Los personajes y escenarios no me pertenecen, solo escribo de ellos teniendo aventuras muy románticasy problemáticas. Ya saben, algo normal.
Febrero había comenzado con buen pie, para los habitantes temporales de la Mansión Smash. Mientras la temperatura comenzaba a subir dejando los días invernales atrás con cada hora transcurrida, los arboles poco a poco mostraron evidencia de florecimiento, la nieve en el huerto de rábanos de la Princesa Peach comenzaba a derretirse revelando pequeños brotes que en poco tiempo crecerían para convertirse en proyectiles mortales.
Sin embargo, los inquilinos más maduros de la mansión en este tiempo parecían mas interesados en lanzar otros proyectiles.
"Entonces…" comenzó Bowser, rogándole a todas las estrellas de la galaxia tener la indulgencia suficiente para no señalar la obvia estupidez que cometía Snake. "Solo vas a estar dentro de esa caja, con ese estúpido moño rosa, fuera de la habitación de Samus con la esperanza de que ella no sospeche nada."
"Exacto, mi amigo reptiliano." Dijo al voz gruesa perteneciente a Snake, algo ahogada por estar dentro de la caja. El rey de los koopas le había hecho el favor de llevarlo hasta la puerta de Samus, en donde aún la cazarecompensas rubia aún se encontraba dando mantenimiento a su pistola y traje como solía hacer los días posteriores a un combate. "Ahora retírate, se ve sospechoso que estés junto a una caja en la puerta de un heroína."
Bowser rodó los ojos, consciente de que el soldado no lo vería. Era ridículo hasta donde llegaba Snake por ser el centro de atención de Samus al menos por un momento, y con la fatídica fecha festiva que los humanos y criaturas antropomórficas habían llamado "San Valentín" ese comportamiento infantil rayaba lo vergonzoso. Aunque, lo meditó por unos segundos, ¿el mismo no se habría metido en una caja hace un año solo para recibir un beso de Peach? Gruñó como animal, dejando al soldado esperando por su cazarecompensa.
El día de San Valentin era un enigma para el Rey Bowser que no tenía interés en descifrar, además del efecto que solía efectuar sobre la mayoría de los residentes de la mansión. Con el próximo combate aun a días de distancia los residentes se habían lanzado lejos los entrenamientos para enfocarse en actividades más, como solía llamarlas Ganondorf, mundanas. La unión entre los habitantes entre distintas realidades alternas y dimensiones era palpable, casi extinguiendo viejas rivalidades como las de Sonic y Mario, quienes incluso habían dejado de lanzarle indirectas para relajarse con el resto de sus compañeros. Bowser sin embargo, que ha asistido a casi todos los torneos para tener la oportunidad de coronarse no solo el rey de los monstruos en su tierra, sino también establecer su reputación ante las demás con puñetazos y bolas de fuego. por eso, cuando vio los primeros signos de que el día de San Valentín comenzaba a cobrar victimas comenzó a desear que los días avanzaran con la velocidad del erizo azul.
Caminó por los pasillos haciendo temblar cuadros de poco peso con sus pisadas, sobre su cabeza corazones de papel flotaban en el aire como cortesía de Peach, y pasajes de libros romanticos comenzaron a escribirse por sí solos en las paredes de los corredores como cortesía de Zelda. Era la primera vez en todo el tiempo que llevaban organizando los torneos que se topaban con el día de San Valentín, normalmente ellos ya se encontraban en sus respectivas tierras para comienzos de febrero. Sin embargo, muchas de las dimensiones aún se encontraban arreglando sus propios problemas en sus respectivos mundos: siempre había peleas que solucionar y guerras por terminar. Las dimensiones no se habían encontrado en paz hasta estas fechas, en donde dejaron de aplazar el inicio del torneo. El estar en una dimensión central lejos de sus amigos y familiares no detuvieron a los residentes, y cuando entró al salón principal de la mansión quiso darse la vuelta regresar a su habitación.
"¡Faltan tres días para San Valentín, mis amores!" exclamó con fuerza Bayoneta, llevando un traje cuyas pantimedias eran tan transparentes y su blusa tan descotada que Peach al entrar junto a Young Link lanzó un grito sorprendida para después cubrir los ojos del niño (este lanzó un sorprendido "¡Eiya!"). Los demás espectadores, que ya se habían acostumbrado a la inusual y descarada forma de vestir de la bruja, rieron avergonzados mientras ella saltaba por las mesas, lanzando pétalos de rosas de los pequeños bolsillos de su corto pantalón. "¡Espero que ya hallan escogido a sus pollitos, no esperen a que se acaben!"
La princesa Peach le ordenó con una mirada furibunda que hiciera un buen uso de su cabello mágico para cambiarse de ropa. Bayoneta sonrió, orgullosa de despertar el bochorno de la joven princesa rubia, saltó al suelo modificando su atuendo festivo para que pareciera un vestido. Aun sensual, pero nada escandaloso para un niño puberto.
"Bayo, odio tener que prohibirte algo." Comenzó Peach, dejando libre al niño confundido. Bowser caminó hasta un asiento, a pocos metros del Rey Dede, enfrascado en vencer un juego de gameboy. Saludó con un gesto cortante al rey, este le devolvió el saludo animadamente. "Pero debes entender que no puedes usar cualquier…prenda en una mansión con luchadores menores de edad, ¡ten un poco de cordura, por el amor a las estrellas!"
"Ellos algún día tendrán que aprender los placeres del día de los enamorados, ¿¡y quien mejor que yo para mostrarles!?" replicó Bayoneta, sacando juguetonamente su lengua. juró escuchar varios suspiros de los espectadores solteros, le daba escalofríos imaginar como estará la puerta de Bayoneta cuando el terrorífico día llegue. "Vamos nena, diviértete un poco."
"Alguien aquí debe impedir que este lugar entre en anarquía cuando Mario no se encuentre", Peach se cruzó de brazos, preparada para dar un discurso. Bayoneta rodó los ojos, invocando una lima comenzó a mimar sus uñas. "El día de San Valentín no se trata de celebrar solo del amor entre parejas, también es una oportunidad para darle amor a nuestros seres queridos: hermanos, padres, amigos, ¡es el día de dejar los rencores y comenzar amores!"
"Claro princesita, lo que usted desee mi rosada Majestad."
Dejó la pequeña discusión entre las mujeres cuando su instinto paternal comenzó a parpadear. Reconoció a Junior entrando en la sala, pasando por alto los argumentos que lanzaba Peach y el desfile de pokemones que cargaban cajas de crayolas (una de las actividades que se planeaban para el catorce de febrero: escribir cartas) notó el ceño fruncido de su hijo marcado en su rostro, como si hubiera sido plasmado al rojo vivo. Recordó entonces que al igual era temporada de peleas, también era temporada de exámenes para el chico. No eran exámenes normales que los niños normales tenían que lidiar: Junior era un príncipe, él único príncipe heredero al ser su único hijo biológico, por lo tanto el futuro rey del Reino Koopa. Tenía que lidiar a lo largo que crecía con enseñanzas incluso más rígidas que los Koopalings, clases y exámenes sobre historia, diplomacia, matemática eh incluso magia blanca y negra que podía abrumar la mente de un niño de nueve años. Él lo sabía bien: él estuvo en su lugar hace mucho tiempo.
"Esto va a convertirme en un viejo dragón." Se lamentó el chico, sentándose junto a su padre con pesimismo. Bowser le acarició el cabello rojizo, dando a entender que escuchaba. "¡No puedo creer que Kamek me halla ordenado que hiciera esa poción! ¡Esa específicamente! Seguramente estará partiéndose de la risa en casa, ¡cuando volvamos al reino lo usaré para las practicas con mi Helikoopa!"
"Wow cálmate, ¿Qué te hizo ese viejo?" supo que algo muy malo debió ser, cuando observó un ligero sonrojo en la cara del chico. Fue entonces cuando notó que su cabello olía no a su característico olor a pintura fresca: olía a rosas, jengibre, eh incluso ah algo mas dulce y profundo, ¿Qué estuvo haciendo el chico?
"Él me dio un examen sorpresa, me-me pidió que fabricara una…" se estremeció, como si contuviera el vómito. "Una poción de amor."
Bowser rodó los ojos, "¿en serio? ¿Eso era todo?"
"¡Papá, es una poción difícil! Nivel nueve nada más, eh hecho tres intentos y solo eh conseguido una mezcla incolora para nada aromática." Se quejó el niño, inflando sus mofletes. Bowser tuvo que contener un gruñido, ¿Kamek incluso estaba contagiado por la fiebre del amor, o solo era consiente lo incomodo que se sentía por la aproximación del catorce de febrero y lo demostraba torturando a su hijo? "Voy a reprobar Pociones y Ungüentos Mágicos, ¡no puedo llegar a ser un rey estúpido!"
"Oye, no vas a reprobar Pociones y Ungüentos Magicos, no mientras yo este aquí" gruñó, golpeando gentilmente el hombro del chico. Junior le miró, lentamente comprendió las palabras de su padre: una sonrisa cómplice floreció en su rostro preocupado. Padre eh hijo tenían un plan. "Ahora ven: mientras mas rápido terminemos esa tontería, más rápido llegaremos a comer perros calientes junto a Sonic y Kirby."
(…)
Mientras el humo rosado emergió del caldero delante de él, Bowser pensó que era curioso que para ser un hechizo estúpido requería una exagerada cantidad de ingredientes igual de estúpidos.
Desde esencias hasta objetos que contuvieran buenos recuerdos, hasta una pluma del ala de un querubín (no habían encontrado de esa, sin embargo, una pluma de un dormido Pit fue el reemplazo ideal) fueron los catalizadores perfectos. También debían tener cuidado, al parecer en ese estado la poción despedía un fuerte humo que irritaba los ojos, por lo que llevaban gafas de protección para evitar cualquier inconveniente. Recordó, mientras hacía gotear la cantidad correcta de sudor de una princesa virgen, que solo había preparado esta poción en dos ocasiones: cuando era príncipe y estaba enamorado de una shy guy que al final descubrió sus intenciones disfrazadas en una botella de jugo de naranja y ahora.
El efecto era potente: cualquier persona que ingiriera o fuera rociada por la poción quedaría inmediatamente embobada por el creador de esta. Junior se mantuvo alejado del caldero salvo cuando debía llevarle los ingredientes a Bowser, así que técnicamente él la había hecho.
Podía conseguir que cualquiera se enamorara de él, incluso con una simple gota.
Cualquiera…Como Peach.
"¡Mira papá, parece que lo lograste!" exclamó Junior, celebrando cuando la superficie se volvió rosa brillante, como el vestido de Peach. Bowser asintió, aun ajeno a la realidad debido a sus pensamientos. Con cuidado tomó un gotero, llenándolo de la poción mientras su hijo hablaba. "¡Con esto sacare un sobresaliente! Y quien sabe, ¡podríamos incluso aprovecharnos de esto! Imagina un ejército de las mejores guerreras del mundo bajo tu mandato, ¡seremos una fuerza colosal!
"Cállate Junior, me desconcentras." Con movimientos lentos dejó caer el contenido del gotero en un pequeño frasco, inmediatamente la cerró con una tapa antes de que el humo mágico escapara. Aunque la mayor parte de la magia se encontraba en el líquido, tendría mayor efecto en la victima si esta también aspiraba el humo. "Ahora debemos enviar esto con Kamek: que no te engañe el cursi nombre, esta poción incluso ha comenzado guerras."
Había fuerzas con las que no se debía jugar, entre ellas estaba el amor.
Maldición, ¡que se acabara toda esa maldita fiebre del amor!
El plan era simple: enviar la poción a su mundo y pretender que jamás creó algo tan ridículo como eso. Sin embargo, era Bowser, ¿Cuándo sus planes iban al pie de la letra?
Nunca se imaginó que Pichu, Pikachu y Kirby arremeterían contra su puerta, en medio de una violenta pelea que, de haber estado ellos concentrados en los sonidos del exterior, se dio tras la finalización de un concurso se comida que salió mal cuando Pikachu (en su adorable idioma) acusó a Kirby se haber hecho trampa. Pichu intentó intervenir, pero una cosa llevó a la otra, con los tres terminando arañándose, lanzándose patadas, descargas eléctricas y recibiendo martillazos de parte de Kirby. Bowser lanzó improperios, intentando alejar la poción de los frenéticos luchadores. Si llegara a caer sobre ellos, ¡no quería ni lidiar con las consecuencias!
"¡LARGUENSE!" exclamó, usando su aliento de fuego para espantar a los pokemones y al ser rosado. Sin embargo su grito de rabia se convirtió en un exclamado se espantó cuando de coraje Pikachu agitó su larga cola, chocando contra la mano, la mano, en la que se aferraba a la posición. Un chispazo recorrió sus garras, tan doloroso que no pudo soportarlo: soltó sus dedos lastimados, observando con horror como caía al suelo…
Pero comenzó a rodar, debido a su forma, fuera de la habitación hasta el pasillo. Junior exclamó algo que se escuchó familiar a una grosería, pero no había tiempo para regaños. Corrió fuera, casi arrollando a una desprevenida Canela que lanzó un chillido al verse tan cerca de Bowser. Miró por el pasillo, en donde la botella aún continuaba rodando, acercándose peligrosamente a unas escaleras en donde al final, un grupo de residentes regañaban u observaban como regañaban a los tres alborotadores. Bowser corrió, de una forma que debió despertar los celos de Sonic, hacia la botella rodante que iba a provocar el final. Solo alcanzó a ver como llegaba al borde, para comenzar a rebotar por las escaleras. Juró escuchar nada más que el tintineo del vidrio contra los tramos.
"¡Todos apártense! ¡Corran!" escuchó advertir su hijo a todo pulmón.
Los observó estático, incapaz de moverse: Luigi fue el primero en lanzarse lejos, al tiempo que Zelda usaba su magia para teletransportarse lejos de la zona de impacto, Kirby se transformó en una roca sin meditarlo dos veces, apenas notó el borrón azul de Sonic desaparecer junto a Pikachu y Link usó a su escudo para proteger a unos atónitos Peach y Pichu. Todos estaban protegidos, todos estarían a salvo de la poción, ¿verdad?
Y luego, como si el mundo estuviera en su maldita contra…
"¿¡Qué está pasando!? ¿¡Qué fue ese grito!?" la voz que le ha acompañado desde comienzos de su tiranía se escuchó, gruesa y marcada por ese acento extranjero, junto al abrupto rompimiento del vidrio…Contra el rostro de Mario.
Solo tuvo que escuchar el grito afeminado de Luigi y Peach para saber que estaba perdido.
(…)
Había momentos en los que ver a Mario herido (y que él halla sido responsable, aunque en parte, de su estado) le provocaba placer: hubo mucho de esos momentos en el pasado y recientemente, luego, estaba ese momento.
"Déjame ver si entendí" dijo el Doctor Mario, al tiempo que prácticamente lo acorralaba contra la pared de la enfermería. Bowser asintió precavido, sintiendo los afilados orbes azules del doctor idénticas a las del Mario con quien lidiaba diariamente. Podían ser de realidades alternas, pero ambos compartían incluso el modo de enfrentar a sus adversarios. "Lo que llevaba ese frasco no era algún tipo de veneno."
"¡Es lo que eh tratado de decirles!" exclamó Bowser, para nada intimidado por el ceño fruncido del doctor. Detrás de ellos Peach toqueteaba con cuidado las cortadas el rostro del héroe, verificando que el doctor las halla curado perfectamente. Mario por otra parte se encontraba ausente de la realidad: desde que le habían llevado contra su voluntad al área médica, no había levantado la mirada a ver a nadie, ni siquiera respondía las preguntas preocupadas de Peach. Con cada minuto que pasaba así el hueco en el estomago de Bowser crecía amenazante. "Era solo perfume, no es nada dañino."
"Cuando se lanza a una velocidad determinada con una fuerza determinada si resulta dañino", el Doctor suspiró, finalmente abandonando sus intentos de que Bowser confezara su verdadera intención, pero tras escuchar los testimonios de Pichu, Kirby y Pikachu llegó a una conclusión. "Princesa, resultaría injusto echar a Bowser del torneo."
"¿No lo es?" exclamó Peach, obviamente controlando su tono de voz para no demostrar que se encontraba furiosa. Tenía a su mejor amigo en una camilla con cortadas que superaban los cuatro centímetros, ¡y el provocador no iba a recibir castigo! "Doctor, Bowser fue el primer luchador con su reputación invitado al torneo. Cuando finalmente lo permitimos se llevó un acuerdo con él y con los siguientes luchadores de su clase: cualquier daño infringido a otros luchadores que no sea dentro del área de un escenario se considerara un acto de agresión, por lo tanto, será expulsado."
"Entiendo Peach, yo mismo ayude con la reforma de esa regla" dijo doc*, posando su mano enguantada sobre el hombro de la princesa. Bowser miró a Mario, aun sin atreverse a levantar la mirada. Se preguntó porque estaba luchando contra sus nuevos instintos: ¿Por qué no se había lanzado sobre él, proclamando amor eterno? ¿Por qué no le enviaba ramos gigantes de rosas? De solo pensar en Mario enviándole rosas el hueco aumentaba de tamaño. "Pero entienda que técnicamente no fue culpa de Bowser, sino de la pelea entre los pokemones y Kirby. En realidad solo fue un desafortunado accidente en el que Mario solo estuvo en el lugar y en el momento equivocado."
"Un accidente…" como si la palabra aun sonara extraña ella miró a Bowser, esperando una sonrisa cínica o un arqueamiento de cejas.
Bowser en cambio, solo se encogió de hombros. Aunque sonara fuera de lugar su atención no estaba toda en Peach, si era sincero para sí mismo (con una voz que solo podría ser escuchada en el lugar mas oscuro de su mente) esperaba que Mario confirmara sus sospechas, ¿pero porque la poción tardaba tanto en surtir efecto?
"Tengo firmes sospechas de que era una poción" declaró Peach, dando un paso amenazante a Bowser. El rey no se dejó intimidar por esos iracundos ojos azules, aunque sabía perfectamente que Peach podía apartar su rol de "damisela en apuros" con la misma facilidad con la que lanzaba una bofetada. "La magia en el aire es algo que no puedes cubrir, Bowser."
"Si de verdad hubiera hecho magia, ¿no cree que las alarmas de Lady Palutena se hubieran activado."
Lady Palutena podía tener un extraordinario potencial mágico, pero incluso los hechizos puestos por dioses podían ser burlados…Por supuesto, nadie tenía que saberlo.
"Estoy segura que es otra artimaña suya."
Fingiendo estar ofendido, llevó su garra a su pecho. "Princesa, me tomo en serio los tratos que firmo, incluso los que no me benefician. Le prometí a Mario que no lastimaría o raptaría a alguien mientras dure el torneo, ¡le di mi palabra de rey!"
"Su palabra de rey puede…"
"Oh mamma mia, ¿podrían bajar la voz por favor?"
Esa voz definitivamente los alerto a los tres ocupantes de pie en la habitación.
Mario finalmente había levantado la mirada, algo desorientado pero capaz de lanzarle una mirada fulminante a Bowser, ese acto dejó al rey sin aliento por unos segundos. Nadie lo notó: Doc Mario, quien se había aislado mientras se daba la riña verbal entre el lagarto y la princesa, se acercó murmurando incoherencias medias e iluminando los ojos de Mario con una linterna, Peach también lo hizo, con un salto frenético estuvo a su lado explicando que había ocurrido. Como un gato Mario se apartaba, alegando que se encontraba en perfecto estado. En perfecto estado, observó Bowser atónito. Bajo la luz de la linterna los ojos de Mario lucían ordinarios incluso para un hombre con el titulo de "Súper Mario", con ese color azul intenso típico de los humanos dilatándose por la luz, no por otro motivo.
"Intenta seguir la luz" pidió Doctor Mario haciendo girar en círculos la interna.
"Es difícil no seguirla cuando la mueves delante de mi nariz" murmuró Mario, dando una pequeña sonrisa aliviadora.
Era imposible.
Si bien la magia no era su primer recurso en una batalla, se encontraba siempre rodeado de esta. Una gran parte de sus subordinados la usaban para llevar a cabo planes, sus hijos la usaban, ¡Kamek, el líder de los Magikoopas lo había entrenado en todas las artes mágicas oscuras conocidas por el koopa! Pero ahí estaba él, Mario, un hombre que absorbió una poción de amor perfectamente hecha con perfectos ingredientes…Y no mostraba signos de querer saltar sobre él.
"¡Doc! ¡Míreme: estoy bien!" exclamó Mario perdiendo la paciencia, claramente no era amante de estar bajo atención médica. Miró sus manos, flexionando sus dedos, su ceño se marcó en su rostro con profundidad. "No recuerdo nada…"
"Sufriste una pequeña conmoción por el impacto de un objeto vidrioso" explicó Doctor Mario, suspirando de alivio al no ver signos de trauma. Salvo por la efímera amnesia, Mario parecía estar fresco como champiñón. "No te esfuerces, ¡dije que no te esfuerces! Aun no estás listo para caminar o saltar, deberías quedarte en observaciones."
¡¿Qué?! ¡No puedo!" exclamó Mario, dando un pequeño salto. Inmediatamente Peach le sostuvo del brazo. "Perdón, pero le prometí a los niños que enseñaría unos saltos básicos, ¡Ness y Young Link se esforzaron mucho la última vez!"
"Mario, debes entender" pidió Peach con voz suave, como la de una madre arrullando a su bebé. Mario negó firmemente. "Estoy segura que los niños entenderán."
"No es tan grave, obsérvenme" pidió desesperado, alzando sus brazos. El doctor se frotó la barbilla, observándole analíticamente, Peach parecía preocupada. "Eh sobrevivido a cosas peores."
"Él tiene razón" finalmente habló, preguntándose después, bajo las sorpresivas miradas de los presentes, si había sido adecuado. Mario le miró con curiosidad, alzando sus gruesas cejas en expectativa, pero nada más. Carraspeó Bowser, antes de continuar: "Oh vamos, lo envié de un golpe al otro lado del mundo y pudo levantarse como si nada…Es más resistente de lo que parece*."
Mario arqueó una ceja. Ahora Bowser por supuesto que estaba temblando.
"¡Valla, mira qué hora es!" exclamó, muy forzado, observando el reloj en la pared. Retrocedió lentamente, aun siendo observado por esos ojos azules para nada hechizados. "Tengo asuntos paternales y reales muy urgentes que atender…Con mi hijo… Por supuesto que con mi hijo, uh, que bien que te encuentres bien" se estremeció cuando su pie izquierdo hizo caer un esqueleto, con sus mejillas ardiendo Bowser le recogió, le acomodo la clavícula en su lugar y atravesó las puertas del área médica aun sintiendo la mirada de Mario en su caparazón.
(…)
Quizás estaba exagerando, quizás estaba siendo paranoico.
Quizás finalmente se había vuelto loco.
Al final Mario pudo convencer a Peach y al Doctor Mario que se encontraba bien, cumpliendo con su palabra de enseñarle a los niños saltos básicos. Con una línea de los luchadores mas jóvenes del torneo que incluía a Junior Mario comenzó a explicar los principios básicos, mientras daba brincos sobre potros y obstáculos con una maestría que incluso Lucas, quien al principio se mostraba renuente a abrirse con alguien más que no fuera Ness, se mostraba asombrado por la habilidad del fontanero. Finalmente después de una tarde dedicada al entrenamiento Mario le propuso a los niños una competencia de saltos de cuerda: todos gritaron con entusiasmo.
Era hora de relajación, cada luchador lo hacía a su modo. Desde su balcón Bowser pudo escuchar a lo lejos la ocarina de Link, con su dulce pero melancólica melodía acompañando sus pensamientos. Su atención regresó a Mario, mostrando alegría en su rostro, sintió una punzada en su estómago, ya familiar desde hace unas horas.
"¿Vas a dejar de suspirar como un idiota y me dirás finalmente porque interrumpiste mi lección?" inquirió Kamek, su imagen nítida en la superficie del espejo en su habitación. Bowser rodó los ojos, regresando su atención a su tutor. Era un hechizo simple de comunicación en un objeto cliché, pero eso no era importante. Con su ceño fruncido y voz amargada Kamek continuó quejándose: "¡Nunca tendremos soldados aptos si continuas interrumpiéndome!"
"Yo también te extraño anciano" gruñó Bowser, sentándose en el borde de su cama. Afuera la melodía continuaba junto a las risas de Mario y los niños, Bowser jugó con un mechón de su cabello. "Seré directo, no estoy de humor para sutilezas."
"Nunca estas de humor para nada." Gruñó Kamek cruzándose de brazos. "¿Qué hiciste ahora, o mejor dicho, que no hiciste? Por favor dime que no volviste a aliarte con ese traidor de Gannondorf*."
Eso le irritó. "Por las estrellas Kamek, no vuelvo a tropezar con esa piedra otra vez."
"Gracias, finalmente usas el cerebro."
"Calla y escucha" rugió, sintiendo el humo brotar de sus fauces. "Solo lo repetiré una vez: la botella con la poción de amor cayó sobre Mario, ¡pero no surtió efecto en el idiota! Actúa igual de siempre, ¡nada a cambiado." Gruñendo, agitó su cola violentamente contra la alfombra. "¡Soy poderoso, poco me equivoco con esto de la magia! No pude haberme equivocado; esa poción era digna."
Cuando terminó de quejarse, sintió un escalofrió recorrer su cuerpo. Sentía que alguien le observaba, pero pocos osarían espirar al rey de los koopas. Sin embargó, cerró cortinas y verificó la entrada, sintiendo su corazón latir contra sus costillas con fuerza. Kamek se mantuvo en su usual silencio, significando que estaba meditando opciones.
"¿Seguro que no te equivocaste?"
"No" dijo con firmeza. Caminó a pocos metros en donde había embotellado otra poción, lista para ser enviada a Kamek en cuanto resolviera su pequeño conflicto. La meneo delante del espejo, haciendo que brillara en rosa intenso. "Color adecuado, textura y temperatura adecuada…No me equivoque esta vez Kamek."
"Mi fuerte no está en las pociones, pero puedo confirmar que si está bien hecha." El Magikoopa suspiró, ajustándose las gafas con pesadez. "Bien, visto que por primera vez en la historia de tu reinado has hecho algo bien, puedo concluir que no hay nada malo en tu poción."
"¡Es lo que eh tratado de decirte!"
"Hay algo malo en Mario."
Si se encontrara en su respectivo universo, y las circunstancias fueran normales, Bowser se hubiera reído y dicho: "todo está mal en ese fontanero bigotón."
Él no se rió, su boca se secó y balbuceó: "¿qué?"
Kamek arqueó una ceja, de pronto el viejo parecía divertido al observar a su amo actuar como una niñita asustada.
"Sospecho que sabes a donde quiero ir…Oh mejor dicho: ah donde has quedado" la carcajada áspera de Kamek solo provocó que los nervios de Bowser vibraran. De un salto estuvo de pie, levantando su puño para estamparlo en el cristal del espejo encantado, su garra cerrada se detuvo a un par de centímetros, incapaz de continuar. "¿Quieres que continúe? Está bien Su Majestad: una poción de amor no surte efecto por tres motivos: que sin saberlo Mario sea un ser estelar o una divinidad, que este protegido por un hechizo de castidad o este atado con el alma de otra persona…Oh nuestro enemigo jurado, no sea nuestro enemigo jurado después de todo."
"Si…La teoría del hechizo de castidad suena más próxima."
"Amo Bowser…" reprochó Kamek.
Bowser golpeó con su pie, haciendo estremecer los cuadros de su suite. La habitación de Dede, que se encontraba al lado, también se estremeció. "¿¡Que quieres que diga!? ¿¡Que diga que es posible, que diga que puede ser verdad!? ¡Porque estas demente si crees que es verdad! ¡Es imposible, horrendo, repulsivo!" jadeando, se percató de que el fuego se acumulaba en su garganta, deseoso se destruir todo a su paso. Se tapó la boca, a tiempo para reprimir un gemido. "No puede ser posible que Mario sienta algo por mí."
"Sea más específico amo, una poción de amor no se desviaría si la victima solo sintiera algo."
Le lanzó una mirada iracunda a su tutor, pero el pánico era un cegador potente. Con un gemido de frustración sus piernas le fallaron, dejándose caer al piso. Afuera las risas infantiles cesaron, pero el recuerdo le traía de vuelta esa masculina voz con acento extranjero a la actualidad, tan persistente como su conclusión.
"Mario no puede estar enamorado de mí" murmuró, tratando de sonar firme, pero fracasando terriblemente. "Mario no puede amarme."
(Alert Spoilers) Bueno Bowser, algo me dices que cambiaras de opinión.
Eh ahí una pequeña historia Bowsario, como parte de mi proyecto de aumentar el numero de historias referente a esta pareja tan diferente por fuera, pero tan iguales por dentro. Ahora estaré enfocándome en el fandom de Super Smash Bross, la saga de videojuegos que me mantiene enganchada en cada entrega que se lanza. Constara de tres partes y espero que a finales de Febrero este completa.
*Doc: mi forma (y la de los luchadores en mi fic) de llamar a Doctor Mario.
*Resistencia: Bowser hace referencia a Mario Odissey, al comienzo del juego lo vemos lanzar a Mario de un golpe a Villa Chistera (el momento mas cómico del modo historia, a mi parecer) para después el héroe levantarse como si nada.
*Alianza: Kamek hace referencia a Super Smash Bross Brawl. En el modo historia, Bowser se alianza con Ganondorf, una gran metida de pata...
