Música invadía el ambiente, lentas notas que flotaban en el aire, compañeras perfectas del baile tradicional que algunos adultos realizaban a mitad del salón en parejas. Conversaciones vueltas murmullos interrumpiendo de vez en cuando por la poca gente que creía que el baile no era una forma adecuada de pasar el tiempo en una fiesta de tan alta importancia como aquella.
Los anfitriones, una de las parejas más reconocidas en la alta sociedad mágica de Londres, paseaban entre la gente, sonriendo y saludando, preguntando por la comodidad y disfrute de los invitados. Deteniéndose en los magos y brujas más importantes para tener una pequeña conversación de cortesía antes de alejarse y seguir supervisando cómo avanzaba su reunión.
El salón, iluminado por un candelabro de cristal justo en medio y algunas antorchas en las paredes, exhibía una exquisita decoración acorde al invierno, la época del año que se podía apreciar a través de los cristales de los ventanales. Tocados de cristal blanco junto con luces plata podían ser encontrados en cada rincón y pared. Un mantel blanco con bordados dorados posaba en la mesa donde lo tradicional brillaba por su papel principal en los platos del buffet, con una charola llena de copas de vino blanco en la orilla derecha.
Narcissa Malfoy observó, con frialdad característica de las brujas sangre pura, la mesa de bocadillos continua al buffet, casi vacía. Apenas levantando una ceja perfectamente maquillada buscó a los culpables de que los pequeños aperitivos desaparecieran antes de cumplida la segunda hora de fiesta. El culpable no estaba tan lejos de la escena del crimen.
A solo un metro de la mesa, formando un semicírculo, un grupo de niños hablaban entre ellos, la gran mayoría con platos llenos de algunos de los bocadillos, pero lo que hizo a Narcissa detener su marcha y con ella la de su esposo, Lucius Malfoy, eran un par de niños, que tal parecía que en vez de tomar aperitivos suficientes para aligerar el hambre, habían decidido poner a prueba la cantidad de aperitivos que podían sostenerse en una torre sobre un plato sin ayuda de magia.
Lucius la detuvo antes de que diera siquiera un paso en dirección al grupo de niños.
—¿Qué piensas hacer, cariño?— preguntó con voz suave, como si le estuviera diciendo lo bella que se veía en aquella túnica de gala azul con bordados plata
—No pienso seguir aguantando esa actitud tan... Poco decorosa Lucius, menos cerca de ellos— contestó con el mismo tono en que se agradece un halago, el hombre mostró una sonrisa enamorada antes de abrazar a su esposa
—Calma, Cissy, es su primer baile formal, deja a ambos divertirse— susurró en el oído de la dama que mostró una sonrisa que no llegó a sus ojos—deja de preocuparte, los dos estarán bien, créeme— el abrazo se deshizo y la pareja compartió una mirada profunda antes de retomar el recorrido que ya habían planteado desde antes, alejándose del grupo de niños y la vacía mesa de bocadillos que con un chasquido volvió a llenarse.
Uno de los niños detectó el cambio de magia en el aire, una habilidad que desde siempre lo había acompañado. Un ligero escalofrío que lo hizo mirar a la mesa de bocadillos y mostrar una pequeña y discreta sonrisa al ver unos brillos azules nadar en el aire.
—¿... eso es cierto?— sus ojos volvieron a la conversación, una niña de voz chillona, con túnicas verde manzana resaltando sus ojos verde olivo le miraba con su nariz elevada, por el rabillo del ojo observo el movimiento brusco que quiso pasar por elegante a su costado
—Creí que aún no cruzabamos la línea de confianza donde nos decíamos este tipo de cosas, Parkinson— intervinó el niño a su lado, de cabellos rubios y piel palida, ojos grises y túnicas doradas. Dio un pequeño respingo al sentir otro cambio en la magia, esta vez en Draco, su mejor amigo.
—¿En serio? O en realidad no quieres decirlo, por lo que sé, nosotros somo socios, así que existe la suficiente confianza para que pueda saber esto, Draco— el cambio fue más evidente esta vez, temiendo una explosión de magia accidental por parte del niño y un posible regaño de su tía Cissy cuando la fiesta terminará se adelanto a la respuesta que el niño pudo haber pensado e intervinó en la conversación
—Si esta en mi poder y creó que es justo, responderé sus preguntas, señorita Parkinson— las reacciones en el grupo de niños fueron diferentes y variadas. No creyó alguna vez que las fiestas que sus tíos celebraban cada invierno eran así de alborotadas
Pansy Parkinson se cruzó de brazos y mostró una sonrisa de burla que no podía creer una niña de siete años conociera. Daphne Greengrass lo miraba con curiosidad en sus ojos verde mientras su hermana Astoria miraba nerviosa a su alrededor. Blaise Zabini lo miró con aburrimiento al igual que Vincent Crabbe y Gregory Goyle, estos últimos comiendo a montones los bocadillos que su tía había escogido para la mesa de aperitivos.
—Muy bien— exclamó con voz prepotente la niña Parkinson acercándose a él con paso elegante
—¿Por qué nadie aquí sabe de tus padres, Prince? — preguntó con un tono presumido —Todos aquí conocemos a nuestros padres, los señores Greengrass— la niña apunto a un par de señores que bailaban —Los señores Parkinson— apuntó a una pareja que hablaba con una mujer de túnicas rojas —la señora Zabini, los señores Crabbe y Goyle. Ni que decir de los señores Malfoy, así que ¿Donde están los tuyos?—
Al final del discurso la mirada de Pansy Parkinson le hizo frente a la de Leonard Prince, heredero de la ancestral familia Prince, una mirada compuesta de dos ojos verde jade, brillantes, que resaltaban en la piel pálida junto al largo cabello negro que caía en rizos poco definidos que cada mañana eran difíciles de peinar. Y Leonard solo mostró una sonrisa tímida.
—Tienen trabajo que hacer, mucho más que los Parkinson me temo—
•|• León valiente de fuego •|•
•|• Capítulo 1 •|•
—Supongo que fue mejor de lo que esperaba—
Hubo una queja general que hizo a Narcissa reconsiderar sus anteriores palabras. La sonrisa paciente de su marido la hizo mirar con afecto a los dos niños en la mesa, ambos sentados frente a ella.
—Bueno, llegó un punto en el que pensé que ambos colarían una escoba a la fiesta y cuando se aburrieran saldrían volando por el balcón sin despedirse— esta vez no hubo ningún ruido en respuesta, y esto hizo a Narcissa sentirse peor que si alguno de los niños hubieran contestado con algún comentario poco educado para después abandonar el desayuno. La mujer arrugó el entrecejo mirando a Lucius. Su marido se encontraba a su lado derecho, tomando su taza de café matutina mientras leía el periódico
Narcissa le dio un pequeño golpe por debajo de la mesa
—Si, lo que Cissy quiere decir, es que nadie pudo advertir que la fiesta terminaría de este modo— aclaró el hombre con una sonrisa torcida mientras sentía su pantorrilla pulsar debajo de la mesa. Ambos niños levantaron la vista de sus desayunos con diferentes grados de sospecha, Narcissa sintió algo de alivio al ver una verdadera muestra de atención de parte de ambos niños.
Desde que la fiesa de la noche anterior terminó con Leonard debajo de una furiosa señorita Parkinson que no dejó de rasguñarlo donde podía y una horda de niños alentandola, ninguno de sus dos niños había hablado. Incluso cuando Narcissa los reprendió ligeramente por lo que sea que hubieran hecho, por que estaba segura de que ellos tenían la culpa, ni Draco o Leonard la contradijeron o interrumpieron, y eso era peor que las rabietas.
—Parkinson es una fastidiosa— a Narcissa no le sorprendió que el primero en hablar fuera Draco, su hijo gozaba de una impaciencia titánica que desgraciadamente había heredado de Lucius, Leo a su lado se removió en el asiento
—No es educado hablar así de las damas, Draco— reprendió ligeramente Lucius doblando el periódico para poner más atención en la charla
—No es grosero si hablo de Parkinson— repuso mirando con rabia el pan integral de su plato. Narcissa agudizó la mirada
—¿En serio? ¿Y qué hizo la señorita Parkinson para que se ganara el insulto de "fastidiosa"?— preguntó con aire calmado, los ojos grises de su hijo la miraron con sospecha antes de ver a Leo, el niño de cabello azabache agachó la mirada unos segundos antes de levantarla decidido
—Me llamó hijo bastardo— la taza que Narcissa sostenía cayó al suelo y el sonido de la porcelana rota dio pasó a un silencio incómodo, Lucius y su esposa compartieron una mirada preocupada unos segundos
—Se los dije—afirmó Draco llamando la atención de ambos adultos —una fastidiosa— y como si nadie hubiera dicho nada, el niño siguió comiendo su desayuno y Leo le imitó
•|• León valiente de fuego •|•
Había cosas que la sociedad mágica aún no era capaz de aceptar, sobretodo los temas de sangre mágica eran muy delicados de tocar. Era una realidad bastante desagradable pero así era el mundo, al menos el mágico de Gran Bretaña, según sabía en América eran más paranoicos con el tema. Pero ese no era el punto, solo había regresado a una cuestión que desde hace mucho no recordaba
¿Cómo un padre podía despreciar a su hijo?
Recordó a su propio padre y creyó encontrar una respuesta poco convincente que transformó su disgusto a algo más grande que no importaba que su gesto siempre indiferente esta vez se viera afectado por las emociones que explotaban dentro suyo. Ni que empujara un mago o dos mientras se abría camino entre la multitud que abundaba en el lugar. Pudo asegurar que algunos de los niños eran estudiantes de Hogwarts en busca de materiales antes de regresar al colegio al finalizar las vacaciones de invierno. Cuando entró en el boticario su paciencia ya estaba al límite
—Severus— la mayoría de los clientes de la tienda miraron en su dirección al escucharlo, algunos de inmediato volvieron a sus asuntos y otros mantuvieron la mirada, sin embargo el mago que había llamado se mantuvo de espaldas, escogiendo algunas ramas de romero en una caja. Ahí mismo su paciencia se terminó. Con paso lento se acercó y en cuánto estuvo a su alcance sostuvo con fuerza una de las manos del hombre —¿Por qué no contestas mis cartas ni las llamadas por flu?—preguntó con voz dura
El contrario siguió escogiendo ramas con la otra mano libre —¡Severus!—
—No sé si te has dado cuenta, Lucius, pero soy profesor y estamos a mitad del año escolar, mi tiempo es escaso y muy importante como para usarlo en banalidades— el patriarca Malfoy rechinó los dientes mientras soltaba la mano que sujetaba
—¿Banalidades, Severus?— preguntó con tono suave a pesar de sentir las inmensas ganas de golpear al hombre —Yo creo que tu hijo no es ningún tema banal que podemos discutir solo cuando tengas tiempo— para sorpresa de nadie, Severus Snape, un hombre de ojos oscuros, piel cetrina y cabello lacio ignoró lo dicho por el hombre rubio. En vez de eso se dedicó a dejar en el mostrador de la tienda los productos que había terminado de escoger.
—¿Me podrías dar la cuenta, por favor?— preguntó al dueño de la tienda que había estado escuchando el altercado entre los dos magos, con incomodidad obedeció. Lucius arrugó el entrecejo y espero con otra reserva de paciencia (la de emergencia) a que el hombre terminará de comprar.
Cuando la bolsa con ingredientes estuvo en la mano de Severus y los galeones suficientes para cubrir el gasto en el mostrador, Lucius sacó al hombre de túnicas oscuras arrastrando, sin darle oportunidad alguna de que pudiera escapar.
Al salir al callejón Diagón Lucius se aseguró de pasar lo más desapercibido posible, esperando alcanzar el punto de aparición antes de que la mente brillante de Severus se iluminara y un plan de escape fuera ejecutado.
—¡Sueltame Lucius! Debo de volver al castillo— el reclamó hizo a Lucius suspirar de alivio, aquello significaba que había sorprendido a Severus con la guardia baja.
—Lo harás una vez hayas visto a tu hijo y le digas que le deseas un feliz año nuevo— declaró con firmeza avanzando entre la gente, la esperanza de estar a pocos metros de la zona de aparición le hizo sonreír hasta que una pequeña onda de magia cruda lo hizo soltar la mano que sujetaba.
Con una maldición atorada en la garganta miró a Severus Snape huir después de tener un brote de magia accidental provocada por su miedo a dar la cara al hijo que abandonó.
•|• León valiente de fuego •|•
—¡Se esta comportando como un niño! ¡Tan inmaduro!— el florero sobre la chimenea explotó y Lucius no pensó que lo fuera a extrañar, era de su padre después de todo, una de las pocas cosas que aun rondaban por ahí. Sirvió un generoso trago de whisky de fuego en un vaso y se lo tendió a su mujer.
Narcissa tenía la apariencia desalineada, como pocas veces Lucius tuvo el placer de verla, algunos mechones de cabello rubio escapaban del intrincado peinado, las mejillas sonrojadas y los ojos azules brillando en furia. Tomó el vaso que le ofrecían y de un trago hizo desaparecer la mitad del liquido servido. Lucius silbó.
—¡Irresponsable! ¿¡Cómo fue que nos convenció para que consintieramos su actitud tan desobligada!?— la bruja dio otra vuelta a la sala agitando las manos con indignación hasta que reparó nuevamente en el vaso de vidrio en su mano y la otra mitad dorada desapareció de la vista de Lucius —¡Maldito Severus Snape!—
—Cissy— susurró con tono cansado, faltaba una hora para que Lucius tuviera que ir a despertar a los chicos para apreciar, en familia, el primer amanecer del año nuevo.
Había sido una noche especialmente melancólica, no estuvo presente el usual alboroto que armaban Draco y Leo, no desde la fiesta que salió mal. Incluso ambos niños habían pedido ir a dormir en vez de esperar el amanecer despiertos como años anteriores. Debido a la privacidad que esto les brindo a los adultos Lucius pensó que beber algo en la biblioteca sería agradable, claro que no contaba con la excelente memoria de Narcissa y el rencor que su esposa estaba guardando contra Severus, el padre de Leo
—¡No trates de justificarlo solo porque es tu amigo, Lucius!—el rubio no negó ni aceptó nada, como buen político que era, en cambio miró a Narcissa dar otra vuelta por la habitación
—Seguramente en unos años, cuando Leo vaya a Hogwarts...—comenzó con voz tranquila y suave, sin presionar nada. Narcissa de inmediato le dio una mirada que le indicaba claramente que no siguiera hablando si quería dormir en su habitación la próxima semana
—Ustedes son tan insensibles— acusó Narcissa acercándose a la mesa para rellenar su trago, Lucius miró la acción con una ceja alzada pero no comentó nada —¿De qué otra forma sería si no? Ustedes no llevaban nueve meses en el vientre a sus hijos. Les da igual— la primera mitad del líquido encontró su camino al estómago de la rubia —Todos ustedes, ¡ingratos! ¿Sabes que haremos? Lo adoptaremos— el patriarca Malfoy tuvo un pequeño shock
—¿Adoptar?— repitió confundido
—Adoptar Lucius. Que Leo viva aquí definitivamente, no regresando un mes al año a esa cueva que Severus llama casa donde su padre lo trata igual que a los muebles. Que use nuestro apellido— la otra mitad siguió a la primera mientras Lucius pensaba las acciones y consecuencias del plan de su esposa
—Pero no creo que Severus...—
—¡No pongas pretextos, Lucius! ¿Crees que después de tratar así a su hijo va a negarnos la adopción? Sería muy hipócrita de su parte, además ya casi somos sus padres ¿no crees? Pasa aquí todo el año escolar, toma las tutorías con Draco, y ambos se llevan bien— explicó la mujer con la sencillez que el alcohol otorga. Lucius que no había tomado más que medio vaso acarició su frente pensativo
—¿Prince-Malfoy? ¿solo Malfoy y que el apellido Prince se pierda? ¿Y qué dices de lo que sucedió en la fiesta? Solo conseguiremos que los rumores sobre que Leo es un hijo bastardo se confirmen al darle nuestro apellido sin ninguna duda— Narcissa acercó un tercer vaso a sus labios pero no tomó el whisky, sus ojos entrecerrados en reflexión, considerando la situación que Lucius mencionó
—No dejaré que Severus lastime más a Leo, no lo haré Lucius, suficiente tiene el niño sin tener a su madre— la mirada azul de Narcissa volvió a arder, esta vez en determinación —lo que Severus hace es casi bárbaro. Dile que está bien, que ya no lo buscaras, que las cartas se terminan y las llamadas por flu también. Dile que ya no tiene nada que lo obligue a cargar con Leo— Lucius miro a su mujer con la sorpresa impresa en su mirada
—Cissy...— comenzó pero Narcissa le detuvo con un gesto de mano
—No Lucius, Leo no es una lechuza que solo necesita agua y comida para vivir, es un niño, y Severus no es lo suficientemente mago para poder hacerle frente a la responsabilidad de ser padre— Lucius miró a su mujer beber del vaso con una calma escalofriante.
—Supongo que no hará mucha diferencia— contestó con tono bajo bebiendo de su olvidado trago
El matrimonio Malfoy no volvió a hablar, concentrados en sus propios pensamientos como para poder entablar una conversación entre ellos. Así que no supuso problema para un par de chiquillos alejarse de la puerta entreabierta de la biblioteca y regresar escaleras arriba a las habitaciones.
•|• León valiente de fuego •|•
El año de 1987 terminó sin pena ni gloria en la mansión Malfoy. Lo mismo sucedió con 1988, 1989 y 1990. O eso sintió Leo.
Desde aquella madrugada en que su tía Cissy decidió que su padre no era apto para cuidar de él los días se volvieron un flash de horas enteras en la mansión siendo un miembro más de la familia, como antes, pero esta vez dejándole en claro que sus padrinos, a quienes les decía tíos de cariño, esperaban de él lo mismo que esperaban de Draco e incluso más.
Su tía Cissy le había dicho, a mitad del desayuno del primero de enero, lo que decidió sobre su tutoría. No supo si sentirse bien o mal de que su padre no se opusiera y firmará sin decir nada los papeles que volvían legalmente a Narcissa y Lucius Malfoy sus tutores hasta que cumpliera la mayoría de edad y que lo deslindaban del control de la herencia Prince que fue pasada en su totalidad a Leo. No hubo despedidas ni pedidos de verse algunos días. Severus Snape simplemente se levantó de la mesa y se fue sin darle una mirada.
Desde entonces Leo se sintió un poco más familiarizado con la rutina en Malfoy Manor, y una real obligación para hacer a sus tíos sentirse orgullosos de él. Así que en su segundo baile formal, durante el equinoccio de primavera, se disculpó formalmente con Parkinson que, al saber del cambio de tutores de Leo y posterior adquisición del título de Lord Prince con el legado de la fortuna y propiedades siendo administradas por los Malfoy, aceptó su disculpa para quedar en buenos términos.
Lecciones sobre como administrar una casa y los negocios comenzaron poco después bajo la entera supervisión de su tío Lucius y lecciones de etiqueta con su tía Cissy. Más bailes de equinoccios y solsticios se celebraron con Leonard entablando conversaciones con los demás Lores y Ladies en vez de estar con los demás niños. Comenzó a ser reconocido por su situación familiar, huérfano (pues se reveló que los padres del niño habían muerto años antes en la guerra quedando al cuidado de sus padrinos, y para cualquiera que dudará, un pergamino de herencia mostraba la pureza de sangre de sus dos padres), con la protección de los Malfoy, miles de galeones en varias bóvedas de Gringrotts y propiedades por todo el mundo.
Una apuesta segura en la sociedad sangre pura para todos aquellos que tuvieran una hija cercana a la edad del niño. E incluso hijos.
Pero se toparon con pared cuando Lord Malfoy negó imponer un contrato de matrimonio sobre el niño, alegando que el propio muchacho aceptaría propuestas cuando fuera mayor de edad. Entonces los Lores recurrieron al plan B, enviando a sus hijos a las fiestas y ordenando que se hicieran amigos de Leo, que resultó ser muy maduro para su edad y bastante selectivo con sus amistades, siempre teniendo al niño Malfoy cerca y alejando a los demás niños que querían un pedazo del 'Príncipe de hielo' sin conseguir algo más que una mirada de desdén o aburrimiento.
Así que cuando fue confirmado que Leonard Prince asistiría a Hogwarts se desató el caos en las casas sangre pura. Todas pensando en una forma de conseguir estar en el circulo de confianza de Prince, instruyendo a sus herederos a ser gentiles y amables con el muchacho.
Deseando poner sus manos en la fortuna Prince.
—Prince, Leonard— el comedor permaneció en silencio. Todos esperando a saber por la selección del 'Príncipe de hielo'
Ojos desde todos lados sobre el niño
—¡Slytherin!—
•|• León valiente de fuego •|•
Publicado: 18 de Diciembre de 2019
Palabras: 3547
Próximo capítulo: El niño que vivió
Nota de autor:
Solo puedo decir que este es mi primer proyecto de Harry Potter. Debo de resaltar que esta historia tendrá como pareja principal Henry Potter x Leonard Prince (Harry Potter).
Debido a que leí varias historias de gemelos Potter en donde el gemelo de Harry se enamora de este y por varias razones el amor no es correspondido (odio al patán). Así que pensé en escribir una historia donde Harry y su gemelo vivan juntos felices por siempre.
Si Fred y George Weasley pueden ¿Por qué ellos no?
Si deciden seguir leyendo después de saber esto espero que la historia les guste y que puedan seguirla hasta el final.
Nos leemos próximamente
Al
