Disclaimer: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, ellos son de Rumiko Takahashi.
Capítulo Único: Familiar.
Kikyo se deslizó en su mente como el fuerte y dulce aroma de las especias. Tan adictivo, tan familiar para él.
- No.
Las manos de Kikyo levantaron la palma en súplica. Seguía limpia y perfecta en contraste con la humedad desaliñada de Inuyasha.
¿Cuantas veces no se había sentido incómodo tocando algo tan puro como Kikyo? Incluso ahora, cuando ella no es más que hueso, barro y almas que no son suyas, no puede evitar mirarla como lo más puro del lugar.
- No, eso no -pide Inuyasha con una súplica debil. Está cubierto de sangre de demonio y suciedad, no quiere que ella lo toque- Por favor, Kikyo.
- Inuyasha... -dijo, y parecía que se enroscaba como un pétalo que despegaba de la flor más bella, el exterior frío se despegaba para revelar un deseo ardiente y posesivo.
Dio un paso hacia Inuyasha, colocó las palmas de sus manos contra las manos del hanyou, las deslizó por los brazos para que descansaran sobre sus hombros, con los pulgares acariciando los pulsos en su cuello, como un viento cálido y seco que sopla a través de ella y toma todo lo que le es familiar.
Inuyasha se pierde en viejos recuerdos tan solo por un momento, después de todo duda que en alguna ocasión puedan ser ellos otra vez. Tal vez Kikyo lo sabe, y por esa razón se deja llevar.
Por ésta vez, ambos se dejarán perder en lo familiar...
