Hola,

Por fin el epílogo de esta historia. Agradecerles enormemente por todo, no tengo palabras. Espero lo disfruten tanto como yo.

Pauswan: Gracias por el tiempo que le dedicaste a la historia, me hubiera gustado saber lo que opinabas en más ocasiones. Espero lo disfrutes. Saludos.

alfondodelpozo: Me da gusto que la hayas disfrutado,muvhas gracias por el tiempo. Saludos.

Kiandre: Ya está el epílogo, lamento mucho la tardanza pero, la vida. Es un final feliz, está lleno de esperanza, hay que tocar fondo para empezar a construir. Muchas gracias por el tiempo que le dedicaste a leerla, no tengo palabras. Espero sea de tu agrado lo que resta. Abrazo muy grande. Saludos.

Guest: Lamento la tardanza, espero disfrutes mucho del epílogo, muchas gracias por el tiempo y el comentario. Saludos.

Gloes: Muchas gracias a ti por leer, por el tiempo que le dedicas a la historia y por supuesto por tus comentarios, son de gran ayuda cuando uno no tiene tanto ánimo para escribir. Espero disfrutes mucho del epílogo, lamento la tardanza pero espero valga la pena. Abrazo muy grande. Saludos.

Jblack: Uff creo que si me tomó mucho actualizar, pero ya por fin está terminada, lamento mucho la tardanza, espero disfrutes mucho el epílogo y haya valido la espera. Abrazo fuerte, agradecerte por todo el tiempo, no tengo palabras. Saludos.

15marday: Muchas gracias por todo el tiempo, no tengo palabras para agradecer cada comentario, significa mucho saber que alguien disfruta lo que escribes. Espero el epílogo sea de tu agrado. Gracias por tanto, saludos.

Ruth Maria: Unos más complejos que otros, de eso no tengo duda. Cuando las malas noticias te abruman es difícil encontrar la claridad. Toma tiempo, sanar siempre toma tiempo. Emma sufre mucho, pero estoy segura de que valdrá la pena. Ha llegado el momento de que encuentren la felicidad, con sus malos ratos, pero de eso va ser feliz, con instantes, por eso se atesoran tanto. Muchas gracias por el tiempo, por los comentarios, por todo. Espero disfrutes. Saludos.

Kaotikaskull: ¿Bueno? Espero hayas disfrutado mucho, gracias por el tiempo, gracias por todo. Te dejo el epílogo. Saludos.

Alex: Creo también que la historia tiene altos y bajos, los finales son muy subjetivos, me parece a mí lleno de esperanza. Espero que hayas disfrutado la lectura y haya valido la pena. Muchas gracias por el tiempo, por el comentario, lo valoro mucho. Dejo el epílogo por aquí. Saludos.

Cat2560: Gracias a ti por todo el tiempo invertido en la historia, espero de verdad que haya valido cada momento. Dejo por aquí el epílogo. Gracias por tus comentarios, son de gran ayuda, no tengo palabras. Saludos.

Epílogo

-Samantha, mi amor, no corras que te puedes caer…- Un torbellino de cabellera dorada y tan solo tres años se detuvo únicamente para regalarle una sonrisa y continuar su camino. No podía culparla, la pequeña conocía tan bien como ella el camino hasta la tumba de sus padres, aunque en su caso, su caminar era mucho más pausado, a pesar de los años le seguía costando un mundo llegar.

-Hola, cariño…- Se acercó a la lápida, puso un beso en sus dedos para después posarlos sobre el nombre de su amiga, cerró los ojos y respiró profundo. Seguía doliendo, dolería siempre, pero ya no le costaba tanto respirar, ahora era capaz de visitarla sin romperse, al menos la mayoría de las veces. Y es que tenía una costumbre que compartía con su pequeña, visitarlos cada semana, desde que decidió quedarse con Samantha tuvo claro que ella se encargaría de que supiera siempre quiénes eran sus padres, pero sobre todo, de que jamás los olvidara.

-¿Yo ayudar, mami?, ¿si?-

-Yo puedo ayudar, amor, se dice yo puedo ayudar…- No pudo evitar sonreír, hacía apenas unas semanas que era capaz de ligar varias palabras para formar una oración. Samantha asintió y corrió a abrazarse de su pierna. -Ven, ya sabes que primero debes saludar a tus papás…- La pequeña se acercó a tocar también la lápida.

-Hola, mami. Hola papi.-

-Así está mejor…- Samantha levantó la mirada y tuvo esa sensación que muy pocas veces tenía, esa de estar mirando a su mejor amiga, y es que con el paso de los años la pequeña había ido formando su propio carácter, sus propios gestos, eran los mismos ojos pero ya era capaz de identificar las diferencias; aunque a veces ocurría lo que acababa de pasar, que a pesar de tener claro todo lo que había ocurrido, podría jurar que era Kat quien la estaba mirando. -Parece que tu abuelo ya está aquí ya para tu fiesta…-

-Abuelo…-

-Mira las flores tan bonitas que le trajo a tu mamá…- La pequeña volteaba en todas direcciones buscando a su abuelo. -Creo que ya debe estar listo para tu fiesta de cumpleaños…- Tomó un jarrón y comenzó a quitar las flores que había traído la semana pasada para poner las nuevas.

-Yo querer fiesta, mami…-

-Se dice yo quiero mi fiesta, corazón…- La niña sonrió mientras corría a su lado para comenzar a limpiar las flores, era algo que solían hacer juntas, le gustaba involucrar a Samantha en ese tipo de cosas. No les tomó ni diez minutos terminar de arreglarlo todo.

-Mami, yo jugar…-

-¿Cómo se dice, Samantha?- La niña la miraba con cara de circunstancia, esa que ponía cada que quería conseguir algo. Tan parecidas.

-Por favor, mami…-

-Ve… Pero no te alejes mucho…- La pequeña corrió de inmediato a perderse entre las tumbas. -¿Me escuchaste, Samantha?- Pero la pequeña ya se había agachado para poder mirar mejor lo que parecía un puñado de flores secas.

-Es tu viva imagen, Kat…- Se había sentado a los pies de su tumba. -Tan bonita, tan inteligente, pero también taaan testaruda…- Sonrió imaginando a su amiga poner los ojos en blanco. -Está muy emocionada por su cumpleaños, creo que éste es el primero en el que realmente es consciente de lo que va a pasar, ha sido una odisea organizarlo todo. Es de unicornios… organizamos una fiesta de unicornios, Kat…- No pudo evitar sonreír al recordar todo lo que habían tenido que hacer para lograrlo. Samantha vino a darle un giro a su vida, había sido prioridad desde el momento en que llegó a su casa, le había costado, por supuesto que le había costado acostumbrarse a tenerla cerca todo el tiempo, pero encontró su equilibrio, lo encontró de la mano de Emma, la rubia se había encargado de cuidar de las dos en infinitas ocasiones, sobre todo en esas en que más le costaba respirar. -Hoy son tres años, Kat, tres años ya…-Respiró profundo mientras se acariciaba el puente de la nariz. -Y la verdad es que yo te sigo extrañando como el primer día…- Su voz se quebró y buscó de inmediato a Samantha, estaba apenas a unas tumbas siguiendo con el dedo el nombre de su dueño. No le gustaba que la pequeña la viera llorar, no le gustaba que nadie la viera llorar, así que cerró lo ojos y recuperó la calma. -Su cumpleaños y el aniversario de tu muerte...- Era siempre un día muy complicado, dolía, pero el tiempo le había demostrado que Samantha era bálsamo, que Emma y ella eran luz para su obscuridad. Pero con todo eso, este año era diferente. -Yo sé que lo sabes…- Desde el momento en el que empezó a sospechar no pudo evitar pensar en ella. -Si estuvieras aquí ya te habrías dado cuenta…- Y es que había sido Kat la que siempre había pujado porque un día lo intentara. -Estoy embarazada…- Llevaban ya unos meses intentando, pero eso ya lo sabía su mejor amiga, se había encargado de compartirle todo el proceso, le dijo que Emma se había empeñado en que fuera ella la encargada de gestarlo, le contó cada uno de los intentos y por supuesto sus resultados. -Nadie lo sabe aún, tengo apenas siete semanas, aún no es nada seguro…- Estaban perdiendo la fe, Emma había dejado de preguntarle si tenía alguna noticia, probablemente porque no quería hacerle pasar un mal rato pero estaba segura que lo pensaba muy a menudo. -Tengo miedo…- Nuevamente la voz se le quebró, desde que se enteró no había podido dejar de pensar en el día en que Kat le había dicho que estaba embarazada, en sus ojos llenos de miedo, en esa necesidad de escuchar que todo estaría bien. -Necesito que me digas que todo saldrá bien…- Las lágrimas llegaron así, como siempre lo hacían, sin buscarlas, de un momento a otro.

-Mami, no llorar…-

-No, mi amor, mami no llora…- No la había escuchado acercarse, de inmediato se secó las lágrimas y tomó a Samantha entre sus brazos. -¿Ya no quieres jugar, corazón?- La pequeña negó mientras la abrazaba. -Bueno, despídete de tus papis para poder ir a casa, mi amor…-

-Adios, mami. Adios, papi.-

-Adios, cariño…- Se levantó con la pequeña en sus brazos que ahora se negaba a soltarla. Se detuvo a mirar nuevamente su nombre escrito en la lápida. -Te amo…- Respiró profundo y se encaminó hacia la salida. Qué difícil le resultaba dejarla, sobre todo cuando tenía por delante un día tan complejo.

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-¿Y la idea de los unicornios fue tuya o de Regina?- Emma, que estaba terminando de arreglar la mesa, la miró con cara de pocos amigos.

-De Sam, Elsa, la idea de los unicornios fue de Sam…- Su amiga sonrió y levantó las manos en señal de paz. -Podrías ayudar un poco, ¿no?- Estaba nerviosa, había hecho las cosas sin pensarlo como siempre.

-Técnicamente soy invitada, así que no tendría porque ayudarte…- Emma puso los ojos en blanco y siguió poniendo los cubiertos. -¿Qué pasa, rubia?- Su amiga se giró y pudo ver el nerviosismo en su rostro. -Dios… No le dijiste...-

-También es mi hija…- Elsa comenzó a reírse de ella. -Y puedo invitar a quien yo quiera a la fiesta de mi hija, legalmente mi hija debo añadir, quizá deba recordarle eso cuando llegue…- Estaba segura que Regina se iba a molestar, le había advertido que quería hacer algo pequeño, solo ellas, Ingrid, Elsa, su abuelo y más nadie. Era siempre un día complejo el cumpleaños de Sam.

-Te va a matar…- Emma le dedicó una mirada de reproche y entonces recordó la verdadera razón de su nerviosismo. -¿Ha llegado ya al final del libro?- La rubia levantó nuevamente la vista y haciendo una mueca negó con la cabeza. -Debe estar ya por los últimos capítulos, ¿no?- Su amiga asintió.

-Emma...- La rubia ya no la miraba, seguía poniendo los cubiertos de manera obsesiva. Estaba nerviosa, nerviosa de verdad. -Va a decir que sí, lo sabes ¿no?-

-No, en realidad no lo sabemos...- Llevaba ya meses pensándolo, Regina era la persona con la que quería pasar el resto de su vida, de eso no tenía duda alguna, quería casarse. Habían conseguido por fin el equilibrio que tanto necesitaban, eran felices, estaba segura que lo eran.

-Emma...- Su amiga se volvía irracional cuando Regina estaba involucrada. -Te adora, ella te adora, estoy segura que te va a decir que sí.

-¿Qué pasa si no llega al final del libro y no lee la pregunta?- Elsa puso los ojos en blanco.

-Emma...- Tomó los cubiertos para ayudarle a su amiga, comenzaba a sentir un poco de pena por ella.

-¿Qué pasa si termina matándome por no decirle que invité a su madre y la que no llega a verla terminar el libro soy yo?- Era una tontería pero eran también momentos desesperados.

-Emma...- Justo cuando lo dijo se escuchó la puerta seguido de la pequeña Samantha y los tacones de su madre.

-Mami…-

-Ven aquí, bonita…- La pequeña ya venía con los brazos tendidos buscando los suyos. Era su adoración, desde el momento en que Regina le contó todo y la invitó a formar parte de la vida de Samantha supo que jamás podría separarse de ellas.

-Hola, Regina…- Se acercó a la morena y la saludó con un beso en cada mejilla, su relación había mejorado con el paso de los años, aunque al principio le costó creer en las palabras de la morena y se negó en muchas ocasiones a convivir con ella, terminó cediendo al ver lo feliz que era Emma a su lado.

-Elsa, qué bueno que nos pudiste acompañar…- Una media sonrisa y esa máscara que cada vez le era más ajena, pero que necesitaba siempre en esta fecha.

-Cómo no iba a estar en la fiesta de unicornios…- Tomó a la pequeña entre sus brazos, era una niña en verdad encantadora.

-Cornios…-

-Cornios, tienes razón Sam...- La pequeña se escondió en su cuello. -Deja que te enseñe el enorme regalo que tengo para ti.

-Unicornios, Samantha, se dice unicornios…- Elsa iba ya camino a la sala por lo que no pudo escuchar la respuesta. Se acercó a besar a Emma. -Hola, cariño...- La rubia le sonreía de esa forma que le hacía olvidarse un poquito de todo. Tenía que decírselo, tenía que hacerlo antes de que fuera su cuerpo quien terminara por delatarla.

-¿Cómo te fue?- Estaba triste, a pesar de esa media sonrisa que tenía dibujada en el rostro, estaba triste.

-Bien...- Emma la miraba intentando ver más allá de sus palabras. -En serio, estoy bien... Tom ya había ido a llevarle flores, no debe tardar mucho en llegar...- La rubia la abrazo sin pensarlo, era magia, Emma era magia.

-Sé que es un día difícil pero todo estará bien, yo estoy contigo y Sam también lo está.- Regina comenzó a asentir mientras acariciaba su espalda, le encantaba eso en lo que se habían convertido.

-Cariño, tengo algo importante que decirte...- Sobraban lugares, la mesa estaba dispuesta para nueve personas, ellos eran cinco. -Emma, ¿Quién está invitado a la fiesta?-

-No fue mi culpa...- Regina ya se había separado, se había cruzado de brazos y la miraba disgustada. -Cora ha estado muy pendiente del cumpleaños de Samantha, además ya sabía lo de la fiesta, y... y yo no le dije nada, ella ha estado llamando y... cariño, es tu madre... ¿cómo se supone que le tengo que decir que no a tu madre?-

-Debiste decirle que hablará conmigo, Emma.- Cerró los ojos y comenzó a acariciarse el puente de la nariz. No era que no hablara con su madre, las cosas ya no eran tan difíciles como en el pasado, pero ese día en específico no era buena compañía.

-Es tu familia...- Regina puso los ojos en blanco. Era raro verla así, ya no solía costarle tanto convivir con ellas.

-Tú eres mi familia, tú y Samantha y...- No era el momento, no así. La rubia la miraba esperando que continuara.

-Kat sigue siendo tu familia...- Estaba segura que era a ella a quien se refería. -Pero ellas también lo son, se han esforzado mucho, han estado siempre pendientes de Sam... de ti...-

-Lo sé, pero hoy... no es justo...- No le gustaba que Emma no estuviera de su parte, no le gustaba la actitud que tomaba Emma respecto a ese tema. -Es un día complicado y... no esperaba tener que verlas...-

-Pero yo estoy aquí... contigo...- Sus ojos se llenaron de lágrimas. -Tú déjamelas a mí, ellas me adoran...- Regina puso nuevamente los ojos en blanco y una leve sonrisa apareció en sus labios. -Ten por seguro que al terminar el día te voy a recompensar el sacrificio...- Ahí estaba, esa, su sonrisa en su máximo esplendor.

-Esto tampoco es justo...- Esa mirada coqueta tan suya tenía siempre el mismo efecto. -Quizá sea yo quien termine sorprendiéndote esta noche...- Emma frunció el ceño y su sonrisa se borró.

-¿Sorprenderme?- Algo le pasaba, algo raro, sonreía mucho más ahora. -¿Qué pasa?-

-Vas a tener que esperar a que estemos solas en la cama...- Le guiñó el ojo y se giró para encaminarse a la cocina.

-No es justo...- Regina estaba ya por entrar al recibidor cuando la escuchó.

-Tampoco es justo que tenga que lidiar con mi madre en un día como hoy pero voy a terminar haciéndolo...-

-Dios Santo...- Sabía perfectamente que Regina estaba sonriendo. -No puedo creer lo vengativa que eres...- Ahora fue capaz de escuchar su risa. La amaba con toda el alma. -Ademas, ¿tienes idea de lo persuasiva que puede ser tu madre?- La morena se giró y al verse en sus ojos la garganta se le secó.

-Yo puedo ser mucho más persuasiva, cariño.- Emma la miraba y no pudo evitar sonreír. -Mucho más...-

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La fiesta estaba resultando mucho mejor de lo esperado, su madre y Zelena estaban encantadas con Samantha, entre ellas y Tom se estaban encargando de la pequeña. Emma estaba haciendo de anfitriona y la verdad es que lo estaba haciendo muy bien, estaba segura que lo hacía para ayudarla a sobrellevar ese día, eran equipo. Respiró profundo y el mismo sueño apareció en su cabeza.

Sabía que no era verdad, desde el primer momento tuvo la certeza de que estaba soñando. Su amiga, quien la esperaba en su oficina sentada sobre el sofá leyendo lo que estaba segura era un libro de economía levantó la vista y le dedicó una sonrisa preciosa . Dejavú, eso ya lo había vivido.

-¿No hay manera de que hayas entendido una sola palabra de lo que dice este libro?-

-Eres preciosa...- Lo era. Soñaba poco con ella, no solía visitarla en sueños, pero cuando lo hacía, siempre era consciente de que no era verdad. Jamás había conseguido engañarse, tenía siempre esa sensación de agua que corre entre las manos, de que el tiempo con su amiga se le iba entre los dedos.

-¿Estás coqueteando conmigo?-

-Tengo algo que contarte...- No quería perder el tiempo, tenían poco. La rubia la miraba sonriendo, ya lo sabía.

-Estoy tan feliz por ti, cariño.-

-Te extraño...- Su amiga sonreía, eso también era una constante cada vez que soñaba con ella, Kat siempre sonreía. -¿Lo estoy haciendo bien?- Se refería a Sam por supuesto, quería corresponder, quería cumplir lo prometido.

-Lo estás haciendo increíble...- Miró el vientre de la morena. -Lo harás increíble...-

-Te extraño- La voz se le cortó, cómo es que atinaba siempre a decir justo lo que necesitaba. Era su cabeza, eran sus recuerdos. Su amiga puso los ojos en blanco y se acercó a ella. Podía sentir el sueño escurriéndosele entre los dedos.

-No deberías, estoy aquí...- Señaló su pecho. -Y aquí...- Señaló su cabeza.

-Quédate...- Kat sonrió y le guiñó un ojo. -Tengo miedo...- Ahora entendía más que nunca cómo se sentía su amiga aquel día, necesitaba escucharle decir que todo estaría bien.

-Pasará...-

-Kat...- Se había acabado, no sabía cómo pero lo sabía. -No te vayas...-

-Justo aqui...- Volvió a tocarle nuevamente el pecho. -Lo harás increíble...-

-¿Interrumpo?- Hacía tan solo unos minutos que la había visto entrar en la cocina, llevaba toda la tarde intentando hablar con ella, sabía perfectamente que estaba siendo un día difícil y quería estar tan cerca como se lo permitiera. Sin contar que le había parecido ver algo pero no estaba segura de estar en lo cierto, necesitaba cerciorarse.

-Madre...- Sacudió la cabeza intentando regresar a la realidad. Estaba preparando un plato más de entremeses y de pronto el sueño de la noche anterior le había asaltado el pensamiento; era su cabeza, su cabeza que tenía tantas ganas de contarle a Kat lo sucedido que le hacía ese tipo de jugarretas. -Qué bueno que has podido acompañarnos, madre.- Cora la miraba entre sorprendida y feliz. -¿Qué?-

-¿Emma lo sabe?- Era evidente. Bastaba mirar con un poco de atención a su hija para darse cuenta. Regina desvió la mirada tan solo un instante, estaba en lo cierto. -Oh, cariño...- Se acercó a ella y le acarició la mejilla. -No sabía que estaban intentando, ¿Cuánto tienes?-

-¿Cómo?- No entendía, no entendía cómo su madre se había dado cuenta apenas mirarla. -Madre... Nadie lo sabe, yo... nadie lo sabe... que llevamos meses y...-

-Basta mirarte los ojos...- Tenía miedo, también bastaba mirarla para saber que se estaba muriendo de miedo. -Brillas...- Regina nuevamente desvió la mirada, sus ojos se habían inundado de lágrimas.

-Emma no lo sabe, madre, no lo comentes con nadie, ni siquiera es algo seguro, es poco tiempo y...- No pudo evitar recordar todo lo que había ocurrido con Daniel. Aún le quedaban grandes pruebas a ese bebé para poder llegar a este mundo. Por supuesto que estaba en tratamiento y en contacto permanente con su doctora, aún así, no quería ilusionarse.

-Todo saldrá bien, cariño, esta vez no estás sola...- Regina levantó la mirada y una lágrima atravesó su rostro. Se había equivocado una vez pero no volvería a hacerlo, iba a estar lo más cerca que su hija se lo permitiera. Le acarició nuevamente la mejilla y no dudó ni un segundo en abrazarla.

-¿Está todo bien?- Era la escena que menos esperaba presenciar, Regina abrazaba a su madre como si su vida dependiera de ello.

-Está todo bien, Emma, descuida...- La rubia buscaba la mirada de su hija intentando corroborar sus palabras. -Le contaba a Regina que ha salido todo bien en los exámenes de rutina que he tenido que hacerme...- Sintió el abrazo de su hija aún más fuerte, le gustaba esta Regina, no era la que había sido, estaba creando algo nuevo.

-Cora, qué buena noticia...- Qué tranquilidad le daba esa noticia, no solo por ella sino por Regina, aunque no le gustara aceptarlo la relación con su madre había mejorado considerablemente, ambas estaban poniendo de su parte y poco a poco empezaban a construir algo. No se merecía una perdida más, necesitaba a todos los que la querían a su lado. -Definitivamente tenemos que celebrarlo.-

-Hoy es el cumpleaños de Sam, pero ya habrá tiempo de festejar todas las buenas noticias...- La sonrisa de su hija era casi tan grande como la de la rubia, eran felices y nada en el mundo tenía más valor que eso.

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La fiesta estaba llegando a su fin, Samantha no podía estar más feliz y eso hacía que todo valiera la pena. Tanto Cora como Zelena se habían encargado de ayudarla a abrir sus regalos, para Sam eran su abuela y su tía, le gustaba eso, le gustaba que su hija tuviera una familia. Ver esa nueva forma de interactuar de Regina con la suya le daba mucha tranquilidad, parecía más cómoda que antes, ahora era capaz de sostener una conversación con ellas, Kat estaría muy orgullosa de verla, cada que pensaba en todo lo que había pasado en los últimos años no podía evitar sentir una profunda tristeza, ahora comprendía más que nunca a Regina, su vida estaría siempre ligada a la de su mejor amiga, estaba aprendiendo a vivir con el dolor de su pérdida, nada era como antes, ni Regina, ni su relación, no era mejor, era diferente, crearon un nuevo camino, una nueva vida, una que estaba muy consciente de la pérdida de Kat y que precisamente por ello aprovechaban cada momento.

La morena hablaba con Ingrid al otro lado de la estancia, también su relación con la rubia había cambiado, esa tensión permanente había desaparecido, ahora eran capaces de intercambiar más que el saludo, quería a Regina y había sido de mucho ayuda en estos años, entre las dos se habían encargado de sacarla adelante y eso no tenía forma de agradecérselo.

Si todo salía como esperaba esa noche Regina terminaría por fin su manuscrito, era la primera historia desde que había dejado su trabajo para dedicarse de lleno a la escritura, había trabajado mucho en ella y en ese momento era lo que menos le importaba. Sabía que era una cursilería lo que había hecho, llevaba mucho tiempo ideando una forma de pedirle que se casara con ella, no se la había ocurrido una mejor. Al final de cuentas así había empezado su historia, la morena leyendo sus letras y ella muriendo de ganas de saber su opinión.

-Cariño...- La rubia pareció salir de su ensoñación y la miró un tanto sorprendida. -¿Qué piensas?- A penas rozó su antebrazo y Emma le dedicó una preciosa sonrisa.

-En ti... en nosotras...- Regina hizo una mueca de no entender bien a qué se refería exactamente. -Estos años han sido tan difíciles como enriquecedores, estar a tu lado ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, tú y Samantha son todo lo que necesito. Pensaba que...-

-¿Qué?- Le debía la vida, a esa rubia le debía esas ganas de vivir. Ojalá este pequeño pueda lograrse, se llevó la mano al viente como acto reflejo, Emma la miraba como intentando descubrir un secreto en su rostro. -¿Qué pensabas?-

-Estás preciosa...- Estaba radiante, llevaba ya varios días así, a pesar de la tristeza que en esos días la embargaba. -Preciosa...- Se acercó y posó sus labios sobre los suyos.

-¿Qué te ha parecido la fiesta?- La morena puso los ojos en blanco, ya sabía por donde iba su comentario, se conocían muy bien.

-No ha estado mal...- La rubia la miraba burlona. -Si estás esperando que te dé la razón sobre mi madre y Zelena siéntate a esperar, cariño.-

-No me hace falta, basta mirarte para saber que hice lo correcto...-Nuevamente ojos en blanco y una risa que inundó la estancia. -Aunque se me ocurren varias formas en que podrías recompensarme por el favor...- Regina se cruzó de brazos y sus palabras fueron apenas un susurro.

-¿Cuáles formas, Miss Swan?- Emma miraba sus labios mientras intentaba formular una oración.

-Yo...- Regina mordía su labio inferior mientras esperaba su respuesta, el mismo efecto de siempre, la misma necesidad arrebatadora de besarla en todo momento.

-Regina... Emma...- Estaba nerviosa, llevaba toda la fiesta intentando hablar con ella, aunque las cosas habían mejorado aun existía una barrera invisible entre ellas, le pareció que había interrumpido algo porque ambas parecían muy distraídas, su hermana le dedicó apenas una mirada, mientras que la rubia le dedicó una gran sonrisa. -La próxima semana es cumpleaños de Robin... y nos gustaría invitarlas a una cena que haremos para festejarlo...- Regina se aclaró la garganta, estaba segura que iba a negarse.

-Nos encantaría, Zelena, muchas gracias por la invitación.- Hasta ella misma se sorprendió por su respuesta, Emma la miraba sonriente y Zelena parecía no creer lo que escuchaba. -Mándanos la fecha y la hora y ahí nos vemos.-

-Bien... perfecto...- No podía creer que hubiera resultado tan fácil todo, le gustaba

Emma, sabía perfectamente que ella tenia mucho que ver en esta actitud de Regina. -Y... Quería agradecerte la invitación, yo... gracias...- Pareció tensarse un poco, y la rubia de inmediato comenzó a acariciarle el brazo.

-Eres la tia de Samantha, debe pasar su cumpleaños rodeada de su familia...- Lo decía en serio, realmente deseaba que su hija estuviera siempre rodeada de los que tanto la querían. Los ojos de Zelena se cristalizaron, estaba segura que no se esperaba algo así.

-Gracias...- Fue apenas un susurro lo que salió de su boca. -Te aviso lo de la cena...- Se aclaró la garganta y Regina le dedicó una media sonrisa. Qué diferente había resultado la fiesta. Dio media vuelta y se dirigió hacia donde Robin y Roland la esperaban.

-Creo que voy a llorar...- Ella también estaba muy sorprendida de la actitud de Regina, a pesar del día, a pesar de que la idea de todo eso no había sido de ella.

-Emma...- La rubia la miraba con esa preciosa sonrisa que tanto le gustaba.

-Estoy tan orgullosa de ti, cariño, tan orgullosa...- Le acarició la mejilla y se acercó a darle un beso. -¿Has terminado ya mi libro?- Sabía que no había sido así, Regina seguía con el manuscrito en la mesa a un lado de la cama.

-No, cariño, he tardado más de lo esperado pero te prometo que hoy me pongo con ello...- No entendía cuál era la prisa de que terminara el libro, tenía ya varios días con ella sobre sus hombros esperando saber su opinión. -Emma...- La rubia levantó la mirada, había miedo o nervios, no lo tenía claro. -¿Qué pasa?-

-Nada...- Regina la miraba suspicaz, intentaba comprender qué pasaba en realidad. -Quiero saber qué te ha parecido, es todo...-

-Cariño... escribes muy bien...- Emma puso los ojos en blanco. No entendía. -Emma...-

-Ya sé que escribo bien...- Regina sonreía. -No se trata de eso...- Estaba frustrada y no podía evitar molestarse por ello. -Yo...- La morena se acercó a besarla y no pudo evitar cerrar los ojos.

-No pasa de hoy...- La rubia asintió. -Lo prometo...- Otro beso y encontrarse de nuevo con esos ojos verdes. -Estás muy rara hoy...- Emma puso los ojos en blanco y negó.

-Son las ganas de saber lo que piensas...- Regina le besó la nariz y esa paz que solía transmitirle apareció.

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La fiesta había terminado hacía unas horas y llevaba sintiendo la presión de la rubia desde el momento en que se quedaron solas, Emma se había encargado de recoger parte de la decoración de la fiesta con la condición de que se dedicara a leer su manuscrito lo antes posible.

-No porque me mires voy a terminarlo más rápido...- Empezaba a ponerla de nerviosa la forma obsesiva en que Emma la miraba. Intentaba pasar desapercibida, ahora parecía que estaba a punto de ponerse la pijama pero la miraba a través del espejo.

-Nunca eres tan lenta como ahora...- Regina la miraba por encima de sus anteojos con una media sonrisa, estaba ya metida en la cama, tenía media hora que había comenzado a leer. Era preciosa, cada día se lo perecía más y más. -Aunque si sigues mirándome así no vas a terminar el libro y yo voy a ser completamente responsable de ello.- Su risa invadió el espacio, era su sonido preferido.

-Tentador...- En ese día en especial, cada año que pasaba recordaba el momento en que decidió confiarle todo a la rubia, lo tenía tan presente porque todo había cambiado desde entonces, era la luz en su camino. -Pero hice una promesa...- Emma sonrió de esa forma que solía desarmarla. -Además ya solo me faltan unas páginas...- La cara de la rubia cambió completamente.

-Voy a desearle buenas noches a Sam...- No alcanzó a escuchar lo que Regina tenía que decir. Estaba nerviosa y ni siquiera tenía clara la razón. Iba a decir que sí, al menos eso le parecía.

Era una buena historia y por supuesto que Emma lo sabía, no entendía, no entendía nada. Verla tan nerviosa la ponía nerviosa, quizá no era el mejor momento de decirle lo del bebé. Quizá lo mejor era esperar a que todo se calmase un poco, a que ese bebé se convirtiera en una realidad. Sacudió la cabeza y regresó a su lectura, Emma no le perdonaría no terminar el libro, además ya tan solo quedaban unas páginas más. Cada página le dejaba claro que ese libro necesitaba una secuela, no era algo que le hubiera comentado a la rubia, no le gustaba dar su opinión hasta haberlo terminado, pero el final le resultaba muy abierto, aún con muchos cabos sueltos. Tomó un lápiz e hizo unas anotaciones en el margen, solía hacerlo con todos los manuscritos que leía, tan solo eran unas recomendaciones y escenas muy puntuales que le gustaría discutir con Emma. Definitivamente tendría que escribir una segunda parte, faltaba tan solo una hoja y nada estaba cerrado aún, adoraba su prosa rubia, escribir para ella era como respirar, encontraba siempre las palabras para transmitir lo que sentía. Última página, ahora lo entendía todo, absolutamente todo.

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Samantha dormía plácidamente, llevaba media hora observándola, estaba segura que Regina había terminado ya el manuscrito, le faltaban ya tan solo unas hojas, estaba esperando que fuera a buscarla tras leer el final pero parecía que ella había decidido otra cosa. ¿Era esa una buena señal? No lo sabía, quizá no había entendido bien la pregunta, quizá pensaba que era aún parte de la historia y no que era ella intentado pedirle matrimonio. Le dio un beso a la pequeña y se encaminó a su recamara, tenía el pulso acelerado, se detuvo ante la puerta y cerró los ojos intentando recobrar la calma, respiró profundo y abrió la puerta. No era precisamente la escena que se esperaba, Regina estaba recostada leyendo lo que parecía un informe, su manuscrito estaba sobre su mesa de noche, parecía concentrada, le dedicó apenas una mirada, hizo un gesto de querer terminar el párrafo que estaba leyendo para poder charlar con ella. Definitivamente no había entendido su pregunta, ahora su corazón en lugar de acelerado parecía desilusionado.

-¿Cómo esta Samantha?- La rubia la miraba entre sorprendida y decepcionada. Se puso esa mascara que tan pocas veces usaba ya, necesitaba concentración para que todo saliera bien.

-Bien... estaba dormida ya...- No podía creer que Regina no hubiera entendido su pregunta, la miraba indiferente, ¿cómo era eso posible?

-Cariño, terminé ya con tu manuscrito, será un libro increíble, Emma...- Tomó el texto y se lo tendió. Emma lo tomó y asintió. Estaba haciendo un gran esfuerzo por no besarla. -Anoté algunas recomendaciones sobre el margen, podemos discutirlas mañana si así lo quieres...- La rubia nuevamente asintió y comenzó a hojearlo. Parecía que necesitaba verificar si lo que había escrito realmente lo había escrito.

-Mañana me parece perfecto...- La voz le temblaba, quizá le había dado la copia incorrecta, quizá era por eso que parecía que Regina no entendía nada. Se fue directo al final, podía sentir sus ojos chocolate observándola, entonces encontró su respuesta y una sonrisa se le dibujo en rostro.

Sí, ¿cuándo y dónde?

Por cierto, estoy embarazada.

Levantó la vista y se topó con esos ojos chocolate, todo estaría bien.