Pieza #2: Iridiscencia


A la mañana siguiente, el sol brillaba, las aves cantaban y las voces de los demás estudiantes reían palabras sin sentido que Yamato Ishida deseaba silenciar por el cansancio interno que le provocaban. Se encontraba apoyado en la veranda de uno de los millares de puentes que hay en la preparatoria, sus ojos completamente muertos y exhaustos, con ojeras que reflejaban una evidente falta de sueño.

—Entonces,—la voz de Mimi Tachikawa se unió al bullicio mientras observaba a un rubio entrando a las puertas del purgatorio—¿¡Jugaste videojuegos toda la noche!?

Silencio fue su honesta respuesta.

—No deberías hacer eso en un día de semana—Una gota de sudor colgaba de la frente de Koushiro, quien andaba de espaldas, apoyándose en el mismo lugar que Yamato—. Por cierto, ¿cómo te sientes con respecto a… todo esto?

—¿Hm?—Mimi alzó su mentón.

—Sobre Yamato quedándose con una chica hasta tarde durante la noche o lo que fuese… ¿no te molesta?

—Hmm.. Siendo honesta, realmente ha dejado de importarme con quién y qué cosas hace Yamato con otras mujeres.

La respuesta de Mimi fue brutalmente honesta y a la vez desinteresada, con esa característica sutileza que le sale natural. No obstante, su aspecto cambió en tres segundo añadiendo una línea que aparentemente la había sacado de Miyako al pasar mucho tiempo con ella últimamente.

—Mientras sea una mujer… una mujer y no un hombre…

—O-Oh…—Koushiro se asustó, pensando quienes podrían ser los rivales esta vez.

Meditó que él podría ser uno en la mente de Mimi, pero últimamente era Jou con quién ella quería que Yamato pasase menos tiempo. Por algún motivo, algo le decía que ellos dos tenían una química invisible que podría explotarse desde todo ángulo, y Miyako, sintiendo lo mismo hacia Daisuke y quererlo destruir debido a su lazo con Ken, compartían sus miedos de perder a sus novios.

¿O será acaso que Yamato la engañó con un perro o gato o Gabumon?, el pelirrojo se quedó con esa pregunta en su cabeza.

Definitivamente, Koushiro no entendía muy bien sobre el amor todavía.

—Ah. ¡Mimi-san!

Tras la puerta del puente escolar, la pequeña y esbelta figura de Hikari Yagami se hizo paso hacia ella, abrazándola.

—Tienes que escuchar esto, ¡Yamato es muy malo! Se bebió todo mi chocolate caliente…

—Ah, sí. Eso suele pasar—. Replicó la castaña de cabello largo, acostumbrada a ese acto.

Yamato reaccionó con ambas voces, despertando de su pequeño coma.

—¡Mimi!

—Bueno, es obvio aquí que Hikari-chan es la más madura aquí—. Con una pícara sonrisa, Mimi se burla de su novio mientras que ella se oculta tras la figura que ve como una hermana mayor en la escuela

—Pero a Hikari no le gustan las cosas que dan miedo, sabes…—creyendo que tenía la carta del triunfo en sus manos, relata un hecho vergonzoso—. Ella no podía ni ir al baño por su cuenta anoche.

La vocecita de Hikari a las tres de la mañana diciendo que tenía que ir al tocador e insistiéndole a Yamato, tirando de su pijama a esa hora solo para que él le dijera que si acaso ya no era bastante grandecita para esos pedidos se abrió paso en su mente.

Mimi observó con sorpresa a la niña de ojos rojizos, quien deseaba hacerse una bolita de la vergüenza.

—¿Oh? No te gustan las cosas que dan miedo, ya veo—. Mimi lucía algo decepcionada por algún motivo.

—N-No es cierto…—titubeando, Hikari sentía que cada palabra que salía de su boca podía usarse en su contra.

—Eso me recuerda…—Koushiro intervino en la conversación—Escuché que van a dar un especial sobre fantasmas esta semana en la televisión. Algo extraño debido a la época del año, no estamos ni a mitad de año.

—¡Oh, deberías verlo con nosotros, Hikari-chan!—Mimi lucía entusiasmada, después de todo desde que descubrió que el rubio es malo con esas cosas, le encantaba molestarlo—. La asistencia de Yamato es obligatoria, por supuesto.

Hikari casi grita.

—D-De acuerdo…—temblando como nunca, sentía que su vida se colgaba de un hilo.

—Pobrecilla—murmuró Koushiro—. Oye, Yama…

Pero se vio interrumpido, ya que el rubio tenía una sonrisa terrorífica en el rostro, siniestra y oscura que jamás se la había visto.

¡¿Pero qué le pasa?!

Sí Yamato iba a caer, Hikari caería con él sin piedad alguna.

—Creo que deberías regresar a clases—dice Mimi, alegre de haber visto a Hikari.

—Oh, tienes razón, no me di cuenta de lo rápido que pasó el tiempo.

Riendo con una vibrante felicidad, Hikari Yagami dejaba fluir toda sensación triste de su alma, limpiando cada rincón con su luz hacia cada corazón que la rodeaba.

Por ese motivo, Yamato no pudo aguantar soltar un suspiro de alivio, cautivado por el arco íris que ella creaba en la presencia de la vida de todos.


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Vaya, no creí actualizar esto pero, debido a que estoy tratando de escribir más seguido para seguir con un reto que nos hemos propuesto en un Club de Escritura /coff coff, quienes saben, saben/, opté por retomar este pequeño set de drabbles. Si no me equivoco, con el siguiente acabo este pequeña colección dedicada a esta inusual relación entre Hikari y Yamato.

La palabra esta vez fue Iridiscencia: fenómeno óptico donde el tono de la luz varía creando pequeños arco iris. Esta fue propuesta por Midnigttreasure.