya no le cabían en el pecho. -Eramos amigas…- Miraba la lápida, la imaginaba ahí, escuchando sus quejas pero sin poder responderle. -Me dejaste…- Se aclaró la garganta. -Tengo tanto miedo de quedarme con Samantha, Kat, sé que te prometí que cuidaría de ella pero yo jamás pensé que algo así ocurriría, no sé si estoy lista.- Estaba segura que desde algún lugar su amiga la estaría mirando con esos ojos azules cargados de reproche. -Voy a terminar jodiéndole la vida, cariño, ella se merece algo mejor…- Respiró profundo, no quería llorar, aún tenía mucho por decir. -Me dejó, Kat, se cansó de mis tonterías y por fin me dejó…- Esa sensación de que alguien le había arrancado el corazón apareció. -Hizo lo correcto, la he lastimado tanto, además es mejor estar sola, yo no podría soportar que algo le pasara… como a ti…- Esa fue la primera vez que le pareció escucharla dentro de su cabeza. -No es una tontería, Kat, yo… la vida ha sido tan injusta… Mira nada más lo que pasó contigo…- Dio un sorbo más. -No podría soportar que algo le pasara, ella y Sam son lo más importante que me queda, no puedo con esa responsabilidad, yo… yo… yo creo que es mejor mantenerme al margen.- Cobarde, conociendo a su amiga, esa había sido su respuesta, lo era. -¿Crees que no lo tengo claro? sé que voy a perderla, Samantha estará siempre en mi vida, pero Emma… ella ya no quiere tener nada conmigo…- Esta vez no pudo contener las lágrimas. -Piensa que no confío en ella, Kat, cree que es por eso que todo terminó… No entiende que ella es pura luz en mi vida… que si no es con ella no será con nadie…- Hablaba muy despacio, le dolía tanto pensar en Emma. La voz de Kat retumbó en su cabeza. -No sé como solucionarlo, además no puedo, cariño, no puedo pedirle que tome una responsabilidad que no le corresponde, ella está tan cansada de todo, me quiere lejos, yo… yo… yo no puedo pedirle que se quede conmigo y con Samantha…- Sabía perfectamente que sin importar cuan asustada estuviera jamás podría dejar a su ahijada sola, sabía que estaría siempre a su lado. Dio un sorbo más. todo lo ocurrido con la rubia le rondaba por la cabeza. Debió disculparse, debió pedirle perdón por todo. -Es muy bonita, Kat, se parece tanto a ti…- Fue incapaz de contener las lágrimas, imaginar que Samantha no tendría la oportunidad de conocer a su madre le rompía el corazón, la vida era tan injusta. -No tienes idea de como me gustaría abrazarte en este momento… te extraño todo el tiempo…- Comenzó a llorar, a llorar de verdad. No tuvo claro cuánto tiempo pasó, estaba tan inmersa en todos esos sentimientos que la embargaban que no la escuchó acercarse hasta que dijo su nombre.

-Regina…- Sentada sobre el pastó, y más rota que cuando abandonó su departamento fue la imagen con la que se topó apenas acercarse a la tumba de Kat. La morena se secó las lágrimas intentando esconder esa vulnerabilidad que tan pocas veces afloraba. -¿Estás bien?- Tomó la botella y dio un sorbo mientras nuevamente se giraba a la lápida de su amiga.

-¿Qué estás haciendo aquí?- No había querido que sus palabras sonaran de la forma en que lo habían hecho. Parecía que estaba molesta, pero tan solo estaba sorprendida.

-Yo…- No había podido evitar que el color en sus mejillas se hiciera presente, quizá la decisión de acercarse no había sido la correcta. Odiaba esa forma que tenía de hacerla dudar de cada decisión que tomaba.

-Perdón…- La rubia levantó la mirada y se topo con con la suya, tregua. -¿Cómo me encontraste?- Emma levantó los hombros como si lo más lógico del mundo hubiera sido ir a buscarla al cementerio.

-Tengo una pregunta… La última… Te prometo que no volveré a buscarte…- Regina se secó las lágrimas y se levantó del suelo, estaba segura de que había estado hablando con Kat.

-Emma, yo…- Estaba enojada, podía verlo en ese verde que tanto le gustaba. Tenía razón para estarlo, pero aún así no quería contestar, estaba segura de que le iba a doler, estaba segura de que tenía que ver con esa despedida, pero también tenía claro que se lo debía.

-Por favor…- Regina asintió mientras daba otro trago a su botella. -¿Alguna vez fuiste feliz?, es decir, alguna vez, cuando estuvimos juntas, yo pude hacerte feliz, ¿cierto?- No podía quitarse de la cabeza esa pregunta, necesitaba que Regina le dijera que de no haber sido por todo lo demás ellas habrían podido ser infinitamente felices. Necesitaba escuchar que había sido reciproco, que ella también la amaba con locura.

-Fui feliz… Fuimos felices.- Emma asintió mientras se acercaba a ella, pensó que iba a besarla nuevamente pero tan solo le arrebató la botella para dale un trago. -No supe cómo superarlo, no tengo idea de cómo hacerlo…- Estaba tan cerca, mirándola a lo ojos, esperando que continuara, que le explicara. -Nunca había sido tan feliz como cuando estuve contigo…- Su mano actuó por si sola y se posó sobre la mejilla de la rubia quien por instinto cerró los ojos. -Yo…- Quería explicarle, quería darse a entender, no quería que se quedara con una impresión que no era. Estaba rota y lo único que conseguía era lastimar a todos los que se atrevían a acercársele, no le importaba hacerlo, pero Emma era diferente, siempre le había importando su opinión. -Emma…- Quería que la mirara, le encantaba verse en esos ojos, le gustaba pensar que no era demasiado tarde, que quizá ahora que había conseguido visitar a su amiga todo mejoraría, quizá había tocado fondo y ahora solo quedaba ir hacía arriba.

-Me marcho…- De inmediato sintió la ausencia de su mano sobre la mejilla. Regina la miraba desconcertada, estaba claro que no se esperaba algo así. Se aclaró la garganta y se alejó unos pasos.

-¿Te marchas?- Emma nuevamente miraba al suelo. -¿De aquí?- La rubia asintió aún sin mirarla. -¿A dónde?-

-He pedido un cambio, me marcho a otra ciudad…- Regina le arrebató la botella y dio un gran sorbo mientras la miraba detenidamente.

-¿Cuándo?- La iba a perder, si Emma se mudaba iba a perderla para siempre. No podía. No quería.

-No lo sé, aún no me han dado una fecha, pero podría ser de un día para otro.-Una sensación de paz la invadió de repente, lo había dicho, ya no le quedaba nada, había sido honesta, con ella y con Regina.

-No…- Lo había dicho muy despacio, más para ella que para alguien más. Desde que tenía uso de razón había intentado mantener el control en cada aspecto de su vida intentando siempre que nunca nada pudiera controlarla, con Emma nunca lo consiguió, la rubia lograba lo que nadie, hacerla cambiar de opinión. -¿Cuándo lo decidiste?- Se había quedado sin aire, como si alguien le hubiera acertado un golpe justo en el estómago. Estaba segura de que una decisión así llevaba ya varios días, quizá desde esa ocasión en que le había dicho aquellas horribles palabras. Eso también era su culpa.

-Hace unos días…- La mirada de Regina le quemaba por dentro, estaba triste y también decepcionada.

-¿Te ibas a ir sin despedirte o esa dedicatoria era tu despedida?- Comenzaba a entender todo lo que había ocurrido ese día, se estaba despidiendo de verdad. -Emma…-

-Es lo mejor…- La mirada de Regina estaba perdida, parecía tener an la cabeza tantas cosas. -No quería marcharme sin decírtelo de frente, mucho menos después de lo que pasó…- El recuerdo de Regina la hizo suspirar, iba a extrañarla de verdad.

-Emma…- No sabía qué decir, cómo iba a detenerla cuando tenía todos los motivos para marcharse.

-Tú no confías en mí…- Regina comenzó a negar mientras daba otro sobro a la botella. -Es la verdad, a pesar de todo nunca lo he conseguido, estoy segura que me amas, también estoy segura que eso no es suficiente, pero no hablo solo de mí, no es suficiente para ti.- Se aclaró la garganta porque realmente le dolía esa verdad más que ninguna. -Yo te amo con toda el alma, Regina, pero no tengo nada más que ofrecerte, no puedo hacer nada más de lo que ya he hecho.- Se dio media vuelta para marcharse pero la mano de la morena sobre su muñeca se lo impidió.

-Eres el amor de mi vida…- Una sonrisa triste se dibujó en su rostro. -Escúchame, por favor escúchame…- La rubia comenzó a negar. -Tú me conoces… Sabes que estoy diciendo la verdad…- Emma tiró de su brazo para impedir que la siguiera tocando.

-No… la verdad es que no te conozco… Y ¿Sabes algo?- Escucharla decir eso la hizo molestar de verdad, no era cierto, no la conocía, al menos no porque ella así lo hubiera querido. -No sé nada de ti…- Se aclaró la garganta porque quería que Regina escuchara muy bien lo que le iba a decir. -Nunca has querido que lo haga, desde el primer momento has hecho todo lo posible por mantenerme al margen de tu vida, todo lo que sé de ti lo he descubierto de manera fortuita, ya sea porque Kat me lo contó, o yo simplemente terminé enterándome de una parte e imaginándome la otra. -No pudo evitar que el recuerdo de ese tipo le llegara a la mente. -Me tienes encerrada en un cuarto donde a veces sueles entrar a regalarme unos minutos de tu tiempo…- Regina le sostenía la mirada pero le parecía que estaba hablando con la pared, esa imagen de vulnerabilidad se había borrado ya. -Pero donde últimamente ya ni siquiera te paras, y cuando lo haces, solo te sirvo de saco de box…- Cerró los ojos intentando contener las lágrimas. -Nunca has querido tener una novia, nunca has querido compartir tu vida con nadie, ni tus penas y mucho menos tus secretos…- Sabía que había dado en el clavo cuando consiguió que Regina desviara la mirada. -Y la verdad es que ya entendí que no puedo estar con alguien que no me permite tocarla, que no me deja acercarme cuando pide a gritos ayuda, no puedo ver cómo terminas destruyéndote en mi cara… No, Regina, yo no te conozco… Se acercó y no pudo evitar rozar su mejilla. -Ojalá un día encuentres a alguien que te haga querer compartirlo todo… porque yo, a pesar de todo, deseo con todas mis fuerzas que un día puedas ser feliz.-

Hay momentos en la vida en que uno es perfectamente consciente del impacto que tendrá una decisión en ella, en los que uno es capaz de vislumbrar que después de tomarla habrá un antes y un después, que será un punto de partida. Pero la verdad es que nunca antes le había parecido tan evidente como en ese momento, Emma la miraba a las ojos esperando encontrar en ellos algo diferente a las otras ocasiones, un resquicio de esperanza. La rubia había sido desde el principio un parteaguas en su vida, se había encargado de sacarla de su zona de confort y la había obligado a enfrentarse a esos recuerdos que se había encargado de enterrar hacía ya muchos años. Gracias a Emma había conseguido cerrar el ciclo más doloroso de todos y no había manera de pagárselo. No estaba de acuerdo cuando decía que no la conocía y es que si alguien, además de Kat, podía jactarse de hacerlo era ella. Pero siendo muy honesta, era consciente de que esa manía de mantener a las personas al margen había terminado por afectar también a la rubia. Entendía su molestia porque era la misma que Kat le había reprochado por tanto tiempo, era la misma que casi le había costado su amistad. Hay decisiones que desde que se conciben uno tiene claro que te van a cambiar la vida, que existe ahí un punto de quiebre. La muerte de Kat era uno de los dolores más intensos que jamás había vivido, ni siquiera era capaz de describirlo porque era la primera vez que lo sentía, ya le había dicho su amiga una vez que cada quien sana su herida lo mejor que puede, pero también se había encargado de recordarle que no tenía porque hacerlo sola. Emma le había ofrecido siempre su hombro para sostenerla en los peores momentos, no estaba acostumbrada, no sabía cómo aceptarlo. Vas a tener que averiguarlo. Su voz le inundó el pensamiento, podía sentirla ahí, a su lado, susurrándole aquello que tanto le costaba ver. No estaba lista para perderla, no quería hacerlo jamás.

-Cuídate.- Se dio media vuelta y se encaminó a su escarabajo. Ya estaba todo dicho, ya no quedaba nada.

-Emma…- La rubia ni siquiera se giró, caminaba a paso rápido hacia el estacionamiento. Había llegado el momento de tomar esa decisión que le iba a cambiar la vida. Respiró profundo. Seguía teniendo miedo, no tenía idea de cómo iba a sobrevivir a una vida sin Kat, pero de algo estaba segura, no quería volver a estar sola en la obscuridad. -Estuve embarazada una vez…- Emma se detuvo en seco. -Estuve embarazada y lo perdí.-

Fin.