Se decía que el destino era muy caprichoso e incomprensible, haciendo lo que quiere con quien quiere.
Siempre sintió que el destino la tenía contra él. Primero poniéndolo en un hogar con dos padres borrachos y buenos para nada, después matando a sus padres para que terminara con sus tíos. Solo para al final volverlo un... Fenómeno. Porque no había otra forma de llamar a las cosas extrañas que pasaban a su alrededor, como que su cabello creciera de la noche a la mañana, volver el cabello de su profesor azul, aparecer en el techo de la escuela cuando segundos antes estaba escapando de su primo Dudley, hablar con una serpiente y después desaparecer un vidrio.
Seguramente había alguien riéndose de su desgracia en algún lugar, burlándose de su mala suerte. O eso pensaba hasta que comenzaron las cartas. Primero una, luego otra, luego tres, después cinco, docenas más y una centena llegó por la chimenea. Solo había leído el sobre de la primera, pero estaba seguro que todas las demás decían lo mismo
Señor H. Potter
Alacena debajo de la escalera
Privet Drive, 4
Little Whinging
Surrey
Alguien lo estaba buscando, a él, y parecía que tío Vernon nunca quisiera entregarlo ¿Por qué? ¿Quién lo buscaba? ¿Para qué? Y entonces sus respuestas llegaron tocando a la puerta de la casa que habían rentado, en medio de una tormenta y en vísperas de su cumpleaños.
Rubeus Hagrid, guardián de las llaves y terrenos de Hogwarts.
Y entonces no había tenido padres borrachos, si no un par de padres amorosos y responsables que le dejaron una generosa cantidad de dinero, no habían muerto en un accidente, y no era un fenómeno ¡Era un mago! ¡Henry Potter no era un niño extraño! Solo era un niño mágico, que tenía magia ¡Que podía hacer magia! Por primera vez no odiaba su suerte ¡Era genial!
Y Hagrid no había dejado el asunto ahí. Si no que también lo había traído aquí, al callejón Diagon. Le mostró que no era una broma, que de verdad la magia existía, que había magos y brujas como él. Y que las cartas eran para que fuera a Hogwarts ¡Una escuela mágica! Con más niños iguales a él
Sentía que podría explotar en cualquier momento. El pensamiento de que podría lograrlo con magia lo hizo estremecerse y se obligó a calmarse, no quería morir en semejante momento. Sus gestos llamaron la atención de una bruja que iba saliendo del local frente al que se había detenido, pues Hagrid, mareado por el viaje en los carritos de Gringotts, lo había dejado frente a Madame Malkin, túnicas para toda ocasión para que comprara su uniforme mientras regresaba al Caldero Chorreante para comprar algo para el mareo.
Hasta ese momento Henry había sido abordado nuevamente por la emoción de los acontecimientos ¡Y solo habían pasado cerca de 14 horas! Cuando un hombre de cabello platinado salió del local de túnicas y lo miro con cierto desdén fue que se decidió a por fin entrar.
El local estaba oscuro y rollos de tela estaban por aquí y por allá, llenando las paredes, no había nadie a la vista lo que logró ponerlo nervioso ¿Tal vez no había nadie en este momento? Pero el recuerdo de la gente saliendo lo convenció de que no, siguió caminando hasta el fondo, donde el murmullo de unas voces le indicó el camino.
Repentinamente llegó a una especie de sala donde varios maniquíes modelaban ropas de mago llenando las paredes, al centro se alzaban dos banquillos, sobre cada uno estaba un niño, en el de la derecha estaba un niño de cabello rubio, aburrido, jugando con las mangas mientras el niño de la izquierda, de cabello negro se mostraba indiferente. Ambos estaban siendo atendidos por dos señoras que ponían agujas por aquí y por allá en las telas.
Henry encontró un banquillo cerca donde se sentó a esperar, pues no hubo señales de otra bruja que pudiera atenderlo a él
—¿Y cómo meteremos las escobas a Hogwarts?— Preguntó el niño rubio de repente, a Henry le pareció extraño descubrir que sus ojos eran grises
—La escoba, ya te dije que esperaré hasta el próximo año— respondió con desdén el azabache, Henry notó que el rubio bufaba con fastidio
—Vamos Leo, no seas tan estirado, un año sin volar ¿no te duele pensar en eso?— preguntó arrastrando las palabras, a Henry le pareció que el llamado Leo estaba harto del asunto por su suspiro cansado
—Claro que sí, pero de nada sirve que lleve una si no voy a poder volar libremente— respondió, el niño rubio quiso protestar, pero la llegada de otra bruja se llevó la atención de Henry
—Hola, ¿Buscas túnicas para Hogwarts?— preguntó con una sonrisa amable, Henry, sorprendido por su repentina aparición solo pudo asentir —Muy bien, por favor pásate a este lado, sube al banquillo y en un segundo comenzaremos— Henry hizo lo pedido, subió al banquillo llamando la atención de ambos niños, pues había quedado frente a ellos, de cerca, notó que el chico de cabello azabache tenía ojos verdes, de un tono oscuro
Intimidado por la atención Henry solo fue capaz de mostrar una sonrisa nerviosa que fue correspondida por Leo, mientras que el niño rubio torció los labios al ver su vestimenta. Henry de inmediato fue abordado por la bruja de antes que puso una túnica sobre su cabeza y varias agujas fueron en su dirección, flotando, Henry se entretuvo mirando los objetos moverse sin que ninguna mano los tocará
Repentinamente un carraspeo llamó su atención, miró al frente encontrando la mirada verde del llamado Leo —Así que a Hogwarts ¿no?—preguntó con voz tranquila, Henry dió un pequeño brinco antes de ver inseguro a Leo
¿Tal vez podía por fin hacer amigos? Dudley ya no estaría detrás de él junto con su grupo de amigos para acosarlo y espantar sus amistades. Con la nueva resolución de que podría tener dos nuevos amigos contestó
—Si— como si ese fuera un permiso, Leo lo inspeccionó paseando su mirada por su persona incomodando a Henry, su cabello azabache era un desastre que nunca podía ser domado y, según su tía Petunia, lo hacía ver como un vagabundo, su piel un poco morena no tenía ningún pero que sus lentes horribles pegados con cinta tenían. Además de que vestía la ropa de Dudley. Avergonzado bajó un poco la mirada
—Pareces... desorientado—Henry escuchó claramente como el niño rubio carraspeó para aclararse la garganta lo que hizo que levantase la mirada encontrándose con los ojos verde oscuro, todavía incómodo decidió ver los utensilios que flotaban en el aire
—Solo... esto es algo nuevo—murmuró mirando la cinta métrica
—Así que nacido de muggles ¿no?— asumió el rubio con voz burlona, el chico hizo una mueca al reconocer la palabra que había usado Hagrid para referirse a sus tíos. Suavemente negó
—No, eran un mago y una bruja si a eso te refieres— Leo levantó una ceja intrigado, casi como los profesores cuando Henry contestaba bien algo y al segundo siguiente lo arruinaba con otra cosa evitando que Dudley fuera con el cuento a sus tíos. Pero los profesores presionaba el tema.
—¿Entonces porque no sabes del mundo mágico?— la pregunta salió de sus labios con tono sospechoso, Henry se sintió enojado
—Porque ambos están muertos— respondió con frialdad, Leo torció un poco los labios
—Oh... lo siento— escuchó la disculpa del rubio que decidió darle un codazo a su compañero, Henry de inmediato junto el entrecejo
—No lo hagas, no quiero su lástima—demandó con gélida voz, Leo sonrió por la cara ofendida que el rubio puso por sus palabras
—Si te consuela, mi madre también—murmuró Leo, el rubio bufó mientras Henry se sentía más enojado
—Ciertamente eso no lo consuela— declaró el de ojos grises con veneno en la voz
—Cállate Draco—demandó Leo que tenía arrugada la nariz en claro descontento, él mismo casi la arruga al percatarse de que ambos poseían el mismo tic para mostrar molestia
—Ya está el de ustedes, jovencitos —interrumpió una de las costureras con dos paquetes en sus brazos, Leo asintió mientras bajaba y tomaba el de arriba, el llamado Draco sólo tomó el suyo antes de caminar a la salida, Henry se mostró un poco más relajado por que ambos niños se iban
—Entonces supongo que nos vemos en Hogwarts, adiós— se despidió Leo rápidamente antes de seguir a su compañero que lo esperaba
Henry no se molesto en contestar, enojado por el trato que Leo tuvo con él. ¿Como diablos se supone que decir que tu madre también murió hace a alguien que perdió sus dos padres sentir mejor? No lo sabía
Después de un rato la bruja que lo estaba midiendo le entregó su paquete y por fin pudo salir, encontrando a Hagrid esperando junto con dos helados. A Henry no le supo tan bien como imaginó
•|• León valiente de fuego •|•
•|• Capítulo 2 •|•
—¿Seguro que llevas todo, dragón?— Leo soltó la carcajada y de inmediato un zapato fue a parar a su cabeza, maldijo en voz baja la buena puntería de Draco mientras cerraba el baúl donde llevaba todas sus cosas, era negro con detalles plata y sus iniciales grabadas en una placa brillante, mientras que el de Draco, que también estaba por cerrar, era verde oscuro con detalles dorados y figuras de dragones grabados
—¡Ya te dije si, madre! Y no me llames así— reclamó el rubio mirando con rencor a Leo que simplemente tomó su baúl y salió de la habitación cerrando la puerta detrás de sí
—No seas tan malo con tía Cissy, dragoncito— se burló en voz alta y en cuanto escuchó la puerta de la recámara abrirse nuevamente emprendió huida a toda velocidad, al llegar abajo fue recibido por Lucius que aunque le vio sospechosamente no lo reprendió por correr, cosa que lo alivió, Lucius no era tan estricto con el comportamiento cuando estaban solos, solía decir que los niños tenían que tener tiempo para eso, ser niños, su tía Cissy completaba la escena diciendo que tanto ella como Lucius no habían tenido bonitas infancias y no querían que ellos sufrieran lo mismo, aunque para Leo era algo tarde para preocuparse por ello
Lucius caminó por los pasillos con Leo siguiéndolo de cerca hasta que llegaron a la sala donde estaba la chimenea, por fin era 1ro de septiembre y tanto él como Draco tomarían el tren que los llevaría a Hogwarts, su nuevo hogar por los próximos siete años —Cuídalo mucho, Leo, y cuídate tú también— susurró el rubio dándole un escaso abrazo por los hombros que Leo recibió con muchas ansias. Los nervios lo tenían al límite desde que llegó su carta de Hogwarts, sabiendo que cuando llegara al colegio mágico, volvería a ver a Severus Snape, después de tantos años, el solo pensamiento lo hizo apretar a Lucius con más fuerza y de verdad agradeció que su tutor no dijera nada.
Cuando se separaron apareció Narcissa en las escaleras con un atuendo casual, y por casual significaba algo costoso que gritaba su estatus de Lady Malfoy en color café con una capa negra y bordados elaborados en hilos negros. Leo sonrió al ver a su tío sonreír con verdadera coquetería a su esposa.
—Cissy, tan hermosa como siempre— elogió Lucius tomando la mano que su esposa ofrecía y depositó un suave beso en el torso
—Si, si, se quieren y se procuran, nos quedó claro ¿Ya podemos irnos?— interrumpió Draco en medio de gruñidos bajando con dificultad su baúl. Leo se tomó la libertad de girar los ojos con fastidio mientras agitaba su varita sin rastreador y flotaba el baúl hasta donde estaba el suyo, Draco levantó la barbilla ofendido
—Eres imposible Draco, y aún falta mucho para que sean las once— exclamó con firmeza ante el apuro del otro, Draco entonces le sacó la lengua
—Nunca está de más llegar temprano, Leo, y Draco, no seas grosero, nunca debes de perder la compostura frente a las provocaciones— regañó Narcissa a ambos, Leo asintió solemne, sintiéndose culpable por su actitud tan poco tolerante de los últimos días producto de sus nervios, mientras Draco bufó ganándose otra mirada reprobatoria de su madre —Ahora, vamos— la mujer de cabellos rubios se acercó a la chimenea de su sala, tomó un puñado de polvos flu y gritando su destino desapareció, Leo fue el siguiente seguido de Draco y al último Lucius
Cuando todos estuvieron frente a un tren escarlata que dejaba salir una nube de vapor arriba suyo, Leo comenzó a sentir cosquillas en la piel, sus ojos esmeraldas brillaron ante el deleite de ver tanta magia flotando en el aire, eran como pequeños granos de arena de colores. Lo mismo había pasado cuando visitaron el callejón Diagon para la compra de materiales, y aún así Leo seguía disfrutando de ver tal espectáculo como la primera vez.
Leo estaba distraído mirando la magia del aire que fue sorprendido cuando Narcissa tomó su mano y le dedicó una mirada preocupada. Leo sabía que estaba preocupada de que estuviera asustado, no por estar alejado de casa tanto tiempo, sino de lo que Hogwarts tendría en las mazmorras para él. Leo le mostró una pequeña sonrisa que hizo a su tía suspirar tranquila. Cuando la mujer creyó suficiente soltó al menor para tomar de un brazo a su esposo.
El pequeño grupo fue reconocido por varios quienes les dirigieron un saludo con un movimiento de cabeza. Leo, consciente de las miradas hambrientas sobre él, compuso una mirada de desdén y aburrimiento. Por la palmada de Lucius en su hombro supo que lo estaba haciendo bien. Demasiado pronto estuvieron frente a una de las puertas del tren después de haber subido el equipaje al vagón de carga.
Leonard, en su papel de ahijado, se alejó lo suficiente para que su tía Cissy llenará de consejos a Draco que malhumorado decía si con la cabeza a todo. Lucius notó el gesto del niño Prince, y aunque por código moral estaba bien se sintió culpable. Así que se acercó a él
—Espero que brindes orgullo tanto al apellido Prince como Malfoy en Hogwarts— Leonard lo escuchó atento, mostrando su nerviosismo en el movimiento de sus dedos, aún así inclinó la cabeza y contestó
—Así será padrino— Lucius asintió satisfecho antes de girar a donde su esposa había terminado de hartar a Draco, Narcissa no fue tan formal como el Lord Malfoy, obviando las miradas curiosas le dio un abrazo a cada uno de sus niños, pues ella los quería a ambos como hijos de su vientre.
—Les enviaremos una carta luego de la selección— prometió Draco antes de subir al tren en busca de un compartimiento vacío para el viaje.
—Nos vemos en Yule— se despidió Leonard siguiendo a su amigo, el matrimonio Malfoy solo espero verlos subir antes de desaparecer entre la gente.
—Aquí, Leo— anunció el rubio abriendo una puerta para dejar ver un espacio vacío. El niño Malfoy entró y se dejó caer en el asiento, Prince asintió aceptando el lugar antes de entrar, estuvo a punto de cerrar la puerta corrediza cuando una gruesa mano detuvo el movimiento. Su vista fue abrumada por la presencia de magia color marrón con algunas chispas platas, la reconoció al instante.
—Goyle, Crabbe— saludó con practicada indiferencia, ambos niños simplemente asintieron antes de avanzar tratando de entrar, Leo estuvo a punto de decirles que se fueran.
Desde su primer asistencia a una de las fiestas de sus padrinos y el incidente con Parkinson se había cuidado de estar tanto tiempo con niños, más aún cuando el título de Lord Prince terminó en sus hombros pues era difícil controlar su sarcasmo. Y sinceramente ya no soportaba la compañía de otros niños que no fueran Draco o Theo Nott, porque eran muy irritantes con preguntas sobre su situación política.
—¡Ya era hora!— intervino Draco levantándose del asiento y empujando ligeramente a Leo para que se sentara y abriera paso para que los dos niños pasaran —Les dije que debían de llegar antes para apartar el compartimiento— Leo retuvo el suspiro cansado a tiempo, Draco cerró la puerta y se sentó a su lado izquierdo —Fue una fortuna que yo pudiera encontrar uno vacío tan cerca de la puerta, espero que esto no se repita cuando regresemos en Yule— Crabbe y Goyle solo se miraron un momento antes de ver a Draco y mover toscamente su cabeza en una afirmación
El niño Prince estuvo a punto de señalar que habían llegado tan temprano que sería imposible no encontrar un compartimiento vacío pero se detuvo, no iba a corregir a su amigo frente a Crabbe y Goyle, quienes, si no se equivocaba, habían sido enviados por sus padres a ganarse el lado bueno de Draco; solo lograría que ambos niños perdieran el respeto que tenían por su amigo Malfoy. Sin embargo...
—¿Qué hacen ambos aquí? Se supone que solo estaríamos los dos solos— preguntó en voz baja mirando de reojo a los intrusos, ambos veían a través de la ventana al andén
—Bueno, tú sabes que quieren ser mis amigos— señaló Draco con una sonrisa, susurrando —Así que me pregunté ¿Por qué no aprovechar? Muchos de los herederos te buscarán mientras dure Hogwarts, no soy tan idiota para pensar que siempre voy a estar cerca de ti para ahuyentarlos, así que si alguien te molesta, alguno de ellos dos te defenderá— Leo le dio una mirada a los dos niños
De los dos, ninguno le caía bien, más aún por sus magias, desde que supo de su habilidad la había aprovechado al máximo, investigó en varios libros hasta que encontró información suficiente, así como era capaz de ver la magia en el ambiente podía ver la de las personas, y tanto la de Crabbe como Goyle eran marrones, color que significaba egoísmo y celos. Realmente no creía que pudiera confiar en ellos
—Me puedo defender solo Draco, pero gracias por preocuparte— el rubio mostró una sonrisa victoriosa
—Eres como mi hermano ¿por qué no me preocuparia por ti?— Leo se limitó a sonreír un poco antes de sacar de su mochila un libro de runas —Ahora, Crabbe, Goyle, seré específico con ustedes, si van a estar detrás de mí todo el tiempo tengo que dejar en claro algunas cosas— la pequeña sonrisa de Leo desapareció y usando el libro como escudo rodó los ojos
Draco había asumido los últimos meses que ser igual que Lucius Malfoy era algo que debía de hacer como su hijo para brindarle orgullo. Por lo tanto había estado actuando tan arrogante como su padre la mayoría del tiempo, creyendo que ser un Malfoy le daba derecho a la obediencia absoluta. Lo peor sucedía cuando gente como Crabbe y Goyle le daban la razón obedeciendo.
Unos golpes suaves en la puerta interrumpieron la conversación unilateral que estaba teniendo Draco con los otros niños, Leo estaba apunto de abrir por ser el más cercano a la puerta cuando Draco lo detuvo, confundido le dio una mirada a su amigo que solo agitó la mano, como una señal Goyle se levantó y abrió la puerta
—Gregory, buenos días— Leo arrugó la nariz al identificar la voz chillona que había saludado, y sus sospechas fueron confirmadas cuando una niña vestida con unas túnicas color cereza entró al compartimiento, su cabello sujeto con un perdedor dorado —Leonard, Draco, buenos días, lo mismo para ti Vincent— Pansy había comenzado a ser educada cada vez que se encontraban después de que Leo le pidió disculpas, aunque eso no quitaba que seguía sintiendo rencor por ella
—Parkinson, tu atuendo es muy favorecedor— alabó con voz forzada, la niña mostró una sonrisa petulante
—Si, se ve bien, pero no combina nada con tus ojos, de hecho fue una muy mala combinación, tu gusto es muy pésimo— pero aunque Leo estaba atado al código moral debido a su título y siempre tenía que ser educado, Draco estaba tan libre que aún podía hacer lo que quisiera, y entre esas cosas entraba el hecho de hacerle comentarios groseros a Pansy cada vez que se encontraban.
Parkinson mostró un rubor en las mejillas indignada, Vincent soltó un pequeño ruidito de concentración antes de afirmar con la cabeza para enojo de la niña, Leo estaba seguro de que el niño solo lo hizo para ganarse el favor de Draco
—¡Tan grosero como siempre, Draco! Espero que tu futura esposa sea una arpía— insultó enojada antes de marchar fuera del compartimiento y dejar una estela de magia verde oscuro detrás de ella
—No deberías de provocarla, tía Narcissa mencionó que ella era una de las candidatas para formar un compromiso en tu nombre— Leo se deleitó con la mueca de asco que apareció en la cara de Draco
—Prefiero renunciar al apellido que casarme con ella— Goyle y Crabbe saltaron en su asiento, Leo notó el movimiento y algo de cautela surgió, recordaría regañar a Draco después por hablar tan a la ligera de esos temas frente a otros herederos que solo lo seguían por su apellido
—Si, claro— contestó cortando el tema, Draco percibió su reacción, sabiendo que Leo no podía decir cualquier cosa o actuar como quisiera en público porque podía luego ser usado en su contra mejor decidió hablar con los otros niños.
Leo se resignó a un viaje para nada cómodo cuando las chispas en el aire se volvieron verdes y el silbato del tren se escuchó por todos lados. Cuando el tren comenzó a moverse mejor se dedicó a leer, Draco seguía hablando sobre su intento fallido de llevar consigo su escoba siendo descubierto por su madre con Crabbe y Goyle escuchando atentamente.
Al menos un par de horas pasaron cuando la puerta fue abierta de golpe, Leo arrugó la nariz ante tal gesto maleducado cuando vio a dos niños, una niña de cabello castaño esponjoso vestida con las túnicas de la escuela miraba a todos con la cara en alto mientras un niño de cabello castaño casi rubio lloraba detrás de ella.
—¿Han visto un sapo? Neville lo perdió, se llama Trevor— habló la niña mirando a todos
—¿Sapo? ¿Quién en estos años compra un sapo? Están pasados de moda— Draco levantó la barbilla, su sonrisa burlona aprobaba el comentario de Vincent y no presagiaba nada bueno, al menos para los visitantes inoportunos
—¿En serio? Por que la carta de materiales decía que los sapos también estaban permitidos al igual que los gatos y lechuzas, no veo nada de malo en que Neville tenga uno, por lo veo ninguno de ustedes tiene algo de eso ¿Verdad?— defendió la niña dedicándole a Crabbe una mirada firme, Leo tuvo la sensación de que ella no tenía idea de lo que hizo cuando aceptó el silencio siguiente como aceptación
—Hmn ¿cuál es su nombre señorita?— preguntó con una pequeña sonrisa, deteniendo el movimiento que Draco estaba por hacer a Crabbe y Goyle
—Hermione Granger, y como dije este es Neville, Neville Longbottom, y estamos buscando a su sapo Trevor ¿Si lo han visto, o no?— Leo se abstuvo de señalar que eso no le había preguntado a la niña pero simplemente contestó
—Nadie en este lugar vio a un sapo, tal vez si continuarán su búsqueda tendrían éxito, señorita Granger— Draco gruño con molestia por su cortesía, ambos estaban conscientes de que Granger no era un apellido mágico, y como tal, la niña seguramente era una sangresucia, pero Leo no tenía ganas de ver a Draco haciendo de clon estropeado de su tío Lucius
—Tal vez, aún así, deberían de ser más corteses, soy una chica, así que deberían de tenerme más respeto, lo mismo sucedió unos compartimientos atrás, de verdad no puedo entender como Henry Potter es tan grosero — y así como llegó Granger se fue, con Longbottom detrás de ella, Leo compartió una mirada con el niño antes de la que puerta se cerrará, algo de diversión se filtró en su cara cuando Neville lo reconoció y mostró verdadero terror
—¿La escuchaste?— preguntó Draco saltando en su asiento, Leo lo miró con una ligera burla reflejada en su sonrisa
—La escuche Draco, y no, no he visto ese sapo— afirmó levantando el libro para seguir leyendo, Draco metió la mano y detuvo su movimiento ganándose una mirada ofendida de su parte
—Yo no hablo del sapo, Leonard. Sobre Henry Potter—
Leo borró su sonrisa.
Henry Potter, el niño que vivió, salvador del mundo mágico, no había niño mágico que no hubiera escuchado de él durante su infancia. Nadie excepto Leo, claro, hasta que Narcissa considero que Severus Snape era un idiota por no decirle algo tan básico a su hijo; Henry Potter era el enigma más grande del mundo mágico, un niño que sobrevivió a la maldición asesina con algo menos que una cicatriz de un rayo.
Pero lejos de eso también era el heredero de la fortuna Potter, un mestizo, y según su tía Narcissa también heredero de los Black porque Sirius Black, un mago que estaría por siempre en Azkaban, era padrino del niño y lo tenía como su heredero universal. A pesar de que Narcissa era prima hermana de Sirius y Draco su sobrino, Potter estaba primero en la línea de reclamación.
—Si— contestó luego de unos segundos perdido en sus pensamientos —También escuché eso— Draco mostró una sonrisa que hizo a Leo tener un escalofrío
—Muy bien, entonces vamos a saludarlo— Malfoy se levantó de su asiento mientras Leo parpadeó confundido —Crabbe, Goyle, quédense aquí y vigilen que nadie más venga a molestar— ambos niños asintieron, contentos de no tener que acompañarlos —Vamos Leo— Prince suspiró antes de levantarse y abandonar su libro en el asiento
—No creo que sea buena idea, Draco, ¿No había dicho tu padre que fue criado por muggles?— comentó mientras caminaba detrás del niño rubio quien comenzó a asomarse por las ventanas de los compartimientos que pasaban sin vergüenza alguna. Leo pudo ver en alguno a un par de gemelos y en otro a Granger, en otro más Parkinson platicaba con Greengrass.
—Si, pero nunca se confirmó nada ¿Recuerdas? Dumbledore creyó que así nadie lastimaria a su salvador, ya sabes, antiguos partidarios buscando venganza— Leo apretó los labios, no seguro de que Draco pudiera bromear con el tema con tanta libertad —Además, es imposible que no sepa de ti, desde el artículo de El Profeta eres también una celebridad— Prince deseó no haber escuchado eso un instante después en que su magia zumbó en el aire molesta
—Si, bueno, eso no quiere decir que me guste tener a todos encima de mi— alegó tratando de calmarse cuando los bodrios comenzaron a vibrar
Draco, ajeno a la reacción negativa de su amigo abrió la puerta de un compartimiento en donde un par de niños viajaban, posiblemente de primero, Leo decidió quedarse afuera a esperar, pensando en su odio contra El Profeta y sus escritores de quinta
—Esos dos no saben nada— anunció Draco saliendo del lugar —Pero solo quedan tres compartimientos, el último es de unos chicos de sexto y el otro está lleno de chicos de cuarto, así que, solo queda ese— apuntó a la puerta más cercana antes de avanzar
Leo solo asintió caminando detrás de él. Draco se acercó lo suficiente antes de abrir la puerta, Leo suspiró al verlo sonreír con petulancia
—Oh, mira, el niño de la tienda de túnicas— Leo miró dentro y efectivamente, el chico que había conocido en la tienda estaba sentado junto con un niño pelirrojo que tuvo la seguridad de que era un Weasley al ver sus mejillas llenas de pecas y ojos azules, pequeñas chispas de magia roja y plata flotaban en el aire, señal de que alguien había lanzado un hechizo antes
—¿Es que nadie aquí sabe tocar la puerta?— se quejó Weasley dándoles una mirada furiosa a Draco y Leo, pero ninguno se vio realmente afectado al tener su atención en el niño que habían conocido semanas antes.
—Hm, se escuchan rumores de que en este compartimiento se encuentra Henry Potter, ¿es cierto?— preguntó Draco mirando inquisitivamente al niño azabache, Leo solo tuvo que darle una mirada a su frente para ver la cicatriz y confirmar la sospecha
—Si— respondió el chico mirando a ambos, Leo pudo ver que Draco se enderezaba tratando de parecer más alto
—Bien, él es Lord Leonard Prince y yo soy Draco, Draco Malfoy— el chico Weasley tosió con fuerza, lo suficiente para parecer exagerado mientras murmuraba un dragoncito mezclado con estirado, Leo supo que Draco se defendería de inmediato por lo que intervino
—En la tienda de túnicas no hablamos mucho, además de que tuvimos una conducta muy grosera contigo, te pido formalmente que perdones nuestra actitud— Potter lo vio con cierta precaución pero Leo no se inmutó ni un poco, adultos mayores habían tratado de ponerlo nervioso por lo que sería fácil evitar a Potter. El misterio de saber el color de los ojos del niño se resolvió al ver a través de los lentes una mirada avellana.
—Bueno, sinceramente no me ofendiste así que no deberías de disculparte— comentó Potter agitando una mano como si no fuera la gran cosa, Leo apretó la mano al mismo tiempo que Draco se tensaba e incluso el chico Weasley miraba con terror a su compañero de compartimiento
No sabe nada...
—Henry— murmuró Weasley mirando a Leo con precaución, como si de la nada fuera a sacar su varita y les lanzará hechizos a ambos, aunque a Prince ganas no le faltaban —No puedes rechazar una disculpa formal— susurró
—Vaya, parece que al menos sabes lo maleducado que es esto, Weasley, con lo que padre me dijo sobre los Weasley y su manía de tener más hijos de los que pueden mantener creí que ni siquiera sabrían de los rituales sagrados— Leo giro los ojos al escuchar a Draco, seguramente estaba muy molesto. El chico pelirrojo se sonrojo notablemente de furia
—Draco— murmuró Leo tomando de un brazo al rubio pero su amigo de inmediato se sacudió su mano y avanzó un par de pasos
—Espero que pronto conozcas todo sobre el mundo mágico, Potter. No te conviene ser maleducado con un Lord como Prince— el rubio miró despectivamente a Weasley —Y seguramente no podrás aprender rodeado de gente de una clase indebida, yo puedo ayudarte con eso— al final Draco le extendió la mano a Potter, Leo sostuvo la respiración y casi se ahoga cuando el niño que vivió rechazó la oferta, el ambiente comenzó a llenarse de la magia azulada de Draco
—Creo que puedo aprender del mundo mágico solo, Malfoy— respondió con frialdad, el rubio bajó su mano con lentitud
—Deberías de tener cuidado, Potter— Draco estaba calmado, pero Leo podía ver la magia agitarse a su alrededor con enojo —A menos que seas un poco más educado, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y terminarás igual— Leo de inmediato se puso frente a su amigo mientras que Henry y Weasley se levantaban de su asiento con rapidez
—¡Repite eso!— dijo el pelirrojo, con la cara roja de furia y su varita arriba, la punta estaba rota y dejaba ver el núcleo, Prince suspiró para disimular su reacción
—Será mejor que nos vayamos, Draco, tío Lucius no estará contento— exclamó mirando al rubio con cansancio, el niño asintió antes de dar la vuelta y salir con rapidez
—Eso es, váyanse, como siempre hacen, cobardes mortífagos— atacó Weasley antes de que Leo saliera por completo del compartimiento, detuvo sus pasos y se giró para mirar a ambos niños. Potter le dio una mirada nerviosa que no hizo menguar su enojo. Con rapidez sacó su varita de su porta varitas y disparo
—Rictusempra— guardó la varita y salió del compartimiento, escuchó algunos sonidos producto de su hechizo aún dos compartimientos adelante, Draco al verlo levantó una ceja —Nadie se puede burlar de tu nombre a parte de mi— respondió a una pregunta muda antes de seguir caminando
—Los Weasley son unos idiotas, queda comprobado— Fue lo único que Draco comentó antes de que ambos llegarán a su compartimiento. Para alivio de Leo, Theodore Nott, un heredero sangre pura y el único niño que podía aguantar además de Draco, estaba dentro esperándolo.
•|• León valiente de fuego •|•
—Los sangre pura son unos idiotas, te lo dije— fue lo primero que dijo Ron una vez el hechizo que Prince les había lanzado fue retirado por Hermione. Henry se sentía extraño por haber reído tanto tiempo sin ninguna razón
—No deberían de pelearse, solo se conseguirán problemas— reprendió Hermione mirando a ambos niños, Ron giro los ojos con fastidio, Henry por su parte se sintió como cada vez que tía Petunia lo regañaba por algo que Dudley había hecho, así que hizo exactamente lo mismo que en esos casos, ignorarla
—Si, pero Prince solo reaccionó por tu comentario ¿Motirapos?— preguntó a Ron, escuchó un sonido ofendido de la niña
—Mortífagos, seguidores de ya sabes quién. Los Malfoy fueron parte de ellos, mi papá dice que ellos no necesitan una razón para unirse a él. Y Prince vive con los Malfoy— explicó el pelirrojo sacudiendo la cabeza
—¿Prince? ¿Qué tiene que ver un príncipe en esto?— intervino Hermione, Henry rodó los ojos al mismo tiempo que Ron, sin embargo la niña no se dejó intimidar y esperó pacientemente una respuesta mirando inquisitivamente al niño de ojos azules
—Prince, es un apellido. Uno de los sagrados veintiocho— aclaró el pelirrojo de mala gana, Henry levantó una ceja intrigado
— ¿Los sagrados veintiocho? Pero los Prince no formaban parte de la lista. Lo sé porque lo leí en tres libros diferentes y pude memorizar la lista. Los Abbott, Bones, Bulstrode, Black, Carrow, Crouch, Flint, Gaunt, Greengrass, Lestrange, Longbottom, Malfoy, Parkinson-
Henry miró con sorpresa a la niña recitar los apellidos como si estuviera leyendo la información, Ron por su parte comenzó a sonrojarse de envidia por lo que interrumpió de manera grosera a la niña
—¿Si? Bueno, la lista original fue hecha hace muchos años, más de cincuenta, y ciertamente los Gaunt aún existían. Con el tiempo la lista fue modificada porque algunas familias desaparecieron o dejaron de ser...— se detuvo un momento, movió la nariz como si oliera algo desagradable antes de suspirar —...aptas para estar en la lista— Henry junto el entrecejo sospechoso de la actitud de su nuevo amigo pero no dijo nada
—Bueno, si es así, entonces Prince es muy importante, así que no deberían de pelearse con él— aseguró Hermione levantándose del asiento donde había tomado lugar —Por cierto hable con el maquinista y estamos cerca de llegar, así que deberían cambiarse ya— ordenó levantando la barbilla. Henry bufó cuando la puerta del compartimiento se cerró
—Reafirmó lo dicho, no quiero estar en la misma casa que ella— comentó Ron también mirando con rencor la puerta
—Bueno no sabremos hasta llegar ¿no?— dijo con una mueca en sus labios esperando dar por terminado el tema. El asunto de las casas de Hogwarts le incomodaba desde que había hablado del tema con Hagrid en el callejón Diagon.
Afortunadamente Ron también pensaba lo mismo por lo que comenzaron una conversación sobre los equipos de Quidditch.
•|• León valiente de fuego •|•
—¡Ya llegamos!— anunció Draco cuando el tren comenzó a moverse más lento hasta que detuvo la marcha por completo
Leo quiso sonreír por la actitud tan infantil de su amigo pero la presencia de Vincent y Gregory lo obligó a permanecer ajeno al sentimiento.
—Hay que esperar a que todos salgan, no quiero a gente empujando— Leo miró a Theo a su lado y con verdadero alivio asintió. Draco bufo en su lugar.
Nunca se llevarán bien, pensó el pequeño Lord, sabiendo de antemano que Draco soportaba a Theo solo porque él se llevaba bien con Nott. Cuando los alumnos mermaron considerablemente Crabbe y Goyle salieron primero siendo seguidos por Draco que refunfuñó por debajo al ver que Theo esperaba a Leo.
—...¿¡Ya están todos!? Primeros años, siganme— el medio gigante avanzó con decisión en un camino diferente a los demás estudiantes. Prince recordó lo poco que tío Lucius le había dicho del recorrido de los primeros años —En un momento tendrán la primera vista de Hogwarts— anunció cuando el camino tomó una forma curva, Leo sostuvo la respiración cuando su vista fue abrumada por la vista del castillo sobre el risco, con una magia amarilla brillando a su alrededor como si fueran luces. El camino continuó hasta un puerto donde varios botes esperaban —suban a los botes, no más de cuatro por bote— Leo subió de inmediato junto con Theo, Dhapne Greengrass se adelantó a Draco y tomó el tercer lugar junto con una niña de trenzas. Malfoy bufó mientras se acercaba al bote donde Crabbe y Goyle lo esperaban
El viaje en los botes fue en silencio, aunque Leo estaba preocupado por la magia verdosa que podía percibir del fondo del lago, la inesperada aparición del perdido Trevor cuando bajaron de los botes lo hizo olvidar el tema. Leo casi ríe de la cara que Longbottom le dedicó al verlo mirando en su dirección. El grupo fue guiado por el semigigante a una entrada del castillo donde una mujer de túnicas verde con cuadros escocés con un apretado peinado y sombrero puntiagudo los recibió.
Después de un discurso introductivo fueron guiados a una sala donde Leo fue abrumado por la vista de diferentes magias bailando en el aire. La del castillo era la más brillante junto con la roja de los retratos, los fantasmas con su magia gris le hicieron suspirar de alivio por un segundo antes de que la profesora McGonagall, la bruja de túnicas verdes, los llevará al Gran Comedor para ser seleccionados. Para este punto Leo tenía ganas de vomitar por lo mareado que las luces de colores lo tenían. Pero la apertura de las puertas de roble de la sala lo hizo concentrarse en mantener su cara libre de emociones. Reforzando lo poco de Oclumancia que su tío le había enseñado para evitar ver la magia suspiro lentamente, mirando la sala donde se alimentaria los próximos años en ciclos escolares. Las cuatro largas mesas con alumnos vestidos en túnicas de distintos colores eran lo menos admirado a favor del techo hechizado y las velas flotantes
—Ahí está— susurró Draco en su oído, en algún momento se había acercado lo suficiente para poder sostener su mano disimuladamente, Leo tuvo un temblor al saber a qué se refería su amigo
Como siempre, ceñudo, con su cabello largo cayendo en cascada a cada lado de su cabeza, Severus Snape no había envejecido nada desde la tarde en que Leo lo vio por última vez, cuando lo entregó por completo a los Malfoy, estaba sentado en la mesa de profesores mirando al frente, sus cejas más cerca de lo que cualquier humano podría lograr para demostrar su enojo
—Lo sé, el sombrero es más viejo de lo que tío Lucius nos dijo— contestó evadiendo por completo la mirada de Draco, también ignoró el pequeño ruido de alivio. Su grupo se detuvo frente al taburete donde el sombrero seleccionador estaba puesto. Uno de los pliegues se abrió como una boca y la canción más rara que Leo había escuchado alguna vez fue cantada. Cuando la canción terminó la Profesora McGonagall se adelantó con un pergamino en su mano que extendió por completo
—Cuando diga su nombre, pasarán, se pondrán el sombrero seleccionador, y después se sentarán en su respectiva mesa— Leo mordió el interior de su mejilla cuando los llamados comenzaron.
Varios niños cuyos padres le fueron presentados en alguna de las fiestas que sus tíos organizaron le miraban unos segundos antes de ir al taburete a ser seleccionados. Longbottom hizo reír a todos al salir corriendo con el sombrero aún puesto. Leo se sintió más nervioso cuando Draco soltó su mano y avanzó al ser llamado sólo para ser enviado inmediatamente a Slytherin. Los niños comenzaban a ser menos y Leo tuvo que inhalar con fuerza cuando Parkinson fue la primera en ser llamada de aquellos con un apellido con P.
—Potter, Henry— un revuelo comenzó ante el nombre, Leo vio al niño que vivió avanzar y el temblor del menor no pasó desapercibido para él. Algo de impaciencia acudió a su persona después de los treinta segundos en que Potter seguía sentado y el sombrero no dictaba un veredicto. Los murmullos en las mesas fueron aumentando
—¡Gryffindor!— Leo exhaló con fuerza y la ligera idea de que no era para nada una sorpresa apareció en su mente. El alboroto de la mesa rojo y oro fue exagerada en un nivel que lo hizo arrugar la nariz. El director se levantó y con un movimiento de manos calmó a todos. McGonagall continuó
—Prince, Leonard— el azabache avanzó con calma, a pesar de que estaba a un poco de comenzar a temblar, su vista se perdió un poco en la mesa de profesores, los ojos color ónix de Snape le devolvieron la mirada unos segundos antes de que se sentara en el taburete, su vista se volvió negra
—Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí? Un pequeño príncipe ¡Severus tiene un hijo! ¿Quién lo diría?— Leo gruñó enojado con la voz burlona
—No estoy aquí para que te burles, sombrero, podrás reírte el resto del año— una risa fue la única respuesta
—Veamos, veamos, ¿no estamos de humor, eh? Hufflepuff no soportaría tu llegada, ciertamente Gryffindor tampoco ¿el hijo de Severus entre leones? Sería divertido— Leo sostuvo las orillas del taburete con fuerza —Pero no te gusta la idea ¿verdad? No quieres poner más sal en la herida, ya es suficiente con que vivas para hacer a Severus enojar ¿piensas que él te odia?—
—No importa si me odia o no Snape para ser seleccionado ¿verdad? Por que yo quiero estar en Ravenclaw— el sarcasmo goteo en su voz antes de hacer su petición, seguro de que el sombrero escucharía
—Todo importa, pequeño príncipe, todo importa. Más aún si hablamos de Severus, te haré un favor, y todo solucionado, cumpliré con tu profundo secretito. Buena suerte en SLYTHERIN— Leo se congeló en el taburete, apenas unos segundos antes de levantarse y caminar a la mesa verde y plata que le recibía con aplausos exagerados.
Su vista encontró la mirada sorprendida de Draco. Su mejor amigo sabía de su plan para ir a Ravenclaw, la única casa decente que le quedaba donde su padre no era el jefe. Se sentó a su lado aún atónito de ver sus túnicas verdes y no azules. Alguien plantó un par de palmadas en su espalda como bienvenida, pero no se giró a ver quien era a favor d e mirar el plato vacío frente a él
—¿Por qué el sombrero no te envió a Ravenclaw?— susurró Draco, Leo escucho al sombrero gritar otro veredicto
—N-No… no lo sé— respondió mirando Draco —También sabe que soy hijo de mi padre— añadió mirando pasar al niño Weasley para ser seleccionado. El niño de cabellos rubios abrió la boca un par de veces antes de cerrarla nuevamente
—Bueno… debes de admitir que el verde combina mejor con tus ojos que el azul— Leo miró a Draco unos momentos antes de sonreír
—Siempre tan observador, Dragón— el niño Malfoy rodó los ojos con fastidio que fue desmentido por su sonrisa
Albus Dumbledore se levantó de su lugar en la silla de director. Dio una mirada al comedor en donde Leo tuvo su atención unos segundos junto con una sonrisa amable —¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero decir unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco! Muchas gracias— Leo arrugó la nariz al comprobar que su tío Lucius tenía razón y Dumbledore tenía poca cordura cuestionable en su cabeza
—Prince, es imaginación mía o estás un poco pálido— Leo tomó un tenedor para comenzar a servirse ignorando por completo el comentario de Millicent, la niña la tenía contra él desde que rechazó abiertamente la propuesta de matrimonio de su familia
—Imaginaciones tuyas, Bulstrode, Leonard es muy pálido por sí mismo— Theo no necesitaba de hablar fuerte para dejar en claro que hablaba en serio
—Bienvenidos sean a Slytherin, la casa más grande de Hogwarts— un fantasma se había acercado para hablar con ellos, Leo miró en su dirección descubriendo al fantasma de Slytherin, el Barón Terence Bayler, mejor conocido como el Barón sanguinario por las manchas plata de su ropa
—Muchas gracias, Baron Bayler*— inclinó la cabeza un poco, el fantasma le dedicó una mirada antes de avanzar hacia él y sentarse a su lado, las cadenas de sus extremidades sonaron al moverse
—Ya, había olvidado ese nombre...— la voz del fantasma era un sonido ronco, escalofriante, pero Leo hizo lo mejor posible en disimular su temblor. El Barón miró la mesa y los platos —también la sensación de hambre— Draco sacudió la cabeza
—Debe de ser difícil— respondió hablando más por sus modales que por voluntad, el fantasma levantó la vista y su mirada se perdió unos segundos
—Nicolás debe de estar alentando a sus leones a ganar la copa este año— comentó cambiando de tema, Leo levantó la vista y vio en la mesa roja a otro fantasma, justamente miraban en su dirección al igual que Potter y Weasley. Les dedicó una mirada sombría que hizo a ambos niños regresar a sus platos —Espero que este año sea el séptimo consecutivo en que ganamos la copa—
—También lo espero Barón— el fantasma asintió y permaneció en silencio el resto de la cena, Leo sentía que era como un amuleto pues ninguno de los demás niños volvió a hablarle. Tal vez si estaba cerca del Barón podía evitar a los estudiantes
Después de que el postre apareciera y Leo comiera un pedazo de su amado pastel de chocolate con jugo de calabaza el Director volvió a levantarse
—Solo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo algunos anuncios que hacerles para el comienzo de año. Los primeros años deben tener en cuenta que el bosque está prohibido para todos los alumnos. Y determinados alumnos veteranos también deberían recordarlo— Marcus Flint, un heredero que había prometido ser su guardaespaldas en Hogwarts río sarcástico
—Los gemelos Weasley, son unos payasos— masculló mirando la mesa de Gryffindor, algunos compañeros asintieron
— … me ha pedido que les recuerde que no deben de hacer magia en los pasillos. Las pruebas de Quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas deben de ponerse en contacto con la profesora Hooch— Draco miró inquisitivamente a Leo pero él simplemente negó
—Y por último, quiero decirles que este año, el pasillo del lado derecho del tercer piso está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen encontrar una muerte muy dolorosa— un silencio siguió a la advertencia, solo roto por el sonido de una copa golpear con fuerza la mesa de profesores. Snape le dedicó una mirada de furia a todo estudiante que lo miró
—¡Y ahora, antes de ir a acostarse, cantemos la canción del colegio! Que cada uno elija su melodía favorita ¡Y allá vamos!— Leo miró incrédulo a su alrededor, los estudiantes mayores se miraban entre sí fastidiados, los profesores parecían forzados a sonreír
—Esto es una estupidez— murmuró Draco mirando al director que había lanzado un hechizo para crear una pizarra magica grande donde palabras de la canción aparecían
Hogwarts Hogwart Hogwarts,
enséñanos algo, por favor.
Bien seamos viejos y calvos
o jóvenes con las rodillas sucias.
Leo se sintió desorientado escuchando diferentes formas de cantó, el no estaba cantando, si no recitando las palabras como si fuera una lectura. Draco a su lado solo movía los labios por lo que le dio un ligero golpe en el brazo
Nuestras mentes pueden ser llenadas con algunas materias interesantes.
Porque ahora están vacías y llenas de aire,
Pulgas muertas y algo de pelusa.
Draco le dio un codazo en las costillas que lo hizo doblarse un poco, el Barón a su costado lo miró con curiosidad
Así que enséñanos cosas que valga la pena saber
Haz que recordemos lo que olvidamos
Hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto
Y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman
Leo miró con cierto enojo a los gemelos de la mesa Gryffindor seguir cantando con la tonada de una marcha fúnebre. La ansiedad de escribir a su tío y decirle que sacara a Dumbledore de la dirección lo antes posible aumentó cuando el viejo le siguió la corriente a los pelirrojos hasta el final.
—¡Ah, la música. Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a dormir, ¡Vayan, vayan!— los prefectos de inmediato llamaron a los primeros años para guiarlos
Cuando los slytherin llegaron a la puerta los Gryffindor también pasaban, Leo se retraso un poco simulando toser solo para que Weasley pasara a su lado, sin ninguna pizca de culpa le metió el pie y el niño tropezó y cayó. Potter ayudó a su amigo dedicándole una mirada molesta, Leo apenas y le sostuvo la mirada unos segundos antes de seguir su camino.
El niño Weasley se había ganado su lado malo desde que había insultado a sus tíos u se burló del nombre de Draco, apenas el hechizo del tren había mermado un poco su furia, se encargaría de hacer al pelirrojo pagar con creces.
—Dicen que los gemelos son bromistas, la tienen jurada con los Slytherin, te tendrán en la mira si molestas a su hermano— Leo no se mostró sorprendido de que Pansy hubiera visto su acción, lo que sí sorprendió fue su advertencia
—Tendré cuidado, Parkinson, no soy idiota— la niña levantó la barbilla y se adelantó en la fila hasta la altura de Dhapne
—No le hagas caso, solo quiere ganarse tu favor— susurró Draco detrás de él
—No te preocupes Draco, no te voy a quitar a tu prometida— contestó divertido de ver la cara de asco de su amigo ante la insinuación
A medida que el grupo bajaba escaleras y caminaba pasillos el ambiente se volvió frío, las mazmorras de Hogwarts no eran acogedoras en absoluto. Imaginando como sería la clase de pociones llegaron a un retrato con la imagen de una oficina, un escritorio lleno de libros y plumas para escribir se alzaba delante de una silla negra de cuero, una serpiente amarillenta se arrastraba por el suelo de la oficina hasta que llegó al escritorio y trepó para ser recibida por la pálida mano de un hombre, que estaba sentado en la silla, la serpiente siseo y Leo entrecerró los ojos al ver que el hombre del retrato contestaba en un siseo
—¿Contraseña?— preguntó el hombre con voz tosca acariciando el animal
—Caput Draconis— contestó el prefecto, el hombre asintió y el retrato se abrió dejando ver un pasaje, el grupo avanzó hasta llegar a la sala común.
La habitación fue diferenciada inmediatamente por la calidez diferente de los pasillos, había sofás con tapiz verde esmeralda en diferentes lugares, una chimenea ardía en fuego en una de las paredes, una bandera con el escudo de Slytherin reposaba sobre ella. Una magia gris flotaba en el aire.
—Bien, las habitaciones de las niñas están a la derecha, niños izquierda. Las habitaciones son en tríos, pueden escoger compañeros. Mañana a las siete tienen que estar aquí para recibir un mensaje de nuestro jefe de casa Severus Snape explicando las reglas de Slytherin. Por ahora están despedidos— Leo de inmediato fue sujetado del el brazo por alguien y fue arrastrado a las habitaciones
—¿Serás mi compañero, verdad Leonard?— Prince miró sorprendido a Theo arrastrarlo. Ni siquiera había dicho si cuando lo empujó en una habitación desocupada, la placa plateada de la puerta brillo y su nombre apareció junto al de Theo
Los pasos acelerados de Draco se escucharon antes de que Theo cerrará la puerta
—¡Abre la puerta Nott!— Leo suspiro cansado mientras se sentaba en una de las camas, su baúl apareció inmediatamente al frente. Estaría riéndose de la actitud infantil de sus amigos si no estuviera tan cansado
—Yo creo que no, Malfoy ¿No son tú, Goyle y Crabbe tres?— preguntó con burla el niño de cabello castaño y ojos azules. Los golpes de la puerta se detuvieron un momento, Leo miró la entrada con algo de temor
—Me la pagarás Nott— Leo se levanto para ir a abrir la puerta dejando ver que Draco se había ido. Theo le dio una mirada de disculpa que ignoró para ir a su cama y dejarse caer
—Eres un idiota Theo, ahora tengo que convivir con alguien que no conozco— declaró mirando el techo de la cama
—Zabini no es un hablador, sabe quedarse callado con lo que sea que pase aquí— defendió Theo. Leo sabía que así era. Blaise Zabini era callado en todo momento. Pero eso no significaba que pudiera confiar en él
—Buenas noches Theo— exclamó levantándose para ir a su baúl y sacar su pijama, entró al baño a cambiarse y fue directamente a su cama a dormir. Esperanzado de que al despertar fuera en Ravenclaw fuera de la casa de su padre.
Cuando las sábanas verde de Slytherin le dieron los buenos días al día siguiente se sintió temeroso.
•|• León valiente de fuego •|•
•|• Comentario de autor •|•
Fecha: 1 de Febrero de 2020
Palabras: 8980
Próximo capítulo: Severus Snape
Buenos días, tardes noches. Gracias por leer esta historia. Sé que tarde en esta actualización pero estaba dándole los toques finales al desarrollo que tendrá la trama de este libro.
Como podemos ver las bases de la relación entre los hermanos ya están puestas. Esta es la única razón por la que quería iniciar la historia desde su primer año, para no comenzar con un completo enamoramiento que no tiene ni razón de ser.
Por ahora, Leo odia a Ron, Draco odia a Ron, Ron odia a los dos, y si Ron odia a estos dos Henry también.
Sobre Severus, por el momento no sabremos porque tiene esta actitud hacia Leo, sin embargo el niño cree que sabe el porque. Que tampoco se conocer a hasta el próximo capítulo que espero tenga terminado pronto.
La teoría sobre la magia de la gente mágica es esta: Leo puede ver esa magia cuando es usada o el mago mismo la deja libre. Como bien se dice en algún momento de los libros la magia misma no es la peligrosa si no la intención con la que es usada.
Por lo que la magia de cada uno tiene un color especial de acuerdo a la personalidad. Por eso mismo Leo tiene un juicio más acertado de las personas por ver el color de su magia, poco a poco el mismo Leo irá explicando los colores y sus respectivos significados. ¿Cómo obtuvo esta habilidad? Por que no fue de nacimiento, lo sabremos después
Espero que nos leamos pronto.
-AlesaBe19
*Terence Bayler: es el actor que le da vida al Barón sanguinario en la primer película. Como no se tiene un nombre exacto del Barón decidí darle honor con el nombre del actor.
