Muchos/as de ustedes posiblemente conozca la telenovela en que está basado este OS, puede que incluso hayan visto algunos capítulos, y otras personas seguramente no tienen idea de qué carrizo pasó por mi cabeza al escribir esto. En fin, disfruten del espectáculo.

La Rosa de Mitakihara

En la escuela secundaria de Mitakihara las cosas iban normalmente. Era una escuela promedio, con estudiantes organizados y atentos, instalaciones decentes, y un profesorado responsable y severo. No era demasiado destacada, pero estaba muy lejos de que se le considere mediocre, en el sentido que sea.

La historia se centra en una de sus estudiantes más llamativas, Kaname Madoka, representante de su clase y responsable de la presentación de los nuevos estudiantes. Su trabajo era bastante sencillo para ella, por lo que no tenía ningún inconveniente y su día a día era bastante fluido...

Pero tenía un problema. O mejor dicho dos.

─ Madoka-san es mía. Déjala en paz, trepadora.

─ Yo conozco a Madoka desde muchísimo antes que tú, así que ella me debe corresponder a mí.

Dos de sus mejores amigas, Akemi Homura y Miki Sayaka, estaban perdidamente enamoradas del encanto que representaba Madoka, pero eso mismo hacía que entre ellas hubiesen problemas a cada rato. Estaban empeñadas en ser cada una la crush de Madoka y dejar a la otra por fuera, y eso en ocasiones degeneraba en problemas que llamaban la atención de sus compañeros de clase.

─ ¿Qué hay, Madoka? ¿Tonta y boba peleando otra vez? ─ llega Kyouko y se sienta al lado de la pelirrosa mientras se pone a comer papitas ─ Esas dos son como perros y gatos. Deberían ponerse de acuerdo.

─ No creo que eso se les haya ocurrido, Kyouko-chan.

─ Por eso mismo es que son tonta y boba, las inigualables ─ Kyouko se ríe burlona ─. Vamos, que es fácil llegar a un acuerdo: de lunes a miércoles, tú estás disponible para Homura. De jueves a sábado eres de Sayaka. Y listo, todas contentas.

─ ¿Y qué hay de los domingos, Kyouko-chan?

─ Me acompañarás en las misas a modo de agradecimiento por la gran ayuda que te acabo de dar ─ a Madoka le sale una gota.

─ ¡Te estoy diciendo que yo amo a Madoka-san muchísimo más que tú, Miki-san!

─ El amor tuyo no es más que un simple calentón comparado con el amor que yo siento por ella, cuatro ojos.

Algunos alumnos empezaban a dar ánimos para que llevaran más lejos la disputa que había entre ellas, y casi lo iban a hacer, cuando en eso se les atraviesa otra chica, Shizuki Hitomi, la más popular del salón, toca la frente de ambas con sus índices.

─ Basta las dos. Aquí no se pelea ¿Quedó claro?

─ Pero es que ella sigue diciendo que Madoka la quiere a ella, y eso no lo puedo tolerar ─ de defiende Sayaka.

─ ¿Y qué te hace creer que te quiere a ti? ─ le responde Homura.

─ ¿Madoka-san? ─ Hitomi mira a la susodicha, haciéndola sentir nerviosa.

─ P-pues yo... No me decido por ninguna ─ Madoka se pone a jugar con sus dedos ─. Es que no me siento lista para tener una relación y...

─ Lo que Madoka quiere decir es que dejen de pelear y la compartan. Que lo que es de dos es más divertido con tres ─ traduce Kyouko a su manera.

─ ¡Yo no dije nada de eso, Kyouko-chan!

─ Ya la han oído. Si Madoka-san no se siente lista todavía, no deberían atosigarla con sus peleas tontas, que así más bien la van a ahuyentar ─ Hitomi cruza sus brazos y mira con severidad a Homura y Sayaka, haciéndolas encogerse por el temor que les infundía.

Ya sin más que decir, y con Homura y Sayaka aplacadas por el momento, Hitomi se decide a ir a su asiento. Algunos alumnos, decepcionados porque no habría pelea, se retiran también a sus respectivos lugares. Madoka y Kyouko también se preparan, puesto que las clases ya estaban por empezar.


Varios días después

Pese a la firmeza de Hitomi y la locura de Kyouko, la cosa no había mejorado mucho con el paso del tiempo. Sus discusiones seguían siendo acaloradas, y cualquier cosa que sirviera para calmarlas apenas tenían un efecto breve y frágil, lo cual resultaba bastante frustrante en ocasiones.

─ ¿Es que Homura-chan y Sayaka-chan no van a dejar de pelear?

─ Pobrecita Madoka. Tus dos crush se niegan a compartirte ─ dice Kyouko rodeando a la susodicha con un brazo.

─ Mejor dejen de hablar de ese tema. En serio les digo que me está dando dolor de cabeza ─ aparece Tomoe Mami en escena.

─ ¿Qué te trae por aquí, Mami-san? ─ dice Madoka más animada.

─ Es que mi padre va a venir en un momento, y por eso estoy aquí para esperarle.

Madoka y Kyouko se quedan junto a Mami para esperar a su padre. Nunca habían conocido al progenitor de la rubia, y por eso mismo les daba curiosidad verlo por primera vez. Afortunadamente la espera acaba pronto, y aparece el susodicho con un portafolios en la mano, pero Madoka y Kyouko sólo se dan cuenta por la reacción de Mami, porque el hombre no guardaba ningún parentesco con su hija.

─ Papá, me alegro de ver que llegas.

─ Hija, también me alegro. Ha sido un viaje bastante largo ─ el padre de Mami mira a Madoka y Kyouko ─ ¿Ellas son tus amigas? Parecen ser buenas chicas.

─ Así es. Kaname Madoka-san y Sakura Kyouko-san. Son mis kouhais, pero también son unas grandiosas personas.

─ Pues me alegro de conocerlas ─ el padre de Mami hace una reverencia a Madoka y Kyouko, y luego mira a su hija ─ ¿Y qué tal las notas? ¿Te han entregado los resultados de tus últimos exámenes?

─ Sí. Aquí tengo todo ─ Mami entrega los resultados, y Madoka y Kyouko se asoman para ver también.

─ ¡Eso es admirable, Mami-san!

─ Genial. Este examen solo tiene más nota que todos mis exámenes del mes puestos juntos ─ Kyouko tenía una sombra en la cara.

─ Esa es mi hija. Te confieso que antes me extrañaba que no te parecieras en nada a mí, pese a que te parezcas muy poco a tu madre, pero supongo que sólo son detalles, y definitivamente no podría estar más orgulloso de ti. Sin duda eres la mejor hija del mundo...

─ ¡Vecino! ¡No sabía que ya habías llegado! ─ aparece otro hombre, y Madoka y Kyouko se quedan boquiabiertas al ver que ese hombre tenía un parecido extraordinario con Mami, casi como si fuese una versión masculina de su amiga ─ Me alegro que hayas regresado. Tu esposa no hacía otra cosa que hablar de ti.

─ Lo sé. Muchas veces la he tenido que llamar porque me dijo que quería estar en contacto conmigo, e incluso la llamé anoche para avisarle cuando venía de regreso.

─ Sí, lo sé.

─ ¿Qué dijiste?

─ Es que ella se lo estaba diciendo a tu hija esta mañana, y yo estaba casualmente pasando frente a la casa, pero pensé que tardarías un poco más ─ el vecino se veía un poco nervioso, pero el padre de Mami no se da cuenta ─. En fin, es una alegría verte otra vez, y no me canso de repetirlo. Incluso Nagisa también preguntaba bastante por ti. Lo que es más, ven aquí, hijita.

En ese momento llega una niña cuya presencia sorprende todavía más a Kyouko y Madoka. De la misma manera que Mami se parecía extraordinariamente al vecino, la pequeña Nagisa era igual de parecida al padre de Mami.

─ Creo que aquí hay algo raro ─ le susurra Kyouko a Madoka.

─ También yo lo creo, Kyouko-chan.

─ Bueno, me tengo que hacer unas compras, o mi mujer me va a regañar ─ el vecino de Mami agarra la mano de Nagisa y empieza a irse ─. Te avisaré cuando nos reunamos los colegas a jugar póker.

─ De acuerdo ─ el padre de Mami se despide de su vecino y vuelve su atención a las chicas ─. Somos amigos de toda la vida, casi hermanos. Pero en lo que iba, estoy muy orgulloso de ti, Mami. Vamos a ir todos juntos al parque para celebrar que ya estés casi graduada estando todavía a mitad de año.

─ Gracias, papá.

─ Madoka-san, ¿quieres ir conmigo a comer helado? ─ aparece Homura y se acerca alegre a la pelirrosa ─ En la plaza hay una heladería bastante buena que ha sacado un nuevo sabor bastante especial, y tengo cupones para que podamos disfrutarlo.

─ ¿De verdad? Suena genial ─ responde Madoka ─ ¿Vienes, Kyouko-chan?

─ Rechazo la oferta en esta ocasión ─ la respuesta de la pelirroja sorprende un poco a Madoka ─. Esta es una cita entre ustedes, por lo que es incorrecto que me meta. Pero lo del sabor me interesa, así que iré allá más tarde.

─ Papá, ella es Akemi Homura-san, otra amiga ─ dice Mami, sin mucha esperanza de que la señalada oyese.

─ ¡Eres una tramposa! ¿Cómo se te ocurre saltar sobre ella antes? ─ Sayaka agarra el brazo de Madoka de manera posesiva ─ Madoka, ¿quieres ir conmigo al parque de diversiones? Lo vamos a pasar bastante bien en el carrusel y en la montaña rusa, y también podemos comer churros y algodón de azúcar juntas.

─ ¿Tenías que mencionar los churros y el algodón de azúcar cuando me empiezo a ilusionar con el helado que dijo Homura? ─ se queja Kyouko en voz baja.

─ Madoka-san no va a aceptar esa invitación tuya ─ Homura se agarra al otro brazo de Madoka ─. No hagas caso a lo que Miki-san te está diciendo, Madoka-san. Se cree que es romántico causar esos sobresaltos tan insanos en una montaña rusa.

─ Y tú eres una aburrida que se cree que Madoka estará bien sólo dando un tonto paseo en una plaza vacía ─ Sayaka tira del brazo de Madoka ─. Ahora déjala en paz, que ella se viene conmigo.

─ No. Ella estará conmigo ─ Homura también tira del brazo que tenía agarrado.

Madoka iba de un lado a otro conforme estuvieran forcejeando Sayaka y Homura, y Kyouko, Mami y el padre de ésta última se quedan mirando.

─ Primera vez que veo que dos chicas se pelean por otra ─ dice el hombre ─ ¿Acaso será el champú que usa?

─ Ni idea, pero sea cual sea su secreto, ya puede ver que las trae loquitas ─ le responde Kyouko.


Al día siguiente

─ ¡No puedo más! ─ Madoka agita sus puños en el aire, bastante molesta ─ No entiendo por qué Homura-chan y Sayaka-chan se pelean tanto. Puedo comprender que les guste a ambas y todo eso, pero no hay razón para que tengan esa actitud todo el tiempo. De verdad no soporto más eso. Están tan intensas en su pelea que ni siquiera me dejaron disfrutar de mi almuerzo.

─ Lo sabemos, Madoka-san. Ellas de verdad están llevando este asunto muy lejos. Realmente están tan cegadas que no consiguen entender por las buenas ─ dice Hitomi dándole una palmada en el hombro a su amiga.

─ Sí, se les está yendo la mano. No parecen tener cabeza para darse cuenta de lo que arriesgan con sus peleas estúpidas sino hasta que terminen viendo a Madoka lastimada, o saliendo con otra persona ─ opina Kyouko.

─ Esto de verdad es grave. Me gustaría saber qué podemos hacer para arreglar este asunto ─ dice Mami preocupada.

─ Tal vez haya una manera ─ todas ven a Kyouko ─. En la iglesia donde estoy, cuando oras y ruegas por el cumplimiento de un milagro, una rosa surge, la cual se dice que cumple milagros, y que cuando el milagro se cumple empieza a escucharse una música celestial mientras sopla un fresquito que le mueve el cabello a la persona que tiene la rosa. Puede que sea la única esperanza que tienes para que no te vuelvas loca con tanta pelea.

Hitomi y Mami estaban dudosas sobre si aquello era lo que Madoka realmente necesitaba, pero la pelirrosa en cambio acepta el ofrecimiento sin pensárselo mucho. Lo realmente importante para ella en ese momento era sostenerse a la esperanza que fuera.

─ ¿Dónde está la iglesia que frecuentas, Kyouko-chan?


Algunas horas después

Madoka se guio por las indicaciones que le había dado Kyouko, pero se encuentra con dos templos, lo cual la deja bastante sorprendida. Ahora no sabía a dónde tenía que ir, y no encontraba a nadie a quién preguntarle, así que decidió elegir uno al azar para así atravesar la entrada.

Y ahora que estaba allí, recuerda lo que le había indicado su amiga, así que toma asiento en una de las bancas, espera nos segundos y termina poniéndose de rodillas para empezar su rezo.

─ Kami-sama, por favor te pido que me des una señal, una luz a seguir para que se acabe este problema que tengo. Sayaka-chan y Homura-chan se pelean demasiado por mí, y esto de verdad se ha ido de las manos...

─ ¿Qué estás haciendo ahí, Madoka? ─ aparece Kyouko algo agitada ─. Te dije que no te adelantaras, que podías venir conmigo a la iglesia, que por cierto no es esta.

─ ¿No?

─ ¡Desde luego que no! ¿Cómo crees que tendría una estatua como esa a modo de ídolo? ─ Kyouko señala la estatua, que era un Kyubey de tres metros de alto ─ Claro que no, que en este sitio hay muchos aquelarres, y no quiero que veas esas cosas tan feas que se hacen casi a diario. Ven conmigo, que la iglesia donde debes pedir el milagro está al lado.

Kyouko toma la mano de Madoka y la lleva al templo contiguo, donde la estatua que coronaba el altar era de Dendé, acompañado por dos esculturas angelicales de Goku y Piccolo. Madoka estaba algo sorprendida por el limpio acabado que tenía cada una de las figuras.

─ ¿De verdad es aquí? ¿Es aquí donde podré recibir ese milagro?

─ Por supuesto. Ahora tómate tu tiempo, que ahora mismo me tengo que cambiar para atender mis deberes en un rato.

Kyouko se retira, y Madoka vuelve a la faena de rezar, mirando fijamente la estatua central, y esperando a una señal, la que sea.

─ Kami-sama, por favor necesito de tu ayuda. No quiero que Sayaka-chan y Homura-chan vuelvan a pelearse nunca más. Te ruego que intercedas ante ellas y les muestres el camino para que se lleven mejor. No deseo que se hagan daño, ni que lo sufra ninguna otra persona. Dame una señal para que sepa que escuchas mi plegaria, Kami-sama...

En ese momento Madoka siente que algo pequeño y ligero cae sobre su cabeza, y al mirar se encuentra con una rosa sin espinas. Tal vez aquello era lo que necesitaba, así lo agarra con cuidado. Su esperanza, a partir de ese momento, recaía en esa rosa milagrosa.

Kyouko reaparece, ya vestida con un hábito y con su crucifijo colgando del cuello. Era la primera vez que Madoka la veía vestida así, y opinaba que, pese a lo sencillo que era ese ropaje, le daba a la pelirroja cierto aire de elegancia.

─ ¿Acabas de obtener la rosa? ─ Kyouko mira la rosa que estaba en manos de su amiga ─ ¡Genial! Ahora ven conmigo, que quiero que me ayudes en una cosa.

─ ¿En qué, Kyouko-chan?

─ El día de hoy quiero que me ayudes con las confesiones ─ Kyouko acompaña a Madoka para que te también se cambie ─. Mi padre lleva unos cuantos días de viaje para apoyar la expansión de nuestro mensaje, y en ese tiempo he estado enteramente a cargo de las misas y las confesiones. Pero hay algo bastante extraño que está pasando por estos lados, y me duele un poco la cabeza como para atender esta situación yo sola.

─ ¿A qué te refieres?

─ Ya lo verás, Madoka.


Media hora después

Madoka y Kyouko estaban sentadas juntas en el mismo confesionario, y afuera habían varias mujeres haciendo fila para confesarse. Madoka estaba nerviosa, pese a que Kyouko le dijo que todo estaba bien, y que ante cualquier duda le ayudaría.

─ B-buenos días, señora... ─ Kyouko le da un ligero codazo a Madoka ─ q-quise decir hija ¿Qué pecado has cometido?

─ Es que me he caído del puente ─ responde la mujer que se confesaba.

─ ¿Eh? ─ Madoka no pudo evitar su sorpresa ante esa respuesta.

─ ¿Qué pecado has cometido, hija mía? ─ dice Kyouko por su lado.

─ Sor Kyouko, ocurre que me he caído del puente.

─ ¿Qué significa esto? ─ susurra Madoka.

─ Ni idea. Desde que asumí este puesto, muchas personas que pasan por aquí aseguran que se han caído de un puente que ni sé cuál es, y la gran mayoría son mujeres ─ le dice Kyouko con evidente preocupación ─. Esto sinceramente no es normal, Madoka. Lo que es más, te digo que estoy a que me pongo a pedir un milagro para poder entender esta situación, que no hago más que partirme la cabeza con esto.

─ ¿Y qué hago entonces, Kyouko-chan? Ya la señora se ha confesado.

─ Haz la señal de la cruz cerca del enrejado, de modo que se vea, y le dices que su pecado ha sido perdonado y le dices que se rece un Padre Nuestro y un par de Credos. Es todo lo que debes hacer cada vez que alguien termine de confesarse.

Madoka asiente y hace conforme a lo que Kyouko le dice. Tal y como su amiga le había vaticinado, más mujeres venían a decir que se caían de un puente, lo cual no comprendía.


Varios días después

Kyouko, Mami, Hitomi y Madoka entran en la casa de ésta última, y todas son bien recibidas por Junko. Iban las cuatro a pasar un buen rato tomando el té, comiendo pastel y haciendo sus deberes (siendo Mami quien corrija los errores por ser la mayor del grupo). Todas juntas se dirigen a la habitación de Madoka, y al momento en que la anfitriona abre la puerta, todas se llevan una sorpresa que no creían haber tenido jamás.

Sayaka y Homura se encontraban en la cama de Madoka, desnudas, y encima se estaban tapando con las sábanas. Y si había alguna duda sobre lo que pudiera estar pasando allí, las ropas de ambas estaban desperdigadas a ambos lados de la cama.

─ ¿Q-q-qué significa esto? ¿Qué hacen ustedes dos aquí, y en mi cama? ─ Madoka estaba roja a más no poder.

─ La señora de la casa parece que omitió decirnos ciertas cosas ─ opina Kyouko.

─ O tal vez sea que Miki-san y Akemi-san se colaron sin invitación ─ teoriza también Mami.

─ ¿Es que acaso no se les ocurrió hacer esas cochinadas en casa de alguna de ustedes, o en un hotel? ¡Pervertidas! ─ Hitomi se tapa los ojos y se voltea.

─ Ahora yendo enserio ¿Pueden explicar qué están haciendo aquí, desnudas y en la cama de Madoka-san? ─ Mami da un paso al frente y se cruza de brazos ─ Hasta hace poquito teníamos entendido que ustedes no se soportaban y que rivalizaban por Madoka-san, así que no entendemos a qué se debe ese cambio.

─ Tampoco nosotras sabemos cómo es que caímos en esto ─ empieza a confesar Homura ─. Nos metimos aquí hace una hora, y entonces nos pusimos a pelear porque cada una quería quedarse aquí con Madoka-san... Creo que al final sólo perdimos la consciencia a partir de algún punto en nuestra disputa.

─ N-no queríamos que esto terminara así ─ Sayaka casi deja caer la sábana que la cubría por lo efusiva que era en su argumento ─. Es como Homura dijo, y esto terminó de esta manera extraña.

─ ¡Pero igual no hay excusa para hacer esto en una habitación ajena! ─ replica Hitomi ─ Sayaka-san, Akemi-san, pensé que tendrían un poco más de pudor, pero definitivamente esperé demasiado de parte de ustedes.

─ ¿No se han dado cuenta de algo muy importante? ─ todas voltean a ver a Kyouko ─ Si Sayaka y Homura están ahí y así, significa que no hay razón para que sigan peleando por Madoka, así que tienen solamente dos opciones: o aceptan compartir a Madoka, o se la arreglan entre ustedes. Ustedes deciden.

Homura y Sayaka se asustan ante la diatriba en que las ponía Kyouko. La pelirroja iba bastante enserio, no quería que Madoka siguiera siendo lastimada por las sempiternas peleas entre ellas, así que tragan grueso, sabiendo que no les quedaba de otra para responder.

─ Tienes razón ─ dice Homura.

─ Después de lo que acabamos de hacer, no tenemos moral alguna para pelearnos de esa manera por Madoka, así que...

─ Estaremos las dos con ella.

─ ¿Ehhh? ─ Madoka retrocede un paso y se pone bastante roja.

─ Vaya decisión más curiosa ─ opina Mami.

─ ¿Un triángulo amoroso consensuado entre chicas? ¿Eso es posible? ─ dice Hitomi.

─ Da igual. Ve y únete, Madoka, que así le damos un final feliz a todo esto ─ Kyouko empuja a Madoka, bastante sonriente.

Madoka estaba por objetar lo que la pelirroja había dicho, pero en ese momento siente un fresquito que soplaba, moviéndole un poco el cabello, y encima suena una música celestial que nunca antes había escuchado. En ese momento se da cuenta que se estaba dando el milagro de la rosa.

─ ¿Eh? ¿Eeeehhhhh? ¿Este es el milagro que se me daría? ─ dice Madoka sin poder creérselo ─ E-esto no me lo esperaba ¿C-cómo...?

─ Los milagros siempre son inesperados. Por eso es que son milagros ─ le dice Kyouko con tono pedagógico ─. Y nosotras nos vamos. No les agüemos el momento.

Madoka ve cómo Hitomi, Mami y Kyouko se retiran rápidamente de la habitación y cierran la puerta, dejándola a ella con Homura y Sayaka, las cuales la agarran por los brazos. Su rostro se vuelve completamente rojo, especialmente al sentir cómo sus dos pretendientes le respiraban en el cuello y empiezan a aflojarle lentamente la ropa. No hacía falta palabra alguna para saber que ahora se le venía la bendición tras el milagro. Jamás, en toda su vida, se habría imaginado que así serían las cosas para que Homura y Sayaka dejaran de pelear.


Al día siguiente

Kyouko estaba con un cuaderno en la mano, repasando una lista que había hecho ella misma, cuando ve que Madoka acababa de llegar, y tras ella estaban Homura y Sayaka. Eso era de esperarse, si hasta Kyouko, Hitomi y Mami decidieron ir a casa de la rubia para estudiar y no interrumpir lo que Sayaka y Homura le estuvieron haciendo a Madoka. Lo verdaderamente llamativo es que Madoka caminaba de forma lenta e intermitente como si sufriera dolor en la cadera y las piernas.

─ ¿Tan intensas son? ─ se burla Kyouko.

─ No es para reírse, Kyouko-chan ─ Madoka toma asiento con dificultad y entre quejidos ─. Creo que hubiese sido mejor aquello de estar con una a la vez, alternándolas durante los días de la semana. Ni siquiera pude bajar a cenar anoche.

─ Tienes que estar exagerando ¿De verdad ellas te pusieron a prueba tanto tiempo? Venga, dame detalles.

─ ¡Eh! No le vengas a sacar esa clase de explicaciones a Madoka-san ─ le responde Homura.

─ Chicas, chicas ─ Hitomi aparece apurada ─. Adivinen qué. El alcalde de Mitakihara está pasando por aquí. Al parecer está en una jornada presencial de comprobación del funcionamiento de las escuelas.

─ Justo a él quería verlo ─ Kyouko se levanta y agarra su cuaderno ─. Vuelvo en un rato. Tengo que hablar seriamente con el alcalde, que esto es urgente.

Sin que ninguna de las chicas tuviera oportunidad para preguntar Kyouko se va corriendo, casi chocando con Mami cuanto ésta pretendía pasar de largo frente a la puerta. Extrañada, decide entrar en el salón para averiguar lo que pasaba.

─ ¿Qué le pasa a Sakura-san?

─ Francamente ni idea ─ Sayaka se encoge de hombros ─. Pero ella es así de rara siempre, así que no pretendo preocuparme mucho.

─ Kyouko-chan dijo que quería hablar con el alcalde ─ dice Madoka, pensando seriamente en la situación ─. Creo que quiere hablar con él respecto a ciertos eventos anormales.

─ ¿A qué eventos anormales te refieres, Madoka-san? ─ dice Hitomi.

─ La otra vez estuve en la iglesia junto a Kyouko-chan, y las dos nos pusimos a confesar a la gente durante una hora, y por alguna extraña razón la mayoría de las mujeres que venían a confesarse decían que se habían caído de un puente, y solo unos pocos hombres confesaban lo mismo.

─ ¿Caerse de un puente? ¿Qué significa eso? ─ dice Homura.

─ Oh, no. Creo que Sakura-san se va a meter en problemas muy serios ─ todas miran fijamente a Mami ─. Parece que no se ha dado cuenta. Tal vez su padre no le dijo, pero resulta que desde hace un tiempo se ha puesto de moda que las personas que van a confesar infidelidad y adulterio en general van a la iglesia a confesar que se cayeron del puente.

─ ¿Qué clase de historia tan estúpida es esa? ─ Sayaka tenía el ceño fruncido ─ ¿Para qué querrían esas personas confesar esas cosas diciendo que se cayeron de un puente, y por qué en su mayoría son mujeres quienes hacen eso? ¿Acaso en esta ciudad sólo hay infidelidades de parte de mujeres?

─ Esa es una afirmación completamente incierta ─ dice Mami sin inmutarse ─. La verdad es que los niveles de adulterio en el matrimonio o concubinato son casi iguales en ambos sexos en Mitakihara. Simplemente ocurre que las personas que incurren en eso no lo confiesan abiertamente. Algunas mujeres que promovieron la iniciativa dicen que les daba vergüenza decir directamente que eran infieles, y que por eso le propusieron al padre de Sakura-san que confesarían sus faltas diciendo que se cayeron de un puente. Y al final incluso algunos hombres infieles se sumaron también a la práctica, aunque lo hacen más por diversión que por vergüenza, y sólo unos pocos usan ese recurso.

─ ¿Vergüenza? La verdadera vergüenza no está en confesar una infidelidad, sino en cometer la infidelidad ─ dice Hitomi con indignación y una pizca de asco.

─ ¿Y cómo es que sabes esas cosas, Mami-san? ─ inquiere Homura.

─ Por la presidenta de la junta vecinal de donde vivo. Ella fue una de las promotoras de la iniciativa, y no es muy discreta que digamos. Supuestamente esto lo sabe casi toda la población adulta de la ciudad, por lo que me extraña que Sakura-san no, pues su padre se lo debió decir.

─ En ese caso tenemos que decirle a Kyouko-chan ─ Madoka intenta levantarse, pero le cuesta mucho lograrlo, así que Homura y Sayaka la ayudan ─. Ella está por pasar una horrible pena por culpa de la gente promiscua de la ciudad. Debemos detenerla antes de que sea tarde.

Todas asienten y van lo más rápido que pueden para detener a Kyouko. Esperaban que no fuera todavía muy tarde para detenerla.


Frente a la escuela

El alcalde y sus escoltas ya habían terminado de recibir los informes de la gestión y mantenimiento de la escuela, así que vieron oportuno retirarse para dirigirse a la siguiente, pero unos gritos detienen sus pasos, notando que Kyouko era quien llamaba al alcalde.

─ ¿Quién eres, pequeña? ─ le pregunta en cuanto la pelirroja se detiene frente a él.

─ Mi nombre no es importante señor ─ Kyouko toma aire un par de veces antes de continuar ─. Quiero que sepa que algo raro está pasando: Muchas mujeres y unos pocos hombres están pasando por la iglesia de mi padre y dicen que se andan cayendo de un puente. Tiene que ayudar a la gente, que esto me preocupa muchísimo.

─ Un puente... ¡Jajajaja! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! ─ el alcalde se sostiene sobre sus rodillas, y su risa era tan intensa que casi se ahoga, y sus escoltas hacían un esfuerzo tremendo para no reírse también ─ ¡Jaja! Eres bastante divertida, niña. No te... jeje... No te preocupes, que no pasa nada.

─ ¿Cómo que no pasa nada? ─ Kyouko se enoja bastante ante la aparente falta de atención de parte del alcalde, y las demás chicas llegan justo en ese momento ─ ¡Usted es el alcalde, así que debería hacer algo al respecto! ¿Es que acaso no le preocupa la seguridad de los ciudadanos?

─ ¡Jajajajajajaja!

─ Kyouko-chan... ─ Kyouko no hace caso al llamado de Madoka.

─ ¡Esto no es para reírse! ¡Estamos ante una situación bastante grave de seguridad pública! ¡La gente se está cayendo de un puente como si nada, y su esposa es la que más se cae!

El alcalde, que hasta ese momento estaba rojo de la risa, frena en seco y se le borra la sonrisa de la cara. Sus escoltas también paran de reír, y sus rostros palidecen de golpe. Madoka por su parte, viendo aquella reacción, pensó que sería una buena idea decirle al alcalde lo del milagro de la rosa, pues se notaba que la necesitaba.

Fin


Y de ese modo concluye este OS. Creí que sería más corto, pero cada idea se monta sobre la otra, y pasa lo que pasa. Espero que les haya gustado esto, y veré para cuándo regreso a estos lares. Se cuidan, se portan bien y se mantienen en forma... de pelotas, en caso de que no hagan ejercicio en la cuarentena (yo lo probé, a ver si engordo. No ha funcionado todavía).

Hasta otra